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quinta-feira, 25 de outubro de 2012

FUNDÉU RECOMIENDA...


Recomendación del día:

trasplante y no transplante

La palabra trasplante se escribe con s y no con ns en la primera sílaba.

Sin embargo, en los medios de comunicación es frecuente encontrar frases como «Mariló Montero y su tesis sobre el alma y el transplante de órganos», «Un transplante de riñón le salvó la vida a un inmigrante» o «El transplante de médula ósea, una tarea cotidiana».

Aunque para otras voces la Academia sí recoge la grafía alternativa con el prefijo trans-, los actuales diccionarios académicos y la última Ortografía solo admiten la forma trasplante para esta palabra.

Así, en los ejemplos anteriores habría sido preferible decir «Mariló Montero y su tesis sobre el alma y el trasplante de órganos», «Un trasplante de riñón le salvó la vida a un inmigrante» y «El trasplante de médula ósea, una tarea cotidiana».

Cada texto es único y, simultáneamente, es la traducción de otro texto. Ningún texto es enteramente original porque el lenguaje mismo, en su esencia, es ya una traducción: primero, del mundo no verbal y, después, porque cada signo y cada frase es la traducción de otro signo y de otra frase. Pero ese razonamiento puede invertirse sin perder validez: todos los textos son originales, porque cada traducción es distinta. Cada traducción es, hasta cierto punto, una invención y así constituye un texto único.
Octavio Paz

El cuchillo del idioma



El lenguaje se encuentra en la raíz más profunda de la naturaleza humana, no en vano son códigos que se han venido construyendo en el cerebro a lo largo de los 2 últimos millones de años de proceso evolutivo. El cerebro tiene, al nacimiento, los circuitos "duros", genéticamente programados, capaces de grabar en ellos cualquier idioma. Y es la lengua de los padres la que reconstruye, transforma y modela esos circuitos en un proceso lento a través de la física y la química, la anatomía y la fisiología. Tan lento es que la primera palabra no aparece antes del año y medio y con un año más aparecen ya palabras sueltas y solo después, hacia los tres años, aparecen las frases. Todo esto lo sabe casi todo el mundo. Pero lo que no sabe todo el mundo es que no es lo mismo grabar en esos años tempranos un idioma que otro. En esos años tempranos se captan y aprenden matices sensoriales y emocionales que son transferidos con las palabras de un determinado idioma como no lo serán nunca por ningún otro que se aprenda después. Y es este idioma temprano el que queda mas profundamente anclado en el cerebro y con el que el niño definitivamente, dibujara el mundo y sus gentes. Ningún otro idioma será plenamente equivalente. Y es con ese instrumento que el niño nombra sin esfuerzo el mundo y "lo diferencia" de otros mundos, lo que incluye "matices" de las cosas, sucesos y personas. Con el idioma más genuino, aquel que se escucha tras el nacimiento, se expresa la intimidad de una manera diferenciada y única. Por eso un idioma "unifica" emocionalmente a las gentes pero también y al tiempo las desune, las separa. Es un bisturí, un cuchillo, que corta emocionalmente y aun cognitivamente lo que es "ajeno y diferente".
La sintonía emocional sutil que proporcionan las palabras de un determinado idioma jamás puede ser traducida fidedignamente a otro. Que se lo digan a los poetas y escritores. Y ni aun siendo auténticamente bilingüe, en donde desde el nacimiento se haya oído hablar en el seno familiar dos lenguas distintas, sigue existiendo una con un color emocional más profundo y sutil, quizá el idioma de la madre. Idioma este último que viene reforzado por el entorno familiar, el de la calle y el de todos los días. Color emocional posiblemente no detectable ni por el individuo, ni por tests psicológicos sofisticados, ni tan siquiera tal vez por las técnicas de imagen cerebral hoy disponibles, pero existir, existe. Hoy, con la neurolingüística, comenzamos a conocer las profundidades abisales en las que el lenguaje está anclado en el cerebro y su tremendo significado no solo para la solidaridad y la agresión entre los seres humanos sino para lo que resulta todavía más sorprendente, para la propia concepción del mundo y con ello compartirlo plenamente.
El final de estas reflexiones es que empezamos a darnos cuenta que las lenguas pueden ser instrumentos de "identidad" separadora, que lo son, de unos grupos frente a otros. Y que de hecho se utilizan como arma de agresión "diferenciadora". Solo hay que mirar los telediarios un poco todos los días para ser consciente de cuanto acabo de decir. Esto antaño tenía un valor de supervivencia enorme al crear una fuerza de grupo pequeña y cohesionada frente a "los otros grupos lejanos". Hoy, por el contrario, ese mismo proceso, si ejecutado dentro de un grupo grande y centenariamente cohesionado y de lengua común y también centenaria se convierte en un instrumento que debilita y desintegra. La "inmersión absoluta" de los niños recién nacidos en un idioma minoritario en el seno de un sociedad más grande que ya habla otro idioma más universal y diferente tiene claramente un propósito diferenciador. Supuestamente esa diferencia persigue una mayor supervivencia del grupo a través de ventajas como vivir mejor y más seguro que los demás, lo que termina creando un sentimiento de "ser mejor" que los demás porque es claro que nadie marca diferencias para mostrar que es peor, más humilde y por tanto más necesitado.
Ante todo esto se me ocurre que debiera haber más voces levantadas entre lingüistas, pensadores, escritores, poetas y científicos que expliquen a esos políticos, muchos solo obedeciendo a una emoción hoy casi vacía, que están enarbolando una bandera errónea, aquella de la "inmersión completa" en una lengua minoritaria, sin conocer qué consecuencias reales tiene para la gente. Quizá piensen que ello es un "bien" para su comunidad frente a la de los demás. O quizá piensen que esa "emoción profunda" de tanto calado personal, casi religioso, de la lengua diferenciadora, representa hoy una ventaja frente a un mundo hostil. Y no es así. Y todo esto que señalo no va a favor de que se deje morir ninguna lengua en el mundo puesto que al final las lenguas, todas, tienen su hermosura y todas, siempre, son una fuente creadora y de riqueza humana. A muchas gentes les parecerán estas reflexiones de gabinete intelectual. Les puedo asegurar que no lo son.


Francisco Mora
Catedrático de Fisiología Humana, Universidad Complutense de Madrid y catedrático adscrito de Fisiología Molecular y Biofísica, Universidad de Iowa


PONERLE EL CASCABEL AL GATO…














Por PACO FERNANDEZ – EL TRIBUNO – SALTA - ARGENTINA

El refrán “ponerle la cola al gato” según el DRAE, apunta a “arrojarse a alguna acción peligrosa o muy difícil”.
La expresión “dar gato por liebre” se debe interpretar como “engañar en la calidad de una cosa”.
En su análisis de dichos y refranes, el especialista en el tema, don José María Iribarren, nos refiere el sentido del que dice "armarse un toletole' o "se armó un toletole'.
El DRAE, al buscar la palabra "tole', nos la hace derivar del verbo latino “fero, fers, tulli, latum, ferre”, cuyo significado es (según el “Diccionario de la lengua latina” de Luis Macchi) "llevar, llevar con violencia; producir; soportar; publicar, divulgar; imponer; dar a conocer, sobresalir', además de otros significados que también consigna. Nuestro diccionario agrega lo siguiente: “por alusión a las palabras "tolle eum', con que los judíos excitaban a Pilatos a que crucificara a Jesús”, significa "confusión y gritería popular', que también se usa repetido (toletole). Asimismo quiere decir, en una segunda acepción, "Rumor de desaprobación, que va cundiendo entre las gentes, contra alguien o algo'. No incluye -añade el autor citado- la expresión popular "armarse un toletole' que hace referencia a un gran alboroto o confusión, como asimismo levantarse un cierto rumor o "runrún'. Citando al “Gran diccionario de refranes” de Sbarbi, originalmente se refiere a la frase "tolle, tolle' que, con un gran griterío, vociferaron los escribas y fariseos que pedían la crucifixión de Cristo, exigiendo que quitara de su vista a Barrabás (pues Pilatos les había propuesto la alternativa de liberar a Jesús o al delincuente) y que condenara al Señor.
No coincide Iribarren en esto con Sbarbi, considerándola como una interpretación rebuscada, porque adjudica el dicho a las fórmulas repetitivas que abundan en español, como "trochi-mochi, tipi-tapa' y otras por el estilo. Sin embargo, no parece desacertado lo que informa el DRAE. Es decir, además de la explicación adecuada de Iribarren, también se puede considerar el argumento de las frases repetitivas.
Ponerle el cascabel al gato
En los cumpleaños de los niños, uno de los juegos que se incluía (quizá, también, en la actualidad algunos lo practiquen) consistía en colocar una venda al niño y pedirle que pusiera, en un dibujo grande en cartulina, la cola que le faltaba al gato. Se suscitaban, así, escenas hilarantes porque era muy difícil acertarle con precisión. Por supuesto que también se decía “ponerle la cola al gato” pero, en relación con el dicho nacido en España e imitándolo, se usaba la frase en la que se entiende que se le pone ese elemento ruidoso ya que, como informa el DRAE, el refrán apunta a “arrojarse a alguna acción peligrosa o muy difícil”.
Aparentemente este juego se originó en una fábula de Samaniego (aunque, según Iribarren, este fabulista se inspiró en un cuento antiguo que Lope de Vega había puesto en verso), titulada “El congreso de los ratones”. En él, una asamblea de estos animales concluye que, para estar prevenidos contra los ataques de sus enemigos los gatos, hay que atarle un cascabel para que, cuando lleguen a hacerles daño, se delaten solos con el ruido. Sin embargo, llegado el momento de colocárselo, nadie se animó a hacerlo por el miedo que tenían a los felinos. Tal cuento se remonta al siglo XIV, en el apólogo número 55 del “Libro de los gatos”. Dicen que al cascabel se lo ataban al pescuezo, pero quizá no sería desacertado pensar que, dentro de todo, era más fácil atárselo a la cola ya que implicaba menos peligro pero, además, de ese modo iba a provocar un mayor ruido.
Dar gato por liebre
Martín Alonso, en su “Ciencia del lenguaje y arte del estilo”, en la sección que dedica a locuciones y modismos, consigna la expresión “dar gato por liebre” a la que explica como "engañar en la calidad de una cosa'. A esto agrega María Moliner, "engañar haciendo pasar una cosa por otra mejor'. Y la “Enciclopedia universal Sopena” añade un dato más: "Dar o vender gato por liebre, engañar haciendo pasar por una cosa otra inferior que se le parece'.
Iribarren aclara que “vender gato por liebre” era una versión más antigua que la que conocemos. Cita a Covarrubias, en su “Tesoro de la lengua castellana”, de 1611, con el verbo "vender', definiendo la frase como “engañar en la mercadería; tomado de los venteros [habla de los que venden algo: vendedores, diríamos hoy], de los cuales se sospecha que lo hacen a necesidad y echan un asno en adobo y lo venden por ternera. Debe ser gracia y para encarecer cuán tiranos y de poca conciencia son algunos”.
“Quevedo -continúa Iribarren- escribe en "El alguacil alguacilado': "Un mohatrero [engañador o fraudulento] dijo que él se condenaba por haber vendido gato por liebre, y pusímoslo de pies con los venteros, que dan lo mismo'. Acerca de esta locución citaré lo que dice Bastús en "La sabiduría de las Naciones' (2da. serie, pág. 49): "Parece que antiguamente había una fórmula, especie de conjuro, con la que los viajeros creían cerciorarse de si la pieza que el ventero les presentaba en la mesa era liebre o conejo, gato o cabrito. Al efecto, todos los comensales se ponían en pie, y el más calificado de ellos, dirigiendo la palabra a la cosa frita, decía: "Si eres cabrito, / mantente frito; / si eres gato, / salta del plato'. Entonces se separaban algún tanto de la mesa para que pudiera escaparse si saltara del plato; mas luego, no habiendo novedad, como nunca la había, comían lo que fuese, bueno o malo, persuadidos de que era conejo, liebre, cabrito o lo que quería el ventero'”.
Bueno es comprobar (aunque, por supuesto, no es alentador) que en todos los tiempos hubo gente comerciante a la que no le gustaba engañar, pero que también había, quizá, muchos más de los otros. En esto se cumple lo del tango “Cambalache”, tan sabio y actual a pesar del siglo que atesora.
El ser humano se conoce a sí mismo mejor que nadie y es capaz de acuñar lecciones de todo su rico pasado, tanto en lo negativo, pero también en lo positivo. Y en este sentido, los dichos, refranes y sentencias que acumula a lo largo del tiempo (no solo en el idioma español, sino en cualquier otro) constituyen un libro abierto, no impreso, que ha ido circulando de generación en generación para legar su sabiduría práctica y acumulativa a todos los que vienen y vendrán por los siglos de los siglos. Por eso es muy importante valorar este legado y, a la luz de esos refranes y locuciones, saber leer e interpretar el mensaje de las generaciones pasadas, puesto que ofrecen un sabio mensaje.

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