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sexta-feira, 19 de abril de 2013

WALTER RISO - EL APEGO


Walter Riso: "El apego es el mayor motivo de sufrimiento de la humanidad"
El psicólogo aborda, en el libro 'Desapegarse sin anestesia', estrategias para distanciarse de todo aquello que nos quita energía y bienestar

Cómo saber si estamos apegados a algo - El psicólogo Walter Riso nos da algunas claves para saber si tenemos dependencias emocionales hacia alguna idea, cosa o persona

Albert Domènech
Barcelona Periodista

No ocupa portadas de periódicos, ni se llenan minutos de radio para hablar del apego o de las dependencias emocionales que todos los humanos sufrimos en mayor o menor medida. Walter Riso ha dedicado su último trabajo editorial a este concepto que, según él, significa el principal motivo de sufrimiento de la humanidad, hasta el punto que cree que se deberían hacer campañas de prevención durante el ciclo educativo: desde primaria hasta los doctorados. El psicólogo tiene claro que si consideras que algo o alguien en tu vida es indispensable para tu felicidad, tienes un grave problema porque “estás a la sombra de tu amo”. En el libro Desapegarse sin anestesia, Riso señala las necesidades secundarias de las cuales podríamos prescindir para nuestra supervivencia emocional y proporciona claves para enfrentarnos a nuestros apegos. Para el psicólogo, “crear una relación dependiente significa entregar el alma a cambio de obtener un falso placer y seguridad”.


-¿Cuánto tiempo cree que invertimos en cosas que son absolutamente inútiles?
-El 80% del tiempo, y eso es mucho. Hemos sido educados así y nos cuesta reflexionar bien las cosas antes de hacerlas. Es energía desperdiciada que estamos dedicando a un objeto, a una relación, a un vínculo o a algo que, tarde o temprano, no nos va a servir. Se trata de obtener la máxima proporción entre esfuerzo y beneficio.

-Póngame un ejemplo de cómo podemos malgastar esa energía.
-Hay relaciones de pareja en las que uno de los miembros es muy dependiente del otro aunque a cambio le ofrezca muy poco amor. Esta persona invierte el 80% de su tiempo soportando una relación de mal trato para obtener muy poquito beneficio.

-En su libro asegura que los budistas llaman ignorancia, incluso engaño, a la capacidad de pensar que las cosas no cambian y duran para siempre. ¿Somos nosotros una sociedad ignorante?
-En términos budistas, somos muy ignorantes. Las cosas cambian, se transforman, y eso lo saben bien en las sociedades orientales. Nosotros tenemos muy claro este concepto mentalmente, pero simplemente lo tenemos incorporado automáticamente. En los países orientales te educan con la ley de la impermanencia, de que las cosas se van y no son para siempre, de estar listos para la pérdida.

-¿Y en nuestra sociedad cómo nos ha educado?
- Justo al revés, de manera que no hay nadie que esté preparado para la pérdida. Fíjate que el 80% o el 90% de los libros de crecimiento personal lo que te dicen es que busques tus metas y que no te rindas. Eso es porque aquí la base es la esperanza, mientras que allí es la desesperanza, el aprender a perder. ¿La felicidad está en obtener las cosas, o en necesitar lo menos posible? Tenemos que llegar hasta la felicidad de una maneta más armoniosa, más relajada. Así que nuestra sociedad es ignorante en el sentido de que no aceptamos la pérdida ni la desesperanza.

-Defíname el concepto de apego, según su punto de vista.
-Es un vínculo obsesivo con un objeto, idea o persona que se fundamenta en cuatro creencias falsas: que es permanente, que te va a hacer feliz, que te va a dar seguridad total y que dará sentido a tu vida. Cuando tienes un vínculo de este tipo no estás preparado para la pérdida y no aceptas el desprendimiento.

-¿Qué es lo que una persona pierde cuando se apega a algo o a alguien?
-El apego corrompe, eso te lo dirá cualquier psicólogo que haya estudiado este campo. Para mí, es el principal motivo de sufrimiento en la historia de la humanidad. Si el apego corrompe, pierdes tu dignidad, tu respeto, tus valores más esenciales. También pierdes libertad, y no puedes decidir cómo te vas a mover. Pierdes tranquilidad porque una de las características del apego es el miedo a perder aquello que deseas. Finalmente, pierdes también la alegría. Tu mente está tan metida en invertir recursos que pierde la posibilidad de disfrutar la vida con muchas otras cosas, te absorbe.

-¿El apego es sinónimo de adicción?
-Sí. Yo hago la diferencia entre las adicciones que son aceptadas o están reglamentadas por la psicología y la psiquiatría, y las que no. Por ejemplo: la adicción a la compra está clasificada, pero la adicción a la moda, que está íntimamente relacionada, no está clasificada. Cuando te llega un paciente que está apegado a la moda, necesita un tratamiento que no aparece en ningún libro porque no está clasificado. La gente tiende a llamar apego a las adicciones que no están clasificadas. Hoy me he vestido con un polo con el cocodrilo, pero si me sacan el cocodrilo no me importa en absoluto. Compras algo porque te gusta y viene con marcas, pero eso no quiere decir que pertenezcas a esa familia.

-Si hablamos de adicciones, la gente suele ponerse en alerta. La palabra apego, en cambio, tiene en nuestro país una connotación positiva…
-Es cierto, y es una diferencia lingüística importante. En nuestra cultura, el apego sones la gente que te quiere, que te contempla, que te cuida o te da protección. Pero cuando hablamos de apego en términos como lo planteo en el libro, hablo de adicción. Hablo de apego a situaciones o personas, pero no a sustancias psicoactivas.

-¿Cómo tenemos que manejar las necesidades vitales que todos tenemos para que no acabemos dependiendo de ellas?
-Hay muchas formas. Lo primero es entender que cualquier necesidad es potencialmente susceptible de convertirse en un apego. Incluso necesidades primarias como comer o tomar agua. Te das cuenta de que estás cayendo en eso cuando no puedes controlarlo y empiezas a ver que te hace mucha falta; cuando la necesidad se convierte en algo imprescindible y no eres capaz de decir: si lo tengo bien, y si no, también.

-Te necesito.
-Exactamente. La expresión te necesito habría que sustituirla por la de te prefiero. Cuando tienes una necesidad, tú no eliges, lo que elige es el impulso. Estás de mal humor, estás irritable porque no está el objeto o la persona.

-Te quiero pero no te necesito, ¿es eso? Si es así, nos cargamos la mitad de las parejas hoy mismo…
-Es que es un cambio de mentalidad y de paradigma. Te necesito no, te prefiero. Te necesito es que esa persona es imprescindible y que tú te conviertes en un vacío.

-¿Socialmente, interesa que mantengamos algunos apegos para anularnos como personas?
-Lógico, hay apegos que están bien vistos socialmente. ¿Cuántos políticos crees que van a leer este libro? ¡Pocos! El desapego es una pesadilla para ellos, porque coqueteas con tres cosas: principios, poder y posesión.

-¿Nuestras necesidades son innatas o han sido creadas por la sociedad de consumo?
-Hay necesidades primarias y psicológicas que son innatas. Hay otras que son secundarias, que son aprendidas y que tienen que ver con los deseos.

-¿Desear algo significa estar apegado a ello?
-No necesariamente. El deseo es un placer proyectado en el tiempo y nos hace humanos. Ahora bien, cuando eres incapaz de renunciar al deseo, estás en el apego.

-Habla de deseos peligrosos. ¿Cuáles serían?
-Son los deseos que afectan a tu salud mental o a tu salud física. Hay deseos que de por sí son peligrosos, como el amor, internet o la belleza. Hay otros que no son tan peligrosos, como la espiritualidad. Te pongo un ejemplo: la bondad. ¿A quién se le ocurriría que ser bueno es un deseo peligroso? Aparentemente, no. Lo que pasa es que puede llegar a ser peligroso si te excedes. Si te excedes en ayudar a los demás, más allá de lo que eres capaz de dar, te quemas.

-Me ha sorprendido que en su libro asegure que tenemos que hablar con nuestros deseos. ¡Nos tomarán por locos!
-Hablar con nuestros deseos es simplemente conectarte con el canal del deseo que, en un determinado momento, te está arrastrando. Por eso digo que hay que aprender a hablar con ellos, a retarlos. Conozco a gente que cuando ha tomado la idea se ha inventado su propio método y le ha funcionado muy bien. Lo más importante, aunque parece mentira, no son las estrategias, es ver lo inútil, estúpido o peligroso de algo. Cuando lo ves, automáticamente te retiras.

-Imagino que no hay nadie que no tenga apegos. ¿Para desapegarse de ellos, hay que tener un espíritu rebelde?
-Totalmente. Uno tiene que ser irreverente con ellos. Rebeldía no es salir gritando contra las cosas, es romper el esquema básico en el que estás metido y poner un nuevo paradigma de vida. En ninguno de los manuales que están saliendo ahora para ser feliz te dicen que hay que rebelarse contra las normas. Ser desapegado es, en cierto modo, ser un subversivo del orden establecido. A mí me gusta el concepto de subversión entendida como una rebelión interior.

-¿Cómo podemos saber si alguien es emocionalmente inmaduro?
-Son personas con baja tolerancia al dolor, no lo soportan. Tienen muy poca tolerancia a la frustración, les horroriza que las cosas no sean como ellos quieren que sean. Finalmente, diría que tienen una ilusión de permanencia, piensan que hay cosas que pueden durar para siempre, y una gran vulnerabilidad hacia el placer que hace que no tengan autocontrol.

-¿La crisis económica actual nos servirá para que nos demos cuenta de la energía que estamos perdiendo con cosas superfluas?
-Las crisis ayudan a eso, sin lugar a duda. Las crisis muestran lo superfluo, lo inútil y las necesidades que te habías creado y de las cuales puedes prescindir. Aprender a prescindir de algo o de alguien es muy importante; cuando lo haces, estás con un pie en la liberación. La crisis puede ser un gran terapeuta sin anestesia para los desapegos. Una crisis implica un cambio de valores y hace que las personas aprendan a desprenderse de muchas cosas por las malas.

-Sin anestesia. ¿Desapegarse de algo o de alguien es asumir que el dolor será inevitable?
-Claro. Una persona cambiará un sufrimiento inútil por un sufrimiento útil, que es el del duelo y la pérdida asumida.

Idioma español, bronce en internet


MADRID, España, 18 de abril.- En los últimos años, el uso del español en el Internet ha incrementado considerablemente, colocando a este idioma como el tercero más usado por los cibernautas, revela el anuario 2012 publicado por el Centro Virtual Cervantes (CVC).

El documento, disponible en el sitio electrónico "cervantes.es", señala que de los más de dos millones de cibernautas, que representan el 7.8 por ciento de los contabilizados, se comunican en español, lo que coloca a esta lengua romance en la tercera posición de la red, sólo detrás del inglés y el chino.

El crecimiento que ha tenido el español en el ciberespacio representa un 807.4 por ciento en el periodo 2010-2011 y supera al que ha presentado el inglés que logró un incremento de 301.4 por ciento.

De acuerdo con el anuario, este crecimiento ha sido posible a incorporación a la Red de usuarios latinoamericanos, que aumentó mil 205.1 por ciento, y que de acuerdo con su potencial podría aumentar más.


Se explica que si bien en Latinoamérica el porcentaje de usuarios que tienen acceso a Internet ha ascendido a 39. 50 por ciento, éste no se compara con la media de otras regiones, tales como la Unión Europea, cuyos cibernautas representan en 71.5 por ciento.

No obstante, países de habla hispana como España y México se encuentran entre los 20 con el mayor número de usuarios en Internet.

La evolución desde 1998 muestra que el predominio inicial del inglés ha dado paso a una creciente presencia de las demás lenguas.

El peso relativo de las lenguas romances ha descendido desde 2002, debido, en parte, a la fuerte irrupción en la Red de los países asiáticos, como China y Japón, pero sobre todo por el cambio de configuración de los motores de búsqueda, expone el documento.(NTX)

CURIOSIDADES DE NUESTRA LENGUA



• Los hispanohablantes representamos sólo el 5.85% de la población mundial, precedido por el mandarín con un 14.1% y seguido por el inglés con 5.52%.

• Sobre cuántas palabras conforman nuestro idioma hay que comenzar con la referencia del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española que tan sólo contiene más de 88 mil palabras. A este número hay que añadirle los más de 70 mil vocablos que incluyen los americanismos. Claro está que ello no incluye las conjugaciones verbales.

• Aunque sus inicios pueden retornar al imperio romano cuando dominaban la antigua Hispania –parte de la península Ibérica–, el castellano surge con la mezcla, adaptación y aporte de nuevas palabras de varias culturas de la zona.

• España adoptó al 23 de abril como Día Mundial del Idioma Español en homenaje a la muerte de Miguel de Cervantes, conocido como el Padre de la Lengua Española y escritor de la obra cumbre “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”.

EL IDIOMA ESPAÑOL SOPLA SUS VELAS


GABRIEL BRUZÓN

La lengua española es uno de los idiomas más ricos del planeta por su variedad

Ya son 67 años desde que se aprobó al 23 de abril como el Día Mundial del Idioma Español, fecha que busca celebrar la importancia de nuestra lengua que hoy cuenta con más de 400 millones de hispanohablantes en el mundo.

Conocido por muchos como el lenguaje más difícil de aprender, la lengua española ha demostrado ser uno de los idiomas más ricos del planeta al aportar diariamente sinfines de palabras a su gran familia de vocablos. ¿Dime sino es cierto que cada día aprendes una palabra nueva del castellano? El hecho de vivir en una nación tan multicultural como Estados Unidos nos permite canalizar frases y vocabularios específicos de un solo país. Cuba por ejemplo, usa la palabra “tilín” para referirse a menos de un poquito: “Dame un tilín de café”. Para los mexicanos viene el vocablo “nieve” para referirse a los deliciosos “helados”. ¿Y qué de las “pupusas”? Al igual que el platillo, la palabra es endémica de los países de Centroamérica y no existe nada en el mundo hispanohablante que se parezca a ella. Finalmente, los colombianos llaman “sancocho” a una sopa espesa llena de verduras y carne. Los cubanos usan la misma palabra a la acumulación de comidas caceras que se le sirven a los cerdos. ¿Qué tal? Ejemplos como los anteriores tan sólo representan una ínfima parte del bagaje cultural que conforma al idioma español pero que representan nuestra identidad.



Pero dejando a un lado las diferencias de los vocablos, debemos tomar un momento de nuestro tiempo para perfeccionar nuestro castellano hablándolo correctamente. Como inmigrantes de la Unión Americana corremos a diario el riesgo deformar nuestro idioma incorporando palabras que no existen; y ejemplos hay muchos: “mapear” por trapear; “parquear” por estacionar; “espelear” por deletrear… Celebremos el cumpleaños de nuestra lengua hablando correctamente, es todo un reto que puedes lograr. ¡Felicidades Castellano!

Origen y apogeo del charlatán


Doctores truchos, adivinos, videntes atravesaron tiempo y espacio para llegar al siglo XXI. Según la autora de esta nota hoy ya no andan en carromatos pero siguen “vendiendo las mentiras que muchos quieren comprar”.

POR IRINA PODGORNY - Investigadora Principal Del CONICET En El Archivo Historico Del Museo De La Plata.

En 1930 The Medicine Man retrataba la historia de la hija de un cruel tendero, enamorada del médico itinerante John Harvey. Las escenas iniciales de la película, ambientada a fines de la década de 1920 en un pueblo cualquiera de los Estados Unidos, mostraban el entusiasmo de niños y adultos ante el arribo de la caravana del Doctor. Este, saludando desde un descapotable conducido por jefes indios, encandilaba a su futura esposa lanzándole un prendedor con su retrato y el nombre de su tónico maravilloso.

Tras el desfile de una banda de músicos pieles rojas, Harvey invitaba al “show medicinal” de esa noche. Gratuito, incluía números de varieté, actores con la cara pintada de negro y bailarinas hawaianas. Mujeres y hombres, solos o en familia, se agolpaban en la entrada de la carpa para admirar a los artistas. En el escenario, decorado con láminas de anatomía humana, se sucedían los cómicos, las demostraciones de las virtudes de jarabes curalotodo y los testimonios de agradecimiento de los pacientes. Con el silencio, un jefe Pawnee, sentado al lado de los frascos de jarabe, ratificaba la responsabilidad de su tribu en el descubrimiento del “Pepto” que sanaba la diarrea y otros revoltijos digestivos. En la pausa, el doctor Harvey ofrecía, a un dólar cada una, salud para todos y juventud eterna para las damas.

Esta comedia costumbrista expone la persistencia de una práctica que se mantiene desde los inicios de la modernidad: el charlatán, un fenómeno en las antípodas del color local y que nos confronta, en cambio, con la dispersión ecuménica de una figura cuyas curaciones se ligan al viaje y al poder de la palabra. Ya en los diccionarios de la lengua toscana de fines del siglo XVI el “charlatán” aparecía como un practicante pobre de la medicina, un traficante peregrino de ungüentos y otros remedios, que sacaba dientes y publicitaba sus productos en la plaza, apelando a la acrobacia, a la recitación, a juegos de magia, a las artes de hablar, cantar y hacer reír. Entre ese charlatán toscano y el doctor de la película se interponen, además de los siglos, muy pocos detalles. Por lo demás, son fórmulas que aunque se repitan desde entonces, no hacen crecer el pelo ni regresar a los muertos. Tampoco a los vivos y, por si fuera poco, son inútiles para protegerse de la vejez. Sin embargo, decenas de generaciones, en Europa y América, aplaudieron a estas caravanas. Llegaran caminando, en coches tirados a caballo o movidos a motor, pobres y ricos las han esperado y despedido, sin importar cuántas veces se hubiese denunciado que los vendedores de secretos vendían, en realidad, mentiras.

Y es aquí donde uno se pregunta por qué este tipo de mentira, que, como todo el mundo sabe, tiene patas cortas, pudo proliferar, como si la experiencia no sirviera para nada. También puede ser cierto que los refranes estén equivocados, pero, en todo caso, no deja de ser curioso constatar que tras lo pintoresco, se esconde un fenómeno que se viene transformando desde hace más de quinientos años. Los charlatanes, con una finísima capacidad para predecir las expectativas de sus pacientes, supieron sobrevivir en el tiempo y adaptarse a las geografías humanas más diversas. En ese trasegar de cosas, remedios y saberes conectaron espacios y tiempos muy distantes entre sí.

Los charlatanes, uniendo las innovaciones técnicas de su época con sabidurías de pretendido origen ancestral, se enfrentaron a las pestes más temidas por sus contemporáneos. La electricidad, la imprenta, el teatro, los telescopios, el auto, la fotografía, los rayos X, los museos, los modelos de cera, los autómatas, las proyecciones luminosas, el gas hilarante o el magnetismo animal se mezclarían en el tablado con los acróbatas del Africa, las princesas incas y los faquires de la India. Y, al hacerlo, retomaban aquel viejo género de la piedad cristiana, que colocaba la esperanza de salvación en los pobres y gente del común, la base de la creencia que coloca los medicamentos de los desposeídos cerca de la naturaleza y la verdad.

Para ilustrar la dinámica de la charlatanería volvamos al “Pepto de los Pawnees” del Dr. Harvey. El nombre aludía al “Pepto-Bismol”, una solución de bismuto y zinc comercializada desde los inicios de la década de 1920 por la Compañía Farmacológica Norwich y que todavía se vende para aliviar los malestares gastrointestinales. Perfumada con aceite de gualteria –una planta de la medicina de varias tribus– y coloreada de rosa, para no espantar a los niños, había sido patentada en 1900 por un médico de Nueva York como remedio contra el cólera infantil. En un contexto donde esta enfermedad acuciaba, el jarabe resultó exitoso y la demanda excedió la capacidad de producción del inventor. Por eso, a partir de 1918, Norwich se hizo cargo de su manufactura, vendiéndola directamente a los médicos en toneles de madera de unos 80 litros. El “Pepto Pawnee”, de no ser una ficción, podría haber sido el resultado de fraccionar, con otro nombre, un producto de la floreciente industria farmacológica estadounidense que, a su vez, crecía incorporando inventos, sustancias y tradiciones de distinto origen. Esta conjetura sugiere la complejidad del asunto: los charlatanes abaratándolas y transformándolas en medicina indígena, ayudaban a difundir, para su propio beneficio, las farmacopeas de su época. Convertidas en otra cosa, confundieron a más de un recopilador de remedios de raigambre popular, pero también, gracias al ir y venir de la historia, alimentaron a las farmacias y terapéuticas del futuro.

¿En qué viajan los charlatanes de nuestro siglo XXI? ¿Cómo se llaman sus remedios? ¿Dónde los exhiben? Por mi parte, no buscaría la respuesta tratando de identificar personajes análogos a Harvey o al Dr. King Schulz: la propagadora de las virtudes de la química de Norwich era, en realidad, la industria del cine que, en esos años, empezaba a ser sonoro y a arrojar al pasado el mundo del charlatán de feria. ¿Desaparecieron, entonces? No, allí andan. Sin sus carromatos, pero con patas cada vez más largas, vendiendo las mentiras que muchos quieren comprar.

Podgorny es autora de “Charlatanes” publicado por la editorial Eterna Cadencia.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE


encimar, pero también presionar y marcar

El verbo encimar puede emplearse en el ámbito deportivo para describir el modo en que un jugador o un equipo marca muy de cerca al contrario o ataca insistentemente su portería.

Se trata de un uso frecuente en las noticias deportivas, en especial las futbolísticas, como en los siguientes ejemplos: «Hasta tres jugadores encimaban al vasco cada vez que recibía el balón» o «El conjunto universitario tomó la iniciativa y encimó al cuadro regiomontano».

El Diccionario académico recoge el uso pronominal de encimar con el significado de ‘echarse contra algo, acosarlo’, como en «Gremio se encimó con peligro al área ecuatoriana». También puede considerarse aceptable el uso transitivo de ese verbo en frases como «Varane estuvo rápido al corte, veloz para encimar a Messi».

No obstante, hay otras palabras equivalentes asentadas en el uso, como presionar, apretar o marcar muy de cerca.

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