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sábado, 3 de agosto de 2013

LA CRUZADA DEL OCÉANO





Y entonces apareció Hernán Cortés
por SANTIAGO MARTÍN SALVADOR en La Gaceta - España

Cuba, febrero de 1519. Un hombre culmina a toda prisa los preparativos de una gran expedición. Lo que se le ha encomendado es poca cosa: reconocer la costa del Yucatán, en lo que hoy es México, y comerciar con los nativos. Pero ese hombre aspira a más. Ese hombre aspira a la gloria. Ese hombre se llama Hernán Cortés.


La flota que precipitadamente se alinea en Santiago de Cuba es impresionante. Once barcos, 109 marineros, 508 soldados, 32 ballesteros, 13 escopeteros, 16 jinetes, 200 indios de servicio, algunos negros… Los barcos transportan también una importante cantidad de caballos y perros. Y una buena panoplia artillera: 10 cañones de bronce y 4 falconetes.
¿Para qué semejante despliegue? El gobernador de la isla, Velázquez, no le ha encargado más que un mero reconocimiento del litoral y ensayar algún comercio con los indígenas. Pero Cortés ha oído hablar de los tesoros de la región y de las grandes ciudades que esas selvas esconden, y quiere conquistarlas. Por desgracia para el aventurero, Velázquez se entera: no es eso lo que él le ha mandado. Desconfía de Cortés. Planea quitarle el mando. Por eso nuestro hombre se apresura: hay que partir antes de que llegue la contraorden del gobernador.
Hernán Cortés ya ha salido en nuestro relato: es ese extremeño que llegó a Cuba escoltando a Diego Velázquez e inmediatamente se hizo cargo de labores administrativas. Había nacido en Medellín en 1485, hijo de hidalgos pobres. A los 14 años le mandaron a estudiar a Salamanca. Dos años después aparece de nuevo en Medellín y se dedica a la “vida alegre”. Cuando se entera de que la Corona prepara una gran expedición a las Indias –era la de Ovando- corre a enrolarse, pero en los días previos se enamora de una dama casada, se decide a rondarla, sube a los muros de la casa de su amada, se cae de la tapia y se pega tal golpe que queda fuera de combate. Cuando se recupera, viaja a Valencia para alistarse en las tropas que van a Italia, con el Gran Capitán, pero tampoco llega a tiempo. Sólo en 1504 logra entrar en una de las expediciones a las Indias. Desembarca en La Española y allí conoce a su mentor: Diego Velázquez.
Cortés estuvo con Velázquez en la campaña de pacificación de La Española. Gracias a eso obtuvo una encomienda y pudo hacer una cierta fortuna. Supo ganarse la confianza de las autoridades locales, empezando por el propio Velázquez, que le aupó para ser escribano del ayuntamiento de Azúa. Después llegó Diego Colón y entre sus primeras decisiones estuvo la conquista de Cuba. La operación la dirigió Velázquez en calidad de gobernador y llevó consigo a Cortés. Cuando aparecieron por Cuba los primeros colonos, entre ellos vinieron dos hermanas que harían historia: María y Catalina Juárez. Velázquez se casó con María; Cortés, con Catalina. Sólida alianza. Los encomenderos de Cuba quisieron derrocar a Velázquez por un supuesto fraude a la Hacienda real, y Cortés se las arregló para proteger a Velázquez sin enemistarse con los demás. Cinco años después de su llegada a las Indias, Hernán se había convertido en la mano derecha del gobernador. Y un hombre rico.
Hasta este momento, nada en Cortés, dedicado a labores administrativas en Cuba, anunciaba al futuro conquistador de México. De hecho, cuando Velázquez planeó dar el salto al Yucatán, ni siquiera pensó en su concuñado. Otros fueron los encargados de la misión: Francisco Hernández de Córdoba, primero, y Juan de Grijalva después. Hernández de Córdoba era uno de los pioneros de Cuba. Y era, además, muy rico. Cosa que conviene subrayar porque, en general, estas expediciones funcionaban como empresas privadas: el capitán ponía su dinero, armaba a la hueste y, a cambio, sabía que obtendría una buena porción (el “rescate”, se llamaba) del botín obtenido en las tierras descubiertas. Hernández de Córdoba, pues, fue el primero en ir a Yucatán. Era 1517. Y lo que descubrió iba a alimentar muchas esperanzas.
Los precursores
¿Qué descubrió el explorador? “Casas de cal y canto”. Es decir, una cultura avanzada, capaz de levantar construcciones de piedra. Hasta entonces los españoles sólo habían encontrado tribus primitivas que vivían en chozas de palma. Pero lo del Yucatán era otra cosa: sociedades jerarquizadas y complejas, con castas diferenciadas de sacerdotes y guerreros, caminos trazados con inteligencia y poblaciones habitadas por auténticas multitudes. Y además, oro.
El siguiente en intentarlo fue Juan de Grijalva, otro pionero de La Española y de Cuba. Una vez más se escogió como piloto a Antonio de Alaminos. Grijalva, escarmentado en cabeza ajena, quiso prevenir cualquier ataque indígena y se hizo acompañar por 4 navíos y 240 hombres. Entre enero y julio de 1518 recorrió detalladamente la costa del Yucatán. Desembarcó en el lugar donde había sido atacada la expedición de Hernández de Córdoba y derrotó a los nativos. En su itinerario halló un gran río. La expedición ascendió su curso y descubrió algo fascinante: una ciudad. Se trataba de la población maya de Potonchan, el dominio del cacique Tabscoob. Era la primera vez que los españoles tomaban contacto directo con la civilización maya.
Grijalva intentó trabar amistad con Tabscoob. El intercambio de regalos fue sumamente ilustrativo. El capellán de la flota, Juan Díaz, dejó escrita la escena con rasgos muy vivos: “Otro día en la mañana vino el cacique o señor en una canoa, y le dijo al capitán que entrase en la embarcación, luego le dijo a unos indios que vistiesen al capitán con un coselete y unos brazaletes de oro, borceguíes hasta media pierna con adornos de oro, y en la cabeza le puso una corona de oro. El capitán mandó a los suyos que vistiesen al cacique con un jubón de terciopelo verde, calzas rosadas, un sayo, unos alpargates y una gorra de terciopelo”.
Mucho oro, sí. Y todavía había más –refirieron los mayas- hacia donde el sol se pone, “en Culúa y México”, donde hay un imperio muy poderoso. “Nosotros no sabíamos que cosa era Colúa ni aún México”, anota Bernal Díaz del Castillo, que estuvo en aquella expedición. Era la primera noticia que recibían los españoles sobre el imperio azteca de Moctezuma.
Cuando escasearon las provisiones, Grijalva decidió regresar a Cuba. En mala hora lo hizo: el gobernador Velázquez, enojado al ver que no había establecido colonia alguna en aquella tierra, ordenó su destitución. Grijalva, humillado y resentido, decidió abandonar Cuba y viajar al Darién para ponerse a las órdenes de Pedrarias Dávila, de quien ya hemos hablado aquí. Así quedaba vacante la plaza de capitán de la siguiente expedición al Yucatán. Y Hernán Cortés cogió la oportunidad al vuelo.
Algo raro debió de ver el gobernador Velázquez en la manera en que Hernán Cortés preparaba su expedición. Quizá le alarmó el grueso número de la hueste –casi 1.000 hombres entre soldados, marineros e indios- o quizá prestó oído a las voces que, en Cuba, desconfiaban del ambicioso encomendero. El hecho es que Velázquez empezó a acariciar la idea de destituir a Cortés, éste lo supo y, precavido, quemó etapas. De ahí su prisa en zarpar. Cuando la orden de destitución llegó a destino, Hernán Cortés ya navegaba rumbo a Yucatán.
A Cortés le esperaba una de las odiseas más asombrosas jamás vivida por ser humano alguno. De entrada, los nuestros encontraron a dos supervivientes de antiguos naufragios: Jerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero.
Náufragos
Ocho años antes –aquí lo hemos contado-, después de fundar el asentamiento de Santa María la Antigua del Darién, Balboa envió a La Española un barco para dar cuenta del hecho y entregar el quinto real del botín. Una tormenta llevó el barco a pique. Sólo veinte miembros del pasaje -18 hombres y dos mujeres- lograron salvarse. Lo que les esperaba era un infierno de sal, hambre y sed. Doce murieron en el trayecto. Ocho llegaron vivos a las playas del Yucatán. Pero no estaban salvados: les esperaba el encuentro con tribus hostiles que no dejarían de acosarles. Al cabo de unos meses, sólo dos habían eludido a la muerte. Uno de ellos, Aguilar, se instaló en la isla de Cozumel y desde entonces convivió los nativos. El otro que también se salvó, Guerrero, se integró igualmente en las comunidades mayas del interior. Es poco verosímil que la nueva expedición careciera de noticias sobre ellos; lo más probable es que ya supieran de su existencia, como da a entender Bernal Díaz del Castillo. El hecho es que Cortés decidió enrolarlos en su hueste. A través de un indio intérprete, Melchor, envió cartas a los caciques de los pueblos donde se hallaban los náufragos.
Jerónimo de Aguilar fue el primero en recibir la carta del capitán. Fue el propio Aguilar quien llevó a Guerrero el segundo mensaje. “Hermano Aguilar –contestó Gonzalo Guerrero-, yo soy casado y tengo tres hijos. Tiénenme por cacique y capitán cuando hay guerras, la cara tengo labrada y horadadas las orejas. ¿Que dirán de mi esos españoles, si me ven ir de este modo? Idos vos con Dios, que ya veis que estos mis hijitos son bonitos, y dadme por vida vuestra de esas cuentas verdes que traéis, para darles, y diré que mis hermanos me las envían de mi tierra”. Guerrero, en efecto, se había convertido ya en un maya y con los mayas permanecería.
Aguilar, por el contrario, estará junto a Cortés durante toda la conquista. Será su intérprete de lengua maya y, con frecuencia, también su embajador. Fue Aguilar quien condujo a la expedición a su próximo destino: el río Tabasco. Allí sería su primera batalla. La conquista de México había comenzado.

LA LENGUA VIVA

En todas partes cuecen patatas
Amando de Miguel


Ya sé que la frase hecha es que "en todas partes cuecen habas", pero siempre me ha parecido que las habas son una leguminosa bastante rara. En cambio, las patatas son el alimento más universal que existe. Quiero decir que en todas partes surgen errores y disparates. Aportaré algunas ilustraciones. Si alguien se da por aludido que se lo tome con humor y resignación.

Juan Díaz López-Canti se lamenta de que la selectividad para entrar en el ciclo universitario la pasan nueve de cada 10 estudiantes. Y eso –añade don Juan– que no se les hace una prueba oral. Eso nos ahorramos de sufrimiento. Lo que ocurre es que el asunto es tan general y tan cómodo para todos que ya no escandaliza a nadie. Me consta que hay licenciados universitarios que prácticamente no han leído un libro entero en toda la carrera.

Chaim Lerner (desde Tel Aviv) me cuenta el taimado uso del politiqués que hace la ínclita presidenta de la Argentina para tergiversar y manipular el lenguaje. No es gran consuelo para un español, como no lo es que en la Argentina también coman papas. Don Chaim concluye su alegato con una cita de Orwell:
"Si el pensamiento corrompe el lenguaje, el lenguaje acabará corrompiendo el pensamiento".
Podría ser un buen lema para esta seccioncilla de nuestros pecados. Hace 20 años que publiqué La perversión del lenguaje. Antes de que acabe el verano, daré a las prensas otro librito sobre el particular. Adelanto que no es una antología de estos artejos que dejo caer en "La lengua viva". Aquí solo soy el confesor o penitenciario. En el libro quiero pasar por teólogo del lenguaje.

Julio Iglesias de Ussel comenta el extraño caso de la decisión de Almunia (en nombre de la burocracia bruselense) que nos obliga a devolver no sé qué subvenciones millonarias. Se trata de algo que hicimos mal hace ocho años. El granadino contrasta ese dato con la queja sobre la lentitud de nuestra Administración Pública. En todas partes cuecen coles de Bruselas.

El mismo don Julio me envía una foto esclarecedora. Es el "método gaditano para guardar cola". Las personas que guardan cola ante una ventanilla de un centro oficial se sientan tranquilamente, pero colocan sus respectivos zapatos en fila para indicar el puesto correspondiente. ¡Y luego dicen que hay pocas iniciativas emprendedoras! Observo en la foto que alguno más listo coloca solo un zapato, no los dos.

Jesús Laínz narra con detalle que recibió una misteriosa llamada sobre un "máster en community mánager y posicionamiento web, modalidad presencial". Era simplemente una oferta para cambiar de compañía telefónica. Añade el montañés que la culminación del disparate son las "cenas de maridaje distinguido". Todo consiste en "dejarse llevar" por "gastrogestores". Esto ya no es el politiqués sino el socialés, es decir, la tontería institucionalizada. Espero más ejemplos sobre el particular.

EKRANOPLANO

Ekranoplanos: el resurgir del olvidado barco volante de la Guerra Fría
U. MEZCUA / MADRID - ABC - España

Rusia probará el nuevo modelo «Sterj 10» a principios de este mes, reflotando estas máquinas tras décadas en el olvido. China e Irán también se encuentran trabajando en proyectos similares


El Ekranoplano A-90 Orlyonok, fabricado en 1982, podía alcanzar los 300 metros de alto
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El único ejemplar terminado del Lun, de 286 toneladas, languidece en dique seco en la ciudad de Kaspisk, en la República de Daguestán

En 1966 uno de los primeros satélites espía norteamericanos detectó algo a orillas del mar Caspio que dejó atónitos a los analistas de Inteligencia: una monstruosidad de 106 metros de longitud y 42 metros de la punta de un ala a otra, forma de avión y diez motores a reacción. Ante la imposibilidad de saber con exactitud si se enfrentaban a un barco o un avión, lo apodaron «el monstruo del Mar Caspio» y comenzaron a monitorizar sus evoluciones sobre el agua.

Sin embargo, no era ni una cosa ni la otra: se trataba de un ekranoplano, el primero de su tipo, una suerte de avión anfibio diseñado y construido por el ingeniero y diseñador naval Rostislav Evgenievich Alexeyev llamado a revolucionar el transporte marítimo y el combate sobre el agua.

Alexeyev, que había comenzado su carrera diseñando hidroalas —embarcaciones que utilizan «alas» para elevar su casco por encima del agua, pudiendo alcanzar mayores velocidades que los barcos convencionales gracias a un menor rozamiento—, pronto se dio cuenta de la conveniencia de diseñar un navío capaz de permanecer totalmente fuera del agua mediante el aprovechamiento del conocido como «efecto suelo», que se produce cuando un cuerpo, con una diferencia de presiones entre la zona que hay por encima de él y la que hay por debajo, está muy cerca de la superficie terrestre.

Presentan grandes ventajas frente a los aviones y barcos

Sus diseños se cristalizaron en el «Ekranoplano KM», la máquina que los norteamericanos avistaron gracias a sus satélites, capaz de superar los 400 kilómetros por hora pese a sus 544 toneladas de peso y elevarse hasta cinco metros sobre el nivel del suelo. Acondicionado como un laboratorio de pruebas, pronto demostró las ventajas de los ekranoplanos (principalmente, mayor capacidad de transporte con menos potencia y/o menos gasto de combustible que un avión, además de la posibilidad de posarse en cualquier punto del océano, como los hidroaviones, ser casi indetectables por volar bajo la cota del radar y mucho más difíciles de alcanzar por parte de un misil)... y también algunas de sus desventajas. En 1980, durante un viaje, una ráfaga de viento lo desestabilizó y el piloto optó por elevarlo, como debería haber hecho si se tratase de un avión. Sin embargo, no se trataba de un avión, y la maniobra provocó que el ekranoplano perdiera la sustentación y se estrellara.

No obstante, la idea ya había logrado seducir a algunos altos mandos del Ejército soviético, entre ellos, al ministro de Armamentos y posteriormente vice-primer ministro y ministro Defensa Dmitri Ustínov, que encargó la construcción de 120 ekranoplanos diseñados para participar en misiones de asalto. En 1972 veía la luz según sus especificaciones el «A-90 Orlyonok» («pequeña áquila» en ruso), de 58 metros de largo y cuyas alas, más finas que las del KM, le permitían elevarse hasta los 300 metros de altitud.

Sin embargo, la muerte de Ustínov en diciembre 1984 acabó también con la progresión de los ekranoplanos: únicamente verían la luz 3 ó 4 Orlyonok antes de que el programa se cancelara. No obstante, antes de fallecer Ustínov también pudo ver terminado otro modelo de ekranoplano, el «Lun» («Gavilán»), acabado en 1980, capaz de transportar y lanzar 6 misiles antibuque SS-N-22 Sunburn y transportar más de mil toneladas de carga. El único Lun terminado, junto con un par de Orlyonok —otro permanece en Moscú— languidecen en dique seco en la ciudad de Kaspisk, en la República ex soviética de Daguestán.

Caida y auge

Tras la muerte de Ustínov y el desmoronamiento de la Unión Soviética la mayoría de proyectos para la construcción de ekranoplanos quedaron abandonados, incluyendo un macroproyecto para construir tres modelos gigantes que sirvieran para transportar el trasbordador soviético Buran y los cohetes Energía, encargados de ponerlo en órbita.

Sin embargo, en los últimos años el ekranoplano ha vuelto a despertar el interés de la industria internacional. Primero fue la norteamericana Boeing, que proyectó fabricar un modelo de 152,4 metros y una capacidad de unas 1.300 toneladas bajo el nombre de Pelican, con un alcance de unas 10000 millas náuticas (aproximadamente 18000 kilómetros).

Aunque el Proyecto Pelican fue abandonado, países como China e Irán e incluso la propia Rusia han retomado la idea de construir ekranoplanos. La semana pasada la agencia de noticias rusa RIA Novosti anunciaba que a principios de este mes de agosto el nuevo «Sterj 10» entraría en fase de prueba.

El Ejército iraní posee al menos diez ekranoplanos

«El prototipo del aparato ya casi está listo para la botadura y el primer vuelo de prueba que tendrán lugar a inicios de agosto. Seguidamente se decidirá su producción en serie», afirmó Yuri Varakosov, presidente de la asociación que agrupa a los diseñadores y fabricantes de estos aparatos, al diario «Izvestia». El año pasado otro modelo, el «EK-12P "Ivolga"», ya había despertado el interés del Servicio Federal de Fronteras ruso, mientras que la empresa Beriev se encuentra buscando financiación para construir el «Be-2500 Neptun», capaz de volar tanto como un avión comercial a gran altitud como un ekranoplano, y que se convertiría en la mayor aeronave jamás construida.
Por su parte, el pasado mes de mayo una televisión china mostraba las primeras imágenes del «CYG-11», muy similar al «Ivolga» y capaz de funcionar con dos motores de automóvil. También Irán se ha subido al carro de los ekranoplanos: en 2010 la agencia oficial iraní Fars publicaba fotografías de un nuevo modelo, el «Bavar 2».
La televisión pública iraní mostró imágenes en las que aparecían al menos diez unidades del «Bavar».

La Batalla de Aljubarrota


Por BELÉN RODRIGO / CORRESPONSAL EN LISBOA de ABC - España

Enaltecida por portugueses y olvidada por españoles, la Batalla de Aljubarrota (1385) aseguró la independencia portuguesa frente a Castilla y debilitó la hegemonía franco-castellana. Siete mil soldados lusos pudieron con los cuarenta mil de las tropas castellanas y evitaron así ser absorbidos por su poderoso vecino.

FUNDACIÓN BATALLA ALJUBARROTA

Hablar de Aljubarrota representa, para los portugueses, narrar uno de los momentos altos de la historia de su país. En España, por el contrario, aunque no quede muy bien decirlo, esta batalla parece un capítulo olvidado de la historia y se desconoce igualmente su posterior repercusión. Tal y como recuerdan desde la Fundación Batalla de Aljubarrota (FBA), para Europa esta ofensiva fue una de las más importantes ocurridas en toda la época medieval mientras que para Portugal constituye uno de los acontecimientos más decisivos de su historia. “Sin ella, el pequeño reino portugués hubiese sido probablemente absorbido para siempre por su poderoso vecino castellano”, se puede leer en sus reglamentos, explicando además que sin su contribución “el orgullo que tenemos en una historia largamente centenaria, configurando el estado portugués como una de las más antiguas y homogéneas creaciones políticas del espacio europeo no sería hoy posible”. La victoria portuguesa en Aljubarrota, en 1385, ante las tropas españolas dio lugar a la preparación de la época más brillante de la historia nacional. “Una batalla que proporcionó definitivamente la consolidación de la identidad nacional”, resaltan desde la FBA.

Cada año pasan por esta fundación entre 45 mil y 50 mil visitantes, mayoritariamente en edad escolar (60%). Su director, João Mareco, recuerda a ABC que el objetivo de la FBA, a través de su centro de interpretación, “pasa por divulgar todo el trabajo de salvaguardia del monumento nacional” así como transmitir los valores de ambición “en una época en la que la soberanía nacional estuvo en causa”. Y es que un año después de la batalla Don Juan I mandó construir el monasterio de Santa María de la Victoria (más conocido como monasterio de Batalha) como agradecimiento a la Virgen por la victoria en el enfrentamiento ante los castellanos. Un edificio que tardó dos siglos en construirse y que es hoy ejemplo de la arquitectura gótica tardía portuguesa.

La fundación fue constituida en el 2002 por Antonio Champalimaud quien entendió la importancia que tendría para los portugueses, especialmente los más jóvenes, la recuperación y posterior presentación al público de los principales campos de batalla existentes en Portugal. Tal y como se recoge en la fundación, las batallas ocurridas entre la Guerra de la Independencia (1383 y 1432) y durante la Guerra de la Restauración (1640 y 1668) “asumieron una particular importancia en la recuperación y valorización de los respectivos campos de batalla, no solo para facilitar el estudio de los hechos y acontecimientos sino también como una forma de atraer un público nacional e internacional cada vez más interesado en el turismo cultural".

Antecedentes de Aljubarrota


La batalla de Aljubarrota tuvo lugar el 14 de agosto de 1385, fruto de una serie de acontecimientos que acabó por convertir este hecho en algo prácticamente inevitable. La guerra luso-castellana (1384-1397) se desencadenó por el problema desucesión al trono portugués ante la posibilidad de ser ocupado por Doña Beatriz, esposa de Don Juan I de Castilla. El Reinado de Portugal había nacido en 1143, fecha en la que se reconoció a Don Afonso Henriques como primer Rey luso, rompiéndose así los lazos de vasallaje con su primo el emperador Alfonso VII de Castilla.

En 1383 al morir el rey Fernando, el Tratado de Salvaterra de Magos (celebrado entre la reina Leonor Teles, el conde João Andeiro y el rey de Castilla) establece que la Corona de Portugal pasase a pertenecer a los descendientes del Rey de Castilla, Juan I, y la capital del reino pasaba a ser en Toledo. Una decisión que no agradó a la mayor parte de los portugueses quienes sentían que las condiciones de vida se degradaban y peligraba la independencia de Portugal. La población de Lisboa proclama a Don João, Maestre de Avis y hermanastro de Don Fernando, como regente, gobernador y defensor del pueblo. Con la revuelta de la población portuguesa en varios puntos del reino, el rey de Castilla decide entrar en Portugal en 1384 y entre febrero y octubre crea un cerco a Lisboa, por tierra y por mar, con el apoyo de la flota castellana. Una táctica que no funcionó y en abril de 1385 las Cortes de Coimbra proclamaron al Maestre de Avis rey de Portugal y Don Juan I invade de nuevo Portugal el 8 de julio de 1385, por Almeida (frontera con la provincia de Salamanca), con un ejército de 40 mil hombres, yendo después a Trancoso, Celorico da Beira, Coimbra, Soure y Leiría. El ejército portugués estaba comandado por Nuno Álvares Pereira en posición de combate.

La batalla
En la mañana del 14 de agosto de 1385 el ejército de D.João I se instala en el terreno y horas después llegarían los castellanos que circulaban por la vía romana para evitar el choque con los portugueses. Optan por tornear la fuerte posición lusa por el lado del mar e instalarse en la amplia explanada de Chão da Feira. Los siete mil soldados que formaban el ejército luso se mueven dos kilómetros al sur para invertir su posición en la batalla y quedarse en frente al enemigo. Porla tarde se produjo el asalto castellano a la posición portuguesa y en el transcurso de la batalla la FBA destaca cinco principales momentos del combate.

Por un lado, el violento avance del rey castellano que inicia el ataque probablemente a caballo y que se encontró de forma inesperada con las obras de fortificación preparadas por la tropa de D.João I. Según el cronista galo Jean Froissart la mayor parte del ejército castellano estaba constituído por tropas auxiliares francesas que se vieron obligados a bajar del caballo frente al enemigo, en una posición crítica.

Como segundo punto destacan la decisión de Don Juan I de avanzar con el resto del ejército, también mayoritariamente a caballo, que se encuentra de nuevo con la sorpresa de que el adversario está combatiendo de pie. Los caballeros castellanos desmontan los caballos y recorren a pie el tramo que les falta. Posteriormente los hombres de armas del ejército castellano fueron cribados de flechas lanzados por los arqueros ingleses y portugueses y se fueron aglutinando en la zona central de la altiplanicie. Y mientas los laterales del ejército de Don Juan I siguen esperando subidos en los caballos a la espera de una ofensiva.

Por último, el pánico se apoderó de las tropas castellanas cuando la bandera de su monarca se derrumbó dentro del cuadrado portugués y dio lugar a una fuga desorganizada. Se produjo entonces una dura persecución portuguesa que paró al llegar la noche. Don Juan I de Castilla se da a la fuga a caballo, con algunos caballeros, cabalgando por la noche hasta llegar a Santarém. Las fuerzas franco-castellanas salen de Portugal pasando por Santarém y Badajoz o por la Beira, lugar de entrada.

En el campo de batalla murieron cerca de mil soldados portugueses mientras que en el ejército castellano las bajas fueron de cuatro mil muertos y cinco mil prisioneros. Ya fuera del campo de combate, se calcula que fallecieron otros cinco mil hombres en fuga de las tropas castellanas. Castilla permaneció de luto durante dos años, después de perder a muchos nobles y hombres de armas.

Desconocimiento español

Para los portugueses, esta batalla tuvo un valor muy importante dada la inferioridad numérica de sus tropas y la falta de equipamiento de las mismas en comparación a los españoles. Por eso el canto IV (28 a 44) de Os Lusíadas de Luis de Camões, el gran poeta luso de los tiempos de los Descubrimientos, rememora la mítica batalla. “La mayoría de los visitantes españoles tiene un gran desconocimiento sobre la materia”, afirma João Mareco. “Únicamente en el medio académico superior muestran algún conocimiento sobre este periodo de la historia”, añade. Y como gran lección que los visitantes españoles retiran de su visita es que “la historia de los dos pueblos está íntimamente conectada, lo que ocurrió a este lado tuvo repercusión al otro y viceversa”. El director de la FBA recuerda que es una de las épocas más estudiadas por los profesionales de la historia, ya sean “historiadores, profesores, arqueólogos, antropólogos...”. En lo que se refiere a los historiadores, también los españoles conocen este episodio encuadrado en las luchas entre Don Pedro el Cruel y Enrique de Trastámara, padre de Don Juan de Castilla, y posteriores batallas y luchas con Portugal en las Guerras Fernandinas, que anteceden la crisis de 1383-1385.

Se estudia el reflejo de la batalla en el equilibrio geopolítico de la época

En un ámbito todavía más restricto, y encuadrado en el tema de la Guerra de los Cien Años, “algunos historiadores franceses e ingleses también se dedican al reflejo que esta batalla tuvo en el equilibrio geopolítico de la época medieval y en la definición de las fronteras de los países envueltos”. En este centro es la primera vez que esta materia se muestra al gran público, a través de medios multimedia y de la experimentación directa con los objetos expuestos. Y las investigaciones también han dado su fruto como es el caso de los huesos encontrados en las campañas arqueológicas “que nos dan mucha información tanto por la fecha por C14 como por la comparación y ADN”. João Mareco recuerda igualmente que la comparación de las fuentes escritas más o menos contemporáneas a la batalla, a través de crónicas de los Reyes y Condestable, “colocan en el mismo plano las diferentes versiones de la historia, y la convierten en una ciencia, aunque no exacta, con algún grado de realidad y verdad”.

La panadera de Aljubarrota
B.R



Aunque no se puede afirmar que este personaje haya existido realmente, Brites de Almeida, la panadera de Aljubarrota, se ha convertido en uno de los protagonistas más recordados de la batalla. Con ese nombre existió una joven muy humilde, y muy fuerte, a quien le gustaba luchar contra los hombres quien al llegar a Aljubarrota comenzó a ser panadera. Cuenta la leyenda que tras la victoria de Nuno Álvares Pereira ante las tropas castellanas, Brites dirigió un grupo de populares que persiguieron a los españoles en fuga. Al llegar a su casa encontró a siete castellanos escondidos en el horno y sin dudarlo cogió la pala que utilizaba para poner el pan en el horno y les mató uno a uno. Como hay varias leyendas, cada una habla de un número diferente de españoles y de otras crueldades que la panadera les hizo. Esta historia es especialmente recordada en las escuelas que a día de hoy siguen escenificando este episodio en el teatro infantil.

300 AÑOS ESCRIBIENDO CON BUENA LETRA




Un reducido grupo de ilustrados fundó la Academia en 1713
Buscaban dotar a la lengua española de un diccionario que estuviese a la altura de otros idiomas
Los académicos festejan su tricentenario

TEREIXA CONSTENLA Madrid en El País - España



Al principio fue el honor. Al marqués de Villena, y sus siete amigos de tertulia, les escocía que la decadencia política contaminase el reino de las palabras. Invariablemente en cada sesión que celebraban en el palacio de la madrileña plaza de las Descalzas acababan asomados al vacío: España carecía de un diccionario digno de su lengua. Lo tenían Francia, Italia, Inglaterra y Portugal. Pero el país que había esparcido su idioma por todo un continente en los siglos anteriores no tenía un inventario que ayudase a distinguir el grano de la paja, una obra que fijase el retrato-robot de una lengua que venía de días de gloria (el XVII) y que corría el riesgo de despeñarse hacia la insulsez o el deterioro si nadie la documentaba.

Lo inusual es que llevaron su idea a la práctica. Y el 3 de agosto de 1713, en su tertulia del palacio de Villena, los ocho amigos, reforzados con tres integrantes nuevos, levantaron un acta pragmática —en ella establecen las tareas que han de acometer y cómo han de hacerlo para redactar el Diccionario de autoridades— que se considera el acta fundacional de la Real Academia Española. Hoy se cumplen 300 años de aquella sesión quijotesca. ¿O no rozaba lo imposible el afán de aquellos 11 ilustrados sin especial formación lingüística?

Lo hicieron. Una proeza en tan solo 26 años, en palabras de Fernando Lázaro Carreter, que dedicó su discurso de ingreso en la RAE en 1972 a la aventura iniciada por Villena y compañía. “Este ‘tan solo’ alude al hecho de que la Academia Francesa tardó 65 en desempeñar una tarea de alcance mucho más limitado. Seis copiosos volúmenes, con un total de más de 4.000 páginas, en cuarto mayor, fueron el resultado de esa acción, una de las más esforzadas de que pueda ufanarse la cultura española”, elogió el filólogo que permaneció al frente de la RAE seis años.

SAMUEL SÁNCHEZ
Su publicación con 42.000 palabras fue, en opinión del actual director, José Manuel Blecua, “el momento de más éxito” de la Academia, que en menos de un siglo materializa obras notables: el Diccionario de autoridades (llamado así por los ejemplos que acompañan a los vocablos), la Ortografía, la Gramática y el Diccionario chico (el de autoridades sin autoridades). “El actual es heredero directo de aquel de 1780”, señala el secretario actual, Darío Villanueva. En 2014 se publicará la versión vigésimo tercera. Villanueva lo ve “el final de un ciclo”, teniendo en cuenta la dependencia de la inmediatez que ha propiciado la cultura tecnológica.

Nada que se cuestionaran aquellos fundadores que aún debieron aguardar un tiempo hasta su confirmación. El Consejo de Castilla bloqueó la bendición del rey —la razón más benigna era la duda sobre su capacidad para redactar el diccionario— hasta donde pudo, pero finalmente Felipe V, el francés que había desembarcado en el trono español tras una guerra larga, la autorizó mediante una cédula real el tres de octubre de 1714. Cuando se aprueben los estatutos, la Academia pasará a contar con 24 miembros.

El lema, con una abeja sobre flores, estuvo a punto de ser: Aprueba y reprueba

“Los fundadores son un grupo de novatores, un título despectivo para referirse a los reformistas que se dan cuenta de que España necesita abrirse a Europa, superar la escolástica y tener una historia crítica”, señala Víctor García de la Concha, que ultima una historia de la institución que dirigió 12 años. “En muy poco tiempo”, prosigue, “aunque a ellos les pareció mucho, estos hombres que no eran lexicógrafos ni tenían archivos crean el diccionario”.

Contra viento y marea.
Aunque alguno de los paladines de la lengua se desplazase en mula. Darío Villanueva recuerda un acta de 1726 donde se plasman las desgracias de Fernando del Bustillo: “Escribe que ha estado 50 días en la cama con dolores causados por gota, que no puede apoyar los pies y que además se le ha muerto la mula y pide ayuda para comprar otra que le permita ir a las reuniones de los jueves”.

De los tiempos en los que las sesiones se celebraban en los domicilios de sus directores (el marqués de Villena y sus descendendientes o José de Carvajal y Lancáster, hasta 1754 no lograron un departamento cedido por Fernando VI en la Real Casa del Tesoro) arrancan tradiciones perpetuadas hasta hoy: los plenos de los jueves, el tratamiento de “excelentísima” o las votaciones secretas. En una de ellas se eligió el emblema: el crisol con la leyenda “Limpia, fija y da esplendor”. Un lema que no suscitó aplausos universales, aunque los críticos tal vez se replegaron al descubrir que rivalizó con una abeja volando sobre un campo de flores con la leyenda “Aprueba y reprueba”.

Benavente creía que el ingreso abría la puerta a la muerte y no a la inmortalidad

Lo que no se remonta a los orígenes son los discursos de ingreso. “Comienzan en el XIX, cuando se hace casi una refundación con el afán de acercarla a la sociedad. Hasta entonces los nuevos se incorporaban en una sesión normal. A partir de 1847 se le quiere dar mayor solemnidad y se organizan con un discurso público y uno de contestación”, señala Pedro Álvarez de Miranda, que dedicó el suyo en junio de 2011 a glosar los de otros.

Los hubo en verso (José Zorrilla y José García Nieto) y... no los hubo por voluntad del electo: Miguel de Unamuno o Antonio Machado (“fue elegido en 1921, hizo un intento para escribir el discurso pero no lo concluyó, es difícil imaginarlo embutido en un frac”). Ninguno llegó a la altura de Jacinto Benavente, cuya relación con la RAE frisó la patología. “Decía que el ingreso de la Academia , en lugar de proporcionar la inmortalidad, aceleraba la muerte. Se dirigió a la RAE para indicar que no quería ingresar. Finalmente lo hicieron académico honorario”, detalla Álvarez de Miranda. Un académico es para siempre. Así lo constató el actor Fernando Fernán Gómez, cuando ofreció sin éxito su sillón a Víctor García de la Concha después de que sus piernas hubieran “ganado la batalla” hasta impedirle acudir a las sesiones.

Guste o no a quienes gobiernen el sillón es vitalicio. Pero la institución ha penado por ello y no siempre ha logrado frenar las embestidas. La académica Carmen Iglesias, comisaria de la exposición La lengua y la palabra. 300 años de la RAE, que se inaugurará el 26 de septiembre, señala que “las verdaderas intervenciones del poder político se dieron en regímenes autoritarios o con dictadores”.

Ocurrió con Fernando VII, que ordenó expulsar a los afrancesados; con Miguel Primo de Rivera, que impuso académicos regionales y trató de vetar a Niceto Alcalá-Zamora, y con Franco, que en 1941 envió una lista con los que no deben estar. “La RAE tuvo la dignidad de resistir las presiones del régimen para cubrir las vacantes de los cinco académicos exiliados”, indica Álvarez de Miranda. La entereza de la institución se coronó con una histórica sesión, el 3 de mayo de 1976, cuando Salvador de Madariaga, uno de esos desterrados, leyó su discurso de ingreso cuarenta años después de su elección.

Donde la historia de la Academia desluce es en su relación con las mujeres. Las académicas han entrado con cuentagotas (nueve, la última electa es Aurora Egido) y solo a partir de 1978 con la poeta Carmen Conde. “Es el reflejo de un fenómeno general de la sociedad, donde la mujer se encuentra en una situación de discriminación”, esgrime Blecua. Los deslices más sonados se cometieron con Emilia Pardo-Bazán, que se postuló para entrar (lo propio de aquellos días del XIX) sin ningún éxito, y con María Moliner, que perdió la votación frente al filólogo Emilio Alarcos. “No me atrevo a decir que fue una injusticia pero fue una lástima que no se hubieran presentado por separado. Si no hubiera enfermado en sus últimos años creo que sus valedores la habrían convencido para presentarse otra vez”, aventura Álvarez de Miranda, que en descargo de la española recuerda que la primera académica francesa fue Marguerite Yourcenar en 1981.

Mirando atrás, la Academia puede considerar su misión cumplida. Lleva inventariando el español tres siglos. Incluso sorteó el riesgo de la fragmentación idiomática en un contexto tan delicado como el de la fragmentación política del XIX. Víctor García de la Concha recuerda que, tras los procesos de independencia, se dio “un intento de ruptura de la unidad de la lengua para definir el español de América frente al español de España”. Él defiende que uno de los mayores servicios de la RAE fue la habilidad para salvar aquella amenaza tendiendo la mano de igual a igual a las jóvenes naciones con el nombramiento de académicos correspondientes que luego fundaron sus respectivas instituciones, germen de la actual política panhispánica de la casa. “Hay que salvaguardar la lengua siempre como un espacio de diálogo”, proclama García de la Concha. Durante un tiempo las palabras fueron el único puente entre la vieja potencia y sus antiguas colonias.

Manuscritos, legados y cartas de amor

Bibliotecas donadas. La RAE ha recibido por herencia de algunos académicos colecciones de inmenso valor, como la de Antonio Rodríguez Moñino y María Brey, que incluye grabados, incunables y manuscritos. El otro gran legado bibliográfico que custodia la casa perteneció al poeta y director de la RAE, Dámaso Alonso, y la novelista Eulalia Galvarriato, con un riquísimo fondo de poesía y filología. La más reciente es la donada por José Luis Borau.
Manuscritos. Algunas de las joyas de la literatura en español se guardan en la RAE, como el Libro de Buen Amor, de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita; El Buscón de Quevedo; un manuscrito de Gonzalo de Berceo o el Don Juan, de José Zorrilla.
Epistolarios. Hay misivas de Juan Valera, Dámaso Alonso... La colección más picante es la de Benito Pérez Galdós y Emilia Pardo-Bazán. La RAE custodia 38 cartas rebosantes del ardor que debió consumir a la brillante pareja, publicadas recientemente en Miquiño mío (Turner).

LETRAS EN VUELO LIBRE




Los nuevos novelistas latinoamericanos convierten sus vidas en ficción
'Babelia' inicia una serie de diez entregas con ellos

RAQUEL GARZON en El País - España

Una creatividad libre de toda angustia de las influencias explica la diversidad y riqueza de los libros que surgen últimamente en América Latina. El auge del yo —ficcionalizado o no— que convierte la intimidad en literatura, una mirada no ideológica sobre la política, ritmos más propios del viaje iniciático que del exilio y variedad de historias pequeñas, fragmentarias —con tramas que van de la anécdota amorosa o familiar al policial o al humor, eludiendo la corrección política— dominan las tramas. Relatos que no se escriben contra nada, pero que tampoco aspiran a ser embajadores de un mapa ni a representar una identidad nacional o local, aunque a veces el pasado reciente resuene o el paisaje propio se imponga casi con la fuerza de un personaje, porque por fortuna —mal que le pese a la globalización— olemos a un lugar, sabemos a él.

Como en la vida, en la literatura hay capas, palimpsestos, y se escribe sobre lo ya escrito. Pero hoy nada urge y ese “vale todo” es la clave de lo nuevo. El boom latinoamericano —fenómeno que en los años sesenta y setenta del siglo pasado exportó universos complejos como los de Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes o Julio Cortázar— no es mandato a seguir ni fantasma que sacudirse de encima. Algo que sí sintieron necesario los autores nacidos en torno a 1960 y publicados en McOndo, la antología editada por los chilenos Alberto Fuguet y Sergio Gómez en 1996, que dinamitaron el realismo mágico y pusieron en página smog, centros comerciales y “latidos digitales”.

Si les dieran a elegir hoy, muchos jóvenes escritores latinoamericanos iniciarían en Roberto Bolaño —nacido en Chile, forjado en México, que escribió en Cataluña con la desesperación del que no tiene demasiado tiempo la mayoría de su obra y devenido autor de culto tras su temprana muerte en 2003— el linaje que los define. Algo de esto se insinuaba ya en Bogotá 39, el encuentro en la capital colombiana de 39 autores de 17 países del continente, menores de 39 años y con al menos una obra publicada, durante el Hay Festival 2007. A pesar de su juventud, algunos eran ya veteranos en las letras (el mexicano Jorge Volpi, la ecuatoriana Gabriela Alemán y el argentino Pedro Mairal, entre ellos). Muchos de esos nombres se reencuentran en este reportaje, pero han surgido nuevas voces, aunque la distribución deficiente de las obras siga siendo un obstáculo para saber qué se cuece hoy y con qué ingredientes en América Latina

Viajeros y cosmopolitas

“No hay producción en serie, no hay cables conductores maestros, cada quien busca por su lado, saca punta a su propio lápiz”, destaca de esta hora el nicaragüense Sergio Ramírez (Masatepe, 1942), para quien aún en los escritores muy jóvenes se verifica “el primero de los signos de la calidad literaria: la pasión por la búsqueda, no repetir a los de antes, experimentar con el lenguaje y con los temas, alejarse de lo tradicional”. Ex vicepresidente de su país y ganador del Premio Alfaguara de Novela por Margarita, está linda la mar, Ramírez señala “menos inserción ideológica, menos tendencias, menos escuela”. Con todo, la libertad no supone, a su juicio, ausencia de realidad política en las ficciones. Con una nota distintiva: se trata, afirma, “del pasado familiar escrito por los hijos y juzgado por ellos, como en El espíritu de mis padres viene subiendo con la lluvia, del argentino Patricio Pron” (Mondadori).

El caso de este autor rosarino, nacido en 1975 y afincado en Madrid es similar al del peruano Santiago Roncagliolo (Lima, 1975), autor entre otras de Óscar y las mujeres (Alfaguara): hijos de familias con ecos de militancia o exilio, que eligen su vida en un mapa distinto del de origen y escriben con las alforjas llenas de ambos mundos. De la misma generación y residente también en la Península desde 2005 es Sergio Galarza (Lima, 1976), que acaba de publicar JFK (Candaya), segundo libro de su trilogía madrileña. Forzada en generaciones anteriores por razones políticas, la residencia en el extranjero —estadía más que mudanza en ocasiones— es hoy casi una seña de identidad del oficio de escribir: no hay autor que por su trabajo en universidades, sus tareas como traductor o su deseo de contactar con centros editoriales, no dé cuenta de becas, seminarios o premios que le permitan salir del terruño. De allí que cuando hablamos de literatura latinoamericana debamos sincerar algunas ficciones que se escriben en Europa, en EE UU o más lejos (tal el caso de Andrés Felipe Solano (Colombia, 1977), autor de Los hermanos Cuervo, que vive actualmente en Corea).

El 'boom' de los sesenta, que redujo al estereotipo la identidad americana, ya no es mandato que seguir ni fantasma que combatir
Lo nuevo no siempre es tecno. “Mi impresión general es que con las nuevas tecnologías no aparecieron los nuevos géneros que solían prometerse; más bien se reformularon algunos de larga data: la vuelta al aforismo con Twitter y la reactivación del diario personal con el blog”, apunta Martín Kohan (Buenos Aires, 1967), premio Herralde de Novela 2007 y autor de la reciente Cuentas pendientes (Anagrama), donde la vida de Lucio Giménez, un jubilado que debe varios meses de alquiler que no piensa pagar al dueño de casa, le permite trabajar el punto de vista y explorar una cotidianidad en descomposición, sin renunciar a ciertas marcas históricas (un pasado de apropiador de hijos de desaparecidos, que no sería esencial, pero que Kohan elige como prehistoria significativa). El presente, subraya, no obliga a nada: “Sabemos que la literatura del boom, aun con lo que tuvo de valiosa, condujo a una reducción estereotipada de la identidad latinoamericana. Hoy podemos ser perfectamente indiferentes a esa clase de expectativas, es decir, no encajar en el modelo de lo que se espera de lo latinoamericano, pero sin la presión de activar parricidios y rupturas”.

¿Qué formas toma esa diversidad? Todas las imaginables. Aunque el paisaje es predominantemente urbano, hay excepciones. El desierto a bordo de una camioneta rumbo a Iquique, donde el protagonista se someterá a un tratamiento dental, es el que escoge Diego Zúñiga (Chile, 1987) para Camanchaca (Mondadori), su primera y contundente novela: la historia de un divorcio y de la vida de hijo y padres, después de ese cisma privado. Otra familia y otra carretera enmarcan Hablar solos, de Andrés Neuman (Alfaguara), que renueva por el abordaje que se da a la experiencia de la pérdida y las contradicciones de quien cuida a un enfermo. Selva Almada (Entre Ríos, 1975) escribe de la Argentina que mejor conoce: pueblos chicos donde llegan pastores evangélicos alterando la calma de la siesta; resentimientos rumiados por años, mientras el calor agobiante del litoral auspicia hervideros de sangre en forma de sexo o de ajustes de cuentas. Algunos hallan en su obra —las novelas El viento que arrasa y Ladrilleros, y los relatos de Una chica de provincia— parecidos con la de Juan José Saer, autor al que Almada —publicada por Mardulce— dice conocer poco, mientras sitúa deliberadamente sus relatos en contextos donde la tecnología no ha llegado (algún momento de los noventa, antes de que las computadoras estuvieran por todas partes).

FERNANDO VICENTE

El ambiente rural también es escenario de Los Malaquías (Edhasa), de la brasileña Andréa del Fuego (São Paulo, 1975), quien en su aclamada primera novela para adultos (ganó el Premio José Saramago 2011, pero tiene varios libros anteriores para niños) sigue las andanzas de Nico, Antônio y Júlia, tres huérfanos devenidos tales porque un rayo partió —literalmente— la vida de sus padres. La mirada infantil se reencuentra en otras ficciones: intenta entender un astillado universo familiar tras la muerte súbita de la hermana del protagonista en El amor nos destrozará (Tusquets), primera novela del argentino Diego Erlan (Tucumán, 1979) y permite rebobinar la historia reciente de Chile en Formas de volver a casa, de Alejandro Zambra (Santiago, 1975), que lo confirma como uno de esos autores cuyos libros esperamos.

Es una niña también, Lilith, la que fascina a José, que no es otro que el nazi Josef Mengele, cuyo presunto paso por Bariloche imagina Wakolda, de Lucía Puenzo (Buenos Aires, 1976), convertida en el filme homónimo aplaudido en el Festival de Cannes. Esta talentosa directora y narradora ejemplifica un rasgo de muchos jóvenes autores: su profunda vinculación con el cine. Una zona de encuentro de la que participan (la lista es incompleta, como todas) además de los mencionados Del Fuego y Roncagliolo, la escritora y actriz cubana Wendy Guerra (La Habana, 1970), autora, entre otros, de la varias veces premiada y traducida Todos se van (Bruguera), y también, Rodrigo Hasbún (Bolivia, 1981), guionista y autor de la inquietante El lugar del cuerpo (Alfaguara), que en poco más de cien páginas cuenta la historia de Elena, quien tras una infancia oscura coquetea con la muerte a lo largo de toda su juventud, en una trama en la cual escritura y sexo se conjugan inevitablemente.

Escribir para ser traducido

Las migraciones amplían el territorio de la lengua. Sergio Ramírez reconoce la “transgresión” de llamar la atención sobre los autores de origen latinoamericano que escriben en inglés y renuevan: “Es una nueva modalidad de nuestra literatura joven, producto de uno de los grandes fenómenos del tiempo presente, la emigración, la lengua que viaja y se asienta fuera, lo que me gusta llamar ‘la lengua mojada’: Daniel Alarcón, Junot Díaz, Francisco Goldman. La lista es muy larga; hay abundancia, buena abundancia”.

En la Academia se estudia ya hasta qué punto las creaciones de estos “l@tino writers” que provienen del Caribe hispano podrán influir o redibujar el mapa de esas literaturas nacionales. Tal es el caso de la investigación presentada en el seminario ALLICCO 2013, en París, por Rita de Maeseneer, de la Universidad de Amberes, centrada en las obras de dos autores dominicanos residentes en Nueva York: el multipremiado Junot Díaz (Santo Domingo, 1968), Pulitzer 2008 por La maravillosa vida breve de Óscar Wao, y la actriz y escritora Josefina Báez (1960), autora, entre otros, de los poemas que se transformaron en performance en Dominicanish. El trabajo (que será publicado por la revista Pasavento, junto con otras ponencias sobre los efectos de la globalización en formas y lenguajes de la literatura contemporánea en español), presta especial atención a cómo tratan estos autores de la diáspora dominicana la noción de hogar (home), que implica en ocasiones una idealización del lugar de origen frente a la visión negativa del sitio de llegada. Tanto Díaz como Báez cuestionan ese lugar común, dando testimonio de lo difícil que es ser ajeno, o no del todo propio, en ambos países. “Hogar es donde está el teatro”, escribe Báez en Dominicanish; “Ella era dominicana de aquí” (refiriéndose a Estados Unidos), afirma Yunior, álter ego de Díaz, en uno de los relatos del reciente Así es como la pierdes (Mondadori).

Pluricausal, esta riqueza tuvo socios indispensables. Las editoriales independientes “ampliaron las posibilidades de las búsquedas literarias, mientras los grandes grupos se enceguecían en la persecución del negocio rápido y seguro”, remarca Martín Kohan. Hay “autores de referencia”: al ya mencionado Roberto Bolaño, aventurero y cosmopolita, Kohan suma los nombres del argentino César Aira, que se ha ganado lugar de clásico y es una escuela de velocidad narrativa, y del uruguayo Mario Levrero, librero, guionista de cómics, creador de juegos de ingenio y autor casi secreto hasta hace muy poco. Hablamos, sin embargo, de las “huellas del impacto” de sus literaturas, “pero no en el grado de mandato estético que marcaría tendencias como se dice que se marcan en el mundo de la moda”, distingue.

La obra de Levrero (Montevideo, 1940-2004), que incluye cuentos y ensayos, cuestiona la idea de que lo renovador viene en envase joven. Reeditada por Mondadori, ya hay quienes le auguran tantos devotos como los del autor de 2666. La novela luminosa, su libro póstumo, se inicia con el registro de ciertas experiencias extraordinarias, bajo la forma de un diario escrito a partir de agosto de 2000, gracias a la tranquilidad económica que le brinda una beca. A lo largo de más de quinientas páginas se desmenuzan sueños, lecturas, imposibilidades, reflexiones sobre la ficción, el amor, el miedo a la muerte y otras obsesiones.

La gran apertura y variedad que registra la literatura escrita en español se da también en portugués, confirma el brasileño Silviano Santiago (Formiga, 1936). “El boom actual no es de libros, es de autores”, define el ganador de la última edición del Premio Machado de Assis, otorgado por la Academia Brasilera de Letras al conjunto de su obra. “Cada uno usa los géneros literarios y el lenguaje a discreción”, aunque siempre bajo el mandato de lograr “un texto apto para el consumo general”. Esto explica por qué “la escritura tradicional supera la vanguardista”. “El modelo no es Ulises sino El gran Gatsby”, grafica el autor de Stella Manhattan (Corregidor). “A partir de la década de 1930 los autores populares escribían con un ojo en la adaptación cinematográfica, ahora escriben con un ojo en la traducción”.

"Las nuevas tecnologías no trajeron nuevos géneros. Twiter reactivó el aforismo; los blogs, el diario personal", dice Kohan
En cuanto a los temas, Santiago afirma que el cosmopolitismo tiene en Brasil quienes le escriban y menciona la colección Amores Expressos, editada por Companhia Das Letras, de la que participan Daniel Galera, Bernardo Carvalho y Sergio Sant’Anna, entre otros. Sin embargo, a su juicio, “el rasgo saliente de la literatura brasileña está en la fragmentación del espacio sociopolítico nacional”. Así, si la visión de Brasil como un todo íntegro era “indispensable al momento de la lucha contra la dictadura militar y cimiento abstracto de la consagración de la novela de Clarice Lispector en los noventa”, a partir de 2000, la literatura da un salto hacia lo local y retoma temas políticos regionales. En este milenio, afirma Santiago, “a la línea política de fondo agrario típica del nordeste, se le opone otra línea, también altamente politizada, de novela urbana (Río de Janeiro y São Paulo), preocupada por la condición social y el destino de los villeros y marginales, frente a una policía corrupta”.

Escritores o aspirantes a serlo protagonizan muchas ficciones latinoamericanas del siglo XXI (tema que recorta, entre otros, los significativos Mis dos mundos, de Sergio Chejfec; En la pausa, de Diego Meret; los relatos de Punto de fuga, del peruano Jeremías Gamboa; Las teorías salvajes, de Pola Oloixarac; Phoenix, de Eduardo Muslip, y el reciente y conmovedor Mi libro enterrado, de Mauro Libertella). El uso de la primera persona y la identificación entre narrador y protagonista son frecuentes y hasta típicos de la literatura escrita en este tiempo. Certifican lo que la ensayista Beatriz Sarlo llama “el giro subjetivo de la cultura” en el insoslayable Ficciones argentinas (Mardulce), donde reúne 33 ensayos sobre libros publicados entre 2007 y 2012, de autores pertenecientes a generaciones y estéticas diversas.

Pero la tendencia trasciende el Río de la Plata, como prueban El cuerpo en que nací (Anagrama), de Guadalupe Nettel (México, 1973), que retoma recuerdos de infancia y la incidencia de un defecto de nacimiento en un ojo, para releer la propia vida. O la impactante y premiada Canción de tumba (Mondadori), de su compatriota Julián Herbert (1971), textos ambos nacidos de una invitación de la revista Letras Libres a jóvenes autores, para escribir sus memorias precoces. En la suya, ya convertida en novela, Herbert cuenta la compleja relación del narrador con su madre, prostituta y moribunda, mordida por la leucemia, que lo obliga también a revisar la realidad de un país asolado por la violencia y la corrupción en un vértigo con ritmo de web.

Ficciones reales

El pasaje de la cultura de la biblioteca a la cultura digital es el contexto de lo que Josefina Ludmer, profesora emérita de la Universidad de Yale, llama “literaturas posautónomas”, escrituras cuyos textos ya no se pueden leer autónomamente sino en relación directa con el ahora. En Aquí América Latina. Una especulación (Eterna Cadencia, 2010), la crítica argentina analiza estas narrativas propias de los años 2000: relatos que toman la forma del testimonio, la autobiografía y el reportaje periodístico salen de la realidad y entran a “lo cotidiano” (ya no la realidad tangible sino la que construyen Internet y los medios, que no necesita ser representada porque es pura representación). Así, define Ludmer, estas literaturas “fabrican presente con la realidad cotidiana”. Una tendencia que las editoriales receptan bajo el paraguas extragrande de la crónica, otorgando más espacio en sus catálogos a las escrituras híbridas. Ejemplo de ello es la colección Ficciones Reales, que promociona en Sudamérica el sello Marea.

Esta libertad elude moldes y corrección política. En las novelas de Yuri Herrera (México, 1970), autor entre otros de La transmigración de los cuerpos (Periférica), valen tanto los narcocorridos —subgénero musical que aborda el mundo del narcotráfico— como el uso de arquetipos, para metaforizar una realidad violenta, donde migrantes y mujeres la pasan peor que otros. El policial, que Herrera ronda, marca también al brasileño Altair Martins (Porto Alegre, 1975) en su primera y premiada novela La pared en la oscuridad (Adriana Hidalgo), que se inicia cuando un profesor de matemáticas mata en un accidente de tráfico a un hombre y huye. Los topos (Mondadori), primera novela de Féliz Bruzzone (Buenos Aires, 1976), reafirma la opción del autor de 76 (relatos) de desmarcarse del discurso de las víctimas del terrorismo de Estado (los padres del escritor son desaparecidos de la dictadura). A partir de un narrador que deja a su mujer y se enamora de un travesti que proyecta matar policías, Bruzzone convierte en literatura una pregunta hasta hace poco prohibida: ¿qué sucedería si algún hijo de desaparecidos pensara en hacer justicia por mano propia? Búsqueda y predestinación, con mucho de parodia y disparate, acompañan la metamorfosis pasional y física del protagonista.

Ásperos a veces, desgarradores, otras, imaginación furibunda o sobredosis de verdad, estos libros deparan esa atracción hipnótica, capaz de mantenernos en vela y en vilo cuando se apagan las demás luces de la casa.

Cómo mentir con la verdad

El auge de la escritura testimonial y la voluntad de lograr el efecto de lo verdadero define buena parte de la literatura del siglo XXI. Profesora emérita de la Universidad de Nueva York y autora de Acto de presencia, un ensayo sobre la autobiografía de los siglos XIX y XX en Hispanoamérica, Sylvia Molloy destaca lo “sintomático” del rótulo relativamente reciente de “escrituras del yo”, que ha ido reemplazando la noción de escritura autobiográfica, “algo desgastada y no demasiado favorecida” en América Latina.
¿Cómo se relaciona esto con la creciente importancia del escritor como personaje mediático, que ya no solo presenta sus libros sino que mantiene cuentas en redes sociales y participa de programas radiales y televisivos? “No creo que haya mucha diferencia en la construcción de aquella primera persona autobiográfica, aquel ‘yo’ que estudié en Acto de presencia, y el ‘yo’ del escritor como personaje mediático”, señala Molloy. “En los dos hay trabajo de pose y deliberada construcción: se busca persuadir de que ese es el yo del autor”. Si hay alguna diferencia, señala la autora de En breve cárcel, estaría en la recepción: “En el yo autobiográfico se parte de un texto que el lector lee, descifra, recompone en su lectura, sin necesariamente haber visto al autor. Es un proceso. En el caso del escritor como personaje mediático se trata de una performance contemporánea del espectador, no se necesita texto, o mejor dicho el autor, en su exhibición —en su performance— es, él mismo, texto. Al escritor se lo busca, se lo admira, se lo escucha (pienso en innúmeras ferias del libro) sin que sea necesario leer lo que ha escrito”.
Hay ejemplos con diversos grados de ficcionalización. Uno de los más recientes es Un comunista en calzoncillos, de Claudia Piñeiro (Buenos Aires, 1960), cuya portada es una foto de infancia de la autora junto a su padre. Novela autobiográfica confesa, la escritora aclara que miente lo suficiente como para que valga la pena leerla. También recrean la historia familiar y el clima político de sus países los estupendos El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince (Colombia, 1958) y Missing. Una investigación, de Alberto Fuguet (Chile, 1964). Otros narran desde la sinécdoque, prefiriendo la diagonal para interpretar lo macro. Un caso es la trilogía de Alan Pauls (Buenos Aires, 1959) sobre la militancia argentina de los setenta, que culmina el reciente Historia del dinero. Obras que su autor ha calificado de “testimoniales” porque los elementos escogidos —el llanto, el pelo, el dinero— tienen resonancias personales que le permitieron cruzar intimidad, política y extrañeza en las novelas.

R. Garzón

LA PERVERSIÓN DEL LENGUAJE







Los políticos manipulan las palabras para anular lo que no les gusta
ÁNGEL RUPÉREZ 3 AGO 2013 - El País - España

Cuando en los intercambios lingüísticos se usan palabras cuyo significado no se corresponde en absoluto con las personas o hechos que pretenden señalar esas palabras, y eso se hace para degradar y denigrar a estos últimos (personas y hechos), se está pervirtiendo el lenguaje y forzándole a ser un medio para la mentira, no para la verdad. No hablo de las manipulaciones creativas propias de la literatura, donde las excepciones transgresoras son moneda corriente, sino de las deformaciones interesadas propias de las relaciones que, en general, podríamos llamar políticas. Sorprende ver que los políticos a los que les gusta llamarse demócratas pueden caer en la tentación de esa clase de prácticas, si ven que los hechos molestos se convierten en aldabonazos que los señalan directamente como responsables de los mismos, en alguna medida al menos.

Una perla de ese lenguaje deformador es la que protagonizó hace algún tiempo no lejano Javier Arenas, al afirmar que “una minoría extremista nunca podrá con la mayoría moderada”. El añejo político del PP convirtió en sus declaraciones a los ciudadanos que protestan contra los desahucios en una “minoría extremista”, y la opuso a “una mayoría moderada”. Usó el adjetivo extremista sin duda con la intención de sugerir que sus prácticas eran violentas y ajenas a la racionalidad democrática. Sin embargo, la protesta, en el caso al que me refiero, nunca ha sido violenta, ni siquiera en el caso más discutible de todos, como ha sido el de los llamados escraches. ¿Qué norma del pacto democrático han vulnerado esos extremistas, si en ningún caso ninguna denuncia —¡ni de la Fiscalía General del Estado!— los ha podido incriminar ante la justicia ordinaria?

¿Qué términos necesitaremos para los verdaderos terroristas, los que matan sin piedad?

Algunos de esos políticos en activo —Cospedal, González Pons— han llegado a llamar terroristas o nazis a estos ciudadanos rebeldes. En ese caso la perversión lingüística (y ética) es absoluta, puesto que la distancia entre esas palabras y la conducta de los aludidos con ellas es total, de forma tal que la distorsión ha transgredido todas las exigencias en el uso fiable del lenguaje. Si llamamos terroristas a estas personas inofensivas, que solo protestan por una injusticia clamorosa, ¿qué palabras necesitaremos para los verdaderos terroristas, los que matan sin piedad porque sí? En cuanto al uso de la palabra nazi en estos casos, la alarma en el uso falaz del lenguaje sobrepasa cualquier límite ético pues ¿saben realmente estos irresponsables quiénes fueron de verdad los nazis? Para alguien como yo, que acaba de volver de Berlín, donde las huellas en esa ciudad del horror nazi son todavía bien visibles en exposiciones y museos, escandaliza la banalización de esta palabra por parte de estos políticos palabreros y ciertamente demagogos.

Otra perla de esa conversión de la protesta inocua en un acto de extrema radicalidad se pudo ver hace algún tiempo no lejano en el centro de Madrid (yo lo vi con mis propios ojos, Alonso Martínez, mi barrio de toda la vida). Un pequeño grupo de personas —no llegaban a 100— protestaban por los desahucios de la manera más pacífica imaginable. Una señora, víctima de semejante atropello, relataba su caso; los demás escuchaban. Al terminar, corearon consignas contra esa perversa práctica bancaria, denunciada hasta por los tribunales de Bruselas. Lo impresionante fue observar el despliegue policial, en sí mismo un signo de un lenguaje distorsionador (pervertidor) que quería decirnos: son extremistas, violentos y en cualquier momento pueden hasta incendiar la sede cercana del PP. Eso decía la paranoia policial —y las abusivas tanquetas que la delataban—, pero la realidad, vista por mis propios ojos, decía otra cosa muy distinta: solo son un pequeño grupo de personas, más bien impotentes, que protestan desesperadamente contra la horrenda miseria en que ha sumido a algunos la práctica bancaria de los desahucios.

Por tanto, tanto el lenguaje verbal como el simbólico buscan pervertir los hechos y las personas convirtiéndolas en lo que no son y de ese modo neutralizar el contenido de sus protestas. Es una vieja práctica del poder, pero más propia de los regímenes autoritarios que de los democráticos. Sin embargo, más allá de esas maniobras —que con toda seguridad harán mella en algunos— lo que es seguro para muchos es que el impulso ético y social que ha animado a los que protestan está justificado, y que es a ese impulso al que, sin matices, pretende criminalizar el lenguaje —verbal o simbólico— que denuncio. Pero, bien mirado, ¿qué es más extremista? ¿La miseria de las pobres víctimas de los desahucios y la voz ética de los que la denuncian, o la de los manipuladores interesados de las palabras, que no buscan otra cosa que hacer valer su poder —político, mediático— para deformar hechos y personas, con el fin de anular la última verdad —el intolerable sufrimiento de los más débiles— que esos hechos y personas representan?

Ángel Rupérez es escritor.

"SPANISH IN COLOMBIA"

Colombia busca ser la "respuesta" para aprender el "mejor" español del mundo
El acento particular, los matices propios y las palabras únicas han hecho del idioma español hablado en Colombia "el mejor" del mundo, punto que centra una nueva estrategia para atraer a estudiantes extranjeros que quieran aprender esa lengua en el país andino.


"Spanish in colombia", una iniciativa que será presentada al mundo el 8 y 9 de agosto, está dirigida inicialmente a estudiantes entre 18 y 40 años de Brasil, Jamaica y la costa este de EE.UU., con el lema "Para aprender el mejor español del mundo, ¡la respuesta es Colombia!".

Bajo la coordinación del Instituto Caro y Cuervo (ICC), la Marca País y los Ministerios de Relaciones Exteriores, Educación y Cultura, y otras entidades gubernamentales, se puso en marcha esta semana el portal www.spanishincolombia.gov.co, donde se explican los requisitos para quienes estén interesados en estudiar en Colombia.

"Veinticuatro horas después de lanzar la plataforma hemos tenido 4.000 visitas, es decir, 30 por minuto. La idea es atraer 200.000 personas en los próximos tres meses", explicó a Efe el director del ICC, José Luis Acosta.

"El español de Colombia ha sido destacado en el mundo por sus matices y sus palabras. Además, tenemos un país que sobresale por su diversidad cultural, su gastronomía y su agenda cultural, lo que hace atractivo venir a estudiar aquí", destacó Acosta, quien también recordó a los destacados escritores colombianos.

Colombia sobresale por ser la cuna del Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, además de tener a importantes gramáticos, literatos y escritores de trayectoria internacional como Álvaro Mutis, ganador del Premio Cervantes y el Premio Internacional Neustadt de Literatura, entre otros.

En el marco del tercer Encuentro Internacional y cuarto Nacional de Español como Lengua Extranjera, que se celebrarán en el departamento de Antioquia (noroeste) durante el 8 y el 9 de agosto, se presentará al resto del mundo la iniciativa.

Para el año 2014, se buscará "duplicar el número de estudiantes de español en Colombia, quienes actualmente no son más de 1.800. Si no hemos logramos esa meta, la estrategia habrá fallado", añadió Acosta.

Sin embargo, el director del ICC destacó que en septiembre próximo 60 estudiantes provenientes de Filipinas, Indonesia y Malasia llegarán a Bogotá subsidiados por Spanish in Colombia "como método para ingresar a ese mercado potencial".

Acosta señaló que en una segunda etapa los esfuerzos se centrarán en los ciudadanos de Europa y el Sudeste Asiático.

"Hacia el futuro, y como meta a largo plazo, esperamos ofrecer planes completos que le permitan a los estudiantes extranjeros interesados cursar diferentes niveles en diversas zonas de Colombia", concluyo el director del instituto.

En la web de "Spanish in colombia" se encuentra información acerca de las 23 Instituciones de Educación Superior (IES) colombianas reconocidas por la enseñanza del español, en ciudades como Bogotá, Barranquilla, Bucaramanga, Cali, Cartagena, Manizales y Medellín.

Según los datos facilitados por Marca País, Colombia alberga el 50 % de las 40 IES avaladas por el Sistema Internacional de Certificación de Español como Lengua Extranjera (Sicele), que reconoce a 77 en Hispanoamérica.

La Organización de la ONU para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) estima que un total de 18 millones de personas aprenden español como segunda lengua, idioma que en 2050 será el segundo más hablado después del mandarín.

América Latina concentra el 90 % de los hablantes de español como lengua materna y el 10 % restante, contrario a lo que se podría imaginar inicialmente, se concentra cada vez más en Estados Unidos, y no en España, según la Unesco.

Actualmente, más de 495 millones de personas son hablantes de español, y la mayoría de ellos tiene al idioma de Castilla como su lengua materna.

Meia, Meia ou Meia?


O português praticado no Brasil ...

*Na recepção de um salão de convenções, em Fortaleza*

- Por favor, gostaria de fazer minha inscrição para o Congresso.
- Pelo seu sotaque vejo que o senhor não é brasileiro. O senhor é de onde?
- Sou de Maputo, Moçambique.
- Da África, né?
- Sim, sim, da África.
- Aqui está cheio de africanos, vindos de toda parte do mundo. O mundo
está cheio de africanos.
- É verdade. Mas se pensar bem, veremos que todos somos africanos,
pois a África é o berço antropológico da humanidade...
- Pronto, tem uma palestra agora na sala meia oito.
- Desculpe, qual sala?
- Meia oito.
- Podes escrever?
- Não sabe o que é meia oito? Sessenta e oito, assim, veja: 68.
- Ah, entendi, "meia" é "seis".
- Isso mesmo, meia é seis. Mas não vá embora, só mais uma informação:
A organização do Congresso está cobrando uma pequena taxa para quem
quiser ficar com o material: DVD, apostilas, etc., gostaria de
encomendar?
- Quanto tenho que pagar?
- Dez reais. Mas estrangeiros e estudantes pagam "meia".
- Hmmm! que bom . Ai está: "seis" reais.
- Não, o senhor paga meia. Só cinco, entende?
- Pago meia? Só cinco? Então "meia" é "cinco"?
- Isso, meia é cinco.
- Tá bom , "meia" é "cinco".
- Cuidado para não se atrasar, a palestra começa às nove e meia.
- Então já começou há quinze minutos, são nove e vinte.
- Não, ainda faltam dez minutos. Como falei, só começa às nove e meia.
- Pensei que fosse as 9:05, pois "meia" não é "cinco"? Você pode
escrever aqui a hora que começa?
- Nove e meia, assim, veja: 9:30
- Ah, entendi, "meia" é "trinta".
- Isso, mesmo, nove e trinta. Mais uma coisa senhor, tenho aqui um
folder de um hotel que está fazendo um preço especial para os
congressistas, o senhor já está hospedado?
- Sim, já estou na casa de um amigo.
- Em que bairro?
- No Trinta Bocas.
- Trinta bocas? Não existe esse bairro em Fortaleza, não seria no Seis Bocas?
- Isso mesmo, no bairro "Meia" Boca.
- Não é meia boca, é um bairro nobre.
- Então deve ser "cinco" bocas.
- Não, Seis Bocas, entende, Seis Bocas. Chamam assim porque há um
encontro de seis ruas, por isso seis bocas. Entendeu?

- E há quem possa entender ?
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