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terça-feira, 4 de fevereiro de 2014

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE



nocaut, adaptación de knockout

Recomendación urgente del día

El término nocaut es válido para aludir a un ‘golpe que deja fuera de combate’, así como a la ‘derrota por fuera de combate’, tal como recoge un artículo nuevo del Diccionario de la Real Academia Española, y es preferible al anglicismo knockout.


En las noticias relacionadas con el púgil Óscar González aparece ocasionalmente el vocablo inglés, como en «El boxeador mexicano Óscar González, más conocido como el Fantasma, se encuentra entre la vida y la muerte tras un knockout».

La palabra ya se ha hispanizado como nocaut y figura en el Diccionario académico como americanismo —aunque va ganando uso en España—, por lo que es recomendable esta última palabra a la extranjera; en consecuencia, la anterior frase habría sido mejor concluirla con «entre la vida y muerte tras un nocaut».

También se usa la abreviación KO, que por leerse casi siempre deletreada se considera mejor una sigla, tal como indica la Ortografía académica, es decir, sin puntos ni espacio; por la misma razón, tampoco se le aplica cursiva o comillas, aunque corresponda a una voz extranjera.

Del verbo to knock out se ha formado noquear, que en boxeo significa ‘dejar fuera de combate’ y que en la lengua general tiene los sentidos de ‘dejar inconsciente con un golpe’ y ‘derrotar rápida y contundentemente’, tal como explica el Diccionario panhispánico de dudas.

Dado que nocaut es una palabra aguda acabada en consonante distinta de n o s, se escribe sin tilde. Su plural es nocauts, también sin tilde.

Ver también boxeo.

Medianoches de medianoche






CAIUS APICIUS (AGENCIA EFE)
Hubo un tiempo en el que a las fiestas nocturnas que incluían música y baile se les llamaba saraos; bien es verdad que no lo eran todas, porque el Diccionario especifica que los reunidos deben ser «personas de distinción»; si no, no había sarao.


En aquellos saraos, que no tenían patrocinador y, por lo tanto, tampoco photocall, era costumbre servir, transcurrido un tiempo prudencial desde la cena, que se hacía bastante más temprano que ahora, una serie de bocaditos, más que nada como entretenimiento. Los más elegantes eran los que combinaban lo dulce con lo salado: unos bollos de leche, o suizos, en miniatura, partidos a lo largo en dos mitades entre las que se ponía algo salado.

Esos minibocadillos se servían en torno a la medianoche, y de ahí se pasó a llamarlos, justamente, medianoches. Un inciso gramatical: la medianoche, con artículo determinado, es el momento en el que se cambia la fecha, la hora opuesta al mediodía; una medianoche, con artículo indeterminado, es uno de estos bocaditos. Añadamos que el plural de medianoche es medianoches, y no *mediasnoches, aunque esta sea la grafía que utiliza la «Marquesa de Parabere».

La autora de La cocina completa, libro del que tantas veces hemos dicho que ha sido el recetario español más influyente del siglo pasado, señala que las medianoches «son a propósito para un té, un lunch, una cena y para comidas en el campo». Añade que la pasta de los bollitos «es análoga a la de los brioches, pero menos cargada de mantequilla y sin azúcar». No estoy yo muy seguro de ninguna de las dos cosas.

Las medianoches clásicas, de veladas que no llegaban a la categoría que el DRAE exige para llamarlas saraos, tenían en su interior, como apunta el Diccionario, que como ven hoy sale mucho, «una loncha de jamón, queso, etc.» Hay que ver lo que da de sí lo del «etc.»

Porque en este etcétera (en latín et cetera, que significa ‘y lo demás’) cabe todo. Cabe cualquier fiambre, desde el salchichón al pollo trufado; caben carnes frías, pechugas de ave, salmón ahumado… lo que se les ocurra; el contraste dulce-salado, que hoy tanto se aplica en la cocina de autor, admite numerosas combinaciones, y ofrece, en el caso de las medianoches, unos matices de lo más interesantes.

La «Marquesa de Parabere», que aconseja hacer los bollitos en casa, porque «resultan mejores» que los encargados en la pastelería, dice que hay que cortarlos al medio, untarlos con mantequilla (por la parte de dentro, aclara) y colocar entre ambas mitades «una loncha de jamón o bien un filete de rosbif o unas rodajas de salchichón, etc.» Otra vez el saco del «etcétera»… que ella llena en seguida: «resultan más selectos rellenos de foie-gras, y muy sabrosos con salmón, crema de anchoas, purés variados»… y otra vez «etc.».

Veamos un «etcétera» de la señora Mestayer (apellido real de la «Marquesa»). Parte de seis medianoches de pasta de brioche sin azúcar (adiós al contraste dulce-salado). Una vez partidas en dos, cubre el interior con mantequilla «previamente adicionada de sal y Savora». Expliquemos: Savora es la marca comercial de un condimento basado en la mostaza pero que incorpora unas cuantas especias más.

Hecho esto, extiende encima una razonable cantidad de caviar (prescribe 150 gramos para seis unidades) salpicado de cebollino; por último, rodea al caviar con un cordón de mantequilla. No queda más que enfriar las medianoches en la nevera y servirlas «en una fuente con servilleta adornada con ramitos de perejil». Estas medianoches de caviar sí que serían propias de saraos con «personas de distinción», y contrastan fuertemente con la parquedad de las descritas en el Diccionario.

A mí, qué quieren ustedes, me parece una barbaridad usar caviar auténtico para hacer un bocadillo, por «mini» que sea, y encima ponerle sal y mostaza.

Yo me he aficionado últimamente a las medianoches, tan adecuadas a la actual tendencia a servir versiones «mini» de todo; pero las suelo tomar, a modo de ligero tentempié, a mediodía. Me gusta el contraste de la masa dulce y el relleno salado… aunque a veces lo potencio metiendo dentro una lámina de queso y otra de membrillo, o una loncha de queso rociada con miel: quedan deliciosas.

Como debe ser; un entretenimiento debe ser, por definición, cualquier cosa menos aburrido, y las medianoches académicas son aburridísimas, salvo las que se rellenan de “etcétera”.

De todos modos, me quedo con lo que decía mi suegro, que era un hombre de profundas sabidurías; para él, una buena medianoche hacía honor a su nombre porque, al ser el “pan” blandito, no crujen al morderlas, sino que son silenciosas como la propia noche… y, dependiendo de lo que se ponga dentro, pueden ser dulces, amargas y, por qué no, picantes, como también puede serlo la hora de las brujas, los vampiros… y los saraos. Que, como decía Augusto Armero en “La casa de la Troya con ocasión del refrigerio servido en el baile de la Candelaria del Casino santiagués, «esta hora de las merendiñas es la mejor del baile».

CLUB DE LECTURA




La RAE pone en marcha un club de lectura en torno a su Biblioteca Clásica
04/02/2014 | AGENCIA EFE
La Real Academia Española quiere fomentar el conocimiento de los clásicos de la literatura, y para ello pone en marcha un club de lectura en torno a la Biblioteca Clásica de la RAE, que comenzó a publicarse en el 2011 y que en 111 volúmenes ofrece lo mejor de la tradición literaria hispánica.


Este club, que forma parte de las celebraciones del III Centenario de la institución, se realizará en colaboración con la Casa del Lector, de Madrid, y reunirá a académicos, especialistas, responsables de las ediciones y lectores interesados en un intercambio de opiniones sobre un mismo texto, informa la RAE en una nota.

Cada una de las obras será objeto de dos sesiones de hora y media, una por semana, en semanas consecutivas; por tanto, se analizará una obra al mes.

Las primeras sesiones, que se celebrarán entre los próximos días 12 y 19, estarán dirigidas por Francisco Rico y dedicadas al Cantar de Mio Cid.

Para asistir a ellas es necesario inscribirse en la página de la Casa del Lector, en la que, además, puede ser consultado el programa completo de la actividad.

La Biblioteca Clásica ha editado hasta la fecha dieciocho títulos fundamentales de la literatura española en ediciones críticas, con anotación completa y sistemática, y acompañadas de estudios, índices y otros materiales.

Además del Cantar de Mio Cid, están publicadas las obras Milagros de Nuestra Señora, de Gonzalo de Berceo; Gramática sobre la lengua castellana, de Antonio de Nebrija; La vida del Buscón, de Francisco de Quevedo, y Lazarillo de Tormes y la Celestina, de Fernando de Rojas.

Entre los títulos ya publicados figuran también La Dorotea, de Lope de Vega; la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo, la Poesía de Fray Luis de León, y las Novelas ejemplares, de Miguel de Cervantes.

EL ESPAÑOL NUESTRO




Educación en plural

04/02/2014 | MARÍA LUISA GARCÍA MORENO (GRANMA, CUBA, 16 AL 31 DE ENERO DEL 2014)
Del artículo publicado por la Dra. Angelina Roméu en la revista Varona, tomo la siguiente aclaración: Se ha puesto de moda el uso del vocablo educación en plural y ya casi nadie habla de niveles de educación, sino de *educaciones.

Sin embargo, ello constituye un lamentable error gramatical, pues los sustantivos abstractos, y educación lo es, encierran una idea de generalización que hace innecesario el plural. Algunos que excepcionalmente lo admiten, cambian su significado. Por ejemplo, curiosidad: cualidad de ser curioso y curiosidades: cosas curiosas; horror: emoción y horrores: actos que motivan o provocan horror; instrucción: acción de instruir, caudal de conocimientos e instrucciones: indicaciones para hacer algo. La mayoría no admite el plural nunca; entre ellos están honradez: cualidad de ser honrado y educación: acción y efecto de educar.

También explica la Dra Roméu que los sustantivos referidos a una ciencia, arte o profesión no admiten el plural: abogacía, medicina, anatomía, pintura. Algunos, como abogacía, nunca tienen plural, y otros, cuando se usan en ese número, cambian su significado: medicinas, pinturas.

Los apellidos se consideran invariables, y la marca de plural se indica en el artículo: los Pérez, los Rosales, los Álvarez; sin embargo, los nombres propios lo admiten con frecuencia: las Marías.

Por el contrario, existen sustantivos que solo se usan en plural: los Alpes, las Baleares, las Canarias. Otros, como las Antillas, admiten la referencia a una de estas islas: la Antilla mayor.

El vocablo polémica, «dicho de alguien o de algo, que provoca controversias», «arte que enseña los ardides con que se debe ofender y defender cualquier plaza», como se evidencia en esta última acepción, proviene del ámbito militar, procede del griego polemikós, «referente al arte de la guerra», formada por pólemos «guerra» e ikós «de». Con el paso del tiempo, se tornó sinónimo de controversia, como llamaban Quintiliano y Tácito a los choques de ideas.

Virus, del latín virus, nombra, en Biología, al «organismo de estructura muy sencilla, compuesto de proteínas y ácidos nucleicos, y capaz de reproducirse solo en el seno de células vivas específicas, utilizando su metabolismo» y, en Informática, al «programa introducido subrepticiamente en la memoria de un ordenador o computadora, que, al activarse, destruye total o parcialmente la información almacenada». No varía en el plural: los virus.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

tecnología ponible, mejor que wearable technology


Es preferible la traducción tecnología ponible a la denominación inglesa wearable technology y a la fórmula mixta tecnología wearable.

En las noticias son cada vez más frecuentes informaciones como «Impresión 3D, televisores 4K y tecnología ‘wearable’, entre las tendencias para 2014» o «La tecnología wearable llega a la natación».

Sin embargo, para referirse a la tecnología que incorporan estos dispositivos, prendas y complementos lo más adecuado es recurrir al adjetivo ponible, formación regular a partir del verbo poner, que alude al hecho de que estos objetos tecnológicos se pueden llevar puestos.

Así, en las oraciones anteriores, lo idóneo habría sido «Impresión 3D, televisores 4K y tecnología ponible, entre las tendencias para 2014» o «La tecnología ponible llega a la natación».

Además, cuando se quiera aludir a cada prenda o complemento concreto, y no al tipo de tecnología que incorporan, se puede recurrir al prefijo tecno- y a los adjetivos tecnológico e inteligente.

Así lo hacen ya algunos medios en frases como «Tecnochaqueta con cargador solar», «Otra compañía se sumó a la lista de empresas que presentó su pulseras tecnológicas» o «Investigadores desarrollan unas gafas inteligentes que sustituyen a los lazarillos de los ciegos».

ADOLPHE SAX





Adolphe Sax: el inventor del saxofón murió solo y pobre hace 120 años

El compositor francés Hector Berlioz dijo del instrumento: "Es grave y calmado a la vez, soñador y melancólico, en ocasiones suave, como el soplo de un eco".

Adolphe Sax logró que su instrumento estuviera en algunas óperas
EL UNIVERSAL - Venezuela


París.- Sin Adolphe Sax, la música no sonaría igual. Su saxofón convirtió a Charlie Parker, Benny Carter o Steve Coleman en los más importantes músicos de jazz de todos los tiempos y sin ese instrumento la música de las bandas militares francesa no se hubiese renovado.

Pero al músico belga y lutier, el saxofón le reportó pocas alegrías en vida. Algunos cuestionaron su invento y estuvo a punto de declararse en bancarrota en varias ocasiones. Murió hace 120 años, el 4 de febrero de 1894, solo y pobre, a los 79 años. Décadas después su instrumento comenzó a tener éxito con el surgimiento del jazz.

Sax nació el 6 de noviembre de 1814 en Dinant, Bélgica. Ya durante su infancia le sonrió poco la fortuna. Cuando tenía dos años sobrevivió tras caerse por las escaleras desde una altura de un tercer piso y después se intoxicó con óxido de cobre. Además, le cayó una teja sobre la cabeza que le dejó marcado con una cicatriz de por vida.

Pero el desafortunado muchacho tenía talento para la música y a los 14 años entró en la École Royale de Musique en Bruselas.

El primogénito de un lutier pobre y talentoso clarinetista tenía otros diez hermanos. Como no le satisfacía el sonido del clarinete, trabajó durante años en su taller para construir un clarinete de chapa de metal, intentado lograr un sonido diferente. El nuevo instrumento, el saxofón, apenas desató interés alguno en Bélgica, lo que hizo que Sax probara fortuna en París en 1842.

Allí consiguió un contrato para la banda militar francesa y el compositor Hector Berlioz elogió en un artículo de prensa el nuevo instrumento: "Es grave y calmado a la vez, soñador y melancólico, en ocasiones suave, como el soplo de un eco". Sin embargo, en las partituras de los compositores operísticos de la ópera de aquella época, como Georges Bizet o Jules Massenet, apenas se introdujo el instrumento.

En 1846 solicitó la patente de un saxofón en ocho tamaños diferentes. El éxito provocó las envidias y el músico se vio inmerso en juicios durante años, que le supusieron asimismo un gran desembolso de dinero. Ninguno de sus rivales ganó, pero él acabó la batalla judicial debilitado física y económicamente. Aparte de que era un "bonvivant" que no prescindía de nada.

A partir de 1870 su estrella se fue apagando y con el declive del Ejército francés, también remitieron los encargos de saxofones. Cuando la situación económica del país empeoró, Sax se vio obligado finalmente a declararse en bancarrota.

LA LENGUA VIVA

Oído al parche
Amando de Miguel en Libertad Digital - España

La expresión es muy típica de los ambientes cuarteleros. El verbo oír está en decadencia en todas partes, malamente sustituido por escuchar. El parche se utiliza aquí como metonimia del tambor, que se hace sonar antes de una proclamación o aviso. La palabra nada menos que procede de la tierra de los partos o Partia, en el Asia Menor, donde se fabricaban unas badanas estupendas para tambores. En este caso me tomo la libertad para que, al encender la tele, imaginemos que nos dicen: "¡Oído al parche!". Esto es, prestemos atención a lo que van a decir las cabezas parlantes. Es algo así como el discurso de don Quijote a la salida de la cueva de Montesinos.

Mi afición televisiva es el género de las tertulias, para qué nos vamos a engañar. Me fascina el lenguaje de nuestros tertulianos más vocales. El otro día soltó uno sin pestañear: "Las cifras de paro descienden, sí, pero pírricamente". Caray con el adverbio. Es usual el adjetivo pírrico, de un tal Pirro, rey de Epiro, por un suceso a él atribuido. Fue una victoria en la que perdió más soldados que el ejército derrotado. Pírricamente es un audaz neologismo que deja boquiabierto a los tertulianos y a los espectadores. Mi abuela Gumersinda lo decía con más elegancia: "Menos lobos, tío Jeromo". El dicho se puede aplicar a cualquier cifra triunfalista. Es claro que el tío Jeromo, buen cazador, exageraba un poco sus hazañas cinegéticas.

Lo que me encanta de la dialéctica tertuliana es el continuo recurso a unos cuantos giros, tan efectivos como cansinos. Por ejemplo, "ahora bien". Es fácil interpretarlo. Quiere decir que se anula lo dicho antes. Resulta muy útil para llamar la atención de los otros tertulianos y para que el moderador no interrumpa al orador. "Ahora bien" quiere significar: "Lo bueno viene ahora”. A ver quién es el guapo que le interrumpe ante esa llamada de atención. Es el equivalente del “oído al parche” pero sin gracia.

Hay otros trucos para conseguir el mismo efecto de que a uno le dejen seguir perorando en una tertulia. El clásico es "dicho lo cual", pero resulta ya un poco anticuado. Es más efectivo decir después de una parrafada: "Segundo". Nadie se va a percatar de que no hubo un "primero". Se produce el mismo efecto: la expectativa de lo que viene a continuación. También se puede anunciar que el razonamiento que sigue se debe a "dos razones". No queda más remedio que escucharlas. Lo de "tres razones" sirve para lo mismo, pero es ya un poco arriesgado.

Los intermedios publicitarios de los programas de la tele pueden resultar reiterativos, pero para eso está el zapeo. Me intrigan los anuncios que se llaman de teletienda, en los que intentan vender toda suerte de artefactos o dispositivos maravillosos para la vida doméstica. Lo más llamativo es que muchos de ellos se venden al "increíble precio que figura en pantalla" y que suele ser "29,95 euros". Ignoro cómo es que han llegado a esa cifra. ¿Por qué resulta “increíble”? ¿Por qué el vendedor no la pronuncia? Supongo que son secretos del márquetin, de la psicología profunda del consumo. Ahí yo ya me pierdo.
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