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segunda-feira, 4 de março de 2013

TRANSGÉNICOS


“Los transgénicos están destruyendo el tejido social”

Es un pequeño granjero canadiense que enfrentó a la poderosa Monsanto, en un caso que llegó a la Corte Suprema de su país. Aquella batalla lo convirtió en un referente de los derechos de los agricultores independientes. Ahora recorre el mundo para advertir sobre los riesgos económicos, sociales y ambientales que implican las regulaciones de los organismos genéticamente modificados.


Por Verónica Engler

–¿Cómo empezó su lucha contra Monsanto?

–Mi esposa y yo éramos desarrolladores de semillas de canola (o colza, se cultiva para producir forraje, aceite vegetal para consumo humano y biodiésel). Hicimos investigación en este cultivo por más de cincuenta años. Y en 1998, dos años después de que introdujeran los transgénicos en Canadá, la empresa Monsanto inició una demanda en contra nuestro. Nos demandó por violación de patente, porque decían que nuestra canola era producto de sus semillas transgénicas. Fue una sorpresa para nosotros porque nunca compramos semillas genéticamente modificadas ni sabíamos de Monsanto. Lo que hizo famoso nuestro caso en todo el mundo fue el hecho de mostrar qué podía pasarle a un agricultor si su campo era contaminado con las semillas transgénicas. En ese momento el juez dictaminó que no importaba cómo se había producido la contaminación con las transgénicas, puede ser polinización cruzada, polinización por abejas, por semillas que ingresaron arrastradas por el viento o por el propio transporte de otros granjeros. Si sucede eso, entonces uno ya no es más dueño de sus semillas ni de sus plantas, por la ley de patentes. También en ese momento se dictaminó que no íbamos a poder usar nuestras semillas de nuevo por la contaminación que tenían y que nuestras ganancias por ese cultivo debían ir a Monsanto. Otra cuestión que dictaminó el juez es que el nivel de contaminación no era importante, da lo mismo que se tenga el uno o el noventa por ciento del campo contaminado, de todas formas, uno ya no es el dueño de sus plantas. La base de nuestra lucha fue por los derechos de los agricultores, para que cada uno tenga derecho a plantar sus semillas año tras año.

–¿Qué hicieron ante la demanda de Monsanto?

–Lo que más nos dolió es que todo el trabajo nuestro de cincuenta años con la semilla de canola ahora pertenecía completamente a Monsanto por la ley de patentes. Por eso decidimos seguir peleando, así que fuimos a la Corte de Apelación. Esta Corte federal mantuvo casi la misma posición, incluso Monsanto trató de detenernos de otras maneras. Nos demandaron nuevamente por un millón de dólares. Trataron de destruirnos financiera y mentalmente. Nos observaban cuando estábamos trabajando en el campo, venían a la salida del garaje de nuestra casa, a observar qué hacía mi esposa, mi esposa recibía llamadas telefónicas con amenazas y también les pasaba lo mismo a nuestros vecinos. Y aún hoy vivimos con temor. Entonces decidimos ir a la Corte Suprema. La Corte Suprema dijo que no teníamos que pagarle nada a Monsanto, pero que sí teníamos que pagar nuestros costes legales. Monsanto aceptó que nosotros no habíamos comprado semillas de ellos, pero sin embargo como nuestras plantas fueron contaminadas con sus semillas, se suponía que nosotros teníamos que pagarles la licencia por esas semillas. Si no-sotros hubiéramos tenido que pagar a Monsanto todo lo que querían, hubiéramos tenido que pagarlo con nuestra casa, nuestra tierra y todo nuestro equipamiento. Así que fue una victoria para nosotros escuchar a la Corte dictaminar que nosotros no teníamos que pagarle nada a Monsanto. Pero de todas formas, es muy difícil para un granjero poder luchar en la Corte contra una multinacional. Fue Monsanto el que nos demandó a nosotros y sin embargo tuvimos que hacernos cargo de los costes legales de esta demanda. Eso no fue justo para nosotros, porque Monsanto debería haber pagado también nuestros costes.

–¿Cuánto tuvieron que pagar y cómo afrontaron esos gastos?

–Los gastos fueron un poco más de 500 mil dólares. Lo pagamos con gran parte de nuestro fondo de jubilación, hipotecas sobre nuestras tierras y también recibimos donaciones de muchas personas de todo el mundo que están muy preocupadas por el tema de las patentes de semillas y sobre todo lo que concierne a nuestra alimentación.

–¿Cómo se contaminó su cultivo con las semillas transgénicas?

–Porque mis vecinos estaban utilizando semillas de Monsanto y al soplar el viento las traía a mi campo y lo contaminaban. Yo nunca utilicé las semillas de Monsanto ni el Roundup (el herbicida de Monsanto) en mi campo. Por eso presenté una contrademanda basada en la contaminación ambiental, destrucción de semillas y calumnia. Desde ese momento Monsanto nos espió y trató como a criminales. Detectives de Monsanto se instalaron cerca del campo y controlaban cada paso que daba. Lo primero que le dijimos a la Corte es que un agricultor tiene que tener el derecho a utilizar sus semillas año tras año. Para mi esposa y para mí lo más importante es que nadie, ningún individuo ni una corporación tienen derecho a patentar formas superiores de vida, sea un ave, una abeja o una planta.

–¿Qué sucedió luego de este episodio de la demanda de Monsanto?

–Nosotros pensamos en ese momento que habíamos acabado con Monsanto. Decidimos cambiar de cultivo y hacer investigación con mostaza, pero un tiempo después descubrimos que había plantas de canola en el campo en el que estábamos investigando, que era de cincuenta acres. Nosotros le avisamos a Monsanto que creíamos que había canola transgénica en nuestro campo de mostaza. Entonces Monsanto vino a nuestro campo e hizo algunas investigaciones. Después nos notificaron que sí había canola de semillas de Monsanto en nuestro campo de mostaza. Nos preguntaron qué queríamos que se hiciera. Les pedimos que toda esa canola fuera retirada manualmente. Monsanto estuvo de acuerdo. Dos días antes de que tuvieran que venir a quitar las plantas, nos enviaron una carta para que firmemos. Y en esa carta Monsanto establecía que ni mi esposa ni yo podíamos hablar sobre Monsanto nunca más con nadie. O sea que mi libertad de expresión quedaba anulada, y si hubiera aceptado no podría estar aquí hablando con usted.

–¿Qué le respondió?

–Les dijimos que muchas personas murieron en nuestro país por la libertad de expresión y que nosotros no pensábamos entregársela a una corporación. Así que le respondimos a Monsanto que con la ayuda de nuestros vecinos íbamos a remover esas plantas. Con ayuda de nuestros vecinos removimos todas las plantas por la contaminación y les pagamos 600 dólares. La verdad es que no fue mucho dinero por tres días de trabajo. Pero le mandamos la cuenta a Monsanto y Monsanto se rehusó a pagarla. Entonces mandamos a Monsanto a la Corte y, de esta manera, tuvimos a una multinacional millonaria en la Corte por 600 dólares. Puede imaginarse la vergüenza de Monsanto, una corporación internacional, asistiendo a la Corte por 600 dólares. Entonces, finalmente tuvieron que pagar los 600 dólares más los costes legales y llegamos a un arreglo de que no habría mordaza legal. Lo importante no fue el dinero que tuvieron que poner, obviamente, sino que es la consecuencia legal lo que vale. Porque si ahora el campo de cualquiera es contaminado, la empresa tiene que pagar por esa contaminación. Esta fue una victoria, no solamente para nosotros sino para los agricultores de todo el mundo, porque sienta un precedente en legal.

–Usted suele decir que en Canadá hay varios cultivos, entre ellos la canola, que ya son completamente transgénicos. ¿Por qué los granjeros canadienses optaron por este tipo de semillas patentadas?

–En 1996 fueron introducidas cuatro siembras transgénicas en Canadá: el algodón, el maíz, la canola y la soja. Y los granjeros se entusiasmaron porque Monsanto decía al principio que con las semillas de ellos íbamos a tener más producción, más ganancias, más nutrientes, e íbamos a tener que utilizar menos químicos para lograrlo. Pero sucedió todo lo contrario, estamos utilizando más químicos que antes, y hacen tanto daño a la salud humana como al medioambiente. También repitieron una serie de lugares comunes como que a través de estas semillas íbamos a alimentar a un mundo lleno de hambre. Pero creo que si hay algo que nos va a llevar a tener más hambre en el mundo, eso son los transgénicos. Nosotros en Canadá hemos tenido transgénicos por dieciséis años y creemos que el daño ya se hizo. Ahora hay que hacer lo que sea posible para no permitir que entren más transgénicos en nuestros países.

–¿Qué sucedió en los sembrados de canola transgénica que se extendieron en Canadá?

–Inmediatamente después de que se empezaron a utilizar estas semillas las ganancias empezaron a bajar. Pero lo peor fue el aumento masivo en el uso de los químicos, porque después de unos pocos años tuvimos una supermaleza que se desarrolló en los sembrados de canola. Para eliminar esta supermaleza, que es muy resistente, se requieren los tóxicos más potentes que se hayan conocido. Monsanto salió con un tóxico, el más tóxico que se conoce en la faz de la Tierra. Hay otro químico que es el 2,4-D, que están tratando de usar para matar esta supermaleza, y este nuevo tóxico contiene un 70 por ciento del agente naranja, el que fue usado en la guerra de Vietnam, con el que miles de personas murieron de cáncer. Estos son los químicos poderosos que estamos usando hoy en Canadá, tóxicos masivos. Otra cosa que han tratado de traer a Canadá es el gen terminator. Yo creo que ése es el peor asalto a la vida que se ha visto en la historia de la civilización. El gen terminator es puesto en un gen, la semilla se convierte en una planta, pero la planta produce una semilla que es estéril, así que no se puede usar para la nueva siembra, y eso hace que uno tenga que volver a comprar las semillas de la compañía.

–¿Qué implicancias tiene el uso de semillas transgénicas?

–Tenemos un tema económico, de salud por el aumento de uso de químicos y el veneno que traen desparramados los transgénicos, y un daño en el medioambiente por el uso de los químicos. Los transgénicos nunca fueron hechos para aumentar las ganancias. El patrón de los genes introducidos a las semillas por Monsanto se hicieron para mantener el control de la provisión de semillas y de alimentos en todo el mundo. También se toma el control del derecho que tiene el granjero de usar sus semillas, pierde su capacidad de elección y queda atado a tener que comprar las semillas todos los años y pagar un costo alto, además de que tienen que comprar más químicos.

–¿Cómo son las semillas que usted utiliza hoy, después de todo este proceso?

–Cambiamos de semillas, no trabajamos más con la canola, estamos trabajando con trigo, avena y porotos. En Canadá la soja y la canola son totalmente transgénicas, no se puede tener una granja orgánica de esos cultivos. Monsanto es hoy la compañía que maneja totalmente el mercado de las semillas para estos cultivos. Una vez que se introducen los transgénicos, no existe la coexistencia, el gen transgénico es un gen dominante, porque no se puede controlar el viento ni que el polen se traslade. Entonces, una vez que las semillas transgénicas son introducidas, no hay posibilidad de que un granjero continúe con un desarrollo propio de semillas.

–¿Cómo ve el futuro de la agricultura?

–Los transgénicos están destruyendo el tejido social del país, nunca vi algo así antes, los agricultores se enfrentan entre ellos. Antes nos ayudábamos unos a otros, ahora esto está desapareciendo porque hay desconfianza. Instalan el miedo haciendo demandas contra los agricultores. Esta nueva tecnología es ciencia perversa y no es ciencia comprobada. Las corporaciones quieren control total sobre las semillas, lo que les dará control total sobre el abastecimiento de alimentos, de esto se tratan los transgénicos y no de tener más alimentos para paliar el hambre en el mundo. Si los agricultores pierden el derecho a cultivar su propia semilla, se convierten en sirvientes de la tierra, regresando a la época del sistema feudal. En cierta forma los agricultores ya son sirvientes de la tierra, porque tienen que comprar las semillas de determinada compañía, tienen que comprar la licencia del alimento, tienen que comprar los químicos de la misma compañía, tienen que pagar un derecho para cultivar en su propia tierra, así que pienso que ya somos sirvientes en nuestra propia tierra por una corporación multinacional como Monsanto. De continuar la propagación de organismos modificados genéticamente, el control total del suministro de semillas y de alimentos del mundo estará en manos de corporaciones como Monsanto, y esto acarreará problemas para la salud, cuestiones ambientales y pérdida de biodiversidad. Con los organismos genéticamente modificados ya no habrá agricultura sino agronegocios.

La comunicación intercultural: la llave del futuro.


‘La cultura afecta a la comunicación y la comunicación a la cultura.’
Edward T. Hall

¿Qué es la comunicación intercultural?
Cuando hablamos de comunicación intercultural, hablamos de un proceso mediante el cual personas de dos o más grupos culturales diferentes interactúan y negocian significados en espacio y en tiempo real. Por grupos culturales, entendemos grupos definidos por origen, religión, edad, género, clase social, etcétera.
Estos grupos culturales se definen por tener ciertas características propias que los identifican y los diferencian de los demás.
Algunas de esas características las notamos a simple vista. Por ejemplo, al escuchar a alguien hablando otro idioma inmediatamente lo relacionamos con un lugar de origen. Siempre que hablamos de comida, podemos identificarla como peruana, italiana, argentina porque cada una tiene características distintas. La vestimenta y el aspecto físico automáticamente nos dan una idea sobre el grupo social al que la persona pertenece. Estos ejemplos se refieren a la cultura visible o explícita, la que generalmente se utiliza para marcar las diferencias entre ‘ellos’ y ‘nosotros’ o ‘nosotros’ y ‘ellos’.
También hay otra serie de aspectos que no son tan tangibles, como los valores, las prioridades y la cosmovisión de un grupo. Estas características se refieren a temas más profundos y que vienen de una historia de comunidades compartidas que requieren una interpretación filosófica, como la concepción del tiempo y del espacio, roles de género y de estatus social, estilos de comunicación –qué es aceptado y qué no- etcétera. Estas variables conforman lo que se llama ‘cultura invisible o implícita’, que también distingue a ‘ellos’ de ‘nosotros’, pero no son tan perceptibles como las anteriores y, por lo general, no son tan discutidas. Esta falta de distinción consciente es lo que a veces termina generando los sentimientos de frustración y malestar al tratar con los demás.
La analogía del Iceberg explica claramente la diferencia entre la cultura visible o explícita e invisible o implícita. Como lo muestra el dibujo, la cultura invisible siempre es más abarcativa que la visible.
¿Por qué es la llave del futuro?
Gracias al uso masivo de Internet y al hecho de que viajar es cada día más accesible, hay cada vez mayor interacción entre grupos culturales. Este contacto cotidiano genera que los límites entre los diversos grupos culturales por momentos parezcan menos notables, lo cual no implica que las diferencias más profundas hayan desaparecido.
Lo que nosotros, interculturalistas, intentamos lograr es generar el nexo entre esa cultura consciente con la inconsciente a través de talleres, lecturas, dinámicas de grupo, y demás. Intentamos rellenar ese vacío de confusión a través del dialogo y la reflexión.
Al sumarse la Argentina a esta Red Mundial de interculturalistas y transformarse en el primer SIETAR de habla hispana de Latinoamérica, pretendemos contribuir al desarrollo de la interculturalidad en nuestro país y así impulsar aquí también un mayor entendimiento entre grupos culturales en cualquier campo profesional, ya sea educacional, administrativo, social, político, etcétera.
La competencia intercultural es la llave del futuro porque abre esas puertas de conocimiento y experiencia las cuales nuestro consciente, si no es incentivado, no siempre logra abrir. Nos da la posibilidad de hacernos preguntas y construir visiones de uno mismo que antes no habíamos tenido en cuenta, desafiándonos al autoconocimiento para poder ponernos en el lugar del otro y generar una empatía más profunda y consciente.
Con esta idea, entonces, es un agrado invitarlos a participar de este proyecto para construir y colaborar al diálogo intercultural, no sólo en Argentina, sino también en Latinoamérica y en el mundo.
Bienvenidos a SIETAR ARGENTINA!!! - SIETAR significa "Sociedad Intercultural de Educadores, formadores e investigadores".
María Inés Quiroga -Magister en Comunicación Intercultural. -Miembro Fundador de SIETAR Argentina.

Del manual a la tableta


El avance tecnológico también llegó a las escuelas y los expertos creen que hay que aprovecharlo. Los libros de texto todavía resisten, pero ¿cómo será estudiar dentro de unos años?
Por Claudio Ramón Zerda | LA NACION

Irene es docente de prácticas del lenguaje y literatura en escuelas medias. En sus épocas de estudiante universitaria había fantaseado con enseñar Mansilla, Sarmiento, acercar los grandes textos a los más jóvenes. Ahora, cada vez que llega a un curso debe lidiar con celulares, MP3 y netbooks: es imposible competir con ellos, hegemonizan la clase, y ella a duras penas puede hablar. Los chicos de hoy no pueden desconectarse de las redes sociales. ¿Acaso los adultos podemos? ¿Qué tipo de libro de texto podría ganar la batalla?
La Revista habló con Diego Di Vincenzo, gerente de Contenidos y Soluciones Educativas de la Editorial Kapelusz y docente universitario, que planteó algunas cuestiones acerca del armado del libro escolar y sus implicancias: "Armar un texto es un trabajo muy creativo e interesante, pero también complejo. No sólo por el largo proceso de edición, sino por las decisiones fundamentales que hay que tomar. Hay contenidos que son oficiales y, por otro lado, está la tradición de formación y de enseñanza de los docentes, que varía mucho con la edad. Pero fundamentalmente están los chicos, que tienen que aprender. Se trata de un desafío que responde a estas diferentes instancias. Además hay una ley-marco que es la ley de educación federal, y nosotros invertimos mucho tiempo en la ingeniería que implica armar un libro porque tenemos por convicción hacer libros federales, que funcionen en todo el país".
Para Verónica Lombardo, jefa del Área de Lengua de la Editorial Estrada y de Puerto de Palos, y también docente universitaria, la relación de los chicos con la información es clave a la hora de pensar en los contenidos de los libros escolares: "Los chicos están expuestos a mucha información: buena, mala, mejor, peor, y esto les da más plasticidad para salir y entrar de algunas cuestiones, están más actualizados. No puede ir un profesor de literatura con textos escritos en castizo, ya no. El lugar de la literatura se desacralizó y estamos trabajando con información de todo tipo. Este es el primer desafío que se plantea para nosotros: qué tipo de contenido seleccionar, cómo presentarlo, qué tipo de actividades plantear".
Lo que hoy no se discute es que los libros escolares tienen que ser diferentes a los viejos manuales que traían toda la teoría y el cuestionario al final. Deben ser atractivos y cercanos a la realidad del niño y el adolescente. Deben incluir múltiples operaciones: lectura, escritura, investigación. Sus textos deben estar bien conectados, con subtítulos que organicen la lectura y con recursos que destaquen los conceptos centrales. Y no pueden dejar de tener en cuenta la Web, Facebook, los videojuegos.

LA LENGUA VIVA


La 'demotización' del lenguaje
Amando de Miguel


Es claro que en esta seccioncilla nos interesa más el lenguaje que la lengua, es decir, las palabras y las expresiones que emplea el pueblo para hablar a su vecino. Por eso el criterio no es tanto asegurar lo que está bien o está mal dicho, sino registrar lo que se dice y por qué. Naturalmente, ahí empiezan las dificultades pero también lo divertido del asunto.
Pablo Arenas comenta esa exclamación de "¡genial!" que tanto aparece en los doblajes del inglés coloquial. Don Pablo sugiere que busquemos algún equivalente mejor para traducir el original "great!"y mantener la sincronización del doblaje. El problema es peliagudo porque en español las palabras suelen ser más largas. Las equivalencias castizas más convenientes serían "fenomenal" o "cojonudo". La primera es más bien del lenguaje femenino y la segunda del masculino. Otra más asexuada sería "estupendo", pero tiene poca fuerza.
De todos es conocido el hecho, realmente estragante, del adjetivo presunto y sus derivados. En buena lógica, tendríamos que reservarlo para el lenguaje formal de jueces, fiscales y abogados con ocasión de un proceso judicial. Los legos no tenemos por qué anteponer lo de presunto al que nos parece un delincuente o cosa peor. Por ejemplo, Stalin no fue un presunto criminal, aunque algunos eximios poetas le hicieran odas ditirámbicas. Gerardo Sánchez me proporciona esta perla, cultivada en un titular del ABC: "Un hombre mata presuntamente a su mujer en Tenerife en presencia de sus dos hijos". Habrá que inferir que, para esos hijos, su padre no fue lo que se dice un presunto parricida.
José María Puelles me llama la atención sobre una nueva jerga, el "bloguerés", típica de los blogueros. Es un lenguaje particularmente irresponsable debido a la situación de anonimato que proporciona la "selva de la red". El estilo es el de jugar con las palabras, con rimas y paronomasias de dudoso gusto, como Rajao-Rajoy. Invito a que los libertarios se acerquen a esa jerga y nos proporcionen munición para comentar y entretener. Otro día comentaré por qué en las llamadas redes sociales se facilita el insulto. Yo he tratado de cortarlo en los mensajes del facebook.
José Luis García Valdecantos me llama la atención sobre la palabraescatología y derivados, que alude tanto a los excrementos como a la vida de ultratumba. Es así y no hay que darle más vueltas. Estamos ante un caso liminar de polisemia desatada. En griego, eskatós quiere decir lo último de un proceso. Efectivamente, se puede aplicar a los excrementos y a las postrimerías del hombre más allá de la muerte. La posible confusión de significados tan distintos se presta a engaños pero también proporciona una necesaria gracia del lenguaje. Tiene la ventaja adicional de que es un cultismo, lo que facilita la posible confusión de significados. Es algo parecido a la posibilidad de llamar "hetaira" a una puta.
Luis Lebredo (desde California) se fija en el componente machista del lenguaje a través de la significación tan distinta de hombre público y mujer pública. Es un clásico que ya hemos comentado aquí. Como zorro y zorra o prójimo y prójima. No sería tanto machismo como sexismo. La misma palabra machismo es ya sexista en la medida en que es despectiva, mientras que feminismo suele ser ponderativa. Tanto es así que los grupos (colectivos) feministas reciben generosas subvenciones públicas.

Contacte con Amando de Miguel: http://www.libertaddigital.com/opinion/amando-de-miguel/la-demotizacion-del-lenguaje-67550/

Espido Freire: "Estamos en manos de psicópatas integrados"


La escritora que identifica en su ensayo 'Los malos del cuento' a las personas tóxicas, los "monstruos" de la vida real

Madrid (EFE/Catalina Guerrero).- Los psicópatas integrados abundan en posiciones de responsabilidad, en las esferas de poder, de hecho estamos en sus "manos", afirma la escritora Espido Freire, que identifica en su ensayo Los malos del cuento a las personas tóxicas, los "monstruos", dice a Efe, de la vida real.
"Estamos en manos de psicópatas integrados (...) estamos en una sociedad en la que el ladrón de guante blanco y el político corrupto han prosperado rápidamente", señala Espiro Freire (Bilbao, 1974).
Y lo peor, según la escritora más joven en hacerse con el prestigioso Premio Planeta (por Melocotones helados, 1999), es que "los casos de corrupción y de quienes se han enriquecido de forma ilegal no están siendo investigados".
Estos delincuentes, apunta su ensayo publicado por Ariel, crecen en los entornos urbanos, en sociedades complejas y en vías de desarrollo, en las que hay posibilidades de especular con el suelo, de introducir drogas y prostitución, de interferir con la provechosa burocracia o de llevarse porcentajes en la producción industrial.
Un caso frecuente, dice Espiro Freire, en el que se suele capturar a un psicópata integrado es en el de malversación de fondos, el cohecho o la corrupción, especialmente si es de dinero público, que se percibe como "no perteneciente a nadie", pero esa "no es su única motivación".
Pelotazos, sobornos, regalos y escuchas... en los últimos años no ha habido en España comunidad autonómica ni partido político que se haya librado en mayor o menor grado de los escándalos, indica la autora de Los malos del cuento y de los ensayos Mileuristas y La generación de las mil emociones, defensora del compromiso social y político del escritor.
En su nuevo ensayo, subtitulado Cómo sobrevivir entre personas tóxicas, advierte de que este momento de destrucción de puestos de trabajo, de empobrecimiento, de falta de respuestas de los dirigentes políticos y económicos, de casos de corrupción y miedo al mañana es "perfecto" para que surjan "psicópatas líderes" o para que un porcentaje mayor comiencen una carrera delictiva.
Insiste en que "estamos en manos de los malos del cuento" y para "desviar nuestra atención" de los verdaderos culpables de la crisis y del empobrecimiento al que vamos "de forma acelerada" tratan de satisfacer al ciudadano de a pié "con las migajas, con los chivos expiatorios y con la falsa sensación de que algo se puede hacer".
Se refiere a la creencia de que los ciudadanos tienen el poder de generar un cambio, algo que tacha de "espejismo".
Considera positivo, no obstante, que estos delincuentes "de guante blanco" estén ahora en el punto de mira de los medios de comunicación y de la opinión pública, como hace unos años lo estuvieron los maltratadores.
Contra estos y otros "malvados" que tenemos más cerca, sí hay posibilidades de actuar, según Espiro Freire, que establece perfiles para identificarlos y consejos para librarse de ellos.
Los "malos del cuento" pueden padres o madres que maltratan a sus hijos, novios o maridos posesivos o maltratadores, suegras dañinas, jefes que se apropian del trabajo de sus subordinados, acosadores morales o sexuales o vampiros emocionales que chupan la energía y la alegría de sus víctimas.
En definitiva todo un catálogo de personas "tóxicas" que ya aparecían en los cuentos clásicos para alertar a los niños -y a los no tan niños- de qué hacer frente a esas personalidades peligrosas.
Esos cuentos, con el tiempo, se han ido edulcorando, pero el mal sigue ahí, advierte Espiro Freire, convencida de que no se puede cambiar al malvado, de que los psicópatas no son recuperables.
Pero sí se puede crear, subraya, "una sociedad en la que los niños, los ancianos, los más desprotegidos, crezcan más seguros; primero, sabiendo detectar los rasgos de alguien malvado y después, creando un entorno en el que reciban un castigo lo antes posible y de la manera más eficaz".
"La maldad existe. No me cansaré de repetirlo", dice Espiro Freire, cuya obsesión a lo largo de su obra, apunta, ha sido abordar el lado oscuro de la personalidad humana, algo que le empezó a interesar cuando tenía "11 o 12 años".
Ella, que antes se identificaba con La Sirenita y de un tiempo a esta parte más con el personaje de Piel de Asno, "alguien que no escapa, que lucha por sí misma", insta a sus lectores que no toleren la maldad, ni la menosprecien, que escapen de los "malos del cuento" y denuncien. "No se dejen convertir en víctimas, ámense", aconseja.


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FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE


rastreabilidad, alternativa a trazabilidad

La palabra rastreabilidad puede alternar con trazabilidad para referirse a la ‘posibilidad de identificar la procedencia de un bien de consumo’.

El Diccionario panhispánico de dudas recomendaba emplear el sustantivo rastreabilidad «para designar la ‘posibilidad de rastrear el camino seguido por un producto comercial desde su origen hasta su destino final’, así como el ‘registro de todos los datos que permiten realizar dicho seguimiento’».

Pese a que en esta obra se desaconsejaba el sustantivo trazabilidad porque trazar no significa en español ‘seguir el rastro’ (a diferencia de lo que sucede con el verbo inglés to trace), el uso ha impuesto este sustantivo, que ya se recoge en el avance de la vigesimotercera edición del Diccionario académico.

En este sentido, en los medios de comunicación es habitual encontrar frases como «Mayor control sobre la trazabilidad de la leche del queso Gamonéu» o «Francia va a proponer imponer obligaciones sobre la trazabilidad de la carne en las etiquetas de los platos preparados», ambas válidas, en las que también podría haberse optado por el sustantivo rastreabilidad como recurso de enriquecimiento léxico si en la noticia se alude a este concepto reiteradamente.
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