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terça-feira, 9 de abril de 2013

JOSÉ LUIS SAMPEDRO

"Somos naturaleza. Poner al dinero como bien supremo nos conduce a la catástrofe"

Eterno aprendiz de sí mismo
LUZ SÁNCHEZ-MELLADO 12 JUN 2011


No nos oye llegar. Está de espaldas frente al ventanal. Es mediodía, la luz entra a chorro y su figura se recorta contra el azul intenso del mar al otro lado del cristal. Un claroscuro perfecto: los pelos de punta, las orejas despegadas, la espalda recta, la diestra arañando un folio con un bolígrafo. La viva imagen de la introspección. José Luis Sampedro no es un hombre de acción. Al menos en sentido estricto. El pensamiento, la reflexión y la contemplación han sido a la vez su alimento y su legado. A sus 94 años, sordo y aquejado, que no quejoso, de diversos males de su edad, escribe todos los días. Así, a mano, con el papel apoyado sobre una tabla, compuso el prólogo del célebre Indignaos -de Stéphane Hessel y un capítulo de Reacciona, los ensayos que han espoleado el Movimiento 15-M.

"Mi única ambición ahora es morir como un río en el mar. Ya noto la sal"
"Esto acaba por degradación moral. Hemos olvidado justicia y dignidad"
"Me pueden apartar y jubilar. Pero no me pueden jubilar de mí mismo"


La vida inesperada de José Luis Sampedro
El Nacional de las Letras premia el compromiso de Sampedro
Nos encontramos en su apartamento alquilado en la misma arena de la playa de Mijas (Málaga) días antes de que los indignados tomaran la Puerta del Sol. Se le veía frágil. Un gigante de metro noventa todo piel y huesos y ojos transparentes clavándose en los del prójimo. Un místico. Pero un místico lúcido. Y enamorado. Su esposa, la escritora Olga Lucas, 30 años menor, le sostiene en todos los sentidos. Ella es sus oídos, sus ojos y sus antenas. Pero el que piensa -y el que actúa pensando- es él. Juntos firman Cuarteto para un solista (Plaza y Janés), la "novela de ideas o ensayo novelado" que publica ahora y que constituye su testamento intelectual. Quisimos verle de nuevo para saber cómo saludaba, por fin, la reacción de los jóvenes. No fue posible. El celo de Olga le protege del mundo. Quizá de más. Pero gracias a ella está vivo, o eso dice él.

¿Cómo ve el mundo desde aquí? Nuestro tiempo es para mí, esencialmente, un tiempo de barbarie. Y no me refiero solo a violencia, sino a una civilización que ha degradado los valores que integraban su naturaleza. Un valor era la justicia. Dígame si Guantánamo o lo que pasa en China es justicia. Se juzga a la gente en virtud de la presunción de culpabilidad. Todo eso del ataque preventivo, un nombre eufónico para hablar de la ley de la selva. En 2000 años, la humanidad ha progresado técnicamente de forma fabulosa, pero nos seguimos matando con una codicia y una falta de solidaridad escandalosas. No hemos aprendido a vivir juntos y en paz.

En su libro, los cuatro elementos: tierra, fuego, agua y aire, se reúnen para lograr la supervivencia de los humanos. Sí, porque el hombre los está olvidando. Los cuatro se preocupan porque, al alejarse de ellos, se aleja de su naturaleza. Se ha creído más de lo que es, se piensa por encima del cosmos. Los cuatro dicen: mientras crean en nosotros, serán humanos. Si no, peligran.

Dice que el hombre es al universo lo que la neurona al hombre: una célula pensante, pero una más. Dentro de mí hay millones de células como dentro del cosmos hay millones de seres. El hombre tiene dos peculiaridades: la palabra, y con ella el pensamiento, las ideologías y las creencias. Y la sensación de superioridad, pensar que es inmortal. Eso es lo que los cuatro no reconocen. Una cosa es la vida espiritual, incluso el sentimiento de que hay más allá, y otra las religiones con funcionarios que las explotan. Cuando el hombre se cree por encima de la naturaleza, piensa que puede transformarla, iluso.

¿Qué le sugiere que en el siglo XXI se declare santo a Juan Pablo II, fallecido hace cinco años? Hay una gran diferencia entre verdad y creencia. La verdad es la que podemos comprobar, y las creencias pertenecen a la zona imaginaria.

Pero esa creencia articula la vida de millones de personas. Y conduce a la idea de que hace falta una administración para entretener las almas, repararlas si se deforman, asegurarles si hacen todo bien un asiento en el paraíso. Para determinar nuestra conducta, las creencias son más importantes que la verdad. Y los que creen en esa inmortalidad hacen bien en comportarse según ella. Lo que hacen mal es exigir que los demás lo hagan.

Obviamente, no es creyente. Yo no puedo decir si hay Dios o no. Creo que no, pero no tengo seguridad. Ahora, tengo la seguridad de que el Dios que nos vende el Vaticano es falso, y lo compruebo leyendo la Biblia con la razón y no con la fe. Cuando creemos lo que no vemos, acabamos por no ver lo que tenemos delante.

En su vida habrá habido gozo y sufrimiento. ¿No envidia la paz de los creyentes? Esa es una de las razones por las que existen religiones, hay quien se cree a los dioses porque se ve inseguro ante el mundo. Además, todos tenemos necesidad de afecto, y pensar que hay alguien que nos protege es consolador. Pero mi actitud de no usar ese consuelo también. Mire, yo estoy a punto de morirme y estoy tan tranquilo. Gracias a ella [mira a su esposa], que me da una enorme tranquilidad y a la que le debo la vida. Si no fuera por ella, yo estaba muerto hace tiempo.

¿El amor es el consuelo del agnóstico? La gente suele identificar el amor con el hecho de hacer el amor, y piensa que a mi edad no tiene sentido. Claro que lo tiene. La compenetración, el afecto, el saberse sin hablar. Para mí, eso es más que siete Nobel. El goce de la vida no es cuestión de cantidad, sino de sensibilidad, intensidad, compenetración. La ternura da una intensidad profundísima. Y para eso no necesito el alma, tengo la mente. El cerebro, a base de combinar ideas como hace, peor, un ordenador, construye un mundo mental que da las sensaciones que se atribuyen al alma. Yo tengo memoria, algún entendimiento y voluntad. El mundo es energía. Todos tenemos una chispa. A lo que llaman alma, yo lo llamo mente.

¿Y frente al miedo a la muerte? Frente al exterior que no podemos conocer del todo hay una actitud de inquietud e indefensión. Eso nos lleva a decir: voy a transformar el mundo, como dicen ahora. Yo no pretendo cambiarlo, sino estar en armonía con él, y eso supone una vida que cursa como un río. El río trisca montaña abajo, luego se remansa, y llega un punto, como estoy yo, en que acaba. Mi ambición es morir como un río, ya noto la sal. Piense en lo bonito de esa muerte. El río es agua dulce y ve que cambia. Pero lo acepta y muere feliz porque cuando se da cuenta ya es mar. Ese es un consuelo. No necesito la esperanza de un personaje que me acoja. Admito que haya más allá, pero no un señor pendiente de José Luis.

Y que lo mande al cielo o al infierno. O que diga, a este lo pongo en coma y lo tengo así seis meses. Eso no es vida humana, eso es ser una coliflor. Pero hay quien dice: Dios es el dueño de la vida, y hay que agradecerle y dedicarle mi sufrimiento. Pero, bueno, ¿qué creencia tiene quien piensa que Dios se regocija con el sufrimiento? Esas ideas me parecen monstruosas. Estar contra la eutanasia, con garantías, me parece de una irracionalidad propia de una mentalidad primitiva.

¿Ha hecho testamento vital? No, pero ella [su esposa] sabe que, llegado el momento, quiero que me dé el potingue. [Interviene ella: "Sí, pero tienes que hacerlo, no quiero ir a la cárcel"]. Lo haremos. Hay que aceptar que acabamos. A mí me han dado la vida, quien fuera, y he procurado hacer lo que debemos hacer todos, vivir. Pero vivir siendo quienes somos, solo así alcanzaremos el máximo nivel. Para mí, el desarrollo de un país no es que se ponga a la altura de Estados Unidos. Es que desarrolle sus posibilidades al máximo. Yo fui una semilla, y he tratado de ser yo al máximo. No sé si mi obra es buena o mala, lo que digo es que la hice lo mejor que pude. Como neurona, he tratado de incorporar la mía a los demás, porque somos todos juntos y un hombre solo no es nada.

Dicen que China está a punto de superar a Estados Unidos en desarrollo. El desarrollo está pensando en la rentabilidad. Lo importante no son esas tres palabras que ahora todo lo mandan: productividad, competitividad e innovación. En vez de productividad, propongo vitalidad; en vez de competitividad, cooperación, y frente a esa innovación que consiste en inventar cosas para venderlas, creación. Esa es otra. El arte es mercancía. Esos artistas como Hirst, que cogen una cabeza de vaca, le ponen un diamante y se forran. Perdonen, pero eso no me parece desarrollo. El desarrollo humano sería el que condujera a que cesaran las luchas y supiéramos tolerarnos. Y ser libres, pero todos, porque la libertad es de todos o no es.

Decía usted: "¿Libertad? Vaya a un supermercado sin dinero y verá lo libre que es". El mercado no da la libertad. La libertad es como una cometa. Vuela porque está atada a la responsabilidad del que maneja. Lo sabían los revolucionarios franceses: libertad, igualdad, fraternidad. Hay que tener el pensamiento libre y crítico. Para ser yo, la poca cosa, la neurona que sea, necesito pensar con libertad. Con la libertad de la cometa. Mire las elecciones. Hay unas campañas fabulosas para inculcar a la gente lo que tiene que votar. Y como el poder tiene unos medios extraordinarios de difusión, que son de persuasión, logra que se vote a quien se vota y pase lo que pasa.

¿Y qué pasa?: ganan unas veces unos y otras otros. Pues mire, usted perdone que me extrañe de que la gente vote a un señor como Berlusconi.

¿Eso es porque la gente no piensa? Porque la gente no hace crítica, porque acepta la creencia que le proponen a base de bombardearle con los medios. Los titulares de los periódicos son efímeros, tienen muy poca importancia frente a cosas como Guantánamo, un insulto a la justicia y a la inteligencia. ¿Y de Japón? ¿Y de Haití? Del sida en África, o de la falta de educación, no habla nadie porque no interesa al poder, que es el que dispone de los medios, que dicen lo que al poder le interesa. Contra eso hay que indignarse, reaccionar y decir no.

¿Me está diciendo que los periodistas trabajamos a las órdenes del poder y el mercado? No todos. Los hay que se resisten y reaccionan. Pero incluso los que siguen la corriente lo hacen inconscientemente: eso que llaman la información es una parte de lo que pasa, ocultando todo lo demás. Como cuando en una biblioteca hay libros delante y no dejan ver lo de atrás. Lo hacen inconscientemente porque saben que eso es lo que vende.

Ahora se sabe la audiencia exacta de cada noticia y existe la tentación de ofrecer lo que se pide. Claro, a mí me hacen muchas veces el elogio del ordenador. Estoy de acuerdo, pero si usted se acostumbra a consultar el ordenador en vez de pensar, acabará pensando lo que le diga el ordenador. Esto es parecido. El periodista sabe que o hace lo que conviene o se arriesga, y se lo piensa.

Su protagonista es un viejo profesor internado en un sanatorio. Su psiquiatra dice que antes sus pacientes eran los deprimidos, y ahora, los ansiosos. ¿Eso tiene que ver con el progreso que nos arrolla? Eso me lo dijo mi amigo el doctor Valentín Fuster. Algo de eso hay. Fíjese en que cada vez dependemos más de las creaciones mecánicas y científicas. Piense cuánto tiempo dedicamos a usar máquinas. Yo no sé ni hablar por el móvil, no me interesa. Gracias a mi mujer, que se entera de lo que hay y me lo cuenta.

Pero el mundo es el que es. ¿La alternativa es volver al pasado? Otra cosa que decía Fuster: vamos a parar y hablar del asunto. Pero no son capaces. Los que tienen poder quieren más poder; los que tienen dinero, más dinero; los banqueros que están forrados quieren sueldos más altos, y a la vez le dicen al obrero que hay que trabajar más y cobrar menos, ¡pero bueno! ¿Por qué no se para un rato la rueda y se reflexiona? Porque a los que mandan no les conviene, por eso no favorecen el pensamiento crítico, sino el transmitido por sus medios y por la educación, porque eso empieza en la niñez. Ahora lo de Bolonia es entregar la Universidad a los financieros e industriales. Y se estudiará lo que convenga para producir más.

Algunos piensan que hay que estudiar lo que se precisa. Que de la pasión no se vive. Yo aconsejo que el chico haga lo que le guste, porque rendirá más y vivirá más feliz, aunque gane menos. Una razón por la que hay tanto paro es que nuestro boom estaba montado en esto [señala las torres de la playa]. Era especulación. Además se atrajo a una mano de obra que no está capacitada para nada más. Ahora cómo la trasladas. Fíjese que la productividad se consigue con máquinas, todo elimina mano de obra. El músculo no encuentra trabajo. Yo mismo ahora no sería capaz de dar clases porque no manejo el ordenador. Si hubiera sensatez, si nos educaran para ello, reaccionaríamos y diríamos: alto, paremos a pensar. Racionalicemos el crecimiento demográfico.

En España somos los menos prolíficos del mundo. La reflexión la ha de hacer el mundo entero. Vamos a redistribuir la producción. El poder no quiere reflexionar porque no le interesa cambiar. Mientras, se corrompe todo, el sistema se hunde, entramos en esta barbarie. Como pasó al final de Roma. Ahora viene otra sociedad. El sistema capitalista se ha terminado: ya no funciona.

¿Cuánto de vida le da? ¿Llegará a verlo? No se lo puedo decir, pero estoy seguro de que en este siglo se empezará a notar la imposibilidad de mantener el desarrollo y las políticas autoritarias de esta manera, que encuentran cada vez más resistencia, y habrá cambios profundos. Quizá la primera reacción del poder sea el autoritarismo y entraremos en un despotismo científico. En el siglo XVIII hubo un despotismo ilustrado, ahora habrá una situación en la que unos ricos selectos dispongan de todo el progreso mientras en África y Asia hay lo que hay.

¿La brecha científica separará a ricos y pobres? La ciencia está en manos del dinero. Pero las creaciones científicas se hacen con un propósito y luego tienen otras consecuencias. Internet ha permitido lo que llaman globalización: pasar el poder de los políticos a los financieros. Pero la globalización, al tiempo que ha permitido a los ricos dominar más el mercado, ha creado los foros sociales que pueden minarles.

En el sistema está el germen de la disidencia. Claro, crea armas para otros, son consecuencias no deseadas de la técnica creada a demanda del poder. Ocurrirán cosas que no puedo prever, pero que conducirán a una situación distinta.

En su libro parece que tenía previsto el terremoto, el tsunami y el desastre nuclear de Japón. Hombre, es que tiene que pasar. Lo que me sorprende del tsunami es que una técnica como la nuclear, avanzadísima y todo lo que quiera, sabe poner en marcha una central, pero no sabe pararla. Y pasa no solo en la técnica. El Gobierno americano es capaz de montar Guantánamo, y resulta que no es capaz de desmantelarlo. Que no se les suban tanto las campanillas a los líderes científicos y políticos. Tienen puntos débiles.

¿Qué le pareció la reacción del pueblo japonés ante la catástrofe, o los islandeses que han emplumado a los financieros? En Islandia ha ocurrido esto porque es un país pequeño donde hay la posibilidad de unirse, aquí no. Estamos divididos deliberadamente para que seamos menos eficaces. La civilización moderna trata de individualizarnos y decirnos: usted es un individuo, usted es el rey de la creación, usted elija, usted tiene derecho, usted tiene libertad. Si aquí se reunieran todos los jóvenes, pero todos, podrían hacerse grandes cambios. Pero no se harán, porque los del PP harán lo que les dicen, y los del PSOE harán lo mismo.

¿No hay también apatía y conformismo de la mayoría? Sí, porque al mismo tiempo que nos dividen y nos mantienen en la ignorancia, nos ofrecen otros alicientes: el espectáculo, los festivales, el fútbol, y se desahogan por ese lado. Está todo montado también para ocultar lo que pasa detrás de la cortina. En cambio, nadie parece darse cuenta de que el señor Rajoy es el primer aliado de los que nos causan los problemas de crédito, porque dice en todos los foros que España está muy mal. La gente no reflexiona sobre eso, porque esa es una razón para no votar a esas personas que denigran a su país solo porque no son ellos los que gobiernan.

Llevamos ocho años de Gobierno socialista. ¿No han estado a la altura? No, por una razón muy sencilla: no son socialistas. Es un Gobierno capitalista que pasa por socialdemócrata. El socialismo no habría privatizado Telefónica. Ahora anuncia que va a despedir a 8.000 obreros; si fuera del Estado, no lo haría. Y dirán: la empresa pública es menos rentable. Pero ¿para quién? Las empresas privadas dan más dinero para el director, no para los obreros. Y si viene otro Gobierno, será más capitalista aún. Los Gobiernos no evitaron la crisis financiera y los pueblos siguen votando a quien ha hecho las cosas mal. ¿Quiénes provocaron la crisis?: los banqueros. ¿Quiénes salieron antes?: los banqueros. ¿Quiénes siguen ganando mientras el resto está parado?: los banqueros. ¿Quiénes les manda?: el capital.

Hablando de los trabajadores que 'sobran', la gente tendrá que trabajar para sobrevivir. Claro, pero si trabajan todos, tendría que ser en producciones de más baja rentabilidad. Y al poder, eso le tiene sin cuidado. Mientras mande el capital, esto no tiene arreglo, pero entretanto se está erosionando el sistema por dentro. Habrá una gran reacción si sigue la cosa así, esto no puede continuar.

¿Esto va a explotar? Sí, esto se acaba. No le puedo decir cómo, pero lo estoy viendo, y además por degradación ética y moral, porque se han olvidado de la solidaridad, de la justicia, de la dignidad. La corrupción es que los hombres que han de gobernar se ofrecen en venta. El capitalismo lo convierte todo en mercancía. Somos naturaleza, y poner al dinero como bien supremo nos conduce a la catástrofe.

¿Este libro es una especie de testamento intelectual? Bueno, aún estoy aquí y escribo cada día. Ahora estoy tomando notas pensando en hacer una cosa breve, porque no puedo hacer planes para una novela. Quisiera hacer un librito sobre mi visión del mundo originado en el vacío, y en el vacío surge la energía.

Siempre tiene las mismas obsesiones. Sí, sobre todo desde que empecé a despejar cosas que me habían enseñado y a ver al hombre como especie biológica, como un ser privilegiado, pero natural.

¿Cómo ve su vida desde sus 94 años? Yo me considero un inmigrante en esta España. La manera de ser se construye en la adolescencia. Yo me construí en la España de los años treinta. En el 36 tenía 19 años, empezaba a vivir. Y entonces vino la catástrofe. Soy un inmigrante que no puede volver a su país porque ha desaparecido. En la Guerra Civil estuve en los dos campos, pero la dictadura fue una monstruosidad, aún hay quien dice que se vivía con placidez, serían ellos. La Universidad fue decisiva, dar clase es para mí tan importante como la literatura y la economía. Luego vino la etapa de padre de familia. Tuve la desgracia de perder a mi mujer, y no pensaba casarme, pero quién se resiste [mira a su esposa]. Nos encontramos en el balneario de Alhama. Yo iba cada año porque tenía lumbago. Ella se fue a su sitio, yo al mío, nos escribimos y hasta hoy.

¿Uno se enamora de forma distinta a los 80 años que a los 30? En el fondo se enamora uno igual, los dioses cambian de ropa, pero así son los dioses. Y las diosas. Tuve esa suerte, y aquí estoy, feliz.

¿Cuáles han sido los placeres de su vida? Placeres sencillos: la lectura ha sido extraordinario. Con la música he disfrutado muchísimo, he tocado un poco el piano y el violín, pero sobre todo he escuchado, y ahora la sordera me priva de esto. La contemplación ha sido importante. Hablo muchísimo conmigo, me trato mucho.

¿Y discuten? A veces. La felicidad en gran parte es llevarse bien con uno, y luego con los que están cerca.

Dice que esta casa frente al mar es su sanatorio de reposo mental. ¿Qué encuentra aquí? He comprado todo lo que se ve desde la terraza, sí, es mío. Usted se ríe, pero imagine que soy archimillonario y he adquirido ese trozo de mar, ¿qué haría con él? Pues lo mismo que ahora, porque no tengo la obsesión de ser propietario, que es lo que hace que los ricos compren la vaca de Hirst. Lo contemplaría, pasearía y dejaría que la gente se moje, porque no me perjudica. Pero la gente quiere ser propietaria, porque quiere mandar, y quien posee una cosa quiere otra. Hace falta menos para vivir bien.

¿Qué es lo imprescindible? El afecto. Y quien no lo tenga, afecto hacia sí mismo, hacia la naturaleza, hacia un perro. Fuster, a los estresados les decía: cómprese un animal de compañía, aunque sea un loro, y hable con él. No se precisa mucho más.

En este siglo de tantos inventos, ¿de cuál disfruta más? De los libros y la música.

Me refería a algo de la modernidad. El ascensor es un gran invento.

Si no tiene propiedades, ¿cuál es su patrimonio? Mis ideas, mi memoria, lo que tengo en la cabeza, lo que soy. Aprendiz de mí mismo, eso he sido toda mi vida.

En el libro dice: "Me pueden apartar, me pueden jubilar, pero no me pueden jubilar de mí mismo". Mientras me rija la cabeza y pueda ir al baño solo, estoy aquí tan campante. Ya lo he dicho: mi única ambición es morirme sin molestar.

Pero no le veo triste. Por qué voy a estarlo, no puedo estar mejor para mi edad.

Me refiero a ese Apocalipsis del que habla. Hasta hace poco pensaba que esta barbarie era una tragedia. Ahora creo que es una crisis de evolución de un sistema a otro. El cosmos no para de cambiar. Y lo mismo que ha inventado la vida y la cultura humana, inventará lo nuevo, el sistema que sustituirá al capitalismo. Yo tengo mi consuelo en mi manera de pensar, y acepto lo que se me viene encima. Por qué voy a estar triste, si estamos rodeados de milagros. Piense en un huevo. Un gran invento sin técnicos, sin científicos, sin nada. El huevo es una maravilla.

Eterno aprendiz de sí mismo

José Luis Sampedro (Barcelona, 1917) siempre aspiró a ser él mismo "al máximo". Hijo de un médico militar, creció en Tánger (arriba, con cuatro años) y otras plazas a las que su padre fue destinado. La Guerra Civil le sorprendió en Santander con 19 años, cuando acababa de aprobar una oposición a funcionario de aduanas. "Hombre de orden", fue movilizado por el Ejército de la República, aunque después se pasó al bando nacional.
La Universidad, a la que acudió de mayor y donde es catedrático de Estructura Económica, fue el germen de su disidencia intelectual y moral con la dictadura. Economía humanista es su obra más conocida en este campo.
Escritor y académico, sus novelas El río que nos lleva, La sonrisa etrusca- han tenido éxito de público y se han llevado al cine y al teatro. En 2011 ha recibido la Orden de las Artes y las Letras.

La visión sudamericana de la Historia


El profesor brasileño Moniz Bandeira, que reside en Alemania, congrega lectores en todo el mundo y ahora llega a los lectores chinos. En sus libros alerta sobre los peligros de un nuevo imperialismo.

POR ISIDORO GILBERT - Fuente: Revista Ñ.-Buenos Aires

RELACIONES PELIGROSAS. Analizó el vínculo Brasil-EE.UU.
La editora Renmin University Press. Co, una de las mayores universidades de la R. P. Chinam lanzó en febrero en Beijing la obra La Formación del Imperio Americano. De la guerra contra España a la guerra en Irak, del profesor brasileño Luiz Alberto Moniz Bandeira, traducido al chino por Shu Juanping.

Este libro editado aquí por Norma e/content/edit/CLANWS20130406_0018n 2007 y en Cuba por Casa de las Américas, le valió al autor ser elegido Intelectual del año 2005 por la Unión de Escritores (UBA) y ha vendido en el país vecino cuatro ediciones por la Editorial Civilizaçäo Brasileira. Esta misma casa tiene previsto sacar en los próximos meses A Segunda Guerra Fría. Geopolítica e dimensión estratégica dos Estados Unidos (De Eurasia äs revoltas no Oriente Medio e África del Norte) .

Universidades y editoriales chinas se ocupan crecientemente por trabajos de escritores latinoamericanos pero lo novedoso es la traducción de un libro de las características del que comentamos. Al decir del escritor y periodista Rogelio García Lupo, Moniz Bandeira es “el historiador del Brasil moderno, con una cabeza iluminada por la filosofía alemana”.

Moniz Bandeira ha declarado que “Mi formación filosófica fue esencialmente influenciada por Hegel. Considero la dialéctica, que Hegel desarrolló, lo que hay de más avanzado en la gnoseología, el método de conocimiento más rico y más ágil aún que la inferencia matemática. La dialéctica permite comprender lo que está más allá de la estricta identidad. También acepto el concepto hegeliano de que el Estado es un organismo vivo, que ha surgido en determinadas condiciones de la evolución histórica. Hegel escribió que el pueblo como Estado es el espíritu (Geist) en su sustancial racionalidad e inmediata realidad y de ahí el absoluto poder en la tierra. Entiendo ese espíritu (Geist) como la cultura del pueblo que se encarna en el Estado y que influencia su comportamiento y sus políticas”.

Ante Ñ negó que tuviera “influencias positivistas” debido a sus tempranas lecturas de su antepasado, el filosofo Antónino Fearrao Moniz de Aragäo, amigo de Augusto Comte e introductor del positivismo en Brasil. Aunque en su juventud fue amigo del histórico dirigente del Partido Comunista Brasileño, Luiz Carlos Prestes, nunca fue comunista, sí militó cerca de Dilma Rousseff en su juventud y tuvo una entrañable amistad política y personal con Goulart. De allí que escribiera: O Governo João Goulart - As Lutas Sociais no Brasil (1961-1964).

Moniz Bandeira, lector profundo de la obra de Carlos Marx, no se considera marxista. “Marx no elaboró ningún sistema de ideas, axiomático, cerrado, o sea, completo y conclusivo. Por eso dijo que no era marxista. Es necesario considerar que la permanencia de las palabras tiende a imprimir estabilidad al concepto, pero la realidad, que el concepto pretende representar y la palabra exprimir, cambia a cada instante, está en movimiento, es un constante devenir, un continuo flujo en el cual el ser y el no-ser se integran, de modo que el concepto no puede estabilizarse, en la medida en que debe acompañar y reflejar la realidad. Decirse marxista no sólo es contrario a la dialéctica que Marx adoptó como método de investigación, pues la realidad es mutante, como implica empobrecer su pensamiento, tornarlo estático, dañarlo, y reducirlo a una posición política, de militancia, un catecismo, lo que restringe la comprensión de los acontecimientos históricos”.

Y recuerda que Rosa Luxemburgo, “demostró el error de Marx en su teoría sobre el desarrollo del capitalismo, cuyo colapso no se efectuó como el había profetizado”. En cambio reivindica a líderes de la II Internacional como Edward Bernstein y Karl Kautsky. Dice que Bernstein constató que en la obra de Marx había un “dualismus”, pues, siendo una investigación científica, ya presentaba una tesis pronta y un resultado predeterminado.
“Las previsiones de Bernstein y Kautsky, se mostraron más acertadas que las de Lenin que adaptó el pensamiento de Marx a las condiciones culturales de Rusia, lo interpretó según sus objetivos políticos inmediatos, le dio pragmáticamente una versión y la dogmatizó, y hasta hoy las corrientes que se dicen de izquierda no se liberaron de su influencia, de los esquemas establecidos por Lenin, que vivió muchos años en la Europa Occidental, pero nunca la comprendió. A la contribución de Marx y sus discípulos al estudio de la economía y de las ciencias sociales, hay que sumar el aporte de muchos otros pensadores, que no se afilian a la misma escuela de pensamiento, entre los cuales Max Weber se destaca”, explica Moniz Bandeira.
Kautsky fue calificado de “renegado” por Lenin porque votó a favor de créditos militares cuando estalló la Gran Guerra (1914-1918) aduciendo que se trataba de una lucha contra el zarismo reaccionario. En réplica al anatema de Lenin, escribió Terrorismo y comunismo. Kautsky es autor de El cristianismo: sus orígenes y fundamentos que Moniz Bandeira tradujo al portugués.

Pero este líder de la Segunda Internacional y media –en contraposición de la Segunda histórica y la III creada por Lenin–, salió al cruce de algunos conceptos de la teoría leninista sobre el imperialismo y adelantó la hipótesis del ultra imperialismo. Esta etapa preveía que las potencias industriales y los grandes conglomerados acabarían por formar un cártel sui generis, dejando de lado la competencia mediante conflictos bélicos y que las guerras únicamente serían entre o contra los países subdesarrollados. Moniz Bandeira cree que ahora “es inimaginable una guerra entre EE.UU. y la Unión Europea”. Pero sostiene que el proceso de globalización del capitalismo y la evolución hacia el ultra imperialismo y la hegemonía norteamericana frente a las potencias más débiles “deviene en una dictadura planetaria, que demanda de agresiones permanentes para los que echa mano a la intimidación y el chantaje”. Esta es la idea que atraviesa el texto de “La formación del imperio americano”.

El Cono sur y el mundo

Moniz Bandeira se ayuda de la política internacional para estudiar el papel del Brasil en el Cono sur. Este enfoque le sirve de auxilio en su trabajo “La formación de los Estados de la Cuenca del Plata. Argentina, Brasil. Uruguay y Paraguay” donde además se sale del encuadre que los historiadores, tanto los llamados “mitristas” como “revisionistas”, han defendido al escribir sobre la guerra de la Triple Alianza y el papel de las grandes potencias de la época incluso EE.UU. Hay en este trabajo lo que Mario Rapoport considera “una profunda erudición con un penetrante análisis crítico –y a veces provocativo– del rol del Brasil en la región”.

Moniz Bandeira, es de lectura obligatoria para el personal de Itamaraty y en la mayoría de las cancillerías sudamericanas. Es diplomado en Ciencias Jurídicas, doctor en Ciencia Política por la Universidad de São Paulo y profesor titular de Historia de la política exterior de Brasil, en el Departamento de Historia de la Universidad de Brasilia (retirado). Recibió el título de Doctor Honoris Causa por las Facultades Integradas de Brasil–UniBrasil, de Curitiba y por la Universidad Federal de Bahia.

Su vida ha estado profundamente marcada por el golpe militar que derrocó al gobierno del presidente João Goulart, en 1964. Perseguido, debido a su participación en la resistencia, tuvo que exiliarse en Uruguay (1964-1965), desde donde regresó a Brasil y vivió clandestinamente en São Paulo hasta 1967. Más adelante, pasó dos años preso por la Marina de Guerra y en 1974 pudo retomar la actividad académica, cuando asumió la función de profesor en la Escuela de Sociología y Política de São Paulo. Moniz Bandeira fue profesor visitante en las universidades de Heidelberg, Colonia (Alemania), Estocolmo, Buenos Aires, Córdoba y Lisboa, entre otras.

Es autor de más de veinte obras, entre las que figuran los mencionados La Formación del Imperio Americano y La formación de los Estados en la Cuenca del Plata, Argentina, Brasil y Estados Unidos (De la Triple Alianza al Mercosur); De Martí a Fidel. La revolución cubana y América Latina; Fórmula para el caos. La caída de Salvador Allende (1970-1973) y Presencia de Estados Unidos en Brasil. Algunas de sus otras obras fueron publicadas en Argentina, Chile, Rusia, Alemania, Cuba, Portugal y ahora en China Popular.

En de Martí a Fidel, Moniz Bandeira acudió a los archivos de Itamaraty, de la inteligencia Alemana, de papeles desclasificados de la CIA y otros brindando no solamente un enfoque novedoso sobre la Revolución Cubana sino aclarando algunos temas con miradas distintas hasta este escrito. Por ejemplo el papel de los militares cubanos en Angola, dice, fue jugado a pesar de Moscú. Henry Kissinger tuvo que admitirlo en sus Memorias 20 años más tarde de esos acontecimientos y califica como “excepcional la política exterior de la Revolución Cubana. Yo no conozco otro país en la época moderna donde el idealismo haya sido un componente clave de su política exterior. No conozco ningún otro país más que Cuba que por un tiempo relativamente largo haya demostrado tanta generosidad y valentía en su política externa”.

Es un juicio que compartió Nelson Mandela. El fin del apartheid ocurrió poco después que las tropas sudafricanas fueran derrotadas por las de Cuba asentadas en Angola en la batalla de Cuito Canavale entre diciembre de 1987 y marzo de 1988. En Brasil-Estados Unidos: la rivalidad emergente (1950-1988) Moniz Bandeira analiza esas relaciones bilaterales, con sus conflictos de intereses, que abarcan cuatro décadas y que ayudan a entender qué ocurre actualmente en Sudamérica.

En primer término sostiene que la “amistad tradicional” entre Brasil y EE.UU. es un estereotipo ideológico, manipulada con el fin de influir en su política exterior. Sus relaciones no siempre fueron apacibles y tranquilas. En el siglo XIX, Brasil suspendió tres veces (en 1827, 1847 y 1869) las relaciones diplomáticas con Washington y no aceptó pasivamente su hegemonía; sin embargo, hasta la primera mitad del siglo XX, dependía de las exportaciones de café y estas del mercado norteamericano. Las necesidades de industrialización, impulsadas por el presidente Getúlio Vargas (entre 1930-1945 y 1951-1954), agravaron las controversias con EE.UU, lo que contribuyó decisivamente al golpe militar de 1964. A pesar del “interludio breve y aberrante”, según el embajador norteamericano John Crimmins que calificó al gobierno del mariscal Humberto Castelo Branco por su “alineamiento automático” con Washington, los intereses económicos de Brasil determinaron la reaparición de las controversias. Y la fricción culminó con la firma del acuerdo nuclear Brasil-Alemania (1976) y la ruptura del acuerdo militar con los EE.UU. durante el gobierno del general Ernesto Geisel, en 1977.

Brasil-Estados Unidos... no es una obra aislada. Es parte de un corpus, un conjunto, que comienza con Presencia de Estados Unidos en Brasil, en el que se integran Relaciones peligrosas: Brasil y Estados Unidos (De Collor a Lula); Brasil, Argentina y los Estados Unidos y Formación del Imperio Americano.
Moniz Bandeira afirma que ni Marx ni Engels jamás concibieron al socialismo como vía de desarrollo o modelo alternativo para el capitalismo. Lo que viabilizaba, científicamente, al socialismo era el alto nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, que el capitalismo impulsaba. En este sentido le da contenido de fondo al proceso de desarrollo no sólo en Brasil, así como al de autonomía relativa que se observa en el Cono Sur. La lectura atenta de los trabajos de Moniz Bandeira encuentra enfoques de polémica con el llamado “populismo”, el liberalismo y con el “marxismo ortodoxo”.

Moniz Bandeira es sin duda el más importante especialista brasileño en relaciones internacionales y sus libros atestiguan la extensión de su conocimiento, la argucia de su análisis y la originalidad de su pensamiento.

Las Aguafuertes cariocas de Arlt


Un libro de inminente aparición reúne el trabajo del escritor como corresponsal en Río. Anticipo de sus mejores textos
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ALGO SOBRE URBANIDAD POPULAR

(JUEVES 10 DE ABRIL DE 1930)

Voy por una calle oscura, entre fachadas de piedra. Los arcos voltaicos lucen colgados de cables alquitranados. Hombres en mangas de camisa conversan sentados en los umbrales de las puertas. Mujeres achocolatadas, apoyadas con los brazos cruzados en los hierros de los balcones, siguen el movimiento de la rua. En una lechería esquinada, negros en patas beben cervezas. De pronto: una señora oscura ha tomado a su nene de seis años, color café con leche, de la mano. Va a llevar a dormir al chico. El pibe ha estado jugando con una nena de su edad, blanca y rubia. Y veo: el nene alarga gravemente su mano a la chiquita. Ella también, con seriedad, le corresponde; los dedos se apretan y se dicen:

-Boa noite. (Buenas noches.)

Segundo cuadro

Voy por una calle abierta entre un bloque de granito escarlata. Sobre mi cabeza cuelgan amplias hojas de bananero. La calle asfaltada desciende hasta la playa. Vienen: un muchacho y una menina. Diez y siete años, quince años. Él, color tabaco rubio. Ella, cobre, que parece cubrir un mimbre de carbón, tan flexible es la muchacha de ojos verdes. ¿Cuántas razas se mezclan en esos dos cuerpos? No sé. Lo único que veo es que son magníficos.

Él sonríe y muestra los dientes. Ella, un paso atrás, se ríe también. Trae en la mano una varita verde y le hace cosquillas en la oreja. Van solos. Aquí, los novios salen solos. Ellos son hombres y ellas bien mujeres. Cuando dos novios salen solos es porque son prometidos. La vida es seria y noble en muchos aspectos. Y éste es un aspecto de esa vida seria y noble.

Se ríen y van hacia la playa. La playa extiende sobre el río una bandeja de arena. Los bananeros dejan colgar sus hojas verdes y un perfume de violeta impregna densamente una atmósfera de tempestad.

Tercer Cuadro

Avenida de Rio Branco. Oleaje de gente. Fachadas de azulejos recamados de oro, azul y verde. El Café Morisco con cúpulas de escamas de cobre. Tranvías verdes. Ráfagas de jazmín. En el fondo, el cerro Pan de Azúcar, color espinaca. A un costado el morro de Santa Teresa, color naranja. Automóviles que pasan vertiginosamente, gente que en sillas-cestas de mimbre beben sorbetes. Él y ella. Ella de negro. Él de blanco. Un escote admirable. Caminan lentamente. No tomados del brazo, sino de los dedos. Como criaturas. Y de pronto escucho que ella dice:

-Meu bem. (Mi bien.)

Este "meu bem" ha salido de la boca de la mujer impregnado de dulzura espesa, lenta, sabrosa. Se han bebido en una mirada; y siguen caminando, despacio, hombro con hombro, los brazos caídos, pero tomados fuertemente de los dedos. Me han dicho que cuando un hombre y una mujer caminan así es porque su intimidad es completa y ellos van cantando, con estos dedos engrapados, una felicidad magnífica y cálida.

Cuarto cuadro

Restaurante. Hora de almuerzo. Él, cuarenta y cinco. Ella, treinta. Él tiene los cabellos blancos. Ella es rubia magnífica, alta, flexible; ojos tan lindos como agua sobre arena de carbón y oro. Se han sentado y el mozo ha traído la lista. Piden y el mozo se va. Trae platos distintos. De pronto ella alarga el tenedor y pone en la boca de su compañero un trozo de carne. Él sonríe golosamente. Entonces ella le toma la barbilla con la punta de los dedos y sacude lentamente la mano. Frente a todos, que permanecen indiferentes. Aquí se vive así. Han traído el postre. Han pedido postres distintos. Entonces ella retira un trozo de dulce del plato del hombre y mueve la cabeza; él se ríe y le da unas palmadas en la mejilla.

Delicadeza

Por donde se camine, la delicadeza brasileña ofrece espectáculos que impresionan. Hombres y mujeres siempre se acarician con la más penetrante dulzura que darse puede, en el gesto y la expresión. Está en el ambiente el espíritu de dicha conducta. Aquí va un ejemplo. Entré a un cafetín de la O'Gobernador. Sonaba una vitrola. Cuando el chico que me atendió, oyó que yo hablaba en castellano, me dijo sonriendo:

-¿O senhor é español?

-Argentino, pibe...

El chico avanzó hasta el mostrador, le habló unas palabras al patrón y al minuto sonaba en la vitrola un tango cantado por Maizani: Compadrón.

Donde se va... donde se va, sólo se encuentra muestras de gentileza, de interés, de atención. Salvo excepciones, la gente es tan naturalmente educada que uno se asombra. Entré a la Nyrba para pedir detalles de cómo debía certificar una carta aérea. Inmediatamente un empleado hizo que un cadete me acompañara hasta el correo.

Necesitaba conocer una calle. Me acerco a un diarero. Hay que ver la cortesía con que me explicó el recorrido que yo debía hacer.

¿Gentileza? Si hay una tierra de América donde el extranjero pueda sentirse cómodo y agradecido al modo natural de ser de la gente, es ésta del Brasil. Niños, hombres y mujeres engranan sus acciones dentro de la más perfecta urbanidad.

Y LA VIDA NOCTURNA ¿DÓNDE ESTÁ?


(VIERNES 11 DE ABRIL DE 1930)

¡Ah, Buenos Aires!... ¡Buenos Aires!... Calle Corrientes y Talcahuano, y terraza y Café de Ambos Mundos, y Florida. ¡Ah, Buenos Aires! Allí uno se esgunfia, es cierto, pero se esgunfia despierto hasta las tres de la mañana. ¿Pero aquí? ¡Dios mío! ¿Dónde va usted a las tres de mañana? ¡Qué bárbaro! ¿He dicho a las tres de la madrugada? ¿Adónde va, acá en Río, a las once de la noche? ¿Adónde? Explíqueme usted, por favor.

A las once de la noche

Hace un calor de andar en paños menores por la rua. Y a las once de la noche cada mochuelo está en su olivo. ¿Se dan cuenta? ¡A las once de la noche, cuando en la calle Corrientes la gente se asoma a la puerta de los bodegones para empezar a hacer la digestión! ¡Ah, bottiglieriís de la calle Corrientes! Se me hace agua la boca.

Decía que aquí a las once de la noche todo el mundo está en cama. Alguno que otro trasnochador pasa con cara de perro por la avenida Rio Branco. Debo estar mal de la cabeza. ¿He dicho que algún trasnochador pasa? Bueno; está bien, trasnochador ¡de las once de la noche! El sujeto se garufea hasta las diez y cuarenta, y a las diez y cincuenta raja para su casa. Y hace un calor como para pernoctar en la acera. Y todo el mundo encamado. ¿Conciben ustedes una tragedia más horrible que ésta? ¿Acostarse a las once de la noche? Porque, ¿qué va a hacer, dígame, después de esa hora? ¿Medir el ancho de las calles, la longitud de la vía, el kilometraje del estuario? Todo el mundo encamado a las once de la noche. A las once, sí, a las once.

Yo concibo que se acuesten a las once o diez de la noche los recién casados. Admito que el propietario de alguna de estas meninas no se descuide y a las diez y cuarenta piante diligentemente hacia el nido. Soy humano y comprensivo. Me lo explico y mucho más aquí. Pero ¿y la juventud suelta y libre? "El divino tesoro" la apoliya también. A las once, a más tardar, se calafatea en el catre; y usted gira que gira desesperado por estas calles solitarias donde, de vez en cuando, se tropieza con un negro, que sin estar borracho va riéndose y conversando solo. Es notable la costumbre de los grones. Deben conversar con el alma de sus antepasados, los beduinos o los antropoides.

Y qué leitos

Brutalmente. A las once se acuesta porque las calles están desiertas. Minga de café, minga de nada. Se acuesta porque no hay nada que hacer en la rua. Esta gente es como las gallinas: cena de seis a siete de la tarde, luego da tres vueltas castas alrededor de la manzana y a la cama, a dormir.

Pero ¿quieren decirme qué es lo que puede hacer un porteño en la cama, a las once de la noche? Y en estas camas que son de madera. ¡Ah!, porque los colchones en este país no son de lana. Lasciate ogni speranza usted que se encama. Los colchones son de crin vegetal y con esta crin vegetal es poco decirle que cualquier colchón para nuestros soldados es más tierno y dulce que estas chapas flexibles que parecen de amianto y no otra cosa.

Cuando usted se acuesta por primera vez, lo primero que hace es llamar desesperado, si está en una pensión, a la fámula y decirle que se ha olvidado de poner el colchón. Y entonces le replican que no, que la cama tiene colchón, y se lo enseñan para que no le quede duda, y usted lo ve con sus ojos mortales y perecederos, y larga cada mala palabra que ruborizaría a un sarraceno. Y no por eso el colchón se apiada o dulcifica, sino que persiste siendo tan madera como antes, y puede acostarse un regimiento en él, que no por eso se ablandará un adarme. Crin vegetal, amigo. ¡Cómo para dormirse! Usted da vueltas y vueltas dolorido de todos los huesos; matiza las conversiones de la derecha a la izquierda con una buena andanada de ripios y culebras. El colchón no se enternece ni por broma... Haga de cuenta que está durmiendo o no durmiendo, o queriendo dormir y no pudiendo, encima de un piso de madera.

Sea imparcial, amigo, ¿se pueden padecer mayores martirios que éstos? Tener que acostarse a las once de la noche en una cama que le envidiaría, para ganar el cielo, un candidato a santo. Sea imparcial; piense que a usted lo obligan a acostarse a las once de la noche en un catre de éstos, que no se ablanda ni echándole agua.

Prende un cigarrillo. Fuma. Tira el pucho y escupe desde cualquier ángulo. Mete el brazo bajo la almohada, luego la cabeza, después el otro brazo, más tarde encoge las piernas, luego otro cigarrillo, vuelta a expectorar. Larga una mala palabra, medita, endereza la esquena; le dan ganas de agujerear el cielorraso; otro cigarrillo; pasa un tranvía con traqueteo infernal y lo arranca de su levísimo sopor, que prometía convertirse en el conato de un semisueño. Dan las dos en el reloj, y dan las tres, y dan las cuatro, y no hay sereno que grite: "Viva la Santa Federación", pero está usted con un ojo abierto y el otro conspirando y pensando macanas a granel.

Y entonces usted desesperado, se pregunta por cienmilésima vez:

-¿Qué es lo que hace tan temprano en las camas esta gente? ¿Qué es lo que hace?

CIUDAD QUE TRABAJA Y QUE SE ABURRE

(MARTES 15 DE ABRIL DE 1930)


Al comienzo, lo que más le llamó la atención al cronista fue la extrema amabilidad de los cariocas.. Foto: Geneviève Naylor/Corbis
En el concepto de todo ciudadano respetuoso de los derechos de la fiaca, porque también la fiaca tiene sus derechos según los sociólogos, el café desempeña un lugar prominente en la civilización de los pueblos. Cuanto más aficionada es a tirarse a la bartola una raza, mejores y más suntuosas cafeterías tendrá en sus urbes. Es una ley psicológica y no hay qué hacerle: así baten los sabios.

Aquí se labura

Nosotros, habitantes de la más hermosa ciudad de América (me refiero a Buenos Aires), creemos que los cariocas y, en general, los brasileños, son gente que se pasa con la panza al sol desde que "Febo asoma" hasta que se va a roncar. Y estamos equivocados de medio a medio. Aquí la gente labura y sin grupo. Se gana el marroco con el sudor de la frente y de las otras partes del cuerpo, que también sudan como la frente. Yugan, yugan infatigablemente y amarrocan lo que pueden. Sus vidas se rigen por un subterráneo principio de actividad, como diría un señor serio haciendo notas sobre el Brasil. Yo, a mi vez, digo que doblan la esquena todo el santo día y que de sábado inglés, ¡minga! Aquí no hay sábado inglés. Y allí se terminaron las fiestas. Trabajan, trabajan brutalmente, y no van al café sino breves minutos. Tan breves que, en cuanto se queda usted un rato de más, lo echan. Lo echan, no los mozos, sino el encargado de cobrar.

¿Y el llamado café "express"?

Ante todo no se conoce el café express, esa mezcla infame de serrín, pozos de express y otros residuos vegetales que producen una mixtura capaz de producirle una úlcera en el estómago en breve tiempo. Aquí, el café es auténtico, como el tabaco y las naturales bellezas de la mujeres. Los cafés tienen sillones en las veredas, pero en la vereda no se despacha café. Hay que tomarlo adentro. Adentro las mesas están rodeadas de sillitas que dan ganas de tirarlas de una patada a la calle. He visto sentarse un gordo, del cual cada pierna necesitó de una silla. La mesita de mármol es reducida; en fin, parecen construidas para miembros de la raza de los pigmeos o para enanos. Usted se sienta y empieza tirar la bronca. Una orquesta de negros (en algunos bares) arma con sus cornetas y otros instrumentos de viento un alboroto tan infernal que usted no terminó de entrar cuando ya siente ganas de salir.

Se sienta y le traen el feca. Sin agua. ¿Se da cuenta? En un país donde hace tanta calor, le sirven el café sin agua. Usted ahoga una mala palabra y bramando dice:

-¿Y el agua? ¿Se vende el agua aquí?

-O senhor quere acua yelada... Un vaso de acua yelada.

Y le traen el "acua yelada" con un pedacito de hielo. El vaso es como para licores, no para agua.

No termina de tomar el café, cuando un turro vestido de negro, que se pasa el día haciendo juegos malabares con monedas, se le acerca a la mesa y le golpea con el canto de una chirola de mil reis el mármol. Mil reis son treinta guitas. Usted que ignora las costumbres lo mira mal turro y éste lo mira a usted. Entonces usted dice:

-¿Por qué no se golpea la jeta en vez de golpear el mármol?

Hay que palmar e irse. Pagar los seis guitas que cuesta el café y piantar. Si usted quiere hacer sebo, tiene los sillones de la vereda. Allí se despachan bebestibles que cuestan un mínimo de 600 reis (18 centavos argentinos).

Pas de propina

El mozo no recibe propina. Mejor dicho, nadie la da con el café. El hombre que hace juegos malabares con los cobres es el encargado de cobrar y de consiguiente el único que afana... si es que roba, porque éste es un país de gente honrada. De modo que el espectáculo que el ojo del extranjero puede gozar en nuestra ciudad, y es el de robustos vagos tomando la sombra dos horas en un café bebiendo un "negro", es desconocido aquí. La gente concurre a la hora de moda a los sillones de las veredas. El resto de la multitud entra al café para ingerir una tacita de feca y raja. Aquí se labura, se trabaja y se ha tomado la vida en serio.

¿Cómo hacen? No sé. Hombres y mujeres, chicos y grandes, negros y blancos, trabajan todos. Las calles hierven como hormigueros a la hora del bullión.

Conclusiones

Si no fuera un poco atrevida la metáfora, diría que los cafés son aquí como ciertos lugares incómodos, donde se entra apurado y se sale más rápidamente aún.

Ciudad honrada y casta. No se encuentran "malas mujeres" por las calles; no se encuentra ni un solo café abierto toda la noche; no se escolaza, no hay levantadores de quinielas. Aquí la gente vive honradísimamente. A las seis y media todo el mundo está cenando; a las ocho de la noche los restaurantes están ya cerrando las puertas... Es como dije antes: una ciudad de gente que labura, que labura infatigablemente, y que a la hora del raje, llega a su casa extenuada, con más ganas de dormir que de pasear. Esta es la absoluta verdad sobre Río de Janeiro.

LA BELLEZA DE RÍO DE JANEIRO

(SÁBADO 3 DE MAYO DE 1930)


El escritor, retratado en sus años de mayor popularidad periodística.. Foto: Gentileza Biblioteca Nacional
El visitante no puede darse cuenta de lo que es Río de Janeiro, sin subir al Pan de Azúcar y para resolverse a subir al Pan de Azúcar, por lo general, se medita una hora. Porque son trescientos metros de altura y...
Una obra de ingeniería brasileña

Pongamos que usted se encuentra en la avenida Rio Branco y mira hacia el Pan de Azúcar, que es un monte; no: es la punta de una granada gigantesca, medio clavada en la tierra. Un casco de proyectil verde. Entre este proyectil y Monte Vermello, hay un socavón inmenso, cierto valle boscoso. Un telón de cielo azul; y si usted mira insistentemente, entre los dos montes, distingue, suspendido, un hilo fino, negro. Luego, si usted mira mucho, ve que por ese fino hilo se desliza un rectángulo negro, velozmente. De pronto desaparece. La punta del Pan de Azúcar lo ha tragado. Es el funicular.

Se llega a la estación del funicular en tranvía. Cuesta nueve centavos el viaje y usted se harta de andar tanto. Además, se cansa de decirse a cada momento: "¡Qué bárbaros estos brasileños!". Tienen un país magnífico y ni por broma le hacen propaganda para que vengan turistas. Bueno, se llega a Playa Vermella y allí está el monte: piedra gris, un bloque sin declive, que cae a pico sobre la avenida Beira Mar. Enfrente, una garita de cemento armado. De esta garita salen los cables de acero de unos tres centímetros de diámetro. Con un declive de sesenta grados más o menos. Es brutal. Usted mira los cables de acero, el funicular y de pronto piensa: "Si se rompen los cables van a tener que juntarnos con pinzas". Altura inmensa que se le cae sobre la cabeza. Una emoción extraordinaria de ascender a esa altura en un declive semejante. El viaje de ida y vuelta al Pan de Azúcar cuesta seis mil reis: un peso ochenta de nuestra moneda. Bueno: usted sube, con cierta ansiedad, a la garita encapsulada. El guarda cierra la puerta y de pronto la garita está arriba de la calzada. Usted ha creído que sentiría vaya a saber qué emociones, y no siente nada.

Más emocionante es un viaje en colectivo. Sobre todo cuando el volante o las ruedas están descentradas. Se encuentra ahora a ciento ochenta metros de altura y el Pan de Azúcar le tapa los ojos; está frente a usted. Tiene la sensación de que si estira el brazo lo toca; y entre Playa Vermella y el Pan de Azúcar hay como doscientos metros. De allí, y con una rampa mucho más pronunciadísima, parten otros dos cables de acero, que por su propio peso trazan una curva sobre el abismo, mientras que al llegar a la cresta del monte ascienden perpendiculares a él. Y la emoción de cruzar suspendido sobre el bosque que está allá en el fondo se repite en usted. Ahora sí que viene lo bravo. Pero sube al funicular: el guarda cierra la puerta y el funicular comienza a ascender los doscientos metros de altura que faltan para llegar al Pan de Azúcar. Un viento tremendo cruza las ventanillas de la garita. Esta conserva siempre su posición horizontal. Usted asoma la cabeza al abismo. Abajo, cascadas de árboles, cúpulas verdes y la arenosa curva de la playa. Ahora parece que el Pan de Azúcar viene velozmente a nuestro encuentro. La piedra se agiganta, la garita sube como ascensor; oscila en el interior de un nicho de piedra y ya está arriba. Abajo, los trece montes en cuyos valles se aloja Río de Janeiro muestran sus lomos cubiertos de casas, o sus frentes azulencos. Los diques fracturados, un puente, el agua verdosa, y ahora comprendo lo que es Río de Janeiro. Una ciudad fabricada en los valles que dejan los montes entre sí. Las casas trepan por las faldas, se interrumpen; el bosque avanza, luego desciende. Rayas asfaltadas avanzan hacia la distancia, luego una sierra, peñascos y en el valle subsiguiente, otra lonja de población, techos rojos, azules, blancos, cubos que, como una vegetación de líquenes, asciende y se interrumpe, manchando de color tinta, de color engrudo, de morados y de óxidos de hierro y de verde de sulfato, las pendientes de piedra. Son las casas de dos millones de habitantes. Ahora se explica usted las vueltas de los tranvías. Para entrar a las calles de un valle, el tranvía tiene que pasar por las espaldas de éste, un zigzag prolongado. La bahía, con una tersura de espejo de acero, se bisela un verde sauce junto a la costa. Pasa un transatlántico y tras él queda el agua en una estela, revuelta en suciedades de marisco. Distribuidas irregularmente, hay naves ancladas.

Cúpulas de cobre, de porcelana, de mosaicos y de azulejos; techos que parecen rectángulos de hierro colado; rascacielos cúbicos, honduras arboladas; un espectáculo feérico es el que ofrece esta ciudad de edificios escalonados en la pendiente de la sierra, que de pronto se anula misteriosamente o confunde su bisectriz con el ángulo de otro monte, cubierto de techos rojos a dos aguas y de avenidas asfaltadas. Usted mira y cierra los ojos. Quiere conservar un recuerdo de lo que ve. Es imposible. Los cuadros vistos se superponen, uno desvanece al otro, y así sucesivamente. Usted lucha con esa confusión, quiere definir geométricamente la ciudad, decir: "Es un polígono, un triángulo". Es inútil... Lo más que podría decir es que Río de Janeiro es una ciudad construida en el interior de varios triángulos, cuyos vértices de unión constituyen el lomo de los cerros, de los morros, de los montes....

De pronto la ciudad ha desaparecido de sus ojos. Tiembla de frío. Mira en rededor. Todo es absolutamente gris. El Pan de Azúcar ha sido envuelto en una nube que pasa. Más allá hay sol.

UNA MUESTRA DOBLE

Roberto Arlt (1900-1942) será homenajeado en Buenos Aires por medio de la doble muestra que organiza El Museo del Libro y de la Lengua de la Biblioteca Nacional (Las Heras 2555). Arlt en dos comprende dos exposiciones paralelas. La primera, Locópolis, se centra en las dos novelas clave del escritor, Los siete locos y Los lanzallamas, y está dedicada a recorrer la ciudad, poblada de oportunistas, desdichados y mesiánicos, que surge de las novelas, además de exponer primeras ediciones.

La segunda muestra se inspira en una célebre frase del escritor: Cross a la mandíbula. En ella se recuperan aspectos relevantes de la carrera -breve pero frenética- de Arlt. También se detiene en su trabajo en los diarios de la época, donde fueron apareciendo sus exitosas aguafuertes en las que retrataba con vivacidad la urbe contemporánea y sus habitantes.

LA LENGUA VIVA


Inglés y español
Amando de Miguel


Hay años particularmente felices o por lo menos cargados de sucesos decisivos. Uno de ellos es el de 1492: se termina la Reconquista, se expulsa (ay) a los judíos y se descubre América. Es la fecha en que se publica la primera Gramática castellana, la de Antonio de Lebrija o Nebrija. Era la primera gramática de una lengua no clásica, pero se apoya en el dominio del latín, materia de la que el de Lebrija era catedrático. En 1611 (al tiempo en que se difundía el Quijote) Sebastián de Covarrubias publica su Tesoro de la lengua castellana o española, el primer diccionario y también sobre la base del latín. En estos momentos el equivalente de un estudio de la lengua española debería hacerse sobre el fondo del inglés, el latín de nuestra época. Estoy escribiendo un ensayito sobre el hablar de los españoles actuales y, sin pretenderlo, me sale una continua comparación con el inglés.

Luis Lebredo (desde California) me dice que a los medios de habla española de los Estados Unidos (que son legión) ha llegado la moda de "lo que es". Don Luis supone que esa muletilla proviene de España. Es curioso, pero aquí sospechamos que ha venido de América. El hecho es que se trata de una epidemia, ahora veo que internacional. En España la ha hecho suya el ministro español de Economía. No hay declaración en que no repita el estribillo de "lo que es" media docena de veces. Lo peor es la versión completa de esa cantinela: "Es lo que es".

Javier Navarro-Reverter está de acuerdo en que la famosa muletilla de "lo que es" sirve para suavizar el discurso, para alargar innecesariamente las frases. Eso es algo que necesitan los políticos españoles, pero en inglés es más difícil. Añade que en inglés no existe traducción de "lo que es", puesto que it is what it is es una expresión rara. No estoy de acuerdo. Durante decenios el famoso presentador de la tele Walter Cronkite despidió su programa con la frase "That's what it is". Es decir, "esto es lo que hay". Por cierto, Cronkite despidió su último programa con este comentario: "Llevo varias décadas haciendo este programa de comentario político. Me retiro sin que ustedes hayan podido averiguar a qué partido político he votado en cada ocasión".

Maribel Torbeck (desde Colorado) me cuenta que los medios españoles rezuman palabras provenientes del inglés, como trendy (= de moda). Le llama la atención el revuelo que se arma con lo de los escraches. En inglés suena a arañazos, pero no imagina cómo ha podido llegar esa palabra. No es inglesa, mas sí americana. Su origen está en el dialecto lunfardo de Buenos Aires. No procede de arañar sino de retratar, pues empieza por ridiculizar el retrato de un político. No es nada nuevo. En el País Vasco se ha utilizado mucho la foto de los "enemigos" de los terroristas, superpuesta a una diana. Lo digo porque modestamente yo he merecido ese honor en alguna ocasión.

¿De dónde vienen?


El que es alimentado…

09/04/2013
Por María Luisa García Moreno

Dos son los protagonistas en el proceso de enseñanza-aprendizaje: el maestro, de quien ya hemos hablado, y el alumno, -a, término que procede del latín alumnus, y este de alĕre, 'alimentar', porque el alumno recibe de su maestro el alimento espiritual que le permite ser, en toda la extensión de la palabra, humano.

Otra versión, no real pero curiosa —precisa Etimologías de Chile— refiere que la palabra procede de a (sin) + lumno, lumnus (luz), o sea, ‘sin luz’; aunque poética, esta versión resulta poco probable por cuanto uno de los términos es de origen griego y el otro, latino.

Un alumno o discípulo, lo es «respecto de su maestro, de la materia que aprende o de la escuela, colegio o universidad donde estudia», es la «persona educada desde su niñez por alguno, con respecto a este».

El Diccionario del español de uso de María Moliner da entre sus numerosos sinónimos: bolonio —con un sentido irónico, ‘necio’—, cadete, decurión —’en los estudios de gramática, estudiante a quien, por hábil, se daba el encargo de tomar las lecciones a otros, hasta diez’—, discípulo, educando, escolapio —’estudiante de las Escuelas Pías’—, escolar, galonista —’alumno distinguido de un colegio o academia militar, a quien por premio se concede el uso de las insignias de cabo o de sargento, representativas de cierta autoridad sobre los demás’—, manteísta —’alumno que asistía a las escuelas públicas vestido de sotana y manteo (‘capa larga con cuello, que llevan los eclesiásticos sobre la sotana y, en otro tiempo, los estudiantes’), cuando este traje se usaba’, mayorista, medianista o minimista —’en los estudios de Gramática, Teología, etc., alumno que estaba en la clase de mayores, medianos o menores’—, normalista —’alumno de una escuela normal’ (‘aquella en que se hacen los estudios y la práctica necesarios para obtener el título de maestro de primera enseñanza’—, novato, obispillo —’en las universidades, estudiante nuevo a quien ponían una mitra de papel y le tributaban burlesco acatamiento’—, oyente —’persona asistente a un aula, pero no matriculada’—, pasante —’en algunas órdenes, religioso que, acabados sus estudios, esperaba, imponiéndose en los ejercicios escolásticos, para entrar a las lecturas, cátedras o púlpito’—, seminarista —’alumno de un seminario conciliar’—, decuria —’en los estudios de gramática, grupo de diez o menos, señalado para recibir sus lecciones del decurión’: Si se fijan, términos casi todos caracterizados por su sabor antiguo.

Sinónimos más modernos serían: estudiante, educando, escolar, colegial, párvulo… y becario —’persona que disfruta de una beca para estudios’— o becado, variante mucho más usual entre nosotros. Otras palabras relacionadas son: condiscípulo, alumnado, discipulado —’ejercicio y cualidad del discípulo’, ‘conjunto de discípulos de una escuela o maestro’— y estudiantado.

Llamado por uno u otro nombre, lo que no puede olvidarse es que el alumno es elemento esencial de todo proceso docente-educativo.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE


gira y presentación itinerante, alternativas a road show

Se recomienda el uso de gira o presentación itinerante en lugar de la voz inglesa road show.

Según el diccionario Webster, el término road show significa ‘encuentro o presentación promocional que se desarrollan en una serie de lugares’, y coincide con el sustantivo español gira, según la definición del Diccionario académico.

Sin embargo, en los medios informativos aparece este anglicismo innecesario: «El Consejo Español de Competitividad (CEC) inicia este miércoles un “road show” mundial para exponer las ventajas de España como país de oportunidades y de inversión» o «Mark Webber hará un roadshow en Sydney este fin de semana».

En estas frases se podría haber optado por «El Consejo Español de Competitividad (CEC) inicia este miércoles una gira mundial para exponer las ventajas de España como país de oportunidades y de inversión» y «Mark Webber hará una presentación itinerante en Sydney este fin de semana».

Si se opta por el término en inglés, lo adecuado es escribirlo en cursiva o, si no se dispone de este tipo de letra, entre comillas por tratarse de un extranjerismo, en una o dos palabras: roadshow o road show.
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