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sexta-feira, 4 de janeiro de 2013

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Recomendación del día:

nivel de paro, pero no nivel de parados
04/01/2013

La palabra nivel significa principalmente ‘altura’ o, en sentido figurado, ‘categoría, rango o grado’, y por ello resulta inapropiado su uso como mero sinónimo de cantidad o número.

Según el Diccionario académico, cuando nivel se aplica a una cantidad se refiere específicamente a la medida con referencia a una escala determinada, como ocurre con los índices económicos, valores dentro de una jerarquía y similares.

Por este motivo, en frases como «Sigue aumentando el nivel de parados en España», lo adecuado habría sido decir «el nivel de paro» o «el número de parados».

JOHN STEINBECK







John Steinbeck ganó el Nobel de 1962 por «ser el menos malo»
FUENTE: ABC.ESABC_CULTURA / ESTOCOLMO
• )
Cincuenta años después del galardón, la Academia sueca desvela los detalles de su elección frente a Graves y Lawrence Durrell

La Academia Sueca tiene que ser un lugar curioso. Y las discusiones en las que se elige cada año el Nobel de Literatura no lo han de ser menos. Y sabido es que muchas veces los designios de los académicos en las frías tardes de Estocolmo son inescrutables.
Un año sí y casi otro también no faltan las sorpresas y se piensa que el fallo del galardón obedece a extrañas razones, políticas sin ir más lejos en unas cuantas ocasiones.
Quizá por ello, la Academia deja que pasen cincuenta años antes de dar a conocer los documentos archivados de sus elecciones, probablemente para que no queden muchas personas vivas que tuvieran que ver con ellas y cogerse un buen mosqueo.
Este año le ha tocado al premio de 1962 que ganara el norteamericanoJohn Steinbeck, autor de «Las uvas de la ira». Y las cartas sobre la mesa las ha puesto el diario Svenska Dagbladet, tal como ha recogidoThe Guardian.
Parece ser que hubo sesenta y seis candidatos, entre ellos y como finalistas Robert Graves y Lawrence Durrell, y que Steinbeck habría ganado por ser «el menos malo», a pesar de que el comité de la Academia sueca, alabara a Steinbeck «por sus escritos realistas e imaginativos, como lo hacen combinando humor simpático y aguda percepción social».
¿Poeta y fascista?: imposible
En los mismos documentos, un miembro de ese comité, Henry Olssondijo que «no hay candidatos obvios para el premio Nobel y el comité del premio se encuentra en una situación poco envidiable», según cuenta el Svenska. Por otro lado, Graves fue rechazado, porque a pesar de que había escrito varias novelas históricas, él se consideraba tan solo un poeta, y Olson no tenía el menor interés en premiar a ningún poeta, ni siquiera al gran Ezra Pound que no podía ser galardonado por sus antiguas simpatías con Mussolini.
Karen Blixen, la autora de «Memorias de África» que también fue candidata en ese 1962, tampoco pudo ser premiada porque acababa de morir, y Durrell «no era preferente ese año». Tal como le ha contadoKaj Schueler, autor de la información, a The Guardian, «El Cuarteto de Alejandría» les parecía poca cosa y «decidieron mantenerlo bajo observación para el futuro». Curiosamente, también se ha sabido que entonces empezó a sonar como posible ganador Jean-Paul Sartre, que conseguiría el Nobel de Literatura en 1964.
Por otro lado, la Academia también pensaba que la mejor etapa creativa de Steinbeck había transcurrido hacía bastante tiempo («Las uvas de la ira» es de 1949) y finalmente, como explica el diario sueco en palabras del secretario permanente de la Academia, Anders Osterling, «entre Graves y Steinbeck, creo que la elección fue muy difícil, aunque el último es más popular y cuenta con más apoyos».
En cualquier caso, la elección fue muy criticada, y se la ha descrito como «uno de los mayores errores de la Academia», opinión refrendada sin ir más lejos por el New York Times y el propio Steinbeck que cuando se le preguntó si se merecía el Nobel respondió: «Francamente, no».

JUAN MARSÉ






«La auténtica patria del escritor no es la lengua, sino el lenguaje»

SERGI DORIA / BARCELONA
A punto de cumplir los ochenta el 8 de enero, trabaja en su próxima novela conel ritmo lento del artesano. Seguro que acompañado por el saxo de Charlie Parker destilando «Oh, lady be good»

Invierno barcelonés. El escritor que hizo de la posguerra material literario no ve similitudes entre aquel tiempo de silencio y miseria y el estruendo y confusión de la crisis actual. Perviven, eso sí, los perdedores de siempre. El pueblo llano -de ayer y de hoy- «paga los desmanes de una clase política y financiera incompetente o corrupta, o las dos cosas a la vez...»
-¿Le alegró la concesión del Cervantes a Caballero Bonald, o ese reconocimiento llega tarde?
-Caballero Bonald merecía el premio Cervantes hace ya muchos años.
-Usted ganó el Planeta en 1977. Como miembro -heterodoxo- del jurado, ¿cree que la fórmula de estos premios debería modificarse?
-El primer año que fui jurado del Planeta observé bastantes cosas que no me gustaron, y solicité una reunión privada con el editor José Manuel Lara y con el entonces secretario del jurado, Manuel Lombardero; propuse cambios en la selección previa de originales, de los cuales el jurado no poseía ni siquiera un listado: sólo nos daban las siete u ocho novelas escogidas para la final mediante informes de un comité de lectura de auténtica risa; planteé cuestiones que tenían que ver con nuestro papel de meros floreros ante la prensa a la hora de calibrar la calidad de las obras, de las que solo podía hablar el portavoz del jurado... Le dije a Lara que si no afrontaba esos cambios, yo dimitiría. Me prometió hacerlo, pero no hizo nada... y dimití.
-Ha insinuado que escribirá una novela en catalán, «Sentiments i centimets». Es una broma… ¿o no?
-Por ahora es una broma. Pero confieso que el título me gusta mucho, es una ecuación perfecta, según el editor Jorge Herralde. Algún día, si la salud y las ganas acompañan, bien podría convertirse en la crónica novelada de un tiempo y un país de fantasía. En cualquier caso, la lengua narrativa no sería ningún problema, porque, como es bien sabido, aunque los nacionalistas no quieran entenderlo, la auténtica patria del escritor no es la lengua, sino el lenguaje.
-Pongámonos pirandellianos… De entre sus personajes novelescos, ¿con cuál se siente más cómodo y cuál le incomoda?
-Me entiendo bien con los perdedores. Con la desdichada Montse, con el exboxeador Jan Julivert Mon, con el pirado capitán Blay, con la prostituta Balbina, con el Pijoaparte y con la criada Maruja, con Sarnita y con todos aquellos chavales de cabeza rapada que contaban historias sentados en las aceras del barrio. Y ningún personaje me incomoda, porque lo que pueda tener alguno de insocial, amoral o veleidoso, proviene de mí mismo.
-Metidos entre la realidad y ficción… ¿Cómo contempla el espectáculo que arrancó con la Diada y desemboca en la secesión?
-No soy nacionalista ni independentista. Respetaría el dictamen de la mayoría, si ese fuera su deseo, pero no comparto ni entiendo ese deseo. Me es indiferente que me mientan y me roben los políticos de Madrid que los de aquí. En boca de unos y de otros, la patria no es más que una carroña sentimental, y yo no como de eso.
-Dijo que Artur Mas le parecía un madelman. ¿Le sorprendió en su papel de Moisés rumbo a la Tierra Prometida?
-No. Uno de los horrores que acechan a un líder político en las campañas electorales es caer en manos de publicitarios con geniales y grandiosas ideas patrioteras.
-¿Se ve escribiendo en una Cataluña independiente?
-Me veo sentado en esta mesa, escribiendo a mano y con buena letra, acompañado por el saxo de Charlie Parker destilando «Oh, lady be good». Me veo en esas horas en que me libro de la hostilidad del mundo.
-Se cumplen veinticinco años de sus memorables retratos «Señoras y señores». En el dedicado a Jordi Pujol ya aludía a los «sentiments i centimets»: «He aquí un señor que confunde Cataluña con su persona. Y, sin embargo, no hay nada en esta fisonomía que recuerde a una nación». ¿Ratifica esas palabras?
-Totalmente. Nada en esta fisonomía recuerda o remite a una nación, sobre todo porque Cataluña es todavía una nación sin rostro, pero han pasado veinticinco años para el personaje, y ahora sí que el personaje podría ser, como decía Chesterton, «el hombre que necesita la patria visto de espaldas», es decir, yéndose después del deber cumplido.
-También está Roca Junyent, Felipe González, Fraga Iribarne, Alfonso Guerra, Ruiz-Mateos, Jorge Verstrynge (cuando era de derechas)… ¿Acertó en las descripciones, cabría modificarlas o añadir más «señoras y señores»?
-Tendría que revisarlos. Seguramente en algunos el paso del tiempo habrá modificado rasgos, no solo físicos. Roca, por ejemplo, se ha convertido en un tío listo, Verstrynge en un tertuliano exótico, Guerra en un humorista privado, Ruiz-Mateos en el candidato más honesto para presidir la Patronal... y Montoro en teleñeco luciendo su vocezuela, impagable neologismo de Javier Marías.
-La educación es una de sus preocupaciones. ¿Qué debería garantizar una enseñanza pública?
-Este es uno de los focos cancerígenos más graves que sufre España. La escuela debe ser laica, como debe ser y dice ser, pero no es, el Estado. La enseñanza no debe actuar según parámetros confesionales. Mientras no se legisle eso, España no será un país moderno ni una democracia creíble. Y a partir de ahí, buenos planes de estudio y no cambiarlos cada dos por tres.
-¿El ministro Wert realimenta el victimismo nacionalista?
-Pues sí. Se puede pensar que expone sus razones para provocar. En realidad, es un producto típicamente nacionalista, hay quien dice que es un artefacto mecánico -¿ha observado su sonrisa metálica y su gestualidad de plástico?- inventado por el propio Artur Mas. Ondia, podría ser.
-En «Últimas tardes con Teresa» retrató mordazmente a la burguesía catalana. ¿Esa clase social está hoy a la altura de las circunstancias o se ha rendido a la política para conseguir subvenciones?
-No pensaba en la burguesía catalana cuando escribí «Últimas tardes con Teresa». Tal vez años después la misma Teresa, ya casada y con hijos pequeños, sería miembro del grupo, y desde luego algunos hoy ocupan puestos de relieve en la política y las finanzas, y hasta en el trinque de prebendas, que florece por doquier. Pero no todos son chorizos.
-¿Se ha roto la trama de afectos entre Cataluña y el resto de España que se urdió en la Transición?
-Sí, se han roto puentes... si es que alguna vez los hubo de verdad. El problema no debería ser la lengua, la inmersión no sé si ha sido eficaz... En su momento era necesaria, quizá con algún exceso, pero correcta. El problema es que los políticos de aquí nunca han sabido explicar al resto de España qué diablos es Cataluña, y los gobiernos de Madrid, tanto de derechas como de izquierdas, nunca han sabido explicar qué diablos es la España de las autonomías. Estamos, no me cansaré de repetirlo, en manos de gente inepta: o los cambiamos por otros, o esto acabará mal.
-Usted escribió en prensa, aunque es muy crítico con el periodismo. ¿Hay demasiado columnismo de trinchera?
-Mucho columnismo de trinchera, a veces con efectos involuntariamente hilarantes, como el que el diario «La Vanguardia» ofreció el pasado 19 de diciembre en la página 23. Hacía tiempo que no me divertía tanto leyendo prensa. Venían en esa página dos artículos, codo con codo: uno de Francesc de Carreras y otro de Pilar Rahola; ambos exponían el mismo asunto: Cataluña y su deriva política. Si uno leía primero, como hice yo, el artículo del catedrático de Derecho Constitucional, y seguidamente el de la dicharachera periodista, tenía asegurada la carcajada: la comicidad involuntaria surge del texto de Pilar Rahola cuando vienes del rigor expositivo y la solvencia teórica del texto de Francesc de Carreras -esté uno de acuerdo o no con su criterio- a la columna de Pilar Rahola trufada de delirios reivindicativos, una auténtica empanada de históricos agravios y victimismo patriotero, de babosonas alabanzas a Mas y a Junqueras y de ridícula y total insolvencia teórica e incluso literaria. Me tronché de la risa leyendo esta columna. No sé si es periodismo de trinchera; al lado del texto de Francesc de Carreras parecía más bien periodismo de «tronchura», valga el palabro.
-Entre los bestsellers reinan las «Sombras de Grey». ¿A qué atribuye ese gusto por el sexo en este presente tan áspero?
-No he leído esa novela, mi interés por la subliteratura es escaso, y más si me la aderezan con sexo. No creo que este éxito tenga nada que ver con la deprimente situación que estamos viviendo, o que sea un sucedáneo de gimnasia sexual en tiempos de crisis. En todo caso, a mí se me escapa la relación. Para mí esta moda tiene el mismo significado cultural o social que un modelito de la diseñadora Agatha Ruiz de la Prada, es decir, ninguno.
-¿Cómo ve la literatura española actual?
-La veo bien. Quizá necesite menos adjetivos y más sustantivos, pero en mi opinión goza de buena salud.
-¿Último libro leído?
-«Las leyes de la frontera», de Javier Cercas, excelente novela; ahora leo «Esperando el alba», de William Boyd, muy buena, y una biografía de Jean Renoir, un cineasta de mi predilección, dedicada a su hijo Alan, al que conocí en Barcelona hace años.
-¿Y la última película?
-«Ser o no ser», de Lubitsch, obra maestra absoluta.
-Trabaja en una novela en la que aparecen esos «peliculeros» de los que no guarda buenos recuerdos… ¿En qué fase se encuentra?
-Tengo sesenta páginas que doy por buenas, y lo que resta anda en fase muy embrionaria. No deseo comentar de qué va el asunto, mi convencimiento de que un escritor no debe explicar lo que hace es absoluto y cada vez más firme.
-…Y escribe siempre con música. ¿Banda sonora de la entrevista?
-Ben Webster, con su «My Greatest Mistake!»

LOS REYES MAGOS

De cuando el rey Baltasar no era negro
MÓNICA ARRIZABALAGA ARRIZABALAGA11 / MADRID

No siempre han sido tres, ni reyes los Magos de Oriente

FUENTE: ABC.ES












Los Magos de Oriente, representados en un mosaico de San Apolinar el Nuevo de Rávena

«Nacido Jesús en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes, unos Magos llegaron de Oriente (...) Y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta pararse sobre el sitio donde estaba el Niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Y entrando en la casa, vieron al niño con María, su madre, y postrándose le adoraron; luego, abrieron sus cofres y le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra».
El evangelio de San Mateo es el único que recoge la escena de la adoración de los Magos aunque de forma tan sucinta, que ha dado pie a lo largo de la historia a diversas representaciones. ¿Cuántos magos eran? ¿Qué edad tenían? ¿Cuál era su origen? ¿Cómo se llamaban?
Las primeras imágenes que se conservan sobre ellos se remontan al siglo III, en las catacumbas romanas, aunque en esas escenas varía el número entre dos, tres y cuatro. «Quizá la primera representación conocida corresponda a la catacumba de Priscila (posiblemente del s. III)» aunque «no se debe llevar mucho respecto a la de Domitila y la de San Pedro», explica la doctora y profesora de Historia del Arte Sonsoles Nieto Caldeiro, que destaca que «en ellas no figuran como reyes, sino como magos de Oriente», con gorros frigios. Son figuras idénticas, sin distinción de edad.
Hay que avanzar tres siglos en la historia para contemplar la primera mención de los nombres que hoy gritan los niños en las cabalgatas.
Aparecen en los mosaicos de San Apolinar el Nuevo de Rávena,Balthassar, Melchior y Gaspar, sobre tres figuras a pie que llevan los presentes al Niño. Así los citaba el «Liber Pontificales» de Ravena. Melchor se representa como el más joven; Gaspar, el anciano con barba blanca y Baltasar con barba castaña... y aún de tez blanca.
«Las tres figuras han variado a lo largo del tiempo en cuanto a su edad y aspecto, pero indudablemente ha sido la de Baltasar la que más transformaciones ha sufrido», apunta Sonsoles Nieto. Al final del gótico resulta ser de raza negra, quizá de procedencia etíope y así lo interpretan las obras pictóricas o escultóricas del siglo XV. «Debió ir en consonancia con la corriente más cosmopolita o universal que caracterizó el final de la Edad Media», explica la profesora de la Escuela de Arte de Sevilla.
En el medievo, a partir del siglo XI, los magos habían abandonado su postura oferente para adoptar una reverente y humilde de adoración ante el Niño.
De magos a reyes
Su indumentaria inicial, vistosa y colorista, propia de los sacerdotes y sabios de Oriente, se volvió más sencilla durante el Románico y el gorro frigio se transformó en corona. El concepto de mago había ido adquiriendo un tono peyorativo,equiparándose al de brujo, y se quiso dignificar su imagen atribuyéndoles una posición real. Según explica Nieto, «en manuscritos prerrománicos ya se les ve con corona y la iconografía románica los representa así».
Los primitivos flamencos, como Van der Weyden o Memling, procedentes de lugares de ricos tejidos, vistieron a los Reyes Magos con lujosas indumentarias como las que hoy les acompañan en multitud de belenes. A partir de entonces, se ha representado a Melchor, Gaspar y Baltasar de muy diversas formas, dependiendo del estilo de los autores.
La tradición cuenta que los Reyes Magos «habiendo recibido en sueños aviso de no volver a Herodes» (San Mateo, 2) , regresaron a Oriente por otro camino y al fallecer fueron enterrados en Saba. Sus restos serían trasladados después a Constantinopla a instancias de Santa Elena, madre del emperador Constantino, y en el siglo IX a Milán. En 1164 fueron trasladados por orden de Federico Barbarroja a la catedral de Colonia, donde reposan en un relicario de oro, detrás del altar mayor.
El cuarto rey americano
Los tres regalos que ofrecieron a Jesús llevaron a pensar en que fueron tres los Magos de Oriente, un número muy apropiado para relacionarlo con la Trinidad, con las tres Edades del hombre o con las tres partes del mundo que se conocían en la Edad Media: Asia, Africa y Europa, de forma que se correspondían con las tres razas del género humano, descendientes de Sem, Cam y Jafet, los hijos de Noé.
El descubrimiento de América vino a tambalear esta idea e incluso hubo intentos de sumar un cuarto rey americano a la terna, aunque sin éxito, según explica Virginia Seguí en Alenarte. Vasco Fernandes incluyó en el retablo que hizo para la catedral de Viseu a un cacique con plumas y jabalina de Brasil.

JOSÉ MANUEL BLECUA



ENTREVISTA

Abrimos el año con la publicación de la entrevista colectiva al director de la Real Academia Española, José Manuel Blecua, que se prestó hace unas semanas a recibir las preguntas enviadas por los lectores de Nosolodeyod. Agradecemos al Dr. Blecua que haya dedicado su tiempo a contestar con todo detenimiento y detalle a nuestras cuestiones. Gracias también a los que participasteis en su momento enviando preguntas. Aquí tenéis la transcripción...
La RAE hoy

La primera edición del Diccionario de Autoridades poco tiene que ver con la lexicografía actual. Teniendo en cuenta la comodidad y gratuidad que para el usuario supone la presencia en la red de estas obras, y teniendo presente además que un diccionario siempre es una obra en continua elaboración, ¿Qué futuro le augura usted a todos los diccionarios académicos en su edición impresa? [Pregunta de Antonio Pedrote] Mi querido Antonio: Este es uno de los problemas que tenemos planteados en este momento. Los sistemas informáticos actuales, y más los del futuro, van a acercar casi inmediatamente el texto de las obras lexicográficas académicas a los usuarios. Desde la edición pasada se han hecho cinco cargas de artículos enmendados, la última hace muy poco. Hay instituciones, como las grandes bibliotecas, que siempre adquieren las ediciones impresas. El problema sigue siendo el gasto enorme que supone la renovación de las obras y el descenso o la ausencia de ingresos.

¿Para cuándo la reforma simplificadora de la ortografía española? Como profesor de Lengua, me he pasado media vida profesional tratando de que los niños aprendieran modos de escribir injustificados (para ellos y para la mayoría de los usuarios), sin conseguir gran cosa. Sé que una ortografía totalmente fonética no es posible; pero, sin llegar a ese extremo, algo se podría hacer. Los niños y sus maestros lo agradeceríamos bastante [Pregunta de JARamos]. Piense usted en la complejidad de las realizaciones fonéticas en una lengua como la española en la que la variación de las realizaciones es inmensa. Desde el maestro Correas se está intentando crear soluciones que intentan cumplir el deseo que usted manifiesta. Hace muchos años fui profesor de niños (desde los diez años) y no recuerdo con terror lo de los modos de escribir injustificados que usted cita. ¿Podría darnos algún ejemplo? ¿Tal vez el seseo?

¿Cómo va la publicación de títulos de la Biblioteca Clásica de la RAE? Dado que, al menos en parte, aspiran a convertirse en las ediciones de referencia de los clásicos, ¿siguen las obras unos criterios de fijación del texto y de edición comunes, o se deja a elección del estudioso al que se ha encargado el trabajo [Pregunta de Manuel P]. La edición de las obras de la Biblioteca Clásica depende de los criterios que fijó en su día su director, el profesor Francisco Rico. La semana pasada firmó el Presidente de La Caixa el convenio que garantiza la continuidad de la colección en los próximos años.

¿Se arrepiente de alguna decisión tomada por la RAE desde que ostenta su cargo? [Pregunta de Diego]. Las decisiones de la RAE son siempre colegiadas; todos los Departamentos de trabajo tienen un académico como director responsable, todas las decisiones se toman en la Junta de Gobierno, con votaciones en caso de discusión, y se elevan al Pleno. Como es lógico, el Director es el último responsable de las decisiones académicas. En estos momentos, no recuerdo de alguna decisión que me pese…

La lengua hoy
Sin llegar al pesimismo del desaparecido Tony Judt cuando afirma que “ciertos canales de comunicación son los motores de la no-lengua”, me surge una pregunta: ¿cabe el riesgo, a su juicio, de que la excesiva economía gráfica y la inmediatez comunicativa que exigen algunas redes sociales acaben por extender un sistema de escritura semejante a una taquigrafía sin norma alguna? [Pregunta de Antonio Pedrote] El otro día leía yo las observaciones lingüísticas que nacieron cuando se popularizó el uso de los telegramas. Es curiosa la coincidencia entre ambas situaciones y la honda preocupación que se extendió entonces entre los hablantes cultos. Como se ha podido comprobar hasta la saciedad el estilo telegráfico no influyó para nada en el uso de la lengua española.

¿Qué opina usted de trascendencia de la palabra escrita? ¿Hasta qué punto le han marcado a usted los libros que ha leído y cuáles son los autores que más le han influido? ¿Cómo cree que puede beneficiarse la literatura de las nuevas tecnologías, existe un límite para esta "colaboración"? [Pregunta de Paloma Martín]. ¡Menuda pregunta! Es todo un curso monográfico sólo para contestar a la primera parte. Creo mucho, casi todo, en la palabra escrita, salvo como es natural en los aspectos de la creación literaria tradicional (la lírica, la épica, el cuento…). También es verdad que en una época de mi vida me interesó mucho el análisis de la conversación y su relación con la lengua literaria. Yo solía decir a mis alumnos que el libro que más me había influido es la obra del Padre Ong sobre la tecnología de la palabra, libro que tiene un poco más de un centenar de páginas y que es fundamental para entender la importancia de la dicotomía entre la oralidad y la escritura y cuya lectura recomiendo a cualquier persona culta. La escritura es el camino del conocimiento y también de la libertad de pensamiento frente a aquellos que en una sociedad oral poseen la memoria. Recomiendo también la lectura del libro del profesor Emilio Lledó El silencio de la escritura. Yo he sido un lector que ha devorado libros y libros desde mi infancia; tuve la suerte inmensa de tener una biblioteca en casa y luego he podido manejar bibliotecas estupendas en Madrid, en Ohio Sate University, en el Colegio de México y ahora las magníficas de la Real Academia Española (entre otras, la de don Antonio Rodríguez Moñino y la de Don Dámaso Alonso). La relación de las nuevas tecnologías, Paloma, con la literatura está llena de posibilidades tanto en la creación como en la lectura. Las posibilidades de los hipertextos y de los enlaces se abren como redes de posibilidades infinitas.

Blecua filólogo
¿Cómo ve el futuro de la filología?, ¿seguir por el camino erudito de la información culta o la más fría vía que modernamente se nos presenta e intuimos consistente únicamente en la enseñanza fría y cuasiautómata? [Pregunta de Angelus-Ruy] No sé cuál será el futuro de la filología; sigo pensando que el camino más enriquecedor es el de la comprensión del texto desde todos los puntos de vista. Es importante no pretender que todos los textos tienen idéntico camino de acceso: no es lo mismo un sermón del siglo XVII que el inicio de una novela ejemplar de Cervantes. En general, la creencia en los accesos únicos de los textos es lo que arruina todos los comentarios de textos que aparecen en las librerías. Si se me permite una aclaración: la filología nunca es fría, los que son fríos son algunos profesores o especialistas.

¿Cuáles son sus autores poéticos de cabecera? y ¿cuál es el último libro de ficción que ha leído? [Pregunta de Lola Pons] Mi querida Lola: Mis poetas preferidos cubren un amplio abanico que va desde la poesía de cancionero del siglo XV hasta creadores actuales como Eloy Sánchez Rosillo. Me detengo especialmente en Garcilaso, en Fray Luis, en Aldana, en Quevedo, en Góngora. Me interesaron muchos los autores del Siglo de Oro. Entre los autores del siglo XX tengo una especial devoción por Jorge Guillén. Disfruté mucho con la poesía de Álvaro Mutis en un curso en México. Tengo un montón de obras de ficción pendientes en estantes de mi casa madrileña, incluso tengo que escribir un prólogo a una obra de narradores leoneses. La última obra ha sido El lector de Julio Verne.

Philippe Roth habla en una de sus novelas, refiriéndose a la creación literaria, del placer de lo inútil. ¿Es hoy la literatura, la ficción, un trabajo -para el que lo hace,para el lector- inútil? [Pregunta de Pascual Garrido] No creo en modo alguno que la creación literaria sea el placer de algo inútil. Siempre recordaré la exclamación admirativa “¡Carajo!” en boca de un escritor americano al terminar la lectura de una obra de Kafka o la afirmación de Carlos Fuentes: “La literatura es un diccionario de pasiones”. La literatura abre un mundo, crea mundos maravillosos. A mí me han preguntado seriamente en una entrevista en televisión qué opinaba sobre la reconstrucción de la casa de Dulcinea, otra vez me han llevado a ver la casa del caballero del verde gabán en Villanueva y otra me han pedido que protestara por la falta de instalación eléctrica en la Cueva de Montesinos.

¿Quién le enseñó Historia de la Lengua, qué recuerdos tiene de aquellas clases y en qué sentido está presente hoy en su vida intelectual esta disciplina sobre la que versa nuestro blog? [Pregunta de Lola Pons] Yo tuve la suerte inmensa de cursar la asignatura de Historia de la Lengua con don Rafael Lapesa en la Universidad de Madrid. En Zaragoza, donde yo estudiaba, no había estudios de Filología Románica y tuve que ir a estudiar a Madrid por consejo de Francisco Ynduráin y de Ricardo Gullón. Nunca se lo agradeceré bastante. Las clases de Lapesa fueron extraordinarias por su calidad y por su sólida preparación. Don Rafael era un profesor muy exigente, dotado de una gran claridad expositiva y de unos conocimientos profundísimos. Tengo que confesar que en los primeros cursos en que fui profesor de esta materia imitaba en todo lo que podía a don Rafael. Luego, ya de profesor mayor, tuve muchísima relación con él y siempre me iba indicando qué artículos tenía que leer. Ahora, en el despacho de la Real Academia Española, tengo su retrato y su presencia me sirve de estímulo porque para mí siempre es un ejemplo vivo de ética y de honradez intelectual. Aprendí mucho con don Rafael, sobre todo el rigor en el trabajo y el esfuerzo. Después he aprendido mucho en conversaciones con los amigos: Juan Alcina Franch, Félix Monge, Emilio Alarcos, Francisco Rico, mi hermano Alberto, Aurora Egido, José Antonio Pascual, Juan Gutiérrez Cuadrado, Gloria Clavería… La Historia de la Lengua siempre ha estado presente en mis intereses y he trabajado mucho en aspectos muy concretos. En el año 1968 me encontré con una facultad nueva, con una universidad recién creada, y tuve que enfrentarme con la organización de las asignaturas, la creación de un fondo bibliográfico y con la necesidad de compaginar la filología tradicional (la Historia de la Lengua fundamentalmente) con las asignaturas nuevas de carácter teórico de la teoría generativista. Unos años después fundé un Seminario de Filología e Informática que ha dado excelentes frutos como recientemente la informatización del Diccionario de Corominas y Pascual, obra de Gloria Clavería. Tengo que confesar que me siento muy orgulloso de que en la Universidad Autónoma de Barcelona se sigan cultivando las lecciones y las investigaciones diacrónicas de la lengua española.

Publicado por LPR
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