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terça-feira, 2 de agosto de 2011

TUTANKAMÓN - EL FARAÓN NIÑO


Un 70% de los españoles, es pariente de Tutankamón

Agencias |Reuters | Londres
lunes 01/08/2011

Hasta un 70% de los varones británicos y españoles y la mitad de los de Europa están emparentados con el faraón egipcio Tutankamón, según un grupo de genetistas en Suiza. El centro de genealogía iGENEA, de Zurich, ha reconstruido el perfil de ADN del faraón que llegó al trono a los nueve años, de su padre Akenatón y de su abuelo Amenhotep III, basándose en una película realizada para Discovery Channel.

Los resultados mostraron que Tutankamón pertenecía a un perfil genético conocido como haplogrupo R1b1a2, al que pertenecen más de un 50% de los varones de Europa occidental, lo que indica que comparten un ancestro común. Curiosamente este haplogrupo constituye menos de un 1% los egipcios actuales, según iGENEA.

"Fue muy interesante descubrir que pertenecía a un grupo genético que se da en Europa. Había muchos posibles grupos en Egipto al que podría pertenecer el ADN", ha señalado Roman Scholz, director del centro iGENEA.

Alrededor de un 70% de los españoles y un 60% de los franceses también pertenecen al grupo genético del faraón que gobernó Egipto hace más de 3.000 años. "Creemos que el ancestro común vivía en el Cáucaso hace unos 9.500 años", explica Scholz. El investigador estima que la migración más temprana del haplogrupo R1b1a2 a Europa comenzó con la expansión de la agricultura en el 7.000 AC.

Los genetistas, sin embargo, no tienen claro cómo el linaje llegó a Egipto desde su región de origen.

El centro está empleando ahora pruebas de ADN para buscar los parientes vivos más cercanos del faraón niño. "Sólo se ha publicitado durante tres días, pero hemos visto mucho interés", añadió Scholz.

ANTONIO MAURA


Antonio Maura,


único español en la Academia de las letras Brasileña

Efe | Madrid

El escritor e investigador bilbaíno Antonio Maura ha sido elegido Socio Académico Corresponsal de la Academia Brasileña de las Letras, lo que le convierte en el único español vivo que forma parte de esta prestigiosa institución fundada en 1897 por el escritor Antonio Machado de Assis, su primer presidente.

Según informa hoy a Efe el propio Antonio Maura, la elección se produjo por votación, el pasado 28 de julio, y ocupará el sillón 17, de los veinte dedicados a personalidades extranjeras, cuyo primer titular fue Leon Tolstoi. Maura sustituye al historiador, sociólogo y escritor portugués Vitorino Magalhaes Godinho, fallecido este año.

El último español que ocupó un sillón de la Academia Brasileña de Letras fue Dámaso Alonso, de 1960 a 1990. En el pasado, también fueron Socios Corresponsales los españoles José Echegaray, de 1898 a 1916, Francisco Rodríguez Marín, de 1929 a 1916, Gregorio Marañón, de 1956 a 1960, y Ramón Menéndez Pidal, de 1951 a 1968.

Antonio Maura, una vez elegido. | EFE.
Antonio Maura (Bilbao, 1953) es licenciado en Filosofía y en periodismo, y es doctor en Filología Románica por la Universidad Complutense de Madrid con la primera tesis defendida en España sobre un escritor brasileño, 'El discurso narrativo de Clarice Lispector' (octubre, 1997).

Entre 2005 y 2009 fue director de la Cátedra de Estudios Brasileños en la Universidad Complutense de Madrid. Además fue profesor visitante en la Universidad Federal de Ceará (Brasil) y director de la Casa de Cultura Hispánica en dicha Universidad (1982-85).

En la actualidad es Asesor Técnico del Área de Las Artes del Ayuntamiento de Madrid y colaborador habitual de la Fundación Cultural Hispano Brasileña, así como de otras instituciones dedicadas al estudio de Brasil.

También ha coordinado la edición de diversas revistas sobre cultura brasileña como El Paseante (1988), El Urogallo (julio-agosto 1995), el número especial de la Revista de Cultura Brasileña en homenaje a Ángel Crespo (junio de 1997) y ha intervenido y organizado cursos y seminarios sobre la cultura brasileña.

Además, ha participado en varios Congresos Internacionales sobre traducción y literatura brasileña como el celebrado en Brasil con ocasión del XXX Aniversario de la primera edición de 'Gabriela, Clavo y Canela', de Jorge Amado, siendo el único español invitado a participar en los actos de homenaje a ese escritor.

Es autor de la traducción de 'Casa Grande & Senzala', de Gilberto Freyre. Marcial Pons. Madrid, 2010. Y entre sus libros publicados destacan los relatos 'Piedra y ceniza' y las novelas 'Voz de humo', 'Ayno' y 'Semilla de Eternidad'.

EL DICCIONARIO


Gloria y desaparición del diccionario en la era digital



JOSÉ ANTONIO MILLÁN 30/07/2011





Los diccionarios son uno de los muchos objetos que han desaparecido de la mesa de trabajo de escritores, estudiantes, investigadores..., junto con bolígrafos, cuadernos y tablas de logaritmos, sustituidos todos por un rectángulo iluminado provisto de teclado. No es que hayan perdido su utilidad, sino que las funciones que cumplían las cubren ahora un conjunto de programas y sitios web.

En el momento en el que los diccionarios se integren del todo en los navegadores, habrán conseguido su finalidad pero también habrá desaparecido su autoría

Los diccionarios han servido para saber el significado de una palabra, cómo se integraba en una frase (los de construcción), con qué otras podía ir (combinatorios), para buscarla en otro idioma (bilingües), localizar equivalentes (de sinónimos), comprobar su escritura (ortográficos), para buscar rimas (inversos), o resolver problemas (de dudas). También han informado no sobre la lengua, sino sobre el mundo (enciclopédicos). A estas categorías históricas habría que añadir una nueva: las obras en colaboración, cuya máxima expresión son la enciclopedia Wikipedia, que ahora cumple diez años, y el diccionario Wikcionario, que han abierto una nueva era de autoría colectiva.

En el contexto digital no hay ni que conocer el orden alfabético: basta pulsar unas teclas, o pronunciar en voz alta en un teléfono la palabra buscada para que aparezca su definición. Numerosas aplicaciones permiten consultar una palabra haciendo clic sobre ella, o tocándola con el dedo (en programas de lectura como Instapaper o traductores en navegadores web). También se puede muchas veces acceder a una palabra desde cualquiera de sus formas, acabando con la tradicional queja de extranjeros y (malos) estudiantes: "¡En este diccionario no viene conduje!". E incluso oír como se pronuncia.

Una función que antaño correspondía a los diccionarios, pero que ahora se oculta en los códigos del teléfono móvil o del procesador de textos, es la comprobación de la escritura (¿ahínco o haínco?) o de la construcción (¿te prevengo que o te prevengo de que?). Aunque esta revisión se vuelve molesta cuando el dispositivo las aplica a la redacción de un texto informal, como un SMS. Precisamente una tarea pendiente de estas útiles ayudas digitales es modular su presencia según el tipo de texto.

Cuando sólo existía como libro, el diccionario nada más podía consultarse por la palabra de acceso, pero es absurdo que esto siga ocurriendo en Internet. El diccionario de la Real Academia permite leer sus definiciones en línea, pero no buscar en su interior, aunque esto puede facilitar ciertas consultas: ¿cómo se llama un reloj con música?, ¿y la cadena del reloj de bolsillo? Si pudiéramos ver en qué entradas está presente reloj llegaríamos con facilidad a "carillón" y a "leontina". Por fortuna, ha aparecido el sitio Dirae, que permite hacer estas búsquedas en el diccionario académico. En otra obra en línea, Clave, sí que se puede buscar dentro de las definiciones, o ver qué palabras terminan igual que otra dada (para reloj: boj y troj). Ni en Clave ni en el DRAE en Internet se puede buscar conduje.

Pero muchas personas que hoy crean o leen textos lo hacen digitalmente, conectados a Internet, y no sólo usan obras de consulta incluidas en programas, o diccionarios en línea, sino que han aprendido a sacar partido a los buscadores. Los diccionarios escolares ilustraban palabras infrecuentes, pero hoy los estudiantes saben que para ver cómo es una babirusa basta escribir su nombre en un buscador. Igual que los nombres propios: muchos correctores los incorporan, aunque siempre se puede resolver una duda mediante un "plebiscito Google". ¿Se escribe Gutenberg o Gutemberg?: ¡gana la primera por 26 millones de apariciones frente a 7!

Por lo general los diccionarios tienen una sólida identidad: está "el de la Academia", "el de Seco", etcétera, pero ¿sabemos qué diccionario nos ayudará al hacer clic en un ordenador o teléfono? Muchas veces no. Será el que juzga conveniente el creador del programa, o el más barato... Por otra parte, aún quedan importantes diccionarios que no están en soporte electrónico (el del Español actual, de Manuel Seco, o Redes, de Ignacio Bosque), y otros existen solamente en papel o CD-ROM (como el Oxford English Dictionary). Un estudioso puede acabar con dos o tres tomos abiertos junto al ordenador más un CD en el lector.

El diccionario del futuro desarrollará interfaces de consulta combinadas con análisis contextuales. Habrá, por ejemplo, menús con sinónimos ordenados según aceptabilidad. Haciendo clic sobre harto se desplegará cansado, hasta las narices (marcado como vulgar) y en rojo otras menos aceptables. La aplicación habrá descartado, para ese texto concreto, harto como equivalente a saciado.

También podrá alertarnos sobre peculiaridades regionales. A un mexicano que escriba un correo a una dirección española se le propondrá que sustituya profesionista por profesional, y a un español escribiendo a Argentina se le ofrecerán alternativas al verbo coger. El típico caso en el que el hablante no encuentra una palabra se resolverá sobre la marcha: escribiendo "querría * una cita" se nos propondrá acordar, concertar...

En el momento en el que los diccionarios se integren del todo en los procesadores y navegadores, olvidando sus antepasados en papel, habrán conseguido su finalidad: ayudar a las personas con dificultades en su lengua o en una ajena. Pero también habrá desaparecido su individualidad, su autoría (corporativa o individual), que figurará, en el mejor de los casos, en la letra pequeña del Aviso Legal de un programa. El usuario que escribe o lee en un teléfono o en un ordenador tendrá una comodísima ayuda para construir una frase, para entender un texto, pero puede que nunca llegue a saber con la autoridad de quién se le brinda, ni cuántas horas de trabajo costó, ni mucho menos a quién agradecer el esfuerzo...

jamillan.com
FUENTE: EL PAÍS.es

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Recomendación del día



a pocos días de y a los pocos días de no significan lo mismo

Expresiones como a pocos días de y a los pocos días de, a un año y al año, a dos meses y a los dos meses, etc., tienen distintos significados.

A pocos días de, a un año de, etc., indican el tiempo que falta para que suceda algo, mientras que a los pocos días de, al año de, etc., se refieren al tiempo transcurrido desde que sucedió algo.

Por lo tanto, no debe decirse, por ejemplo, «a dos meses de celebrarse las elecciones municipales» si lo que en realidad se quiere decir es que hace dos meses que se celebraron dichas elecciones.

Lo correcto sería «a los dos meses de celebrarse las elecciones», ya que de la otra forma lo que se diría es que faltan dos meses para que se celebren los comicios.
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