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domingo, 4 de agosto de 2013

CÓDICE FLORENTINO



Alistan traducción íntegra al español del Códice Florentino

Víctor García Esquivel en Crónica - México



El historiador Miguel León-Portilla anunció que se trabaja en la traducción al español del Códice Florentino, recopilado por fray Bernardino de Sahagún, “porque es una verdadera vergüenza que no hubiese esta transcripción en nuestro idioma y en inglés sí exista”. El texto prehispánico consta de dos columnas: una en náhuatl y otra en español y sólo hay traducción parcial sobre la lengua precolombina.

Al dictar su conferencia “Tlatelolco: escenario de realizaciones culturales” en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco, el investigador emérito de la UNAM indicó que en el Instituto de Investigaciones Históricas (IIH) se lleva a cabo el seminario Paleografía y traducción del Códice Florentino para tener en español este texto náhuatl.

El IIH, en su página web, señala que el Códice Florentino “ha sido una fuente de primera importancia para conocer el pasado indígena del centro de México. “Hasta hoy hemos carecido de una transcripción íntegra al español de la columna náhuatl de este texto original, con excepción de algunos pasajes”.

Precisa que el texto está escrito a dos columnas: una en náhuatl y otra en español, y ordenado en doce libros. “La finalidad de la traducción es ofrecer a los estudiosos la primera versión en español de la columna náhuatl del manuscrito y para esto se creó el seminario Paleografía y traducción del Códice Florentino.

Explica que a la fecha se han realizado tres coloquios internacionales sobre los avances de la traducción. Miguel León- Portilla es el director general del seminario y los coordinadores son Pilar Máynez Vidal y José Rubén Romero Galván, quienes trabajan con investigadores de la FES Acatlán, de los institutos de Investigaciones Filológicas, Antropológicas, el Centro de Estudios Humanísticos fray Bernardino de Sahagún, la Universidad de Bolonia y el CNRS, estas últimas instituciones de Francia.

CONFERENCIA. Al abrir el ciclo de conferencias Tlatelolco en el siglo XVI: lugar de historias y saberes, el autor de La visión de los vencidos (1959) explicó cómo fueron recopilados los códices de los frailes franciscanos, en especial de Fray Bernardino de Sahagún, donde se plasman los conocimientos del pueblo tlatelolca.

Pero también, explicó, es un sitio que de alguna manera estableció las bases de lo que hoy es la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), una institución que heredó las bases del Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, agregó.

Este colegio, añadió, se podría ver como la primera universidad de la Nueva España. “Los avances que se consiguieron en este colegio son muchos, incluso los nobles indígenas, descendientes de Moctezuma, eran educados al estilo europeo y capaces de hablar el latín de una manera tan elegante y fluida como el mismo náhuatl”, precisó.

Por otro lado, Miguel León-Portilla dijo que fray Bernardino de Sahagún fue el primer antropólogo en México, quien desarrolló su método de investigación.

Con estas documentaciones, Sahagún organizó la vida de los indígenas en 12 libros en los que plasmó la vida política, religiosa, de educación, de sus calendarios, de sus profecías, la astronomía, hasta la conquista. Para León-Portilla “Sahagún tiene el mérito gigantesco de que podemos seguir, paso por paso, cómo fue investigando”.

También habló sobre fray Andrés de Olmos, de quien dijo fue enviado a conocer los ritos y tradiciones indígenas, “porque como en el caso de los griegos y romanos, si hay idolatrías deben desecharse y si hay algo bueno debe conservarse”, puntualizó el historiador, quien contó cómo el investigador fue a conocer los consejos de los padres a sus hijos, la justicia impartida por jueces y las oraciones a los dioses.

LINGÜÍSTICA

Coloquio reunirá a directivos de diez academias de la lengua
VÍCTOR HURTADO OVIEDO en La Nación - Costa Rica.

Un encuentro destinado a todo el público. Nueve directivos invitados disertarán en Costa Rica.

¿Por qué el corrector de las computadoras no avisa de un error si escribimos ‘intensión’ cuando deseamos escribir ‘intención’? Porque no hay error: las dos palabras existen, aunque con significados distintos. Ambas son “correctas”; es decir, útiles para denotar ideas diferentes (‘intensión’ es un sinónimo poco usual de ‘intensidad’). ¿Para formular precisiones como estas sirven las academias de la lengua? Sí, y para otras cosas, aunque para algunas no sirven.


“Las academias no sirven para decir a la gente cómo debe hablar”, afirma José Luis Vega, director de la Academia Puertorriqueña de la Lengua”. Que los académicos del idioma indiquen para qué no sirven sus entidades es como si el Gobierno se hubiese pasado a la oposición.

A los miembros de esas instituciones no los anima el afán de controlar el habla ajena, sino el interés en recomendar usos que permitan la comunicación entre personas de diversas clases y de distintos países.

El idioma cambia; las academias también.

Es bueno recordar esa actualización cuando está por realizarse el Coloquio Internacional “Las academias de la lengua española y su proyección en la sociedad”. Al coloquio asistirán los directivos de diez academias; se realizará como parte de las actividades conmemorativas del nonagésimo aniversario de la Academia Costarricense de la Lengua (ACL).

Hablemos con algunos de los invitados sobre para qué sirven sus corporaciones y sobre sus difíciles condiciones de labor.

El mismo sentido aperturista del director puertorriqueño comparte el chileno, Alfredo Matus Olivier: “Las academias no sirven para condenar, censurar, estigmatizar, prohibir, discriminar, dominar. No son los verbos que conjugan”.

“Las Academias no son ‘policías de la lengua’; más bien, se semejan a los notarios pues dan fe de lo que ocurre”, agrega el director peruano, Marco Martos Carrera.

“Las academias no sirven para poner un cinturón de castidad (o de casticidad) al idioma”, sostiene Daniel R. Fernández, miembro de la directiva de la Academia Norteamericana de la Lengua.

¿Para qué sí? Entonces, ¿para qué sirven las academias? Mario Antonio Sandoval Samayoa, director de la Academia Guatemalteca, opina:

“La academias señalan la corrección lingüística, lo que no significa necesariamente el estancamiento lingüístico. Las academias deben cuidar esos cambios para que sean avances”.

El caso de la Academia Norteamericana es singular, precisa Daniel Fernández:

Francisco Javier Pérez, director de la Academia Venezolana de la Lengua, es autor de libros sobre el habla de su país, teoría de diccionarios y etnografía lexicográfica. ampliar
“En los Estados Unidos, el español y los hispanohablantes están en desventaja frente al inglés y a los angloparlantes. Nuestro deber es apoyar a quienes deseen cultivar nuestra más clara seña de identidad en un país donde el modelo siempre ha sido la asimilación dentro de un crisol que todo lo anula”.

Algunos objetores de las academias postulan que estas son inútiles porque “el pueblo hace el idioma”. ¿Es así? Sandoval responde: “El pueblo hace el idioma, y así ha sido siempre. Lo que antes era considerado incorrecto o vulgar, hoy es común y comienza a ser correcto”.

A su vez, el director de la Real Academia Española, José Manuel Blecua, afirma: “Las lenguas pertenecen a los ciudadanos, que las utilizan y las cambian según sus necesidades para mantenerlas vivas”.

Alfredo Matus resume: “El pueblo es el que hace el idioma, pero el pueblo somos todos”.
José Luis Vega coincide: “Todos, sin excepción, hacemos, deshacemos y rehacemos el idioma”.
Marco Martos agrega: “El ‘pueblo’ es una abstracción: los hablantes hacemos el idioma, y solo a veces sabemos cómo empieza a existir una palabra”.

Por su parte, Daniel Fernández precisa ideas: “En este caso no existe la democracia perfecta pues no todas las voces tienen el mismo peso. La influencia del ciudadano medio desgraciadamente no logra el mismo alcance que la de los mercadotécnicos y los publicistas, y de los comunicadores y los artistas famosos. Las academias pueden ayudar a encontrar un equilibrio para que todas las voces sean escuchadas”.

Gente correcta. Todos hacemos el idioma, pero ¿hay un idioma español correcto? “No exactamente. La corrección lingüística es una utopía. Hay muchos idiomas españoles correctos: tantas patrias de corrección lingüística (o de incorrección) como existan necesidades y empeños por dominar (o no) la lengua”, opina el director venezolano.

José Manuel Blecua añade: “No existe un español más ‘correcto’ que otro; no hay un modelo único. Nuestra lengua común, con todas sus variantes y con todos sus acentos, es un gran patrimonio que debemos preservar por encima de localismos limitadores”.

Por su parte, el director chileno coincide con señalar la variedad: “El ‘español correcto’ corresponde al uso prestigioso de la gente educada. El español actual es policéntrico: no hay un eje único que monopolice el ‘español correcto’”.

Para Daniel R. Fernández, “un idioma es correcto sólo si está libre de todo aquello que dificulta la comunicación entre los hablantes de cierta comunidad, y para que exista tal comunidad debe haber normas que rijan la comunicación: no las inventan las academias”.

Marco Martos Carrera dirige la Academia Peruana de la Lengua. Es un reconocido poeta y catedrático de literatura. Su más reciente libro de ensayos es En las fronteras de la poesía (Lápix, Editores).

Marco Martos Carrera dirige la Academia Peruana de la Lengua. Es un reconocido poeta y catedrático de literatura. Su más reciente libro de ensayos es En las fronteras de la poesía (Lápix, Editores). ampliar
Proyectos faltos de ayuda. Para algunos hablantes, “las academias hacen poco”. En cierta forma es verdad, pero esto se debe a que muchos proyectos académicos languidecen como buenos deseos por ausencia de ayuda económica.

“Carecemos de un presupuesto suficiente. Ahora nos dan 70.000 quetzales al año: un poco más de 10.000 dólares. Cuando se decidió aquella cifra, equivalía a casi un millón de dólares”, revela el director de la Academia de Guatemala.

“Las academias necesitan más respaldo de sus gobiernos. Tenemos ciertos apoyos privados, pero escasos, y hacemos actividades que nos dan algunos fondos; al final, todo es poco para las tareas pendientes”, detalla Marco Martos, de la Academia Peruana.

El director venezolano, Francisco Javier Pérez, resalta la necesidad de que dentro de las academias prive el apoyo mutuo: “Hace falta una mayor voluntad grupal para alcanzar metas comunes, muy por encima de las naturales diferencias: menos egoísmo y más compromiso; menos soberbia y más voluntad de trabajo”.

El director puertorriqueño añade: “El Estado tiene la obligación de aportar fondos a las instituciones culturales, pero no queremos que todos nuestros recursos provengan de esa sola fuente. Mediante actividades propias, nuestra academia paga más de la mitad de sus gastos, pero aun así no es suficiente”.

El caso de la corporación norteamericana es similar. “Nuestra academia necesita recursos materiales pues no recibe ninguna ayuda de parte del Gobierno. Nuestra influencia no es desestimable, pero nuestro alcance sería mayor si contáramos con los medios adecuados”, concluye Daniel Fernández.

A fin de cuentas, estas no cuadran. Las academias de la lengua podrían estar más presentes si contasen con mayores apoyos. Recordemos que todos sus miembros trabajan ad honorem (por el honor) y con la mejor intención, con ‘c’.

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Programa del coloquio:
El público puede asistir a todas las actividades del Coloquio Internacional “Las academias de la lengua española y su proyección en la sociedad”.

-Miércoles 7 de agosto. Teatro Nacional. Inauguración: 9 a. m. Discurso del director de la Real Academia Española, José Manuel Blecua: 10:30-11:30 a. m.

Local de la ACL (Av. Central, frente a la Librería Lehmann). Primera mesa. Participantes: Marco Martos (Perú) y Daniel Fernández (Estados Unidos). 3 p. m.-4 p. m.

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-Jueves 8 de agosto, todo en el auditorio de Ciencias Económicas de la UCR.

Segunda mesa. Participantes: Jaime Labastida (México) y Alfredo Matus (Chile). 9:30 a. m.-10:30 a. m.
Tercera mesa. Participantes: Pedro Barcia (Argentina) y José Luis Vega (Puerto Rico). 11 a. m.-12 m.
Cuarta mesa. Participantes: Francisco Javier Pérez (Venezuela), Mario Antonio Sandoval (Guatemala) y Víctor Sánchez Corrales (Costa Rica). 3 p. m.-5:30 p. m.
Clausura.


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Algunas de las ponencias:

Argentina: “La Academia Argentina de Letras en los medios tradicionales y en los nuevos medios electrónicos”.

Costa Rica: “Aportes a la educación lingüística costarricense”.

Estados Unidos: “Los desafíos de la Academia en los Estados Unidos”.

México: “El español como lengua de conocimiento”.

Venezuela: “Consideraciones sobre la proyección de las academias y su situación venezolana”.

LITERATURA







RICARDO PIGLIA HABLA DE EL CAMINO DE IDA, SU NUEVA NOVELA

“La literatura nos permite discutir cuestiones políticas”

Después de quince años de enseñar en Princeton, el autor de Respiración artificial está definitivamente en Buenos Aires. Y regresa a la ficción con una novela muy argentina, aunque transcurra en Estados Unidos. Uno de los personajes está inspirado en el famoso Unabomber.
Por Silvina Friera en Página 12 - Buenos Aires

La decisión de cambiar de un modo radical es el gran tema de la vida y de la literatura. “¿No es notable que una serie de acontecimientos y el carácter de un individuo concreto se puedan describir transcribiendo el fragmento de una obra literaria? –se pregunta Emilio Renzi en El camino de Ida (Anagrama), cuando conecta parte de los cabos sueltos de un enigma político–. No era la realidad la que permitía comprender una novela, era la novela la que daba a entender una realidad que durante años había sido incomprensible.” Sí, es notable, asentirán los lectores de esta nueva maravilla de Ricardo Piglia. Y en más de un sentido. Una frase, una idea, un pensamiento pueden asumir la forma de un dardo semántico que atraviesa a un puñado de generaciones. “El problema perpetuo es cómo ligar el pensamiento a la acción”, le dice Thomas Munk, brillante ex alumno de Harvard y ex profesor de matemáticas en Berkeley –inspirado en el famoso Unabomber– a un Renzi fascinado, como muchos, con esa especie de “héroe norteamericano”, un individuo educado y de gran relieve académico que puso en jaque al FBI con sus cartas bomba.

Después de quince años de enseñar en Princeton, Piglia está de vuelta definitivamente en Buenos Aires. Y regresa a la ficción con una novela muy argentina. Aunque transcurra en Estados Unidos. Luego de la separación de su segunda mujer, Renzi se instala en Nueva Yersey para impartir un seminario en una prestigiosa universidad sobre los años argentinos de W. H. Hudson, invitado por Ida Brown, una intelectual de la academia norteamericana de armas tomar. De esas que pasan a la acción en el plano sentimental y político. Varias bombas estallarán en el camino: la del romance clandestino con Ida y su trágica e inesperada muerte. Y la conexión con Thomas Munk, el autor de una serie de atentados contra la matemática y las ciencias. “Bienvenido al cementerio donde vienen a morir los escritores”, lo recibe Ida a Renzi en uno de esos campus pacíficos y elegantes, “pensados para dejar afuera la experiencia y las pasiones”. Aunque por debajo corran “olas de cólera subterráneas, la terrible violencia de los hombres educados”. El escritor subraya en la entrevista con Página/12 que el mundo académico norteamericano está pensado como un lugar donde es necesario mantener aparte la experiencia. “Este pensamiento, en el campo de las ciencias sociales y la literatura, es muy peligroso porque es al revés: el pensamiento funciona si estás ligado al mundo que estás estudiando.”

–Ida postula que pelear y pensar son dos verbos que van juntos. Pero en el mundo académico, pelear estaría más bien anulado, en tanto corresponde al campo de la experiencia...

–Hay mucha pelea por la carrera, mucho conflicto, pero Ida plantea lo de pelear en un sentido argentino. Freud asociaba la inteligencia con la agresividad. Sólo la agresividad permitía desarrollar un instrumento tan extraño como la inteligencia. Es decir que hay algo agresivo en el pensamiento. Querer controlar esa agresividad es propio del mundo liberal, donde consideran que la gente que piensa bien es la gente que dice cosas en voz baja. El pensamiento como polémica, como debate, está en la tradición filosófica. Es un elemento básico de la posibilidad de pensar; siempre se piensa contra otro. Todas estas cosas están condensadas en las ideas de Ida: cómo puede ser que esta gente que está en la universidad norteamericana sea tan radical, tenga pensamientos políticos tan radicalizados, como los tienen, y nunca hagan nada. Están metidos en cosas bien radicales; pero después vuelven a las casas y le dicen a la mexicana que está limpiando que por favor limpie mejor.

–“Les haría falta un poco de peronismo a los Estados Unidos –dice Renzi en un momento de la novela– para bajar la estadística de asesinatos masivos realizados por individuos que se rebelan ante injusticias de la sociedad.” Esto que parece un “chiste” es para tomarlo en serio, ¿no?

–Sí, me parece lo más serio de la novela (risas). Si vamos con Mauricio Macri, vamos a tener muchos asesinatos masivos. La sociedad norteamericana condensa los conflictos políticos en un solo individuo que hace él solo algo que en otros lugares se puede negociar y manejar en situaciones diversas. Si uno mira la sucesión de crímenes que se cometen, son todos de un contenido político directo, aunque se diga que los cometen psicóticos. Son tipos que evidentemente tienen una sensación de opresión social. Lo del peronismo es un chiste, pero tiene mucha verdad para mí. Renzi aterriza como visiting professor y lo que hace es mirar, casi con una mirada de antropólogo, desde afuera.

–¿Renzi intenta emular un tipo de mirada a lo Hudson?

–Un poco sí. La mirada de Hudson es una gran mirada de narrador porque es un antropólogo, un viajero y al mismo tiempo escribe una autobiografía. Es como Joseph Conrad. Tolstoi y Hudson aparecen como referencias porque son antecedentes de toda la cuestión ecológica actual. Son los primeros que tomaron la decisión de oponerse al capitalismo y a la industria.

–Nina Andropova, la vecina rusa de Renzi, advierte que un discípulo de Tolstoi es Wittgenstein: “Lo que no se puede decir no se dice”. ¿Coincide?

–Es así. Wittgenstein encontró una vez por azar un libro de Tolstoi y eso le produjo un efecto extraordinario. No porque yo esté de acuerdo con el pacifismo generalizado y volver a la comuna campesina, pero me doy cuenta de la importancia que tiene Tolstoi en las discusiones del siglo XX. Es el primer escritor comprometido, el primero que dice que hay que dejar de escribir y dedicarse a estar junto con las clases populares. Nina lo dice en un momento de la novela: Tolstoi es el primero que intenta construir una hipótesis contra la violencia revolucionaria. La literatura siempre nos permite discutir cuestiones que son políticas.

La excéntrica vecina rusa de Renzi está levemente inspirada en la gran escritora rusa Nina Berberova. La Nina –made in Piglia– no tiene desperdicio. “La tendencia del idioma ruso a la expresión mística –explica en una de las charlas con Renzi– era un tipo de imperfección ontológica que no aparecía en otras lenguas indoeuropeas. El problema esencial era que no había términos en ruso para la tipología de los pensamientos y sentimientos occidentales. Todo es pasional y extremo. No se pude decir buenas tardes sin que suene una amenaza.” Nina cuenta que dejó París en 1950 porque “no soportaba el clima de la izquierda francesa después de la Liberación, con Sartre, Aragon y otros sátrapas que defendían la represión en Rusia con la hipótesis de que los viejos bolcheviques habían estado objetivamente al servicio del enemigo más allá de sus intenciones”. Piglia comparte el cuestionamiento de Nina sobre el Saint Genet de Sartre. “En ese libro de defensa del escritor homosexual está esa idea terrible de que Bujarin, un tipo extraordinario, era un contrarrevolucionario y que Stalin tenía razón. Ahí está el problema de la ceguera de la izquierda y las cuestiones que tenemos que asumir y discutir. La represión ha terminado por ser un punto de partida para liquidar cualquier reflexión sobre las grandes tradiciones. Es un tema que no debemos eludir. Me parecía importante que lo planteara el personaje de Nina, una viejita que sigue creyendo en la revolución a su manera. Ella dice, en un momento, que no puede ser reformista.”

–Es difícil que la palabra reformista pierda su carga negativa.

–Sí. Pero la situación política ahora es típica del reformismo y la miramos con simpatía. Y tiene todos los problemas que tiene el reformismo. Más allá de todo lo que se diga de los ’70, en realidad es un intento reformista de ver si se pueden mejorar las cosas. Que eso es el peronismo, ¿no? El peronismo es el intento de ver si se puede hacer algo profundo reformista. Todos los que se ilusionaban pensando que Perón era Mao estaban equivocados. Leían mal el peronismo. El peronismo sirve muy bien para ponerle límites al pensamiento conservador y para negociar con los sectores concentrados de la economía y tratar de hacer reformas que beneficien en lo posible a las clases populares. No le podés pedir al peronismo que sea revolucionario, como le piden algunos.

–El camino de Ida es optimista respecto de la ficción. ¿El postulado último de la novela sería apostar por la ficción?

–Una razón por la cual escribí el libro es porque el personaje de Thomas Munk, que en realidad es Unabomber, hizo eso con la novela de Conrad. Leyó El agente secreto sin ironía y tomó el personaje que se llama El Profesor en la novela como modelo de acción. El profesor de Conrad abandonó su carrera académica y Unabomber hizo lo mismo. Lo que es verdadero es que el tipo se inspiró en la novela de Conrad con la idea de que había que atacar a los científicos.

–Esto, en la novela, parece una invención suya.

–¡Ojalá hubiera sido un invento mío! (risas). Estas cosas son muy difíciles de inventar. Lo que inventé es que Ida lo descubre leyendo la novela de Conrad. Y los subrayados de ella, que es la manera por la que Renzi puede establecer la conexión.

–Es parecido al cuento de Walsh “Las pruebas de imprenta”, ¿no?

–Claro, puse la página de la novela de Conrad para que se viera que efectivamente lo que está diciendo Renzi está en la novela de Conrad. Eso me pareció extraordinario porque es el Quijote. Unabomber tomó la ficción como modelo para hacer cosas en la realidad. Hizo lo que hizo el personaje de Conrad: se retira, se aísla y dice: “Voy a hacer atentados contra la ciencia”. La otra cosa que tomé que es real es que el FBI lo persigue durante 25 años y no lo puede encontrar; usa la mayor cantidad de dinero que se puede usar para perseguir a alguien y al final lo delata el hermano.

–El tema de la traición.

–Dostoievski, ¿no? Me pareció extraordinario que el tipo terminara en una especie de escena a la Karamazov y que todo el aparato político que lo estaba persiguiendo no lo pudiera encontrar. No lo hubieran encontrado jamás si el hermano no lo delataba.

En El camino de Ida, Renzi viaja a California para entrevistar a Thomas Munk. “Lo que más trabajo me dio fue hacerlo hablar a Unabomber –reconoce Piglia–. Yo tengo la fantasía de que todas mis novelas son distintas, pero todas van a parar a una conversación final, ahora me doy cuenta. En Respiración artificial van a hablar con Tardewski; en Blanco Nocturno va a hablar con Luca. Me gusta que la novela tenga un viaje, que todos los enigmas que puede haber en la historia que se está contando vayan a parar a una conversación en la que no se descifra nada.”

–Lo significativo de Unabomber es que es hijo de la academia norteamericana, ¿no?

–Sí. Esto desmiente la hipótesis de nuestro querido Enzensberger del terrorista como “perdedor radical”. Unabomber no era un perdedor radical. El tipo era una estrella del mundo académico que podía haber llegado adonde se le diera la gana. Estados Unidos está lleno de violencia; ellos miran la violencia de afuera y dicen: “qué violentos son todos los que nos rodean”. Un país imperialista, primero que nada, explota a su propio pueblo, para decirlo con la vieja terminología. No confundo la gran cultura norteamericana con la política del Estado norteamericano. Yo me formé con la cultura norteamericana.

–Esa admiración que siente hacia la cultura norteamericana está puesta en el personaje de Ida, que bien podría ser una militante argentina de la década del ’70.

–Como tantas argentinas extraordinarias. Yo estoy muy enojado con la mirada moralizada que se hace de las experiencias de militancia. Eran decisiones que no se tomaban por comodidad ni ventaja personal, aunque estuvieran llenas de errores políticos. Un escritor no puede dejar de ver ahí un momento muy interesante de la experiencia. La memoria se nos ha convertido –y eso es mérito de las Madres– en una recomposición de la verdad de esa situación. Y sobre todo de la verdad del elemento doloroso y atroz del terrorismo de Estado. Yo estoy defendiendo un poco la nostalgia; por eso la cita del poema de Edgar Bayley: “Es infinita esta riqueza abandonada”. Junto a la tensión entre memoria y olvido, tenemos que empezar a poner algo que llamo nostalgia, porque me gusta mucho Fitzgerald y esa idea de qué bien que estuvo aquello en aquel momento. Lo llamo nostalgia porque es una palabra que no tiene prestigio. Ver el pasado como algo que tuvo cuestiones valiosas. No solamente como aquello que debemos mantener vivo, porque hay un dolor que no podemos permitir que se olvide, que es una cosa tan legítima, ¿no?

Cómo se hace un diccionario


Un recorrido por los pasillos y salones de la Real Academia Española para conocer la exhaustiva actualización del libro que presenta, no sin polémica, las definiciones de nuestra lengua
Por Laura Ventura | Para LA NACION - Buenos Aires

Resguardo cultural. El primer libro de ortografía de la RAE, Orthographia española, fue publicado en 1741 y es parte de la biblioteca de la institución.
MADRID.- Todos los jueves, a las 19.30, suena una campanilla en la Real Academia Española (RAE). En su elegante sede a metros -apenas una escalinata- del Museo del Prado se reúnen en torno una gran mesa ovalada los filólogos, intelectuales, catedráticos, científicos y escritores que integran la institución. La delicadeza del tintineo marca el tono y el estilo de la sesión que está por comenzar. La responsabilidad es colosal: hallar la definición más precisa posible para un grupo de palabras que pasarán a integrar, o no, el diccionario más consultado de nuestra lengua. Los miembros ocupan sus sillones, uno por cada letra -mayúscula y minúscula- del abecedario.

Para llegar a esa sala se atraviesa un pasillo custodiado por copias de la serie Los caprichos, de Francisco de Goya (los originales, que pertenecen al tesoro de la RAE, están guardados en la bóveda de seguridad). Por ese mismo corredor, hace dos meses, caminó Santiago Muñoz Molina, el miembro más reciente de la Academia, en la ceremonia de ingreso a la que asistió a la Revista. El protocolo indica que, luego de ser elegido por los académicos, el flamante miembro debe preparar un discurso y presentarlo en un acto público, donde aborda una problemática de la lengua o la literatura. Vestido de frac, ingresa al salón principal acompañado por los dos últimos miembros que han tomado posesión. A su derecha se encuentran las autoridades de la Academia; a su izquierda, quienes serán sus nuevos compañeros; en el centro, el director, debajo de dos lienzos: el de Felipe IV, el monarca que auspició el surgimiento de esta institución, y por Miguel de Cervantes, el máximo exponente de la literatura española. A este discurso de ingreso le sigue la contestación de un académico que le da la bienvenida, y luego la entrega de una medalla que deberá ser devuelta a la institución a la muerte del académico, puesto que estas distinciones son las mismas desde que la RAE surgió, en 1713.

Ajena al gobierno y a los partidos políticos, desde su nombre la RAE expresa su origen como institución que emana de la corona española. Los reyes siguen de cerca las actividades de sus ocho academias, en particular de ésta, la más conocida en todo el mundo hispano.

La RAE tiene su propia biblioteca -distribuida en tres sofisticadas salas que se corresponden con tres tipos de bibliotecas- integrada por 250 mil volúmenes, entre ellos las primeras ediciones del Quijote y de obras de Lope de Vega. Su pompa y solemnidad son el resultado de una tradición de tres siglos de vida que limpia, fija y da esplendor a la lengua, según reza su lema, explícito en su escudo, un crisol en llamas. Establecer y confeccionar obras que ayuden a la cohesión y unidad de la lengua en su diversidad son sus funciones principales (obras como la Gramática y la Ortografía de la Lengua Española lo atestiguan), pero la más conocida es la redacción del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE). Este texto y esta institución cobran cada vez más protagonismo. El informe del Instituto Cervantes de 2012 precisa que 495 millones de personas hablan español y que es el segundo idioma más hablado del planeta (después del chino, con 1000 millones de usuarios), superando al inglés.

"La definición perfecta no existe" José Manuel Blecua, director de la RAE, sentado en la magnífica biblioteca de 250 mil volúmenes (y varios incunables).
El año próximo se publicará una nueva edición de este diccionario, la 23ª, que contendrá 90 mil palabras, de las cuales dos tercios son enmiendas de la edición anterior, precisa el director de la RAE, José Manuel Blecua. "Esta edición manifiesta un crecimiento progresivo en cantidad de palabras. Se han modificado 60 mil, enmiendas que ya se encuentran, en gran medida, en línea. Es decir, cuando hoy se consulta el diccionario, se está consultando en realidad el próximo diccionario."

DESDE LA A HASTA EL DRAE
Sede solemne. Los formalismos son parte integral de una institución de tres siglos que limpia, fija y da esplendor a la lengua, según reza su lema.
Los especialistas reúnen textos, corpus, para extraer de ellos la información que permite analizar la frecuencia y los contextos en que se utilizan las palabras para poder así precisar su significado y origen. Las fuentes son publicaciones periodísticas, literarias, científicas y académicas, entre otras. Incluso se han incorporado materiales orales a los corpus. Por ejemplo, de la Argentina se registran textos de Julio Cortázar y también el relato de algunos goles de Alejandro Fantino. A los corpus se puede ingresar desde la página de la RAE y existen dos tipos: el Corpus de Referencia del Español Actual (CREA) y el Corpus Diacrónico del Español (Corde, que reúne textos hasta 1975). Entre ambos contabilizan 410 millones de palabras registradas.

Gracias a los corpus, es más ágil la exploración de términos a lo largo de los siglos y así será posible la publicación en 2017 del esperado Nuevo Diccionario Histórico del Español (NDHE), coordinado por el académico José Antonio Pascual, un texto indispensable para toda lengua que busca trazar la evolución del léxico desde el origen de una palabra hasta la actualidad.

El DRAE incorpora los denominados americanismos, es decir, aquellas palabras del español cuyo origen y uso provienen de los países de América latina. Para ello, desde 1951 se fundó la Asociación de Academias de la Lengua Española, integrada por 22 academias. "El diálogo y el contacto entre la RAE y las instituciones americanas es prácticamente diario. En breve funcionará un mecanismo para poder estar conectados a través de un teléfono gratuito, y mediante teleconferencias se podrá trabajar de modo simultáneo en un mismo texto", anticipa Blecua. La RAE también aborda la elaboración del Diccionario de Americanismos (DA), confección donde es indispensable la colaboración de todas las academias hispanoamericanas.

Todo diccionario cuenta con una planta -palabra tomada de la arquitectura-, un esqueleto donde se ubican los elementos de cada palabra (etimología, clase de palabra, sus distintas acepciones, ejemplos de uso, etcétera).

"Cómo hacer un diccionario es un problema, y cómo hacerlo siguiendo una tradición de 300 años es otro problema mayor. El primer diccionario de la Academia se hizo a mano. Es de 1726-1739, pues se fue publicando por tomos de la A a la Z, llamado de autoridades porque contenían citas, en su mayoría de autores del Siglo de Oro español. En la actualidad se realiza a partir de un conjunto de corpus. El DRAE sigue la tradición de la Academia, siempre en armonía con la gramática. Va destinado a una gran cantidad de hablantes, con sus variedades dialectales, y se debe precisar aquellas palabras que provienen de América y en qué países se utilizan", explica Blecua.

Quizá la lógica indica que un diccionario se redacta por orden alfabético, pero esto no es así. Muchas palabras se definen por sus campos semánticos, y por ejemplo, existe un lexicógrafo especializado en la definición de todas las palabras utilizadas en teatro, otro en vocabulario científico, etcétera.

Desde el Crátilo de Platón, el problema de la definición ha sido abordado por la filosofía. Los diccionarios deben definir la palabra (por ejemplo, si es un verbo o un sustantivo, y cuál es su significado) y no la cosa en sí misma; cuál es la cosa que una palabra designa. Esta última tarea corresponde a la enciclopedia. "Toda definición se puede mejorar. Sí existe un estilo y leyes, como la legibilidad. No deben superar las veinte palabras ni tener oraciones incrustadas dentro de otras", precisa Blecua.

Una vez definida una palabra comienza una larga serie de revisiones a cargo de otros especialistas. Cuando ya no existen objeciones se confecciona una lista que será discutida en la sesión de los jueves por los miembros de número de la RAE e incluso una vez aprobadas regresan otra vez al Instituto de Lexicografía. La revisión general del nuevo DRAE demandará casi un año.

POLÍTICAMENTE DESCRIPTIVO

Ser director de la RAE es un reconocimiento enorme para todo estudioso de la lengua. Cada cuatro años se realizan elecciones para renovar a sus máximas autoridades. Por votación mayoritaria José Manuel Blecua, doctor en Filología Románica y catedrático de Lengua Española en la Universidad Autónoma de Barcelona, fue elegido en 2010.

Destacados escritores de la talla de Pío Baroja, Miguel de Unamuno, Miguel Delibes y Salvador de Madariaga formaron parte de la RAE, y actualmente la ficción tiene sus representantes en Javier Marías, Mario Vargas Llosa y Arturo Pérez-Reverte. También los mejores lingüistas de todos los tiempos formaron y forman parte de sus filas. La RAE ha ido evolucionando junto con la sociedad y, en la actualidad, seis académicas integran la Academia.

A pesar del prestigio indiscutible de sus miembros, son frecuentes las críticas a esta institución, canalizadas a través de muchas entradas del DRAE. "La gente considera que el diccionario tiene que tener las últimas novedades de la lengua juvenil, de la lengua científica, de los dialectalismos, y este diccionario es un diccionario de la lengua general, no específica", detalla Blecua. Otro aspecto criticado del DRAE es la ideología de la sociedad que se cuela en sus entradas. "Todos los diccionarios arrastran los problemas de la lengua y de la sociedad. Pero, precisamente, un diccionario no debe ser políticamente correcto, sino descriptivamente correcto. No le corresponde a este texto ocultar el machismo, por ejemplo. Un diccionario debe ser objetivo y debe incorporar incluso aquellos rasgos negativos. Y lo que es más importante aún, debe respetar la gramática de la lengua", asegura.

Mucho revuelo generó el informe que se conoció en 2012, redactado por Ignacio Bosque, Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer, donde sostiene que en la utilización plural de los sustantivos y los adjetivos se incluyen, bajo forma aparentemente masculina, lo masculino y lo femenino. Se trata en esos casos de lo que se denomina masculino como género no marcado. En el escenario argentino se podría aplicar a la utilización del todos y todas. Este artículo de carácter público, disponible en la Red, ironiza: "¿Será o no sexista el uso de la expresión el otro en la secuencia Juan y María se ayudan el uno al otro en lo que pueden?"

Alabado o criticado, el DRAE es el más consultado de nuestra lengua y pertenecer a esta institución responsable de su confección, la RAE, es un honor para todo estudioso de la lengua. Definir una palabra continuará siendo un problema complejo cuyos límites excede muchas veces la filología. "La definición perfecta no existe", asegura Blecua..
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