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domingo, 20 de janeiro de 2013

PREMIOS LITERARIOS







Mil y un malentendidos acerca de los premios literarios
Por Maximiliano Tomas | Para LA NACION



Hace mucho, mucho tiempo, cuando estaba encargado de la sección Cultura de un diario de tirada nacional (¡siete años martillando la mente de los pobres lectores! No me he confesado aún por esos pecados), sabía que todas las primeras quincenas de octubre iba a tener la misma discusión con los responsables de aquel periódico: ellos estaban convencidos de que la tapa del suplemento debía estar dedicada al flamante ganador del Premio Nobel de Literatura, y yo insistía en que a nadie le importaba el Nobel ni ningún otro premio literario, y que como éramos un medio que se movía con libertad de compromisos ideológicos o comerciales, bien nos convendría a nosotros fijar la agenda, decidir qué vendría a ser lo relevante dentro de los estrechos márgenes del campo cultural. Muchas veces me tocaba perder (finalmente, para algo se inventaron las jerarquías), algunas otras ganar, pero nada me libraba de escuchar la misma argumentación una y otra vez: ¡nos debíamos a nuestro público! ¡A la hora del sumario teníamos que pensar en la gente más que en nuestros propios gustos! (Creo recordar que escuchaba "público", "gente", "consumidores", porque no me viene ahora a la mente la palabra "lectores"). ¿Cómo convencerlos de modificar una de esas antiguas y fatigosas convenciones del periodismo, cómo decirles que nada nos obligaba a celebrar sin discusión las decisiones de un comité radicado en Estocolmo, herederos financieros del inventor de la dinamita, que le habían negado el reconocimiento a escritores como Proust, Pound, Joyce, Nabokov o Borges?
Los premios literarios sirven, en general, para cosas muy diversas. Y son relativamente pocos los que están libres de sospecha. No digo ninguna novedad. Los fallos de los premios nunca podrán aparecer como la última determinación de un proceso impoluto, ajeno a las influencias y las maledicencias, porque bien que mal se trata del resultado de un juicio subjetivo (la valoración de un jurado) sobre algo tan permeable y ajeno al pensamiento científico como el gusto sobre las obras literarias.
En algunos casos, las empresas editoras utilizan estos certámenes (y el premio en metálico prometido como recompensa) como vía de contratación de autores que publican en sellos de la competencia, o como campaña de marketing para promocionar a alguno de sus bestsellers (se me ocurre ahora una regla de evaluación para premios literarios de cierta efectividad: cuanto más dinero hay en juego, menos transparente será el proceso de otorgamiento de ese premio). Tan difundido está todo el asunto, que se pueden escribir artículos en la prensa masiva española que comiencen de esta manera:"Que muchos de los premios literarios comerciales en España suelen tener poco de competitivos y mucho de precocinados no es ni siquiera un secreto a voces, sino una realidad constatada a menudo. Por cada autor revelación que se abre paso a través de los filtros de los lectores profesionales y, finalmente, de un jurado prestigioso, ¿cuántos responden a una estrategia de relanzamiento comercial, o a la necesidad de fidelizar a un autor de la casa garantizándole un plus, o son simplemente una forma de fichar a un autor de la competencia, que los implicados conocen muchos antes de que los originales lleguen a las manos del jurado, que queda digamos que en mal lugar? Muchos. Entre los fichajes vía premio, solo en lo que va del año, se pueden recordar los de Álvaro Pombo (de Anagrama a Destino vía Premio Nadal, operación que ya había efectuado anteriormente a través del Premio Planeta) o Javier Calvo (de Mondadori a Seix Barral vía Premio Biblioteca Breve)".
La finalidad más amable y menos controversial de los premios suele ser la de cuando sirven para descubrir autores nuevos o inéditos (el del Fondo Nacional de las Artes que se otorga como estímulo a la publicación, o el de editoriales más pequeñas como el Indio Rico), cuando sirven para iluminar la obra de un escritor desconocido por el gran público (el Herralde a Roberto Bolaño en 1998 por Los detectives salvajes, por poner apenas un ejemplo), el que reconoce la trayectoria de un autor a través de alguna de sus obras (el Premio de la Crítica que organiza la Fundación El Libro) o los Municipales y Nacionales, a través de los cuales los artistas de diversas disciplinas reciben una mensualidad para continuar haciendo lo que mejor saben.
En algunos casos, las empresas editoras utilizan estos certámenes (y el premio en metálico prometido como recompensa) como vía de contratación de autores que publican en sellos de la competencia, o como campaña de marketing para promocionar a alguno de sus bestsellers
El peor efecto, sin dudas, de estos mismos premios, es que por lo general sirven de alfombra para hacer que la literatura ingrese de lleno en el barroso terreno de las noticias del espectáculo, cuando no de las meramente policiales. Solo durante el año que pasó se tipearon miles de páginas y se invirtieron millones de bits para consignar las controversias sobre la adjudicación del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances por el peruano Alfredo Bryce Echenique (acusado de plagio), o el rechazo de Javier Marías (tímida emulación de la gambeta que Jean-Paul Sartre le hiciera al jurado del Nobel en 1964) a recibir el Premio Nacional de Narrativa que otorga el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España por su novela Los enamoramientos.
Hace dos días me llegó un mail de un amigo escritor, que me decía que quería compartir un link con "lo mejor que vi en televisión en los últimos años". Se trataba de la cobertura, por parte del noticiero de la Televisión Española, de la entrega del Premio Nadal, el galardón literario comercial más antiguo de aquel país, que se concede desde 1944. Esta vez le había tocado recibirlo al periodista y escritor catalán Sergio Vila-Sanjuán (director del suplemento Culturas del diario La Vanguardia), por su novela Estaba en el aire. Pero en la pantalla gigante detrás de la presentadora del programa, para ilustrar la reciente noticia, aparecía bien grande el retrato del tenista mallorquín Rafael Nadal.
Más allá del lapsus del pobre videographista del noticiero (que espero no se haya visto obligado a engrosar la larga lista de desocupados españoles; al fin y al cabo errores análogos se cometen en la prensa especializada argentina a diario: ¡Eugenio Nadal, Rafael Nadal, qué más da, si al final seguro que son parientes!), quizá no sea desacertado pensar en el episodio como un síntoma de la verdadera relevancia que el público en general le da a los premios literarios. Es decir, casi ninguna. Ahora que lo pienso, voy a reenviarles la noticia a mis compañeros de aquel periódico, para que los que pensaban como yo tengan un argumento a favor para la discusión que, seguro, deberán tener el próximo mes de octubre, cuando nos enteremos quién se ha llevado el Nobel esta vez..

Somos cada vez más inteligentes




Los coeficientes intelectuales en el mundo hoy son más elevados que en épocas pasadas. El autor de esta nota alerta sobre el buen uso de esta capacidad en momentos difíciles: “El talento es universal y la oportunidad no”.
POR NICHOLAS D. KRISTOF PERIODISTA Y COLUMNISTA DE “THE NEW YORK TIMES”.

Antes de pasar a los deprimentes debates presupuestarios de Washington, quiero anunciar una buena noticia: somos cada vez más inteligentes.
En el año 1900, el estadounidense medio tenía un coeficiente intelectual (CI) que para los criterios actuales sería de alrededor de 67. Dado que la definición tradicional de retardo mental comprendía un CI de menos de 70, eso nos lleva a la notable conclusión de que la mayor parte de los estadounidenses de hace un siglo hoy entraría en la categoría de discapacidad intelectual.
La tendencia a una creciente inteligencia es algo que se conoce como “Efecto Flynn”, en homenaje a James R. Flynn, el académico de Nueva Zelanda que fue pionero en ese campo de investigación. Innumerables académicos han replicado sus descubrimientos en todo el mundo, y en la actualidad se les reconoce categoría científica, si bien aún no hay coincidencias respecto de sus causas y su importancia.
El CI promedio de los estadounidenses experimenta un persistente aumento de tres puntos por década. El de los españoles se incrementó diecinueve puntos en veintiocho años y el de los holandeses lo hizo veinte puntos en treinta años. Los niños keniatas avanzaron casi un punto por año.
Las cifras proceden de un nuevo libro de Flynn de Cambridge University Press tituladoAre We Getting Smarter? (¿Nos hacemos más inteligentes?) Se trata de un libro optimista, un recordatorio de que la capacidad humana crece. Implica que en la actualidad hay posibles Einsteins que trabajan como agricultores de subsistencia en Congo o que abandonan los estudios secundarios en Mississippi y que, con ayuda, podrían convertirse en Einsteins reales.
El Efecto Flynn pondría fin a la soberbia de aquellos que tradicionalmente han quedado bien ubicados en las cifras globales de CI. Por ejemplo, si bien aún existe una brecha de raza, los estadounidenses negros avanzan a grandes pasos y en la actualidad les va mucho mejor que a los estadounidenses blancos de la “gran generación” en la década de 1940.
Otro problema para los racistas: el país que encabeza las cifras de CI no es Estados Unidos. Tampoco Europa. Es Singapur, con 108 (la razón podría relacionarse con el respeto confuciano de Singapur por el aprendizaje, así como con su excelente sistema escolar.) Nada de eso significa que en la actualidad la gente nace con más inteligencia. Si bien el CI mide algo vinculado con la agudeza mental, es una medición imperfecta y poco confiable. Experimenta una fuerte influencia del entorno: las posibilidades disminuyen cuando los niños tienen parásitos o cuando el aire está contaminado con plomo. El resultado, la eliminación del plomo de la nafta, podría haber sumado seis puntos al CI de los niños estadounidenses, según el Dr. Philip Landrigan, un pediatra y epidemiólogo de la Facultad de Medicina Mount Sinai.
Flynn sostiene que el CI crece porque en las sociedades industrializadas imponemos al cerebro un ejercicio mental constante que aumenta lo que podríamos llamar el vigor cerebral.
“El cerebro de los mejores taxistas y con más experiencia de Londres”, escribe Flynn, que cita un estudio de 2000, tiene “más grande el hipocampo, que es la zona cerebral que se utiliza para recorrer un espacio tridimensional.” De forma similar, sostiene, la vida moderna hace que el cerebro se ejercite más que cuando vivíamos en granjas aisladas.
No es que nuestros ancestros fueran tontos, y confieso que tengo ciertas dudas respecto del Efecto Flynn cuando contemplo la declinación que se produjo desde Shakespeare hasta el libro Cincuenta sombras . La política tampoco parece salir beneficiada. Un estudio académico concluyó que hubo un deterioro del debate económico en los debates presidenciales desde 1960 hasta 2008.
Pero Flynn sostiene que los programas de televisión modernos y otros entretenimientos pueden ser exigentes en términos cognitivos y es probable que videojuegos como los de la serie Grand Theft Auto exijan más reflexión que un solitario. (No, no llamen a la policía. Mis hijos adolescentes no me tomaron como rehén para obligarme a escribir este párrafo.) Volvamos a los debates en Washington. Para mí, la enseñanza de esa investigación es la magnitud del potencial humano disponible en el mundo si podemos estimular a los chicos a los que ahora se descuida.
Un desafío es preservar la asistencia extranjera. En el mundo hay unos 61 millones de niños que aún no asisten ni siquiera a la escuela primaria, y en la campaña de 2008 el presidente Barack Obama hizo bien en proponer un fondo global para la educación, en parte como alternativa a las escuelas religiosas radicalizadas. Espero que la idea no quede en el olvido.
Un desafío aun mayor es el proyecto de país en momentos en que se reducen los fondos destinados a escuelas, unos 7.000 estudiantes secundarios abandonan los estudios todos los días y hay largas esperas para acceder a programas de enriquecimiento de la primera infancia como Head Start. Los programas de alfabetización pueden contribuir a interrumpir los ciclos de pobreza y liberar el potencial de los Estados Unidos, y bastaría un solo avión de combate F-35 para pagar más de cuatro años del programa Reading Is Fundamental en todo el territorio de los Estados Unidos.
En momentos en que se toman decisiones presupuestarias difíciles, recordemos que un dato esencial del mundo es que el talento es universal y que la oportunidad no lo es. Espero que por fin seamos lo suficientemente inteligentes para remediarlo.
(c) The New York Times. Traduccion de Joaquin Ibarburu

DE PUÑO Y LETRA





Razones de puño y letra

En las cartas tocan temas afines a la amistad, el deporte, la economía, la política y el entretenimiento. La compilación hecha por Anagrama refleja el pensamiento íntimo de dos nombres fundamentales de la literatura contemporánea.


El escritor J. M. Coetzee mandó una carta a su par Paul Auster para proponerle un proyecto común -"en el que podamos sacarnos chispas el uno al otro"-, en un diálogo epistolar registrado entre 2008 y 2011 que da cuenta de la reflexión de ambos acerca de hechos cotidianos y acontecimientos de una época compartida.
En su mayor parte "Aquí y ahora" (Anagrama & Mondadori) son cartas mandadas en sobres con estampillas, en las que se habla de la amistad, los deportes -un tema que aparece sin cesar- las conflictivas relaciones entre árabes e israelíes, las arbitrariedades de un sistema económico injusto, comentarios de películas, libros, escritores, en fin, no queda nada sin comentar.
En las misivas repasan temas como la función de la crítica; la resistencia al uso de nuevas tecnologías y cómo éstas influyen en las ficciones; los recuerdos de infancia que irrumpen en el presente para reforzar una argumentación o por simple nostalgia.
"Ver deportes en la tele (subtitula Paul en una carta): Estoy de acuerdo contigo que es una actividad inútil, una absoluta pérdida de tiempo. Y sin embargo, ¿cuántas horas de mi vida he perdido precisamente de ese modo?", apunta.
MIRADA PARTICULAR
"Si miro en mi interior y me pregunto por qué en el crepúsculo de mi vida sigo dispuesto -a veces- a pasarme horas viendo el criquet por televisión -dice John-, tengo que admitir que, por absurdo y nostálgico que parezca, lo sigo mirando en busca de momentos de nobleza. En otras palabras, la base de mi interés no es estética sino ética".
Paul le cuenta a John que veinticinco años atrás vieron por televisión con su mujer, Siri Hustvedt, una comedia dramática ("Three Cornered Moon"), a la cual consideraron maravillosamente realizada y hace poco la volvieron a ver con "gran decepción", ya que ambos la recordaban mal.
"Me parece que la memoria quizá sea algo que podríamos investigar. O bien si resulta un tema demasiado amplio, las decepciones de la memoria", le escribe.
En otra carta, Paul le confiesa a su amigo que la primera mitad de su vida, no quiso saber nada de ceremonias. "Entonces, hace veintinueve años, entré de puntillas en el clan Hustvedt y descubrí los intrincados protocolos de la Navidad noruega".
"Siri y sus tres hermanas son gente seria, laica, libre de convencionalismos, y sin embargo, bajo la orientación de sus padres, igualmente laicos, demuestran los seis una fe absoluta e inquebrantable en la importancia de mantener esa tradición", escribe Auster.
TEMAS VARIOS
"Me parecía absurdo -agrega- que seis personas inteligentes se dedicaran a aquellos rituales infantiles, pero al mismo tiempo la felicidad y solidaridad entre los seis participantes causaba impresión (...) Y más adelante confiesa: "Yo mismo, el escéptico de entonces, estoy deseando que llegue ese día".
Sobre la crisis financiera, John cita a Borges: "Borges plantea la irrupción en nuestra historia (es decir, en el corpus de memoria histórica que compartimos en un sentido amplio) de una enciclopedia que, cuando se complete, tendrá la posibilidad de suplantar el viejo pasado con un nuevo pasado y, por consiguiente, un nuevo presente, dotado de potencial para rehacernos (...)".
"Aplicada a la crisis financiera -menciona Coetzee-, la propuesta de Borges me parece por lo menos factible, en teoría. Comparadas con el peso y la densidad de la historia humana, las cifras de las pantallas del ordenador no me llegan dejando tras sí demasiada estela de carga histórica; por lo menos no tanta como para que no pudiéramos, si quisiéramos de verdad, aceptar librarnos de ellas y empezar de nuevo con unos números nuevos".
A Coetzee lo llena de aflicción "la perspectiva de las bibliotecas del futuro (...) Pero sentimentalismo aparte, ¿qué puede justificar esa aflicción? ¿Un ansia de realidad en un mundo de sombras?, se pregunta, también "si poseer una copia física de un libro es mejor que tener el poder de descargarse una imagen de ese texto? Todas preguntas, infiere, típicas de "dos caballeros de edad avanzada".
MISION LITERARIA
"(...) Creo que nuestra obligación es refunfuñar y reñir, atacar las hipocresías, injusticias y estupideces del mundo en que vivimos", le contesta Auster.
A causa de una lectora que le escribe regularmente, Coetzee cree que "parece estar pidiéndome que yo le dé una vida nueva convirtiéndola en heroína", y más adelante confiesa: "Tengo que decir que prefiero inventarme los personajes de la nada. De esa manera producen la impresión de ser más reales".
Algo con lo que coincide Auster: "El hecho de escribir una novela se genera desde dentro, y no me imagino cómo podría un autor apropiarse de la vida de un desconocido en una novela".
"No hay una sola ocasión en que me haya fijado en una persona real para cambiarle el nombre y luego ponerla en la novela (...) y sin embargo, tal como acertadamente expones, continuamente robamos "rasgos o peculiaridades interesantes, utilizables (...) Todo lo demás parece surgir espontáneamente de los más profundos recovecos de la imaginación".

ARMAND DE FLUVIÀ



"Muchos reyes descienden de campesinos"
El genealogista y heraldista, que acaba de publicar '¿Quiénes eran mis antepasados?Nuevo manual de Genealogía' y 'Manual de nobiliaria catalana', destaca la importancia de conocer nuestros ascendientes


¿Qué relación de parentesco tenía el pintor Diego Velázquez con algunos reyes de Europa? ¿Cuándo se formaron los apellidos? Son algunas cuestiones que responde con pasión el prestigioso genealogista y heraldista Armand de Fluvià i Escorsa (Barcelona, 1931), autor de los recientes libros publicados ‘¿Quiénes eran mis antepasados? Nuevo manual de Genealogía’, ‘Manual de nobiliaria catalana’ y ‘Manual de heráldica y técnica del blasón’, editados por la entidad, que fundó y actualmente preside, la Institució Catalana de Genealogia i Heràldica. Armand, licenciado en Derecho por la Universitat de Barcelona y Diplomado en Paleografía y Diplomática en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universitat de Barcelona, nos atiende en su casa, un sitio que respira mucha historia y en un lugar preferente del salón cuelga con orgullo su escudo familiar. A sus 81 años, continúa investigando los linajes de las familias, sobre todo las nobles: “Tengo la gran suerte de que mi trabajo es mi hobby y no me jubilaré nunca”. Armand, Creu de Sant Jordi en el 2000 y Medalla d’Honor de la Ciutat de Barcelona en el 2008, ha acabado una de las grandes obras de genealogía sobre la nobleza catalana, con unos 4.000 árboles genealógicos, pero está pendiente de que alguien se interese para que pueda salir a la luz.
-¿Cómo surgió su interés por la genealogía?
- En el bachillerato, cuando se estudiaba la historia por las listas de los reyes. Tenía una relación de los 18 reyes Luises de Francia, y todo empezó en saber el parentesco de cada uno.
-¿Cuál es su árbol genealógico?
- Lo sigo buscando pero tengo un gran problema. Uno de mis antepasados era de Granollers y durante la Guerra Civil se quemó el archivo parroquial, el registro civil, el archivo notarial y el archivo de la propiedad. Se quemó casi todo.
-¿Hasta dónde ha podido llegar?
- He podido saber cuándo se formó mi apellido. En un documento de 1040 aparece un descendiente mío llamado Bernardus Bernardi y unos años más tarde, en 1075, aparece como Bernardus Bernardi de Fluviano por lo que el apellido ya se había formado. A finales del siglo XII o principios del siglo XIII es cuando ya se han formado los apellidos de Catalunya. Pero no son importantes sólo los apellidos sino también el significado de los nombres. Mi nombre es de origen germánico y significa ‘hombre fuerte’.
- ¿Qué es lo que más le apasiona de la genealogía?
- Cuando estoy en un archivo parroquial buscando mis antepasados y encuentro uno tengo la sensación de que me lo agradece, es como si lo resucitara porque en cierta manera lo devuelvo a la realidad. La genealogía también es un trabajo de detective.
- ¿La genealogía da muchas sorpresas?
- La genealogía puede aportar muchas soluciones a un buen número de hechos históricos pero también tiene un interés en la historia social. Hay campesinos descendientes de reyes y, al revés, muchos reyes descienden de campesinos. Por ejemplo, los reyes de Rumanía y de Bélgica descienden de un campesino occitano, Pierre Murat, que fue padre de Joaquín Murat, mariscal de Napoleón y rey de Nápoles. La reina de Inglaterra, la de Dinamarca, el rey de Suecia y los reyes de Grecia descienden de una campesina, Marta Skavronska, que fue emperatriz de Rusia con el nombre de Catalina I.
- Interesante…
-Los Càrcer, la familia materna del penúltimo marqués de Castellbell, que se pensaba que eran feudales, descienden de un zapatero que en el siglo XVI vivía en Vic. Los Sarriera, que hoy son una de las familias más importantes de la nobleza catalana, descienden de un médico de Girona que hizo fortuna en el siglo XIV por ser médico del rey. Y otro caso inverso, lo tenemos en el gran pintor Velázquez que es ascendiente de reyes de Europa, entre los que está la reina Sofía de España.
-¿La genealogía nunca falla?
-Yo me propuse hacer de la genealogía una disciplina seria y científica. Muchos genealogistas han falsificado para halagar a sus clientes. La genealogía es muy importante como ciencia auxiliar de la historia.
- ¿Qué tipo de genealogías se han falsificado?
- A finales del siglo XIX, la Península ibérica está llena de falsificaciones de genealogías principalmente para ingresar en las órdenes militares y caballerescas donde hacía falta probar nobleza. Por ejemplo, el primer marqués de Casa Riera, un antepasado de la reina Fabiola de Bélgica, que era hijo de un galonero convirtió su segundo apellido Rosés en Rozes y lo hizo descender de unos hidalgos austriacos. O los Bofarull, de Reus, que para rehabilitar la baronía de Ribelles consiguieron entroncarse con los Ponç de Ribelles a base de informes ‘ad perpetuam rei memoriam’, una manera de conseguir nobleza.
- ¿Conoce más casos?
- También se decía que los Montcada descendían de los duques de Baviera, los Cardona de Carlomagno, los Oms del rey de los visigodos Ataúlfo o los Rocabertí de la dinastía merovingia. Y esto no era así. Cuánto más importante era la familia a la que le hacían la genealogía, más ilustres y más antiguos hacían los antepasados. En la edad media hubo una inflación de falsas genealogías y esto ha desprestigiado la genealogía.
- ¿Qué árboles genealógicos de familias le gustaría investigar?
- Hay una gran cantidad de condesas de Ribagorça, de Pallars, de Besalú o de Barcelona de las que sólo sabemos el nombre. Esta búsqueda se tiene que intensificar y promocionar. También sería interesante conocer las genealogías de personajes importantes como Bernat Metge, Francesc Eiximenis, el cronista Muntaner o el pintor Jaume Huguet. Las familias son muy importantes también desde el punto de vista social. La realidad es, que a diferencia de otros países europeos, en el campo de la investigación nos queda mucho por hacer.
- Usted también en sus investigaciones desmonta el mito de la sangre intacta, ¿no?
- La genealogía es la mejor manera de ver que las razas puras no existen. Si nos adentrásemos en las tablas de los ascendentes de los príncipes de Europa, encontraríamos personajes de todas las razas. Y si pasamos a la alta nobleza española tenemos que, por ejemplo, los actuales condes de Churruca, el duque de Veragua, el conde de Fuenrubia y el marqués de Cerralbo son descendientes de Moctezuma II, emperador azteca de México.
- ¡Menuda mezcla!
- Si todos descendemos de antepasados comunes, todos somos parientes, en uno u otro grado más o menos lejano. Rudolf Hess, el nazi muerto en la prisión de Spandau, era descendiente de Zwingli, el reformador suizo de la época de Lutero. Pues bien, por ser descendiente suyo resulta que era primo lejano de un judío norteamericano apellidado Kassowitz y, por tanto, también era pariente de judíos.
-¿Cómo ve el momento actual de la genealogía?
- Vive un momento dulce desde hace ya un cierto tiempo porque gracias a las instituciones que hemos creado la gente se está aficionando. Ahora cuando voy a un archivo también encuentro muchas personas buscando genealogías, algo que antes no sucedía. También estamos haciendo cursos de genealogía y heráldica con Òmnium Cultural y realizando conferencias en el Ateneu Barcelonès.
- ¿Qué le parece la nueva ley del Registro Civil que los padres puedan escoger el orden de los apellidos?
- ¡Me parece una barbaridad! Hasta ahora había una seguridad fantástica de que todos los antepasados de la primera línea son hombres y los otros apellidos los ha llevado una mujer. Esto conllevará a que si todos cambian sus apellidos de aquí a 50 años nadie sabrá quiénes eran los bisabuelos. Si querían hacerlo de una manera más feminista podrían haber hecho lo de Portugal, el primer apellido es el de la madre y el segundo el del padre, que es el que siempre se perpetua.
- Usted también ha publicado varios libros sobre heráldica y ha escrito sobre el escudo de Catalunya. ¿Cómo está esta cuestión?
- Lo del escudo de Catalunya es un escándalo. Catalunya tiene el escudo más antiguo de Europa y, evidentemente, de la península, pero Catalunya es el único país del mundo y la única autonomía del estado español que no tiene escudo. No tenemos escudo.
-¿Por qué?
- Como asesor de heráldica de Catalunya cuando se discutía el Estatut en el Parlament envié la descripción correcta del escudo y la bandera de Catalunya a todos los grupos parlamentarios y al presidente del Parlament. No me hicieron caso y resulta que los símbolos nacionales de Catalunya, tal como recoge el Estatut, son ‘la bandera, el himno y la fiesta’.
-¿Cómo tendría que ser el escudo de Catalunya?
- Es un escudo de oro con cuatro palos de gules. Es el escudo que era de los Condes de Barcelona, de la dinastía del Casal de Barcelona, y lo tenían desde 1150, es un escudo de Ramón Berenguer IV, el más antiguo que se conoce.
- ¿La genealogía no se entiende sin la heráldica?
- No necesariamente, pero todas las familias nobles tienen escudo. También hay que recordar que no hay escudos de apellidos sino de familias, que son cuestiones diferentes. Y no todas las familias tienen escudo.
- Un tema también controvertido es el de la heráldica en el ámbito deportivo. ¿Los clubs suelen respetar la heráldica?
- Es un desastre. El escudo del Barça, como muchos otros, heráldicamente no es correcto.
-¿Por qué motivo?
- La primera ley de la heráldica es la de los esmaltes, es decir, la de las coloraciones. El escudo del Barça tiene unos palos azules y rojos, y la primera regla es que no se puede poner metal sobre metal ni color sobre color. Si ves el escudo del Barça de lejos no distingues los colores que son porque el azul y el rojo se diluyen. Precisamente, la heráldica surgió en los campos de batalla para poder diferenciar enseguida al enemigo de los tuyos y, por eso, llevaban las señales en los escudos.
- Recientemente también ha publicado el ‘Manual de nobiliaria catalana’. ¿Se suele conocer las familias nobles de Catalunya?
- También hay mucho desconocimiento. Un día un funcionario de la Generalitat me preguntó sorprendido si todavía existían los títulos nobiliarios. También hay familias nobles que nunca han tenido títulos. Tenían privilegios nobiliarios, ya fueran de ciudadano honrado de Barcelona, de caballero de principado de Catalunya o de noble de principado de Catalunya.
- ¿Cuántas familias nobles catalanas hay?
- De forma general, en Catalunya hay poca nobleza en comparación, por ejemplo, con Castilla. Publiqué un artículo en mi página sobre un censo aproximado de familias residentes o no en Catalunya que actualmente pertenecen a la nobleza catalana y había entre 200 o 300 familias.
-¿Qué proyectos tiene ahora entre manos?
- Recientemente hemos creado un programa informático desde la Institució Catalana de Genealogia i Heràldica de todas las casas soberanas del mundo. La base de datos tiene más de 62.000 personas registradas con las genealogías desde los faraones de Egipto, los Incas y Aztecas hasta los emperadores de China, de Japón, las dinastías musulmanas o los reyes de Madagascar. Por ejemplo, puedes conocer la relación de Gengis Kan, el fundador del imperio mongol, con el actual Rey de España, Juan Carlos I. También tengo unos 4.000 árboles genealógicos de familias de la nobleza catalana esperando que una editorial los publique.
-¿Y por qué no se han publicado?
- Si estuviéramos en Aragón, Valencia, Navarra o Galicia ya se habrían publicado. Es una obra de cinco volúmenes de cuadros genealógicos. El primero se centra en las casas condales y vizcondales de la época carolingia, el segundo en las familias de la nobleza inmemorial.
-¿Inmemorial?
- Son aquellas familias que ya eran nobles antes de 1311, fecha de la primera concesión de un privilegio nobiliario por parte de un soberano catalán. Los dos siguientes volúmenes tratan de la nobleza rural y la del patriciado urbano. En el último, que se publicaría el primero, me centro sobre la abolición de la nobleza como estamento social público y oficial.
-¿Qué significa ser noble en el siglo XXI?
- Nada, no significa nada. Es puramente honorífico, un recuerdo de los antepasados y, por eso, creo que los nobles tienen que ser unos descendientes que siempre honoren a sus antepasados. Los nobles tienen que llevar una vida digna y ser siempre ejemplares.
- ¿Conociendo a nuestros antepasados nos conocemos mejor?
- Exacto. Gracias a nuestros antepasados estamos aquí y les debemos un cierto reconocimiento. Oscar Wilde, en ‘La importancia de llamarse Ernesto’, nos dice cómo se extraña lady Bracknell porque el señor Worthing no sabía el nombre de sus padres y decía que olvidar el nombre de uno de los padres podría ser considerado una desgracia, pero olvidar el de todos era un descuido.
- ¿Esto va cambiando?
- Afortunadamente sí, pero es una pena que la mayoría de la gente no sepa el segundo apellido de los abuelos. Tenemos que procurar saber todos nuestros orígenes. Además, la genealogía es una ciencia auxiliar de la medicina y de la genética. Es evidente que hay enfermedades genéticas y conviene saberlo. Por ejemplo, yo sé de qué murieron mis ocho bisabuelos, mis cuatro abuelos y mis dos padres. La genealogía es importante


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