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quinta-feira, 18 de abril de 2013

LA LENGUA VIVA


La pauperización del idioma
Amando de Miguel

He señalado aquí lo cansina que es esa expresión lo que es, que tanto emplean ahora los políticos. Es un vulgarismo que se ha convertido casi en un cultismo. Antonio Martínez-Brocal anota una versión popular del latiguillo: lo que viene siendo. Ya es retorcimiento. Se emplea para dar una impresión rebajada del coste de un servicio. Ahí no lo veo tan mal. Lo horrísono es soltar la cantinela de forma repetida en frases aparentemente técnicas. Por ejemplo, "lo que es la prima de riesgo".

Ana Martín Gómez me envía un razonado catálogo de cuándo se permite el queísmo o el dequeísmo. Es fácil comprender que debe decirse "no cabe duda de que tienes muchas labia" o "pienso que vamos a ganar". La idea de doña Ana es que el dequeísmo injustificado se introduce en España por los hispanoamericanos. Antes era cosa de personas poco instruidas, pero ahora es más bien de personas con carrera. El criterio para acertar con el queísmo o el dequeísmo es el oído. Desde luego, es el que yo sigo, pero puede ser traicionero. Mi impresión es que (y no de que) el dequeísmo injustificado se irá haciendo cada vez más frecuente.

Son otros los vicios del lenguaje público los que me preocupan. Acabo de oír (y no escuchar) a un político que no sé qué problema está "diametralmente claro". Esto pasa por abusar de los adverbios terminados en –mente. El más traicionero es absolutamente, que se emplea a troche y moche, cuando pocas cosas son absolutas.

El otro día un alto cargo del Gobierno andaluz nos espetó que su Gobierno era "honesto y honrado". La cosa sería de risa si no fuera para llorar.

Me preocupa la supresión del artículo determinado. Pase que aceptemos lo de "reunirse en Zarzuela", pero es que ya se dice "reunirse en Banco de España" o en cualquier otra institución. Supongo que ese ahorro de los artículos proviene de los comentaristas deportivos, que son los juglares de nuestra época.

Me asombra que muchas personas cultas en declaraciones, entrevistas y tertulias empleen con soltura palabras malsonantes, como pifostio, marrón o carajal. Ya sé que no son propiamente tacos, pero, peor, son ñoñismos para evitarlos.

Hay algunas expresiones bien legítimas que me sumen en la perplejidad. Por ejemplo, meterse en un jardín. Para mí es algo placentero, pero los españoles de secano entienden que un jardín debe de ser algo peligroso o molesto.

No me gusta la imagen de café para todos que se repite tantas veces. Se quiere indicar que algo se reparte equitativamente, a todos por igual. Pero la realidad nos dice que cuando un grupo de españoles se reúnen a tomar café, no hay dos que soliciten el mismo servicio. Son infinitas las combinaciones para traducir el café, aparte de que siempre hay alguno que pide otra cosa.

Encuentro que en algunas declaraciones de los hombres públicos se confunden estos tres términos: humano, humanista y humanitario. Cualquier diccionario nos puede aclarar la sutil diferencia entre los tres, aunque cuenten con una raíz común.

Cuidado con el verbo dimitir. Es de los que dicen defectivos, como nevar. Se puede decir que "nieva en los Pirineos", pero nadie podría asegurar "yo nievo". Por lo mismo, no hay forma de oír "yo dimito". Y cuidado que hay razones para ello.

Contacte con Amando de Miguel: http://www.libertaddigital.com/opinion/amando-de-miguel/la-pauperizacion-del-idioma-68169/

EL IDIOMA


Paleógrafo sitúa el origen del español en el entorno de Valpuesta (Burgos)

18/04/2013 | AGENCIA EFE
El catedrático de Paleografía de la Universidad de Valladolid, José Manuel Ruiz, sitúa el origen de la lengua española en el entorno del santuario de Valpuesta (Burgos) más de un siglo antes de la aparición de las glosas silenses o las emilianenses, consideradas la fuente primigenia del romance.


En un radio de 200 kilómetros alrededor de Valpuesta —norte de Burgos— existen unos 2.000 documentos «muy útiles» para estudiar los primeros ejemplos escritos de la lengua romance, antecedente del español, fechados entre los siglos IX y X, ha destacado Ruiz, hoy en Burgos, durante la presentación del Día del Español (22 de abril), convocado por la Asociación de Hostelería.

En su opinión, los dos fondos más ricos son los dos cartularios de Valpuesta, aunque el segundo es en realidad un compendio de documentos de la iglesia-colegiata que fue sede episcopal.

Ha explicado que se trata de un ejemplo único en España porque corresponde a un inventario de entregas que se hacían para poder realizar enterramientos en el cementerio.

Aunque en 1903 se estudió la parte visigótica de los cartularios, fue en el 2010 cuando un equipo encabezado por Ruiz Asencio realizó un estudio global y determinó que eran escritos en los que aparecía un incipiente romance elaborados por 34 amanuenses en el siglo X, mientras que las glosas de Santo Domingo de Silos y San Millán de la Cogolla se escribieron bien entrado el siglo XI.

No obstante ha señalado que todos estos documentos contribuyen a conocer mejor los orígenes del español, aunque hay algunos más en Burgos de especial relevancia.

Entre los ejemplos más importantes ha destacado los fondos de Oña, también anteriores al siglo XI, que son trescientos documentos «útiles para el estudio del primer romance».

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE


ricino es el arbusto, ricina es el veneno

El ricino es un ‘arbusto tropical de semillas tóxicas’, mientras que la ricina es la ‘proteína tóxica contenida en las semillas de la planta de ricino’, tal como señala el Diccionario de términos médicos, de la Real Academia Nacional de Medicina.

Sin embargo, en relación con las cartas venenosas enviadas al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y al senador republicano Roger Wicker, los medios de comunicación están empleando en ocasiones el sustantivo ricino de forma impropia: «Interceptada una carta con ricino destinada al Congreso» o «Detienen a un sospechoso por las cartas con ricino».

Dado que las cartas contienen la proteína tóxica, no las semillas del arbusto, lo apropiado en los ejemplos anteriores habría sido escribir «Interceptada una carta con ricina destinada al Congreso» y «Detienen a un sospechoso por las cartas con ricina».

RAE


La Real Academia tira de historia
M. DE LA FUENTE - MANOLHITO / MADRID

La Docta Casa y Bibloteca Nueva van a editar doce discursos de ingreso (y las respuestas) de otros tantos académicos

RAE

La Real Academia Española celebra este año su tricentenario, y hora es de celebrarlo como es debido, dentro de los limitaciones económicos que en estos momentos a todos nos tocar. Por eso, para ir empezando, han decidido tirar de archivo, y decir eso son palabras mayores, muy mayores.

En este sentido, ayer la Docta Casa suscribió un acuerdo con la editorial Biblioteca Nueva para publicar una colección de doce discursos de ingreso de los académicos, entre ellos los pronunciados por José Zorrilla, Benito Pérez Galdós, Azorín, Miguel Delibes y Francisco Ayala. También se publicarán los discursos de respuesta.

A esta primera serie se podrán añadir, si las partes así lo acuerdan, otros que se consideren oportunos.

Como explica la RAE, la tradición de leer un discurso de ingreso para que un académico electo se considere miembro de pleno derecho de la corporación, se remonta a 1847, tal como recordó Pedro Álvarez de Miranda en su discurso de ingreso: «En doscientas sesenta y tres ocasiones como esta».

Sin embargo, no fue hasta 1848, con motivo de la entrada en la RAE de José Joaquín de Mora, cuando comenzaron a imprimirse estos textos.

Primeros títulos
En 2013 se publicarán los seis primeros títulos de esta colección, que estará dirigida por Álvarez de Miranda, y los seis restantes en 2014. Así, los primeros en ver la luz serán los de José Joaquín de Mora, «El neologismo», 1848; Miguel Delibes, «El sentido del progreso desde mi obra», 1975; Benito Pérez Galdós, «La sociedad presente como materia novelable«, 1897; Fernando Lázaro Carreter, «Crónica del Diccionario de Autoridades (1713-1740)», 1972, y Azorín, «Una hora de España. (Entre 1560 y 1590)», 1924.

Igualmente, serán publicados los discursos de Julio Guillén, «El lenguaje marinero», 1963; José Zorrilla, «Discurso poético leído ante la Real Academia Española», 1885; Julián Marías, «La realidad histórica y social del uso lingüístico», 1965, y de Antonio Maura, «La oratoria», 1903.

Completarán la colección los discursos de Tomás Navarro Tomás, «El acento castellano», 1935; Daniel de Cortázar, «Algunas ideas referentes a los neologismos, principalmente los técnicos», 1899, y Francisco Ayala, «La retórica del periodismo», 1984.

La firma del convenio ha tenido lugar en la sede de la RAE, en una sesión a la que asistieron, además de Roche Navarro y Blecua, Darío Villanueva, secretario de la RAE; el académico Pedro Álvarez de Miranda y Daniel Martínez, director gerente de Biblioteca Nueva. EFE.

GONZALO ROJAS


Se publica la obra íntegra del poeta chileno en una edición que ayuda a comprender mejor la poesía de este premio Cervantes
WINSTON MANRIQUE SABOGAL Madrid

"Como el ciego que llora contra un sol implacable". Este es el primer verso del primer poema que publicó Gonzalo Rojas en 1948. Se titula El sol y la muerte, que abre el libro La miseria del hombre. Visual, metafórico, conceptual, bello, doloroso y combativo ¿Contienen acaso estos versos iniciales el universo futuro que habría de crear el poeta chileno y premio Cervantes 2003? Sí, y no. Lo que sí es claro es que su literatura nació con el movimiento surrealista chileno de 1938 y anuncia el juego contrastado de imaginación y realidad revestido de ironía y reflexión. De un espíritu lúdico e intersticios místicos.

Todo eso mundo de Rojas (Lebu, Chile, 1916-2011) se puede recorrer en Íntegra. Obra poética completa (Fondo de Cultura Económica), en edición de Fabienne Bradu. Un volumen que reúne toda su obra y cumpliría, así, el deseo del autor de escribir un único libro. "Pues de veras yo mismo soy mi libro inconcluso, levemente camuflado debajo de otros veinte volúmenes veloces que son máscaras de lo mismo, personas de la misma persona que ya de su yo quiere decir máscara en latín clásico", llegó a decir el escritor.

Y en Íntegra se puede rastrear esa persona que son varias personas pero que son, sobre todo, una sola, y que logró su propio espacio en la gran tradición poética de Chile, y voces telúricas, históricas y globales como Gabriela Mistral, Vicente Huidobro y Pablo Neruda. Él supo hacerse escuchar en medio de aquellas voces memorables y de ecos interminables. Empezó con libros como el citado La miseria del hombre, a los que siguieron Contra la muerte, Oscuro, Transtierro, El alumbrado y otros poemas, Materia de testamento, No haya corrupción o Con arrimo y sin arrimo. Ahí están sus primeros poemas de los años treinta impregnados de surrealismo hasta sus últimos versos, todos calibrados de contención.

En palabras del crítico Manuel Rico, con motivo de la concesión del Cervantes: "Rojas es una representación viva de la poesía más innovadora que se ha producido en lengua castellana a partir de los años cuarenta del siglo XX.Perteneciente a la generación chilena de 1938, comenzó a escribir cuando en América son cuestionados los excesos de las vanguardias y comienza a apuntarse una lírica más transparente y directa".

El volumen que ahora presenta el Fondo de Cultura Económica está organizado de forma cronológica y la mayoría de poemas van acompañados de comentarios que iluminan sobre su origen, la temática o las propias intenciones de Rojas. Como homenaje al poeta chileno lo mejor es escucharlo en su poema inaugural:

El sol y la muerte

Como el ciego que llora contra un sol implacable,
me obstino en ver la luz por mis ojos vacíos,
quemados para siempre.

¿De qué me sirve el rayo
que escribe por mi mano? ¿De qué el fuego,
si he perdido mis ojos?

¿De qué me sirve el mundo?

¿De qué me sirve el cuerpo que me obliga a comer,
y a dormir, y a gozar, si todo se reduce
a palpar los placeres en la sombra,
a morder en los pechos y en los labios
las formas de la muerte?

Me parieron dos vientres distintos, fui arrojado
al mundo por dos madres, y en dos fui concebido,
y fue doble el misterio, pero uno solo el fruto
de aquel monstruoso parto.

Hay dos lenguas adentro de mi boca,
hay dos cabezas dentro de mi cráneo:
dos hombres en mi cuerpo sin cesar se devoran,
dos esqueletos luchan por ser una columna.

No tengo otra palabra que mi boca
para hablar de mí mismo,
mi lengua tartamuda
que nombra la mitad de mis visiones
bajo la lucidez
de mi propia tortura, como el ciego que llora
contra un sol implacable.


(de La miseria del hombre, 1948)

* Íntegra. Obra poética completa. Gonzalo Rojas. Edición de Fabienne Bradu. Fondo de Cultura Económica. 961 páginas.

La traducción es un arte posible


Dos nuevas versiones castellanas de poemas de Wallace Stevens profundizan un camino que, en nuestro país, allanó Alberto Girri.

POR DARIO ROJO - Fuente: Revista Ñ - Buenos Aires


STEVENS. Uno de los poetas centrales del siglo XX.

Posiblemente la creación de libros compuestos, por decirlo de alguna manera, en los que el núcleo de la obra va acompañado por diferentes textos, sea uno de los efectos secundarios de la traducción. También podría pensarse a este tipo de libros como el opuesto al fetiche de la primera edición, aunque a veces también estos son envueltos con algún material aledaño, prólogos principalmente.

Los poemas de nuestro clima de Wallace Stevens es precisamente un producto de este tipo. Hay, en esta edición a cargo de Roberto Echavarren, además de la traducción de los poemas, un prólogo, una semblanza biográfica, un breve ensayo de Adriana Kanzepolsky sobre la relación entre Stevens y la revista Orígenes, correspondencia entre el poeta y Rodrigues Feo, obra ensayística, amén de la clave selección del vate oriental, lo que podríamos pensar que este combo enriquece la lectura principal. Y de alguna manera pone en relieve dos cuestiones: el de la sinuosa ubicación de la literatura, posible tanto en las obras en sí, como en construcciones derivadas, y la imposibilidad de contar con la totalidad de la producción de un escritor, principalmente cuando hablamos de alguien que no escribe en castellano. Lo que seguramente no llega a ser un tema de estado ni tampoco califica para invocar a las culpas compartidas, sobre todo si contemplamos la posibilidad que contar con una obra completa en nuestro idioma no cambiaría la lectura que se ha hecho de ese autor con el material fragmentario. De todos modos no deja de ser una situación indeseada.

Independientemente de otras traducciones, tanto las pioneras o las célebres como la del poema “Domingo a la mañana” por Borges y Bioy Casares, y posteriores muchas provenientes de España (Lumen editara, La roca –último libro en vida– y los Poemas tardíos), se asocia a la labor de Alberto Girri la difusión de Wallace Stevens en nuestro país.

La antología que Girri en su momento conformara como libro, contaba con información aledaña a cada uno de los poemas, si bien no es algo muy extraño, de algún modo lo hermanan con este libro de la editorial uruguaya La Flauta Mágica, pero también puede considerarse como la contracara de esa experiencia anterior.

En Girri hay una marcada adecuación a la tierra de desembarco, sobre todo en lo que respecta a la elección de los poemas con menor grado de dificultad para traducir, lo que podría verse como casual, o sencillamente coincidente con un recorte estético. A veces, modificados levemente en pos de una fluidez cercana a una idea, a un estilo de literatura, no tan proclive a las excrecencias de la exuberancia, sesgadas por la precisión de un ojo ejecutor.

Mientras que en Echavarren hay, sin duda, una mayor osadía en la elección de los poemas, elastizando para el lector la visión de una obra. Y en su tratamiento, una voluntad de literalidad que a veces es muy útil en la confrontación con el original aunque quizás obstruya un tipo de fluidez caro al lector argentino de poesía de los últimos años, complacido en una prosa cuya lectura sin sobresaltos es su absoluta prioridad. Quien pueda acceder a un diccionario y comprobar sin necesidad de mayor entrenamiento la profunda dificultad de algunos de estos versos: “Flickings from finikin to fine finikin” o “The tips of cock-cry pinked out pastily” por citar algunos ejemplos. Quizá pueda parafrasear un viejo anhelo imperial, “no pedimos que se alcance la felicidad sólo que los ciudadanos puedan comer”. Es decir, dada las condiciones nadie podría hacer maravillas. Como en toda traducción habrá quien se disponga a gritar, pero es muy probable que el límite sea el techo y no el cielo.

En definitiva podemos estar felices con que estos poemas actualicen la discusión de por qué decimos que una traducción es buena, algo que muchos lectores dan por sentado por simple credo o supina ignorancia.

En Buenos Aires, Laura Crespi también se suma a la discusión editando y traduciendo algunos de los últimos poemas del señor Stevens. La breve plaqueta Dos cartas, enarbola la sobriedad en todo lo que hace al objeto. Condensando el espíritu exploratorio de Echavarren con la justeza de Alberto Girri.

Distintas maneras, quizás, de pensar la edición de un poeta que lejos de las sinfonías de baldosas de un presente construido con todo lo que lo esporádico tiene de falso, impone una extraña equivalencia entre los disímiles materiales con que construye cierta argumentación, sean del hueso mismo de la expresión abstracta o la imagen más tridimensional posible. Esta equivalencia parece hacer gala de cierta libertad producida por no contaminarse por la estandarización de discursos previos, y en esta especie de inevitable invención despliega desde su oficina un dispositivo poco frecuente: las tentativas del pensamiento transformadas en elocuencia, o mejor dicho, la voz de un individuo.

Júlio Bressane: “La película es un momento de pensamiento”


Invitado especial del 15° Bafici, que proyecta una retrospectiva de su prolífica obra y editó un libro con sus ensayos, el director brasileño habló de su manera particular de entender el cine y de la historia "infame" que mantuvo a sus más de 40 películas en secreto durante 50 años.

POR MARCELA MAZZEI


REFLEXIVO. "Hago un cine que no está hecho para ser explicado sino interpretado", dijo Júlio Bressane.

Es uno de los invitados más importantes del Bafici 2013 y, sin embargo, el director brasileño Júlio Bressane se mantiene escéptico. “Nunca entendí por qué me habían invitado; y me sorprendió el interés en mi obra”, explicó en la sala de prensa ubicada en el Centro Cultural Recoleta, con el ceño fruncido y un puñado de principios sobre el cine que durante muchos años nadie pareció querer escuchar.

Ahora, cuando los canales de cable de Brasil comenzaron a programar algunas de sus películas complejas, de bajo presupuesto y carácter experimental como A familia do barullo 43 años después, su vasta filmografía comienza a asomar e interesar a los especialistas. Cleópatra y Días de Nietzche em Turim están entre los más de 40 títulos que filmó hasta hoy. La de sus películas, repite, “es una historia sin historia”, que comenzó a fines de la década del 60, fue contemporánea al Cinema Novo brasileño pero enseguida quedó marginada del circuito, a raíz de “una infamia inventada por media docena de cineastas” que se quedaron con todos el presupuesto estatal para hacer cine.

Casi desconocido en la Argentina, una retrospectiva de su obra –con 17 películas que se exhiben hasta el domingo en diversas salas–, más la edición de Estremecimientos. Júlio Bressane y el cine, un libro con entrevistas, artículos y sus ensayos cinematográficos, parecen comenzar a hacerle justicia.


-¿En qué se diferencia su cine del Cinema Novo?
-En realidad no sabría cuál es la diferencia, porque tampoco está muy claro qué es el Cinema Novo, que no quiere decir nada, es un concepto muy vago. Al mismo tiempo, son contemporáneos y mantienen una distancia. La mayoría de las personas tampoco sabe muy bien a qué se refiere, ¿a qué película o director te refieres?


-¿Glauber Rocha es Cinema Novo?
-Me parece que como cineasta es muy diferente. Por formación, temperamento y estética es diferente, pero como es contemporáneo, desgraciadamente todo lo que es contemporáneo termina influyendo.


-Una de sus películas se llama Días de Nietzche em Turim, en otras sus personajes leen, ven cine, ¿cuál es la función de todas esas referencias culturales?
-Empecé a hacer cine muy temprano. Mi madre me regaló una cámara y un proyector cuando era un niño, entonces empecé a registrar imágenes. Y siempre todo eso que se decía del cine como una forma de arte, como el séptimo arte, como una síntesis del arte, para mí era algo extraño, realmente un misterio. Para mí el cine es un mecanismo visual muy sensible, que atraviesa el arte, la ciencia, la música, la vida misma. Podemos pensar que la película es un momento de pensamiento; que el cine más que un lenguaje es una lengua, capaz de reproducir procesos de pensamiento. Y así, con eso siempre planteás en las películas, pensamientos.

Dentro de las películas que hice siempre tuve la idea de forzar los límites de las disciplinas. Todas esas cosas son atravesadas por el cine. En años de experiencia de hacer películas aprendí que hago un cine que no está hecho para ser explicado. Puede ser un cine hecho para ser interpretado, algo más complejo y más difícil que es la interpretación.

Nunca hice películas para el gran público, nunca pensé en hacerlas. Hice el cine para mí mismo. Y para mí el cine es un evento radical de auto transformación, algo que es posible como la auto transformación y esa posibilidad es lo que me interesó: saber que no era posible lo que justamente me atraía.


-¿Por qué es tan extendido eso de “el séptimo arte”?
-Considero que la idea del séptimo arte es un concepto que atrasó al cine, porque está en contra de la naturaleza de las películas. El cine es trans, es decir, atraviesa las disciplinas, no es conclusivo, no es como el séptimo arte que encierra como concepto. Mi experiencia en las películas no me condujo a ninguna de esas ideas de síntesis de arte ni documentación.


-De su cine se dice que es marginal, ¿cree que es incomprendido?
-Yo nunca llamé a mi cine marginal, la idea pertenece a lo que yo llamo una historia de infamia. Fue una infamia inventada por una media docena de cineastas del mercado. Eso ocurrió hace unos 50 años. Hoy en día aquello de marginal incluso ganó cierto prestigio. Pero el término marginal utilizado para denominar a cualquier cosa, en Brasil, solamente se usó para excluir a esos cineastas del medio. Y fue así. Lo lograron. Ese cine quedó excluido del mercado y del mismo medio cinematográfico. Aquel apodo de marginal expulsó a muchas personas del cine, le cerró las puertas a mucha gente.


-¿Con qué intención?
-El propósito era cerrar las fuentes de financiamiento que eran públicas para que ciertos grupos no participaran, aquellos que no estuvieran de acuerdo... Entonces hubo un grupo que se adueñó del cine brasileño y siguen ahí hasta el día de hoy.


-A pesar de eso, usted continuó haciendo películas...
-Seguí haciendo películas, diría no milagrosamente pero casi. Inventé una manera de hacer cine, manera en la cual logré seguir, a pesar de los intentos de eliminación.


-¿Cómo es hacer una película sin dinero?
-En realidad, no se puede hacer cine sin dinero. Sin ningún dinero no, siempre se necesita algo. Todo el cine hoy en día, incluso en Estados Unidos, necesita del Estado, se hace con dinero público. El sistema cine es de bijoutería, el público no pone más plata. Estamos en un momento de victoria del totalitarismo, podemos definirlo en esos términos, de una mano única. Yo logré hacer cine con muy poco dinero. Intenté hacer las películas como yo quería hacerlas: experimentando. Y lo logré, llegué a hacerlo de manera un poco precaria, un poco oscilante y logré atravesar ese campo de exclusión.


-Hay una leyenda que dice que usted llegó a hacer seis películas en tres meses con la productora Bafilm...
-Eso es una leyenda solamente porque nadie sabe nada del cine de Brasil. Esa es una historia muy importante del cine brasileño pero es una historia que aun no tiene historia. La productora que hice en los años 70 realizó siete películas, no seis, en tres meses. Yo hice tres y Rogério Sganzerla hizo tres. Esas películas nunca fueron exhibidas en Brasil. Recién comenzaron a pasarlas 40 y pico de años después. A Família do Barulho recién el año pasado fue vista por primera vez en televisión por cable en Brasil: 43 años después de haber sido realizada.

Lo que hubo fue de hecho un intento no sólo de expulsión sino también incluso de exterminio de una parte de nuestra cultura... Argentina también tuvo esa parte genocida, un campo de expulsión... y eso tuvo un impacto muy fuerte en Brasil. Y tuvieron, lamentablemente, éxito porque consiguieron excluirnos pero no consiguieron matar de todo nuestro intento porque nuestra propia salud nos ayudó. Todas fueron películas poco conocidas y poco estudiadas, al punto que los periodistas también en Brasil me hablan de la "leyenda" de haber hecho siete películas cuando en realidad es verdad, y la gente no lo sabe. Hasta hoy continúa esta historia de tabú, y de los directores que estaban relacionados a esas películas no se sabe nada.


-¿Por qué razón usted se exilió?
-No, nunca me exilié. Salí de Brasil cuatro años pero por mi propia voluntad. No formé parte del club de los exiliados y tampoco cuando volví tampoco pedí nada. Nunca me valí de ese pasaporte, de ese carnet del club de los exiliados.

-¿Y qué pasa si hoy pide dinero a Brasil para hacer una película?
-No me dan, pero yo siempre lo pido. Consigo algunas migajas, una vigésima parte del costo de la película, y aun así con mucho sacrificio.

-¿Por las mismas razones de siempre?
-Es el mismo grupo, la misma burocracia que controla todo el mercado. Para ellos, hace 44 años, yo tengo mala fama.


Las películas de Júlio Bressane se exhiben en varias salas del Village Recoleta, la sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín y el Centro Cultural San Martín.

“Cuatro cosas que el maestro no tenía: ni idea, ni necesidad, ni posición, ni yo”


Estar disponible

La “atención flotante” que Freud prescribe a los psicoanalistas es –para el autor de este texto– manifestación de un valor que se llama disponibilidad y que “no se ha desarrollado porque alteraría demasiado el edificio occidental del dominio de sí”. En China, en cambio, “la disponibilidad está en el principio del comportamiento del Sabio”, ya que “la capacidad de conocimiento tiene como condición el vaciamiento de la mente: conocer no es hacerse una idea de algo, sino volverse disponible a algo”.
Por François Jullien * Fuente: Página 12 - Buenos Aires

“Disponibilidad” es una noción que permanece subdesarrollada en el pensamiento europeo: se la refiere a los bienes, posesiones y funciones, pero casi no tiene consistencia del lado de la persona o del sujeto. A lo sumo, es un término del escritor André Gide: “Toda novedad debe encontrarnos siempre enteramente disponibles”. Dado que no pertenece al orden de la moral ni tampoco al de la psicología, no es prescriptiva (o, si lo es, no podríamos precisar de qué) ni tampoco explicativa, por lo tanto no puede pensarse ni como virtud ni como facultad, que son los dos grandes pilares sobre los cuales hemos erigido nuestra concepción de la persona en Europa. La noción de disponibilidad queda en el estadio de la vaga exhortación, o se vierte en el subjetivismo y su emoción fácil, el mismo que mancha también la frase gideana. En suma, no ha ingresado en una construcción efectiva de nuestra interioridad. La posibilidad de que, a partir de ella, se elabore una categoría completa, ética y cognitiva a la vez, nunca se desarrolló.

¿Por qué ese subdesarrollo? ¿No será que, para promover la disponibilidad como categoría a la vez ética y cognitiva, haría falta que saliéramos del viejo tándem de la moral y la psicología, de las virtudes y facultades, y modificáramos profundamente la concepción misma de nuestro ethos? (N. de la R.: Este término suele referirse al conjunto de rasgos y modos de comportamiento que conforman el carácter o la identidad de una persona o una comunidad.) Porque, discretamente, sin estridencias, deslizada incidentalmente entre nuestras frases, esa noción no deja de entablar una revolución. Socava el andamiaje en función del cual nos representamos: el sujeto pasa a concebirse ya no como pleno, sino como hueco. Para el sujeto se trata, nada menos, que de renunciar a su iniciativa de “sujeto”: un sujeto que presume y proyecta, elige, decide, se fija fines y se procura los medios. Si renuncia momentáneamente a ese poder de dominio, a lo cual lo invita la disponibilidad, entonces teme que la iniciativa de la que se vale no tenga límites y se vuelva intempestiva; que le cierre el paso a la “oportunidad”, lo bloquee en una conversación estéril consigo mismo y ya no lo deje acceder a nada. Pero, ¿acceder a qué? Justamente, no sabe “a qué”. Si el sujeto renuncia a su propia herencia, si desconfía de su propiedad, es porque presiente que el privilegio que se confiere a sí mismo, atándolo a sí mismo, lo encierra dentro de límites que ni siquiera puede sospechar.

Que es preciso abstenerse de privilegiar nada, presumir o proyectar nada; que por lo tanto es preciso mantener en pie de igualdad todo lo que se escucha para no dejar pasar el menor indicio que pondría sobre la pista, por más incongruente (inesperado) que parezca; que por consiguiente es preciso mantener la atención difusa y no focalizada, es decir, no regida por alguna intencionalidad, éste constituye el primer consejo que Freud le dirige al psicoanalistas (“Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico”, 1912). En el fondo, es el único que hay que observar. Porque todos los demás, de cerca o de lejos, conducen a él. La noción de “disponibilidad” no aparece allí, pero me parece que la reflexión de Freud gira alrededor de ella, e incluso diría que es aquello que aporta como su verdad.

Freud llega a ese punto por un interés estratégico, puesto que se trata de abrir una primera brecha en el sistema de defensa del paciente. No obstante, esa concepción de una captación que se realiza por desprendimiento alteraría demasiado todo el edificio occidental del dominio de sí como para ser abordada por él más explícitamente. Y Freud se interna en ese camino con extrema prudencia, en puntas de pie. Expone una fórmula que retomará varias veces: “atención flotante” o, traduzcamos del alemán con más precisión, “sobrevolando en igual suspenso”. La fórmula es paradójica: “atención” pero “flotante”: la mente se dirige hacia, se tiende hacia, pero sin nada en particular a lo cual estaría atenta. Se concentra (atención), pero sobre todo a la vez (dispersión). Que Freud no pueda expresar sino en una fórmula que roza la contradicción la primera regla práctica del psicoanalista ya deja ver bastante bien hasta qué punto ésta socava nuestro credo teórico, que realza las facultades (del conocimiento) y su capacidad de “control”.

¿Qué sería una atención que, sin embargo, se abstiene a su vez de concentrarse? O bien, ¿qué es una atención, pero que no se deja conducir por su intencionalidad? Al mismo tiempo que está atenta, desconfía del objeto de su atención. Porque desconfía sobre todo de aquello que, en lo que dice el analizante, le interesaría de entrada y la acapararía y, por ello, la haría pasar de largo; desconfía de aquello que le hablaría al oído al psicoanalista (en el sentido familiar, interesado, de “eso me suena”) y le impediría conservar el oído abierto, vigilante, y escuchar efectivamente.

Ya que resulta evidente que, al promover la figura autónoma del sujeto y su estructuración interior pensada a partir de sus facultades, el pensamiento occidental ha obstaculizado una capacidad de apertura semejante –salvo por un tratamiento reactivo y compensatorio en un plano místico–, ¿no es ya tiempo de buscar otras perspectivas? Pero la noción de disponibilidad sólo puede ser pensada como una manera de operar. Ars operandi: ya no separar lo ético y lo teórico de lo estratégico o, como sucede en el pensamiento chino, no separar la sabiduría de la eficacia. Es que, en China, la disponibilidad resulta ser el fondo mismo del pensamiento.

Sabio sin yo

La disponibilidad está en el principio mismo del comportamiento del Sabio: es anterior a todas las virtudes. Aunque es un principio que no es principio: erigir la disponibilidad como principio la contradeciría, por la misma razón que la disponibilidad es una disposición sin disposición fija. En esto concuerdan, ya sea que la aborden desde una u otra perspectiva, todas las escuelas chinas desde la Antigüedad (lo que denomino un fondo de acuerdo del pensamiento). E incluso resumiría la enseñanza del pensamiento chino de la siguiente manera: es sabio quien sabe acceder a la disponibilidad; con eso basta. Por tal motivo, el pensamiento chino nos sorprende con su antidogmatismo (aunque lo compense el ritualismo).

Podemos empezar por aproximarnos negativamente a la disponibilidad, tal como en esta fórmula de las Analectas de Confucio (IX, 4): “Cuatro cosas que el maestro no tenía: ni idea, ni necesidad, ni posición, ni yo”. La evidencia china (digo “evidencia” porque no es algo cuestionado) es que tener una idea o, mejor dicho, exponer una idea, ya implica dejar a las otras en sombras; es privilegiar un aspecto de las cosas en detrimento de otros y caer por ello en la parcialidad. Porque toda idea expuesta es al mismo tiempo un prejuicio sobre las cosas, que impide considerarlas en su conjunto, en un mismo plano y con equidad. Se ha entrado en la preferencia y la prevención. En efecto, hay que leer la fórmula en su continuidad. Si exponemos una “idea”, se nos impone entonces una “necesidad” (un “hay que” proyectado sobre la conducta); a consecuencia de este “hay que” al cual obedecemos, resulta una posición fijada en la que la mente se estanca y ya no evoluciona; por último, de ese bloqueo en una “posición” adviene un “yo”: un yo fijo en su surco y que presenta un carácter. Ese “yo”, preso de su “posición”, ha perdido su disponibilidad. Pero la fórmula también hace un círculo: debido a que el comportamiento se fijó en un “yo”, ese yo expone una “idea”, etcétera.

En las Analectas de Confucio, abundan las fórmulas en ese sentido: el hombre de bien es “completo” (II, 14), es decir que no pierde de vista la globalidad, no deja que el campo de los posibles se restrinja por ningún lado. No “se empeña a favor ni en contra”, sino que “se inclina” hacia lo que llama la situación (IV, 10). O bien, dice Confucio acerca de sí mismo, “no hay nada que pueda o no pueda hacer” (XVIII, 8). Dicho de otro modo, el Sabio mantiene abiertas todas las posibilidades, sin excluir a priori ninguna, y se mantiene dentro de lo componible. Por tal razón, no posee un carácter y no se lo podría calificar: sus discípulos no saben qué decir de él (Analectas, VII, 18). O bien cuando se clasifica a los sabios en categorías –por un lado, los intransigentes, que se niegan a sacar siquiera un poco la mano por el bien del mundo, y por otro lado, los acomodaticios, dispuestos a cualquier compromiso para salvarlo–, ¿qué dirán de Confucio? ¿Es intransigente? ¿Es acomodaticio? ¿Dónde ubicarlo (qué “posición” atribuirle) en esa tipología? Mencio responderá que “la sabiduría es el momento”: tan intransigente como los más intransigentes cuando conviene; tan acomodaticio como los más acomodaticios, también cuando conviene. Ya no está ligado a una u otra postura, sólo el “momento” sirve de referencia. Porque la “sabiduría” no tiene un contenido que la oriente o la predisponga; o bien no tiene otro contenido que volverse disponible en ocasión del momento, renovándose incesantemente.

Vemos así que el “justo medio”, un tema tedioso como pocos y que creeríamos que se deriva de la sabiduría popular, sale al fin de su chatura. Adquiere un relieve inesperado. Ya no es banal, sino radical. Ya no consiste en quedarse en un ámbito endeble, miedoso, a medio camino entre los opuestos y temiendo el exceso (“ni tanto ni tan poco”, como dice el refrán); evitando prudentemente aventurarse tanto hacia un lado como hacia el otro y afirmar fuertemente su preferencia. “Mediocridad” que no es “dorada”, como escribió Horacio (Aurea mediocritas), sino opaca, gris. En cambio, el justo medio, para quien sabe pensarlo con rigor (Wang Fuzhi) es poder hacer tanto lo uno como lo otro, ser capaz tanto de un extremo como del otro. Tres años de luto por la muerte del padre, nos dicen, no es demasiado; aunque beber copas sin medida durante un banquete tampoco es demasiado –de ningún modo exagero–. El riesgo consiste más bien en estancarse en un lado y que se nos cierre la otra posibilidad. En oposición a ello, la disponibilidad consistirá en mantener el abanico completamente abierto –sin rigidez ni evasión– de manera de responder plenamente a cada solicitación que surge. Plenamente quiere decir: sin dejar de lado ni desatender nada, porque ningún carácter o sedimentación interior habrá de obstaculizar esa ductilidad.

El pensamiento chino supo percibir especialmente la diferencia que hay entre “estar en el medio” y “estar ligado al medio”. Por un lado están aquellos que no sacrificarían un pelo por el bien del mundo, y por el otro aquellos que están dispuestos a hacerse masacrar por su salvación: un “tercer hombre”, que está en el medio de esas posturas adversas, parece “más próximo” (Mencio). Pero “estar ligado a ese medio sin sopesar la diversidad de los casos es aferrar una sola posibilidad” y “dejar ir otras cien”; y por lo tanto es “arruinar el camino”. Desde el momento en que nos atenemos a una posición, se fija un “yo”, el comportamiento se estanca, algún imperativo o algún “hay que” se estabiliza y ya no estamos en armonía: la plenitud pierde su amplitud y ya no reaccionamos a la diversidad que se ofrece. Porque la disponibilidad, como disposición interior que se abre a la diversidad, va acompañada de la oportunidad: está disponible aquel que sabe –como también dijo Montaigne aunque sin convertirlo en disposición del conocimiento– “vivir en buen momento”.

Este pensamiento, como dije, no es privativo en China de una escuela particular, y la misma capacidad de conocimiento tiene como condición el vaciamiento de la mente: el “conocer” chino no es tanto hacerse una idea de algo cuanto volverse disponible a algo. Se produce una purgación interior, no por medio de la duda que elimina los prejuicios, sino mediante un abandono generalizado, que se efectúa no a nivel del intelecto sino del comportamiento. De allí surge el desprendimiento, que le da su amplitud al acceso. Hay que cuidarse de dejar que la mente se vuelva una mente “dada”, dice Zhuangzi. Una mente dada, rígida, constituida, cuya actividad entonces se paraliza y que se encierra dentro de su perspectiva, se vuelve sin saberlo un punto de vista. Porque la primera exigencia, ya sin proyectar una preferencia o una reticencia, es mantener todas las cosas “en pie de igualdad”. Es incluso porque sabe mantener todo en un pie de igualdad, como muestra pertinentemente Zhuangzi, y está en condiciones de remontarse al fondo indiferenciado, “del tao”, de donde brotan todas las diferencias, que el Sabio está en condiciones de acoger la menor diferencia en su oportunidad, sin reducirla ni dejarla pasar. El “yo”, que deja de ser un obstáculo (lo que significa “perder su yo”, wang wo), puede escuchar entonces todas las músicas del mundo, diversas como son, en su espontáneo ser “así”, a placer, acompañando su despliegue singular.

* Texto extractado de Cinco conceptos propuestos al psicoanálisis, que distribuye en estos días. Ed. El Cuenco de Plata.
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