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sábado, 26 de julho de 2014

LA LENGUA VIVA



Marchemos 


francamente 


por la senda constitucional

 en Libertad Digital - España



Entramos en un periodo de muchos cambios, sean en los usos lingüísticos o en las leyes. Aquí doy cuenta de ambos. La sociedad se resiste a alterar los hábitos establecidos. Lo más difícil es ponerse de acuerdo en la significación de algunas palabras.
Pedro Manuel Arauz Cimarra resuelve el problema político de lacorrupción y de las regiones de una manera terminante. Su solución es: "El político corrupto al trullo y que devuelva hasta el último euro, y las autonomías cerradas a cal y canto". Es fácil decirlo, pero me parece que va a ser difícil llevar a cabo esas dos reformas. Habrá que cambiar la Constitución, pero no hay consenso para tal cosa.
Pablo Cifuentes hace un elogio de la Constitución de los Estados Unidos por su precisión y el famoso juego de frenos y contrapesos. Creo entender su sugerencia para que los adoptemos en España. No podría ser. Los textos constitucionales son la expresión de la historia de cada país; no se pueden exportar fácilmente, aunque puedan influir en otros lugares. Por ejemplo, la Constitución española de 1812 fue la mejor que hemos tenido, pero apenas tuvo vigencia en España e influyó en otras cartas fundamentales. Peliaguda cuestión la de formar ahora una comisión para redactar un nuevo texto.
Paco López discute mi apreciación sobre lo confuso que resulta decir "Estado español" en lugar de "España". En su opinión, el "estado español" (sic) debería llamarse siempre "Reino de España". Añade: "La utilización de la expresión estado español (sic) tiene un sentido despectivo, como cuando se le dice a un empleado 'chico' para no decir su nombre propio y no reconocerle su identidad". No estoy de acuerdo. La expresión Reino de España sirve como sujeto para los acuerdos internacionales. El Estado español (con mayúscula) equivale a la organización política de España, de la nación española. Curiosamente, en los primeros tiempos de Franco se intentó sustituir la voz España por Estado español. No cuajó. En cambio, ahora se hace con naturalidad por la presión de los nacionalistas, quienes no quieren ver a España ni en pintura. No me gusta la fórmula Gobierno de España. Sería mejor Gobierno del Estado español.
Salvador Feixedó aporta un soneto muy sentido, supongo que como contribución al día del orgullo gay, lesbiano, transexual y bisexual. Transcribo el primer cuarteto:
Los senos de cualquier mujer lesbiana
nunca llegarán a ser una fuente
donde beber una criatura inocente.
Serán solo protuberancia vana.
Ya de paso, ¿por qué no añadir a la lista oficial de "gays, lesbianas, transexuales y bisexuales" los "hermafroditas, asexuados y zoófilos o bestialistas"?
Ignacio Frías acumula más ejemplos a los cambios semánticos por causas históricas. Así, seguimos diciendo átomo (aunque se pueda dividir), mechero (sin mecha) o carretera (aunque por la mayoría de ellas no circulen más que vehículos a motor). Añado que los cocheseran los tirados por caballos, las cerillas no son de papel encerado y las llaves de los hoteles elegantes son tarjetas.
Clipper Ledgard se maravilla de la artificiosidad de ciertos alimentos. Por ejemplo, un "queso fundido con jamón" no contiene jamón sino solo "sabor a jamón". Hay también "lechuga orgánica" o "agua mineral", calificaciones equívocas.
Jesús Laínz no solo es un crítico del politiqués. Ahora plantea un neologismo muy necesario: honorgullecerse. Buena falta hace. Sería del mayor interés que don Jesús recopilara las palabras que ha inventado.
Juan Polacino me envía un interesante artículo que ha escrito sobre el lenguaje sexista. Su idea es que, como se trata de evitar el sexismo, se alarga el discurso hasta extremos insoportables. Por ejemplo, "señoras diputadas y señores diputados. Todos los españoles y todas las españolas deben ser trabajadores y trabajadoras para ser productivos y productivas". Su propuesta de lenguaje no sexista es que, si se desea mantener el sexo en el discurso, se deje la a para el femenino y la o para el masculino. Así, "conserjos y conserjas". En cambio, la e sería para los dos sexos. Por ejemplo, conserjes. La frase antes citada rezaría así: "Señores diputades. Todos los españoles deben ser trabajadores para ser productives". La propuesta resulta ingeniosa en la más noble tradición del arbitrismo.

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