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sexta-feira, 22 de fevereiro de 2013

¿Para qué leer?



¿Para qué leer?

Por: Iván Thays | 20 de febrero de 2013

En el libro El encantador: Nabokov y la felicidad, Lila Azam Zanganeh titula su prólogo con contundente franqueza: "¿Por qué leer este libro o cualquier otro?" Así contesta a su propia pregunta: "La respuesta, a mi juicio, siempre ha sido meridianamente clara: leemos para renovar el encanto del mundo. Desde luego, hay un precio, incluso para el más diestro de los lectores. Descifrar sentidos, internarse trabajosamente en regiones desconocidas, abrirse paso entre un intrincado laberinto de frases, tinieblas inquietantes, plantas y animales desconocidos. No obstante, si persistimos con obstinada curiosidad y espíritu de conquista, de vez en cuando surge un panorama magnífico, un paisaje bañado por el sol, rutilantes criaturas marinas¨.
Reconozco que me gustaría sentir que cada vez que leo se renueva mi encanto por el mundo. No voy a negar que he sido feliz leyendo, ni tampoco que esa curiosidad y espíritu de conquista se ha apropiado de mí otras veces, pero lamentablemente mi experiencia como lector está muy lejos de esos hallazgos fabulosos de Zanganeh. La respuesta para qué o por qué leer siempre ha sido, para mí, tan complicada de responder como a aquella "por qué escribes". Tengo la impresión de que, en principio, ambas respuestas son parecidas. Aquella profunda decepción ante el orden del mundo, el descubrimiento del caos y de aquello que no funciona, el motor de la escritura según Vargas Llosa, moviliza también al lector. Lectores y escritores comparten las mismas fracturas. Leemos para encontrarnos con un mundo, si no mejor, al menos capaz de responder a un orden y cuyo dios o demiurgo, por más genial que sea, es un ser más cercano a nosotros que cualquier divinidad mística: el autor.
El francés Charles Dantzig, editor, traductor de Francis Scott Fitzgerald y Oscar Wilde, además de narrador, poeta y ensayista, organiza un extraordinario libro calidoscópico en torno a la pregunta “¿Por qué leer?”, que responde con inteligencia y buen gusto pero también con bromas, ironía o provocación. Algunos de los títulos de los capítulos bastan para mostrar a qué nos enfrentamos: “Leer para encontrarse (sin haberse buscado)”, “Leer para estar articulado”, “Leer para no dejar que los cadáveres descansen en paz”. “Leer por amor”. “Leer por odio”, “Leer para pasar la mitad del libro”, “Leer por títulos”, “Leer para dejar de ser la reina de Inglaterra”, “Leer para masturbarse”, “Leer para contradecirse”, “Leer para guardar las formas”, “Leer para aprender”, “Leer por consolarse”, “Leer para descubrir lo que el autor no ha dicho” o mi favorito: “Leer para saber que con leer no se mejora”.
Existen grandes lectores que son, además, personas muy cultas, inteligentes, sensibles y tienen excelente ortografía y redacción. Pero es un error pensar que, por consiguiente, la lectura te hace más culto, inteligente, sensible o mejora tus tildes. Leer con un fin utilitario, ya sea gramatical o espiritual, es una pérdida de tiempo. Puedo imaginarme a Hitler leyendo una novela de Knut Hamsum con placer, pero me resulta difícil pensar en la madre Teresa leyendo algo que no sea la Biblia o un libro didáctico. Si leer no nos hace mejores personas, insisto, ¿para qué leer?
En uno de los capítulos Dantzig anuncia que el lector es un egoísta.“Se lee para comprender el mundo, se lee para comprenderse uno mismo. Y si se es un poco generoso, ocurre que también se lee para comprender al autor. Creo que eso solo les ocurre a los más grandes lectores, una vez que se han saciado las dos primeras necesidades, la comprensión del mundo y la comprensión de sí mismos. Leer hace cantar a las momias, pero no se lee para eso. No se lee para el libro, se lee para uno mismo. No hay nada más egoísta que un lector”.
Estoy de acuerdo. Para eso leo, para apropiarme de las palabras de los demás. Leo porque esas palabras me pertenecen. Los libros que han dejado más huella en mí no son necesariamente las obras cumbres, sino aquellos cuya piel he logrado traspasar hasta hacerla mía. Leo para mi placer, mi gozo, para apartarme del mundo y sumergirme en mí mismo. Leo para mí. En un mundo donde todo es esperanza de futuro, o donde el pasado asoma y me atormenta constantemente, el único momento donde estoy en el presente es cuando leo. Leer es meditar con palabras de otras personas, dije en un post anterior. Por eso leo. Leo para saber qué pienso, qué opino, qué sé o debería saber, qué he olvidado. No leo para identificarme con un autor sino para permitir que sus palabras se identifiquen conmigo, adquieran sentido gracias a mí. Cada lector reconstruye, o mejor dicho inventa, la literatura universal.
Recuerdo que, hace años, leí un texto de mitología celta escrito por W.B. Yeats donde encontré la frase "tan sosegado que parece triste". De inmediato la inserté en un cuento de veinte páginas que había escrito y que le di a leer a un amigo. Este amigo dijo que el cuento era infumable, pero subrayó la frase robada diciéndome con, cierta condescendencia, "sin embargo, en esta frase es se nota que tienes talento". Nunca le dije que esa frase la había escrito Yeats, no era necesario. Es natural que en el estado de meditación en que nos introduce la lectura aparezcan frases o escenas que nos remitan a nosotros mismos y resulta natural apropiarnos de ellas. En realidad, nos pertenecen tan igual como si las hubiésemos escrito, porque nuestra existencia es la que les da sentido: sin nosotros solo serían líneas negras sobre blanco. Por ello, jamás leo por curiosidad hacia mundos o épocas distintas a las mías, sino por curiosidad por mí mismo.Leo para saber quién soy.

TRADUCCIÓN

La profesión del traductor: los primeros pasos
Fuente: Instituto Cervantes - Autor Virginia Cano Mora. Traductora e intérprete

Introducción
Tanto los estudios como la profesión del traductor e intérprete están de por sí poco definidos. En el Reino Unido, por ejemplo, no existe ninguna carrera universitaria que trate ampliamente estas disciplinas. Los alumnos que elijan hacer una carrera de idiomas tratarán algo el tema de la traducción y la interpretación, pero no de una manera extensiva que les permita trabajar en el mercado, aunque sí existen diversos cursos de posgrado sobre traducción e interpretación, tanto prácticos (como el máster en Traducción e Interpretación que ofrece la Universidad de Salford) como teóricos (como el máster en estudios de traducción de Reading). En España, en cambio, la traducción e interpretación constituyen una carrera (en un principio se enseñaban ambas disciplinas en escuelas universitarias, que ahora se han convertido en facultades).
A pesar de esta diferenciación, la necesidad de traductores e intérpretes se hace más patente quizás en el Reino Unido que en España o, por lo menos, la profesión está más extendida, hay un mayor número de traductores o éstos se muestran más activos. La gran mayoría de traductores trabajan de manera autónoma, y por ello me voy a centrar en el traductor e intérprete autónomo. Hago hincapié en lo de intérprete porque, aunque se argumenta que, puesto que las cualidades requeridas para ser un buen traductor son diferentes de las de un buen intérprete, no se puede trabajar como ambos, de hecho la mayoría de los traductores trabajamos en ambas capacidades.
De modo que empezaré por exponer los típicos comienzos y la formación de un traductor/intérprete: qué hacer cuando se ha decidido trabajar de traductor, qué equipo se necesita, cómo se organiza uno, cómo se captan clientes, etc., para pasar luego a comentar brevemente la faceta del intérprete y los errores típicos en que pueden caer los principiantes.

Formación
Hasta hace poco sólo era necesario contar con unos conocimientos lingüísticos mínimos para poder establecerse como traductor. No obstante, este estado de cosas está cambiando lentamente con la aparición de cursos especializados en traducción e interpretación y de entidades reguladoras de la profesión tales como el Institute of Translation and Interpreting (ITI) o elInstitute of Linguists, en el Reino Unido.
A mi modo de ver, lo ideal sería realizar la carrera de traducción e interpretación (cosa que sólo es posible si se está en España, puesto que ya hemos dicho que tal carrera no existe en el Reino Unido), a pesar de que la mayoría de las personas ajenas al mundo de la traducción y la interpretación no consideran estos estudios como una carrera seria.
Esto no quiere decir que si se han cursado otros estudios no se pueda ser traductor. Se puede ser un traductor excelente habiendo hecho cualquier otra carrera siempre que, a la misma vez o después, se hayan realizado estudios prácticos de traducción. De hecho, los mejores traductores técnicos o jurídicos serán, por ejemplo, aquellos que sean ingenieros o juristas (siempre, claro está, que tengan conocimientos de estas materias en el idioma del que vayan a traducir, estén por lo tanto familiarizados con la terminología de este campo en ambos idiomas, y cuenten con cierta formación como traductores).
Aquí entra en juego el curso de posgrado. Para algunos es un modo de afianzar los conocimientos y la práctica de la traducción y la interpretación; para otros es quizás la manera de introducirse en el mundo de la traducción y la interpretación con el que ya tuvieron cierto roce durante la carrera (ya sea Filología, en España, o Idiomas, en el Reino Unido), o que les resulta completamente nuevo pero extremadamente interesante.

Por dónde empezar
Ya tenemos a nuestro flamante diplomado/licenciado/titulado de alguna manera en Traducción e Interpretación. Se trata de alguien capacitado para ejercer. Pero, ¿por dónde se empieza?
Lo primero es decidir si se quiere trabajar en una agencia de traducción, en una empresa o de manera autónoma. En todos los casos hay que tener, en principio, mucha suerte, pero especialmente en el caso del traductor autónomo, que lo tiene aún más difícil y es en el que me voy a centrar.
En primer lugar, es necesario planificar el negocio: considerar los pros y los contras, estudiar el aspecto financiero y seguir, en definitiva, los pasos que todo el mundo sigue para comenzar un negocio (ya se trate de una peluquería, una fábrica de galletas o un servicio de catering). Existen diversas organizaciones y programas de ayuda para personas que quieren montar un negocio. Manchester Business Link es uno de estos programas de ayuda para nuevos negocios, gracias al cual se puede obtener el asesoramiento de expertos. Además de asesoramiento, también proporciona acceso de manera gratuita a cursillos sobre contabilidad, finanzas, marketing y un sinfín de temas relacionados. Una vez que el candidato a traductor (en este caso) ha definido un plan de negocios y éste se considera viable,Manchester Business Link proporcionará apoyo económico durante el primer año y una serie de revisiones del negocio cada cierto tiempo.

Equipo
El traductor autónomo pasa la mayor parte de su tiempo frente a la pantalla del ordenador, tecleando la traducción de un texto que, normalmente, habrá recibido por fax, y cuya traducción habrá de enviar por módem.
De manera que a la hora de comenzar a trabajar como traductor autónomo, se deberá invertir en un ordenador y programas adecuados (hasta ahora el programa de procesamiento de textos usado más comúnmente en el mundo de la traducción era WordPerfect 5.1, pero cada vez con más frecuencia se exige al traductor que presente su trabajo en Word para Windows o en la versión para Windows de WordPerfect). Hoy día existe una amplia gama de ordenadores a precios muy variados. Se pueden comprar ordenadores por unas 500 libras esterlinas más IVA si únicamente se trabaja con DOS, mientras que un ordenador con el que se pueda utilizar Windows y que se mantenga al día con el software que se pueda producir en los próximos tres a cinco años puede costar como término medio unas 1000 libras más IVA.
También será necesaria una impresora y, dependiendo del presupuesto de que se disponga, un fax y un módem, o un fax-módem combinado. Una impresora de chorro de tinta es suficiente para cubrir todas las necesidades del traductor, mientras que para grandes volúmenes de trabajo quizás merezca la pena considerar una impresora láser; sea cual sea el tipo de impresora que se elija hay que comprobar que funcione tanto para Windows como para DOS (si se utiliza WordPerfect). Una impresora de chorro de tinta cuesta alrededor de las 200 libras mientras que una impresora láser viene a salir por unas 400 libras.
Pasemos ahora a hablar del fax y el módem, que son esenciales para el traductor autónomo. Si se está empezando a trabajar como autónomo (freelance) quizás la mejor opción es obtener un fax-módem combinado. Hoy día casi todos los módems son de hecho también faxes. Las ventajas que presenta el fax-módem es que resulta más barato que comprar un fax por separado, y da muy buenos resultados, especialmente en la recepción de faxes, puesto que se pueden leer en la pantalla del ordenador, aumentando el documento si fuera necesario para su buena lectura. Desventajas: solamente se puede enviar por fax un texto que se tenga en pantalla en el ordenador; cuando se trata de corregir traducciones (proofreading) resulta obsoleto, puesto que no se pueden enviar las páginas con las correcciones en ellas. Aunque este problema se puede solucionar más adelante, cuando se cuente con el dinero necesario, mediante la adquisición de un scannermanual (de unas 50 libras más IVA) o uno personal (de unas 150 más IVA). Los precios de los faxes varían considerablemente, siendo el precio medio unas 200 libras. En cuanto a módems se refiere, los modelos V32bis (14.400 bits por segundo), que son los más comunes en la actualidad, se pueden adquirir por un máximo de 80 libras, mientras que los modelos V34 (28.000 bits por segundo), que funcionan el doble de rápido, y que se están abriendo camino recientemente, cuestan unas 150 libras. Últimamente se ha venido desarrollando el software para un nuevo tipo de módem que funciona también como contestador automático; este modelo puede resultar una buena inversión para el futuro, pero ahora mismo está todavía en estado casi experimental.
Por último, en este apartado de equipo, me gustaría resaltar la importancia de un contestador automático o un teléfono móvil. El traductor (o intérprete) debe estar localizable en todo momento. De ahí lo importante que resulta contar con un contestador automático (y comprobarlo cada cierto tiempo cuando se está fuera de casa o de la oficina) o un móvil (que resulta aún más importante si se trabaja de intérprete para la policía o agentes de aduanas).
Por lo tanto se pueden estimar los costes totales del equipo, así como los de papelería (tarjetas de negocios, papel con encabezamiento, etc.) en unas 3000 libras. Y a esto habrá que sumarle los costes de los mailings que se realicen y de la compra de diccionarios y otros materiales de consulta.

Comienzos
Una vez que se cuenta con el equipo y los conocimientos necesarios, surge el problema de la captación de clientes.
Existen dos tipos de clientes: los directos y las agencias. Estas últimas son las principales proveedoras de trabajo. Ellas, por supuesto obtienen beneficios sustanciales, pero también se puede hacer que trabajen a favor del traductor autónomo, puesto que pueden realizar todos los esfuerzos publicitarios que el traductor, al principio, no se puede permitir. La mejor estrategia para empezar a trabajar como traductor autónomo es realizar unmailing a dichas agencias. Y no sólo a las de la zona donde se vive, puesto que, con la tecnología con que contamos en la actualidad, se puede trabajar desde cualquier punto geográfico para un cliente que puede estar a cientos de kilómetros o a unos cuantos metros.
Los clientes ideales son los directos, puesto que se les puede cobrar más que a las agencias (se les puede cobrar lo que las agencias les cobrarían); pero éstos son los más difíciles de conseguir. La única manera de conseguir clientes directos es mediante contactos o poniendo un anuncio en las páginas amarillas. También, si se tiene una especialidad (lo cual es muy importante en el mundo cada vez más especializado de la traducción), es una buena medida realizar un mailing al grupo deseado; por ejemplo, si se está especializado en traducción jurídica, un mailing a los bufetes de abogados y a los notarios.

Traducción
La vida del traductor autónomo puede resultar muy monótona y solitaria si no se combina con otras actividades tales como la interpretación o la enseñanza. Hay que tener la disposición adecuada para elegir esta profesión, pero también por ello es muy importante relacionarse y estar en contacto con otros traductores: no sólo pueden resultar de gran ayuda con alguna dificultad que surja en la traducción de un texto, sino que también saben lo que supone pasarse horas tecleando o dictando una traducción. Existen organizaciones que sirven como punto de encuentro para traductores tales como, en el noroeste de Inglaterra, la North-West Translators Network (NWTN) o, a nivel nacional, el ya mencionado ITI. Estas entidades, aparte de proporcionar una cierta organización a la profesión y regularla, ofrecen información a los traductores, y en las reuniones que tienen lugar cada cierto tiempo se tratan los problemas a los que se enfrentan los traductores, las nuevas tecnologías que pueden ayudarles y, ante todo, sirven para fomentar el encuentro entre los mismos.
Una advertencia antes de seguir adelante: resulta más fácil perder un cliente que ganarlo. Todos los traductores cometemos errores de vez en cuando. Es muy fácil equivocarse en un número, saltarse algo, e incluso cometer algún error de mecanografía (aun contando con las facilidades de corrección de textos que ofrecen programas como WordPerfect). El problema fundamental reside en el hecho de que, si un traductor que ha estado trabajando para una agencia durante un cierto número de años comete un error, la agencia le dará otra oportunidad; pero si ese mismo error lo comete un traductor que trabaja para la agencia por primera vez, es muy raro que vuelva a mandarle trabajo. Injusto, pero cierto.
Otra de las injusticias muy comunes en el mundo de la traducción son las temidas fechas límite. ¿Por qué no contamos los traductores nunca con tiempo suficiente para bordar una traducción? El factor tiempo es crucial. Todos los clientes, ya sean directos o agencias, tienen prisa y quieren una traducción rápida y de gran calidad. Y, todos sabemos que es muy difícil, por no decir imposible, tener ambas cosas. El problema del tiempo que se dedica a la traducción es de especial importancia para el traductor autónomo, porque muy a menudo acaba trabajando hasta muy tarde por las noches e incluso los fines de semana.
Siempre que se vaya a aceptar trabajo (y especialmente si se tratara de una agencia nueva) hay que asegurarse de que antes de realizar la traducción, tanto la agencia como el traductor estén de acuerdo con las condiciones de la misma. Por ejemplo, se habrá de decidir si el precio por cada mil palabras se refiere a la lengua del texto original o a la del texto final, cuándo se realizará el pago (normalmente de uno a dos meses tras la entrega de la traducción) y, lo que es más importante y aplicable a todas las traducciones y todos los tipos de clientes, antes de aceptar una traducción el traductor habrá de asegurarse del tipo de texto en cuestión. Es posible que se trate de un texto muy especializado en cuyo campo el traductor no tenga experiencia suficiente para realizar la traducción, o es posible que las características del texto sean tales que exijan al traductor una extensa labor de investigación. Es esencial que antes de aceptar una traducción se hayan acordado todos los detalles de la misma.
Si el trabajo viene de una agencia, normalmente la propia agencia enviará la traducción a otro traductor para que la coteje, pero algunas agencias no lo hacen, por lo que habrá que ser extremadamente cuidadoso al realizar la traducción. Por muchas veces que leamos y releamos nuestras traducciones, es posible que se nos escape un pequeño detalle.
Ya he dicho que es muy fácil perder clientes (por saltarse algo, por pedir un precio más alto debido a la labor de investigación que la naturaleza del texto requiera, etc.), pero es posible darles una impresión favorable ajustándose siempre a las fechas límites y ofreciendo traducciones de calidad (aquí, una vez más, es necesario resaltar la importancia de la revisión de la traducción antes de mandarla a la agencia y, si se tratara de un cliente directo, esta revisión sería imprescindible).
No he hablado hasta ahora de las ayudas que tiene el traductor a la hora de realizar su trabajo, es decir, diccionarios, libros y material de consulta y, lo que considero más importante, contactos: expertos en distintos campos que puedan ayudar al traductor a la hora de comprender un concepto. El traductor habrá de contar con toda una serie de diccionarios bilingües y monolingües en ambos idiomas sobre el tema en que esté especializado, diccionarios generales y de temas relacionados con el campo de especialización (puesto que normalmente los textos jurídicos, por ejemplo, vienen relacionados con temas financieros, médicos, etc.), pero además deberá de poder contar con la ayuda de juristas, siguiendo con el ejemplo de la traducción jurídica, tanto en España como en Inglaterra. La consulta de expertos es una de las claves de un buen traductor, así como también lo es la experiencia. Hay trucos de traducción y conocimientos que sólo se adquieren con el tiempo.
Antes de terminar este apartado sobre la traducción, querría hacer mención de la revisión de traducciones o proofreading. Ésta puede parecer una labor fácil, pero puede resultar muy difícil y frustrante. La razón: cada traductor tiene su estilo propio y expresaría una misma idea de una manera diferente, de modo que a veces resulta muy difícil trazar la línea divisoria entre la corrección de errores y la de estilo. A título orientativo comentaré que se cobra por horas, y que las agencias no suelen mostrarse muy contentas cuando el traductor-corrector ha incluido gran cantidad de cambios.

Interpretación
El ITI divide la interpretación en dos categorías: de conferencia y ad hoc. El intérprete de conferencia interpreta de manera simultánea en cabina contando con apoyo técnico y en equipo, o de manera consecutiva, es decir, toma notas para interpretar discursos de una duración de cinco o más minutos. La categoría de interpretación ad hoc se divide en tres subcategorías: interpretación en reuniones de negocios, interpretación en tribunales e interpretación para los servicios públicos (policía, agentes de aduanas, inmigración, seguridad social, etc.).
Vamos a centrarnos en la interpretación ad hoc. Pero antes de ello, es necesario advertir que las situaciones para la interpretación casi nunca son lo que debieran ser. Normalmente en traducción simultánea se espera que se proporcionen los medios técnicos necesarios; muchas veces el equipo es defectuoso o el intérprete ha de trabajar a solas durante largos períodos de tiempo en lugar de alternar con otro intérprete, como es la práctica usual. En interpretación consecutiva las intervenciones no debieran ser de más de diez minutos de duración, pero a menudo lo son. Y en interpretación ad hoc, se suele olvidar que hay intérprete, o ha de interpretarse utilizando la técnica del whispering, que consiste en sentarse junto al cliente e ir traduciéndole en voz baja lo que se va diciendo, con el consiguiente problema que supone el encontrarse varios intérpretes susurrando al mismo tiempo en una sala cerrada.
Normalmente son las agencias las que proporcionan los intérpretes a los clientes, aunque se puede dar el caso de que llegue un momento en el que el cliente decida comprarle el intérprete a la agencia. No ocurre muy a menudo, pero sí que ocurre a veces.
Para ser un buen intérprete se necesita, además de una buena formación, una gran capacidad de síntesis, una dosis importante de sangre fría (o ser un experto en ocultar los nervios) y buena imagen. Un buen intérprete ha de ser casi como un actor; no basta con traducir lo que se dice, sino que hay que transmitir el mensaje con todo lo que lleve consigo (humor, enfado, sorpresa...). Se trata de transmitir ideas y estados de ánimo.
La profesión del intérprete suele ser muy estresante, pero resulta muy gratificante desde el punto de vista tanto personal como monetario. Es necesario saber controlar los nervios y hacer que jueguen a favor del intérprete (haciéndole estar más alerta, por ejemplo).
Para mí los dos problemas fundamentales son los nervios y la imparcialidad. Los nervios suponen un problema que no tiene solución. Es cuestión de experiencia: los intérpretes más curtidos serán capaces de dominar mejor los nervios, aunque éstos se hallarán siempre presentes. En algunos casos resulta muy difícil mantener la imparcialidad. Pongo por ejemplo el caso de trabajar de intérprete ante un tribunal: es natural que se tenga una idea preconcebida de si el acusado es culpable o inocente antes de comenzar a interpretar, pero el intérprete habrá de olvidarse de esto por completo para poder llevar a cabo su trabajo con imparcialidad y justeza.
Las reuniones de negocios se prestan a situaciones un tanto ridículas e incluso jocosas a las que el intérprete habrá de adaptarse y saber reaccionar con rapidez. También es muy frecuente el caso de largas reuniones de negocios en que los clientes se aburren y comienzan a hablar entre ellos sobre algo que no tiene relación alguna con el tema que se está tratando, haciendo que al intérprete le sea muy difícil mantener la concentración.
Si se decide trabajar como intérprete para la policía hay que estar preparado para trabajar en todo momento y a horas intempestivas. Este tipo de interpretación puede resultar difícil en el sentido de que nunca se sabe cómo van a reaccionar los detenidos. Pueden permanecer muy calmados, pero también pueden reaccionar violentamente y culpar al intérprete de lo que está pasando, o pueden derrumbarse y empezar a llorar, con lo cual el intérprete no sabe a dónde mirar o cómo entender lo que la persona está diciendo entre hipido e hipido. Y también puede dar lugar a situaciones difíciles como, por ejemplo, encontrarse a la persona en cuestión por la calle o en un avión a los pocos días de haber estado interpretando para ella y la policía.
Quizás la situación que más imponga sea la interpretación en un juicio. El intérprete sabe que, más que nunca, ha de ser muy preciso en su trabajo y es consciente del alto grado de formalidad de la situación. Por mucho que se intente sonar y parecer profesional, la primera frase suele sonar un poco vacilante, pero una vez pasados los primeros momentos la adrenalina comienza a funcionar con normalidad y todo resulta más fácil.

Conclusión
En definitiva, la profesión de traductor y de intérprete tiene sus pros y sus contras: la interpretación es más estresante, y cualquier error se hace patente inmediatamente, sin que sea posible subsanarlo en muchas ocasiones (por ejemplo, si se trata de un error dentro de un discurso muy largo y se está interpretando simultáneamente), pero más lucrativa, mientras que el traductor puede, en una situación ideal, dedicar más tiempo a cuidar la expresión y comprobar y revisar su propio trabajo, pero puede resultar una profesión un tanto solitaria.
Lo ideal, a mi parecer, sería combinar ambas actividades, aunque soy consciente de que hay gente que sirve para una cosa y no para la otra, y de que hay más mercado para traductores que para intérpretes.
En lo referente a trabajar de autónomo, siempre se ha dicho que intentar trabajar de traductor autónomo desde un principio es imposible. Yo no digo tanto. Es difícil, sí, muy difícil, pero posible. Es necesario invertir mucho tiempo, dinero y energía en ello, pero merece la pena.
Se trata de un negocio muy inestable, poco aconsejable si lo que se busca es estabilidad económica. Hay que armarse de paciencia y acostumbrarse a largos períodos de inactividad tras los cuales vendrán temporadas frenéticas en las que se habrá de trabajar día y noche, e incluso rechazar trabajo o subcontratarlo por falta de tiempo.
Quisiera terminar volviendo a resaltar la importancia que tienen una buena campaña de marketing, la fiabilidad, la experiencia y los contactos, haciendo hincapié especialmente en los contactos para los nuevos traductores e intérpretes autónomos que quieren abrirse paso en esta difícil y competitiva profesión.

TRADUCCIÓN



Traductor: una profesión con futuro prometedor

por Yolanda

La carrera de traducción e interpretación es una de las profesiones con un gran futuro profesional. La situación actual está provocando que muchas empresas, sobre todo las que operan por internet, estén expandiendo sus negocios a otros países. Este fenómeno, sumado al creciente multilingüismo de las empresas y a la expansión de la globalización, está provocando un aumento de la demanda de traductores.
El prestigioso periódico americano US News ha publicado recientemente un artículo sobre cuáles serán las mejores profesiones del 2013 a nivel mundial. Dentro de la categoría ‘empleos creativos y de servicio’, se encuentran las profesiones de traductor e intérprete, consideradas como una de las ocupaciones con más futuro. Aunque las perspectivas laborales varían por especialidad e idioma, según este estudio el panorama para las personas que desempeñan dichas profesiones es muy bueno. Se prevé un aumento del 20% en la demanda de estas disciplinas entre 2012 y 2018, lo cual es mucho mayor en comparación con el porcentaje de otras carreras.
Los traductores de los idiomas más solicitados (inglés, español, alemán, francés e italiano) seguirán teniendo una fuerte demanda. A nivel empresarial, el inglés seguirá siendo el idioma estrella. No obstante, actualmente en España están aumentando la demanda de idiomas como el polaco, el rumano y el chino, debido a que muchas empresas españolas se están instalando en dichos mercados. Otros idiomas que están siendo cada vez más demandados son el árabe, debido al notable volumen de inmigración magrebí instalada en nuestro país, e idiomas asiáticos como el japonés y el coreano.
La carrera de traducción e interpretación tiene múltiples salidas laborales, las más comunes son traducir e interpretar para una agencia o para cualquier tipo de empresa, desde una productora de cine hasta una fábrica de productos farmacéuticos. Además, tiene otras salidas como la docencia o la edición de textos, entre otros.
Aumenta también la demanda de intérpretes:
Traducción e interpretación no son sinónimos. La diferencia básica entre un traductor y un intérprete es que el primero trabaja con textos escritos, mientras que el segundo se dedica a realizar traducciones simultáneas de un discurso. Un traductor de textos puede dedicarse también a la interpretación, y es algo habitual, pero existe una tendencia a la especialización en este sentido.
El Parlamento y la Comisión Europea consideran que, además de traductores, la profesión de intérprete tiene también mucho futuro y por ello han iniciado una campaña para animar a los jóvenes a formarse en este ámbito y cubrir el hueco que dejarán por jubilación un 18% de profesionales en los próximos 15 años.
La Comisión Europea señala que el árabe y el ruso son dos de las lenguas más demandas en la actualidad para trabajar en este ámbito; y añade que las lenguas que tienen más riesgo de quedarse sin intérpretes a corto plazo son el danés, el griego, el holandés, el sueco y las lenguas de los países del este

HABLANDO DE MODA...

En el mundo de la moda no eres nadie si no dices tres anglicismos por minuto
21/02/2013
Cada vez que hay una nueva edición de Madrid Fashion Week, o de su equivalente en Barcelona, se pone de manifiesto que en el mundo de la moda no eres nadie si no sueltas tres anglicismos por minuto. ¿Pose?, ¿pertenencia a grupo?, ¿complejo de inferioridad?, ¿papanatismo? Un poco de todo eso hay.

Conviene saber inglés, o al menos chapurrearlo, si se va a asistir a los fashion shows o desfiles de la antigua Pasarela Cibeles, que cambió su nombre hace unos años para darle mayor carácter internacional y unificarlo con las fashion weeks de otros países.
Si hace décadas era el idioma francés el que exportaba términos relacionados con la moda (glamour, prêt-à-porter, atelier…), desde hace tiempo ha ido ganando terreno el inglés, como ha sucedido en tantos campos. La pena es que el español, una lengua que hablan más de 400 millones de personas en el mundo, posee palabras de sobra para evitar esa invasión de extranjerismos.
«Hay cierto papanatismo en creer que, utilizando términos extranjeros, esto le da mayor seriedad al encuentro o mayor carácter internacional», le dice a Efe Salvador Gutiérrez, filólogo y académico de la Lengua. «Yo lo veo como una especie de complejo de inferioridad», asegura la escritora, y también académica, Soledad Puértolas.
Y es que, al parecer, se ve mejor el desfile del diseñador de turno si te han sentado en elfront row que en la primera fila, y es más trendy saludarlo luego en el kissing room que en la sala de encuentros.
Y no todo el mundo tiene acceso al backstage o camerinos para ver el ajetreo que se traen las esculturales top models, superando un fitting (prueba previa al desfile) tras otro.
Esas supermodelos, como recomiendan la Real Academia Española y la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA) que se llame a las top models, comenzaron sus carreras mostrando un buen book o álbum lleno de las mejores fotografías que les habían hecho, y todas ellas cuentan con un booker, que en español es la persona encargada de asesorarles.
Y por supuesto, superaron en su día un casting, anglicismo definitivamente incorporado a nuestro vocabulario, aunque conviene escribirlo en cursiva. En esas sesiones las modelos suelen entregar su composite, que en la lengua de Cervantes equivale a una tarjeta de visita con fotos y datos como la altura, las medidas corporales y el color de ojos.
De las top models tomarán idea los aficionados a la moda para llevar esa prenda must-have o imprescindible. Y ellas se convierten también con frecuencia en las it girls o chicas de moda, al igual que entre sus compañeros masculinos de profesión hay muchos it boys.
La nueva revista Grazia, que irrumpe con fuerza en el mercado español, saca en la portada de su primer número a Cara Delevingne, una it girl. Otra prueba más de cómo esta expresión se ha extendido.
En el press book o dossier de prensa que se facilita en estas pasarelas internacionales, se incluyen también muchos extranjerismos, y se prefiere hablar de animal print, y no del estampado de cebra o leopardo de toda la vida; de escote halter, ese que deja los hombros al descubierto y que se abrocha en la parte trasera del cuello, y de estilos urban,casual, sport wear o minimal.
Salvador Gutiérrez atribuye la profusión de anglicismos en los desfiles de moda a un afán de «demostrar que están al día y que pertenecen a un grupo más competitivo, más internacional».
«Pero se pasan tres pueblos de la raya, porque no se utiliza el castellano ni siquiera en cosas elementales como puedan ser la misma situación de los espectadores, el descanso para tomar un café o el resumen de prensa», asegura.
«Creo que hay cierto papanatismo en todo esto, cierto descuido del español. No costaría nada emplear términos castellanos en determinadas ocasiones», señala Gutiérrez, coordinador de la nueva Ortografía de la lengua española.
Soledad Puértolas ve «un cierto complejo de inferioridad» detrás de esta invasión de extranjerismos: «Si tenemos un idioma que lo hablan millones de personas y tan rico como el español, ¿por qué hay que importar esos términos?», se pregunta la autora de novelas como El bandido doblemente armado o Mi amor en vano.
«Creo que es también una cuestión de marketing‘ y de que se ha impuesto en la moda una dependencia con respecto a otras pasarelas más importantes», añade esta destacada novelista.
Aficionada a la moda, aunque no asista a los desfiles, Puértolas considera que hay, además, algo de «espejismo» en esos usos lingüísticos. Como si quisieran «hacer ver que esto es otra cosa, que esto es París o Nueva York».
«Pero esto es Madrid y está muy bien que lo sea. No pasa nada por hablar en español», subraya.
En definitiva, responde a «una inseguridad y a un rechazo de lo que eres». «Hay una falta de orgullo cultural», asegura la escritora.
Tanto Gutiérrez como Puértolas —al igual que hacen la RAE y la Fundéu— recomiendan evitar esos extranjerismos y no «despreciar» las numerosas voces españolas que hay para decir los mismos conceptos.
«Deberíamos velar más por el cuidado de nuestra lengua, que es internacional, riquísima, y que no desmerece nada con el inglés en ningún aspecto», concluye Salvador Gutiérrez.
Ana Mendoza (Efe)

ESCRIBIR EN INTERNET

El lenguaje en internet, una pugna entre corrección y libertad
21/02/2013
El apogeo de las redes sociales ha convertido internet en un papel en blanco donde todos escriben sus conocimientos, vivencias o experiencias personales sin advertir la repercusión de sus propios usos gramaticales, capaces de transformar un lenguaje o de distorsionar una reputación.

Los especialistas en lenguaje y tecnología de la información han detectado que el contenido, interesante o no, está venciendo a la forma, y por ello advierten de la necesidad de conservar la corrección de un idioma, incluso en su adaptación a los nuevos medios de comunicación.
Esta encrucijada entre lenguaje y medios digitales es uno de los principales debates que centran la tercera edición del Congreso Comunica 2.0, organizado por la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA) y la Universidad Politécnica de Valencia, que se celebra hoy y mañana en el campus de Gandia, en la mediterránea provincia de Valencia.
«Antes de escribir en cualquier medio, lo primero que hay que hacer es saber escribir». Así de tajante se expresa en conversación con Efe Marga Cabrera, profesora universitaria, codirectora del congreso y coordinadora de un libro escrito por cuarenta especialistas bajo el título Escribir en internet. Guía para los nuevos medios y las redes sociales.
Según reflexiona, el desarrollo de la tecnología en general, y de las relaciones sociales a través de internet en particular, ha propiciado un escenario en el que «todos escribimos más que nunca» a través de los diferentes dispositivos (teléfonos, tabletas, ordenadores) y que «nos hace mucho más visibles».
En comparación con los medios tradicionales de escritura y publicación, las pantallas ofrecen un aparente aspecto de informalidad que induce a descuidar el uso correcto del lenguaje, y esto está transformando el propio lenguaje y puede dañar la reputación de una persona, apunta.
«La posibilidad de conexión y expansión que ofrece internet es muy positiva, pero tiene estos peligros, y por eso debemos ser muy cuidadosos en la forma de escritura», señala Cabrera.
También implica peligros generalistas, como el deterioro —o evolución, según distintos puntos de vista— del lenguaje. «La apertura del signo de interrogación ha desaparecido, y lo hemos aceptado por necesidad, al igual que otros muchos códigos procedentes del inglés», admite.
El lenguaje también adquiere una notable relevancia en los espacios de escritura colectiva, conocidos como ‘wikis’, donde la autogestión permanente cuida de forma y contenido.
Tíscar Lara, seleccionada en el 2012 como una de las 40 mujeres más influyentes de España en este sector, subraya que esta autogestión sin filtro previo es su mayor activo, pero también su principal riesgo.
En sitios como la Wikipedia es fundamental conocer las expectativas de lectura. «Aquí prima el contenido sobre la autoría, y además son contenidos estables, no información fugaz como la de un blog», comenta a Efe.
El orden y la estructura del espacio adquieren una especial relevancia, y también el uso correcto del lenguaje, porque es consultada para todo tipo de procesos, pero su carácter colectivo le otorga una ventaja: «un error gramatical en la Wikipedia dura poco por la constante vigilancia de la comunidad».
Una «inteligencia colectiva que vela por la calidad del lenguaje y de la información», paradigma de un nuevo escenario comunicativo donde el lenguaje pugna por la supervivencia.
Agencia Efe

ORTOGRAFÍA

Incorrecciones instantáneas
La mala ortografía se ha convertido en un verdadero quebradero de cabeza para los profesores españoles>
FUENTE: EL PAÍS

Para el profesorado, incluido el de la enseñanza superior, la mala ortografía es un quebradero de cabeza. Los alumnos de hoy tienen una preparación que es la envidia de sus mayores: saben —más o menos— idiomas, ven mundo y acceden a altos títulos universitarios. Les falta, sin embargo, aquel afán por la caligrafía y la ortografía que los viejos maestros colmaban a base de reglas y dictados. Ahora, dicen los profesores, el panorama es desolador y el que está a punto de licenciarse es capaz de rellenar un examen con errores que hacen daño a la vista: vailar, habrir oderrepente.
La sospecha más generalizada es que los docentes han ido bajando el listón paulatinamente frente a las crecientes incorrecciones ortográficas de los exámenes de sus estudiantes; y estos no acaban de ver la utilidad de poner una h en su sitio o eliminar una tilde allá donde las normas dicen que no debe de estar.
Así, se da la paradoja de que en un país como España, que ha superado con creces sus viejos índices de analfabetismo y que lee más que nunca, las faltas de ortografía se hayan convertido en una lacra contra la que los profesores se sienten incapaces de luchar, si bien hay quien sueña con la pequeña transformación que promete una de las reformas del ministro de Educación, José Ignacio Wert: aumentar el número de clases de Lengua en secundaria.
Algunos ya se están adelantando, como la Comunidad Valenciana, que prevé penalizar a los alumnos con faltas en los exámenes de acceso a la universidad.
Paradójicamente también, esta despreocupación por la ortografía tiene relación con el uso de las nuevas tecnologías, las mismas que ponen los mejores textos y diccionarios a tiro de clic. Porque si lo importante es comunicarse, ¿por qué no ahorrarse tiempo con unas letras y tildes de menos? Como pescadilla que se muerde la cola, habría que señalar el aumento del índice de lectura: el 92% de los españoles dice leer “algo” y ello incluye mensajes instantáneos, de móvil, donde los códigos no son los del viejo dictado. Y ahí hay mucho que leer. Un dato: por el sistema gratuito WhatsApp circulan cada día mil millones de mensajes. Demasiado trabajo para los correctores.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE


los Óscar: mayúsculas y minúsculas

Con motivo de la gala de los Premios Óscar, se recuerda en qué casos esta denominación se escribe con mayúsculas y en cuáles con minúsculas, de acuerdo con la Ortografia de la lengua española.

1. Cuando hace referencia al nombre propio del premio anual concedido a los profesionales del cine por la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de los EE. UU. se escribe con mayúscula inicial tanto la palabra Premios como Óscar: «El actor no irá a los Óscar» o «Esta noche son los Premios Óscar».

2. En el resto de los casos, la palabra premio se escribirá en minúscula: «La película recibió tres premios Óscar», «No ha ganado ningún premio Óscar».

3. La denominación de cada una de las categorías se escribe con iniciales minúsculas, excepto la palabra Óscar: «El premio Óscar al mejor director fue para Michel Hazanavicius».

4. Cuando el nombre del premio designa al objeto con el que se materializa, es decir, la estatuilla, lo adecuado es escribirlo con minúscula, pues pasa a funcionar como nombre común: «El actor posó con el óscar».

5. Si designa a la persona que lo ha recibido, se escribe con minúsculas: «El óscar al mejor actor afirmó…». También es frecuente y adecuado emplear la forma oscarizado: «El oscarizado no concedió entrevistas».

En estos dos últimos casos, lo recomendable es hacer el plural siguiendo las reglas del español: óscares (con tilde por ser esdrújula), no óscars: «Posó con sus dos óscares», «Los óscares españoles, Garci y Trueba, asistirán al programa». Sin embargo, Óscar, con inicial mayúscula, es invariable en plural; por tanto, son inapropiadas las formas Óscares y Óscars.

Se recuerda, además, que en todos los casos, tanto si se escribe con minúscula como con mayúscula, Óscar (u óscar) lleva tilde en la o por ser palabra llana terminada en erre.
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