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sábado, 23 de julho de 2011

EL PORTUÑOL


El Portuñol Nació en la Triple Frontera y está de moda
23/07/11 Tiene cada vez más adeptos, un congreso anual en Brasil y es un boom en Internet.
Por JEAN PIERRE LANGELLIER
The New York Times. Especial
FUENTE: CLARÍN

Su nombre –“portunhol” o “portuñol”– resume su identidad: una lengua híbrida que toma elementos prestados de dos grandes hermanas, el portugués y el español, que reinan casi con igual poder en las poblaciones de América del Sur. Comercio, viajes y turismo obligan: el portuñol está de moda en el subcontinente. Tiene cada vez más adeptos, a quienes seduce a su manera –espontáneo, caluroso, creativo-. No pretende ser una lengua hecha y derecha. Pero rebajarlo a la categoría de jerigonza sería demasiado desdeñoso. Es un dialecto salvaje que se inventa día a día al capricho de los encuentros, la voluntad de intercambio y el deseo de comunicarse.
El portuñol nació a lo largo del tiempo, como una herramienta que usan pueblos vecinos de buena ley, en la región conocida como “la triple frontera” (Argentina, Brasil, Paraguay), alrededor de las famosas cataratas del Iguazú. Una “lengua de confluencia”, dicen los expertos, hija natural de la geografía y el negocio, salpicada de guaraní – la vieja lengua amerindia – y de un poco de inglés. Más al sur, en los confines del Uruguay y Brasil, se lo llama justamente “fronterizo”, allí donde se tocan las ciudades gemelas, Rivera de un lado, Santana do Livramento del otro, que lo practican desde hace mucho tiempo.
Este “riverense portuñol” tomó allí forma más estructurada, al punto que alimentó el trabajo minucioso de los lingüistas, como lo prueban los cuadros descriptivos. Más allá de las contingencias fronterizas, el portuñol responde a las ganas de entender y hacerse entender de todos los que no pueden o no quieren aprender el idioma del otro. Todos hacen ver que les es familiar, aunque sólo conozcan de él lo que lo diferencia muy sumariamente de su propia lengua. En este simulacro para nada pretencioso, fruto de una búsqueda no consumada de bilingüismo, el portuñol encontró su destino. Evidentemente, debe su buena suerte a sus dos matrices latinas, tan cercanas en su sintaxis, su gramática y su vocabulario que se entremezclan y se hibridan sin esfuerzo. Con su ortografía de fantasía, su léxico acogedor y su riqueza fonética, el portuñol es un lenguaje espontáneo que, orgulloso de su libertad, innova y se improvisa en boca de los hablantes más diversos: hombres de negocios, turistas, comerciantes, taxistas, vendedores ambulantes e incluso las estrellas del fútbol latino, campeones sin fronteras. Combina ambas lenguas con toda libertad: un artículo español precede a un sustantivo portugués, un verbo portugués rige un complemento español. Para expresarse en portuñol, un hispanista empieza por reemplazar las “b” por “v”, los “el” por “o”, etc., y se familiariza con las vocales nasales, inexistentes en su lengua.
Nacido en la calle, el portuñol engendró un pequeño movimiento literario que habría fascinado a un Kafka o un Joyce, atentos a las “lenguas menores”. La obra fundadora, una novela del brasileño Wilson Bueno (1949-2010), data de 1992. Se titula Mar paraguayo. Ese libro, observa el filólogo estadounidense John Lipski, es un relato escrito para “ser leído en voz alta, fácilmente comprensible por cualquiera que domine el portugués o el español”.
En el prólogo, el sociólogo argentino Néstor Perlongher subraya: “El efecto del portuñol, con sus caprichos y sus desvíos, es poético. Hay entre las dos lenguas una vacilación, una tensión y una oscilación permanentes –una es “el error” de la otra – en las que todos se vuelve posible e improbable”.
Wilson tuvo imitadores. El poeta brasileño Douglas Diegues, 45 años, escribió varios libros en portuñol y fundó una editorial, Yiyi Jambo, que difunde su lengua predilecta. Otros escritores brasileños lo acompañan en esta tarea, como Xico Sa o Joca Terron. Todos privilegian el aspecto lúdico y surrealista de sus creaciones literarias.
Internet le dio impulso al portuñol. Hay centenares de sitios en los que escritores publican su prosa. Poemas, himnos y canciones florecen en portuñol en la red. Una jornada internacional lo celebra el último viernes de octubre. Sus adeptos tienen una bandera con la efigie de la cantante de samba luso-brasileña Carmen Miranda (1909-1955). Su gloriosa madrina es conocida por haber difundido, sobre todo en Estados Unidos, “un perfecto portuñol”. Tuvieron su primer congreso en septiembre de 2009 en la ciudad de Río de Janeiro. El artista uruguayo Diego de los Campos presentó allí su “máquina de hablar portuñol”, que pronuncia palabras portuguesas y españolas, mezcladas y remixadas para “reproducir la confusión lingüística “reinante en la triple frontera”. El portuñol también tiene enemigos en Brasil, que lamentan la “prostitución” de su lengua o temen que sea víctima de un “efecto de succión” por parte del español. Por eso recomiendan desarrollar más el bilingüismo en la escuela.

Traducción: Elisa Carnelli

ELOGIO DE LA MENTIRA


ELOGIO DE LA MENTIRA
hem.fyristorg.com/Rafael_Amen/DonClaudio/elogio.html

En el año 1911, Hans Vahinger, de la Universidad de Halle, publicó un libro titulado "Die Philosophie des Als Ob". "La Filosofia del Como Si". Vahinger le llamó a su sistema "positivismo idealista". Pero se le conoce, más bien, por "ficcionalismo".
El autor demuestra que el conocimiento es un resultado del esfuerzo que el hombre realiza para adaptarse al medio: consiguientemente, viene a constituir una función creada por la especie para su conservación.
El pensamiento, en la ciencia y en el mundo, trabaja con "ficciones".
El hombre sabe que esas "ficciones", a las que utiliza como instrumentos para realizar sus fines, son ficciones, en efecto.
Dicho en otra forma: las considera como suposiciones que sirven de ayuda, pero que no son verdad.
Empero, él las usa "como si" lo fueran.
El "como si" -als ob- pues, es un recurso fundamental en la construcción del conocimiento del que luego se hace gala.
En Psicología el hombre considera al "YO" "como si' fuera una substancia. Y al "Hombre Económico" en Economía, "como si" fuera un ente palpable. Y al concepto de libertad en Política, "como si" la libertad, en Política, consistiera en otra cosa que en un derecho al pataleo.
La materia, por ejemplo, no es verdad.
Henri Poincaré, la más alta mentalidad europea de fines del siglo pasado, reconoció que uno de los descubrimientos más asombrosos que los físicos hubieran anunciado, ya en aquella época, fue el de que la materia no existe.
Apenas ocurre que los sistemas de soles atómicos, girando a una velocidad de 200.000 kilómetros por segundo, conceden a la materia esa apariencia de continuidad. De la misma manera que cuando una rueda gira rápidamente, diríase que los rayos forman un disco macizo.
Merced a la pavorosa velocidad con que se desplazan en sus órbitas, las partículas electrónicas impiden el paso de la luz por la distancia que media -por el hueco que queda- entre un átomo y otro.
Pero si esos sistemas de soles atómicos se detuvieran, o si sólo disminuyese su velocidad, los cuerpos constituidos por átomos se tornarían invisibles.
Entonces ... ¿qué es la verdad?

Estamos enterados de que los espíritus no crean la verdad ni la falsedad. Crean creencias. Y una creencia es verdadera cuando existe un hecho correspondiente a ella y es falsa cuando el hecho correspondiente no existe.
Pero esa correspondencia entre el hecho y la creencia, se obtiene, en el mundo, por -medio de la convención.
La verdad es, apenas, el fruto de una serie de convenciones.
Recién cuando se conviene en que algo sea verdad, es que llega a serlo. Tres naipes del mismo palo, son tres pedacitos de cartulina, con figuras de color semejante.
Pero cuando se ven afectados por las leyes del truco, son "flor". Porque se convino de antemano en que lo fueran.
La verdad, pues, así considerada -sin directivas y sin aprensiones- carece de fuerza para detener al honrado mentiroso.
Claro que hay que establecer una diferencia entre mentira" y "engaño".
"Mentira", viene del latín "mentiri", de "mentior": imaginar; de "mens", "mentis": imaginación; del sáncristo "mavis": inteligencia; de ",mnan", pensar.
"Engaño", viene, simplemente de "en-ganno , "ganno-en': sacar provecho.
Cuando al hombre se le acercan en la calle con el billete y le dicen que salió premiado con $10.000 y que se lo dan por $500 Y el hombre saca los $500 y se queda con el billete, bien que el verdadero ladrón, en realidad, sea el hombre, hay que reconocer qua fue el otro quien lo engañó.
Pero cuando nuestro viejo gaucho describe a la ponedora famosa --"un pasito, un güevito; un pasito., un pasito, un güevito"-- no hace más que, sin saberlo, anticipar el espectáculo que un día u otro obtendrán los doctores Turner y Reinecker, de la Universidad de Missouri, por el tratamiento de las aves de corral con la tiro proteína
El mentiroso romántico no debe figurar al lado de quien engaña a otro en propio provecho, porque el desinterés de su actitud lo pone a salvo de cualesquier imputaciones.
Ni puede calificársele de simple embustero --del griego "empodixoo": impedir, embaucar-- porque al disponer la posición de una actualidad para que se vislumbre desde ella un futuro, se jerarquiza en la tarea de fantasista.

Karl Gustav Jung, pese a no haber tenido la fortuna de conocer a nuestro gaucho, estudió, en sus "Tipos Psicológicos", este fenómeno auspicioso de la fantasía finalista.
Para su explicación finalista -dice- es la fantasía un símbolo que recurriendo a los materiales de que dispone, pretende caracterizar y aprehender un fin determinado, o, mejor, aún: una futura línea psicológica evolutiva determinada.
El mentiroso, pues, en función de fantasista, no sólo es un expositor, sino que es un creador y, aún, un educador toda vez que prescribe una futura línea de evolución.
Lo cierto, lo comprobado, lo dado, es, ya, antiguo.
Cuando el hombre dice que el lechón de noche es pesado; que poniéndose entre corrientes de aire arrostra uno el riesgo de contraer una pulmonía --y pocas veces dice más-- está desperdiciando el sitio que le fue asignado para que ayudase desde él, y en la medida que le correspondía, a la salvación del destino unánime.
Porque sólo le fue concedida al hombre una parte de lo que debe ser realmente, para que él se complete, luego, inventándose la parte que le falta.
La primera vez que se encontraron André Gide y Oscar Wilde, Gide inició la entrevista con una loca charla rutilante. Pero, de pronto, Wilde le detuvo para inquirirle:
-Todo eso que usted me está diciendo, ¿es cierto?
-¡Si, señor! Es cierto.
-Y entonces ... ¿para qué lo dice?
Hay que dejar en paz a lo que está, a lo visto, a lo dado. Y seguir.
Cuenta Felicien Challaye, el esteta, que un día en que el paisajista Theodore Rousseau pintaba un árbol en la hoz del bosque de Apremont, se le acercó un campesino y le preguntó:
-¿Que está haciendo el caballero?
-Estoy haciendo esa encina, -le repuso, con enfática condescendencia, Rousseau.
-¿Y para que, si ya está hecha ... ?

Teniendo en cuenta que lo cierto ya pasó; que, lo comprobado está viejo; que lo visto hasta ahora en el mundo no justifica de ninguna manera el mérito que se le ha venido dando al ojo ... ¡qué mentirosos! --en el sentido que los pretendidos veraces asignan a su calificación de los que no se resignan serlo-- son todos los que dicen nada más que la verdad.

LA IMAGEN, EL LIBRO Y LA PALABRA


La imagen, el libro y la palabra
LAURA FREIXAS 23/07/2011
FUENTE: EL PAÍS

"Un poco de ternura, ¡burdel de mierda!".



La frase es desde luego llamativa. ¿A quién se le habrá ocurrido semejante título, tan provocador e intrigante? La acción del espectáculo (de danza, estrenado en Madrid el pasado mes de junio) ¿transcurre en un prostíbulo?... Siento decepcionarles. Pues lo que parece un arranque de audacia (del director), no es más que una muestra de ignorancia (del traductor). En efecto, la frase "bordel de merde" no es sino el equivalente francés de "me cago en la puta", que tampoco se refiere a puta alguna.

Yo no sé qué está pasando con la traducción en España. En fin, sí lo sé: que se paga fatal, a poco más de diez euros la página. La culpa, entonces, no la tienen las y los pobres traductores, sino la empresa que los contrata. La cual, supongo, se hace cargo de que pagando lo que paga no puede esperar que además de echarle horas (una por página, más o menos: traducir se paga como fregar retretes), la persona contratada sepa idiomas. Resultado: una traducción tan creativa como ciertas formas de contabilidad; cualquier parecido con la realidad (aquí, con el original) es pura coincidencia. El pato lo pagamos las y los sufridos hablantes y lectoras/es. Que, por ejemplo, no entendemos por qué demonios el joven escritor Hervé Guibert, junto al lecho de muerte de Michel Foucault, "tenía un periódico" (según aseguraba cierto diario español): a mí me costó un buen rato adivinar que el original francés debía ser "je tenais un journal" ("llevaba un diario"). Otra perla de mi colección: en el libro de Martin Amis Visitando a Mrs. Nabokov (y ya no me molesto, por inútil, en combatir el anglicismo que consiste en usar el gerundio, visitando, en vez del sustantivo, mucho más natural en castellano: mis visitas a; ni la estupidez de conservar el "Mrs." en vez de traducirlo por "señora"), esta lectora no cabía en sí de asombro al enterarse de que "los enanos suizos tienen una mentalidad demasiado cívica para salir en enjambre o clavar el aguijón" (¿como sí hacen en cambio los enanos del resto de Europa?...). Y es que enano en inglés es midget, cuya segunda acepción es "mosquito"...

Podríamos seguir, con ejemplos menos pintorescos, pero igualmente irritantes: en el reciente Renacida de Susan Sontag, situado en Nueva York, se dice que alguien "trabaja en el Monte Sinaí" (en realidad el famoso hospital Mount Sinai); los libros que lee mi hijo se publican en una colección ridículamente titulada Imagen descubierta del mundo, traducción (hilarante, si no diera ganas de llorar) del francés Images. Découverte du monde, donde découverte significa "descubrimiento"... Qué triste paradoja que las mismas productoras o editoras que nos ofrecen productos cuidadísimos de factura y diseño, sin reparar en gastos, desprecien hasta tal punto la belleza y corrección lingüísticas: está claro que cada vez se valora más la imagen y el libro como objeto, y menos la palabra... Por cierto, ¿quién dijo que la moda de dejar los títulos de las películas en francés o inglés (en la cartelera cuento 17 casos, nada menos, de un total de 67 filmes) era una muestra de esnobismo? Tienen toda la razón. Pero visto cómo las gastan quienes traducen, casi mejor así para evitar males mayores, no sea que Tokio blues (tristeza de Tokio) nos lo conviertan en "Tokio azul", o Tournée ("gira") en "tornado".

Laura Freixas (Barcelona, 1958) es autora, entre otros libros, de Ladrona de rosas (Clarice Lispector: una genialidad insoportable) (La Esfera de los Libros) y Adolescencia en Barcelona hacia 1970 (Destino). www.laurafreixas.com.
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