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terça-feira, 23 de agosto de 2011

“Hay que utilizar las palabras a conciencia”


Fuente: La Mañana de Neuquén
Es la recomendación del escritor y periodista Daniel Balmaceda, que en su último libro da cuenta del origen que tienen cientos de términos que son utilizados diariamente.

Por PABLO MONTANARO



El autor aclaró que su última obra no está escrita en forma de diccionario. Expresó que cuenta la historia de cómo nació una palabra y luego se fue ampliando.

Neuquén > “La identidad de la palabra revela muchos datos a quienes investigamos hechos históricos y buceamos en archivos. Uno de los objetivos de este libro es generar el deseo de detenernos frente a una palabra e intentar conocer su historia”, escribió el escritor y periodista Daniel Balmaceda para explicar por qué eligió recorrer el origen de algunos términos que usamos cotidianamente en su nuevo libro “Historia de las palabras” (Sudamericana).
El autor de “Historias inesperadas de la historia argentina” e “Historias de corceles y de acero”, entre otros libros, dejó por un rato a personajes o sucesos históricos para sumergirse en la vida de las palabras. Acaso porque su interés por ellas viene de muy chico cuando le daba curiosidad “tratar de entender por qué una palabra o un concepto definía una cosa”.
Balmaceda aclara que su libro no está escrito en forma de diccionario, sino que cuenta la historia de cómo nació una palabra, se fue ampliando con el correr del tiempo y llegó a nosotros, en algunos casos con grandes modificaciones.
“Es la vida de la palabra; detrás de cada una hay tragedia, romance y comedia”, afirmó.

A pesar de darle un respiro a los personajes históricos que protagonizaron sus anteriores libros, en su nuevo libro también tienen un lugar.
Por supuesto, la diferencia está en que antes las personas eran protagonistas y ahora son actores de reparto. En este nuevo libro la gran protagonista es la palabra. Hay palabras que involucran a personas como Charles Boycott, los hermanos Jacuzzi o Laszlo Biro y Johann Georg Meyne, entre muchos otros.

¿Para qué sirve conocer la historia de una palabra?
Hay varios aspectos. Conocer el sentido, el origen de una palabra nos permite utilizarla con más criterio o saber que encaja bien en determinada frase. Esa es una de las claves. Si uno conoce mejor la historia de una palabra, la utiliza con más conciencia.
Me parece también que es un excelente ejercicio, casi lúdico, porque una vez que comenzamos a descubrir la historia que hay detrás de cada palabra es probable que comencemos a cuestionarnos el origen de algunos términos con los que nos cruzamos en forma habitual.

¿Por ejemplo?
El caso de “persiana”, ya con el ejercicio de tratar de entender las voces y sus orígenes deduje en un principio que debía haber llegado de Persia o que se había utilizado en Persia, y de hecho lo pude comprobar. Entonces para las personas que comienzan a tener un poco de curiosidad por el origen y la historia de las palabras en este sentido tienen un mundo de descubrimiento.

El mundo de las palabras no tiene fronteras.
El mundo de las palabras abarca un mundo mucho más amplio, inclusive el de nuestro propio idioma, porque hay que tener en cuenta que el español se nutrió de todas las lenguas árabes a partir de setecientos años de dominación árabe en España. Es decir, tuvo una gran influencia y después se incorporaron las voces americanas, inclusive para los argentinos se enriqueció aún más con los dialectos y las lenguas de los inmigrantes. El idioma se nutre de voces que llegan de lenguas muy distintas, inclusive a las latinas.

En el libro queda reflejado que hay algunas palabras que trascendieron a quien la dijo o a quien la inventó, por ejemplo, el caso de Charles Cunningham Boycott.
Son personas que no deben estar felices de que sus nombres hayan sido utilizados, porque en el caso de Boycott fue el primero en padecerlo. Charles Cunningham Boycott era un inglés retirado que administraba extensas tierras en Irlanda y que luego de una mala cosecha, impuso altos precios a sus arrendatarios. El resto es la historia de cómo la acción de todo un pueblo contra este hombre se convierte en un verbo: boicotear.

¿Una palabra que trasciende es un hecho casi fortuito?
Así es. Existen palabras que hasta tienen el peso por las personas que las dijeron o las personas que las inventaron. Pero también hay términos que nacieron de una lengua que hablaban pocos y sin embargo han trascendido de su ámbito y de su tiempo. Es la magia que tienen esas palabras, tienen algo que nos hacen sentir que suenan bien cuando las decimos, se comprende el concepto, explica algo con claridad. Y me parece que son algunos de los elementos que posibilitan que una palabra tenga identidad propia y se establezca dentro del lenguaje de todos los días.

Todavía se utilizan palabras que se usaban hace más de cuarenta años, y que quizás ahora se utilizan en otros contextos.
Precisamente conocer el origen no significa que debamos volver al origen de la palabra sino que nos va a ayudar a familiarizarnos con los términos. Hay muchos vocablos que ya están muy lejos de significar lo que fueron en un principio. Un ejemplo es “astillero”, hoy las embarcaciones no se hacen de madera por lo tanto en un astillero seguramente no vamos a ver una sola astilla… ¿Y esto por qué pasa? Porque el idioma para mantenerse vivo tiene que estar en constante cambio, en movimiento, con voces, términos que nacen, surgen, mueren y con palabras que modifican su sentido. Esto hace que el español perdure y se mantenga en el tiempo y que no se convierta en una lengua muerta.

También están los orígenes de las frases.
En general, las frases marcan un sentido de pertenencia y en algunos casos se instalan entre la gente, algunas más, algunas menos. Por ejemplo, el famoso “Yo argentino” que era dicho por los argentinos que estaban en Europa durante la Primera Guerra Mundial, gente de mucho poder económico y que cuando cruzaban las fronteras alzaban su pasaporte gritando “Yo argentino”, como diciendo que no tenían nada que ver con la guerra porque la Argentina era neutral. Hoy esa expresión es una forma de decir “Yo me lavo las manos, no tengo nada que ver”. Hay frases que se instalan y en cierta manera pintan a las sociedades, marcan identidades.

¿Considera que existe actualmente una crisis en el lenguaje?
Hay una crisis que es natural por las nuevas tecnologías y por la globalización. Siempre nos vamos a molestar por el maltrato que sufre el lenguaje. Pero esto pasó en todos los tiempos. No lo descubrimos nosotros, es algo habitual que sin duda pasa a ser más bien naturales. Sin duda lo que tenemos que hacer es tratar de preservar la genética del lenguaje y el buen uso de la palabra. En ese sentido creo que sí hace falta un trabajo importante.
En cuanto a la modificación del idioma, a la utilización de nuevas palabras eso ocurrió siempre y algunas de las que hoy se usan para expresar determinadas ideas o conceptos perdurarán, otras van a quedar en el camino, como han quedado tantas que hoy las recordamos casi con nostalgia.
Entonces, el propio idioma y el uso que se le da al idioma termina filtrando las palabras que van a mantenerse, las palabras que ya tienen que desaparecer y las palabras que surgen. No tenemos que molestarnos por eso pero sí por la esencia del idioma y por su buen uso. Eso es lo que deberíamos atender siempre. Hay que utilizar las palabras a conciencia.

¿Cuáles son sus palabras favoritas por las historias que tienen?
Me gusta mucho la palabra 'sinceridad': cuando se quitaba la cera de la miel al retirarla del panal, se dejaba la miel pura sin cera, y de ahí viene el significado de la palabra. También me parecen muy interesantes las palabras formadas con el prefijo 'des'. Por ejemplo “desarrollo” nos viene desde antes de que se inventaran los libros. El maestro de la Antigüedad extendía el rollo de papiro o del pergamino y leía a sus discípulos. De aquella acción nos viene desarrollar e incluso el desarrollo, en el sentido de extenderse, aumentar, crecer.

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barajar varias cosas, no una sola

Para que tenga sentido emplear el verbo barajar, lo barajado ha de ser más de una cosa.

Es frecuente encontrar en los medios un uso impropio del verbo barajar con el sentido de 'considerar': «La policía baraja la posibilidad de que la menor se encuentre en Extremadura»; «El Banco de Inglaterra no barajó un recorte de los tipos de interés en su reunión»; «El alcalde baraja hacer ajustes en la plantilla municipal».

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Se recomienda, pues, no emplear el verbo barajar cuando lo barajado es una sola cosa indivisible y utilizar, en su lugar, pensar en, estudiar, considerar (la posibilidad de), discutir u otra forma apropiada a lo quiera decirse.

Por tanto, habría sido más apropiado decir «La policía piensa enla posibilidad de que la menor se encuentre en Extremadura»; «El Banco de Inglaterra no consideró un recorte de los tipos de interés en su reunión»; «El alcalde estudia hacer ajustes en la plantilla municipal».
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