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terça-feira, 29 de janeiro de 2013

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Los alumnos de Goebbels

El doc­tor Joseph Goeb­bels (*29 de octu­bre de 1897 — †1 de mayo de 1945) fue el minis­tro de pro­pa­ganda del gobierno de Adolf Hitler (en ale­mán Pro­pa­gan­da­mi­nis­te­rium) en la Ale­ma­nia Nazi.
Fue una figura clave del régi­men, cono­cido por sus dotes retó­ri­cas, y su importante capa­ci­dad de convencimiento.
En la historia, que cómo ya sabemos es escrita por los que quedan…, o sobreviven para escribirla,  Joseph Goebbels no fue exactamente favorecido.
Sin embargo sus ideas continúan siendo motivo de estudio y son aplicadas en nuestra vida cotidiana…
Su idea­rio publi­cista se detalla a continuación;  

11 principios de la propaganda

¿Cuán­tos de estos prin­ci­pios siguen usán­dose para la pro­pa­ganda 100 años des­pués?

Prin­ci­pio de sim­pli­fi­ca­ción y del enemigo único. Adop­tar una única idea, un único Sím­bolo; Indi­vi­dua­li­zar al adver­sa­rio en un único enemigo.
Prin­ci­pio del método de con­ta­gio. Reunir diver­sos adver­sa­rios en una sola cate­go­ría o indi­vi­duo; Los adver­sa­rios han de cons­ti­tuirse en suma individualizada.
Prin­ci­pio de la trans­po­si­ción. Car­gar sobre el adver­sa­rio los pro­pios erro­res o defec­tos, res­pon­diendo el ata­que con el ata­que. “Si no pue­des negar las malas noti­cias, inventa otras que las distraigan”.
Prin­ci­pio de la exa­ge­ra­ción y des­fi­gu­ra­ción. Con­ver­tir cual­quier anéc­dota, por pequeña que sea, en ame­naza grave.
Prin­ci­pio de la vul­ga­ri­za­ción. “Toda pro­pa­ganda debe ser popu­lar, adap­tando su nivel al menos inte­li­gente de los indi­vi­duos a los que va diri­gida. Cuanto más grande sea la masa a con­ven­cer, más pequeño ha de ser el esfuerzo men­tal a rea­li­zar. La capa­ci­dad recep­tiva de las masas es limi­tada y su com­pren­sión escasa; ade­más, tie­nen gran faci­li­dad para olvidar”.
Prin­ci­pio de orques­ta­ción. “La pro­pa­ganda debe limi­tarse a un número pequeño de ideas y repe­tir­las incan­sa­ble­mente, pre­sen­ta­das una y otra vez desde dife­ren­tes pers­pec­ti­vas pero siem­pre con­ver­giendo sobre el mismo con­cepto. Sin fisu­ras ni dudas”. De aquí viene tam­bién la famosa frase: “Si una men­tira se repite sufi­cien­te­mente, acaba por con­ver­tirse en verdad”.
Prin­ci­pio de reno­va­ción. Hay que emi­tir cons­tan­te­mente infor­ma­cio­nes y argu­men­tos nue­vos a un ritmo tal que cuando el adver­sa­rio res­ponda el público esté ya intere­sado en otra cosa. Las res­pues­tas del adver­sa­rio nunca han de poder con­tra­rres­tar el nivel cre­ciente de acusaciones.
Prin­ci­pio de la vero­si­mi­li­tud. Cons­truir argu­men­tos a par­tir de fuen­tes diver­sas, a tra­vés de los lla­ma­dos glo­bos son­das o de infor­ma­cio­nes fragmentarias.
Prin­ci­pio de la silen­cia­ción. Aca­llar sobre las cues­tio­nes sobre las que no se tie­nen argu­men­tos y disi­mu­lar las noti­cias que favo­re­cen el adver­sa­rio, tam­bién con­tra­pro­gra­mando con la ayuda de medios de comu­ni­ca­ción afines.
Prin­ci­pio de la trans­fu­sión. Por regla gene­ral la pro­pa­ganda opera siem­pre a par­tir de un sus­trato pre­exis­tente, ya sea una mito­lo­gía nacio­nal o un com­plejo de odios y pre­jui­cios tra­di­cio­na­les; se trata de difun­dir argu­men­tos que pue­dan arrai­gar en acti­tu­des primitivas.
Prin­ci­pio de la una­ni­mi­dad. Lle­gar a con­ven­cer a mucha gente que se piensa “como todo el mundo”, creando impre­sión de unanimidad.


JANE AUSTEN



El secreto de Jane Austen

Hace dos siglos, tal día como hoy, aparecía 'Orgullo y prejuicio', de Jane Austen, una de las obras esenciales de la literatura universal


La sabiduría es mejor que el ingenio y, a la larga, sin duda, tendrá la risa de su lado.
Jane Austen
Hay escritores que nos gustan, escritores a los que admiramos y escritores a los que quisimos desde el primer párrafo del primer libro suyo que nos tuvo entre sus manos. Escritores entrañables cuyas historias se vuelven parte de las nuestras. Jane Austen (1775-1817) es una de ellos. No solo es admirable o fascina, sino que sus novelas son un legado esencial que cuanto más pronto se entrega con más alegría se contagia.
No mucho antes de que la querida Jane se volviera una celebridad del siglo veinte, yo le regalé a mi hija, de trece años, la novela que a partir de entonces es la llave de nuestras mejores conversaciones. Porque desde los noviazgos hasta los acantilados encuentran cobijo en la sencillez y la inteligencia de lo que narra.
Hay, tras la voz que escribe Orgullo y Prejuicio, una mujer sabia que, a los veinte años, discierne como si llevara cincuenta reflexionando sobre los vicios y virtudes de los seres humanos. En medio de una vida tranquila, dentro de una familia armoniosa y de costumbres sencillas, Jane escribió, para leerles a sus hermanos, historias que resultan emocionantes porque tras el cuento de quién se casa con quien, ella entrega la fuerza de una narradora capaz de desentrañar los entresijos de un mundo mucho más complejo que el regido por las formas y las apariencias de su tiempo. ¿Cómo no leerla con humildad y sin prejuicios, con asombro y devoción?

No digo nada nuevo al afirmar que, mientras Jane escribía, el mundo de las mujeres terminaba en la puerta de sus casas. Por inteligentes que fueran: la mamá de Jane era una mujer ilustrada, que al tiempo en que cuidaba una casa con siete hijos y varios alumnos de su marido, alcanzó a tener tiempo para escribir algo de poesía. Cierto que Jane tuvo a su alcance los libros de la biblioteca de su padre y que pudo leer desde niña con placer y alegría, pero no hubo en ella ni el remoto sueño de convertirse en alguien cuya primera y explícita profesión fuera escribir. Menos aún imaginar el reconocimiento y la exaltación de su trabajo.
Hace tiempo intenté, como cualquier lector incauto, indagar qué amores, qué precisa memoria había urgido a Jane a escribir. Leí lo que pude sobre su vida en Pemberly, el cariño de su padre, el gusto por sus hermanos, su intensa amistad con Cassandra, su hermana. Leí de su gusto en el campo y su reticencia en Bath, leí sus cartas, su fervor y quise relacionar las nimiedades que se saben y lo mucho que se ignora con los libros de la distinguida y encantadora miss Austen. Como si alguien que se dedica a escribir no debiera saber que la realidad es una anécdota más entre las muchas que imagina un escritor. Así las cosas, conseguí estar segura de que Elizabeth Bennet, el personaje esencial de Orgullo y prejuicio, fue una mujer audaz que lo sigue siendo, como fueron y siguen siendo: su mamá un soliloquio en voz alta, sus hermanas menores unas frívolas, su papá un lector escéptico, su hermana mayor una suave y hermosa criatura. Pero que no es de la biografía de Jane, sino de su talento, su sentido del humor, su mirada y su imaginación, que salieron estos personajes.
Pionera sonriente, Jane hizo su camino sin aspavientos, pero no creo que ignorando la fuerza de su literatura. Jamás escribió nada en que hablara de sí misma como la creadora de algo excepcional, pero tiene que haber sabido que su prosa encantaba y era de una elegancia y de una sonoridad nada usual. No creo que imaginara cuánto íbamos a quererla doscientos años después, ni de qué modo sus libros iban a entrar por nuestras casas en todos los idiomas y por todos los medios, haciéndonos saber que la incertidumbre y la honradez, la fuerza de las convicciones y la generosidad, siguen siendo actuales.
Vivir en un pequeño pueblo, la patria y el destino de Jane Austen, nos sucede a todos. Cualquier mundo es un pañuelo y en cualquier lugar la gente va haciendo la vida diaria mientras elige o abandona. Como en los libros de Jane Austen. Por eso fascina el irónico deseo de lo ideal que hay en sus historias. Por eso es posible imaginar que se parecen a las nuestras.
Gente que tiembla con los preparativos de una fiesta, que ve los viajes como expediciones y los noviazgos como una duda entre dos templos, habrá en todos los tiempos. Personajes como esos que creían en que la confusión tiene remedio y por su causa eran capaces de meterse en lo inaudito, sigue habiendo. Sobre todo, gente con ojos capaces de imaginar el destino como algo en lo que uno puede incidir, es tan crucial ahora como fue entonces.
Los ojos de Jane Austen eran premonitorios. Alguien creería que estoy loca si digo que fue una feminista, pero la verdad es que ninguna de sus heroínas tuvo a bien suicidarse para salir de un entuerto, mejor lo desafiaban como ahora se supone que debe hacerse. Y se hacían dueñas de sus vidas por obra y gracia de su santa voluntad. Como la propia Jane. Sola, mejor que mal acompañada. O como Elizabeth Bennet, excepcional y drástica, sencilla y elocuente.
Escribir es un juego de precario equilibrio entre el valor y la soberbia. También entre sus opuestos: el miedo y la humildad. A veces ninguno alcanza para contarlo todo. Ahí mismo está el secreto de la señorita Austen. Y su enseñanza: en ese equilibrio.
De tal secreto da fe Orgullo y prejuicio, la bendita novela que ahora cumple doscientos años, tan radiante y sabia como nunca.

 

 

ESPAÑOL EN INTERNET


El dardo en el correo electrónico

 Lo escribe ISABEL GARZO9 

La comunicación interna es la última pulga del último perro del último… Bueno, os hacéis una idea. Total, ¿qué más da? Un correo interno no tiene que cuidarse. Y para los correos dirigidos a otras empresas, más de lo mismo: basta con que “se entienda”. O ese es el sentir más generalizado. El problema radica en que, a veces, ni eso. Y otras veces se entiende, pero se entiende mal.
A pesar del guiño a Lázaro Carreter en el título de mi artículo, no voy a hablar aquí de las incorrecciones de ortografía y puntuación en los correos, porque son las mismas que encontramos en la prensa o en otros documentos. Más bien expondré algunas reflexiones sobre “malas costumbres en las formas” que me he ido encontrando en miles de correos electrónicos de varias empresas.
1. ABUSO DE LA PALABRA “GRACIAS”
Ser agradecido está muy bien, pero hay casos en los que escribir “gracias” puede tener un efecto negativo. Sí, como lo lees. Debemos reservar esa palabra para dos casos:
1. Alguien ha hecho algo por ti y se lo agradeces. Ejemplos: “Gracias por dejar las revistas encima de mi mesa” o “está muy bien el informe, gracias por enviármelo”. Sencillo, ¿no?
2. Por tu puesto, te corresponde pedir a determinada persona que haga algo. Sabes con certeza que lo hará porque es su cometido, así que se lo pides y se lo agradeces de antemano. Por ejemplo: “Necesito las cuentas de los últimos dos trimestres. Gracias”.Hablamos solo de superiores que se dirigen a un subordinado.
Pero hay otros casos en los que escribir “gracias” puede volverse en tu contra:
1. Cuando la otra persona no ha hecho nada por ti. Por ejemplo: te han pedido algo, lo has realizado y al final del correo informativo pones “Gracias”: “Te envío los informes que me pediste. Gracias” o “Ya he terminado la presentación. Gracias”. Es una coletilla que ahí no aporta nada y, además, resta sentido a las veces en las que pongas “gracias” de verdad. Pero es cada vez más frecuente. Tanto, que no sorprende. Que hay que leer este párrafo despacio para darse cuenta de que, en efecto, no tiene ningún sentido poner “gracias” en esos casos.
2. Cuando pides un favor a un compañero que no está bajo tu mando y lo que le solicitas no está estrictamente dentro de sus funciones. En ese caso, tu “gracias” puede interpretarse como una orden, como una muestra de que das por hecho que lo va a hacer y no esperas ni siquiera su respuesta. Por ejemplo: “Estoy muy ocupado, ¿podrías hacer tú este mes el resumen de la campaña? Gracias”. La solución es tan sencilla como sustituirlo por un “por favor”. Un “por favor” es humilde. Un “gracias”, cuando no hay nada que agradecer, parece una orden.
2. TONO IMPERSONAL AL DAR UNA ORDEN
Una costumbre extendida es la de utilizar el tono impersonal en una orden con el propósito de suavizarla, que sin embargo deriva en una ironía poco honrada:
“Habría que repasar los encabezados de todas las páginas. Gracias”.
Otra forma es utilizar el plural para dar una orden a una persona concreta. Quizá se haga, de nuevo, para suavizar el mandato; pero el efecto es que esa persona tiene la duda de si en realidad su superior sabe que esa tarea la realiza ella y nadie más, y puede sentirse confusa y poco valorada.
“Repasad los encabezados de todas las páginas y luego me lo enviáis de nuevo”.
3. CORREOS DEMASIADO EXTENSOS
Enviar un correo electrónico es gratis. Ese es el motivo de que algunas personas se enrollen como las persianas. Una regla no escrita dice que los correos electrónicos deberían tener un máximo de quince líneas. Si la información que quieres transmitir es más extensa, deberías enviar un archivo adjunto. Sobre todo si es algo (instrucciones, pasos, tareas…) que el destinatario puede querer consultar en otro momento.
4. AVISAR DE LOS ADJUNTOS
Algunos servidores de correo electrónico muestran los archivos adjuntos de forma más visible que otros. Por eso es imprescindible que avises siempre que adjuntes algo,que digas cuántos archivos adjuntas y que dejes claro qué contiene exactamente cada uno de ellos. ¿Cuántas veces te ha ocurrido que esperas un documento de alguien y te dice que te lo envió adjunto hace tiempo, pero tú no te habías fijado en el adjunto porque el correo trataba de otra cosa? Esto enlaza con los dos puntos siguientes.
5. UN SOLO TEMA EN CADA CORREO
Trata solo un tema en cada correo electrónico, sobre todo si diriges el correo a una persona despistada o de las que leen “en diagonal”. Además, como ya hemos dicho, son gratuitos. Si tratas varios temas, corres el riesgo de que solo conteste a uno de ellos.
Si quieres que te contesten a varios puntos sobre el mismo tema, numéralos o pon guiones, de manera que sea más difícil para el receptor saltarse uno en su respuesta “sin querer”.
6. TÍTULOS AMBIGUOS
El título del mail debe ser representativo e ir acorde con su contenido. Nada de “hola” o “duda”. Y, por supuesto, nunca envíes un mail sin título. Titular bien facilita que el destinatario se ponga en situación sobre el tema tratado, lo localice fácilmente en una búsqueda futura, etc.
7. ABUSO DEL CAMPO “PERSONAS EN COPIA”
Copiar a demasiadas personas en un correo electrónico tiene muchas consecuencias negativas. Algunas de ellas son las siguientes:
-Dice muy poco del remitente: inseguridad, necesidad de aprobación, poca iniciativa, necesidad de justificar sus decisiones…
-Hace que los superiores, copiados en demasiados correos electrónicos “del día a día”, presten menos atención a los correos importantes que sí es imprescindible que vean.
-Promueve las conocidas meteduras de pata que ocurren en cualquier empresa: alguien responde a todos sin querer, alguien no se da cuenta de que cierta persona estaba en copia, etc.
-Es muy poco efectivo: al haber muchas personas en copia, a menudo ocurre que todas ellas piensan que será otra la que conteste y el asunto se queda sin resolver.
-Las personas se sienten vigiladas y observadas. Este modo de trabajar es enemigo de la creatividad y la espontaneidad.
-Ralentiza los procesos de una empresa al completo: es contagioso, se extiende entre todos los empleados, llena sus bandejas de entrada de “paja”, les desvía de los asuntos importantes, interrumpe su trabajo… un efecto “bola de nieve” de manual.
La solución está en intentar que todos tus correos estén dirigidos a un solo destinatario. Cuando es imprescindible poner a más personas en copia, elige solo aquellas que realmente estén interesadas en el asunto tratado y avisa a todos los destinatarios de las personas que están copiadas.
8. COMA EN LOS VOCATIVOS
Bueno, casi consigo llegar al final del artículo sin comentar nada relacionado con ortografía y puntuación. Pero no puedo dejar de mencionar este tema, por ser un fallo muy frecuente en los saludos de los correos electrónicos.
La RAE establece que siempre se utilice coma en los vocativos. No deja lugar a dudas. Copio el artículo completo:
1.2.3. Se aíslan entre comas los sustantivos que funcionan como vocativos, esto es, que sirven para llamar o nombrar al interlocutor: Javier, no quiero que salgas tan tarde; Has de saber, muchacho, que tu padre era un gran amigo mío; Venid aquí inmediatamente, niños. Cuando los enunciados son muy breves, se escribe igualmente coma, aunque esta no refleje pausa alguna en la lectura: No, señor; Sí, mujer.
A pesar de esto, muchas personas insisten en escribir en sus correos cosas como: “Hola Elena”*, “Buenos días Germán”* o “Gracias Roberto”*. Hay comas que son optativas, pero este no es el caso: esta coma es obligatoria.
9. SIGNO DE APERTURA
Existen. No son un mito ni una pedantería ni algo en desuso. Cada pregunta y exclamación debe ir enmarcada por su signo de apertura y su signo de cierre. No tengo mucho más que decir al respecto. O mejor aún: ¡no tengo mucho más que decir al respecto!
10. RELEER EL CORREO ELECTRÓNICO ANTES DE ENVIARLO
Me siento como una profesora de la ESO. al escribir algo tan obvio. Pero es que, de verdad, esto soluciona gran parte de los problemas comentados anteriormente. Repasa tu texto antes de darle al botoncito, que la gran mayoría de las veces modificarás algo. Y, por supuesto, a mejor.
En los correos electrónicos hay muchos otros fallos: tildes que deberían estar y no
están, tildes que están y no deberían estar, mayúsculas incorrectas en los nombres
de los meses, dequeísmo, dequeísmo, laísmo, leísmo… Pero esos son fallos que
nos encontramos también en otros escritos, y quería limitarme a comentar algunos
especialmente típicos en los correos electrónicos.
Saludos ¡y que ustedes lo comuniquen bien!
Isabel Garzo es periodista, correctora de estilo y DirCom. También impartió clases de redacción en la UCM

 

FUNDÉU RECOMIENDA...


Recomendación del día


movimiento por la calma, mejor que movimiento slow


Se recomienda escribir movimiento por la calma, mejor que movimiento slow, para referirse a esta corriente cultural.
El movimiento por la calma surge como reacción contra el ritmo acelerado característico de la sociedad actual y propone hacer un uso consciente del tiempo, disfrutando de cada actividad con la pausa precisa para ello, en lugar de vivir atropelladamente.
Así, en lugar de movimiento slowfilosofía slowslow food, slow citiesslow sex, etc., se recomienda escribir movimiento por la calmafilosofía de la calmacocina con calma (o comer con calma), ciudades con calmasexo con calma..., voces que pueden alternar, por razones de estilo o precisión, con filosofía de la lentitudcocina elaboradacomer despaciociudades tranquilassexo lento o sin prisas...
Asimismo, se aconseja escribir movimiento por la calma en minúscula, de acuerdo con las normas de laOrtografía de la lengua española sobre la escritura de movimientos artísticos, políticos o ideológicos.

IDIOMA ESPAÑOL





El idioma español está de moda
Proliferan los libros que facilitan la corrección lingüística y las curiosidades sobre nuestra lengua, que en unos años será la segunda del mundo


</ El idioma español está de moda francisco garcía pérez 

 Si una persona desea hoy conocer cuál es la norma del español correcto, tiene a su alcance la Gramática, la Ortografía y el Diccionario de la Real Academia Española. Tras haber leído y aprendido y asimilado lo que enseñan las miles de páginas que componen las dos primeras y teniendo siempre a mano el último, estará al cabo de la calle, de una calle que le llevará mucho tiempo recorrer, años incluso hasta interiorizar todo el sistema del español. Para facilitar las cosas, las librerías ofrecen cada vez más compendios, resúmenes o selecciones que permitan al curioso ponerse al día. Como estas normas del español correcto que ahora salen; como esta divertida y breve colección de curiosidades y preceptos de título larguísimo. Todo por la que en unos años será la segunda lengua del mundo. El libro del español correcto se apoya, como no podía ser de otra forma, en los tres pilares antedichos (Gramática, Ortografía y Diccionario de la RAE) que marcan el español estándar. Frente al habitual comentario de que cada cual habla y escribe como le viene en gana, los varios autores del volumen coinciden en señalar que «la norma de hoy es la que es y es importante que el hablante la conozca, incluso en el caso de que decida no seguirla». Se divide en cinco capítulos, dedicados los dos primeros al español hablado y escrito (muy fluidos, de fácil lectura); a los preceptos o consejos sobre el uso recto, el tercero (el más arduo, amén de extenso, por lo que se dirá); a un muestrario de textos orales, escritos y electrónicos: carta, memorando, currículo..., el cuarto (el más instrumental); y finaliza con las herramientas y los recursos con que cuenta el estudioso del idioma: diccionarios, para qué sirven la gramática, la ortografía... (el más informativo). Es decir, ahí está todo: resumido, ordenadito, con algunos chistes para «corregir con humor» (chascarrillos más viejos que el catarro, todo sea dicho) y con curiosidades tales como la desaparición del término «sintagma», que ya no hay, ya no existe, muerto a manos del vocablo «grupo» o la expresión «grupo sintáctico», después de haber vuelto locas a varias generaciones de estudiantes de Secundaria. Muy útil, pues, en especial el apartado tercero: cuándo debo usar una preposición, cuándo y cómo las conjunciones, etcétera. Muy de consulta. Sin embargo, son varias las pegas que le encuentro al libro. Primero, tal parece que hubiesen sido escritas bastantes de sus páginas sin corregir el estilo, o sea, en mal español. Por ejemplo, critica mucho (y hace bien) esas rimas que tanto afean el habla o la escritura: «la decisión de la organización sobre la finalización...», pongo por caso. Aconseja el libro evitarlas e instruye al respecto: considera «uso no recomendado» decir «Se ha hecho pública la sentencia de la Audiencia de Valencia», por esa rima en «-encia» tan desagradable. Pero, curiosamente, ofrece como «uso recomendado» la fórmula «La Audiencia de Valencia ha hecho público el fallo del tribunal», con lo que se mantiene esa cacofonía «-encia» en dos casos, sólo se evita uno. ¿Por qué no haber propuesto «La Audiencia valenciana ha hecho público el fallo del tribunal» y así se elimina toda rima? ¿Por qué se inicia un capítulo rimando «Si revisamos cómo usamos el lenguaje...» tan sencillo de evitar con «Si revisamos el uso del lenguaje...»? No son las únicas rimas halladas. En segundo lugar, me sobran unas cuantas contradicciones. Leo: «El lenguaje, una capacidad que, aunque es compartida con otras especies animales, posee en el ser humano unas características absolutamente diferentes y diferenciadoras: de hecho, es precisamente el lenguaje el rasgo que nos distingue como especie». Si el lenguaje es capacidad compartida con otras especies, ¿cómo es que nos distingue como especie? ¿Habrá querido decir el autor o la autora «el uso» del lenguaje? Pues dígalo. Sigo leyendo: «Los textos son actos complejos en los que intervienen numerosos elementos, lingüísticos y no lingüísticos. Simplificando, podemos decir que un texto consiste en la transmisión de un mensaje o una idea mediante un conjunto de palabras y oraciones». ¿En qué quedamos? Si un texto transmite una idea o un mensaje tan sólo «mediante un conjunto de palabras y oraciones», ¿cuáles son los elementos «no lingüísticos» a los que se refiere el comienzo del párrafo? Una tercera muestra: al explicar que un texto correcto implica «coherencia» y «cohesión» (como así debe ser) se lanza a explicar ambas; pero hete aquí que señala como característica de los textos «coherentes» el que no muestren «contradicciones entre las partes» del mismo... y como características del texto «bien cohesionado» que su autor «no haya incurrido en contradicciones». Pésima explicación, pues, tal como está escrita, son lo mismo cohesión y coherencia. Sin embargo, hay una tercera pata que cojea: la enorme confusión a que se induce al usuario de la lengua con tantísimas recomendaciones que no prescripciones, consejos que no órdenes, normas que no uso potestativo, dualidades permitidas o permisibles... Son multitud y sólo crean lío. Era obligatorio hasta hace nada: «la Policía se incautó de...»; ahora, se permite la transitividad del verbo: «la policía incautó...». Se insistía en la diferencia entre «a donde» y «adonde» (sin antecedente en el primer caso: «nos dirigimos a donde ha dicho» / «el lugar adonde nos dirigimos»): ya no la hay, valen las dos. Pero, en otros casos, no valen otras dos, pero quizás en unos meses decida la RAE que sí valdrán. Creo firmemente que se ha aumentado la confusión basándose en una pretendida libertad de uso. El otro libro aquí comentado (el Compendio ilustrado y azaroso...) se lee muy bien: son pildoritas con curiosidades y anécdotas (la palabra más larga, la bisílaba más larga, el origen de algunos términos...), aunque frenan mucho la lectura los apartados normativos (el uso de los dos puntos, de la coma...), tan largos en comparación con el resto. Léase como entretenimiento, téngase a mano para consultar. Y, sobre todo, sigan ustedes con la lectura de los clásicos: la mejor manera de aprender el uso correcto del español o castellano.
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