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sábado, 5 de janeiro de 2013

LUIS HARSS












"Hay escritores que se echaron a perder"
En los años sesenta escribió Los nuestros, volumen que proyectó internacionalmente a los autores del Boom latinoamericano. En este diálogo, cuenta cómo aquel libro perjudicó sus propios proyectos literarios y critica acerbamente la Argentina de su juventud
Por Juan Cruz | Para LA NACION

De todos sus entrevistados, el que más le interesaba a Harss era Cortázar. Rayuela lo había deslumbrado, pero los libros que siguieron no lo entusiasmaron.
Madrid.- Luis Harss no sabe, no lo puede saber, e incluso puede que no quiera saberlo, el tesoro que dibujó escribiendo Los nuestros . Le encargaron un libro sobre la actualidad (una obra sobre lo que estaba pasando en la literatura hispanoamericana) y metió un mensaje en una botella que se ha encontrado, medio siglo más tarde, con los lectores del futuro. A medio camino, a partir de los años 80, cuando la literatura del sur de América empezó a interesar menos en España y quizás en el mundo, y el libro se dejó de imprimir, Los nuestros se convirtió en un tesoro inencontrable que algunos exhibíamos como trofeos raros cuando hallábamos ejemplares viejos en librerías antiguas. Ahora Alfaguara ha hecho que el libro aparezca de nuevo y ahí tenemos otra vez ese tesoro que fue una adivinanza en 1966, cuando apareció originalmente.
El impacto que producía el libro, cuando lo tenías en las manos por primera vez, era la abundancia de la literatura combinada con la perspicacia adivinatoria de Harss. Como si tuviera un periscopio privilegiado, aquel joven que entonces aún no tenía treinta años fue a encontrarse, uno a uno, con escritores latinoamericanos que tenían su edad, más o menos, y los puso, uno a uno, ante el esquema profuso, e informadísimo, de sus preguntas. Esos personajes habían publicado ya, pero su fama estaba marcada aún por la incógnita. Harss se atrevió con ellos, y ahí están, en la declaración inaugural de sus intenciones literarias, Vargas Llosa cuando tenía 30 años, Carlos Fuentes cuando tenía 34, García Márquez cuando tenía 38.
Entrevistarlos tenía el mérito de la curiosidad; la naturaleza del acertijo vino luego, cuando éste se produjo certero. Pero Los nuestros tenía un mérito anterior, acaso paralelo a los propios merecimientos de los autores que descubrió. Detrás de Harss, en su conocimiento y en su memoria, había un enorme bagaje cultural y literario, un conocimiento exhaustivo (y raro a su edad) sobre lo que había pasado en la narrativa del siglo XX (e incluso antes) de América Latina. Según él, en su prólogo, de esa historia iba a nacer una historia nueva, más cosmopolita y más abierta. Él atendió a los que ya habían escrito sus obras mayores (y eran mayores), como Juan Carlos Onetti, Alejo Carpentier, Jorge Luis Borges o Miguel Ángel Asturias, y se atrevió con sus adivinanzas. Ese prólogo que (como todo el libro) está intacto en la edición actual de Alfaguara muestra a un Luis Harss que domina lo que pasó y lo que pasa, y por tanto adquiere autoridad para sugerir qué va a pasar.
Descubrí el libro hace más de una década, mientras todavía era editor o acompañante de editores y de escritores. Desde entonces lo regalé, lo fotocopié para amigos (que no lo encontraban por ninguna parte), sugerí la reedición a colegas que hasta ahora mismo juzgaron prematuro hacerme caso...El resultado de esta pesquisa fue múltiple; un día me habló Tomás Eloy Martínez de su casual encuentro con Luis Harss, a quien entrevistó para adncultura en 2008; ahí cuenta Tomás lo que es cierto también en otros escritores con los que Harss se encontró para Los nuestros : todos preguntaban por él. Gabo quería saber qué había sido de él, Fuentes contaba cómo lo puso en contacto con Vargas Llosa, Mario recordaba cómo Harss, tan minucioso, había vuelto a su cuarto en París para repetir la entrevista que habían hecho algunas horas antes...
Harss estaba en el recuerdo de todos ellos como el hombre que los fijó en libro, y para los lectores que hubo después Los nuestros se convirtió en la enciclopedia a la que acudíamos para saber cuál había sido el minuto uno del Boom de la literatura latinoamericana. Gracias a Gerald Martin, el biógrafo de García Márquez, logré saber de él personalmente, y desde entonces he tenido el privilegio de tratarlo... por mail. "¿Cómo eras?", le pregunté para saber qué lo había llevado a esta adivinanza. Yo había leído un libro suyo extraordinario, entonces inédito, que se titula Momentos de vida . Es una obra de apariencia autobiográfica que dialoga con Pavese, con Kafka, con Beckett, con Onetti y con Fernando Vallejo, levanta las heridas de su melancolía con humor onettiano, y retrata a un personaje y su tiempo con una audacia sentimental sobrecogedora.
Lo que me dijo Harss: "¿Cómo era yo? Me crié con el primer peronismo. Un aparato de vida odioso (que ahora ha vuelto). Huí de la Argentina a los 16 años. No pensaba volver nunca. Vivía en inglés, aunque me transportaba de un lugar a otro (Estados Unidos, Centroamérica, Europa). De chico ya había ido a un colegio inglés, una especie de cárcel donde te daban palizas con una zapatilla mojada, pero me abrió el idioma. Después estudié en Stanford, en California. Anduve un poco despatarrado, pero muy lejos del mundo de habla española. No sabía nada de sus literaturas. En Buenos Aires nos torturaban con Lugones. Y teníamos que leer la novelita rosa de Eva Perón, La razón de mi vida . Las dictaduras, las vacunas con vidrios rotos, la música folklórica, la retórica fascista, la burocracia del rencor social me producían una especie de horror. Una vez, años después, conocí a la nieta de Lugones en una fiesta. Una flaquita muy cargada de culpas. Le pregunté si era la nieta del ' gran poeta' y me dijo: ' Sí, y la hija del torturador'. Bueno, para mí era todo un mundo de terror".
Ese camino no tuvo retorno. "Recuerdo que cuando puse los pies en Estados Unidos sentí por primera vez en mi vida que respiraba libre, que podía moverme y ser yo. Escribía en secreto desde siempre. Con letra cifrada y en inglés, para esconderlo. Un rincón de vida privada. En Estados Unidos me encontré por primera vez con un profesor que entendió lo que yo escribía, o el simple hecho de que yo escribiera (mi familia lo consideraba una aberración)."
Ahí nació Los nuestros . Pero antes había publicado dos novelas en inglés. "Tenía un pedacito de camino hecho. Los nuestros me distrajo. Lo agarré por curiosidad y porque necesitaba plata. Ya sabes que el libro lo hice en inglés, traduciendo las entrevistas. La idea fue de un editor de Nueva York, Roger Klein, que me pagó algunos gastos. Pero el verdadero envión me lo dio Rayuela , que no sólo me deslumbró (nunca había pensado que pudiera existir nada así en el mundo de habla española, ni mucho menos salido del abismo argentino), sino que también me pareció que tenía muchísimas afinidades con lo que yo llevaba embuchado."
Claro, era otra generación, concede Harss, "pero Cortázar también era un sobreviviente y sabía hacer comedia y metafísica con su angustia de expatriado. Sus pesadillas y sus monstruos eran los míos. Me encantó cuando en un poema decía: ' nacionalista, folklorista infeliz'. Me hubiera quedado muy tranquilo con Cortázar, pero tenía que hacer mi libro, pasé a otros escritores, hice mi deber. Nadie más me entusiasmó del mismo modo".
Pero trató de identificarse con la "nueva novela", como dice él. "Me adoptó como alma gemela Paco Porrúa, el editor y amigo de Cortázar en Buenos Aires. Me ayudó a ' españolizar' Los nuestros . Con él ' 'descubrimos' a García Márquez. Toda esa gente fue muy amable, me llevaron a uno y a otro. Y claro que descubrí muchas cosas inesperadas. Te hablo ahora no de la literatura sino de mi vida. Empecé a redescubrir algo perdido en mí, me entusiasmé, me confundí. Quise escribir en español yo también. No ser parte de la ' nueva novela' porque en realidad no sentía nada en común con esa gente y sus preocupaciones pero buscarme en mi idioma de infancia, estar y ser allí. Me causó un terremoto, perdí todo lo que tenía hecho en inglés."
Fue un libro decisivo para la historia de la "nueva novela", como dice él, y para los lectores que nos hicimos con el Boom , pero a él, dice, le salió caro. Anímicamente. "Pasé años recuperándome, después de que me di cuenta de que todo lo que hacía en español resultaba ' raro', no se entendía, tenía que permanecer secreto, fragmentario, otro yo. Ahora estoy muy lejos de todo eso otra vez, pero me persigue, como un malentendido sin solución. Cuando pienso en Los nuestros es como si fuera un invento, otra novela. Creo que así es como puedo llegar a entender que lo hice yo."
Le pregunté a Harss cómo ve ahora a esos escritores que contribuyó a descubrir. "Ahora leo por placer", dice. "Detesto las mafias, los movimientos, las ' generaciones'. Ya no me intereso en la ' literatura latinoamericana' sino en páginas que me gustan o me dicen algo. Como me sucede con libros de cualquier lado. Algunos de los ensayos, más que los cuentos, de Borges. La primera mitad de La vida breve , de Onetti. Los cuentos de Felisberto Hernández. Y siempre Cortázar, no me olvido de ese ' capítulo prescindible' de Rayuela donde Oliveira (o el autor), en París, sueña con un pan francés, pero es un pan francés de Buenos Aires. ' Las grandes novelas totalizadoras' no me interesan. Esto, obviamente, no es un criterio crítico, una valoración, sino un gusto personal. A algunos escritores los he seguido, más o menos, a otros no."
Por ejemplo, lo decepcionaron, dice ahora Harss, "las novelas que escribió Cortázar después deRayuela , no eran lo que yo esperaba de él. Jugó mal, se perdió en chistes, después se politizó, lo sedujo la ilusión de volver del exilio, de ser ' alguien' en su continente perdido. Creo que hasta se arrepintió de no haber sido peronista en su momento. He admirado páginas de algunos de los descendientes de la ' nueva novela': Tomás Eloy Martínez, Roberto Bolaño. Sin empecinarme, lo que me depara la casualidad. Desde fuera de ese mundo. Y me he ido olvidando de los otros. En algún caso podría citar a Scott Fitzgerald que decía: 'No hay segundos capítulos en las vidas americanas'. Escritores que dieron algo que nunca volvieron a alcanzar, se aburrieron o se echaron a perder. Es un comentario general".
Traducción: Anne-Hélène Suárez Girard

DÉCIO PIGNATARI


Décio Pignatari, voz singular de la poesía brasileña

El escritor era una referencia indudable para varias generaciones de poetas de su país, quienes le destacaban como una de las inteligencias decisivas más incisivas del siglo XX
ANTONIO SÁEZ DELGADO PARA EL PAÍS.ES

El pasado día 2 de diciembre fallecía en São Paulo (Brasil) el poeta Décio Pignatari, una de las voces más singulares de la literatura brasileña del siglo XX. Nacido en 1927. Pignatari pertenecía por derecho propio a ese conjunto de poetas que alternaba lúcidamente su obra individual (con títulos tan significativos como el inaugural Carroussel, de 1950, o Poesia pois é poesia, de 1977) con una obra colectiva como miembro del célebre grupo vinculado a la revista Noigandres, fundamental para comprender el nacimiento y el desarrollo de la poesía concreta brasileña e internacional.
Poeta, ensayista y traductor, pero también abogado y profesor, Décio Pignatari vivió con frecuencia en un segundo plano en relación a los otros fundadores del Concretismo, los hermanos Augusto y Haroldo de Campos, cuya conexión con la cultura popular de su país, casi siempre a través de la música, les granjeó una visibilidad pública notoria. Fundado en los años cincuenta, el Concretismo nace con la voluntad de manifestarse no solo en el ámbito de la poesía, sino también en el de la música o las artes plásticas, rechazando las fórmulas expresionistas y la abstracción lírica. Los hermanos De Campos y Pignatari propusieron crear un nuevo lenguaje que acabara con la distancia entre forma y contenido, con la convicción de que el mensaje se encuentra con frecuencia en la superficie del poema. Pignatari crea así un universo poético en el que concede a la visualidad un papel esencial en su obra, con una perspectiva en la que bien pudo tener que ver su interés por la teoría de la comunicación y el diseño.
Referencia indudable para varias generaciones poetas de su país, quienes le destacaban como una de las inteligencias más incisivas del siglo XX, solo es posible alcanzar a comprender la dimensión de las propuestas estéticas de Pignatari si articulamos las diferentes facetas que desarrolló como creador: fue uno de los padres del Concretismo, sí, pero también fue traductor de Dante, Shakespeare y Goethe y un peculiar y lúcido inventor de diseños y artificios visuales en diálogo con la poesía. Sin duda, una página notable de la historia de la cultura brasileña del siglo XX.



MEREDITH HAAF

Otra forma de ser joven
Por Verónica Chiaravalli | LA NACION

Habla desde su propia generación y en el corazón de la Europa todavía rica, donde se gestó el problema. El libro de Meredith Haaf (Múnich, 1983) Dejad de lloriquear. Sobre una generación y sus problemas superfluos apareció en España, publicado por el sello barcelonés Alpha Decay (la traducción es del argentino Patricio Pron), y causó revuelo: en el país donde todos protestan contra las políticas económicas restrictivas, el ensayo de Haaf llama la atención sobre un sector peculiar de disconformes, los jóvenes, entre quienes campea un malestar difuso que tendría su origen, paradójicamente, en el exceso de riqueza.

Haaf ha estudiado historia y filosofía y defiende una posición crítica de la generación que hoy tiene entre 22 y 32 años. En distintas entrevistas ha señalado que se trata de jóvenes que lo han tenido todo, académicamente sobreeducados pero incapaces de volcar esos conocimientos en la esfera pública; sobreprotegidos y dependientes de sus padres porque, a las dificultades para encontrar trabajo se suma, según Haaf, el hecho de que no se sienten responsables de sí mismos. Aquí vale aportar el punto de vista de la antropóloga mexicana Rossana Reguillo. En su libro Culturas juveniles. Formas políticas del desencanto observa que la demora del ingreso de los jóvenes en el mundo del trabajo respondió a una estrategia. El aumento de la esperanza de vida y el retraso de la vejez alcanzados en la posguerra por los países desarrollados hizo necesario postergar la incorporación de las nuevas generaciones al mercado laboral para mantener equilibrada la situación de las poblaciones económicamente activas, "lo cual implicaba que los jóvenes fueran retenidos durante un período más largo en las instituciones educativas. La ampliación de los rangos de edad para la instrucción no es sólo una forma inocente de repartir el conocimiento social, sino también, y principalmente, un mecanismo de control social", afirma Reguillo.
Pero volvamos a Haaf. Acaso lo más curioso sea su visión del campo virtual. En diálogo con Kiko Amate considera lo que ocurre en la Red, en la que su generación gasta horas, un "tsunami de banalidad". Dice: "La comunicación se ha convertido en un fin en sí mismo que domina el mundo en que vivimos. La sensación es que siempre hay alguien dirigiéndose a ti, y que siempre tienes que responderle. La gente se ha acostumbrado a decir cosas sin que existan consecuencias directas de ello". Y concluye: "Estoy escribiendo un manifiesto que urge a borrarse de Facebook. Todas esas compañías han pasado a formar parte de nuestras vidas, alterando la forma en que nos comunicamos con los amigos y la forma en que sentíamos que formábamos parte del mundo. Hoy, si no estás en Facebook, la gente te espeta: ¿Dónde te metes?'. Es como una adicción". Los mayores de 32 que siempre se han sentido ajenos a la lógica de las redes sociales ya pueden dejar de verse como especie en extinción..

LITERATURA



Murakami, Muñoz Molina, Vann, Gimferrer y Falcones, en las novedades de 2013

Este año habrá una nueva traducción completa de 'Los miserables' (Castalia) de Víctor Hugo; y Anagrama ofrecerá la edición definitiva de 'Queer', de William Burroughs

Barcelona. (EFE/José Oliva).-
Las últimas creaciones de Murakami, Antonio Muñoz Molina, Pere Gimferrer,
David Vann, Amélie Nothomb, Denis Lehane, Carmen Posadas o Ildefonso Falcones destacan en las novedades editoriales que llegarán a España en el primer trimestre de 2013.
La narrativa internacional estará encabezada por Después del terremoto (Tusquets), de Haruki Murakami, que surgió del terremoto de Kobe de 1995; así como por Matar al padre (Anagrama), de Amélie Nothomb; Americana (Seix Barral), de Don DeLillo; El cuerpo humano (Salamandra), de Paolo Giordano; o Cómo todo acabó y volvió a empezar (Roca), de E.L. Doctorow.
Del panorama internacional destacan también Tierra (Mondadori), de David Vann, que abandona la Alaska de Caribou Island para trasladarse a la soleada California; Cuerpos extraños (Lumen), de la veterana Cynthia Ozick; el tercer libro de crónicas de António Lobo Antunes (Mondadori); y El Condotiero (Anagrama), novela inédita de
juventud de Georges Perec.
En este trimestre también llegarán Vida y opiniones del perro Maf y de su amiga Marilyn Monroe (Alba), de Andrew O'Hagan; Hijos de la luz (Libros del Silencio), de Robert Stone, el gran continuador de la generación Beat; Buda en el ático (Duomo), de Julie Otsuka; Personas como yo (Tusquets), de John Irving; y Paradise Postponed (Libros del Asteroide), de John Mortimer.
Ya en abril, Ediciones B publicará La isla de las mil fuentes, primera entrega de una nueva trilogía de la superventas Sarah Lark. ambientada en esta ocasión en Jamaica.
En la cosecha de narrativa española destacan Alma Venus, de Pere Gimferrer; Todo lo que era sólido, de Antonio Muñoz Molina; Oficio de lector, de José Manuel Caballero Bonald, y La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero, todas en Seix Barral; El azar de la mujer rubia (Alfaguara), de Manuel Vicent; y El traspié.
Una tarde con Schopenhauer (Anagrama), de Fernando Savater.
Otras novedades serán En la orilla (Anagrama), de Rafael Chirbes; La casa del silencio (Grijalbo), de Blanca Busquets; Constructores de monstruos (Alpha Decay), de Javier Tomeo; Campos de amapola antes de esto (El Aleph), de Lolita Bosch; y la nueva novela de Albert Espinosa (Grijalbo), aún sin título.
Fábulas del sentimiento (Alfaguara), de Luis Mateo Díez, reunirá su serie narrativa completa en una suerte de homenaje a las Novelas Ejemplares de Cervantes en el cuarto centenario de su publicación; mientras que La puerta entreabierta (Tusquets), supondrá un nueva vía literaria de Cristina Fernández Cubas bajo el seudónimo
de Fernanda Kubbs.
La ficción latinoamericana estará representada por las novelas Historia del dinero (Anagrama), de Alan Pauls;
Las poseídas (Tusquets), de Betina González, ganadora del VIII Premio Tusquets; Los fantasmas (Mondadori), novela inédita del argentino César Aira; Óscar y las mujeres (Alfaguara), de Santiago Roncagliolo; y 35 muertos (Alfaguara), del colombiano Sergio Álvarez.
Además de por Un asunto sentimental (Alfaguara), del peruano Jorge Eduardo Benavides y de La vida interior de las plantas de interior, (Mondadori), de Patricio Pron.
Los amantes de la novela policíaca disfrutarán con Un mar oscuro (Ediciones B), de Anne Perry; En la oscuridad (RBA), de Ian Rankin; Los terroristas (RBA), de Maj Sjöwall y Per Wahlöo; La caza del tesoro (Salamandra) de Andrea Camilleri; Vivir de noche (RBA), de Dennis Lehane; Los años perdidos (Plaza & Janés), de Mary Higgins
Clark; Un soplo de aire fresco (Mondadori), de Don Winslow; o Palabras rotas (Roca), de Karin Slaughter.
Sin abandonar el género policíaco también serán novedades El verano del comisario Ricciardi (Lumen), de Maurizio di Giovanni; Sacrificio a Molok (Seix), de Asa Larsson; Lo que esconden las nubes oscuras (Roca) y 1222 (Mondadori), de Anne Holt; Faithful Place (RBA), de Tana French; El corredor de madera (Libros del
Silencio), de Giorgio Manacorda; y Una muerte solitaria (Siruela), de Craig Johnson.
El género negro español tendrá ilustres autores como Alicia Giménez Bartlett con Nadie quiere saber (Destino), primer caso de Petra Delicado en Roma; Francisco González Ledesma con Peores maneras de morir (Planeta); Sierra i Fabra con Dos días de mayo (Plaza & Janés) y su ex inspector Miguel Mascarell; Andreu Martín con
Sociedad negra (RBA); y César Pérez Gellida con Memento mori (Suma).
En la novela histórica destacan El testigo invisible (Planeta), de Carmen Posadas; Amo y Dios (Edhasa), con la que Lindsey Davis vuelve a la antigua Roma sin Marco Didio Falco; El festín de John Saturnall (Galaxia Gutenberg), de Lawrence Norfol; El aventurero Vivar (Roca), de David López; Mi querida Inés (Suma), de Margarida Rebelo Pinto; y El problema de Spinoza (Destino), de Irvin D. Yalom.
Ildefonso Falcones, autor del superventas La catedral del mar, publicará una nueva novela histórica en febrero, sobre la que la editorial Grijalbo mantiene el secreto de su temática y título.
El fiordo de la eternidad (Duomo), de Kim Leine; Soldados de honor (La Esfera), de Adrian Goldsworthy; El informe Müller (Umbriel), de Antonio Manzanera; La hermana de Freud (Alfaguara), de Goce Smilevski; y Los pájaros de Auschwitz (Salamandra), de Arno Surminski, serán otras novelas históricas que se publicarán este trimestre.
En la edición de clásicos de la literatura, RBA publicará Jóvenes corazones desolados, de Richard Yates, inédito en castellano; Siruela editará Las aventuras del caballero Des Grieux y de Manon Lescaut, de François Prévost; y Austral Los niños, una antología de relatos y capítulos de novelas de Miguel Delibes en los que los niños juegan un papel determinante.
Asimismo habrá una nueva traducción completa de Los miserables (Castalia) de Victor Hugo; y Anagrama ofrecerá la edición definitiva de Queer, de William Burroughs, en el 25 aniversario de su primera publicación.


Leer más: http://www.lavanguardia.com/libros/20130103/54358790570/murakami-munoz-molina-vann-gimferrer-falcones-novedades-2013.html#ixzz2GuSsjFI7
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LITERATURA








El mapa literario de América Latina
Por Verónica Chiaravalli | LA NACION


En esos encuentros multitudinarios que aquí y en el mundo suelen organizarse como ferias del libro, ocurren hechos que no merecen caer en el olvido pero que la fugacidad de las cosas deja al margen del registro diario. Para subsanar ese desacierto la Fundación El Libro ha tenido una buena idea: junto con la editorial Teseo, compiló en un libro electrónico, que ya se ha publicado, las ponencias, preguntas y opiniones que, durante la edición 2012 de la feria y en el transcurso de once reuniones sucesivas, intercambiaron cuarenta y siete escritores y periodistas de distintos países en el ciclo que ahora también da nombre a la publicación: Diálogo de escritores latinoamericanos .
Entre los participantes, distintas generaciones, estéticas y nacionalidades: Selva Almada, Félix Bruzzone, Oliverio Coelho, Marcelo Cohen, Carlos Cortés, Alejandra Costamagna, Alejandro Zambra, Iosi Havilio, Martín Kohan, Guadalupe Nettel. Entre los temas, algunas cuestiones ineludibles en estos tiempos (la influencia de las redes sociales y los adelantos tecnológicos en la escritura, las tensiones entre las distintas variantes del español), pero también las bestias negras de siempre: una geografía que trasciende su condición de escenario para pesar como tema dominante -muchas veces animada por los resabios del realismo mágico- en la novelística de la región; la presencia de la política en la literatura; la relación siempre conflictiva de los creadores actuales con el panteón que, desde los tiempos del boom , integra el canon, y aun con la posibilidad misma de establecer un canon nuevo.
De la lectura del libro emergen diferentes visiones de América Latina. Una de ellas, la más potente entre los escritores, es la que se trama con nuestras experiencias como lectores más que como circunstanciales viajeros, experiencia a veces esquiva, coinciden los autores, dado que la relación entre las literaturas de la región no es (paradójicamente, en tiempos de la gran Red) reticular, sino radial, con España como nudo de redistribución. En ese sentido, Martín Kohan señaló que en estas tierras los escritores viajan más que los libros. Claro que no está mal que los escritores viajen, pero el diálogo sería sólo una ilusión "si detrás de esta circulación personal no estuvieran los libros o, más que detrás, adelante, para tomar contacto genuino con los lectores".
Una noche, entre el público surgió una pregunta sin destinatario específico: "¿Qué buscan cuando escriben?". La sencilla respuesta del costarricense Carlos Cortés cortó el aliento en la sala: "Bueno, es una pregunta fácil. Yo escribo para averiguar por qué mi madre me ocultó el asesinato de mi padre. Fue el gran misterio de mi familia y a partir de ahí empecé a escribir"..



CASTELLANO









Nuestra primera clase de castellano, en el útero

C. G.CRISGARRIDOP / MADRID

Los bebés son capaces de diferenciar los sonidos vocálicos de su idioma nativo a las pocas horas de nacer

REUTERS


El aprendizaje de la lengua materna, en nuestro caso el castellano, comienza cuando aún estamos en el útero. Una nueva investigación de
la Universidad de Washington ha desvelado que los bebés son capaces de diferenciar los sonidos de su idioma nativo de los de una lengua extranjera
a las pocas horas de nacer.
Los mecanismos sensoriales y cerebrales de la audición se desarrollan a las 30 semanas de gestación y la nueva investigación muestra que los fetos
escuchan a sus madres hablar durante las últimas diez semanas de embarazo.
«La madre tiene el privilegio de ser la primera en influir en el cerebro del niño», asegura Patricia Kuhl, coautora y codirectora del Instituto para el
Aprendizaje y Ciencias del Cerebro de la Universidad de Washington. «Los sónidos vocálicos de su discurso son las unidades más fuertes
y el feto se queda con ellos», explica.
Previamente, los investigadores habían demostrado que los bebés nacen preparados para aprender y comienzan a discriminar entre los sonidos del
lenguaje durante los primeros meses de vida, pero no había evidencias de que el aprendizaje comenzara en el útero.
«Este es el primer estudio que muestra que los fetos aprenden antes de nacer los sonidos particulares del idioma de su madre», afirma Christine Moon,
autora principal de la investigación, que será publicada en el próximo número de la revista «Acta Paediatrica», y profesora de Psicología en la Universidad
de Tacoma, Washington.
Recién nacidos de Tacoma y Estocolmo
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores reclutaron a cuarenta niños y niñas de apenas 30 horas de vida en Tacoma y Estocolmo.
Los bebés escucharon sonidos vocálicos en su lengua materna y en idiomas extranjeros.
Su interés en los sonidos fue medido por el tiempo que succionaban un chupete conectado a un ordenador. La succión era más larga o más corta
dependiendo de si el sonido les era familiar o no. En ambos países, los bebés recién nacidos succionaron más tiempo cuando escucharon el
idioma extranjero que cuando se trataba de la lengua materna.
Los investigadores afirman que los niños son los mejores alumnos, y descubrir cómo absorben la información podría dar información sobre el
aprendizaje a lo largo de la vida. «Queremos saber qué magia se pone a trabajar en la infancia temprana que desaparece en la edad adulta», señala Kuhl.

EL NUEVO CAMPO DE LA CULTURA




Hacedores, espectadores, productos y espacios culturales han cambiado en este siglo. Se produjo una mutua exigencia que derivó en más y mejores expresiones de la literatura, el cine, el teatro, el arte y en la gastronomía. “La política ya no determina identidades absolutas”, sostiene Wortman.
POR INES HAYES

Ser culto es tener nuevos saberes, sabores y habilidades para lo nuevo en una ciudad que se transforma permanentemente. Esa es una de las conclusiones a la que llega la socióloga Ana Wortman en su reciente compilación Mi Buenos Aires querido, entre la democratización cultural y la desigualdad educativa(Prometeo). Se trata de un trabajo en el que, además, escriben Natalia Garrido; Marina Ollari; Juan P. Temelini; Mariana Cerviño; Bárbara Guerschman; María E. Correa; Guillermo M. Quiña; Daniela Szpilbarg; Ezequiel Saferstein; Liliana Mayer; Inés Rodríguez Moyano y Rodrigo Hobert. Allí, Wortman analiza cuestiones como la manera en que el consumo se ha transformado en una amplificación de la producción cultural, el cambio en la valoración social de lo que significa ser culto a causa de la irrupción de las nuevas tecnologías y sus repercusiones en la vida cotidiana, entre otras cuestiones a las que aquí se refiere.

-En la introducción del libro afirma que el consumo se ha transformado en muchos casos en producción cultural, ¿cómo explica este fenómeno?
-Según señalan los especialistas en impacto cultural de las nuevas tecnologías de la comunicación y la información, éstas habilitan a las personas a ser no sólo consumidoras de lo que otros –pocos producen– sino también ser productoras de bienes culturales. Los blogs, las redes sociales, la digitalización de información permite que personas no especialistas en un primer momento, comiencen a producir cultura. El cine documental se ha desplegado intensamente en las últimas dos décadas y es consecuencia, por un lado, del abaratamiento de las filmadoras y también de que vivimos en una cultura audiovisual donde los discursos, los decimos mejor con imágenes en movimiento. Las nuevas generaciones han nacido en esta cultura, aunque ya ahora todos formamos parte de ella. Por otra parte, de acuerdo a cierta concepción vigente de democratización de la cultura, las políticas culturales que fueron eje en los 80 pasaron de estar orientadas inicialmente a ampliar el consumo de unos pocos productores culturales legítimos, a otro direccionamiento que pone el acento en generar o fortalecer a dichos productores, en consonancia con esta idea de prosumidor derivada de la lógica de las nuevas tecnologías. Esto ha provocado una producción y un consumo más diverso y una resignificación de los patrones de legitimación cultural. Un ejemplo de esta cuestión se puede visualizar en los centros culturales autogestionados que han proliferado en la Ciudad de Buenos Aires. En estos espacios, de diversa naturaleza, se rechaza el concepto de público, de espectador ya que quienes van a estos lugares también se forman como músicos, cantantes, bailarines... Esta transformación se ve en el campo del diseño: hay un artículo en el libro de María Eugenia Correa donde se habla específicamente de estos productores culturales en términos de nuevos trabajadores culturales, lo cual redefine el concepto de trabajo por un lado, pero también el de artista y el vínculo con la cultura inicial.

-¿Cómo se modificó la valoración social de lo que significa ser culto a partir de la irrupción de las nuevas tecnologías?
-La recepción y apropiación o consumo de los bienes culturales como los libros, la música, el cine, esto es, los bienes producidos por industrias culturales, se modifica a la par de las nuevas tecnologías. Se ha modificado la manera de ver, de percibir, de disfrutar los bienes culturales, nuestra sensibilidad y atención es otra. También existen otros aspectos de la cultura que no se modifican tan radicalmente por las tecnologías, como las artes plásticas. Observamos más cómo la fotografía y el video arte ocupan lugares cada vez más significativos y menos aún, el teatro y la danza. Pero sí es clave que en general se han modificado, desde el punto de vista del sujeto, las formas de percepción de los bienes culturales. La pregunta sobre qué significa ser culto surge en el contexto de la modernidad como consecuencia de la existencia de patrones de jerarquización de los bienes culturales y/o artísticos que los legitiman y clasifican en distintos lugares de la alta o la baja cultura. En la posmodernidad los patrones de clasificación y o jerarquización cambian, lo cual no significa que no haya bienes más o menos legítimos dentro de ciertos cánones (siempre los va a haber en las producciones culturales porque su existencia depende de juicios de calificación y legitimación), pero ahora son otras. A su vez, una persona culta en la sociedad contemporánea argentina es una persona que se piensa a sí misma en un espacio más desterritorializado, menos nacional, con manejos de una diversidad de saberes, y también de habilidades para conseguir información. Una persona culta hoy es también la que posee una gran capacidad para manejar información y actualizarse permanentemente. La cultura se amplía, no sólo se funda en poseer un saber determinado sobre los bienes legítimos de la modernidad sino sobre los de la modernidad tardía y es allí donde es fundamental el manejo de las nuevas tecnologías. Yo pienso que no sólo hay nuevos bienes que pasan a reemplazar a los anteriores, sino que también cambia su significado cultural. En la era del e-book, el libro no tiene el mismo significado que antes. Se lee de otra manera porque desde que existe la computadora las formas de representación han cambiado. Eso se verifica con las tablets. En las últimas encuestas sobre consumo cultural aparece que quienes más leen en tablets son los más lectores y los que también compran libros, lo cual expresa que quienes consumen más libros son aquellas personas con más capital económico y educativo. Ir al cine no significa lo mismo ahora que podemos verlo online, bajarlo y guardarlo en la computadora, comprarlo vía piratería, ir al cine club o verlo en multicines. Hoy los individuos tienen una percepción más amplia del espacio y del tiempo, de allí que lo ‘culto’ no es sólo lo que en el caso argentino estuvo vinculado a la sensibilidad hacia la cultura francesa y en relación a la música a la cultura alemana o italiana, sino que ese espacio mundo se amplía hacia la cultura no occidental, se redefinen los centros y las periferias, las fronteras del buen gusto. En las formas de legitimación de las también transformadas clases medias y altas aparece entonces la cuestión de los viajes, una masificación del aprendizaje de idiomas así como el saber comer y beber. Esto último también se modifica en forma vertiginosa porque cambia la valoración de la comida, sus combinaciones, la presencia de lo oriental: todo eso hace a las personas cultas. Ser culto entonces está asociado a una capacidad de incorporar nuevos saberes, sabores y tener habilidades para lo nuevo y lo distinto, lo único y personal.

-Hasta la educación se ha transformado en un bien mercantilizado, ¿qué consecuencias produce este cambio en la sociedad?
-Se ha producido una enorme diversificación de la oferta educativa respondiendo a una multiplicidad de necesidades. Lamentablemente la democratización educativa aún es una deuda de la democracia, que sólo podría saldarse fortaleciendo la educación pública, como lo fue en otro momento de la Argentina, teniendo en cuenta los cambios sociales, culturales y lo que debería formar parte del patrimonio de la escuela. Actualmente se evidencia una gran fragmentación y si bien hay renovación en la escuela pública en términos de contenidos, hay escasez de presupuesto y cierta inestabilidad institucional, lo cual hace que la gente envíe a sus hijos a escuelas privadas de diverso tipo. Yo veo una contradicción entre los valores que muchas de estas escuelas privadas pretenden transmitir en términos de ciudadanía e inclusión y democratización cultural en el orden de la vida cotidiana con el hecho de que ello se haga en espacios privados que dependen de una cuota mensual entre iguales. El discurso de la diversidad cultural y la diferencia hace agua en las escuelas privadas que pretenden ser progresistas.

-El acceso a las nuevas tecnologías aparece como una ilusión de horizontalidad, pero según Pierre Bourdieu depende del capital simbólico de cada uno, ¿cómo lo analiza usted?
-Efectivamente no va a ser igual o semejante la apropiación que pueden hacer personas con mayores niveles educativos con respecto a personas que no tengan instrucción formal. Sin embargo, hay algunas investigaciones que demuestran que las apropiaciones son diversas según las prácticas y la vida cotidiana. Si bien el capital simbólico, la formación, la trayectoria, los imaginarios familiares y el clima cultural de la primera infancia inciden en las formas de apropiación, en el contexto de la globalización cultural no podemos hablar del capital cultural como un ámbito inmaculado y rígido que garantiza un lugar social de una vez y para siempre. En un mundo que cambia permanentemente, el capital cultural también debe ser actualizado. Podría suceder que aunque uno haya tenido un mundo simbólico muy rico en la infancia y en la adolescencia, sino se adapta a la nueva forma de pensar, trabajar, sociabilizarse y moverse que demanda el mundo contemporáneo, ya no serviría para un mejor aprovechamiento de las nuevas tecnologías y las nuevas ocupaciones y ocupar lugares “legítimos”.

-En su artículo “Nuevas clases medias y tecnología” dice que si en los 90 uno de los factores de estratificación era poder “escapar de la ciudad” en busca de la “vida verde”, hoy ese símbolo está dado por la búsqueda de “ser uno mismo”, ¿cómo se dio esa transformación y qué cambios conlleva en la ciudad?
-En los 90 circulaba un imaginario que fue paradigmático del american way of life de años atrás; el sueño americano de habitar los suburbios como una forma de refugio y de búsqueda comunitaria del lazo social perdido en la ciudad que se vuelve hostil. Las dificultades de viajar cotidianamente al centro en nuestro universo local, hicieron que se debilitara ese imaginario frente a nuevos discursos globalizados que vuelven a colocar los consumos culturales y cierta cultura de las salidas como emblema de revitalización urbana. Las nuevas tecnologías acompañan cierta personalización de los consumos y una apropiación individual según las prácticas laborales y culturales cotidianas. Hay zonas urbanas que reflejan una oferta de servicios orientados a una nueva estructura de sentimiento más individualizada tanto en términos de hábitat, como de cuidado del cuerpo, de espacios estetizados para la buena comida y la buena bebida, etcétera.

-¿Cómo ha transformado la vida cotidiana el hecho de que el trabajo y el tiempo libre no estén delimitados como en la sociedad industrial?
-Sí. Se evidencia una nueva manera de vivir el tiempo, donde no hay límites precisos entre una cuestión y la otra, aun en vacaciones. También los tiempos de las vacaciones son más cortos. La dinámica laboral just in time (producir según la demanda) impregna todas las áreas e incide en el ritmo de vida cotidiano. Las nuevas tecnologías acompañan esta nueva lógica laboral. Obviamente en los trabajos inmateriales, el trabajo manual está desvinculado de las nuevas tecnologías lo cual no implica que las clases trabajadoras no estén vinculadas con esas nuevas tecnologías.

-Otro punto de tensión es que en la sociedad posindustrial no es el trabajo fijo ni la pertenencia política la que define la identidad de los sujetos sino sus consumos culturales y sus estilos de vida...
Considero que el trabajo determina cada vez más las identidades sociales, en particular en las clases medias profesionalizadas hacia arriba y demás que los consumos culturales y los estilos de vida acompañan la construcción de identidad y se encuentran en relación con la construcción permanente de una identidad laboral individualizada. Se manifiesta una ética laboral como una estética: en la forma de vestir, de consumir tecnología, de lugares donde salir, de cómo relacionarse afectivamente. Es evidente que la política ya no determina identidades absolutas como décadas atrás, pero en el caso de la Argentina está presente en las prácticas cotidianas. Se observa en ciertos sectores sociales más preocupación por el logro individual que el social y se piensa la política desde esa perspectiva, entre la tensión clásica: libertad e igualdad.
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