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sexta-feira, 28 de janeiro de 2011


GLOSAS

Glosas es una publicación de la Academia Norteamericana de la Lengua Española que viene apareciendo trimestralmente desde su primer número, el de junio de 1994, bajo la dirección de la Comisión de Traducciones, presidida por Joaquín Segura. Para estas fechas han visto ya la luz 55 números.

Como decíamos en 1994, el fin de estas hojas de Glosas ha sido y es el de proporcionar a cuantos manejan pública o profesionalmente el idioma español orientaciones sobre la traducción al castellano de neologismos, frases, giros y falsos cognados del inglés. Tiene también por propósito señalar las versiones defectuosas de las traducciones de inglés a español y aspira a servir de puente, en cuanto a novedades científico-técnicas y otros temas de interés o actualidad, entre las sucesivas ediciones del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE). Por otra parte, incluye también reseñas de libros y colaboraciones de académicos y especialistas en varios campos, sobre todo el de la traducción.

Ha corrido mucha agua bajo ese puente entre Norteamérica y España desde nuestro número inaugural. En aquella época, la Real Academia Española no contaba todavía con todos los libros orientadores y normativos que ha publicado después; más bien se esforzaba por transformar las papeletas lexicográficas, que siempre había usado, en archivos electrónicos y bancos de datos que facilitaran su tarea editorial y docente. Seguidamente, y con la participación de las Academias de América, ha publicado una Ortografía, las nuevas ediciones del DRAE, el nuevo Diccionario panhispánico de dudas, la Nueva Gramática y el nuevo Diccionario académico de americanismos (estos dos últimos en avanzada etapa de preparación).

La muy ampliada y profundizada labor normativa de la RAE ha amenguado hasta cierto punto la razón de ser de Glosas, aunque nuestra función no es necesariamente normar, sino informar. En esto estamos, tanto ayer como hoy, tratando de poner ante el lector las novedades más importantes en los dos idiomas que nos ocupan.

CUANDOQUIERA



Fundéu BBVA:



"cuandoquiera" y "cuando quiera" no son lo mismo


28-01-2011 / 12:20 h

Madrid, 28 ene (EFE).- La Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA) recuerda, en una nota que ha publicado hoy, que "cuandoquiera", en una palabra, significa 'siempre que o en cualquier momento en que' y "cuando quiera", en dos, es 'en el momento que desee'.

"Cuandoquiera que" es una locución temporal que se escribe en una sola palabra y significa 'siempre que o en cualquier momento en que' y siempre debe ir seguida de la conjunción "que".

Esta locución, señala la Fundéu BBVA, que trabaja con el asesoramiento de la Real Academia Española, debe distinguirse de "cuando quiera", escrito en dos palabras, ya que en este caso se trata de la unión del adverbio "cuando" y el presente de subjuntivo del verbo "querer", que significa 'en el momento que desee'.

De esta forma se dirá: "Cuandoquiera (siempre) que me llames acudiré en tu ayuda"; pero: "Iré a tu casa cuando quiera" (cuando lo desee).

La Fundación del Español Urgente (www.fundeu.es), patrocinada por la Agencia Efe y BBVA y cuyo principal objetivo es el buen uso del español en los medios de comunicación, cuenta con la colaboración, entre otras instituciones y entidades, del Instituto Cervantes, la Fundación San Millán, El Corte Inglés, Red Eléctrica de España, Gómez-Acebo & Pombo, CEDRO, CELER Soluciones, Hermes Traducciones, Linguaserve y Abengoa. EFE

NUEVA GRAMATICA ESPAÑOLA


CUARENTA MILLONES DE LINGÜISTAS

28/01/2011






Cuando se trata del seleccionado nacional de fútbol, suele decirse que en la Argentina hay 40 millones de directores técnicos. Hace unos días se presentó la nueva Ortografía de la lengua española y ahora parece que también tenemos 40 millones de lingüistas.

No pensaba retomar este tema, que ya traté el 13 de noviembre en «Los puntos sobre la i griega», pero bastó que se informara que las normas ya regían, para que volviera a estallar la discusión, cada vez más virulenta, en los foros de los diarios.

En realidad, la discusión no es entre los foristas, que en su mayoría están de acuerdo entre sí, sino contra el libro, que no han leído, y contra los autores, que no saben identificar. Y sobre un tema que muchos dicen que no tiene importancia. Están de acuerdo en oponerse, pero las razones que dan son contradictorias: «Quieren imponernos una nueva manera de escribir» y «Ahora se va a poder escribir de cualquier manera»; «Quieren cambiar la lengua» y «La lengua es algo vivo». Y se quejan de «esos gallegos que pretenden seguir dominándonos como en los tiempos coloniales», y hasta proponen que la Argentina tenga una academia propia. Ni siquiera saben que existe la Academia Argentina de Letras, que durante muchos años se jactó de no ser una academia de lengua, pero que interviene en estas cuestiones como todas las demás. Tampoco saben, o no quieren saber, que la nueva Ortografía, como todas las obras normativas que se publican, no es cosa de «esos gallegos», sino del trabajo conjunto de la Real Academia Española y de todos los países hispanohablantes.

Muchas de esas quejas se deben a errores conceptuales, de conceptos elementales. Nadie quiere cambiar la lengua ni podría cambiarla, aunque quisiera. La lengua la hace el pueblo y en la lengua el uso hace la norma. Pero en ortografía es al revés: la norma hace el uso. Como ya he explicado, la norma ortográfica no puede hacerla el pueblo porque para establecer un buen sistema ortográfico se necesitan conocimientos que la mayoría de la gente no tiene. Pero otras quejas se deben a errores de información. Y esos datos los tenían ya equivocados los quejosos o se los dio equivocados la prensa cuando informó sobre esta reforma.

Se ha dado la impresión de que una reforma mínima es toda una revolución. Aun sin haber leído el libro, nadie que piense un poco puede creer que los cambios ocupan las más de 700 páginas del mamotreto. La obra es una descripción razonada del sistema ortográfico español y, dentro de ella, algunas normas, pocas, aparecen modificadas. Las reformas ortográficas se hacen de a poco por varias razones. Cuando se advierte que una norma está en contradicción con el resto del sistema, se corrige. Otras normas se sabe que algún día deberán cambiar, pero si se modificaran todas de una vez, la gente no podría asimilar los cambios. Y hay algunas que podrían cambiarse ya, por ejemplo unificar B y V en B, pero nadie se atreve a tomar el toro por las astas.

La impresión de que los cambios son muy grandes se debe, en parte, a que mucha gente no estaba informada de cambios que se habían hecho hacía mucho tiempo (en algunos casos, hacía más de cincuenta años) y ahora los toma como novedades. Pero los toma como novedades porque así se los presentan. La escuela no les enseñó esas reglas en su momento y la prensa, que no las aplicaba, las da como cosas nuevas.

Por ejemplo, muchos se escandalizan porque les dicen que Catar debe escribirse con C. Yo me pregunto por qué no se escandalizaban antes, cuando lo veían escrito con Q, en contradicción con la regla general de que los nombres provenientes de lenguas que no utilizan el alfabeto latino deben transcribirse adaptados a las normas ortográficas españolas. La consonante árabe inicial de esa palabra no existe en español. Entonces, hay que trasliterarla usando la que representa el sonido más parecido. La Q debe ser descartada porque en esa posición nosotros no la usamos. Y de las dos letras posibles, C y K, lo más lógico es elegir la más usada. Pero esa regla de adaptación no es nueva y, de hecho, es lo único que puede hacerse cuando se trata de transcribir nombres originalmente escritos en otro alfabeto.

Ya que los diarios informaron tan mal sobre la nueva normativa, por lo menos deberían aplicarla. Sin embargo, he visto que se sigue escribiendo *Qatar y *quórum. Con ese capricho, la prensa renuncia a la función docente que en otro tiempo cumplía.

Autor
Lucila Castro
perfil.com, Argentina
Viernes, 28 de enero del 2011

CORE CAPITAL


«core capital» se traduce como «capital principal»

28/01/2011

La Fundación del Español Urgente recomienda que la expresión core capital se traduzca como capital principal o capital básico.

En las noticias relacionadas con la reorganización en España de las cajas de ahorros se está empleando con frecuencia el giro inglés core capital, como en «Algunas cajas temen que el 'core capital' mínimo llegue al 8,5 %» o «CaixaBank nace con un 'core capital' del 10,9 %».

Aunque haya definiciones técnicamente precisas establecidas por el Comité de Basilea, esta expresión se emplea para aludir a los recursos que los bancos tienen siempre disponibles para poder hacer frente a los imprevistos, y se considera que entra en la parte principal de su patrimonio, por lo que las traducciones más adecuadas son capital principal o capital básico.

Así, hubiera sido más apropiado «Algunas cajas temen que el capital principal mínimo llegue al 8,5 %» o «CaixaBank nace con un capital principal del 10,9 %».
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