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sexta-feira, 7 de dezembro de 2012

LA PALABRA




Conchupancia
por Alexis Márquez Rodríguez


El Diccionario de la Real Academia Española registra la palabra conchupancia con marca de venezolanismo, y la define como ³contubernio², y a renglón seguido precisa que conchupancia es sinónimo de contubernio en la tercera acepción de este vocablo: ³ alianza vituperable². Advertencia oportuna, porque, según el mismo diccionario, contubernio tiene otras dos acepciones, que nada tienen que ver con nuestra conchupancia: ³contubernio: Habitación con otra persona. || 2. Cohabitación ilícita².

Inexplicablemente, conchupancia no aparece en el magnífico Diccionario del habla actual de Venezuela, de Rocío Núñez y Francisco Javier Pérez (Universidad Católica Andrés Bello). Pero sí está en el igualmente estupendoDiccionario de venezolanismos, de María Josefina Tejera et al (Universidad Central de Venezuela / Academia Venezolana de la Lengua / Fundación Edmundo y Hilde Schnoegass), donde aparece definido como expresión coloquial con el significado de ³Contubernio, alianza dolosa, especialmente entre políticos². Este diccionario da, además, abundante información sobre el uso del vocablo en Venezuela, extraída principalmente de textos periodísticos, tanto de opinión como informativos.

Conchupancia tampoco aparece en ninguno de los diccionarios de americanismos consultados. Pero en el Vocabulario de Puerto Rico, de Augusto Malaret (edición crítica de Humberto López Morales), figura conchucharse, con el significado de ³Conchabarse, confabularse². Lo mismo en el Diccionario del español de Cuba, de Graciela Cárdenas Molina, Antonia María Tristá Pérez y Reinhold Werner (Coordinadores), donde leemos: ³conchuchar (se): Ponerse de acuerdo una persona con otra o varias para hacer algo ilícito o para perjudicar a terceros².

En Venezuela usamos conchabarse, pero no como reunión de personas para fines ilícitos, sino todo lo contrario, entre nosotros conchabarse es unirse varias personas para realizar en común una actividad lícita, generalmente un trabajo útil y provechoso.

Por razones obvias, es frecuente que el vocablo conchupancia se use en nuestro país para referirse especialmente a cierto tipo de actividades comunes en la política, y particularmente a hechos de corrupción.

El carácter ilícito e inmoral que supone la unión de varias personas enconchupancia relaciona este vocablo con otros usuales en nuestro país, como cayapa en su 4ª acepción: ³Conjunto de personas que arremete contra alguien que está indefenso². O con agavillamiento, que se refiere a la unión de un grupo de personas para realizar una actividad ilícita, inmoral y dañina.

De mi infancia y adolescencia recuerdo que se decía, en tierras de Portuguesa y Barinas, conchopancia, en lugar de conchupancia. Esta última forma la oí por primera vez al llegar a Caracas, en 1947.

Es curioso que nuestra conchupancia no haya dado origen a un verbo, seguramente por lo difícil que es derivar de ese vocablo otra palabra.




Caballero de la Lengua, señor de Jerez



Por: Juan Cruz

A José Manuel Caballero Bonald le impidieron la siesta este último jueves y a cambio le dieron la noticia de que había ingresado en la Orden de la Lengua, del tercio de don Miguel de Cervantes. Pocas veces una noticia ha sido tan celebrada en el mundo de las letras, donde todo está atrabancado por egos de unos y por egos de los contrarios. Porque es una noticia justa y porque se hizo esperar. Respiró de alivio hasta él (“era mi turno”), porque que a Caballero Bonald se le hurtara por tanto tiempo esta honra era una afrenta para la historia de ese galardón que corona toda una vida dedicada a la literatura. Y la suya ha sido, sin duda, una vida entera dedicada a los libros, a leerlos, a escribirlos e incluso a divulgarlos. Toda una vida dedicada a los libros…, y a Pepa, Pepa Ramis, su mujer, que fue campeona de natación y que a él lo salvó de perecer ahogado cuando aún la estaba enamorando en la bahía de Palma de Mallorca.
La escritura de Caballero Bonald es ensimismada y a veces majestuosa; a veces es también, como la de Góngora, misteriosa y recóndita, exigente consigo misma. Se diría que no está dotado para escribir mal (él lo dice, y es de los pocos que no parecen pedantes cuando se suelta a favor de sí mismo) y que posee esa segunda mano que Onetti le aconsejaba a sus colegas: la mano que te obliga a tachar lo que es indecente desde el punto de vista del buen uso de la lengua. Leerlo es un placer grande, porque con él ocurre lo que aconsejaba Nabokov: hay que leerlo porque además vas a releerlo, para saber más de ti mismo, o para saber más de lo que esconde su prosa, o su poesía, de genio mayor de la metáfora sigilosa.
A Pepe Caballero le negaron los académicos de la Lengua, en España, el crédito que merece su prosa exacta y profunda, su calidad poética heredada de los clásicos y del sueño y de la vida (la nocturna, la que se recuerda y la que va envuelta en el alcohol de la larga época de oscuridad que vivió este país). Pero él no les retiró ni el saludo.
Le pregunté un día, inmediatamente después de aquel desaire, si guardaba rencor. Él no estaba preparado para el rencor, me dijo, sino para la paciencia de la memoria. Con esa paciencia, y con esa pluma jerezana mojada en la experiencia de Madrid y de Bogotá, escribió dos memorables libros de recuerdos, Tiempo de guerras perdidas y La costumbre de vivir. Y, cuando amanecía en otro sitio del mundo de la lengua española el realismo mágico, ya él tenía en la imprenta, y a punto de ser extraño tesoro de las librerías, una novela imborrable, Agata ojo de gato, que fue una evocación profunda, densa y feliz de las marismas del Guadalquivir, su amado Coto de Doñana, cuando se ven desde el Sanlúcar donde pasa, con Pepa Ramis y con sus hijos (no sabe nunca cuántos tuvo, es una broma suya, lo sabe bien), los veranos y la vida entera, aunque se desplace por el mundo.
Dejó de escribir por un rato, eso dijo, cuando el antepenúltimo presidente de España, José María Aznar, cometió la aberración de introducir a este país en la guerra de Irak. Pero luego (“cómo le voy a decir no a un poema”) regresó a la escritura con un libro de poemas de enorme aliento, su autobiografía. Su cabreo era monumental entonces y lo fue luego: “Vamos a peor, en este país vamos a peor”.
Un día le pregunté qué es eso de que no está dotado para escribir mal. Me dijo: “Parece una petulancia… Distingue mi literatura que no tiene que ver con la tradición inmediata de la lengua castellana; conecta tal vez más con la tradición latinoamericana, a la que estoy muy unido por razones paternas y por afinidades, y por mi vida en Colombia y en Cuba. A partir de ahí me siento escritor, y cuando escribí Agata ojo de gato logré que las palabras significaran más que lo que significan en los diccionarios, y eso era una forma de afirmación de mi personalidad”.
No quisieron que fuera académico de la Lengua, y miren por donde ahora lo han hecho Caballero de la Lengua, que es más.

ALEJANDRO JODOROWSKY







En el trabajo publicado por Grijalbo, el escritor reunió alrededor de tres mil frases utilizadas en la red social Twitter, que funciona como un recorte de muchas ideas místicas que se han sucedido en el transcurso de la historia.

El libro más reciente de Alejandro Jodorowsky, "Ojo de oro", es acaso metafísico, y en él el escritor, cineasta, dramaturgo, poeta, compositor y creador de una técnica terapéutica llamada psicomagia, a sus ochenta y tres años, reúne cerca de tres mil frases usadas en la red social Twitter -tweets-, que funcionan como un recorte de muchas ideas místicas elaboradas a lo largo de la historia.
"Cuando me bauticé como "@alejorowsky" para expresarme en Twitter bajo el lema "Re-volución poética, la Conciencia al poder", al contrario de quienes utilizan este medio para hablar de ellos mismos, me prometí entrar en el territorio de lo impersonal, hablando sólo de temas exentos del aroma a ombligo que se desprende de tantos tweets", explica el autor de "La danza de la realidad" en la introducción del libro, publicado por Grijalbo.
EN LA RED SOCIAL
Y señala: "La tarea, a pesar de no ser fácil, se convirtió en un juego enriquecedor. Cualquier pensamiento, por importante y complejo que fuera, tenía que ser condensado en una frase de ciento cuarenta caracteres, menos sí, pero ni uno más".
"A las frases -continúa-, por su implacable impersonalidad, las llamé Metaforismos. Escarbé en antologías de refranes de todos los países, y transformándolos o desviándolos hacia significados psicológicos, los llamé psicoproverbios".
"Lo más difícil de todo -cuando tuve que entablar el diálogo y me bombardearon con preguntas sobre problemas personales- fue condensar los actos de psicomagia en tan pocas palabras", dice.
Dividido en tres capítulos, uno conformado por una selección de aproximadamente tres mil tweets ("Metaforismos y Psicoproverbios"), otro dedicado a responder consultas de usuarios ("Preguntas y respuestas"), y otro integrado por reflexiones con los hexagramas del mítico I Ching ("Poesofía"), el libro apunta a la sanación personal, comenzando por una base: el nombre.
El autor de "El Topo" dice: "Una de las tareas más grandes que tiene quien desea liberarse de los límites espirituales que le ha impuesto la familia, la sociedad y la cultura, es el nombre. Desde que nacemos nos imprimen esa necesaria etiqueta, nombre y apellido, que se va infiltrando en el alma hasta que se convierte en nuestro tiránico doble".
Y continúa: "Luchamos por hacernos un nombre, tememos que nos lo ensucien, sin él nos sentimos desaparecer. El nombre nos amarra al clan, haciéndonos herederos de sus calidades y errores, nos clasifica en una nacionalidad, en una clase social, especifica nuestro sexo, es como un cofre poderoso que contiene lo mucho o poco que somos".
DOMINAR EL EGO
Finalmente, el autor de "Yo, el tarot", afirma: "Si queremos domar a nuestro ego, desarrollar nuestra conciencia y despertar el ser esencial que somos, lo primero que tenemos que hacer es luchar con el nombre para impedir que nos domine y, respetándolo, transformarlo".
Según el artista y terapeuta, cada uno debe lograr elevar su propio nombre, expulsando la idea de que valorarse es un delirio del ego, sino que, por el contrario, despreciarse es el verdadero delirio, y comprendiendo que esa actividad es un paso esencial para entrar en la vía del desarrollo de la Conciencia. Por eso exclama: "¡Todos los nombres son sagrados!".
La dominación del ego -no su aniquilación-, y la generación de conciencia son dos puntos importantes que giran en todo el libro. Por eso, entre las primeras frases que se encuentran, figuran: "Cuanto más esfuerzos haces para liberarte de tu ego, más crece. No es él quien te encadena, eres tú quien lo cultiva". Y más adelante: "El universo nos ha ofrecido una preciosa finalidad: ser creadores de conciencia".
DE CHILE A FRANCIA
Alejandro Jodorowsky nació en Tocopilla, Chile, en 1929, y se nacionalizó francés en 1980. Es novelista, dramaturgo, poeta, ensayista, director teatral, cineasta, actor, mimo, marionetista, compositor de bandas sonoras, escultor, pintor, escenógrafo, guionista de cómics, dibujante, instructor del tarot y psicoterapeuta.
Es, además, creador de la Psicomagia, una técnica terapéutica que conjuga los ritos chamánicos, el teatro y el psicoanálisis, intentando provocar en el paciente una catarsis de curación.
En el libro, y acaso en toda su obra, Jodorowsky propone una resignificación del concepto de enfermedad.
"El arte de sanar -dice- procede a despertar en el consultante sus íntimos valores espirituales, no considerándolo enfermo, sino un ser esencialmente sano, invadido por órdenes de ser lo que no es y prohibiciones de ser lo que es, que le han sido injertadas mayormente en la infancia".





JACOB Y WHILLEM GRIMM



Sorpresa: editan cuentos nuevos de los geniales Hermanos Grimm
FUENTE: REVISTA Ñ

Doscientos años después de la publicación de los "Cuentos infantiles y del hogar" –el libro más traducido de la historia de la literatura alemana– de los geniales Jacob y Whillem Grimm, la editorial española Nórdica acaba de editar "Hermanito y hermanita" y otros dieciséis cuentos que no están en los libros.

Doscientos años después de la publicación de los Cuentos infantiles y del hogar –el libro más traducido de la historia de la literatura alemana– de los geniales Jacob y Whillem Grimm, la editorial española Nórdica acaba de editarHermanito y hermanita y otros dieciséis cuentos que no están en los libros.
Las 17 historias no sufrieron “las alteraciones lingüísticas realizadas en muchos de sus cuentos por Whillem, siempre con el objeto de que se pudieran leer mejor”, explicó a Efe, Isabel Hernández, traductora de la obra.
Según esta doctora en filología alemana, 10 de estos cuentos fueron incluidos, con importantes variaciones, en la colección definitiva de los Cuentos infantiles mientras que los 7 restantes, probablemente debido a su origen extranjero, no aparecen en ninguno de los libros publicados de los hermanos. Los cuentos que se alejan de la tradicional inspiración alemana y tienen marcas de oralidad (como repeticiones) son “Un cuentecillo”, “Historia de la centella”, “La fiesta de los habitantes del mundo subterráneo”, “Cuento de Hans el Espabilado”, “Heinz el Vago”, “La guerra de las avispas y los asnos” y “El reyezuelo”, “que tiene tiene mucha vigencia: descubrimos a nuestros políticos y banqueros haciendo de las suyas”, le dijo Hernández a Clarín. “Que hayan permanecido ocultos se debe a que los propios autores no hicieron referencias a los mismos” y solamente Heinz Rölleke, uno de los mayores especialistas del género, los editó en un volumen en 1993.
La flamante edición da cuenta de la vigencia de los Grimm y de una verdad de Perogrullo: sus cuentos perturbadores y angustiantes no son sólo para niños y siguen siendo una puerta de entrada a la literatura para generaciones.
Los Grimm recopilaban y transformaban mitos y leyendas existentes; la mayoría de las veces contadas por mujeres de su mismo entorno social; y las hacían universales e inolvidables.

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Terremotos: algunas claves para una redacción más precisa

En las noticias sobre desastres naturales de origen geológico, en especial en las referidas a volcanes, terremotos y maremotos, se observan una serie de vacilaciones en el tratamiento de algunos términos y expresiones que conviene aclarar.

Sismo y seísmo. Ambas formas son apropiadas para nombrar a un terremoto o sacudida de la tierra. La primera es más común en Hispanoamérica y la segunda, en España.
Hipocentro y epicentro. No deben confundirse: mientras que el hipocentro, también llamado foco sísmico, es el lugar en el interior de la corteza terrestre donde tiene origen un sismo, el epicentro es el punto en la superficie terrestre —aunque puede estar sumergido— donde el terremoto es más intenso. Además, puesto que no son hechos o eventos, sino lugares o puntos de la corteza terrestre, lo apropiado es decir que se localizan, no que ocurren o se producen.
Maremoto y tsunami. Dos términos que no hay que confundir, pues no son sinónimos. Mientras que un maremoto es un terremoto cuyo epicentro se localiza en el fondo del mar, un tsunami es la ola gigantesca producida por un maremoto o por la erupción de un volcán submarino.
Escalas de Richter y de Mercalli. Mientras que la primera mide la magnitud de un movimiento sísmico, la energía que libera («una magnitud de 6,5 en la escala de Richter»), la escala de Mercalli mide su intensidad, los efectos que produce («una intensidad de grado VII en la escala de Mercalli»).
Asolar, conjugación correcta. El verbo asolar, cuando significa ‘destruir o arrasar’, puede conjugarse de forma regular o irregular, tal como recoge la Gramática académica. Así, se puede decir asuelo, asuelas, asuela, asuelen…, pero también asolo, asolas, asola, asolen..., siendo esta última la única conjugación apropiada del verbo asolar cuando significa ‘secar los campos o causar sequía’.
Devastar, no desvastar. El verbo devastar es ‘destruir’, ‘arrasar un territorio’, y no hay que confundirlo con desbastar, que significa ‘quitar lo basto’ o ‘debilitar, gastar’, ni con desvastar, que es una forma híbrida inexistente en español y que, por tanto, debe evitarse.
El adjetivo severo. El uso del adjetivo severo con el significado de ‘grave’ o ‘serio’ es un calco inapropiado de la palabra inglesa severe, por lo que lo adecuado es hablar de graves daños o daños serios, no de severos daños.
Segar vidas, no sesgar vidas. Cuando se quiere significar ‘matar, acabar con la vida de alguien’, lo apropiado es emplear el verbo segar, no sesgar; por ello, la expresión adecuada es segar vidas, no sesgar vidas.
Tsunamirresistente y tsunamirresiliente. Estos dos neologismos, que aluden a la propiedad que tienen algunas construcciones de ser resistentes a los tsunamis, se escriben en una sola palabra, en redonda y con doble erre.
Tremor, no trémor. En sismología, tremor alude a ‘un terremoto característico de los volcanes que refleja modificaciones en su estado interno’. Hay que tener en cuenta que se trata de una palabra aguda, es decir, que en su pronunciación se acentúa la última sílaba, /tremór/, y que no está justificado pronunciarla como llana, /trémor/.
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