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segunda-feira, 20 de junho de 2011

HORROR-GRAFÍA


Golpeada y hundida, la ortografía mutó a la horror-grafía
Por: DIEGO A. SANTOS | 19 de Junio del 2011


En algún lugar de La Mancha, se respetaba y promovía la buena ortografía.

Los dictados eran frecuentes. Los profesores bajaban las calificaciones en los exámenes donde hubiera palabras mal escritas. Del colegio, los alumnos se graduaban con una ortografía más que decente y aquellos que se aventuraban a las carreras de letras, presumían del buen uso del idioma. Para trabajar en un diario, la ortografía del periodista debía ser impecable.

Pero eso era ayer. Hoy es vergonzoso. Mañana será 'dzastroso'*.

Los resultados de las pruebas de ortografía de los universitarios que quieren hacer sus prácticas en algún medio de comunicación son desoladores. Sobre un máximo puntaje de 50, el promedio de las notas ronda entre los 20 y 23 puntos. Por debajo de 20 es común y ver un 26 o 27 es motivo para celebrar. Y así estamos.

Entre idiosincracia o idiosincrasia, la mayoría se identifica con la primera. Ante la opción de avalanzó o abalanzó, se abalanzan sobre la escrita con v. A escoger entre decisión o desisión, se deciden por la segunda. Un "a ver" o "haber" genera tanta confusión como el rojo y el verde a un daltónico.

Y no faltan los que no se dan cuenta de uno de los horrores más grandes que contiene una prueba con fallos que deben ser corregidos. Después de la pregunta cómo estás, la respuesta dice "hay voy". Muchos la dejan así. Deberían tacharla y poner "ahí voy".

Los defensores del español se han convertido en hidalgos quijotes. Ver a los correctores de estilo o editores luchando contra la mala ortografía es como contemplar, con una mezcla de nostalgia y ternura, al célebre héroe de Cervantes galopar contra los molinos de viento. Ya todos sabemos cómo acabó eso.
El acelerado desmoronamiento de la buena ortografía es culpa de todos, pero los colegios son los que cargan con la mayor responsabilidad. ¿Con qué rigurosidad enseñan los profesores? ¿Por qué se gradúan los estudiantes que atropellan permanentemente el idioma? ¿Por qué las carreras de comunicación social aceptan a alumnos que no saben escribir bien? ¿Y por qué los medios abren sus puertas a practicantes con ortografía mediocre?

Puede que la ortografía, el escribir bien, sea secundario para un matemático, un físico, un banquero o tantos otros profesionales que no requieren del idioma para destacarse.

Para ganar plata no importa si el vicepresidente de un banco escribe transacción o transaxión, pero seguro le exigen tener un conocimiento sólido de economía y de mercados. Con los periodistas y escritores, defensores del idioma, debería pasar lo mismo, tendríamos que exigirles un impecable español escrito.

Reconforta ver que aún llegan centenares de reclamos por palabras mal escritas. Ello quiere decir que sigue existiendo un mercado que valora y defiende el idioma. De hecho, en Twitter, @tefa_ (#aprendiendoconlatefa) es una permanente correctora de los atropellos que se ven por esa red social. Sin embargo, como les ocurre a tantos otros que luchan por la ortografía, su tono de corrección es a veces tan soberbio, que pareciera que su ejercicio, más que educar, busca una sádica satisfacción de humillar al infractor idiomático.

También hay en esa red social unos hashtags (palabras clave) que debaten sobre el idioma, como #AmableRecorderis y #EspañolGourmet. No deben ser los únicos.

Pero seamos realistas, cada vez son menos los interesados en este debate. Si ya ni importa que ministros, presidentes del Senado o inclusive ex presidentes maltraten el idioma, qué les vamos a exigir a los futuros comunicadores sociales.

*Por si la ironía no era clara, la forma correcta es desastroso.

Nota del autor: Este artículo fue sometido a una estricta revisión por parte de los correctores de estilo de EL TIEMPO. Los errores que me detectaron, corregidos ya en el texto, fueron los siguientes:

-'Quijote', en el sentido en que se usa en el escrito, es un sustantivo común y debe escribirse en minúsculas.

- Es redundante decir "galopar sobre su caballo".

- "Gradúan" es con tilde en la 'u', por aquello del hiato.

- "... tantas otras profesiones...". Mejor sería decir "tantos otros profesionales" para preservar la unidad de conceptos, impuesta por la sucesión previa.

- En las siguientes frases, hay un error común de concordancia, que es el de usar en singular el pronombre 'le' cuando el complemento con el cual se coordina está en plural: "Sin embargo, como le ocurre a tantos otros que luchan por la buena ortografía...". Según la regla de concordancia, debió haberse escrito "... como LES ocurre A TANTOS OTROS...". Lo mismo vale para "... qué le vamos a exigir a los futuros comunicadores". Es "... qué LES vamos a exigir a LOS FUTUROS COMUNICADORES...".

DIEGO A. SANTOS
Editor Jefe ELTIEMPO.COM
diesan@eltiempo.com
Twitter: @diegoasantos

CAMBIOS EN LA LENGUA


Cambios en la lengua, un tema "delicado"
Graciela Melgarejo
LA NACION

Lunes 20 de junio de 2011



Idealmente, el lenguaje puede ser "asaz misterioso", como escribió Borges en el prólogo de su libro Los conjurados (Alianza Editorial, 1985): "Escribir un poema es ensayar una magia menor. El instrumento de esa magia, el lenguaje, es asaz misterioso". En la práctica, y con los inevitables cambios que ha de sufrir cada lengua a lo largo de su historia, se transforma muchas veces en un frustrante rompecabezas.
Hace unas semanas, en un programa de radio de la tarde, su conductor se preguntaba por qué en un aviso habían usado la palabra "desapercibido" cuando él sabía muy bien que lo correcto en español era usar "inadvertido". Treinta años atrás, el locutor hubiera tenido razón. Hoy, puede usarse "desapercibido" en "pasar desapercibido" sin experimentar ningún sentimiento de culpa. El Diccionario Panhispánico de D udas le da el espaldarazo de bienvenida en la entrada correspondiente: "desapercibido, da . 'Inadvertido o no percibido'. Hoy se emplea casi exclusivamente en la expresión pasar desapercibido ('no ser notado o percibido'), tomada del francés en el siglo XIX: «La ley pasó desapercibida en aquel momento» ( Abc [Par.] 6.10.00)". Hacia el final del artículo, se destaca este concepto: "Aunque tradicionalmente censurado por galicista, se ha asentado durante los dos últimos siglos y forma parte hoy de la norma culta. Esta moderna acepción también está legitimada por el uso de apercibir como 'percibir' o de apercibirse como 'darse cuenta'".
Es decir, entonces, que estamos ante otro galicismo ganado para la causa del español. Probablemente, muchos recordarán que hace ya también bastantes años ocurría lo mismo con "banal". Banal era, se suponía, un galicismo fácilmente reemplazable por "trivial, común, insustancial" (la definición, sinonímica, es del Diccionario de la RAE). Los que venían recitando con deleite y empeño esos versos de "Sonatina" (1893), de Rubén Darío, "Parlanchina la dueña/ dice cosas banales", estaban dentro de la más flagrante incorrección lingüística. Nada importaba que sonaran tan bellos.
Hace días apenas, Fundéu transmitía a través de la red social Twitter que "lo apropiado en español es hablar de temas delicados y no de temas s ensibles.
"Es común -continuaba Fundéu- que los medios de comunicación, cuando abordan determinados asuntos relacionados con el ámbito social, político o económico, se refieran a ellos como temas sensibles : «Probablemente, pese a ser un tema sensible, la masa social lo entenderá»; «La coreografía plantea un tema sensible: la migración ilegal»; «Es un tema sensible, no solo para la salud laboral. También afecta a la productividad». El Diccionario P anhispánico de Dudas señala que es incorrecto el uso de sensible o de sensitivo como equivalente de delicado , al referirse a un asunto o una situación."
Y agrega el DPD , tanto para sensitivo como para sensible, que esos son "sentidos calcados del inglés sensitive " y, por lo tanto, "rechazables".
No lo trae el DPD , pero no estaría mal que incluyera, si hay una nueva versión, este ejemplo perfecto de uso de sensitivo ('dotado de sensibilidad o capacidad de sentir') en nuestra lengua: "Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,/ y más la piedra dura porque esa ya no siente, pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,/ ni mayor pesadumbre que la vida consciente". Estos versos también pertenecen a Darío; son del poema "Lo fatal" (1901).
En su discurso de recepción del Premio Cervantes, en 1979, Borges dijo: "El lenguaje es nuestra tradición. El escritor tiene una desventaja: el hecho de tener que operar con palabras, y las palabras, según se sabe, son una materia deleznable. Las palabras, como Horacio no ignoraba, cambian de connotación emocional, de sentido". Quizá sensible en el sentido de delicado no tenga que aguardar dos siglos, como banal, para que su uso sea considerado "apropiado".
© La Nacion
lineadirecta@lanacion.com.ar
Twitter: @gramelgar

FUNDÉU RECOMIENDA...


Recomendación del día



Diccionario biográfico español, no Diccionario Biográfico Español

En numerosas noticias referidas a la polémica que ha suscitado el Diccionario biográfico español, publicado por la Real Academia de la Historia (RAH), el título de esta obra aparece con grafías inadecuadas: «La RAH está dispuesta a rectificar el polémico Diccionario Biográfico Español»; «Cultura insta a que se revise el controvertido Diccionario Biográfico Español»...

Los títulos de las obras de creación —libros, películas, cuadros, esculturas, piezas musicales, programas radiofónicos o televisivos...— se escriben, como recuerda la reciente Ortografía de la lengua española, en cursiva y con inicial mayúscula solo en la primera palabra y en los nombres propios, si el título incluye alguno: Conversación en la catedral, La decisión de Sophie, El nacimiento de Venus...

Así, en las noticias mencionadas, debería haberse escrito Diccionario biográfico español, en cursiva y con inicial mayúscula únicamente en Diccionario.

Solo cuando se mencionan títulos originales de obras no escritas en español puede respetarse la forma de escribirlos en la lengua correspondiente: Vanity Fair, A Man for All Seasons..., aunque es igualmente apropiado, y cada vez más frecuente, aplicarles la norma española: Vanity fair, A man for all seasons...
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