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terça-feira, 14 de agosto de 2012

LA RISA Y EL SILENCIO





Buda iba a dar una charla especial. Miles de seguidores habían venido desde muchos kilómetros a la redonda. Cuando Buda apareció tenía una flor en su mano. Pasaba el tiempo y el maestro Buda no decía nada, estaba sentado y simplemente miraba la flor. La muchedumbre se impacientaba. Mahakashyap no pudo aguantarse más: comenzó a reír. En ese momento, Buda lentamente, le hizo una señal para que se acercara y entregándole la flor le dijo: ”Tengo el ojo de la Verdadera Enseñanza. Todo lo que se pueda dar con palabras ya os lo he dado, pero con esta flor le doy a Mahakashyap la llave de la enseñanza”.

Esta historia es una de las más significativas de la vida de Buda porque desde allí se transmitió la tradición Zen. Buda fue la fuente y Mahakashyap fue el primer maestro.

Mahakashyap se rió y su risa incluía muchas dimensiones. Una dimensión era la tontería de toda la situación: de un Buda en silencio, de que nadie lo entendía y todo el mundo esperando que hablara. Toda su vida Buda había estado diciendo que la Verdad no puede ser dicha, aún así todo el mundo esperaba que hablara.

En una segunda dimensión, él se reía de Buda, de la situación dramática que había creado: sentado allí, en silencio, con una flor en la mano mirando la flor, creando intranquilidad e impaciencia en todos. Ante ese gesto dramático de Buda, él rió y rió.

En la tercera dimensión, él se rió de sí mismo. Viéndose allí sentado esperando a que Buda hablara, inquieto como los demás.

Buda lo llamó y le dijo: “Por medio de esta flor te entrego la llave” ¿Cuál es la llave? Silencio y risa es la llave. Y cuando la risa proviene del silencio no es de este mundo, es divina

Mahakashyap se rió y entendió. ¿Qué entendió? Entendió que no hay nada que entender, que no hay nada que decir. Toda la situación es simple y transparente, todo está a la vista, no hay nada que buscar, porque todo lo que es está aquí y ahora dentro de ti.

PALABRAS











Palabras históricas de la lengua española



Es uno de los temas que constituye un motivo de “curiosidad idiomática”. Su origen puede ser el nombre o apellido de un personaje famoso o desconocido, el de una localidad, el de un hecho o una batalla.
El uso las ha incorporado al vocabulario general en forma de sustantivos, verbos o adjetivos y, generalmente, se las utiliza sin saber realmente cuál es su procedencia.
Academia: está tomada del nombre de Academus, que era el dueño del jardín donde Platón daba sus clases.
Boicot: la “acción de boicotear” tomó su nombre del comerciante irlandés Thomas Boycott, que fue el primero a quien le aplicaron esa medida.
Linchar: es un verbo que describe la “acción de castigar con la muerte, sin proceso y tumultuosamente a un sospechoso o a un reo”. Su creador fue William Lynch, en 1780 en la ciudad de Virginia, Estados Unidos. Según cuenta el escritor Edgar Allan Poe, en un editorial de 1836, la víctima era maniatada, con una soga al cuello y montada sobre un caballo que, cuando se movía para ir en busca de agua o alimento, provocaba la muerte del condenado.
Maratón: el nombre de esta competencia deportiva proviene de la batalla de Marathón, aldea de Ática, situada a 42 km de Atenas, donde los griegos obtuvieron una gran victoria sobre los persas. Cuenta la tradición, que llevó la noticia a Atenas un soldado que hizo corriendo el trayecto y murió de fatiga al llegar.
Sándwich: su origen se remonta al año 1762, durante una de las grandes partidas de naipes llevadas a cabo en la residencia de John Montagu, duque de Sandwich, quien estaba tan apasionado por su juego, que ni siquiera quería interrumpirlo para comer. Así fue que pidió a sus criados que prepararan rodajas de pan con algo de carne fría en su interior, para así poder continuar jugando.
Sodomita: está tomado del nombre de la ciudad bíblica de Sodoma, cuyos habitantes se daban a los placeres y los vicios de una manera desmedida, en particular, a la sodomía, que es la “práctica sexual consistente en la penetración anal”.
Hoy las palabras se usan con despreocupación y costumbre, aunque cada una de ellas arrastre consigo una historia de evoluciones y variados contactos culturales. Y esa costumbre hace que, muchas veces, los hablantes pierdan la capacidad de asombro ante las curiosidades de la lengua española.

EL CAMINO









Un día, un becerro tuvo que atravesar un bosque virgen para volver a su pastura. Como era un animal irracional, abrió un sendero tortuoso, lleno de curvas, subiendo y bajando colinas.

Al día siguiente, un perro que pasaba por allí usó ese mismo sendero para atravesar el bosque. Después fue el turno de un carnero, jefe de un rebaño, que viendo el espacio ya abierto hizo a sus compañeros seguir por allí.
Más tarde, los hombres comenzaron a usar ese sendero: entraban y salían, giraban a la derecha y a la izquierda, descendían, se desviaban de obstáculos, quejándose y maldiciendo, con toda razón. Pero no hacían nada para crear una nueva alternativa.
Después de tanto uso, el sendero acabó convertido en un amplio camino donde los pobres animales se cansaban bajo pesadas cargas, obligados a recorrer en tres horas una distancia que podría haber sido vencida en treinta minutos si no hubieran seguido la vía abierta por el becerro.
Pasaron muchos años y el camino se convirtió en la calle principal de un poblado y, finalmente, en la avenida principal de una ciudad. Todos se quejaban del tránsito, porque el trayecto era el peor posible.
Mientras tanto, el viejo y sabio bosque se reía, al ver que los hombres tienen la tendencia a seguir como ciegos el camino que ya está abierto, sin pensar, sin preguntarse nunca si esa es la mejor elección.

Publicado en la edición n. 106 del Jornalinho (Portugal).

“El ser humano sabe hacer de los obstáculos nuevos caminos porque a la vida le basta el espacio de una grieta para renacer. En esta tarea lo primordial es negarse a asfixiar cuanto de vida podamos alumbrar”.
Ernesto Sabato

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Recomendación del día


violencia y virulencia no son sinónimos

Se recuerda que el término violento significa ‘que tiene mucha fuerza o intensidad’, mientras que virulento se aplica a las ‘enfermedades malignas e intensas’ así como a los ‘estilos, discursos o escritos que son hirientes, sañudos, ponzoñosos o mordaces en sumo grado’.

Sin embargo, no es raro que se emplee virulento y virulencia con los sentidos que tienen violento y violencia, respectivamente, como en las siguientes frases: «Los incendios no podrán ser controlados en las próximas 24 horas debido a la virulencia de las llamas», «Un virulento incendio forestal obliga a evacuar a 300 personas».

Según señala el diccionario Clave, no es adecuado emplear virulento como sinónimo de violento, por lo que se recomienda reemplazarla por esta última palabra o por otras que también puedan resultar apropiadas, como voraz, devastador, arrasador...; por idénticas razones, se desaconseja usar la palabra virulencia en lugar de violencia, intensidad o fuerza.

Por ello, en los ejemplos anteriores habría sido preferible «Los incendios no podrán ser controlados en las próximas 24 horas debido a la violencia de las llamas», «Un voraz incendio forestal obliga a evacuar a 300 personas».

Sí es apropiado el uso de virulencia en «Escribió un ensayo sobre la virulencia de un microorganismo...», «Es una enfermedad contagiosa y virulenta» o «Se le conocía por sus discursos virulentos».
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