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quarta-feira, 26 de dezembro de 2012


EL DISCURSO DEL REY


El culo sobre la mesa
Fray Josepho


FUENTE: http://www.libertaddigital.com/opinion/fray-josepho/el-culo-sobre-la-mesa-66873/



Lo más llamativo del discurso de Navidad de Su Majestad el Rey fue la colocación. Habló con el trasero apoyado en la mesa de su despacho. Una posturita más propia de profesores progres que de reyes. El signo de los tiempos.

No en trono, ni en sillón: sobre la mesa
su culo aposentó la Monarquía.
Y comenzó a largar de economía,
que es lo que mayormente le interesa.

El paro, madre mía, que no cesa.
La crisis, que no cesa, madre mía.
Que no nos deprimamos. Alegría.
Que a él nuestro dolor también le pesa.

Que no nos obcequemos en la crítica.
Que es hora de Grandeza, de Política
y de dejar hacer a este Gobierno.

Habló ocho minutitos (yo calculo).
Y luego sonó el himno, movió el culo...
y fue a cenar angulas con su yerno.

FUNDÉU RECOMIENDA...


Recomendación del día:

termal se refiere a las termas, y térmico, al calor
26/12/2012


La palabra termal es lo ‘relacionado con las termas’ y su uso para aludir a lo ‘relacionado con el calor y la temperatura’ es inapropiado, pues con este último significado ya existe el vocablo térmico, según el Diccionario de la Real Academia Española.

En los medios, en ocasiones, se observa que en lugar de térmico se emplea termal, probablemente por influencia del inglés thermal, como en «Los astronautas repararon las losetas de protección termal» o «Se firmó un contrato para exportar carbón termal».

En estos ejemplos habría sido más adecuado «Los astronautas repararon las losetas de protección térmica» y «Se firmó un contrato para exportar carbón térmico»; por idénticas razones, lo apropiado es energía geotérmica y no energía geotermal.

Sí es apropiado el uso de termal cuando se refiere a las aguas que brotan de un manantial a temperatura superior a la media ambiental, así como a los baños públicos, las caldas, los balnearios…, como cuando se habla de turismo termal.

La Conquista también fue una guerra lingüística








Una lectura atenta de los textos que escribieron Hernán Cortés y Cristóbal Colón deja ver una misión colonial de sometimiento político reforzada en lo discursivo.
POR CAROLINA TOSI – FUENTE REVISTA Ñ.-

Las palabras están allí: adormecidas y ocultas, hasta que alguien las despierta y las saca del letargo del documento archivado.
En este caso, Valeria Añón –doctora en Letras, investigadora del Conicet y docente en las Universidades de Buenos Aires y La Plata–, a través de un exhaustivo trabajo de investigación, logra llevar a cabo esta tarea y propone una nueva mirada sobre algunos de los textos fundantes del archivo latinoamericano. Desde un enfoque crítico y a partir de una rigurosa reconstrucción histórica y cultural, analiza el discurso de las crónicas de la Conquista de México.
Retomando las líneas metodológicas de sus trabajos anteriores –entre ellos, la edición y redacción del prólogo y las notas a la Segunda carta Relación y otros textos de Hernán Cortés y Diario, cartas y relaciones .
Antología esencial de Cristóbal Colón– en su reciente libro, La palabra despierta. Tramas de la identidad y usos del pasado en crónicas de la Conquista de México (los tres volúmenes publicados por editorial Corregidor), la autora ofrece una aproximación original respecto de los textos coloniales y resignifica sus alcances.
La investigación defiende el postulado de que la Conquista no es un proceso que atañe solamente al uso de armas o a las luchas empíricas, es decir, las libradas en campos de batalles “reales”, sino que también involucra los enfrentamientos discursivos, producidos mediante “artillería” argumentativa.
Desde esta perspectiva, el discurso puede ser considerado como una zona bélica, donde para poder sobrevivir es necesario emplear bien las estrategias lingüísticas que, entre otros fines, permiten construir una imagen apropiada del cronista o una representación del “otro” que justifique su sometimiento. De este modo, las crónicas brindan herramientas histórico-legales para la conformación del imperio español y delinean ideales de ocupación y de guerra, intentando demostrar las ventajas de una conquista no autorizada, atravesada por ilegitimidades y rebeliones.
Se producen, así, verdaderas luchas por el sentido a partir de intereses, reclamos, herencias y legados. Tal como explica Añón, “el narrador asume la escritura como enfrentamiento; en el rival que elige para sus diatribas se juega también su valentía y el enaltecimiento de su propia imagen. Esto es así tanto en los relatos de batallas como en esa otra batalla: la de la reescritura de la historia”.
Si bien las crónicas requieren de la narración para construir el relato de la experiencia personal, la dimensión argumentativa se vuelve fundamental para sostener las polémicas y los reclamos, que se concreta mediante la apelación a otras tradiciones discursivas y tipos textuales –como el discurso legal, el escatológico, el providencial, la biografía, los anales, el relato de viaje, etcétera–.
De ahí que el discurso historiográfico puesto en escena en las crónicas se articula en el cruce de fórmulas legales, políticas, retóricas y literarias y, a la vez, muestra la tensión entre los polos de la narración y la argumentación.
La investigación pone el foco sobre la trama de voces y tradiciones que confluyen, divergen e, inevitablemente, entran en tensión.
De esta forma, como los hilos de un quipu que se entrelazan, los sentidos entretejen la trama del discurso de la Conquista. En ella convergen las tramas de la identidad, donde se bosquejan las fronteras, los cautivos y el problema de la lengua; las tramas de la violencia, en la que emergen los primeros contactos, la aprehensión del “otro” y las matanzas; las tramas del espacio cimentadas en las primeras fundaciones urbanas (Villa Rica) y las antiguas ciudades indígenas y, finalmente, se bosquejan las zonas textuales del fracaso en torno a dos hechos específicos: la expedición a las Hibueras y la derrota española en la Noche Triste.
Si el proceso de la Conquista consistió en el desplazamiento por el territorio latinoamericano y el sometimiento del “otro” indígena, la escritura de las crónicas también implica un recorrido dinámico por diversos tópicos, así como la representación de un “nosotros” y un “otro” en términos de movimiento.
Por un lado, se fundan las concepciones de la identidad y la alteridad a partir de la definición de un “yo” enunciador, cuya autoridad se construye en virtud del excluido.
Por otro lado, se vislumbran los usos del pasado que configuran la memoria en una dinámica constante; de este modo, “memorias e historias buscan volver inteligible el pasado, brindar sentido al desencuentro, la destrucción y el cambio”. En este punto y respecto de la representación del espacio, se observa cómo es vital la mirada retrospectiva, en la medida en que, evocando a ciudades españolas o mesoamericanas, las crónicas erigen distintos tipos de urbes con funciones textuales específicas: las ciudades aliadas (Cempoala), las ciudades del castigo y la matanza (Cholula), las ciudades deseadas y destruidas (Tenochtitlan).
Vale destacar que la investigación no sólo indaga el relato del conquistador –las epístolas de Hernán Cortés y la “Historia” de Bernal Díaz del Castillo–, sino también las voces autóctonas, que sobrevivieron en secreto huyendo del sistemático proceso de destrucción. Y ese es otro gran logro de La palabra despierta : evidenciar los textos mestizos, la configuración del enunciador y del “otro” español y los mecanismos de autocensura desplegados.
Sin dudas, las crónicas de la Conquista se escriben “a partir o en contra del silencio”, y la reconstrucción crítica que realiza Añón habilita una novedosa interpretación sobre las distintas tramas discursivas, iluminando lo dicho pero también lo indecible por ser “radicalmente otro”.

FELICIDAD

La mayoría de los países más felices son de Latinoamérica
La gente más feliz del mundo no está en Qatar, la nación más rica. Tampoco reside en Japón, el país con la mayor esperanza de vida. Ni en Canadá, líder mundial en cantidad de graduados de la educación superior. Una encuesta de Gallup Inc. a casi 150.000 personas en todo el mundo reveló que siete de los 10 países con las actitudes más positivas en su población se encuentran en América Latina. Varias de esas siete naciones suelen estar muy mal evaluadas en los estudios sobre parámetros tradicionales de bienestar, como Guatemala, un país arrasado por décadas de guerra civil seguida por una oleada de criminalidad que ha derivado en uno de los mayores índices de homicidios. Pero es séptima en sentimientos felices. Lideraron el ranking Panamá y Paraguay, seguidos por El Salvador, Venezuela, Trinidad y Tobago, Tailandia, Guatemala, Filipinas, Ecuador y Costa Rica. La gente con menos emociones positivas vive en Singapur, la ciudad-Estado que figura entre las más desarrolladas del mundo.

DOS MUDAS Y UN TREN




POR JOSÉ LUIS ALVITE




Octogenario y enfermo, Leon Tolstoi decidió huir de casa y lo hizo en pleno invierno, decepcionado y casi con lo puesto en medio de un frío que hacía tiritar el fuego. Murió a los pocos días en la estación de trenes de Astapovo. Habrá quien diga que la suya fue una decisión sincera y heroica, la búsqueda angustiosa y definitiva de su propia identidad, pero no faltará quien atribuya la huida de Tolstoi a un arrebato senil. Yo he preferido siempre pensar que renunció a su posición y a su familia porque supuso que un hombre solo está definitivamente acabado cuando ya no es capaz de hacer cosas impropias de su edad. El viejo escritor ruso sería el modelo en el que me inspiraría si algún día decidiese romper amarras y tomar unas cuantas decisiones que los míos considerasen sin duda impropias de mi edad, como apedrear las lunas de un banco o liarme la manta a la cabeza al lado de una mujer que acabase en un catre con mi aliento y vaciase luego impunemente los bolsillos de mi cadáver. Por más que durante toda su existencia haya decidido su vida, un hombre no puede estar de verdad satisfecho si al final no influye también decisivamente en su muerte. Nadie está obligado a guardar la compostura y renunciar a sus deseos, ni a traicionar sus impulsos, para no ofender la dignidad de los suyos. Sólo el lastre insalvable de una grave enfermedad puede impedir que un hombre tome aquellas decisiones que redunden en beneficio de su propia dignidad. A veces lo que de verdad nos limita a la hora de ser libres es que supeditamos nuestra dignidad al interés de los otros. Olvidamos que, como demostró el viejo Tolstoi, al final de su vida todo lo que necesita un hombre es que en el ansia de huir tenga a mano las gafas de leer, un par de mudas y que no haya detenido la nieve el tren.

Argentina y Chile: tan cerca pero tan lejos...


por Mauricio Rojas


Chile y Argentina nacieron a la vida independiente como hijas de un impulso libertador común. Naciones hermanas a las que, sin embargo, la vida separaría hasta convertirlas en paradigmas antitéticos: el del progreso, Chile, y el del eterno retorno del fracaso, Argentina.

Hace poco presenté en Buenos Aires mi libro Argentina: breve historia de un largo fracaso, donde analizo los males que llevaron su triste destino a un país que parecía tenerlo todo para ser inmensamente próspero. A diferencia del debate argentino habitual, tan pendiente de sus grandes caudillos, mi análisis destaca las causas que posibilitaron la aparición de esos personajes lamentables y que hacen que la historia se repita en un país que parece condenado a no aprender ni olvidar nada.
Esas mismas causas explican la radical distancia que hoy separa a Chile de Argentina. La primera surge en los años que siguieron a la independencia. Durante medio siglo Argentina se desangró en guerras civiles que forjaron su manera típica de hacer política: la movilización de la patota armada, la hueste del caudillo-estanciero que asaltaba el Estado para luego, desde el poder, asaltar la sociedad... Su figura arquetípica fue Juan Manuel de Rosas, el más bárbaro de los muchos tiranos que Argentina ha conocido. Desde entonces y hasta los Kirchner, la política argentina normalmente ha estado dominada por caudillos y mafias, lejos de la legalidad y de la decencia. Chile se hizo república de una forma muy distinta. Selló rápidamente la paz interior, edificó un sólido Estado de Derecho y su arquetipo político no fue un caudillo sino un estadista: Diego Portales. Sus instituciones son, junto con las de Uruguay, de lejos las más sólidas y menos corruptas de América Latina.
La segunda causa es mucho más tardía. Ambas repúblicas siguieron un camino similar hacia el subdesarrollo: usaron sus abundantes recursos naturales para proteger industrias ineficientes, haciendo del Estado el actor central de economías cada vez más cerradas y reguladas, donde el favor político, más que la productividad, decidía el éxito de las empresas. Todo ello llevó a crisis profundas y condenó a los chilenos a la pobreza. El país se libró de eso mediante las políticas de apertura, privatización y desregulación impuestas bajo la dictadura militar y mantenidas luego por los Gobiernos democráticos, incluyendo aquellos encabezados por presidentes socialistas. Argentina hizo un intento fallido de reforma bajo Menem para luego, con los Kirchner, recaer en lo peor del proteccionismo, el intervencionismo estatal y el clientelismo. Argentina paga hoy el precio adentrándose en una crisis cada vez más profunda. Chile, por su parte, vuelve a brillar como país modélico del desarrollo latinoamericano, con una tasa de crecimiento en torno al 6% anual.
Finalmente tenemos lo más difícil de cambiar: la cultura. En Argentina, dos siglos de luchas redistributivas, donde lo importante es la apropiación en lugar de la producción, han dado pie a una mentalidad rentista resumida en la máxima moral de la denominadaviveza criolla: "El vivo vive del zonzo, y el zonzo de su trabajo". Borges llegó a decir que al argentino pasar por inmoral le importa menos que pasar por zonzo. De ello dan testimonio a diario la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el movimiento peronista que encabeza. Chile es, en comparación, un país de zonzos. De gente tonta que mayoritariamente cree que el esfuerzo, el emprendimiento, la responsabilidad personal y la legalidad llevan a la prosperidad. Ojalá que esto nunca cambie; y que un día los zonzos lleguen al poder en Argentina.

Mauricio Rojas, exmiembro del Parlamento sueco y profesor adjunto de Historia Económica de la Universidad de Lund (Suecia).

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