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quarta-feira, 22 de agosto de 2012

HABLEMOS DEL IDIOMA:





EL DISCURSO

Inés Izquierdo Miller
La Prensa.com (Nicaragua)





Redactar es un proceso complejo que requiere conocimientos gramaticales y ortográficos para lograr un texto claro, conciso y coherente.
Siempre es necesario antes de escribir que tengamos en la mente al destinatario. Eso ayudará a poner los ladrillos del discurso: verbos, sustantivos, adjetivos, conectores, etc.
Especial atención requiere la claridad, llamada por algunos como la diosa de la redacción es un elemento importante que se apoya en los pilares de la concisión y la sencillez.
Recordemos que la concisión estriba en usar el menor número de palabras para expresar una idea con la mayor exactitud posible, lo contrario de ella es la vaguedad, la imprecisión, el exceso de palabras y de retórica.
No olvidemos la totalidad: cada palabra, frase párrafo está en función del resto. Es la red conexiones entre ellas la que da el significado al texto.
Otra de las cualidades que ayudará a la claridad es la simplicidad la cual parece ser fácil, pero puede convertirse en una tarea difícil porque casi siempre tratamos de complicar las cosas, algunos piensan que mientras más enredado escriban darán muestras de ser muy inteligentes. Criterio erróneo pues el mejor maestro, el mejor comunicador es aquel que logra una comunicación efectiva con sus receptores.

Traducir y corregir, oficios terrestres














Por Graciela Melgarejo | LA NACION
Twitter: @gramelgar | Mail: lineadirecta@lanacion.com.ar |

No es raro que sean los propios interesados, los traductores y los correctores, los que salgan a explicar por qué es tan importante lo que hacen. Aunque su tarea es fundamental y hasta imprescindible, poco se conoce de ella.
En el caso de los traductores, la norteamericana Edith Grossman pone un poco las cosas en su lugar en su libro Por qué la traducción importa (Katz Editores, 2011, traducción de Elvio E. Gandolfo), texto recomendado semanas atrás por adncultura, una recomendación que mucho se agradece. Grossman, que entre muchas otras obras tradujo al inglés el Quijote y la poesía del Siglo de Oro español -y a quien el crítico literario Harold Bloom llamó la "Glenn Gould" de la traducción-, dice que su intención es "estimular una consideración nueva de un área de la literatura que demasiado a menudo es ignorada, incomprendida o tergiversada", porque "la traducción siempre nos ayuda a saber, a ver desde un ángulo distinto, a atribuir un nuevo valor a lo que alguna vez puede haber sido desconocido". Se queja, y con bastante razón, de "la tendencia lamentable de demasiados editores a tratar a los traductores con displicencia o a desestimarlos como irrelevantes" y de que parezcan, los traductores, "ser una parte familiar del paisaje natural: tan comunes y habituales que corremos el riesgo de volvernos invisibles".
Si esto pasa con los "mediadores" en lenguas desconocidas para los lectores, qué ocurrirá con los correctores, que llegan siempre, como los bomberos, para apagar los fuegos de las erratas y los errores en los textos. Por eso fue tan oportuno el correo electrónico del lector Guillermo Bellotti, del 6/8, titulado "Sobre los correctores, su Congreso y Gabo". Escribió Bellotti: "Es interesante el dato sobre la realización del Congreso de Correctores de Textos en Español en Guadalajara. Me recuerda otro que da el propio Gabriel García Márquez, como testimonio de sus errores, no de sintaxis sino de ortografía. Él mismo se encarga de aclararlo en su libro Vivir para contarla (Debolsillo, 2005, pagina 174) al hablar de su paso por el bachillerato: «Hoy me doy cuenta de que (el Hermano Reyes) tenía razón. Sobre todo por la ortografía, que fue mi calvario a lo largo de mis estudios y que sigue asustando a los correctores de mis originales. Los más benévolos se consuelan con creer que son torpezas de mecanógrafo».
"La secreta y ardua tarea de estos trabajadores, que jamás son citados en los títulos de los libros, debe de estar llena de anécdotas y confidencias, que rara vez llegan a nuestros oídos, y mucho menos de puño y letra de un Nobel de Literatura. Sería interesante saber algo de ellos a través de un colega que reúna en un libro algunas de sus experiencias. La lección del maestro, del crítico y traductor norteamericano Norman Thomas di Giovanni, libro en el que cuenta sobre los años transcurridos al lado de Borges como traductor de su obra al inglés -y que le valieron tanto elogios como críticas- es una parte de la tarea previa a la edición, cercana al corrector pero no exactamente igual."
En Lecturalia (www.lecturalia.com), la red social de literatura, comunidad de lectores y comentarios de libros que también recomendamos hoy en esta columna, en una entrevista hecha al corrector español Juan Manuel Santiago, se le pregunta sobre los errores "más comunes" en textos literarios. Contesta Santiago: "Soy admirador incondicional de los textos escritos en español pero [están] repletos de falsos amigos, pasivas y mayúsculas provenientes del inglés. ¡Es como si el autor quisiera demostrar que solo lee en versión original!"
Imposible no relacionar esta respuesta con una reciente experiencia personal en un avión. Ya listos para partir, la voz electrónica de una azafata invisible describe los pasos por seguir en una emergencia, mientras en una pantallita de TV un muñequito los ejecuta. Cuando la voz indica que, si la cabina se despresuriza, "Máscaras caerán", uno se acuerda de "Traducir esta página" en Google, y se encomienda al dios de los idiomas.
© La Nacion.

EL REFRANERO ESPAÑOL COMENTADO








El PAN Y EL REFRANERO
Por Ginés Rosa
Fuente: Totana.com

Una de las estampas que mayor impronta nos dejó nuestra España más clásica, la del siglo de oro de la pintura, de la literatura y de la mística, de pícaros, lazarillos, bachilleres, dómines y otros personajes de la plaza y el mesón, de títulos con sangre limpia y de cristianos viejos... fue, sin duda, la aventura diaria de comer.
Desde entonces, o quizá mucho antes, el noble acto de comer resultó un duro ejercicio para buena parte de la población, que se las veía y se las deseaba para acostarse sin retortijones de tripas. De aquella época en la que echarse algo sustancioso al estómago, por no decir comer, que resulta actividad más solemne, y no digamos a diario, no era cosa baladí se instaló en la parla diaria de los españoles constantes alusiones a esta incierta actividad que, por lo visto, estaba reservada a los agraciados que dirigían sus pasos en torno a la corte, a la religión y a la milicia.
Con semejantes cortedades, no resulta extraño que la comida y, como símbolo de máxima representación, el pan, alcanzara en el lenguaje cotidiano de los españoles un punto de referencia absolutamente permanente no ya para expresar aspectos relacionados con su función de primer alimento sino, y aquí es donde radica el gran papel desempeñado por el pan en la lengua española, como punto central para expresar sentimientos, conductas y valoraciones de todo tipo dentro de nuestra vida diaria. De este modo todo un mundo de sentencias, dichos, frases y proverbios en torno al pan llegó a alcanzar en España una gran difusión, sobre todo a partir del siglo XVI, alentado especialmente por el pensamiento erasmista. Este magnífico compendio de saber y filosofía que es el refranero tiene uno de sus mejores exponentes en el Refranero General ideológico español, de Luis Martínez Kleiser, editado por primera vez en 1953, bajo los auspicios de la Real Academia Española de la Lengua, donde se recogen más de 65.000 refranes españoles (y no están todos, ni mucho menos), de los que más de 300 se refieren directamente al pan.
Con el pan, el refranero español alcanza momentos de notable brillantez, distribuyéndose por todos los vericuetos del cuerpo y del ánima, hasta el punto de que refranes y adagios sobre el pan y, en general, el pan como sinónimo de todo o de cualquier alimento, pueden llenar nuestro verbo de todos los días y casi de todos los momentos. ¿Por dónde empezar? Veamos...
Yo creo que, haciendo honor a este alimento trascendente y trascendental, habría que decir que no hay mejor refrán que buen vino y buen pan, destacándose así, de modo rotundo, el papel fundamental, básico, de estos dos alimentos, los primeros y más genuinos dentro de nuestro patrimonio gastronómico. Y de aquí nada más sencillo que echar hacia adelante, puesto que con pan y vino se anda el camino, igualmente que con pan y ajo crudo se anda seguro, al decir del refrán, la mejor compañía que encontrarse pueda, si no faltara la del fiel perro a quien el refranero no olvida en estos menesteres al recordar al amo que bocado de mal pan, ni lo comas ni lo des a tu can.
Es difícil encontrar una palabra que exprese y diversifique de tal manera valoraciones y actitudes de todo tipo como lo hace el pan, cuyas sentencias, casi todas con categoría de ley, presiden nuestros juicios y apreciaciones de cada día. Así, la expresión pan bendito se refiere tanto a una persona que juzgamos excelente o, simplemente, buena, como a cualquier cosa de inmejorable calidad; si un pedazo de pan es el juicio que nos merece una persona bondadosa, el pan de munición se refiere a las personas de baja condición social. ¡Cuántas veces diremos aquello de eso es pan comido para expresar la facilidad de hacer una cosa! En ocasiones, nuestro pan de cada día, que también hace referencia a las cosas de carácter cotidiano, se entremezcla en otro tipo de expresiones como la que hace referencia a la famosa visita del fraile a una casa en el campo, claro está, a la hora de comer, donde tiene lugar el siguiente diálogo:
- ¡Dios sea loado!, saluda el fraile desde la puerta.
- El pan comido y el corral cagado, contesta el labrador desde la mesa donde llevaba a cabo su colación.
Diálogo que hace una clara alusión a que el fraile iría derecho a la mesa, primero, y más tarde a aliviar su estómago en el corral, para beneficio de los animales.
Proseguimos.
Si algo resulta excesivamente caro o desproporcionado, cuesta la torta un pan, mientras que algo muy laborioso y arduo es más largo que un día sin pan. Si queremos mostrar indiferencia, decimos que con su pan se lo coma; si nos referimos a algo con mucho contenido, eso tiene miga; si deseamos expresar un claro desinterés o manifestar nuestro amor, desinteresado, recurrimos al famoso contigo, pan y cebolla, mientras la amistad y la unión entre dos personas tiene su mejor expresión con no haber pan partido entre ambos.
Para los momentos de necesidad, ya se sabe que a buen hambre no hay pan duro, mientras que la falta de previsión y la inminencia de una inevitable carestía se sanciona con pan para hoy y hambre para mañana. La tacañería, la intransigencia y el menosprecio hacia el prójimo tiene su mejor expresión en la frase negar el pan y la sal, la inteligencia y la astucia se encierran en lo de dame pan y dime tonto, mientras la avaricia se sintetiza de forma contundente: el pan, aunque sea duro, más vale para mí que para ninguno. En el lado opuesto, en el despilfarro o en el abuso con que se tratan las cosas ajenas, el refranero nos dice, entre otros que aluden a las sopas, que de pan ajeno, cada sopaza como un huevo. El pan también ha sido utilizado por el refranero para ocuparse de las cuestiones materiales con las que nos toca enfrentarnos a diario, de ahí que los duelos con pan son menos y donde no hay harina todo es mohína.
Finalmente, algunos ejemplos del refranero referidos al pan:
PAN: Donde no entra grasa, entra pan sin tasa
PAN DE AYER: El huevo del día, el pan de ayer y el vino de un año, a nadie hace daño
PAN DE TRIGO:Pan de trigo y leña de encina y vino de parra, sustentan la casa
PAN DE CENTENO: Pan de centeno, con hambre es bueno
PAN BLANCO: Quien quiera más blanca la hogaza, que amase en su casa
OTRAS CLASES DE PAN: Pan de centeno, para tu enemigo es bueno; pan de mijo, no se lo des a tu hijo; pan de cebada, comida de asno disimulada; pan de panizo, fue el diablo el que lo hizo; pan de trigo candeal o tremés, lo hizo Dios y mi pan es.
PAN CASERO: Pan casero, de ése sí quiero.
PAN DE PANADERÍA: Pan de panadería y vino de taberna, ni harta ni gobierna.
PAN RECIENTE: Pan reciente, mucho en la mano y poco en el diente.
PAN DURO: A pan de quince días, hambre de tres semanas.
PAN CALIENTE: Pan caliente, hambre mete
PAN CON ACEITE: Al pan caliente, abrirle un hoyito y echarle aceite.
EL PAN COMO ALIMENTO: Bocado de pan, rajilla de queso y a la bota un beso, hasta la cena te tendrá en peso.
EXCELENCIAS DEL PAN:
Quien mucho vino cena, poco pan almuerza.
Pan de ayer, carne de hoy y vino de antaño.
Ni mesa sin pan, ni mocita sin galán
Pan a hartura y vino a mesura
Pan que sobre, carne que baste y vino que falte
Pan, jamón y vino añejo, son los que hinchan el pellejo
Muchas más cosas se podrían decir del pan. Basten, por esta ocasión, las que traemos hoy aquí, que esperamos ir completando con otros alimentos básicos de nuestra cocina. Mientras tanto, como una precaución del mayor interés, estaremos lo más alerta posible para que nadie intente llevarse la llave del cajón del pan.

FUNDÉU RECOMIENDA...


Recomendación del día


extradición, no extradicción

El término extradición, que significa ‘entrega de una persona por parte de las autoridades de un Estado a las de otro que la reclama judicialmente’, se escribe con una sola c, según el Diccionario panhispánico de dudas.

Con motivo del caso Assange, es frecuente ver escrito en algunos medios de comunicación, de manera inapropiada, extradicción con dos ces, confusión debida probablemente a la influencia de dicción.

Así, se pueden leer frases como «Rafael Correa habría decidido ofrecer asilo político al fundador de Wikileaks para evitar su extradicción a Estados Unidos», «Londres no está dispuesto a facilitar un salvoconducto para su extradicción».

Extradición se escribe con una sola ce, de modo que lo apropiado en los ejemplos citados hubiera sido: «Rafael Correa habría decidido ofrecer asilo político al fundador de Wikileaks para evitar su extradición a Estados Unidos», «Londres no está dispuesto a facilitar un salvoconducto para su extradición».
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