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segunda-feira, 4 de novembro de 2013

GARCILASO DE LA VEGA



Garcilaso, héroe de las letras y las armas españolas
MANUEL DE LA FUENTEMANOLHITO / MADRID

Gran poeta, corajudo soldado, fue hombre de confianza del Duque de Alba y de Carlos V
Garcilaso, héroe de las letras y las armas españolas

ABC

Fue tan ducho con sus versos como con su espada. En la Historia de España dejó fiel constancia de sus dichos líricos y de sus hechos guerreros. Fue un castellano y un español de primera y aunque emparentado con comuneros (lo que le llevaría a la cárcel) fue un fidelísimo y arriesgado súbdito de Carlos I, hasta que perdiera la vida sin haber cumplido los cuarenta años luchando por Dios y por España. Fue Garcilaso de la Vega, héroe de la poesía y la milicia españolas, superlativo vate y esforzado militar, valiente en el escribir, osado en el luchar.

Se cree, aunque no es dato absolutamente cierto, que Garcilaso nació en Toledo probablemente en 1498 en una familia con posibles, ya que su padre era señor de Arcos y comendador mayor de León en la Orden de Santiago. A los catorce años quedó huérfano de padre y su familia decidió mandarlo a la Corte, donde en 1520 ya estaba a las órdenes de Carlos V.

De paso, se hacía docto en lenguas, aprendiendo griego, latín, italiano y francés, además de recibir clases de música y esgrima. Pronto, en 1523, le llamarían las armas y participaría como oficial al lado de Gran Duque de Alba Fernando Álvarez de Toledo, el futuro , en la campaña de Fuenterrabía. La amistad entre Fernando y Garcilaso solo la rompería la muerte.

Herido de gravedad
Luego, aunque su hermano era de ideas comuneras, participó junto a los leales al emperador en la Guerra de las Comunidades de Castilla, donde fue herido. En 1522, al lado de su amigo y también poeta Juan Boscán y Pedro Álvarez de Toledo y Zúñiga, formó parte de una expedición que quería ayudar en el sitio de Rodas por los turcos. Una empresa que no tuvo éxito. Garcilaso fue herido de gravedad en la campaña.

Regresó a España, y su valentía fue premiada cuando fue nombrado caballero de la Orden de Santiago, en noviembre de 1523. Dos años después, de vuelta en Toledo, contrajo matrimonio con Elena de Zúñiga.

Primeros poemas
Por esta época, comenzaría a escribir sus primeros poemas de aire cancioneril, estilo y formas que pronto cambiaría, sobre todo gracias a la influencia de su amigo Boscán. Era el año 1526 y Garcilaso de la Vega acompaña al emperador en sus viajes por España que realizaba con motivo de su boda con Isabel Freyre. Siempre al lado de Carlos V, lo acompaña en su investidura como emperador el año de gracia de 1530, y seguidamente entra en combate con los franceses en Florencia.

En 1531, la suerte del combativo y genial Garcilaso cambiaría. Y para mal. Había hecho de testigo en la boda de un sobrino suyo (1531), hijo de su hermano comunero Pedro Lasso, y Carlos no se lo perdonó. Fue encarcelado hasta que el Duque de Alba intercedió por él y fue requerido de nuevo para la milicia cuando los turcos amenazaban Viena. De allí pasó a Nápoles, Academia Pontaniana, como Tasso y Tansillo.donde se curtiría como poeta en compañía de otros colegas italianos de la

Cuando en 1535 Carlos I decidió emprender su campaña africana, allí estaba de nuevo Garcilaso de la Vega. El poeta y soldado volvió a resultar herido. Llegaba octubre de 1536 y de nuevo estábamos en guerra con Francia y Garcilaso no faltó. Durante el asalto a una fortaleza en Le Muy, cuando era maestre de campo de un tercio de infantería, se puso al frente de sus soldados y emprendió él mismo la acometida a la citada fortaleza encaramado en una escala. Fue gravísimamente herido y trasladado a Niza, donde falleció el día 13 o 14 de octubre. En aquellas últimas horas le asistió Francisco de Borja, luego San Francisco de Borja y general de los jesuitas.

Les dejamos con la memoria del heroico Garcilaso y con sus versos: «Y ansí, en la parte que la diestra mano / gobierna. y en aquella que declara / los conceptos del alma, fui herido. / Mas yo haré que aquesta ofensa cara / le cueste al ofensor, ya que estoy sano, / libre, desesperado y ofendido».

¡One, one, one!, ¡cholismo Simeone!




Vivo como ningún otro, el lenguaje del fútbol apoya a menudo su creatividad en el recurso lingüístico de añadir a una palabra prefijos y sufijos. De entre estos últimos, cabe mencionar la productividad de -ismo, presente en términos como cholismo, cerocerismo o resultadismo.


Esta semana más que nunca, cuando todavía colea y rasca por injusta la ausencia de Simeone entre los candidatos a mejor entrenador del año, es momento de reivindicar el denominado cholismo. ¿Qué significa este sustantivo? Aunque solo sea a modo de aproximación, el cholismo podría definirse como la ‘manera de concebir el Cholo su fútbol’ o el ‘modo de imprimir el Cholo carácter ganador a sus jugadores’.

Podría entenderse, pues, que el sufijo -ismo aporta aquí un matiz cercano a ‘doctrina o filosofía’, algo así como un protestantismo deportivo, no tanto por lo religioso, claro está, como por la disconformidad con el poder establecido y por atreverse a cuestionar el dominio omnipotente del Barcelona y el Real Madrid en estos últimos años.

Por otra parte, también podría interpretarse el cholismo como el ‘conjunto de seguidores del Cholo’, de acuerdo con el paradigma apreciable en mourinhismo o, sin personalizar tanto, en celtismo, barcelonismo o sevillismo, entre muchos otros sustantivos con que se alude a los aficionados de estos equipos, a sus hinchadas respectivas.

Sea como sea, lo cierto es que esta racha victoriosa colchonera (ayer volvió a ganar contra el Athletic) sobreviene sin que Simeone haya impuesto a sus jugadores un esquema ultradefensivo o poco vistoso. Muy al contrario, en lo que va de temporada los rojiblancos han logrado espléndidas goleadas, convencidos de que el camino al triunfo no puede pasar jamás —perogrullada incluida— por la racanería del cerocerismo.

En este sentido, si los goles dan vida a los partidos y son la médula de este deporte, el cerocerismo, el ‘predominio de marcadores que indican cero a cero’, supone una especie de cáncer óseo futbolístico, tal y como se desprende de otros sustantivos como alcoholismo o tabaquismo, en los que el sufijo -ismo expresa enfermedad.

Sin llegar a ese extremo, no faltan los entrenadores que oponen al fútbol vistoso un pragmático resultadismo. Por analogía con victimismo o derrotismo, el sufijo -ismo designa una actitud: ¿el fin justifica los medios?, ¿hasta qué punto es lícito torturar a los espectadores con un estilo soporífero con el único objetivo de alcanzar la victoria?, ¿no se desvirtúa la esencia del fútbol como juego si, obsesionado un equipo con el resultado, se desentiende de disfrutar el partido en sí?

El sufijo -ismo, en definitiva, puede añadir numerosos matices a la palabra a la que se incorpora, desde la idea de doctrina hasta la de conjunto de seguidores, desde sugerir enfermedades hasta reflejar actitudes. Afortunadamente, el lenguaje futbolístico explora todas estas posibilidades y nos ofrece sobradas creaciones para que el espectador aprenda o tome conciencia de ellas.

¿De dónde vienen?





04/11/2013 | MARÍA LUISA GARCÍA MORENO (REVISTA EDUCACIÓN, CUBA, MAYO-AGOSTO, 2013)
Instruir puede cualquiera, educar…
Pariente de construir resulta ser el verbo instruir. Ambos —y de igual forma, destruir, obstruir, estructura e instrumento, así como sus respectivos derivados— proceden del latín struĕre, término que se originó de la raíz indoeuropea stru-, y que significa 'formar, amontonar'.


Instruir apareció en la lengua española por el 1330, directamente derivado del latín instruĕre (in + struĕre), y significa ‘enseñar, informar’; ‘comunicar sistemáticamente ideas, conocimientos o doctrinas’; ‘dar a conocer a alguien el estado de algo, informarle de ello, o comunicarle avisos o reglas de conducta’.

De instruir se deriva instrucción, del latín instructĭo, -ōnis, que entre sus acepciones más comunes tiene las siguientes: ‘acción de instruir o instruirse’, ‘caudal de conocimientos adquiridos’, ‘conjunto de reglas o advertencias para algún fin —acepción en que se usa por lo general en plural’.

Este término tiene también algunas acepciones más específicas, por ejemplo, en Informática, significa ‘expresión formada por números y letras que indica, en una computadora, la operación que debe realizar y los datos correspondientes’. Están además, ‘órdenes que se dictan a los agentes diplomáticos o a los jefes de fuerzas navales’ y a muchos otros funcionarios; ‘reglamento en que predominan las disposiciones técnicas o explicativas para el cumplimiento de un servicio administrativo’ o el manejo de un equipo; así como, instrucción militar, ‘conjunto de enseñanzas, prácticas, etc., para el adiestramiento del soldado’; incluso, tiene el término una acepción relacionada con lo judicial: ‘curso que sigue un proceso o expediente que se está formando o instruyendo’ y existen los llamados jueces de primera instancia y de instrucción.

De igual modo, se habla de instrucción pública, ‘la que se da en establecimientos sostenidos por el Estado, y que comprende la primera y segunda enseñanzas, las facultades, las profesiones y las carreras especiales’ y también de instrucción primaria, instrucción media o instrucción universitaria, términos que aluden al nivel de enseñanza. En este sentido, el concepto es muy amplio y se refiere a cualquier enseñanza.

Hablar del término instruir trae a la mente de cualquier cubano —más si es un educador— la máxima que, de forma incompleta, sirve de título a este trabajo: «Instruir puede cualquiera, educar solo quien sea un evangelio vivo» y, por supuesto, la figura de su creador; José de la Luz y Caballero, aquel sabio y patriota que supo inculcar en su pueblo el amor a la justicia y a la verdad, aquel a quien nuestro Martí llamó «el silencioso fundador».

HERMANOS













De la complicidad entre hermanos
Por Graciela Melgarejo | LA NACION - Buenos Aires
Twitter: @gramelgar | Mail: lineadirecta@lanacion.com.ar |


Los que tienen o han tenido hermanos lo saben muy bien: uno puede pelearse hasta el extremo de estar días, meses o incluso años sin hablarse, pero el vínculo profundo que lo une a su hermano no se destruye jamás. Hay una complicidad que nada puede borrar. Hay un código en común y, siempre, un lenguaje en común.

Es lo que ocurre entre los más de 500 millones de hispanohablantes -528, según las últimas precisiones de don Víctor García de la Concha, director ahora del Instituto Cervantes- y es lo que, de distintas maneras, quedó demostrado en el VI Congreso Internacional de la Lengua (CILE), en Panamá. Aunque no hayan pasado más de quince días de su realización, algunas conclusiones se imponen. Los primeros en sacarlas, los escritores, y está muy bien, porque nunca es bueno que un escritor se calle.

Las ponencias más comentadas fueron la de Mario Vargas Llosa y la de Sergio Ramírez, porque ejemplificaron cómo interpretar el tesoro de la lengua española desde muy distintos puntos de vista. José Luis Moure, presidente de la Academia Argentina de Letras, le expresó al periodista Guido Carelli Lynch que "los congresos de la lengua nunca son importantes desde el punto de vista científico; [el CILE] reúne gente vinculada al idioma, instituciones, editoriales y como elemento para poner la lengua en el tapete sirve". Y sirvió.

Es lógico entonces que haya observaciones muy transgresoras, pero bastante atinadas; por ejemplo, el escritor, periodista y diplomático Albino Gómez escribió a Línea directa un correo electrónico sobre los últimos comentarios del escritor colombiano Fernando Vallejo a propósito del idioma compartido. "Vallejo dice que las diferencias entre el español de América y el de España aumentan cada día: «En general, son diferencias de vocabulario y pronunciación. Como nosotros somos 21 países y ellos uno solo, diré que el español es el hispanoamericano y no el peninsular. España es una provincia anómala del idioma, de la que podemos olvidarnos, a ver si consumamos así nuestra independencia de ellos, que nunca ha sido completa»".

Y remata Vallejo, según el mail de Gómez: "La palabra «americanismo» debe desaparecer porque nosotros somos el idioma. La que tenemos que introducir entonces es «españolismo» para designar lo que es propio de España, o sea, lo anómalo".

Un precioso razonamiento, muy "vallejiano", con el cual, por supuesto, no hay que estar de acuerdo totalmente, porque ¿quién puede erigirse en dueño absoluto de nada, y menos de la construcción de un idioma, que es una tarea colectiva y, la más de las veces, inconsciente? Los académicos de la lengua, por ejemplo, no serán nunca elegidos por la decisión democrática de los millones de hispanohablantes y no por eso dejan de contribuir grandemente a la "unidad en la diversidad". Basta ver (y leer y entender) la versión beta del sitio de la RAE ( www.rae.es ) para darse cuenta de dos cosas: del inmenso trabajo realizado y de que la Gramática y la Ortografía están, ahora, más que nunca a la mano de cualquier hablante que tenga acceso a Internet y ganas de consultar sus dudas. No es menudo logro, hermanos.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE




conveniar es ‘acordar algo mediante convenio’

Recomendación urgente del día
El verbo conveniar, derivado de convenio, está bien formado en español, por analogía con otros verbos surgidos a partir de sustantivos terminados en -nio, como ingeniar, de ingenio, o testimoniar, de testimonio.

A pesar de que la mayoría de los diccionarios aún no recogen el verbo conveniar, sí lo hace el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale), que lo define como ‘acordar mediante convenio algo’.

Y así, con este significado, se puede encontrar este verbo en diversos medios de comunicación: «Esto demuestra la incapacidad de las autonomías para conveniar la continuidad de estos servicios con las corporaciones locales», «Las visitas al museo se conveniaron con el Gobierno regional para este fin» o «Es la tónica normal de cualquier organización que tenga conveniado cualquier programa público con la Junta de Andalucía».

En todos estos ejemplos el verbo conveniar, que se conjuga como ingeniar, sustituye satisfactoriamente a la perífrasis acordar mediante convenio, conforme a la definición de la Asale, por lo que su uso no puede considerarse censurable.
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