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quinta-feira, 28 de março de 2013

'Efecto Francisco' en Brasil


Por: Juan Arias | 28 de marzo de 2013

El “efecto Francisco” lo habían anunciado los publicitarios brasileños: la fuerte inclinación del papa Francisco hacia los pobres, su vida sencilla, y sus denuncias contra las injusticias sociales, acabarán, según ellos, teniendo un efecto de contagio entre sacerdotes, obispos y cardenales. En Brasil eso acaba de suceder en la catedral de Petrópolis, la preciosa ciudad serrana de Rio de Janeiro, meta de turismo internacional.

El obispo Gregório Paixão celebró días atrás una misa por las 33 víctimas mortales producidas por las lluvias torrenciales que ya años atrás se habían cobrado centenares de ellas, todas de familias pobres que, al carecer de habitación, se fueron año tras año apiñando en las laderas de la ciudad, tierra movediza que acabó engullendo a las barracas y causando muerte y destrucción. Allí el obispo pronunció un discurso duro contra las responsabilidades de los gobernantes, presentes en abundancia en el acto religioso.
Para entenderlo hay que recordar que, tras la tragedia anterior a la de este año, en 2011, en la que murieron cientos de personas, las autoridades federales de Brasilia y las estaduales de Rio, habían destinado millones para ayudar a las víctimas, construirles casas dignas fuera de aquellos “morros” siempre peligrosos, y cuidar de los desabrigados. Al lugar se había trasladado ya en 2011 la presidenta Dilma Rousseff junto con el gobernador de Rio, Sérgio Cabral, cargados de promesas y buenas intenciones. Lloraron juntos los muertos y consolaron a los heridos y sin casa.
Se supo después que buena parte del presupuesto destinado a las víctimas de la tragedia de las lluvias acabó en los bolsillos de políticos y administradores, muchos de los cuales fueron alejados de sus puestos. Se llegaron a distribuir los fajos de billetos dentro de un retrete. Los desalojados de sus casas, que perdieron todo, siguieron sin habitación y muchos de los supervivientes se volvieron al lugar de la tragedia para reconstruir sus chabolas. Y han acabando muriendo esta vez.
Desde Brasilia obligaron a las autoridades locales a colocar sirenas que avisaran la llegada de las lluvias para que los habitantes de aquellas laderas y los que viven al lado de los ríos, pudieran huir para refugiarse lejos del lugar. Cuando este marzo el agua regresó, y con ella otros muertos y heridos, las autoridades acusaron a los habitantes de no haber querido dejar sus casas desobedeciendo a las sirenas.
Ante las experiencias pasadas, aquellas pobres gentes, por miedo a perder las pocas cosas que poseen en sus chabolas, prefirieron desafiar el peligro. “¿Donde quieren que vayamos en el corazón de la noche, con el agua hasta el cuello, teniendo que dejar lo poco que tenemos? Mejor morir aquí, porque además ya no creemos a las promesas de los políticos”, decía una madre de cuatro pequeños que al amanecer arrastraba dentro del agua un colchón, mientras la ayudaban voluntarios a salvar su vieja nevera.
En ese clima, el lunes pasado, tuvo lugar la Misa por los Difuntos en la catedral de Petrópolis. En primera fila estaban las máximas autoridades, desde la Presidenta Dilma, visiblemente emocionada, al gobernador Cabral, alcaldes y demás políticos. Y en ese momento, se pudo advertir el llamado “efecto Francisco”. En los diarios se destacaban aún los gestos del nuevo papa a favor de los más pobres y sus duras palabras de condena contra la desidia de los responsables por dicha pobreza.

Y a la catedral acudieron más de cien personas con pancartas de protesta que levantaron durante la comunión en las que se leía: “No queremos su oración, queremos su acción”, o “33 años de omisión enriqueciéndoos con nuestro dolor”. El obispo, en su homilía, calificada por la prensa de “dura y emocionante”, mostró en aquel acto litúrgico, el “efecto del papa Francisco”. No fue complaciente con las autoridades presentes. Les recordó que “las víctimas continúan gritando desde el silencio que llamamos muerte" y piden, dijo, "que a los que aún están vivos, no tengamos que verlos muertos en la próxima tragedia”. Pidió a los responsables del gobierno que “se pusieran manos a la obra” para que, el año próximo, “no tengamos que volver aquí a llorar a los nuevos muertos”.
Contra las críticas de los gobernantes a aquellas gentes que se niegan a dejar sus chabolas cuando arrecian las lluvias, el obispo defendió: “Ellas se van a vivir en esos lugares peligrosos porque no les dan otras opciones”. Dirigiéndose directamente a los políticos presentes, les recordó que “la pobreza empuja a esos pobres hacia estos lugares inadecuados. Muchos son subempleados. Soñaban con tener una casa con varios cuartos como las vuestras, con vista desde lo alto de los “morros”, y acabaron en chabolas, donde cinco hijos duermen en el mismo cuarto”. Concluyó: “La sangre de los inocentes grita en medio al lodo y en medio a las lluvias golpeando nuestros ojos y nuestros oídos El silencio de los muertos continúa gritando para los que aún están vivos no tengan que seguir muriendo”.
Es posible que el papa Francisco aplaudiera al obispo que habló fuerte, frente a las autoridades presentes, en defensa de aquellos pobres y olvidados. Quizá por ello se empieza a decir que el mundo político habría preferido un papa “menos peronista”. Los cristianos prefieren llamarle “evangélico” a secas. Y les están gustando sus gestos que lo acercan a la gente de la calle más que a los poderosos de los palacios.
En el cónclave les había dicho a los cardenales presentes en el nombramiento del nuevo papa que la Iglesia debe salir de sí misma y de su teología narcisista para ir al encuentro "de la periferia del mundo".
Aquellas palabras duras, divulgadas ahora por un cardenal cubano tras haber sido dispensado por el papa Francisco del secreto del cónclave, acabaron colocándolo con mucha probabilidad, en la sede de Pedro. Ahora la periferia pobre, explotada y olvidada del mundo lo está esperando.

Fuente: http://blogs.elpais.com/vientos-de-brasil/2013/03/efecto-francisco-en-brasil.html

Optimistas vs. pesimistas



Por Noé Jitrik - Página 12 - Buenos Aires

Es sabido que ciertos personajes de la literatura han traspasado los límites del texto en el que estaban encerrados, pegaron un salto y empezaron a circular triunfalmente por la vida y la cultura, a veces, como Edipo, durante siglos. Fue una suerte para él, pero no fue el único que la tuvo, aunque el tránsito que recorrieron y recorren los menos afortunados, como Hamlet o Alonso Quijano el Bueno, es de menor duración, pero no de menor intensidad; debemos decir que esa menor duración no es resultado de una incapacidad para pegar ese salto, sino sólo de un hecho de nacimiento: nacieron siglos después y no pudieron disfrutar del glorioso envejecimiento del Cid Campeador o el del astuto Ulises, pero siguen gozando de su representatividad, son citados a cada rato. Sin ellos la noción de ejemplo fallaría.

Estas comparaciones –hay muchos personajes más, igualmente vivos fuera de las páginas en los que fueron cobijados, como Raskolnikov, Madame Bovary, el Capitán Nemo, Pedro Páramo y tantos otros– no son vanas: permitirían establecer un cuadro en el que se destacan por su universalidad por oposición a otros personajes cuya gravitación es relativa a la situación en la que se desempeñan: una cosa es el Quijote y otra Funes, el memorioso.

De entre éstos quisiera destacar al Cándido, de la novela de Voltaire. Tanto se ha impuesto que ha dado lugar a un sustantivo, la “candidez” –que ya existía, pero que sin él habría conservado su sentido original, o sea la blancura–, y a un adjetivo, “cándido”, ingenuo, susceptible de ser fácilmente engañado, carente de malicia aunque tal vez no de inteligencia. Voltaire se mofa de su personaje, un optimista radical, fiel seguidor de una famosa consigna de Leibniz: “Este es el mejor de los mundos posibles”. Así, pues, este personaje perdura porque encarna el optimismo, así como Quijano representa la utopía y el Cid el arrojo patriótico. Y puesto que estamos en personajes literarios diría que los opuestos a los de Voltaire serían, más allá de los que no son ni una cosa ni la otra, los héroes de la novela negra, los Marlowe que siempre desconfían, los que creen que detrás de toda promesa hay una traición, que nada es tan bello como pretende serlo y que los crímenes más espantosos se dan en las familias más respetables sin que haya modo de contradecir esta ley. ¿Pesimismo?

¿Optimismo? Cándido y Pangloss parecen ser optimistas a rabiar y contra toda evidencia, pero la fórmula –la inventó Leibniz– en realidad está satirizada por Voltaire: ¿quién podría creer, después del terrible terremoto de Lisboa de 1755, que éste es el mejor mundo? Para burlarse del filósofo, quizás teniendo a la vista esa catástrofe natural, Voltaire hace caer sobre sus personajes, en 1759, toda clase de desgracias; me atrevería a decir que, al contrario, la fórmula sería en verdad dramáticamente pesimista: si esto que nos rodea, o sea el mundo, es lo posible, o sea que no se puede aspirar a más, qué nos espera, en dónde estamos, sometidos a una naturaleza impiadosa –¿qué tal lo que pasó en Japón en ese desdichado año 2011?– y a seres humanos crueles y ambiciosos; en verdad no se trata de lo posible sino de lo imposible. Y ahí, en esa contradicción, reside el problema.

Por eso, el optimismo –lo “óptimo”, del latín “lo mejor”– parece ser la condición de la lucha contra el pesimismo (del latín “pejus”, lo peor); en la palabra optimismo estarían encerrados conceptos tales como fe, esperanza, ilusión, creencia, cambio, transformación y todo lo que sigue, que no es poco y que nos permite vivir; en pesimismo la falta, la sin salida, lo aciago, todo ese ejército de males que amenaza la vida.

Pero si para Voltaire importaba el juego entre lo posible explícito y grotesco y lo imposible deseable, los hechos posteriores, la Revolución Francesa y luego las revoluciones americanas mostraron que lo imposible era alcanzable y que, en consecuencia, el optimismo, por contraste, tenía su razón de ser y el pesimismo, al menos en ese momento, había sido derrotado, aunque luego las cosas volvieran a su cauce, como parece que siempre sucede: la Revolución Rusa fue una gran desmentida al pesimismo, pero ¿qué pasó con el optimismo cuando llegó el stalinismo?

De modo que, vistas las cosas de la historia desde arriba, da la impresión de que no hay mucho lugar para el optimismo, entendido como regocijo por el presente, aceptación alegre del pasado e idea luminosa del futuro; catástrofes, guerras, pestes, crueldades, miseria, colonialismo, imperialismo, fundamentalismo, delincuencia, narcotráfico y las restantes plagas, incluidas las innovaciones tecnológicas y los monstruos que crean así como la crisis de la lectura inteligente y de la formación intelectual, quitan no sólo el perfume del optimismo, sino que no dejan respirar tranquilos, uno no sabe qué le espera ni, lo peor, qué les espera a sus hijos. ¿De qué hablar entonces? ¿En qué recipiente de basura queda este concepto? ¿No son a esta altura patéticos los optimistas?

Hay más de una razón para ver todo negro, pero si se piensa que hay dos clases de optimismo así como de pesimismo tal vez se pueda hallar una salida. Por empezar, cierta disposición crítica, que aspira a no dejarse engañar por espejismos o por repetitivas o burdas promesas, es considerado vulgarmente “pesimista”; pero lo es auténticamente quien no percibe ninguna señal en lo que lo rodea, que centra su discurso en lo que no va a ser, el que piensa que si algo puede salir mal saldrá mal, como lo quiere una muy difundida filosofía de bolsillo. Del lado opuesto, están los que contra toda evidencia y experiencia ven todo bien, hasta las razones del enemigo les parecen admisibles, suponen que nada terrible está pasando ni pasará y que éste, si no es “el mejor de los mundos posibles”, al menos es muy bueno, está lleno de cosas hermosas, los niños son almas puras, los pueblos no se equivocan, los peores criminales algo de humano tienen y, en definitiva, no hay que ver las cosas con miradas turbias sino el bien que está regado por doquier. Correlativamente, hay un optimismo que llamo de “laboratorio”, que está en toda perspectiva y prospectiva de un trabajo transformador.

Este optimismo me gusta; admite la existencia de falencias severas –ningún gobierno es como el que uno podría dirigir–, de tendencias agresivas –¿cómo negarlas?–, pero se propone enfrentarlas, una a una, sin perder las esperanzas de una vida mejor, “paso a paso”, como decía el poeta Pessoa, admitiendo el costo y la perplejidad.

Así que, no muy tristemente, diría que ni Cándido, que no llega a la verdad, ni Marlowe, que la restablece, sino Roberto Arlt cuando decía: “El futuro es nuestro por prepotencia de trabajo”. Aunque no supiera cómo podría ser ese futuro ni cómo podría ser el trabajo ni si podría llegar a ser nuestro.

LA LENGUA VIVA


El prestigio de las metáforas
Amando de Miguel

La metáfora no es un recurso literario que corresponda solo a los poetas, a los escritores y similares. Todos hablamos metafóricamente de cutio porque así el lenguaje se hace más expresivo. Lo que ocurre es que resulta muy trabajoso inventar una metáfora nueva en cada momento. Además, eso nos llevaría a oscurecer demasiado el discurso corriente. La solución que adoptamos consiste en echar mano de una serie de repertorios de metáforas o comparaciones que ya están troquelados. Eso facilita la búsqueda de imágenes y al mismo tiempo hace más comprensible el discurso. Esos repertorios son limitados. Son campos del conocimiento o de la experiencia que resultan simpáticos, que dan prestigio. Así, todos contentos. Veamos algunos ejemplos.
Un campo de imágenes muy agradecido es el de los toros. Ya es un salto metafórico llamarlo de los toros y no de los toreros. Las imágenes de ese campo resultan particularmente floridas. Recordemos algunas: entrar al trapo, ponerse el mundo por montera, brindis al sol, recrearse en la suerte, salir por la puerta grande, lanzarse al ruedo, saltarse a la torera. Obsérvese que se refieren más a conductas de los toreros.
El mundo militar nos provee de imágenes muy aptas para entender las cuestiones organizativas, ahora tan centrales. Ejemplos: estar en el punto de mira, vanguardia, objetivo, ir con el paso cambiado, logística, estrategia, táctica, en primer tiempo de saludo.
Atravesamos un momento en que la economía lo domina todo. Es la alquimia de nuestra época. No es casualidad que se impongan tantos términos de la jerga económica que luego se pueden aplicar a otros campos. Recordemos: ajustes, blanquear dinero, desarrollo sostenible, crecimiento cero, paraíso fiscal.
Se dice que estamos en un mundo secularizado, pero la tradición religiosa está presente con sus imágenes (nunca mejor dicho) en el lenguaje coloquial. Unas muestras: vivir como Dios, armarse la de Dios es Cristo, Dios nos coja confesados, donde Cristo dio las tres voces, hacer el inri, música celestial, acabar como el rosario de la aurora, armar un belén (o un cirio), hacer un pan como unas hostias, comulgar con ruedas de molino. Curiosamente, algunas de esas metáforas sirven para describir acciones violentas.
Es evidente el prestigio que concedemos hoy a la ciencia y la técnica. Lo resumimos en la voz tecnología, que no deja de ser ya una metáfora. Los sociólogos hacíamos encuestas, pero ahora queda más científico llamarlas sondeos o barómetros. Cualquier nuevo organismo público recibirá mejores subvenciones si se denomina observatorio. Por lo mismo, cualquier enseñanza práctica queda mejor si se llama taller. Hacer trampas legales queda muy mal, pero no tanto si se dice que son ingeniería financiera o jurídica.
La base de la ciencia es la matemática y la geometría. También es una fuente de imágenes muy útiles para el discurso de cualquier tipo. Veamos: segmento, sector, círculo, coordenadas, parámetros, triángulo amoroso, segunda derivada.
Todas esas imágenes o comparaciones que cito no sirven de mucho si se circunscriben al campo original. Lo bueno es que se pueden aplicar a cualquier otro razonamiento. No hace falta explicarlas, pues todos saben lo que significan o por lo menos a lo que aluden. A veces resultan difíciles de entender para un extranjero que está aprendiendo nuestra lengua.

Contacte con Amando de Miguel: http://www.libertaddigital.com/opinion/amando-de-miguel/el-prestigio-de-las-metaforas-67912/

REDARQUÍA


Redarquía:
Es una propuesta de orden organizativo que fomenta la colaboración entre las personas de la organización. No solo entre iguales, también entre diferentes puestos jerárquicos. La redarquía aspira a crear un sistema más justo e igualitario, y para lograrlo premia la propuesta de valor de cada persona, y no el puesto que cada cual ocupa en el organigrama.
Redarquía: como implementar una cultura colaborativa.
La redarquía es un modelo organizativo emergente característico de las nuevas redes abiertas de colaboración -muy especialmente la Web 2.0- y está basado en las interacciones que múltiples agentes mantienen entre sí cuando comparten su talento y su conocimiento de forma abierta y transparente, en relaciones de igual a igual.
Frente al tradicional modelo organizativo jerárquico, en el que las órdenes son impuestas y discurren exclusivamente de arriba abajo, la redarquía es un orden que funciona de abajo arriba: las decisiones y las soluciones emergen de forma natural como destilación espontánea de la inteligencia colectiva.
El concepto de redarquía fue definido por primera vez por el tecnólogo y emprendedor José Cabrera, tomando como punto de partida el modelo organizativo de las comunidades de desarrolladores de software libre, capaces de organizarse y de crear productos y servicios extraordinariamente complejos y sofisticados sin una estructura jerárquica tradicional. Con la Redarquía, Cabrera ha intentado sintetizar el funcionamiento y las propiedades de las nuevas estructuras en red típicas de la colaboración masiva.
Redes basadas en la confianza y el valor añadido
La esencia de una estructura redárquica son las relaciones de participación descentralizadas y los flujos de actividad connaturales a las redes de colaboración. Estas redes no están basadas en la sumisión y el acatamiento acrítico de las órdenes emitidas por una clase dirigente, sino en la confianza, el valor añadido y la autenticidad de cada uno de los miembros que conforman la red.
El mero hecho de colaborar y compartir de igual a igual genera interacciones, propuestas y soluciones innovadoras, y permite que la actividad se traslade, de forma natural, a los nodos en los que realmente se está aportando valor a la organización. Siguiendo esta filosofía, en las organizaciones redárquicas el orden no se impone desde arriba, en cascada, sino que emerge desde abajo, fruto de las relaciones de colaboración.
Redarquía frente a jerarquía
La jerarquía tiene un carácter marcadamente unidireccional: las relaciones se producen entre dos agentes, pero uno de ellos -el superior- puede hacer valer su poder para imponer su visión al otro -el subordinado-. En la redarquía, en cambio, las relaciones son multidireccionales y se generan en red. Los agentes están dotados de capacidad de decisión y organización, y se relacionan los unos con los otros de forma libre y abierta. El trabajo se realiza de forma distribuida, aprovechando las conexiones entre los diferentes nodos de generación de valor.
La jerarquía se sustenta en un orden de poder impuesto por delegación de autoridad, mientras que la redarquía está basada en un orden emergente de colaboración; la primera se basa en órdenes y relaciones de dependencia, en las que el superior administra los recursos, mientras que la segunda se basa en conversaciones; la jerarquía, en fin, está basada en premios y castigos, y la redarquía se fundamenta en la transparencia, el reconocimiento y el valor añadido que aporta cada persona.
Propiedades de la redarquía
Estas son las propiedades que mejor definen y caracterizan a las estructuras redárquicas: colaboración, autogestión, transparencia, emergencia, coherencia, participación, interdependencia, apertura, adaptabilidad, libertad y aprendizaje.
Redarquía: el nuevo orden emergente en la Era de la Colaboración
Como aprovechar la Inteligencia Colectiva en las empresas
El salto a la sabiduría o inteligencia colectiva es y seguirá siendo uno de los grandes temas del conocimiento en este siglo. Cómo gestionarla es una tarea a la que se deberán dar respuestas creativas.

La inteligencia colectiva se puede definir como la habilidad para compartir o combinar los conocimientos de un grupo para crear una visión más amplia y completa.

Entonces, ¿cómo podemos usar la inteligencia colectiva para mejorar y desarrollar algo similar a una inteligencia “colaborativa”?
Mientras un plan de colaboración planificado y organizado facilitará y aumentará la eficiencia de nuestro equipo al asignar a cada uno la tarea más acorde con su preparación y conocimientos, el conocimiento colectivo animará a ayudar, participar, comunicar, compartir y colaborar convirtiendo lo implícito hacia lo explícito.

La colaboración no solo se centra en compartir datos, información, archivos y trabajo en equipo para alcanzar un objetivo común, sino también compartir sus conocimientos, de modo que se construya una comunidad de práctica. Además de conseguir que nuestro equipo coopere y se comunique activamente, conseguiremos que compartan el conocimiento entre los participantes.

Las personas que necesitan las organizaciones para afrontar su futuro, ya no son exclusivamente aquellas que tienen ideas, o que saben cómo desarrollarlas, sino las que además son capaces de multiplicar el valor de esas ideas mediante la participación y colaboración de los demás.

Estas personas demuestran tener una necesidad continua de ser visibles y diferenciarse ante el resto. Pero por otro lado, muestran una gran necesidad de pertenecer a un grupo, compartir su existencia y reclamar constantemente un sitio junto a los demás.

Leyendo una entrevista a Hiroshi Tanaka -filósofo, ingeniero, emprendedor y consultor organizacional- quedé gratamente perplejo frente a su afirmación de que "la sociedad del conocimiento es aquella en la que el conocimiento deja de tener valor". Vaya balde de agua fría para quienes pensamos que el conocimiento es el factor clave desde el que se impulsa el devenir de la sociedad actual.

El planteamiento de Tanaka es que gracias al desarrollo y la utilización de las TIC, el acceso al conocimiento se logra con rapidez y sin dificultad. Basta con un sencillo clic y ya está. Ante este alto nivel de accesibilidad, el conocimiento experto se hace prescindible.

Por otro lado (esta es una reflexión personal), a raíz del cambio permanente del mundo en el cual vivimos, el conocimiento experto no acaba de dar cuenta a cabalidad de aquel y, en consecuencia, existe un alto riesgo de obsolescencia. Todo cambia tan rápido que las antiguas respuestas no nos sirven. Se necesitan otras nuevas ante problemas emergentes y el conocimiento experto se apoya en sistemas de respuestas adquiridas, por lo que no siempre logra armonizar con la realidad dinámica.

Acceso permanente y rápido, más riesgo de obsolescencia, es la combinación perfecta para pensar que el conocimiento experto ha quedado fuera de foco, trasformándose en un commodity más. Pero el mundo 2.0 de personas y organizaciones activas, participantes y exigentes, principalmente por las TIC, está promoviendo la emergencia de sabiduría colectiva a partir de ideas surgidas de las interacciones entre personas. Tanaka dice: "Si formulas una pregunta en una comunidad, las respuestas que se obtienen pueden llegar a ser mucho más valiosas que las de los expertos".

Estas comunidades de personas están dentro y fuera de las organizaciones y las hacen confluir intereses comunes vinculados tanto a sus tareas profesional-laborales como a cuestiones relacionadas con el ocio.

El desafío es crear en nuestras organizaciones, pensadas para fabricar productos en serie, espacios que alberguen a los knowledge workers y proveer instancias catalizadoras para las nuevas ideas de las cuales depende la sostenibilidad (sobrevivencia) de la organización. La inteligencia colectiva crece en entornos abiertos. Un bucle cerrado no garantiza el crecimiento y la renovación de la sabiduría.

Las organizaciones deben constituirse en ecosistemas relacionados de manera activa con su entorno, llámense clientes, proveedores, competidores, etc. La relación entre cada uno de estos actores es clave para la empresa actual si se desea generar atributos adaptativos que se traduzcan en competitividad. Por ello, el principal componente de la competitividad del futuro es paradójicamente la colaboración.


Fuente: Wikipedia y otras.

BUENAS NOTICIAS


Las buenas noticias le ganan a las malas en las redes sociales

La audiencia no siempre se rige bajo los mismos parámetros de los medios ante el consumo de contenidos; la opinión de especialistas e investigadores sobre la influencia de Internet y los sitios como Facebook y Twitter
Por John Tierney | The New York Times
Las malas noticias venden. Si sangra, es el tema del día.
No tener noticias es una buena noticia, y las buenas noticias no son noticia.
Esas son las reglas clásicas para las emisiones nocturnas y los periódicos matutinos, basadas, en parte, en los datos (rating y circulación) y, en parte, en los instintos de los productores y editores. Guerras, terremotos, plagas, inundaciones, incendios, niños enfermos, esposos asesinados; cuanto mayor sea el sufrimiento y el caos, más cobertura tendrá.
Pero ahora que la información está siendo difundida y monitorizada de diferentes maneras, los investigadores están descubriendo nuevas reglas. Al escanear el cerebro de las personas y hacer un seguimiento de sus mensajes de correos electrónicos y en Internet, los neurocientíficos y psicólogos han descubierto que las buenas noticias pueden propagarse más rápido y más lejos que las catástrofes y las historias conmovedoras.
"La regla de 'si sangra' funciona para los medios de comunicación que sólo quieren que sintonices", dice Jonah Berger, psicólogo social de la Universidad de Pensilvania. "Ellos quieren tus globos oculares y no les importa cómo te sientes. Pero cuando compartes una historia con tus amigos y compañeros, te importa mucho más cómo reaccionan. No quieres que piensen que eres un bajón".
Los investigadores que analizan la comunicación que se transmite de boca en boca, como los mensajes de correo electrónico, chat y opiniones en Internet y conversaciones cara a cara, descubrieron que tendía a ser más positiva que negativa, pero eso no necesariamente significaba que las personas preferían las buenas noticias. ¿Se compartían las noticias positivas con más frecuencia simplemente porque la gente experimentaba más cosas buenas que malas?
Un análisis sobre el comportamiento de los lectores de The New York Times reflejó que se compartían artículos que eran emocionantes o divertidos, o que inspiraban emociones negativas como el enojo o la ansiedad, pero no aquellos que les hacían sentir simplemente tristes
Para probar esta posibilidad, Berger observó cómo las personas difundían un conjunto particular de noticias: miles de artículos en el sitio web de The New York Times . Él y Katherine Milkman, una colega de Penn, analizaron la lista de artículos "más enviados por correo electrónico" durante seis meses, controlando así factores como la exhibición de un artículo en diferentes partes de la página de inicio.
Una de las primeras conclusiones que informó (a la cual considero el descubrimiento más importante del siglo pasado en el área de las ciencias sociales) fue que era mucho más probable que se incluyeran en la lista los artículos y columnas en la sección de Ciencia que los artículos que no tenían carácter científico. Descubrió que la ciencia despierta sentimientos de asombro y que hacía que los lectores del Times quisieran compartir esta emoción positiva con los demás.
Los lectores también tendían a compartir artículos que eran emocionantes o divertidos, o que inspiraban emociones negativas como el enojo o la ansiedad, pero no artículos que les hacían sentir simplemente tristes. Necesitaban sentir emoción, de una u otra manera, y preferían las buenas noticias a las malas. Cuanto más positivo era un artículo, más probable era que fuera compartido, explica el Dr. Berger en su nuevo libro: "Contagioso: Por qué las cosas son pegadizas" ("Contagious: Why Things Catch On", en idioma inglés).
Era más probable que se enviaran por correo electrónico "las historias sobre recién llegados que se enamoran de Nueva York", escribe, que "los artículos sobre cosas tales como la muerte de un popular cuidador de zoológico". Parece que el bajón no le gana a la buena onda, al menos entre los lectores de The New York Times .
En otro intento por comprender lo que más se comparte, los neurocientíficos han escaneado los cerebros de las personas mientras se enteran de nuevas ideas. Luego, lo han hecho mientras estas personas contaban a otros acerca de lo que habían escuchado. De este modo, los científicos observaron qué ideas se difundían y cuáles no.
Se supone que las personas difundirían las ideas más memorables (las que iluminan las regiones del cerebro asociadas con la codificación y la recuperación de recuerdos). Pero eso no es lo que ocurrió en los experimentos que llevó a cabo Emily Falk, junto con colegas de la Universidad de Michigan y los investigadores de la Universidad de California, en Los Ángeles.
Los mejores pronosticadores de que algo se va a hacer popular se hallaban en otra parte, en las regiones del cerebro asociadas con la cognición social (pensamientos sobre otras personas). Si esas regiones se iluminaban cuando algo se escuchaba, era más probable que las personas hablaran de la idea con entusiasmo, y la idea seguiría difundiéndose.
"Uno espera que la gente sea más entusiasta, con posturas firmes, y exitosa en la difusión de ideas que les entusiasman", dice Falk. "Pero nuestra investigación sugiere que eso no es todo. Pensar sobre lo que atrae a los demás puede ser aún más importante".
Esta conciencia social entra en juego cuando las personas comparten información sobre su tema favorito: ellas mismas. Esto es intrínsecamente placentero, y activa las regiones del cerebro asociadas con recompensas como la comida, como se ha demostrado en un estudio realizado por Diana Tamir y Jason Mitchell, de la Universidad de Harvard. De hecho, según el estudio, es tan agradable que la gente está dispuesta a rechazar recompensas monetarias a cambio de la oportunidad de hablar sobre sí mismos.
Las investigaciones anteriores sobre las conversaciones cotidianas mostraron que un tercio de las mismas se dedica a uno mismo, pero hoy en día este tema se ha convertido en una obsesión gracias a las redes sociales. Investigadores de Rutgers clasifican el 80 por ciento de los usuarios de Twitter como personas que tuitean principalmente sobre sí mismos .
El resultado es aún más buena onda, y no sólo porque la gente es tan adepta a lo que los psicólogos llaman auto-presentación: señalar la propia naturaleza maravillosa. Mientras que la gente siempre ha dicho cosas buenas sobre sí misma en las conversaciones tradicionales y han guardado los comentarios más desagradables para otros, en la actualidad son más diligentes en correr la voz a través de los medios escritos, como por ejemplo: el correo electrónico, Facebook y Twitter.
"En la mayoría de las conversaciones orales, no tenemos tiempo para pensar exactamente en lo que hay que decir", explica Berger. "Llenamos los espacios de conversación diciendo lo que es más importante. Pero cuando escribes algo, tienes tiempo para construir y refinar lo que dices, lo que implica más auto-presentación".
Las personas dicen cosas más positivas cuando están hablando ante una audiencia más grande, en lugar de cuando lo hacen con solamente una persona, como suele ocurrir en las publicaciones de las vacaciones perfectas que siguen apareciendo en Facebook
Los experimentos de Berger han demostrado que las personas dicen cosas más positivas cuando están hablando ante una audiencia más grande, en lugar de cuando lo hacen con solamente una persona; un resultado que ayuda a explicar el sinfín de vacaciones perfectas que siguen apareciendo en Facebook.
Pero, ¿toda esta buena onda realmente hace que el público se sienta mejor? No necesariamente. Un estudio que se llevó a cabo en Utah demostró que cuanto más tiempo pasan las personas en Facebook, más piensan que la vida es injusta y que son menos felices que sus "amigos".
Resultados similares observó en Alemania un equipo dirigido por Hanna Krasnova, que recientemente informó sobre una "naturaleza de envidia desenfrenada" y otras "emociones odiosas" entre los asiduos usuarios de Facebook.
"Se ha demostrado que la propagación y presencia ubicua de la envidia en las redes sociales socavan la satisfacción que los usuarios sienten con la vida", concluyen los investigadores alemanes, quienes describen este fenómeno como "la espiral de la auto-promoción-envidia".
Dicha espiral difícilmente suene como una tendencia positiva, pero es probable que haya una forma rápida de revertirlo: encender la televisión. Los productores y editores de los medios de comunicación siempre han conocido un método confiable para calmar la envidia. Una vez que han recorrido el mundo para traer la calamidad y el caos al living de su casa, incluso el haragán más miserablemente infeliz sabe que hay alguien, en alguna parte, que la está pasando peor.

© NYT Traducción de Angela Atadía de Borghetti.

Cómo se hace un lector


Por Graciela Melgarejo | LA NACION
Twitter: @gramelgar | Mail: lineadirecta@lanacion.com.ar |

Hace bastantes años, cuando la Feria del Libro porteña todavía estaba en el predio de Pueyrredón y Figueroa Alcorta, en una de esas noches desapacibles y frías de abril, se desarrollaba una de las últimas mesas redondas del encuentro, que trataba sobre la lectura. Los años no dejan ver, diría Borges, ni recordar tampoco, todos los nombres de los participantes, pero uno de ellos era la entrañable escritora Alicia Steimberg. Como podía esperarse, su ponencia fue deliciosamente irónica y realista. "Cuando yo era muy joven -contó-, ya era raro encontrar gente que leyera; en realidad, leer, y mucho, siempre fue cosa rara, de gente rara."
Han pasado los años, pero las costumbres parecen no haber cambiado tanto, a pesar de que nunca se ha leído en la forma en que se lee hoy en el mundo entero. Los jóvenes, en particular, leen y leen mucho, porque están en contacto permanentemente con textos: textos visuales y textos lingüísticos, en soporte papel y, sobre todo, en pantallas que les exigen, además, interactuar, reescribir, participar, investigar.
Esta nota se pregunta si esos nuevos lectores, ahora que ya no se ven perseguidos por las famosas "lecturas obligatorias" impuestas por el manual o el profesor de turno en el secundario, y pueden elegir con total libertad, siguen leyendo. El mismo interrogante, hecho al azar, entre algunos conocidos, puede servir para empezar a ubicarse en un contexto que por fuerza será siempre incompleto y cambiante. Por ejemplo, Tomás (21 años), estudiante de abogacía, está leyendo ahora, y en inglés, 1984 , de George Orwell, tomado de la biblioteca de su padre. Alan (21) está preparando la tesina para terminar la carrera de comunicación, y tiene un libro empezado que comenzó a leer por placer y que quizás use para su trabajo final: La segunda revolución china , de Eugenio Bregolat, sobre las ideas con que Deng Xiaoping gobernó China en los años noventa. Ana Francisca (25) cursa veterinaria y comenzó a leer Conducción política de Juan Domingo Perón, por consejo de su padre, y alterna esa lectura con historietas ( Maitena , Mafalda y Patoruzito ), pero acota que en el trabajo, muchas compañeras de su edad leen novelas de Danielle Steel.
Están, por supuesto, de manera más sistematizada, los resultados de algunas encuestas hechas a partir del Plan de Promoción de la Lectura nacional. Así, la profesora Patricia Bailoff, que participa en el Plan Provincial de Lectura de La Pampa, en el equipo técnico y también como tallerista, cuenta parte de su experiencia: "Luego de recopilar datos de alumnos ya egresados y recibidos, y también escuchando la opinión de jóvenes docentes, pude observar que el gusto por la lectura permanece y que buscan por distintos medios interiorizarse de los libros actuales, cuáles son los más vendidos o cuáles pueden servirles de acuerdo con sus intereses. También van a bibliotecas o pierden horas en las librerías". La tecnología aparece como una herramienta de ayuda, sobre todo: "Permite el encuentro con los libros y, si no es posible la compra, existe la
posibilidad de bajar un PDF, aunque todavía se advierte el gusto por la versión en papel y no tanto la lectura en pantalla".
Un párrafo aparte merecen, para la profesora Bailoff, aquellos otros a los que directamente no les interesa leer: "Aunque están en los primeros años de una carrera universitaria o de un profesorado, no tienen interés por la lectura. Generalmente leen algún texto 'suelto' de Coelho o Bucay, y no leen los diarios, ni siquiera los digitales. No están informados sobre la realidad cotidiana y al preguntarles por el uso de Internet para búsqueda de información o lectura de libros, señalan que no les interesa, pero sí destacan que utilizan mucho Facebook".
De todas formas, de esas encuestas, se desprenden algunos títulos y temas para tener en cuenta. Mario Vargas Llosa, por distintas razones, aparece con más de un texto: Travesuras de la niña mala , La tía Julia y el escribidor ; entre otros, están Fogwill, Cuentos completos ; Juan José Saer, El entenado ; Siri Hustvedt, El verano sin hombres ; por supuesto, Alejandra Pizarnik, Poesía completa ; novelas de Claudia Piñeiro (en especial, Betibú , que figura en listas de best sellers ); Indias blancas , de Florencia Bonelli; Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina , o la trilogía policial de Stieg Larsson, Millennium . Como se ve, elecciones heterogéneas, en las que predominan, además, las hechas por lectoras, porque las mujeres están leyendo más, por lo menos en cantidad.
NO A LA DOMESTICACIÓN
Es cierto que la sociedad puede ser impiadosa con los jóvenes, siempre exigiéndoles ser ese "futuro" inalcanzable, que sus propios padres no lograron conseguir. El filósofo e investigador Hugo E. Biagini ha dedicado su libro La contracultura juvenil. De la emancipación a los indignados (Capital intelectual, 2012) a tratar en parte el tema. Escribe Biagini en la introducción:
La estrecha afinidad entre utopismo y juventud presupone una serie de atributos que pueden ligarse con dicha etapa existencial. [...] En ese perfil relativamente singular aparecen matizadamente el inconformismo, la creatividad, el desprendimiento, la preferencia por la acción, el jugarse con osadía, la lealtad, etcétera. Las cualidades mencionadas han hecho que la juventud haya sido glorificada por concentrar todas las virtudes o por su monto de heroicidad y al mismo tiempo se la haya detractado por considerarla fuente de anarquía y perturbación social, con ribetes delictivos.
Es a esa juventud tan pronto endiosada como discriminada a la que la sociedad (sus padres, sus maestros; los adultos, en fin) le pedimos que lea, que lea incluso por lo que el resto no lee ni leerá. Por ello, es muy importante detenerse en este testimonio de una escritora que, como Verónica Sukaczer -también periodista y logogenista; entre otros libros, escribió Hay que ser animal (Segundo Premio Nacional de Literatura Infantil) y Lindo día para volar (mención especial del premio El Barco de Vapor)-, tiene contacto habitual con los jóvenes porque dirige talleres literarios: "Hace poco, tuve dos experiencias que me trastornaron bastante. Por un lado, un grupo de participantes en un taller literario, todos veinteañeros, se aburrieron soberanamente con Fahrenheit 451 , de Ray Bradbury. Y mi hijo adolescente casi se infarta al tener que leer un único cuento de Poe para una tarea escolar". Un repaso personal de esos
mismos textos arrojó la siguiente conclusión: "Me encontré con largas descripciones, diálogos a veces más literarios que reales, con modos de contar que, aunque a mí me siguen apasionando, entiendo que no resulten interesantes para nuestros nativos digitales. Y aquí entran muchos otros elementos que juegan en contra: el caudal cultural de los chicos de hoy en día es decididamente pobre, y por eso no comprenden muchas de las relaciones que el texto hace con momentos históricos o personajes o lo que fuera. También el lenguaje se ha empobrecido, los tiempos de lectura no son los mismos ni de la misma calidad, y las fuentes de distracción son variadas y están encendidas las veinticuatro horas del día".
Las experiencias de la escritora Silvia Plager (su último libro publicado es Boleros que matan , y ahora Sudamericana reedita La rabina ) son tan variadas como los años que lleva dirigiendo su taller literario. "Empecé coordinando los talleres literarios de los años ochenta en el Centro Cultural San Martín, cuando lo dirigía Javier Torre, con gente de todas las edades. Hoy, personalmente, no elegiría tener en mi grupo a alguien de 20 años, porque hay que tener lecturas básicas, que no siempre han hecho, y porque mi taller es de narración, no de expresión". También Plager coincide, como lo hará la mayoría de los entrevistados en esta nota, en que "hay que ser lector primero y después escritor. El que no venera el texto escrito no puede ser escritor". También ella va a destacar que le llama la atención "esa ansiedad por leer el propio texto, antes que leer uno de un escritor consagrado". De todas maneras, reconoce que cuando ella empezó a hacer taller con el escritor Roger Pla ("que tenía una cultura impresionante; si no habías leído nada de filosofía, te recomendaba qué leer"), en esa época también estaban las chicas que leían tanto Corín Tellado como Herman Hesse ( El lobo estepario ), porque eran las lecturas de ese momento. Finalmente, Silvia Plager rescata una "expresión escrita" que le parece importante: "Las largas parrafadas en Facebook de comentarios de libros, que se van armando entre los participantes, y que están muy bien escritas y tienen su valor", y que comprende a gente de todas las edades.
Por esa razón, hay especialistas que creen que un lector, mejor aún, un "buen lector" (porque de eso se trata, en definitiva), puede hacerse como se hace un deportista, un músico, una persona que disfruta de los amigos y de los afectos, o del cine: con acceso frecuente, con disponibilidad del espacio apropiado, del estímulo. Y también de lo que se entienda por "buen, poco o mal lector". Para Lola Rubio, especialista en literatura infantil y juvenil, bibliotecaria, que está actualmente al frente del Área de Obras para Niños y Adolescentes de la editorial Fondo de Cultura Económica, "hay tantos buenos lectores jóvenes como buenos lectores adultos; lectores frecuentes, habituales, en general muy estimulados por su entorno social, familiar, escolar. Lo interesante es pensar que también hay espacio para generar lectores si la lectura deja de estar tan domesticada, tan asociada a los valores, a lo correcto, a la aceptación de pautas. Para muchos jóvenes, leer es casi como mostrar otra forma de obediencia: algo que puede provocar rechazo en muchos de ellos. La lectura tiene que ser un espacio de rebeldía, ya sea por la temática, por el autor, por el momento elegido para leer. La domesticación juega en contra. Cuántas anécdotas conocemos de grandes lectores que leían a escondidas o leían textos no admitidos (incluso prohibidos), o lo hacían robando tiempo a otras tareas, e incluso enfrentándose a adultos que aseguraban que leer era una pérdida de tiempo. No tendríamos que equiparar el goce de la lectura con el cepillado diario de los dientes".

Se pueden buscar, entonces, otras maneras de interesar a jóvenes (y adultos) en ese ámbito tan personal e inasible. En principio, ellos mismos se encargan de hacerlo. Por ejemplo, confiando en la recomendación de sus pares, que se da ahora a través de las redes sociales y que permite así convertir -o no- el libro en fenómeno. Como dice la periodista y editora de Norma, Hinde Pomeraniec, "ahí están lo que se llama fandoms , que son nuestros viejos clubes de admiradores. Pueden ser de libros, de series, de cómics". Estos lectores, muchos de ellos a punto de terminar el secundario, "aman las fan pages y debaten, discuten y hasta les dan ideas a los guionistas o escritores para segundas, terceras o cuartas partes".
Para Pomeraniec, los temas todavía siguen divididos "entre los lectores que buscan sólo fantasía, distopías y realidades paralelas, y aquellos que prefieren historias más reales, más cercanas, son ésos a los que de adultos les va a gustar leer biografías. Los primeros suelen ser lectores voraces, que consumen grandes tomos; los segundos son más vagos, y por lo tanto les produce tremenda felicidad llegar al final de un libro".
LA VIDA MISMA
Esa circulación de la lectura a través de las redes sociales es una de las características más importantes para rescatar hoy. Si bien Eduardo González, autor de novelas juveniles y policiales, está convencido de que los jóvenes lectores provienen de familias lectoras en las que se comparten charlas y opiniones sobre los libros que se publican o se leen, esos libros finalmente hoy forman parte de lo cotidiano, de la vida. "Están los lectores de blogs que se enteran de las opiniones con sus pares a través de la Web. El cine es otro medio de abordaje a la lectura, como así también algunas series, ya que muchos llegan a los libros después de verlas: Crepúsculo , Los juegos del hambre , Juego de tronos ", películas que también comparten con los adultos, por lo que se da un interesante intercambio generacional, como cuando en la casa todo el mundo leyó la serie de Harry Potter. Para González, también es importante la temática de algunos títulos:
Llegan a ser best sellers aunque tocan temas como el abuso sexual infantil, el filicidio, el fratricidio o el vampirismo. Por eso, estoy convencido de que un joven sabe por qué elige un libro, por qué lo compra. Entiende perfectamente qué quiere leer a la hora de comprar un libro, porque la Web ha permitido la diversidad y esa situación para un joven inquieto es maravillosa.
La vida misma parece encargarse de darles a estos lectores actuales muchas más oportunidades que las que tuvieron sus mayores. También Eduardo González recuerda una anécdota muy interesante al respecto: "En el festival BAN [el de la Novela Negra de Buenos Aires], estábamos debatiendo sobre el policial juvenil, y dos profesores de la Universidad Nacional de Villa María, Córdoba, comentaron que sus alumnos leían empleando soportes electrónicos y también papel; en especial buscaban libros usados, sobre todo, las primeras ediciones del Séptimo Círculo".

Es evidente, entonces, que las nuevas tecnologías tienen su lado altamente positivo. Los que frecuentan Twitter, ese reino de la "escritura corta" por lo de los 140 caracteres, saben que son infinitas las posibilidades de recibir y dar recomendaciones sobre todo tipo de lecturas. Así, está por ejemplo, desde Venezuela, @QuéLeer -sus integrantes se autodefinen como "lectores caseros que buscamos experiencias literarias, para enriquecer nuestro intelecto y nuestras bibliotecas" ( www.queleer.com.ve )- un colectivo, como les gusta decir a los españoles de España, que hace, además, entrevistas a distintos autores, generalmente una vez por semana, cuyo pensamiento se va desgranando -nunca mejor usado el verbo- a lo largo de decenas de tuits; al final de la entrevista, se hace una pregunta sobre un libro en particular del escritor, y aquellos tuiteros que aciertan ganan un ejemplar de la obra mencionada. Una de sus últimas recomendaciones ha sido esta: "@QuéLeer esta Semana Santa: Novelas Ejemplares de Cervantes en #ebook. ¡Mirad qué portadas más originales! http://ow.ly/joziS". De estos ejemplos, hay muchísimos en la Red.

Para Daniel Divinsky, creador de la ya mítica Ediciones de la Flor, no hay todavía datos fehacientes como para conformar estadísticas tan completas sobre el fenómeno de la lectura, tanto en soporte papel como en pantalla. Para él, estamos viviendo un poco el imperio de la cultura adolescente, porque la lectura en pantalla es predominante en un público cuya edad promedio son los 20 años. Por eso quizá también el auge de la novela gráfica; la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip) que realiza anualmente envíos colectivos a las bibliotecas de todo el país y que siempre consulta a los bibliotecarios para hacer sus encargos, compró mucha novela gráfica a Ediciones de la Flor -específicamente, Los dueños de la tierra , de David Viñas, con adaptación de Juan Carlos Kreimer e ilustraciones de Dante Ginevra-, "y eso es porque esa debe de haber sido la recomendación", concluye Divinsky. Con respecto al humor gráfico, un plato fuerte de su editorial, también señala que ya son varios los autores que le comentan que, a raíz del número creciente de seguidores en las redes sociales, ese fenómeno levantó la demanda en la venta de sus libros.
Este otro fenómeno, la llamada "novela gráfica", ha merecido un libro: el del historietista español Santiago García - La novela gráfica , Astiberri Ediciones, 2010-, en el que su autor opina que no se trata del equivalente a una novela literaria, ni es un género, un formato o una temática, sino más bien una intención, una decisión consciente de un autor "de hacer un tebeo adulto", una decisión fundada sobre todo en la libertad que se ha conseguido en el transcurso de la historia y en la conciencia de autor, que en opinión de García es el punto clave del nuevo cómic. Independientemente de que estemos o no ante un nuevo género (aunque su denominación lo sea), el trasvasamiento de la novela gráfica al ámbito local puede llegar a dar resultados interesantes, y no es menor el hecho de que una institución como la Conabip haya decidido hacer una compra grande de una obra como la de Viñas que, en su época y aun ahora, por su valor literario e histórico, sigue siendo profundamente cuestionadora.
OTRAS VOCES, OTROS CAMINOS
Todos los entrevistados están de acuerdo en señalar que un escritor debe ser (sí, obligatoriamente) un muy buen lector. ¿Se cumple este apotegma hoy? Una experiencia interesante es la que está haciendo Casa de Letras (CdL, www.casadeletras.com.ar ), la asociación civil creada en 2006 y dedicada a "enseñar y desarrollar integralmente la lectura, la escritura, la narración oral, y los universos vinculados a ellas". Su directora, Blanca Herrera, cuenta que los integrantes de CdL ahora han decidido crear la Escuela de Escritura Online, que comenzará sus cursos en abril próximo. "En realidad, esta idea surgió porque gente de otros lugares, Rosario o Neuquén, por ejemplo, no podían asistir a nuestros cursos presenciales; se trata de recrear en un aula virtual las condiciones de intercambio y comunicación entre docentes y alumnos propias de un aula presencial". Lo que Herrera destaca es que, en la formación que ellos dan, el tema de la práctica de la escritura tiene la misma entidad que la de la lectura, aunque aquí se trate de una lectura "para escritores": herramientas técnicas, artilugios, etcétera, importantes de reconocer cuando se está intentando escribir un texto literario.
Con respecto a las lecturas que pueden tener los que se acercan a cursar en CdL, dice Herrera que "el espectro es heterogéneo en cuanto a las edades; en su mayoría están entre los 25 y los 40 años, aunque hemos tenido asistentes de 70 años y más. Aquí se da también, como arrastre del secundario, el fenómeno de la pobre o mala comprensión de textos. E incluso entre los más jóvenes, que vienen porque quieren escribir, ocurre que no quieren leer, están enamorados de sus textos y no están interesados en leer los textos de otros, aunque se trate de Borges o de Nabokov". Por eso, en las reuniones de claustros, se ha acordado con el equipo de profesores, todos escritores conocidos y que producen su propia literatura, trabajar primero con la lectura y análisis de textos literarios.
"Hay un ejemplo muy interesante -cuenta Blanca Herrera- y está relacionado con un texto clásico, por su belleza literaria y porque se da siempre en el secundario, «El hombrecito del azulejo» de Manuel Mujica Lainez. Cuando fuimos a una escuela para leerlo en voz alta -nosotros hacemos alianzas con distintas empresas, como parte de su responsabilidad social empresaria, para ir a contar historias a las escuelas y así crear un vínculo recreativo y afectivo con la literatura-, sólo entonces los chicos parecieron comprenderlo, tanto que después se lo contaban ellos al maestro." Conclusión: CdL recupera el valor de la narración oral, para adultos también, en sus cursos de narradores orales, "a partir de los cuales, se han formado grandes lectores".
LEER PARA SER FELIZ
Lola Rubio vuelve a definir muy bien este proceso vital tan particular que es elegir qué se quiere leer:
Comparto la idea de que hay un tiempo, un tiempo interno, que requiere de cierta suspensión mental, o de una inmersión total más propia de un mundo analógico que va a contramano de este mundo digital que transitamos, hiperapurado y que superpone estímulos. Me parece que sí tenemos dos lógicas en tensión. La lectura de ficción (o de alta demanda de concentración, lo mismo que si se trata de no-ficción) pide y proporciona aislamiento. De ahí todas las metáforas vinculadas a los mundos que conocemos mientras leemos, o de estar en otro mundo gracias a la lectura. Esta lectura rechaza otras distracciones. Cuando se está metido en una lectura, uno quisiera eliminar las llamadas, la conversación, todo.
Por eso, y como nos recuerda también el escritor Eduardo González, sigue teniendo inmensa vigencia lo que alguna vez escribió Jorge Luis Borges: "El verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soporta el imperativo. La lectura debe ser una de las formas de la felicidad y no se puede obligar a nadie a ser feliz"..

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE


aquaplaning, en cursiva

El término aquaplaning, que el diccionario de María Moliner recoge como anglicismo con el sentido de ‘deslizamiento incontrolado de un vehículo por existir una capa de agua en el pavimento que impide la adherencia de las ruedas’, ha de escribirse en cursiva por no ser una palabra española.

Sin embargo, es bastante habitual verlo escrito en redonda y con diferentes grafías (aquaplanning, aqua-planing, acuaplaning…) en los medios de comunicación: «Lo de la AP-9 ya no es aquaplanning, que también; es, directamente, surf», «En torno a las dos de la tarde, el aquaplaning motivó que algunos turismos colisionaran» o «El fenómeno del aqua-planning se soluciona con una buena elección de neumáticos».

A pesar de que se trata de un término extendido en el español actual, existen equivalentes que no requieren resalte tipográfico, como hidroplaneo y acuaplaneo, términos que ya usan habitualmente algunos profesionales del sector del automóvil.

No obstante, si se opta por el término inglés, lo adecuado es escribirlo con cursiva y recordar que se trata de una sola palabra, con q —no con c—, sin guion, y con una sola ene: aquaplaning.
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