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terça-feira, 27 de março de 2012

EL GORILA NO TIENE LA CULPA

Por Hugo Víctor Ramírez V. - Columnista - 25/03/2012
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El reciente debate acerca del “uso genérico del masculino en español” nos enseña que ninguna lengua es “perfecta”. La evolución diacrónica de cada idioma se construye de acuerdo a varias “realidades” determinadas en su momento, lo que significa que más tarde éstas pueden ser discutibles y puestas en tela de juicio, tal como sucede actualmente con el uso genérico del masculino.

A veces olvidamos que, salvo la gramática, ningún otro aspecto de la lengua puede modificarse normativamente. Se puede debatir acerca de la evolución de un idioma y llegar a un acuerdo acerca de futuras políticas lingüísticas que ayuden a que en las próximas décadas podamos intentar forjar un equilibrio social del lenguaje en la vida cotidiana. Aún así, el desarrollo de cualquier sistema de comunicación no siempre terminará siendo del agrado de todos. Personalmente, nos fastidia que en español ciertos términos asociados con el mundo animal (por ej. los primates) sean empleados para “discriminar” u “ofender”, más aún si de acuerdo con la última publicación de la revista científica “Nature” se ha descubierto que “un 15% del genoma humano está más cerca del gorila que de los chimpancés”. ¿Pero qué sucede con la relación primate-ser humano y las asociaciones que han resultado de ella por medio de la lengua?
Salvo las expresiones: ¡Qué monada!, ¡qué mono estás! o incluso “jugando al mono mayor”, entre otras, el castellano es cruel con las asociaciones relacionadas con los primates en varias regiones. En Venezuela, Cuba, Ecuador y Perú el término “engorilarse” significa “enojarse mucho y perder los estribos”, mientras que en Chile equivale a “emborracharse”. En Bolivia, Venezuela, Chile, y otros países, el “gorila” es –despectivamente hablando– aquél “individuo ‘casi siempre militar’ que toma el poder por la fuerza”. En Argentina se conoce como “gorilaje” al “conjunto de personas o corriente de opinión opuesta al peronismo”. En Perú se llama despectivamente “macaco” a los asiáticos, mientras que en Guatemala y El Salvador significa ladrón. En Colombia la “mona” es la marihuana, mientras que el “mono” es una vulgaridad en varios países hispanohablantes.
Quisiéramos debatir acerca de la injusta inclusión de ciertos términos “oscuros” en español relacionados con los primates, desde ya nuestros parientes más cercanos, sin embargo debemos aceptar que cualquier idioma se forja a través de sus hablantes y sus percepciones cotidianas acerca de lo que ven, comparan y creen que es aplicable a su sistema de comunicación: la lengua.

Fuente:http://www.laprensa.com.bo/diario/opiniones/columnistas/20120325/el-gorila-no-tiene-la-culpa_22018_35275.html

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los miles de personas, no las miles de personas

El sustantivo miles es masculino, y por lo tanto lo adecuado es que el artículo que lo acompaña sea masculino para concordar con él: los miles de personas y no las miles de personas.

Sin embargo, es común encontrar errores de concordancia en los medios de comunicación: «El fervor plasmado por las miles de personas que participaron de la misa del papa en México», «Es una de las miles de personas que aún tiene latente la tragedia del 2010 en Chile».

Ya que el sustantivo miles es masculino, al igual que otros numerales, como centenar, millón..., los artículos que los acompañan deben ir también en género masculino, no en femenino (los miles de personas, unos centenares de mujeres, esos milllones de denuncias, y no las miles de personas, unas centenares de mujeres, esas millones de denuncias).

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