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quarta-feira, 31 de julho de 2013

El Trujamán. Revista diaria de traducción





La traducción de los diminutivos de «poco»

Por Julia Sevilla Muñoz y Maria Sardelli

Hace años, con motivo del contrato firmado por Fernando Alonso para estar vinculado a la escudería McLaren, leímos el siguiente fragmento en un periódico italiano, concretamente La Gazzetta del Mezzogiorno: «Uno smacco non da poco, al quale Briatore ha reagito con stile, perdendo solo un pochino della sua celebre abbronzatura». En él aparecen la voz poco y uno de sus diminutivos, pochino, empleado con cierta ironía no exenta de compasión hacia Briatore por perder a un excelente piloto. Su traducción al español no plantea problemas, «un poquito».

En el mismo periódico, encontramos una variante de pochino: «La 74enne moglie del ‘re dei laterizi’ ha resistito per sette lunghe ore rispondendo alle domande del responsabile della Criminalpol […] “No, no, andiamo pure avanti” —ha risposto quando le chiedevano se voleva rinunciare o riposarsi un pochettino—». Esta forma resulta más coloquial que la anterior, encierra la idea de respeto hacia una persona mayor, además de cierto sentido de compasión y solidaridad por lo que tuvo que pasar la pobre mujer antes de ser liberada por sus secuestradores. En español, se podría traducir por «un poquito» o «un poquitín», si queremos darle también un tono más informal.

La traducción al francés, sin embargo, entraña cierta dificultad, ya que esta lengua no posee la riqueza en sufijos diminutivos que caracteriza al italiano o al español. Así, si en italiano, hallamos las formas pochino, pochettino, en español, «poco» tiene los diminutivos «poquito», «poquitín»; formas que pueden variar según la región («poquico» en Aragón o «poquiño» en Galicia), e incluso verse reforzadas: «poquitirrín». Del mismo modo, hay sinónimos de «un poco»: «una pizca», «un pelo», cuyos diminutivos son respectivamente «una pizquitina» y «un pelín». Si pasamos al francés, observamos que las posibilidades quedan bastantes reducidas: un petit peu, un tout petit peu, que constituirían los equivalentes de «un poquito», «un poquitín».

En este triángulo lingüístico, observamos la existencia de un gran paralelismo entre dos lenguas frente al alejamiento de la tercera, lo que dificulta la posibilidad de expresar en francés todos los matices que contienen los diminutivos de «poco» en italiano y español. Estaríamos, pues, ante un triángulo isósceles, en el que el francés se sitúa en el punto más distante, mientras que las otras dos lenguas se hallan en la base, una enfrente de la otra.

Esta es la figura que se nos viene a la mente, ya que somos muy dados a emplear estos diminutivos, por lo que nos cuesta saltar a otra lengua en la que perdemos esta riqueza sufijal en el discurso escrito, ya que en el discurso hablado, de forma espontánea tratamos de compensar gestualmente tal pérdida, al indicar con los dedos que casi se tocan la idea de pequeñez.

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