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sexta-feira, 16 de setembro de 2011

SEXALESCENCIA


Surge un nuevo término para identificar a un grupo de adultos de 60 o más años; ¿un nuevo frente popular para detener el tiempo? ¿un movimiento de rebeldes anti-age? ¿una "movida sexual" a pasos de la "tercera edad"? Frío, frío.

Por Eduardo Chaktoura - Fuente: La Nación.

Circula un email que lleva por asunto: "Un nuevo término: la sexalescencia". El texto no habla de sexo ni tampoco es una de esas "malditas cadenas milagrosas". Se presenta, ante todo, pidiendo: "Tengas la edad que tengas no dejes de leerlo". No es publicidad encubierta, aunque su contenido trae un mensaje optimista, positivo y "envidiable". En definitiva, propone identificar a un "nuevo grupo etario o social", una generación que parece reconocerse como los "adolescentes de 60 o más años".

Mientras que algunos respetables y queridos amigos "mayores" creen que "nada bueno viene con los años", están quienes, al parecer, promueven una nueva forma de ver y vivir la vida cuando llega la "adultez adultez". Así como en otras épocas, pasados los 60 todo caía indefectiblemente en manos de los médicos y la gerontología, hoy pisa fuerte una generación que ha decidido renunciar a la palabra "sexagenario"; porque, tal como dice el email, "sencillamente no tiene en sus planes actuales el hecho de envejecer".

¿Una forma de negar el paso del tiempo? ¿Algo así como el efecto "madre de adolescente que compite con su hija por la juventud y la belleza" pero a los 60? ¿Una forma de instalar esa particular moda del "pendeviejo"?... Nada por el estilo. Al menos esa no es la intención de quienes creen que vale la pena promover la novedad demográfica de este "nuevo grupo humano" que hoy ronda los sesenta (y algo más) y que dicen "haber vivido y llevar una vida razonablemente satisfactoria".

"Son - define este email cargado de energía - hombres y mujeres independientes que trabajan desde hace mucho tiempo y han logrado cambiar el significado tétrico que tanta literatura rioplatense le dio durante décadas al concepto del trabajo".

Se comunican por mensaje de texto o email con sus hijos, chatean con sus nietos; se conforman con lo que la vida les da y "raramente se deshacen en un llanto emocional". Toman lo que hay y se adaptan de la mejor manera posible. Podría hablarles horas de la entrañable abuela "Tití" que este año cumple 90 y que, como muchos otros, se subió a la vida virtual para no quedarse afuera de nada, ni por un segundo. Lo bueno es que ellos saben de lo importante que es seguir - además del email, el twitter y el facebook - con los encuentros y los abrazos para decir "te quiero".

Al parecer, estos "¿sexalescentes?" llegaron para demostrar que siempre se puede ser optimista, tener una actitud positiva y vital y creer, entre otras cosas, que el placer no se desvanece con el correr de los años, por más que los sentidos vayan perdiendo, poco a poco, la fidelidad y frescura de la juventud.

Si actualizásemos los manuales de psicología evolutiva, deberíamos, ante todo, destacar cómo se ha desplazado la "línea de tiempo". Los avances de la medicina, los aportes de la tecnología, las ventajas y desventajas de este mundo de exigencias por el progreso y el consumo, han modificado los márgenes y los planes. Así como ya pocos se casan o tienen hijos a los 20 ó 30 y, con suerte, lo hacen a los 40; unos cuantos de 60 ó 70, pese a todo, "ni sueñan con jubilarse", entregarse al deterioro o vencerse ante la enfermedad. Más que jubilados viven con júbilo e intentan contagiar a sus pares una actitud poco identificable con ellos.

Son muchos los "sexalescentes" que, al parecer, aprendieron a "aceptar" su condición, posibilidades y estado civil. Se le animan a los duelos porque descubrieron los beneficios de no tenerle miedo a la muerte, a la soledad y a la exclusión. Dan cátedra de curiosidad, creatividad, voluntad, esperanza. entre tantas otras virtudes y fortalezas.

Lo más interesante es que, si bien algunos pudieron elegir qué vida llevar, están también quienes a los 60 descubren que, más allá de ciertas mañas severas, están a tiempo de descubrir "algo nuevo". Se le atreven a la aventura postergada o, al menos, intentan modificar algunos hábitos y costumbres que, en definitiva, nunca quisieron para sus vidas.

Todo es, definitivamente, una cuestión de actitud. Ellos saben, intuyen o la experiencia les ha demostrado que el optimismo protege el cerebro; que una actitud positiva equilibra el sistema inmunológico; que el corazón resiste mejor cuando hay ganas y que todo es más saludable cuando se aprende a caminar a conciencia plena por la vereda del sol. No hay juicio, evaluaciones ni prejuicios; o, por lo menos, intentan calmar los monos que rumian ahí dentro.

Esto lo que hay y con eso vamos para adelante. Nunca es tarde. Los eleva esa veneración por sentirse jóvenes; reconociendo, claro está, que no todo fue ni serán jardines de rosas. Como dice el email: "en lugar de competir, aparentar o envidiar a los más jóvenes, saben de la importancia de una mirada cómplice, de una frase inteligente o de una sonrisa iluminada por la experiencia".

Intenté compartir con ustedes algunos aspectos centrales de este saludable email que llegó volando a mi correo, como al de tantos otros. Me animé a sumar otras ideas y resultados de distintas investigaciones científicas de la Psicología Positiva. Tal como dice el correo original: "Por favor, no dejes de compartir esta nota con todos, más allá de las edades que puedan llegar a tener".

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puzle en español se escribe con una z

Con frecuencia la palabra puzle aparece en los medios informativos en su forma inglesa, con doble z: «El equipo ya ha encontrado la ficha del puzzle que le faltaba»; «Son algunas de las piezas del puzzle de la austeridad que pretende encajar el presidente».

Se recomienda escribir este sinónimo de rompecabezas tal como aparece en la última edición del Diccionario de la Academia: puzle.

En consecuencia, en las frases anteriores lo apropiado hubiera sido escribir: «El equipo ya ha encontrado la ficha del puzle que le faltaba»; «Son algunas de las piezas del puzle de la austeridad...».
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