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sexta-feira, 20 de dezembro de 2013

TRANSCULTURACIÓN





Por qué el mundo es así
La Prensa - Argentina

El escritor y periodista Charles C. Mann trata de dar una respuesta a través de su libro "1493" donde despliega y conecta una serie de acontecimientos a partir de la llegada de Colón a América, que -dice- lleva a Europa a asumir el liderazgo político y económico en los siguientes siglos.
Publicado por Capital Intelectual e ilustrado con imágenes, fotografías, grabados y mapas, "1493" parte de la hipótesis de que con la llegada de Cristóbal Colón ocurrió "nada menos que la formación de un único mundo nuevo a partir de la colisión de dos mundos viejos; tres si contamos a Africa separada de Eurasia", apunta Charles C. Mann en el prólogo.

"Nacido en el siglo XVI del deseo europeo de unirse a la próspera esfera comercial asiática, el sistema económico de intercambio terminó por transformar el globo en un solo sistema ecológico para el siglo XIX: en términos biológicos casi instantáneamente", afirma el periodista nacido en Washington en 1955.

Un antecedente de "1493" proviene del libro de Alfred W. Crosby "Imperialismo ecológico. La expansión biológica de Europa, 900-1900", publicado veinticinco años atrás.

LO POCO TRATADO

Mann desarrolla en esta historia, que se detiene en aspectos poco trillados en otras investigaciones, algunas de las consecuencias del encuentro abrupto de pueblos, animales, plantas, tubérculos y bacterias que modificaron de cuajo la historia ambiental del planeta con sus consecuencias.

Una globalización que, a su juicio, surgió sin objetivos previos, en universos autónomos hasta entonces separados por barreras geográficas, políticas, biológicas que la conquista enseguida enhebró para modificar la impronta original y volverlos similares en muchos sentidos.

"El intercambio colombino -sostiene en el libro- tuvo efectos de alcance tan largo que hoy hay biólogos que dicen que los viajes de Colón marcaron el inicio de una nueva era biológica: el Homogenoceno".

Mann eligió algunos ítems para ejemplificar sus puntos de vista: desde el itinerario seguido por la batata y la papa, los efectos de la plantación de esclavos que anticipó lo que pasaría en la era industrial, el papel que tuvieron en la economía el descubrimiento del azúcar, el tabaco y el café o las catástrofes ambientales causadas por una simple lombriz de tierra.

EL INTERCAMBIO

La primera parte del libro se refiere al intercambio colombino por el Atlántico, donde el autor analiza lo acontecido en Jamestown, en el inicio de la colonización inglesa en América, marcada por la introducción del tabaco, que procede del bajo Amazonas.

Le sigue un capítulo acerca de las especies introducidas como las criaturas microscópicas causantes de la malaria y la fiebre amarilla.

"La segunda sección desplaza el foco hacia el Pacífico -escribe Mann-, donde la era de la globalización empieza con enormes cargamentos de plata de la América española enviados a China". Y habla acerca de algunas ciudades claves de la época como Potosí, Manina y Yuegang en el sudeste de China, "eslabones esenciales y febriles en un intercambio económico que cubría el mundo entero".

A continuación, en la tercera parte, el autor muestra el papel del intercambio colombino en la revolución agrícola (iniciada a fines del siglo XVII) y la industrial, que a su criterio contribuyeron "al ascenso de Occidente, a su súbita aparición como potencia dominante".

Y finalmente, el periodista se ocupa del tráfico de esclavos que atraviesa todos los períodos desde la Conquista: "Como consecuencia de ese gran desplazamiento de poblaciones humanas durante tres siglos en muchos paisajes americanos predominaron, en términos demográficos, los africanos, los indígenas y los afroindígenas".

CIERTOS ESPASMOS

Para Mann, "los espasmos migratorios desencadenados por Colón involucraron a tantos pueblos diferentes que el mundo presenció el ascenso de la primera de las metrópolis políglotas de población mundial que hoy nos son familiares: la ciudad de México".

Antes de finalizar el prólogo, el autor recuerda que hace casi setenta años el folclorista cubano Fernando Ortiz-Fernández acuñó el término "transculturación", que designa a lo que ocurre "cuando un grupo de personas toma algo -una canción, una comida, un ideal- de otro".

"Casi inevitablemente, la cosa nueva se transforma; las personas la hacen suya adaptándola, quitándole y poniéndole para que encaje con sus necesidades y su situación. Desde Colón la transculturación convulsiva domina el mundo (...). Durante cinco siglos el estruendo y el caos de la conexión constante han sido nuestra situación habitual", concluye.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE




lotería navideña: escritura correcta de algunos términos relacionados

Recomendación urgente del día

Con motivo del próximo sorteo de Navidad, que se celebrará en España el día 22 de diciembre, conviene recordar la escritura adecuada de algunos términos relacionados con él.

Se escriben con minúscula inicial lotería, sorteo, premio, décimo, billete, serie, pedrea, participación o reintegro, ya que se trata de nombres comunes, y con inicial mayúscula los nombres Navidad y Niño en las expresiones lotería o sorteo de Navidad y lotería o sorteo del Niño.

Sin embargo, cuando se alude a las denominaciones oficiales Sorteo Extraordinario de Navidad y Sorteo Extraordinario del Niño, se escriben todas las palabras con inicial mayúscula.

En cuanto al término gordo, el uso de la mayúscula o la minúscula depende de su función: como adjetivo (premio gordo), con minúscula; pero cuando se emplee como sustantivo lo adecuado es escribirlo con mayúscula inicial, ya que se considera, en lo que a lotería pública se refiere, el premio por antonomasia: «A mi hermano le ha tocado el Gordo».

EL DELIRIO DEL TRADUCTOR

Literatura latinoamericana para lectores en inglés.
Por Ilan Stavans en El País - Uruguay

La prosa de Roberto Bolaño ha cautivado al público anglófono, en parte debido a las sutilezas de uno de sus traductores, el australiano Chris Andrews, a quien se le debe el estilo sucio, desafiante, hard-boiled, de Nocturno de Chile y Estrella distante. Explica qué diferencia hay entre traducir a Bolaño y traducir el estilo matemático de César Aira, y el por qué de ciertos estereotipos que los norteamericanos construyeron en torno a la figura de Bolaño.


MELBOURNE, LONDRES, NUEVA YORK.

-¿Cómo llegaste a la traducción?

-Cuando terminé mis estudios en la Universidad de Melbourne pensé que me gustaría traducir textos literarios, pero mis comienzos fueron muy lentos, porque, como se sabe, hay pocas traducciones literarias al inglés. Además, los encargos se hacen casi siempre en Nueva York y Londres, casi nunca en Australia. Empecé sin embargo con una editora de Melbourne, para la cual traduje dos libros de viaje (en el sentido amplio). La segunda fue el hermoso Negro sobre negro de la autora catalana Ana Briongos, sobre el Irán de los años noventa.

-¿Y a Roberto Bolaño?

-En 2001 estaba de viaje en Chile, hablando con libreros y pidiendo consejos. Acababa de salir Nocturno de Chile, pero por cautela o tacañería compré Los detectives salvajes en la edición de bolsillo. El diario de Juan García Madero me agarró desde el primer párrafo. Había allí una energía y una frescura que me dieron ganas de seguir, y que seguí. Es una experiencia ampliamente compartida. Hay como una vibración que se desprende de las páginas de Bolaño; se transmite mediante ciertas estructuras sintácticas, pero no creo que haya una explicación puramente formal. Tiene que ver también con el estilo existencial del autor.

De Chile me fui a Londres, para molestar a unos editores, porque no me había servido de nada mandar cartas y e-mails desde Melbourne, y allí tuve mucha suerte, aunque no lo supe hasta casi un año más tarde. Me recibió Christopher Maclehose de The Harvill Press y me preguntó qué había leído recientemente. Hablé con entusiasmo de Bolaño. Él acababa de comprar los derechos de Nocturno de Chile pero ya tenían un traductor para el libro. Al año siguiente Euan Cameron de Harvill me pidió diez páginas traducidas a título de prueba. Por alguna razón, el traductor no había podido hacer el trabajo y Harvill necesitaba un sustituto, y rápido, porque el libro ya estaba en el catálogo. Me contrataron, y Barbara Epler de New Directions publicó el libro poco después en los Estados Unidos. Hay que decir que los dos primeros libros traducidos -Nocturno de Chile y Estrella distante- no se vendieron muy bien en Gran Bretaña. En el mundo anglófono, el fenómeno empezó a cobrar fuerzas en Nueva York con los cuentos de Last Evenings on Earth (tomados de Llamadas telefónicas y Putas asesinas) y sobre todo con Los detectives salvajes, traducido por Natasha Wimmer.

YO Y ALTER EGO.

-En el mundo anglosajón se han consolidado algunos mitos sobre Bolaño. Por ejemplo, el que lo pinta como un drogadicto que se redime a sí mismo. O que es un producto manufacturado por las fuerzas capitalistas. Y hay gente que critica estos mitos.

-Creo que hay que mirar las críticas por separado. La de Sarah Pollack me parece muy inteligente: lo que ella propone es una "lectura de una lectura," y lo que critica no es la obra de Bolaño directamente, sino su recepción en Estados Unidos. Ella dice que la obra se presta "inconscientemente o quizás con una deliberación provocativa" a lecturas que confirman una serie de estereotipos acerca de América Latina. No veo allí una deliberación provocativa, pero es cierto que los lectores norteamericanos tenían por donde agarrar la obra de Bolaño, en particular por el lado de la violencia. Sin embargo, no hay que dejar pasar por alto la manera en que su ficción tuerce también los estereotipos. En Los detectives salvajes, los realistas viscerales son haraganes, pero lo son más por poetas que por mexicanos: no faltan mexicanos trabajadores en la novela. Para no ir más lejos, las chicas que salen del grupo: Laura Jaúregi, las hermanas Font, Xóchitl García. Además, la haraganería encarnada por Ulises Lima, o mejor dicho, la inmunidad al exotismo (porque él se dedica a su oficio: escribe poemas) es una característica que la novela en su conjunto valora positivamente. Eso, al menos, es lo que trato de sostener en un libro que saldrá el año próximo.

Cuando a veces se presenta a Bolaño como un artefacto manufacturado por las fuerzas capitalistas, eso es un contrasentido. Bolaño era un escritor profesional -lo ha subrayado Christopher Domínguez Michael- pero no comercial. Escribió sus novelas con la esperanza de que se vendieran bien, pero no modificó su propuesta para que encajara mejor con las supuestas expectativas del mercado. Al contrario, se volvió más radical en el plano estético a medida que el éxito fortalecía su posición. Lo muestra su decisión de publicar Amberes -en vez de otro texto inédito, mucho más ameno, El Tercer Reich- y la monstruosidad estructural de 2666.

En cuanto al inexistente Bolaño heroinómano, fue un malentendido de ésos que suelen acompañar la fama, pero comprensible, porque hay una continuidad trabajada entre autobiografía y ficción en su obra. Designar a un personaje por la mayúscula B., por ejemplo, que puede remitir tanto a Bolaño como a Belano, es una manera de desdibujar la distinción entre el yo autobiográfico y el alter ego ficcional.

FENOMENOLOGÍA Y DIFERENCIAS.

-¿Qué diferencia hay entre traducir a Bolaño y traducir a César Aira?

-Es curioso que, tratándose de autores tan disímiles, el trabajo no es muy distinto en su fenomenología, quizás porque el traductor tiene la nariz pegada al texto, salvo en las últimas revisiones, y lo ocupan tanto los miles de elecciones entre palabras y giros. Claro que hay desafíos diferentes. ¿Como reflejar el abigarramiento multinacional del castellano de Bolaño en inglés, que también es una lengua intercontinental pero dominada por dos bloques rivales: la estadounidense y la británica? No hay una solución general a este problema recurrente; se resuelve caso por caso, según los parámetros dados por el contexto. El traductor de Aira se enfrenta a un desafío muy particular: el de seguir el movimiento ultrarrápido de sus desarrollos conceptuales sin cometer sinsentidos ni normalizar su pensamiento extravagante. A veces pienso que cuando Aira se va por un sendero ensayístico es como un matemático brillante y travieso que demuestra un teorema en la pizarra: va saltando etapas por creerlas evidentes, y a veces termina por franquear el paso hacia el delirio sin avisar. Quizás el riesgo mayor sea el de dejar que la traducción entre demasiado pronto en el delirio, porque Aira no sólo es loco sino que también es sabio.

-En la segunda parte del Quijote, se dice que leer un libro en traducción es como ver un tapiz flamenco desde la parte de atrás. ¿Qué opinas?

-La metáfora del hidalgo es ingeniosa: se pierden colores y detalles de la formas; las figuras no se ven "con la lisura y tez de la haz." Cuando se publica una traducción, se vuelve posible una experiencia que sencillamente no lo era antes, por ejemplo, la experiencia de leer La orilla africana de Rodrigo Rey Rosa en inglés (el libro acaba de salir en la traducción de Jeffrey Gray). Es una obviedad, pero me gusta pensar que los traductores estamos aumentando la suma de experiencias valiosas posibles en el mundo.

¡Responsabilízate!



PEDRO BERNARDO CELIS | EL UNIVERSAL - VENEZUELA

El idioma español nos permite minimizar nuestra responsabilidad. Las cosas se caen, se rompen, sin necesidad de que alguien asuma responsabilidad. Sin embargo, sabemos que las cosas no se caen solas, ni se rompen solas. Hay un responsable y no es precisamente la cosa. El idioma nos da licencia para no asumir la responsabilidad de nuestros actos. Nos invita a desentendernos de las consecuencias, a alejarnos del compromiso. En definitiva, asumir responsabilidad no es un valor en nuestra sociedad.

El idioma japonés, a diferencia del español, no es tan benévolo, y la sociedad así lo asume. El japonés llega al extremo del harakiri para asumir la responsabilidad por acciones deshonrosas. En estos tiempos modernos, hay los que se enclaustran en monasterios como forma alternativa al suicidio. En cualquier caso, asumir la responsabilidad por las acciones propias es un comportamiento natural entre los japoneses. Es un valor en su sociedad. Hay una interesante anécdota sobre Soichiro Honda, presidente de la Honda Motors Co., en los inicios de la participación de Honda en competencias de Fórmula 1. En una de las carreras, el motor se fundió. Los ingenieros, investigaron las causas, muy sorprendidos por lo ocurrido. Cuenta la anécdota que un joven ingeniero miembro del equipo descubrió que él había sido el responsable. Este ingeniero había aplicado erróneamente una formula de transferencia de calor. La consecuencia de este error fue que él diseñara una pieza más pequeña de lo debido. La misma se fundió en el intenso calor de la máquina. El joven ingeniero se acercó al Presidente de la empresa y le explicó su error. Asumió su responsabilidad. Soichiro Honda hizo que el joven se disculpara con cada uno de los miembros del equipo, ya que su error había echado a perder el trabajo y esfuerzo de todos los otros miembros. Asumir responsabilidad por lo ocurrido era lo natural. Disculparse por las consecuencias sobre los demás, era lo honorable. Pero lo más importante es que la lección derivada del evento, nunca sería olvidada, ni por el joven ingeniero ni por su equipo de trabajo.

Recordemos que todo sistema se caracteriza por ser un conjunto de elementos e interconexiones con un propósito, que redundan en un comportamiento determinado. Desde la perspectiva del pensamiento sistémico, la responsabilidad sobre el comportamiento del sistema, siempre está ubicada dentro del sistema. Nunca afuera. Indudablemente hay eventos externos que disparan un tipo de comportamiento en vez de otro. Algunas veces, esos eventos externos pueden ser controlados, pero otras veces no. Echarle la culpa al evento externo, o tratar de controlarlo, nos impide reconocer una solución más sencilla: incrementar la responsabilidad dentro del sistema.

Desde el punto de vista de análisis, ubicar responsabilidad dentro del sistema, nos permite entender mejor las razones de su comportamiento. Desde el punto de vista de diseño, el concepto de responsabilidad intrínseca es relevante. Significa que el sistema está diseñado para retroalimentar directamente a quien toma decisiones. Por ejemplo, el piloto de un avión es intrínsecamente responsable, ya que es quien recibe la retroalimentación de sus acciones directamente a través de sus instrumentos y sus sentidos. El piloto experimentará las consecuencias de sus decisiones. El equipo Honda de Fórmula 1 es un excelente ejemplo de la responsabilidad intrínseca en un sistema. Los miembros del equipo toman decisiones y experimentan las consecuencias de sus acciones relativamente rápido. Además, los miembros del equipo se reconocen como parte del sistema y asumen su responsabilidad.

En contraste, a los venezolanos nos encanta culpar eventos externos por las consecuencias que experimentamos. Si se trata de un partido de futbol que perdió la Vinotinto, la culpa la tiene el mal arbitraje, o el clima, o la altura. Nunca se trata de falta de preparación, descoordinación o estrategia interna. Si se trata del examen que fue calificado muy bajo, la culpa la tiene el profesor que raspa al estudiante. Nunca se trata del estudiante que no puso atención en clase, o no estudió suficiente y en consecuencia raspó el examen.

Por supuesto, el régimen chavista no está exento de este comportamiento. Es así que la inflación, la escasez, la devaluación y la inseguridad, es culpa de otros. Desde el punto de vista de análisis, la constante búsqueda de culpa en actores externos al régimen, si bien se entiende como un ardid político, también se convierte en tremendo impedimento para resolver los problemas. Desde el punto de vista de diseño, quienes detentan el poder no sufren las consecuencias de sus decisiones. El régimen castrocomunista se diseña a sí mismo como un sistema que no es responsable de nada, pero pretende controlarlo todo. Venezuela lo que realmente necesita es una buena dosis de responsabilidad intrínseca en todos sus ciudadanos para que podamos evolucionar como nación.

@ProfPBCelis - pbcelis@usb.ve

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE




sintecho, mejor en una sola palabra

Recomendación del día:
La grafía sintecho es la más adecuada para aludir a aquella ‘persona que carece de vivienda y, generalmente, de cualquier medio de vida’.

La Ortografía de la lengua española indica que diversas locuciones sustantivas introducidas por la preposición sin aparecen ya, con bastante frecuencia, con una grafía unitaria perfectamente válida: sintecho, simpapeles o sintierra.

En el caso de sintecho, este proceso hacia la unificación parece ya lo suficientemente avanzado como para que resulte más recomendable su escritura en una sola palabra, sin ningún resalte tipográfico: «Hallan muerto a un periodista que vivía como un sintecho para un documental».

Aunque es habitual —y no se considera incorrecto— mantener el término invariable en el plural (los sintecho, varios sintecho…), al tratarse de un sustantivo no hay razón para no emplear el plural sintechos. Por tanto, en una noticia como «El papa celebra su cumpleaños desayunando con cuatro ‘sintecho’» habría sido preferible escribir «El papa celebra su cumpleaños desayunando con cuatro sintechos».

No obstante, también resulta válida la escritura en dos palabras; en este caso, su plural es invariable: los sin techo, cuatro sin techo.
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