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sábado, 20 de outubro de 2012










SI

Si puedes conservar la cabeza cuando a tu alrededor todos la pierden y te culpan;
Si puedes confiar en tí mismo cuando los demás dudan de tí, pero ponderas su duda;
Si puedes esperar y no cansarte de la espera,
Si siendo engañado por los que te rodean, no pagas con mentiras,
Si siendo odiado no das cabida al odio,
Si, no obstante, no pareces demasiado bueno, ni hablas con demasiada sabiduria...
Si puedes soñar y no dejar que los sueños te dominen;
Si puedes pensar y no haces de los pensamientos tu objetivo;
Si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso y tratar a estos dos impostores de la misma manera;
Si puedes soportar escuchar la verdad que has expresado: deformada por bribones para construir una trampa para necios, o contemplar destrozadas las cosas a las que habías dedicado tu vida y agacharte y reconstruirlas con las herramientas desgastadas...
Si puedes hacer un manojo con todos tus triunfos y arriesgarlo todo de una vez a una sola carta,
Si perdiendo, comenzar de nuevo por el principio no dejando escapar jamás una palabra sobre tu pérdida;
Si puedes obligar a tu corazón, tus nervios y tus músculos a servirte en tu camino mucho después de que hayan perdido su fuerza, excepto por tu voluntad que les dice !continuad!
Si puedes hablar con la multitud y perseverar en la virtud
Si puedes caminar entre Reyes y no cambiar tu manera de ser;
Si ni los enemigos ni los buenos amigos pueden dañarte,
Si todos los hombres cuentan contigo pero ninguno demasiado;
Si puedes emplear cada inexorable minuto con sesenta segundos de supremo esfuerzo
tuya es la tierra y todo lo que hay en ella, y lo que es más,
¡serás un hombre, hijo mío!..


SE
De Rudyard Kipling

Se podes conservar a cabeça quando a teu redor todos a perdem e te culpam;
Se podes confiar em você mesmo quando os demais duvidam, porém ao mesmo tempo consideras sua dúvida;
Se podes esperar e não te cansar da espera,
Se sendo enganado pelos que te rodeiam não pagas com mentiras,
Se sendo odiado não dá lugar ao ódio,
Se, embora, não parece bom demais, nem falas com demasiada sabedoria...
Se podes sonhar e não deixar que os sonhos te dominem;
Se podes pensar e não fazes dos pensamentos teu alvo;
Se podes encontrar-te com o sucesso e o fracasso e tratar a estes dois impostores do mesmo jeito;
Se podes suportar ouvir a verdade que hás proferido: deformada por canalhas para construir uma armadilha para otários, ou contemplar destroçadas as coisas às que havias dedicado tua vida e te abaixar e reconstruir-lhas com as ferramentas desgastas...
Se podes fazer um pacote com todos teus sucessos e arriscá-lo tudo duma vez numa só cartada,
Se perdendo, começar de novo pelo princípio não deixando escapar jamais uma palavra sobre tua perda;
Se podes obrigar teu coração, teus nervos e teus músculos a servir-te em teu caminho muito depois de que tenham perdido sua força, exceto pela tua vontade que lhes diz... continua!
Se podes falar com a multitude e perseverar na virtude
Se podes caminhar entre Reis e não trocar teu jeito de ser;
Se nem os inimigos nem os bons amigos podem ferir-te,
Se todos os homens podem contar com você, mas nenhum demais;
Se podes ocupar cada inexorável minuto com sessenta segundos de supremo esforço; de você é a terra e tudo o que há nela, e o que é mais, serás um homem, filho meu!..

GABRIEL GARCÍA MARQUEZ







30 años después del Nobel
por SALUD HERNÁNDEZ MORA | Bogotá

Pablo Neruda llamó a 'Cien años de soledad' «el Quijote de nuestro tiempo». Y un centenar de destacados intelectuales de todo el planeta incluyeron la obra entre las 20 más importantes de la Historia. Esas dos credenciales bastarían para convertir a Gabriel García Márquez en figura esencial de la Literatura universal, sin necesidad de haber ganado el Premio Nobel.
Nacido hace 85 años en Aracataca, un pueblito tórrido y pobre del norte de Colombia, García Márquez no sólo escribió una novela magistral, sino que creó un estilo propio capaz de describir, con un prodigioso dominio del lenguaje, los mundos disparatados, coloridos y mágicos de su tierra costeña. Escritor prolífico, viajero y excelente anfitrión, su prolongada ausencia de los escenarios públicos, el encierro en su hogar y diversos comentarios de algunos amigos y conocidos, han alimentado en los últimos meses las especulaciones sobre su estado de salud. Podría rondarle el Alzheimer u otro mal, puesto que, dicen, ya no puede escribir y su memoria agoniza.
La noticia saltó el 6 de julio de 2012, cuando la agencia AFP anunciaba: «Gabriel García Márquez padece demencia senil». El hermano del Nobel, Jaime García Márquez, puntualizó en esas fechas que Gabo se encuentra bien en «lo físico y lo motriz. Lo que él tiene son algunos conflictos de la memoria». No ha habido confirmación oficial, pero el periodista y escritor Plinio Apuleyo Mendoza ha asegurado que su viejo amigo ya «no reconoce a gente que no veía hace tiempo», según han publicado diarios colombianos como El Universal, El Tiempo y El Espectador, que también se hicieron eco de que Jaime Abello, director de la Fundación Nuevo Periodismo [fundada por Gabriel García Márquez], lo negaba, asegurando que no hay diagnóstico médico sobre ello.
Por fortuna para Gabo —consciente de la trascendencia de su obra y a quien gusta rodearse de influyentes personajes políticos, empresariales e intelectuales—, además de los incontables reconocimientos literarios, le han llovido en vida toda suerte de homenajes. Quizá recuerde el que le brindaron en Cartagena de Indias los asistentes al IV Congreso Internacional de la Lengua, con motivo de su 80 cumpleaños y el 40 aniversario de su celebérrima obra. «Ni en el más delirante de mis sueños, en los días en que escribía 'Cien años de soledad', llegué a imaginar que podría asistir a este acto para sustentar la edición de un millón de ejemplares. Pensar que un millón de personas pudieran leer algo escrito en la soledad de mi cuarto, con 28 letras del alfabeto y dos dedos como todo arsenal, parecería a todas luces una locura», leyó entonces en su discurso, en referencia a la edición especial de la novela que apareció en esa fecha. Entre la audiencia que le veneró esa noche se encontraban los Reyes de España, varios mandatarios, reputados escritores, algunos multimillonarios cercanos y los académicos de toda Hispanoamérica.
Casado con Mercedes Barcha, su amor quinceañero y el sólido pilar sobre el que cimentó su éxito y su felicidad, Gabo es padre de dos hijos. El mayor, el cineasta Rodrigo García Barcha, ha rodado varias películas en Estados Unidos, y Gonzalo es diseñador gráfico.
A principios de los 60 fijó su residencia en Ciudad de México, la urbe donde podía compartir sus días con autores de la talla del mexicano Carlos Fuentes o el colombiano Álvaro Mutis, su amigo del alma. Se estableció más tarde en Barcelona y desde allí pasó temporadas en La Habana, México DF, Bogotá y Cartagena de Indias. Pero en 1981 debió abandonar Colombia y exiliarse en México, acusado de izquierdista. Desde entonces pisó su país en muy contadas ocasiones, si bien a principios de este siglo adquirió, junto a periodistas colombianos, la revista 'Cambio', donderegresó de manera fugaz a su primer oficio. Escribió los perfiles de Bill Clinton y Hugo Chávez, dos dirigentes que aprecia. La aventura no duró mucho y la publicación la compró Planeta para cerrarla más tarde por crecientes pérdidas.
En el año 2002, García Márquez publica sus memorias bajo el título 'Vivir para contarla', y dos años más tarde la que sería su última novela de ficción, 'Memoria de mis putas tristes'. Es incierto el futuro de una historia de amor que llevaba años preparando, 'En agosto nos vemos'. En 2008 un periodista colombiano aseguró que estaba a punto de salir del horno, pero hasta ahora sólo conocemos los dos capítulos que 'Cambio' adelantó aquel mismo año.
Desde estas páginas conmemoramos el trigésimo aniversario del Premio Nobel de Literatura que la Academia sueca anunció el 21 de octubre de 1981, y que el colombiano recibió mes y medio más tarde vestido de un clásico liquiliqui de lino blanco. Con ese gesto, más que romper la etiqueta de una ceremonia solemne y fría, quiso dejar su impronta de autor latinoamericano.


Tolstói y la felicidad...



A través de veinte conversaciones inéditas, publicadas hasta ahora solo en ruso, la editorial Fórcola nos acerca a Tolstói. En esta entrevista responde a la pregunta «¿Qué es la felicidad?»
ABC CULTURAL@ABC_CULTURAL


El escritor ruso Lev Tolstói, protagonista de «Conversaciones y entrevistas»
Fórcola publica en castellano las últimas entrevistas a Tolstói

¿Qué es la felicidad? Responder a esta pregunta, y responder de tal manera que con esa respuesta pueda uno más o menos guiarse, es algo que puede hacer, sin duda, una personalidad solvente, un escritor conocido, un filósofo. ¿Quién si no el conde Tolstói podría responder a esto, si quisiera, con autoridad y honradez? Así fue que me fui a buscarlo...
Al llegar al callejón Hamovnichesky, donde en una casa antigua, de madera señorial, vive nuestro famoso escritor, tenía serias dudas –debo confesarlo– sobre si se decidiría a conversar sobre este tema, sabiendo en particular que sería para una entrevista periodística... A él no le gusta mucho que lo interroguen...
El lacayo me abrió la puerta de la entrada y, mientras me quitaba el abrigo abajo en la antesala, subió a informar de mi presencia, de donde enseguida escuché que me decía: «¡Venga, por favor!».
Por el pasillo se escucharon unos pasos, y el conde Lev NikoláievichTolstói entró en el cuarto.
Creo que no hace falta describirlo, ¿quién no lo conoce, aunque sea de vista, por los retratos?
Lo único que ningún retrato ha transmitido es la mirada de sus ojos, bondadosa, apacible y cariñosa.
Nos sentamos frente a frente y Lev Nikoláievich, subiendo un poco la pierna sobre el sillón, me dijo:
¿Qué es la felicidad, es lo que quiere saber? –Y se sonrió, con una sonrisa amable y silenciosa–. ¡La felicidad! ¡Acaso es posible hablar de ese tema así tan apresuradamente! La verdad es que allá, en el extranjero, la prensa acostumbra ahora a tratar superficialmente los asuntos más serios.
¡Y aun así, hay mucha gente que quisiera conocer, así sea superficialmente, lo que más detalladamente le sería inaccesible! Al menos una pregunta como esta: ¿qué es la felicidad? Cualquiera sabe qué es la felicidad para uno personalmente, pero qué es la felicidad en sentido abstracto, dónde buscarla, dónde alcanzarla, no lo sabe...
Para conocer esta verdad, es necesario persuadirse de aquella diferencia que existe entre el aprendizaje del mundo y la doctrina de la religión verdadera. Todas estas opiniones contradictorias de unos y otros sobre lo que para cada uno sería la felicidad se fundan en lo que cada uno considera necesario en la experiencia del mundo. Y todos ellos abandonarían para ello sus casas, el campo, a los padres, a los hermanos, las mujeres, los niños, abjurarían de todo lo verdadero y llegarían a la ciudad, pensando que aquí estaría la felicidad...
Pero ¿acaso en la ciudad no se puede encontrar la felicidad?
¿En la ciudad? Considere aquella vida que todos llevan en la ciudad como la medida de lo que siempre las personas han llamado felicidad, y verá que esa vida está lejos de tal idea.
¿Cuáles serían las características de la felicidad, sobre las que nadie discutiría?
Ante todo, es imposible la felicidad sin la luz del sol, con la ruptura de los lazos del hombre con la naturaleza. En otras palabras, la vida fuera de la ciudad, bajo el cielo abierto, al aire libre, en la aldea, es la primera condición de la felicidad terrenal. Mire, ni siquiera la poesía la imagina de otro modo y, al dibujar la arcadia feliz, celebra la vida idílica en el seno de la naturaleza, lejos de las ciudades...
Una gran cantidad de gente vive en las ciudades, está atada a ellas, no tiene posibilidad de vivir en la aldea, nace y muere sin verla. Así que ¿de veras es imposible la felicidad para ellos?
¡Es imposible, estoy convencido de eso! Mire a qué está condenada esa gente: a ver, bajo la luz artificial, los objetos elaborados por el trabajo humano; a escuchar los sonidos de los coches, el estrépito de los carruajes; a comer a menudo cosas no frescas y malolientes. Nada les permite una relación directa con la tierra, las plantas, los animales. ¡Es una vida de presidiarios!
Pero ¿acaso las ciudades no son el resultado natural del desarrollo gradual de la familia, la comunidad?
¿De dónde ha sacado eso? Eche un ojo a la Historia y verá que las ciudades se construyeron con fines de conquista...
Bien, pero si es así, los frutos y los éxitos de la civilización que se manifiestan brillantemente en los grandes centros, ¿nada de eso tiene sentido?
¡Pero quién le ha dicho que la civilización conduce a la felicidad! ¡Ajá, dicen, la civilización se desarrollará, empezarán a dar vueltas los coches, todos serán felices! ¿De dónde han sacado eso? No, nuestra civilización, como las que hubo antes, llegará a su fin y morirá, porque no es otra cosa que la acumulación de los instintos monstruosos de la humanidad. ¿Acaso antes de nosotros no hubo civilizaciones? La egipcia, lababilónica, la asiria, la hebrea, la griega, la romana... ¿Dónde están? ¿Condujeron a la felicidad? ¡Todas sucumbieron, y lo mismo pasará con la nuestra!
¿Entonces significa que la ciudad es un obstáculo para la felicidad?
No, no la ciudad. Es necesario el trabajo para ser feliz, pero el trabajo libre, razonable, deseado, y sobre todo el físico, no el que atrofia el cerebro y los músculos.
»Por exigencias del mundo, las personas sirven, van a las oficinas, reciben dinero a cambio... Pero ¿acaso aman su trabajo, acaso les satisface? ¡No! Se dejan vencer por el aburrimiento, hacen un trabajo que odian y puedo apostarle que no escuchará de ninguno de ellos que esté contento con su trabajo. Pero pregúntele a un mujik que ara la tierra si está contento. ¡Ah, qué contento y con qué amor mira los surcos que se tornan oscuros!
»Una condición más para la felicidad es la familia. Y esto no existe aquí, donde el éxito mundano se considera erróneamente como la felicidad. ¿Acaso todos estos maridos, estas esposas, conforman una familia? Con frecuencia son uno para el otro una carga, y los hijos esperan a menudo la muerte de los padres para hacerse con la herencia. [...]

[Conversación aparecida en La Gaceta de Petersburgo nº 341, el 10 de diciembre de 1896. No se logró establecer la identidad del periodista que firmó esta entrevista bajo el seudónimo de Nard.]
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