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segunda-feira, 20 de janeiro de 2014

Errores ortotipográficos en la traducción al español





Errores ortotipográficos en la traducción al español
© 1999, Xosé Castro Roig y Lucía Rodríguez Corral

Si citas todo este artículo o parte, incluye estos datos: autor, fecha y procedencia.
Y envíame un mensaje; gracias. Esta conferencia fue impartida por Lucía Rodríguez Corral en la 40. º Convención anual de la ATA, en San Luis, Misuri, EE. UU. (Noviembre de 1999).




Introducción

Frecuencia de fallos en las traducciones

Esta ponencia surgió a raíz de la frecuencia con la que se encuentran ciertos fallos de ortotipografía en traducciones al español, especialmente del inglés al español.
Algunos traductores —o quizá todos nosotros en alguna ocasión— tomamos los signos de puntuación del texto original como delimitaciones físicas de nuestro trabajo. Por negligencia, cansancio o inexperiencia, constreñimos nuestra redacción a los límites impuestos por la estructura sintáctica del texto de origen: hablo de la división de párrafos, la estructura de las listas numeradas, el punto y seguido, los dos puntos, paréntesis, citas, etc.
Para aquellos traductores que encasillan literalmente su traducción en la estructura de frases y párrafos del texto original, los nuevos programas de gestión de memorias de traducción (como Trados o Déjà Vú) no hacen más que empeorar las cosas porque estos emplean tales signos de puntuación como acotadores de segmentos, como unidad de medida al fin y al cabo. Bien es cierto que estos programas permiten variar estas medidas, pero son un obstáculo más para el traductor descuidado.

La ortotipografía en la traducción

Puede definirse la ortotipografía como «la materia que trata la correcta acentuación y puntuación de los textos, además de la correcta utilización de ciertos signos complementarios».

Ausencia de documentación

Sobre estas importantes cuestiones existen algunos buenos libros, pero no tantos como sería deseable, sobre todo en formato de vademécum o manual de consulta rápido para redactores, traductores y escritores.

Disparidad de criterios

En los últimos tiempos hemos asistido, creo yo, a un desprestigio de la ortografía, calificada por algunas personas (incluso insignes) como una materia caprichosa y de reglas algo aleatorias, quizá olvidando que la ortografía nace de la necesidad de diferenciar palabras, dar ritmo a las frases y facilitar la lectura; no fue impuesta por ninguna oscura organización sino que fue fruto de la necesidad lógica de redactores y lectores en el transcurso de los siglos.
En general, las propuestas extremistas de simplificación de la ortografía (como sustituir la letra Q y la C, cuando es oclusiva, por K) suelen caer en el olvido pues «pecan de aquello de lo que se quejan»: intentar imponer unas reglas estrictas al idioma, que es propiedad y patrimonio de todos. La ortografía actual es más sencilla y precisa que la del siglo pasado y, seguramente, la de la próxima centuria siga la tradición...

Respuesta de la Academia

La Real Academia debió de enterarse de que yo venía a dar una ponencia sobre este tema a San Luis, porque hace poco publicó la Ortografía de la lengua española, que me ha venido de perlas para documentar algunos de los puntos expuestos. La principal característica de este excelente y esperado manual es que es la primera Ortografía española consensuada por todas las Academias de la lengua española.
En 45 minutos es difícil abarcar todos los puntos. El objetivo no es hablar tanto de cuándo se deben usar ciertos signos de puntuación (para lo cual, os remito a los libros que citaré al final) sino de cómo deben utilizarse. No pretendo dar todas las reglas ortográficas sino destacar solo algunas en las que suelen cometer más errores los traductores. Mi intención es exponer algunos de los principales consejos prácticos para todo redactor, especialmente traductor, y que esta charla sirva como base para seguir aprendiendo y profundizando en el conocimiento de nuestra lengua.

Comillas

Existen tres tipos de comillas: las latinas o españolas («»), las altas o inglesas ("") y las simples (' ').
Las comillas típicas del español son las latinas o españolas (« »). Las altas o inglesas (" ") se emplean cuando se incluyen citas dentro de una frase ya entrecomillada con las primeras.
Las comillas simples se utilizan para encerrar significados o aclaraciones sobre el sentido de un término o frase.
Errores en las comillas:
1. Juan dijo: "Este "laburo" me tiene frito".
2. Resolvió la cuestión ‘in situ’.
3. Fui a ver "La guerra de las galaxias".
Uso correcto:
1. Juan dijo: «Este "laburo" me tiene frito».
2. Resolvió la cuestión in situ.
3. Fui a ver La guerra de las galaxias.

Letras mayúsculas

Se suelen utilizar en títulos de libros (portadas), cabeceras de publicaciones (diarios...), siglas y en los verbos de contratos y documentos jurídicos o administrativos (EXPONE, SOLICITA).
Como es obvio, la acentuación de las letras mayúsculas es exactamente igual que la de las minúsculas. En otros tiempos hubo dificultades técnicas que impedían acentuar adecuadamente las mayúsculas, pero eso no significa que la norma haya cambiado. Paradójicamente, a nadie se le ocurriría, por ejemplo, dejar de poner la diéresis al escribir lengüeta en mayúsculas. Hace años me uní a la apuesta personal de Alberto Gómez Font (del Departamento de Español Urgente de la Agencia EFE): si alguien me muestra un libro de texto oficial de cualquier país hispanohablante en el que se diga que las mayúsculas no se acentúan, yo lo invito a unas cervezas.
Las normas de estilo dictan que, cuando hay frases en mayúsculas dentro de un párrafo, deben emplearse las versalitas (small caps) y no las mayúsculas.

Errores mayúsculos:
1. La Ciudad Y Los Perros, de Vargas Llosa.
2. Álvaro llegó de África el viernes pasado.
3. Lo leí en El Heraldo De Córdoba.
Uso correcto:
1. La ciudad y los perros, de Vargas Llosa.
2. Álvaro llegó de África el viernes pasado.
3. Lo leí en El Heraldo de Córdoba.

Otro error no citado: en los contratos estadounidenses (especialmente en los contratos de licencia de programas informáticos) es habitual usar las mayúsculas para destacar los párrafos más importantes de un contrato. Esto no es propio en español, donde se prefiere usar la negrita o aplicar otro estilo diacrítico distinto de las mayúsculas.

Siglas y acrónimos

Las siglas se forman con las letras iniciales de las palabras y no tienen por qué formar una palabra pronunciable: OTAN, FMI, CD-ROM, etc. Se escriben siempre en mayúsculas y, generalmente, sin puntos, especialmente cuando pasan a formar palabras (acrónimos): láser, inri, Mercosur...
Los acrónimos son, pues, palabras formadas a partir de siglas, que tienden a escribirse en minúsculas y a las que se aplica las normas de acentuación y formación de plural normales en otras palabras.
Las siglas forman plural por duplicación de sus letras. Un caso típico es el de EE. UU., sigla empleada en varios países para designar los Estados Unidos de América, que debe escribirse con un espacio entre ambos pares de letras. Estrictamente, EE. UU. es una sigla en plural y por eso debe llevar punto abreviativo y espacio, como FF. CC., CC. OO., RR. HH., SS. MM. No está de más recordar que, tanto en español como en inglés, es incorrecto formar el plural de las siglas añadiendo un apóstrofo seguido de s, a pesar de que es un uso muy extendido.

Errores de las siglas:
1. CD-ROM.
2. EE.UU., E U A, f.f.c.c., etc.
3. CD-ROM's.
Uso correcto:
1. CD-ROM.
2. EE. UU., EUA, FF. CC., etc.
3. Los CR-ROM, unos CR-ROM o, en todo caso, CD-ROMs (véanse las excepciones personales, a continuación).
Aunque la formación de plural en las siglas que acabo de explicar sea la normativa, los traductores técnicos sabemos que esto es imposible de cumplir en diversos contextos. La proliferación de siglas para designar elementos y objetos en documentos técnicos nos fuerza, en algunos casos, a utilizar plurales de siglas porque no es posible añadir un artículo que aclare el número del sustantivo (las TRFU, unas TRFU). En esos casos, yo soy partidario de saltarme la regla académica —dada la extensión que tendrían nuestras traducciones si lo hiciéramos— y agregar una s minúscula al final de la sigla para formar el plural (TRFUs).
Excepciones personales:
1. Este módulo está compuesto de: TRFUs, HRTOs y FSTs

La raya
Se usa, principalmente, para indicar oraciones incidentales e indicar aperturas de parlamentos en diálogos.

Errores de la raya:
1. Son dos ciudades — Roma y Venecia.
2. La traducción — Una ciencia empírica
3. Come—dijo ella—o llegaremos tarde.
4. Disquete—soporte de almacenamiento...
5.a. Me temo -comentó Juan- que da igual.
5. b Me temo --comentó Juan-- que da igual.
Uso correcto:
1. Son dos ciudades: Roma y Venecia.
2. La traducción, una ciencia empírica.
3. Come —dijo ella— o llegaremos tarde.
4. Disquete: soporte de almacenamiento...
5.a y 5.b. Me temo —comentó Juan— que da igual.
En el primer ejemplo se ilustra un uso anglicado de la raya. En inglés, este signo se emplea a menudo dentro de un párrafo sin que se corresponda con otra raya de cierre. En esos casos, debe traducirse por el signo de puntuación en español que corresponda: dos puntos, punto y coma, raya (doble), coma, paréntesis, etc.
Veamos ahora el segundo ejemplo: es muy común el uso de la raya en inglés para separar títulos, oponer el número de un capítulo a su título (Capítulo 1—Configuración) cuando en español es más propio usar otros signos (dos puntos, coma, punto y coma...).
En el tercer ejemplo, se observa que la raya de apertura debe ir unida a la palabra que precede e ir a su vez precedida de un espacio y, la raya de cierre, debe ir unida a la última letra y seguida de un espacio. Es decir, se intercala en una frase igual que los signos de interrogación y exclamación.
Otra forma anglicada (cuarto ejemplo) es la del uso de la raya como equivalente directo de los dos puntos en glosarios, listas de palabras, listas de descripciones, etc.
La raya se escribe, en Windows, pulsando Alt+0151 en el teclado numérico. Nunca debemos usar el guion o un guion duplicado como sustitución de la raya (ejemplos 5.a y 5.b).

El guion

El guion se usa para separar palabras compuestas (p. ej., argentino-chileno) y dividir palabras al final del renglón.
En inglés hay una tendencia a utilizar guiones que nosotros no debemos calcar en español. En ocasiones, en nuestro idioma, el guion separa más que une. Para que una palabra sea válida en español, no hace falta que esté en el diccionario, basta con que haya sido creada ateniéndose a las reglas correctas de formación de vocablos. Así, rellamar, rehabituar, etc. son palabras correctas que no se encuentran en algunos diccionarios y que en español no necesitan guion, aunque sus equivalentes en inglés puedan llevarlo.
Obviamente, quedan incluidas en esta regla expresiones, perífrasis y sustantivos formados con guion en inglés, pero que no llevan guion en español: previously-approved changes, easy-to-read manual, 2- or 3-hour...

Errores del guion:
co-ordinar, ex-presidente, re-llamar,

El signo menos (–)

Es un signo más corto que la raya (—) y más largo que el guion (-). Tiene la misma anchura que el signo más (+) y otros signos aritméticos. Es conveniente usarlo cuando se escriben números, fórmulas u operaciones aritméticas pues tiene la misma anchura que ellos.
El signo menos se obtiene pulsando Alt+0150 en el teclado numérico (en Windows).

Ejemplos:
1. Separación de fechas:
• Juan Rulfo (1918–1986) fue un gran... (el guion puede llegar a verse muy pequeño, especialmente si se emplean letras de anchura no proporcional).
2. Intervalos de páginas o numeraciones:
• Págs. 2–25, 2–14...
3. Números negativos y operaciones aritméticas:
• –5 ºC, –2000 pesos, 4 ÷ 2 × 6 = 12

Signos (I)

El signo & se llama et, no ampersand, que es su nombre inglés (derivado de 'and per se and'). Su forma es, de hecho, la de la conjunción latina et ( ) convertida en un solo signo. En español tiene poco uso porque su función, ser una cópula breve, nunca podrá superar la brevedad de la conjunción española y.
No es cierto que su uso sea anglicado, aunque el español resurgió con fuerza por influencia del inglés (por ejemplo, en nombres de empresas como Goodman & Sons). Antiguamente, la abreviatura de etcétera se escribía &c. o  c. de ahí que alguna gente, por confusión (incluso en algunos escritos de la Academia) diga que tal signo se llama etcétera.

Signos (II)

La barra sirve, entre otras cosas, para separar fechas; también tiene una función preposicional en algunas unidades de medida combinadas.
En inglés es habitual escribir ciertas unidades de medida combinadas con este formato: mph (miles per hour), gpm (gallons per minute). En español debemos usar la barra.
Ejemplos de la barra:
1. Fechas: 2/1993, 19/5/84, 19/V/94
2. Unidades de medida:
• km/h y no mph
• m/s y no mps

Signos (y III)

El signo # se puede llamar 'número' o 'cantidad'. Y digo «se puede» porque es un signo inglés, aunque muy utilizado en muchos países hispanohablantes (llamado gato en México porque recuerda al juego que en España denominamos Tres en raya). Lo cierto es que, en general, en español se prefiere el uso de abreviaturas como núm. o n.º. En algunos países hispanohablantes no se entiende este signo como equivalente de la palabra número, así que debemos evitar su uso si nuestra traducción va destinada a varios países de habla hispana:
1. Pieza n. º 5 y no pieza #5.
2. N. º tel. y no # tel.

Abreviaturas y unidades de medida

Las abreviaturas se distinguen de las unidades de medida en varios aspectos. La principal diferencia entre abreviaturas y unidades de medida es que aquellas llevan siempre un punto abreviativo que indica, precisamente, su carácter de palabra abreviada. Otra diferencia es que solo las abreviaturas pueden formar plural. Las unidades de medida son de número invariable. Asimismo, las abreviaturas admiten mayúscula, si es que su posición en la frase así lo precisa, mientras que las unidades de medida siempre van en minúscula.

Ejemplos de abreviaturas y unidades de medida:
1. Recorrió varios kms. hasta llegar.
Aunque las abreviaturas deben utilizarse únicamente cuando sea necesario por problemas de espacio (no es un recurso estilístico recomendable), podemos abreviar, dentro de un texto, como en este caso, una unidad que tiene su propio signo. Hablamos de kilómetros, pero lo tratamos como sustantivo, no como unidad de medida.
2. Tels. y faxes.
En este ejemplo se observa una abreviatura (que se distingue por el punto abreviativo) en plural. Como ya se ha señalado, las unidades de medida son de número invariable.
3. P.º, 1.ª, M.ª (no Ma.), 1.er
Ciertas palabras y números pueden abreviarse haciendo uso de letras en voladita. Generalmente, no más de tres. En algunos países, por influencia del inglés, se abrevian palabras comunes (como María o número) con la forma inglesa: inicial mayúscula, vocal y punto. No es lo habitual en español. Cuando la letra en voladita va subrayada, no hace falta el punto abreviativo: 1a.
4. n.º , núm. pero no No. o #.
Cuando se abrevia usando una letra en voladita también hay que incluir el punto abreviativo. Las abreviaturas, como cualquier otra palabra, van en mayúsculas o minúsculas, según si están dentro del texto o al principio de una frase. Hay cierta costumbre (por influencia del inglés) de calcar la abreviatura de la palabra número.
5. km/h, m/min, 20 kg, 12 kB, 10 MB
6. 12 h, 14 min
7. Bar más cercano: 5 m
Las unidades de medida de los tres últimos ejemplos no llevan punto.

El punto

Debe tenerse cuidado al combinarlo con ciertos signos de puntuación: ( ), «», ¡!, ¿?, ...
Las Academias han sorprendido a propios y extraños al indicar en su nueva Ortografía que el punto debe ir siempre fuera de las frases entrecomilladas, de paréntesis y otro tipo de acotaciones. Otros autores recomiendan usar el punto dentro de esos signos cuando la frase no es subordinada.
Después de los signos de admiración e interrogación nunca se pone punto porque se entiende que está incluido en el signo.
Lo mismo ocurre con los puntos suspensivos, que se explican a continuación.

Puntos suspensivos

Se obtienen pulsando ALT+0133 en Windows, de modo que ocupan el mismo espacio que un carácter y no corremos riesgos de que se alteren al darle formato al documento. Siempre son tres puntos seguidos y sin espacios intermedios; solo tres.

Ejemplos de puntos suspensivos:
1. Tú, yo, la luna, el sol, tus ojos…
Sirve para omitir intencionadamente una parte del discurso, sugerir un final impreciso, denotar el paso del tiempo entre expresiones.
2. Su mujer [...] una santa y él [...] un tarado
Cuando los usamos para indicar que se ha omitido parte del texto lo habitual es ponerlos entre corchetes y, a veces, aun entre paréntesis.
3. … y se fue, como una ola.
Si una frase empieza con puntos suspensivos para sugerir un principio truncado, debe introducirse un espacio entre el signo y la primera palabra.
Hay que tener cuidado de no abusar de este signo; ese efecto de imprecisión que transmite puede dar la sensación de que el que lo escribe parece no tener nada claro en su redacción. El otro día leí un mensaje en el que la autora empleaba 15 veces este signo. No sabía si afirmaba o dudaba hasta de su sombra.

Vocablos latinos

A veces se mete todo el idioma latino en un solo saco, pero a la hora de escribir ciertos vocablos, debemos diferenciar los vocablos latinos aceptados en nuestra lengua (españoles, por tanto) de los latinismos, considerados expresiones de una lengua extranjera en la nuestra. Aquellos se escriben en redonda y se rigen con las reglas de acentuación del español. Estos se escriben en cursiva.
El inglés ha suscitado la confusión en algunos traductores despistados. Así, asistimos a la llegada de anglicismos ocultos tras una máscara latina. Es el caso de status quo (statu quo), versus (contra, frente, comparación; generalmente abreviado como vs.), memorandum (palabra normalmente abreviada como memo y que debe traducirse en muchos casos —no siempre— como nota, circular, indicación, pues un memorándum suele ser algo más formal en español).
Esta última palabra resulta graciosa. Hace poco vi un programa informático que ofrecía, literalmente, «una función para memos», vamos, que permitía escribir notas para recordar ciertas tareas. Algo insultante, si lo leemos así, pero muy práctico. Memo debía de ser el traductor y el que aprobó la traducción.

Ejemplos:
1. Vocablos latinos españoles: in situ, ad líbitum, currículum, a posteriori, prima facie, motu proprio, sub júdice, grosso modo...
2. Latinismos y giros: Alea jacta est, do ut des, Aquila non capit muscas, etc.

Vocablos extranjeros

Ocurre lo mismo que con los vocablos latinos. Hay ciertos extranjerismos ya integrados en español y adaptados a nuestra escritura, aunque a veces, la pronunciación adaptada se parezca al original lo que un huevo a una castaña, como en el caso de búnker, bumerán, bungaló o elite (que la mayoría escribe élite y así se quedará).
Luego están los extranjerismos de nuevo cuño. La Academia aconseja dejarlos en cursiva y sin acentuar si aún no han sido adaptados. En el caso de la palabra marketing, la Academia prefiere dejarla escrita como en inglés (en redonda pues ya la reconoce, aunque aconseja, como es lógico, el uso de mercadotecnia), pero algunos hablantes la acentúan aplicándole las normas de acentuación (márketing).

Ejemplos:
1. El impeachment es un proceso que...
2. Viajé a Nueva Escocia y luego a Misuri.
3. Hablar con anglicismos suena cool.
4. Márketing frente a márquetin.

Bibliografía recomendada

Algunos de los últimos títulos publicados y que no deben faltar en los anaqueles de los que traducimos al español.
Real Academia Española (1999): Ortografía de la lengua española, Madrid, Espasa Calpe.
Martínez de Sousa, J. (1998): Diccionario de usos y dudas del español, Barcelona, Vox.
— (1995): Diccionario de ortografía de la lengua española, Madrid, Paraninfo.
— (1999): Diccionario de ortografía técnica, Madrid, Fundación Germán Sánchez Ruipérez.
Seco, Manuel (1998): Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española, Madrid, Espasa.
Olsen, María, Zorrilla, Alicia (1996): Diccionario de los usos correctos del español, Buenos Aires, Estrada.
Web
Ciberlibrerías:
www.bol.com
www.casadellibro.com
www.crisol.es
Base de datos del ISBN de España:
http://www.mcu.es/bases/spa/isbn/ISBN.html
Listas de correo
Espalista (para miembros de la División):
http://www.atanet.org/spd/email.cgi?
Apuntes:
http://goya.eunet.es/apuntes
Además de valiosos boletines como Apuntes, Intercambios, Glosas, etc. cuyos redactores están en este congreso.

LA ESQUINA DEL IDIOMA






Exprés

PIEDAD VILLAVICENCIO BELLOLIO (EL UNIVERSO.COM, ECUADOR)
Exprés es la grafía recomendada; «express» tiene pronunciación híbrida.
«Express», vocablo inglés y también francés, se adaptó al español con la grafía exprés.


Se emplea para referirse a algunos electrodomésticos que tienen la característica de funcionar con presión para disminuir el tiempo de cocción o de ebullición.

Algunos ejemplos de estos artefactos son la olla exprés (se usa más olla de presión [no se diga a presión]), la cafetera exprés, la sartén exprés, la cantina exprés, el esterilizador exprés.

De la etimología de «express» surgen las acepciones de urgente o de prisa, y por esta particularidad se extendió su empleo a otros ámbitos, como el de los secuestros rápidos o de corta duración, que generalmente se hacen por medio de un vehículo, que puede ser de alquiler o de la propia víctima.

Con el significado que antecede se recomienda también que se emplee la palabra exprés (secuestro exprés), pues la forma extranjera (express) requiere de resalte ortográfico (cursiva, comillas) y su pronunciación resulta híbrida.

Sobre el tipo de secuestro mencionado, según el último DRAE, en el Perú se emplea la locución secuestro al paso, «que se realiza llevando en automóvil a la víctima para que con su tarjeta de crédito retire dinero de cajeros automáticos».

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La RAE contempla admitir publicidad en la versión digital de su Diccionario

Efe. Madrid.

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La Real Academia Española (RAE) busca nuevas fórmulas de financiación que le den "independencia y autonomía económica", y una de las soluciones que se barajan es admitir publicidad en la versión digital del Diccionario de la Lengua, que cada mes recibe más de cuarenta millones de consultas.


"Creo que esa va a ser la solución, aunque por supuesto las consultas de la página web continuarían siendo gratis", afirmaba hoy el director de la Real Academia Española, José Manuel Blecua, ante un grupo de periodistas tras protagonizar un desayuno del Foro Nueva Economía.

La Academia ya cuenta con un informe del Banco de España sobre esta cuestión y, una vez que existan pruebas de imprenta de la nueva edición del Diccionario de la Real Academia Española, lo que podría suceder "hacia junio o julio" próximos, empezarán "a negociar con las empresas".

Blecua no cree que haya dificultades para conseguir esa publicidad, dados "los resultados" de la página web de la RAE, en la que además del Diccionario, se pueden consultar la nueva Gramática, la nueva Ortografía, el Diccionario Panhispánico de Dudas y otras obras publicadas por esta institución.

Sin embargo, el director de la RAE fue prudente y no quiso avanzar el nombre de las empresas interesadas. En octubre de 2014 está previsto que se publique la nueva edición del DRAE, "la última, probablemente, que saldrá en papel", y para esa fecha espera que se haya conseguido "lo de la publicidad", señaló.

En su intervención inicial, y en presencia del expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero; del exministro José Bono, de la Defensora del Pueblo, Soledad Becerril, y del exsecretario de Estado Miguel Ángel Cortés, entre otras muchas personalidades, Blecua dejó claro que la Academia debe buscar "un nuevo modelo económico que les proporcione independencia y autonomía".

La situación actual de esta institución es delicada, como sucede con la mayoría de las instituciones culturales. La aportación del Estado, que suponía el 50 por ciento de los ingresos de la Academia, ha descendido un 60 por ciento en los últimos años, y también han disminuido el patrocinio de empresas privadas y el rendimiento financiero de los capitales. Y ha bajado "más del 30 por ciento" la venta de las obras "en papel" de la RAE.

Blecua se refirió también a la nueva edición del Diccionario que contará con 93.120 entradas y unas 60.000 enmiendas.

"Pero el Diccionario siempre es imperfecto y nunca cumple las expectativas de quienes lo consultan". Se tienen en cuenta las críticas que se les formulan aunque muchas peticiones no se pueden atender.

La última la ha hecho un abogado de Reus para que se cambie la definición de "moro" y se ponga como insulto. Así, contaba Blecua, ese abogado "puede procesar a las personas que insultan con esa palabra a los marroquíes".

"Es una petición inusitada", reconoció el director antes de afirmar que "es inevitable" que el Diccionario "refleje una sociedad que ha tenido sus ideas religiosas, políticas; que es machista, aunque menos que antes". Todo esto está en el diccionario, y a medida que la sociedad vaya cambiando lo hará el Diccionario.

CURIOSIDADES DEL ESPAÑOL






¿Almóndiga o albóndiga?: Dudas y curiosidades del español
IRENE GÓMEZ PEÑA@IRENEGOMEZPENA

El libro «ReAprende Español: 101 cagadas (y otras curiosidades) de nuestra lengua» sugiere que los hispanohablantes revisen su vocabulario a veces menos acertado y correcto de lo que creían

Puede sonar fea, soez, malsonante, inapropiada e incluso escatológica. Sin embargo, la palabra cagada, incluida en el subtítulo de esta información, forma parte de la musical orquesta que es la lengua española. Recogida por el Diccionario de la Real Academia, se refiere en modo coloquial a la «acción que resulta de una torpeza». En Cuba también se utiliza para designar a una persona «idéntica o semejante a otra en el físico o en su manera de comportarse». ¿A que no lo sabías? «Tu hermano es cagadito a ti...» Grandes tesoros con dejes peculiares guarda nuestro querido español.

Con tal de no ofender maquillamos la realidad
Pero el castellano, de palabras hermosas, pulcro, formal y en negro sobre blanco prefiere los eufemismos y se acomoda, en ocasiones, en las incorrecciones. Con tal de no ofender maquillamos la realidad y en lugar de la palabra cagada solemos usar el término «equivocación», «metedura de pata» o «torpeza» en registros formales.
No obstante, este empeño del hispanohablante por asear su lenguaje puede provocar imprecisiones y son estas mismas las que ha puesto de relieve (que no en relieve) el libro «ReAprender Español: las 101 cagadas -y otras curiosidades- de nuestra lengua» (Ed. Bolchiro), escrito por un equipo de periodistas para Irazusta Comunicación y con prólogo de la letra g de la RAE, la escritora Soledad Puértolas.

Obama es negro y no miento
Sin miramientos, lo primero que abordan es el uso de eufemismos, como cuando utilizamos la palabra negro para describir a una persona «de color». Obama es negro, aseveran. Y tienen razón. Su color de piel es «oscuro» pero queda feo decírselo a uno en la cara, aunque de este modo le estemos mintiendo al mismísimo presidente de los Estados Unidos o, mejor dicho, estemos «faltando a la verdad».

«Nunca digas de este (esta) agua no beberé ni este cura no es mi padre»
Otro aspecto que abordan es el refranero español. «Nunca digas de este este (esta) agua no beberé, ni este cura no es mi padre». En esta expresión el artículo demostrativo «este» es incorrecto aunque socialmente aceptado, al igual que la palabra biquini, escrita con la «q» española pese a que la «Ortografía de la lengua» aconseje que se escriba con k de whisky que, por otro lado, está mejor escrito con diéresis (güisqui). Un lío, vamos.
Los autores de este manual, María Irazusta, Beatriz Fernández, Nacho Miquel y Noemí Sánchez, aseguran que hasta el mismísimo Lázaro Carreter e incluso Lope de Vega cometían lo que originalmente eran errores y que con el uso del castellano se han ido aceptando. Miguel Delibes era un profundo laísta. Sabía que lo hacía mal y le gustaba y Lázaro Carreter usaba el vulgarismo «espúreo» en lugar de «espurio». Todo ello sin ánimo de engañar.

Al rescate de la lengua
«El objetivo es que en las redes sociales se hable mejor»
«El objetivo que persigue este libro es claramente que en las redes sociales se hable mejor. Muchas veces no somos conscientes de que las expresiones que utilizamos no son las correctas», cuenta María Irazusta, quien advierte de que los medios de comunicación contribuyen a esto aunque no son los culpables. «Lo que queremos es salir al rescate de la lengua movidos por el amor al lenguaje», confiesa.
El equipo de Irazusta lanza este libro con mucha ilusión y empeño en que se convierta en un manual rápido de consultar, porque «todos, hasta los más cultos, a veces tenemos dudas». Para facilitar su lectura lo han publicado en formato electrónico, que podrá comprarse a través de Amazon por 4,99€, además de visualizarse en el móvil.

«ReAprende español» pretende ser el más rebelde de los manuales, siempre en consonancia con lo que estipula la RAE. «Nosotros partimos de palabras que están aceptadas. Sin embargo, ponemos el acento en aquellas que suenan raras». Se refieren a términos como «almóndiga» y «albóndiga» o «asín» y «así», que sí están recogidas en el diccionario, y a superlativos como «nigérrimo» (negro, negrísimo), que no lo están.

«Periodiquismos»
Asimismo, ponen el acento en palabras que en origen tenían un significado y que con el tiempo han ido ciñéndose a otro. En este sentido, destacan términos como álgido, que ha pasado de ser frío a caliente o lívido que hacía referencia a un color amoratado aunque en la actualidad tire más hacia el blanquecino. En cuanto a los «periodiquismos», en este libro se recogen estructuras como «en base a», «a nivel de», muy habituales en los medios de comunicación pero que son erróneos.

Lo cierto es que la lengua la hacen los hablantes, hecho por el que la RAE se adapta con cada vez más celeridad a los cambios en el idioma, incluyendo anglicismos y tecnicismos. Que no resulte raro que en un futuro acepten la palabra «whasapearse» en lugar de «nos escribimos un mensaje». A dónde vamos a parar...

FUNDÉU RECOMIENDA:


Fitur 2014, claves de redacción

Recomendación urgente del día


Con motivo de la Feria Internacional del Turismo (Fitur), que comienza en Madrid el próximo miércoles, se ofrecen algunas claves para una correcta redacción de las informaciones relacionadas con este acontecimiento.

Fitur es un acrónimo formado por las primeras letras de las palabras que componen el nombre completo de la feria. Conforme a las normas académicas, lo recomendable es escribirlo con inicial mayúscula y el resto en minúscula (Fitur, mejor que FITUR) ya que puede pronunciarse como una palabra, es nombre propio y tiene más de cuatro letras. Lo mismo sucede con la Conferencia Iberoamericana de Ministros y Empresarios de Turismo (Cimet) que se celebra estos mismos días.
La palabra estand, adaptación hispanizada de stand, ya está recogida en el Diccionario académico con el significado de ‘instalación dentro de un mercado o feria, para la exposición o venta de productos’, aunque se pueden usar otras alternativas como pabellón (cuando se trata de un edificio de un tamaño considerable), caseta o puesto (para instalaciones de pequeñas dimensiones) y expositor.
El término turoperador, mejor que touroperador o tour operador, es adecuado para aludir en español a la ‘empresa mayorista de turismo que vende viajes organizados’, según señala el Diccionario panhispánico de dudas.
Para aludir a cantidades que se cuentan por miles, como el número de visitantes, expositores o profesionales, no es apropiado mezclar cifras y letras. Así, lo adecuado es escribir que se espera la asistencia de 200 000 (o doscientos mil) visitantes, pero no 200 mil.

Normas que nos resistimos a aceptar


Por Graciela Melgarejo | LA NACION - Buenos Aires
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Alguna vez, la escritora Clarice Lispector (1920-1977) se refirió así a su tarea: "Escribir es tratar de entender, es tratar de reproducir lo irreproducible". Esta frase da pie para hacer dos reflexiones: la primera, que cada artista tiene una definición propia e intransferible sobre lo que hace; la segunda, que para poder entendernos entre todos es que surgen las reglas del idioma, que son reglas y no leyes, y por eso cambian y se adecuan a los tiempos.

Docente de periodismo en la Universidad de Palermo, el lector Ary Gutman tiene, a propósito de algunos de esos recientes cambios en las normas, sus propias críticas. El 13/1, escribe este correo electrónico: "Hace unos días me reí mucho cuando el diario El País de España tituló un artículo «Los expresos de ETA no serán trasladados», o algo similar. Por supuesto, del contexto se desprendía perfectamente el significado, pero...". El lector se está refiriendo a lo decidido por la Real Academia Española para el prefijo ex-: a partir de la última edición de la Ortografía de la lengua española, en diciembre de 2010, el prefijo ex- funciona como todos los demás prefijos, es decir, que se escribe unido a la palabra siguiente (ver artículo completo en http://bit.ly/1i9Vlq3). En muchos medios de comunicación, sin embargo, todavía se sigue escribiendo separado (por ejemplo, en LA NACION). Hay lectores que, como Gutman -"nos negamos", dice-, también se resisten al cambio.

LEER EN VERANO

La Fundación Leer, conocida desde 1997 por la realización en octubre de las Maratones Nacionales de Lectura, propone ahora repetir la experiencia en verano. La iniciativa, dirigida tanto a los chicos como a los adultos que quieran acompañarlos, está centrada en el mundo digital: todos los viernes de enero y febrero, la Fundación enviará gratuitamente a los que se inscriban en www.leer.org.ar un e-book en un mail, para leer desde la computadora, tableta o smartphone. Al finalizar la campaña, se sortearán libros a elección de los participantes.

En realidad, todo tiempo es propicio para la lectura (sobre todo cuando es "edificante", como pretendían nuestros mayores hace muchísimos años). En un libro llamado Reflexiones sobre la lectura (Dunken, 2003) de la Academia Argentina de Letras (AAL), se recogieron una serie de artículos breves, escritos por algunos de sus miembros y publicados en este diario en 2002, sobre precisamente "La lectura". Algunos rescatan el acto de leer como felicidad o placer; otros aseguran que "los clásicos no muerden" -el texto de Carlos Ronchi March se llama "De Pókemon a Homero"-, y otros, por fin, como el actual presidente de la AAL, José Luis Moure, abogan por el ejercicio reiterado y enriquecedor de la lectura.

Ninguno de los textos ha perdido actualidad. Tampoco, la cita que en la presentación hace el entonces presidente de la AAL, Pedro Luis Barcia. Del libro del Arcipreste de Hita, Juan Ruiz (c. 1284 - c. 1351), el célebre Libro de Buen Amor, toma la comparación con un instrumento musical en manos de un buen lector: "De todos los instrumentos yo, libro, soy pariente; bien o mal, cual puntares, tal te dirá ciertamente, cual tú decir quisieres, i faz punto, i tente; / si me puntar supieres, siempre me habrás en miente". © LA NACION.
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