Google+ Badge

Google+ Followers

Se você procura um serviço de tradução português-espanhol profissional e de máxima qualidade, podemos ajudar-lhe...

sábado, 26 de março de 2011

LENGUAJE ESPAÑOL

ESO DEL LENGUAJE

Que el lenguaje es una cosa viva que muda a medida que se van descubriendo nuevas materias, actividades o circunstancias, es algo que nadie en su sano juicio puede discutir, pero que embrutecemos ese lenguaje con modificaciones carentes de todo tipo de justificación también es algo que produce, cuando menos, perplejidad.

Viene a cuento este exordio de las noticias aparecidas en todos los medios de comunicación, hablados, escritos o filmados, con ocasión (desgraciada ocasión, por cierto) de los accidentes que se vienen produciendo en las vías de comunicación de este u otros países del mundo.

Se trata de la costumbre acuñada desde no hace demasiado tiempo de aplicar el término «excarcelado» que es vocablo que la Real Academia Española de la Lengua dice que no existe por sí mismo y que si fuera el participio del verbo «excarcelar», que significa según la misma Academia, como única acepción «poner en libertad a un preso por mandamiento judicial», no tendría nada que ver con la situación de una víctima del accidente a quien, en todo caso, habría que librar, rescatar, desbloquear, extraer o alguna otra fórmula lingüística que se adaptara mejor a la labor realizada para poder sacar al lesionado del amasijo de hierros y chatarra en el que se ha visto aprisionado.

Y, hablando (o escribiendo) de modificaciones del lenguaje que vienen siendo cada día más habituales, provocando una vulgarización innecesaria del idioma, no me resisto a mencionar algo que cada vez cala con más amplitud, no solo en la fórmula coloquial sino también en el lenguaje escrito, preferentemente periodístico, donde lo vemos continuamente utilizado.

Se trata de la injustificable, a mi juicio, claro, manía de denominar a las reinas de las fiestas de cualquier fiestejo y en cualquier lugar, pero muy especialmente en la Comunidad en que vivimos, con las denominaciones de «reina mayor» y «reina infantil», aplicando la nota aclarativa de «mayor» a la que tradicionalmente, durante muchos años (quizás siglos) y para su mayor prestigio se ha denominado simplemente reina de las fiestas aunque a la menor en edad se haya denominado, con toda justeza, reina infantil.

No puedo entender a qué viene lo de etiquetar de mayor a quien con el título de reina de las fiestas ya se honra suficientemente sin necesidad de más aditamentos a no ser que se quiera imitar, sin justificación alguna, los títulos de fallera mayor y fallera mayor infantil utilizados en las fiestas típicamente valencianas y que sí están avalados por una denominación tradicional y perfectamente justificada por la necesidad de distinguir a una fallera entre un grupo de festeras con la misma denominación, cosa que no ocurre con la reina de las fiestas que es una sola y que con su simple denominación resulta suficientemente destacada y solemne.

Si a estos dos ejemplos de la perversión del lenguaje añadiéramos los cientos de vocablos procedentes del habla callejera y/o juvenil, veríamos cómo se pierden palabras preciosas, descriptivas, biensonantes o clásicas en el maremágnum de nuevas adiciones que, a veces por su extensión e incidencia en nuestra forma de expresarnos, toman carta de naturaleza e incluso escalan los escaños de la RAE para convertirse en expresiones oficializadas con todos los honores.

Fuente: Fundéu España.
Miguel Alberto Martínez Monge
Información.es (Alicante, España)
Viernes, 25 de marzo del 2011
Se procura um serviço de máxima qualidade e profissionalidade, podemos ajudar-lhe