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quinta-feira, 3 de janeiro de 2013

FUNDÉU RECOMIENDA...


Recomendación del día


sénior, palabra española escrita con tilde

La palabra sénior se escribe con tilde, según explica el Diccionario panhispánico de dudas, por ser una palabra llana que acaba en una consonante distinta de n y s.

Sin embargo, en las noticias se escribe a menudo sin la tilde que le corresponde, como en «El vicepresidente senior deja la empresa en 2013» o «El equipo senior femenino se impuso por primera vez esta temporada en su cancha».

La palabra sénior alude principalmente a los profesionales que tienen más experiencia que otros o a los deportistas de edad o categoría superior, y su uso se ha revitalizado por influencia del inglés, aunque no por ello deja de ser una voz española, de modo que se le aplican las normas generales de acentuación y se escribe sin resalte tipográfico, es decir, sin comillas ni cursiva.

Al ser una palabra española, se pronuncia como se escribe, no a la inglesa, /sínior/, y se recomienda formar su plural regularmente con la adición de -es (séniores).



LA LENGUA VIVA








La desnaturalización del lenguaje
Amando de Miguel

No me refiero tanto al empobrecimiento del léxico. Ese es un lamentable hecho, debido quizá a la decadencia del sistema educativo o a la costumbre de ahorrar palabras a través de los mensajes de teléfono o de internet. Ni siquiera me pararía mucho en otro hecho igualmente triste: el abuso de expresiones soeces fuera de lugar. La explicación puede estar en que, al generalizarse tanto esas malas palabras, se pierde el tabú que las hacía atractivas. En su lugar se convierten en una pieza más del vulgarismo de la vida, igual que los tatuajes, los grafitos (o grafittis) o los pantalones que llaman "cagaos". (Son los pantalones que llevan los presos, pues en las cárceles no se permiten cinturones). Todos esos vicios del lenguaje actual se han reseñado muchas veces, pero yo me refiero a algo más sutil o sibilino.
Voy a poner algunos ejemplos. Hay palabras de noble origen cuyo sentido está siendo alterado hasta hacerse despreciativas. Véase el verbo "consolar", que es aliviar la pena que siente alguien. En su origen era algo así como "solazarse con el otro". Pues ahora ha abandonado ese sentido tan afectivo para transformarse en algo desagradable. "¡No quiero que nadie me consuele!", dice la persona apesadumbrada.
Algo similar pasa con el adjetivo "querido" con que antes se encabezaba una carta, una nota afectuosa dirigida a una persona cercana. Ahora molesta ese tratamiento. Se dice simplemente "hola", que naturalmente es una salutación neutra. Quizá es que "querido" se asocie con amante más o menos ilegítimo. La explicación puede estar otra vez en ahorrar letras o palabras, pero no me convence mucho.
Todavía otra ilustración. La "compasión" es literalmente padecer con el otro, compartir sus penas. Nada más humano. Pero la compasión hodierna es algo despreciativo. No parece un avance de sensibilidad.
Los tres ejemplos nos indican lo ruda y bronca que se ha hecho la sociedad española a través de las relaciones que tendrían que ser afectivas. No solo se degrada la economía sino los sentimientos.
Prometí referirme a otra desnaturalización léxica más liviana y más divertida: la del "economiqués". Se mezcla aquí con la confusión de los términos arcanos. Por ejemplo, las "participaciones preferentes" que han vendido algunos Bancos no tienen nada de preferentes. Más bien son una gigantesca estafa en toda regla. Bien es verdad que todavía no he visto que nadie haya ido a la cárcel por vender esas participaciones preferentes. El engaño se basa en que las palabras no se entienden. A saber lo que querrá decir eso de los "cocos" o "bonos convertibles contingentes". ¿Y la deuda pública que ahora es "soberana", cuando menos soberana parece?
Está vista ya la confusión de lo que en otros países llaman "rescate" (bail out). Pues bien, el Gobierno español, según propia confesión, no ha obtenido un rescate sino una línea de crédito. Extraña figura, que yo más bien traduciría por "préstamo obligatorio". La prueba de la obligatoriedad es que va acompañado de un "memorándum" (otra palabreja), que quiere decir una lista de obligaciones para el Gobierno que recibe el dinero. Por si fuera poca confusión, parece que ese préstamo se dirige a los "Bancos malos", es decir, los que no van a poder devolverlo porque sus activos son "tóxicos". Es como si los Bancos dieran hipotecas a los "clientes malos", los que tienen más difícil amortizarlas. Es el mundo al revés. Claro que el mundo ha dejado de ser tal; ahora es el "globo". Lo del mundo lo reservamos para "el mundo de ETA", esto es, el mundillo. Los directores de los Bancos malos no han recibido ningún castigo y sí pingües emolumentos. Los directores de la ETA han sido elevados al nivel de padres de la patria, chica o grande.

Contacte con Amando de Miguel http://www.libertaddigital.com/opinion/amando-de-miguel/la-desnaturalizacion-del-lenguaje-64918/

BORGES & BIOY CASARES











Borges, Bioy, y unos diarios que siguen despertando polémicas
En una reciente controversia, se dijo que el autor de Dormir al sol era "el Salieri" del creador de Ficciones, una comparación poco afortunada que reedita el tema de las envidias artísticas
Por Luis Gregorich | Para LA NACION




Un reciente episodio de nuestro ambiente cultural, ligeramente escandaloso, nos permite retomar el caso de un libro muy debatido, pero poco leído, y que a la vez reúne dos géneros literarios hermanos.
Primer género: la autobiografía -memorias, diarios, confesiones-, cuyo estatuto de verdad se mueve en torno al autor y a su doble: el que escribe y el que es escrito. El que escribe evoca la vida del que es escrito, finge dedicarse al ambiente que la rodeó, la explica, la justifica, a veces la canoniza. De San Agustín a Rousseau, hay una tradición de confesiones algo sobreactuadas. Pero el diario, por ejemplo, puede ser un refugio para el coraje y el consuelo, como en el caso de Anna Frank.
Entre nosotros, el mejor ensayo histórico sobre el género sigue siendo La literatura autobiográfica argentina , de Adolfo Prieto, publicada en 1966 y reeditada en 1982. Lástima que Prieto se haya autolimitado a aquellos textos que, de Sarmiento y Mansilla a Ramón J. Cárcano y Carlos Ibarguren, "condensan" de algún modo la historia de la elite del poder. Quedan afuera, así, obras vinculadas en apariencia con un contexto estrictamente literario (pero que lo exceden ampliamente), como los notables e insidiosos cuatro tomos deRecuerdos de la vida literaria , de Manuel Gálvez, y la reveladora serie de Testimonios , de Victoria Ocampo.
Segundo género (mucho más popular y exitoso): la biografía, que tiene dos sujetos firmes, en lugar de uno desdoblado. Puede reinventar al biografiado, como ocurre con Boswell y el doctor Johnson, o restringirse a lo laudatorio y servicial, como Eckermann cuando "conversa" con Goethe. Nos abruma actualmente toda una gama de biografías periodísticas, algunas no autorizadas y otras sí, fundadas en investigaciones serias o en los apurones del mercado. Mencionaré una sola biografía nuestra, para mí, ejemplar: Soy Roca , de Félix Luna.
Volvemos así al comienzo: un libro que pertenece, a la vez, a los dos géneros, es bio/autobiografía, y que quizá constituye el mayor aporte argentino, para este campo, en lo que va del siglo. Hemos dicho que es más discutido que leído: convengamos que frecuentarlo puede resultar incómodo, debido a sus 1660 páginas confinadas a un solo volumen.
Hablamos, por supuesto, del Borges de Adolfo Bioy Casares, editado en 2006 al cuidado de Daniel Martino. Es, durante casi 40 años, la parte del diario de Bioy dedicada a Borges, en persona o en ausencia. Borges va a cenar a casa de Bioy y éste anota en su diario, por primera vez, el 12 de enero de 1948: "Come en casa Borges". Esta inscripción se repetirá cientos y cientos de veces, hasta el 22 de junio de 1985. La reunión será sólo con los dueños de casa, Bioy y Silvina Ocampo, o habrá también otros comensales. Dicen que la comida no era muy abundante ni especialmente sabrosa.
El libro, que podría llamarse también Laberintos de una amistad o La obsesión de la literatura, presenta un corte de la Argentina, una imagen de su entramado social y cultural que casi sin saberlo construyen dos escritores a través de sus conversaciones de sobremesa. Ocurren muchas cosas en ese largo diálogo de décadas: el aprendizaje del más joven, el paso a la fama del mayor, consagraciones y mezquindades, y la instintiva omisión de la vida política, que obra como fondo silencioso.
Aunque este volumen pueda ser transitado por todos los públicos, y en el fondo sólo requiera un poco de curiosidad y algo de tiempo disponible, es de ley advertir que disfrutarán más quienes posean una cualidad complementaria: el amor por las palabras. Si ese amor viene acompañado por una afición (de novato o de veterano) a la literatura, mucho mejor. Y, por el contrario, quienes den a las palabras solo una dimensión práctica y utilitaria, se aburrirán un poco.
Es que el libro merece, entre otros títulos, el de genuino tratado del uso y valor de la palabra. Por supuesto, esa opción incluye asimismo una áspera condena cuando se traicionan, con el torpe uso de la lengua, esos principios. Borges es quien señala, en general, las coordenadas por seguir. El motivo podrá ser, por ejemplo, un versículo de la Biblia Latina. O un verso perfecto del poeta mexicano López Velarde: ". y una íntima tristeza reaccionaria". O una serie de observaciones sobre la traducibilidad del porteño "che". O el regocijo frente a un poema satírico contra Leónidas Barletta. O un recuerdo de la biblioteca de Perón donada a la Biblioteca Nacional.
Sabemos que Borges, mezcla singular de liberal a la inglesa y criollo viejo conservador, jamás simpatizó con el peronismo ni con el comunismo. Su compromiso político fue honesto, aunque no carente de prejuicios. En sus últimos años condenó la Guerra de Malvinas, firmó por desaparecidos y rechazó la dictadura militar.
El 28 de noviembre de 1983, Raúl Alfonsín, que hacía un mes había sido elegido presidente de la República, y quienes integrábamos su equipo de cultura, invitamos a una reunión a un grupo de escritores. Bioy lo registra así en su diario:
"Lunes 28 de noviembre. A las once de la mañana, en el Hotel Panamericano, reunión de escritores con Alfonsín. Están Borges (muy bien), María Elena Walsh, Beatriz Guido, etcétera. Almuerza Borges en casa."
En efecto allí estaba, impecable con su traje y su bastón, sentado y silencioso. No pasaba casi nunca: ese día iría a almorzar, y no a "comer", es decir, no a cenar a casa de Bioy.
Debido a la facilidad con que el texto accede a zonas íntimas de la vida de Borges y anota opiniones acerca de personas formuladas en privado, el libro, desde su aparición, ha sido cruzado por debates, algunos ásperos y personalizados. Los principales enfrentamientos se han dado entre la viuda de Borges, María Kodama, por un lado, y un grupo de ex colaboradores y amigos de ambos escritores, por el otro.
El más reciente capítulo de esta pugna tuvo lugar hace un par de meses, y consistió en una entrevista que concedió Kodama en Nueva York y en un acto que, como respuesta, sucedió en Buenos Aires. Kodama criticó acremente a Bioy, a quien reprochó no haber tenido el coraje de publicar en vida su libro (Bioy murió en 1999). Además, calificó al autor de La invención de Morel de haber sido "el Salieri de Borges". Sus adversarios, encabezados por el presidente de la Sociedad Argentina de Escritores, Alejandro Vaccaro, coleccionista de ediciones y objetos de Borges, replicaron con un combativo acto de desagravio a Bioy.
María Kodama siempre sufrió la hostilidad, tácita o expresa, de los grupos mencionados, que la acusaban de haberse apoderado, o poco menos, de la voluntad de Borges. Me tomo la libertad de tener la opinión opuesta. Creo que fue ella la que lo cuidó, protegió y acompañó durante los últimos diez o doce años de su vida, hasta casarse con él poco tiempo antes de su muerte. Lo amó, y fue amada por él. Y defendió después su patrimonio con una dureza tal vez antipática, pero con el talante de una auténtica misión. Y no hay mucho más para decir, ni desde el punto de vista legal ni desde el afectivo.
Sin embargo, no parece afortunada la identificación de Bioy Casares con Salieri. Los datos externos de la leyenda negra de este último no funcionan con Bioy. Y menos cerca aún está Borges de Mozart. Salieri era seis años mayor que Mozart, tuvo gloria en vida, fue maestro de Beethoven, Schubert y hasta de un hijo de Mozart, y no hay la menor prueba de que envenenara a éste. Queda sólo una pregunta inquietante: ¿sentía Salieri (Bioy) envidia como creador hacia Mozart (Borges)?
Difícil dar una contestación definitiva. Borges era un gran escritor; Bioy era un buen escritor. Y los dos lo sabían. La envidia es una pasión humana que cualquiera puede experimentar, varias veces en la vida. Más allá de lo que Bioy sintió, fue capaz de componer, con la paciencia de un escriba egipcio, y usando luces y sombras, un retrato incomparable de su amigo y cómplice. Hay que darle las gracias. Y dárselas a Borges por haber sido Borges.
© LA NACION.

CRISIS CULTURAL









Ideas para salir de la crisis cultural entre España y América Latina

EL PAÍS reúne a cinco intelectuales de España y América latina para analizar el declive y resurgimiento de una cultura amenazada
ROCÍO HUERTA Puerto Rico

Hoy más que nunca España necesita de América, pero sin imposiciones, sin soberbias, sin vanidades, sin tutelas ni paternalismos, sino en situación de amigos y socios leales y respetuosos. Es la conclusión a la que llegan los cinco intelectuales de uno y otro lado del Atlántico reunidos por EL PAÍS, para debatir sobre una cultura común que, en el continente americano está floreciendo después de siglos a la cola de España, mientras el país europeo encuentra cada día unos presupuesto más mermados y se topa con las dificultades propias de la crisis que atraviesa y los salvajes recortes en Cultura.
Los escritores españoles, Almudena Grandes y Manuel Rivas, se reúnen en Puerto Rico, aprovechando el encuentro en el festival la Palabra, con el argentino Guillermo Martínez, el mexicano Jorge Volpi y el periodista puertorriqueño Héctor Feliciano.
La Cultura de la subvención
JORGE VOLPI: Hasta los años noventa no existía en México una institución que se encargara directamente de la Cultura y las Artes. Cuando se crea, aparecen un sinfín de ayudas a la creación a través de becas y estímulos a individuos de grupos más grande del mundo. México tiene innumerables de becas para creadores de todas las disciplinas, de todas las áreas y de todas las edades, y al mismo tiempo hay una infraestructura de actividades culturales bastante sólida.
Lo que sin embargo no ha habido hasta ahora manera de solucionar es el problema de la creación de públicos, del consumo cultural, y sobre todo de la distribución de los bienes culturales. Con estas becas se han escrito cientos de libros, de poemarios, se han pintado cientos de cuadros, se han hecho decenas de performances, cantidad de películas... Pero luego es difícil que lleguen al público. El cine que se produce en México se puede ver el la televisión o en los festivales, pero en las salas se ven películas americanas. Al contrario que ocurre en España, en México cada vez se abren más salas, pero solo se ven películas gringas.
MANUEL RIVAS: Lo preocupante es cuando se destruyen los hábitats, que es el problema que tenemos ahora en España y en parte de Europa. A veces se plantea la relación Cultura-Estado, en términos de si hay más o menos subvenciones, y entonces se ofrece una imagen caricaturizada de los creadores que responde al tópico "se quejaran porque no reciben esas sinecuras".
HÉCTOR FELICIANO: Hay que concebir la cultura como lo hace el gobierno francés: cabalmente. No como un producto en el mercado, sino como algo particular, excepcional, que se intercambia y nos enriquece inconmensurablemente.
ALMUDENA GRANDES: En España existe una prensa de extrema derecha mediática muy potente, que se ha dedicado durante años a caldear el ambiente presentando la Cultura como cuatro millonarios rojos de salón, que gritan en las manifestaciones para posar. Se ha conseguido instalar en esta sociedad la idea de que invertir en Cultura es apostar a caballo ganador de unos pijos millonarios que ya tienen bastante dinero, y esto va a destrozar la industria. La ruina del cine español es inminente porque se han abandonado los programas de subvenciones, y porque la gente no comprende que detrás de Almodóvar y detrás de Penélope Cruz hay una industria de la que viven miles de personas y se van a destruir cientos de puestos de trabajo.
GUILLERMO MARTÍNEZ: Bueno, todavía queda mucha estructura en España. Ustedes siguen estando en el tope, culturalmente hablando, en Latinoamérica. Lo que quizás no esté cerca del horizonte es que España vuelva a ser como antes.
A. G.: Que tampoco hace falta, por cierto. En España hemos perdido la noción de lo que era la pobreza. Quizás también por eso hay esa parálisis.
La experiencia argentina
G. M.: Quizás en Latinoamérica estemos más acostumbrados a estos ciclos económicos, por eso sabemos vivir las crisis. Sobre todo en Argentina, que hemos sufrido unos altibajos tremendos, y hemos tenido que buscar refugios en momentos de crisis. En los noventa, cuando estábamos en paridad uno a uno con el dólar americano, no había prácticamente industria cultural. A partir del proceso de endeudamiento aparecieron una gran cantidad de editoriales independientes. No creo que España la crisis sea crepuscular.
H. F.: En el periodo del Corralito, a principios del gran desastre financiero, la gente se agarró a la Cultura como boya de salvación. Se llenaron los teatros, se leyó más que antes, se empezó a crear. La gente lo hizo para reflexionar creativa y fructíferamente sobre lo que estaba ocurriendo. Hay que incentivar la creación, la reflexión, la juventud en estos momentos de crisis para abrir nuevos caminos y no para cerrarlos.En Colombia, otro ejemplo, con una guerrilla que cobraba fuerzas, con unos paramilitares que se inmiscuían en el Estado, el gobierno colombiano promovía la Cultura como forma de salir de la crisis, de recordar que es profundamente humano crear, pensar y presenciar el arte que se hace. Lo que sucede en España o en Puerto Rico es que los gobiernos olvidan que la Cultura no es algo que se le añade a la vida, es la vida misma. Y sin embargo la tratan como si estuvieran fabricando cucharas.
América Latina, espacio de esperanza
M. R.: La deformación de imagen, la caricatura de los artistas y creadores, es el principio de la destrucción del tejido cultural. Y no hablemos ya de los recortes en educación. Eso sí que es una destrucción grave. Que se cierren cines o librerías es la destrucción del hábitat y, en esta cuestión, América Latina es un espacio de esperanza. Los depósitos de esperanza han ido siempre unidos a la Cultura y la Educación. Siempre se ha asociado el niño con la barra de pan y el libro debajo de cada brazo. Pues ahora le han quitado el libro al niño y el pan a los padres. Por eso es importante la mirada hacia América Latina, porque es un halo de esperanza para España.
J. V.: Es muy impresionante cómo, en general, ni el Gobierno ni la gente mira hacia América latina. Nosotros hemos atravesado unas veinte crisis distintas y, muchas veces lo hemos hecho mal, pero de algunas otras hemos salido relativamente bien. La experiencia acumulada la tenemos, no se puede negar, y eso deberían saber aprovecharlo.
Rentabilizar el mercado común de la Cultura
H. F.: En cuestiones culturales, tenemos que aprovechar el hermanamiento de las culturas española y de América. Dentro del intercambio cultural el sector de mayor trascendencia es, a mi parecer, el editorial. Las editoriales españolas cumplen un papel muy importante uniéndonos por medio de nuestro idioma. Es una de las pocas empresas internacionales que intenta unirnos en un solo mercado común. Y no es el momento de cerrar mercados y de volver a aislarnos. Creo que este momento de crisis sería el idóneo para pensar en la fórmula para reforzar ese intercambio que se logra con los libros.
A. G.: Tengo la sensación de que yo pertenezco a una literatura que es la literatura de los que escriben en español, y no la literatura española. Formamos parte todos de una misma comunidad, y eso nos proporciona un beneficio instantáneo, porque estamos en el mismo lado. Estamos viviendo un momento de cambio, en el que el libro es electrónico también puede influir en el distanciamiento entre la literatura a un lado y al otro del océano, porque las editoriales pequeñas, independientes, van a tardar más en digitalizar sus fondos y en reciclarse, eso unido a la caída del consumo, a la subida del IVA, al empobrecimiento de las clases medias... Hay un panorama de nubes negras en torno al mercado del libro que temo pueda repercutir en una debilitación del contacto tan estrecho que hemos tenido.
Los miedos que acechan
H. F.: Los recortes en Cultura en nuestros países son una manera muy sagaz de dejarla morir lentamente, sin matarla de forma explícita. El peligro está en que ante esta postura de indefensión la gente no se anime a llevar a cabo iniciativas nuevas, que casi siempre nacen de ideas de los jóvenes. En Puerto Rico no han dejado de aparecer revistas digitales, como 80 grados, o lugares en los que se escucha y se practica la música joven, como la cooperativa de cantautores Taller Cé, o las artes escénicas impulsadas por los jóvenes, como el Teatro Samuel Beckett.
A. G.: A mí personalmente me conmueve mucho y me preocupa que pueda desaparecer todo el activismo cultural que se daba en los pueblos de España: los clubs de lectura, las universidades populares... En este país hay muchos pueblos, a través de la Cultura, que han funcionado como auténticas balsas de salvación para personas que estaba a un paso de la marginalidad, de la depresión. En algunos lugares la gente en riesgo de exclusión organizaba sus propias reuniones en torno a la lectura de un libro o una pintura, y de esa manera se veían, socializaban y hablaban. Todo eso puede desaparecer.
M. R.: Esa frase tópica en caso de emrgencia de "niños y mujeres primero" es, creo, la frase más hipócrita de la humanidad. Y me parece que con la boca se hizo un paralelismo con la Educación, la Cultura y la Sanidad. Ese es el discurso que todavía oímos: "Primero la salud, vamos a preservar la Cultura...". Pero al final Cultura y Educación son los que más sufren en situaciones de emergencia. Son los más abandonados.
Aspectos a imitar de Latinoamérica
M. R.: Lo mejor de la cultura de América Latina es su valentía creativa, la osadía, el ir más allá... Esa cualidad de la literatura en español tiene su manantial en América Latina. Y España ha jugado el papel de plataforma, sirve de hogar.
A. G.: Fuera de España existe la energía y la vitalidad, una cultura resistente, el deseo de gritar. Y eso precisamente es un contagio necesario para la cultura española que sufre con la crisis, pero que morirá si se deja arrastrar por el enemigo y por la tristeza.
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