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quarta-feira, 7 de maio de 2014

EL LENGUAJE EN EL TIEMPO

Impasse 

Cita: “EL TIEMPO habló con este cerebro fugado, de 49 años, que ya piensa en cómo superar el impasse”.
Comentario: Con frecuencia aparece en la prensa la palabra francesa impasse, que es sin duda una forma distinguida, diplomática, refinada, para referirse a lo que en lenguaje menos sofisticado se llama ‘problema’, ‘dificultad’, ‘punto muerto’, ‘nudo gordiano’, y en lenguaje popular, ‘chicharrón’.
Alguna noticia reciente anunciaba la incorporación de impasse al DRAE en la 23.ª edición, que se conocerá en octubre de este año. Lo que no sabemos es cómo se hará tal adición, si como extranjerismo o como palabra española. Si la decisión es que aparezca como extranjerismo, impasse vendrá en cursiva, tal como aparecen actualmente las voces whisky, brandy, show, baby-sitter, best seller, cross y otras.
Impasse se aparta de la morfología propia de nuestra lengua por su doble s. Palabras que vienen de otros idiomas con doble s, como dossier, bypass, cassette, Mississipi pasan al español sin esa letra doble, dosier, baipás, casete, Misisipi, lo que permitiría pensar que la adaptación de impasse puede ser impase.
Sin embargo, la Academia a veces nos sorprende con sus decisiones. Por ejemplo, en español no había palabras terminadas en –ng, razón por la cual gong figuraba en cursiva, como voz inglesa derivada del malayo, pero ya se enmendó esta forma, que aparecerá en redonda en la próxima edición.
Esperemos, entonces, a octubre próximo, para saber qué decisión tomó finalmente la Academia respecto a la adopción de la palabra francesa impasse al idioma español.
FERNANDO ÁVILA
DELEGADO EN COLOMBIA DE LA FUNDÉU BBVA

TANGO

Tango: de reptil de lupanar a Patrimonio de la Humanidad

Por:  07 de mayo de 2014
  Tango sellos gardelserie







Tal vez conozcan a Dimitri Papanikas. Tiene un programa ecléctico, culto y elegante en Radio Nacional de España, Café del Sur (castigado por el nuevo régimen de Radio 3, ahora se emite a las 8 de la mañana del domingo; sin comentarios). Si no han coincidido, hagan el esfuerzo de buscar sus podcasts y ya me dirán.

TANGO DIMITRIExplica Dimitri que, cada año, salen en Argentina docenas de  libros sobre el tango. Pero el suyo, La muerte del tango, ha sido publicado –en español- por Ut Orpheus, una editorial italiana. El subtítulo puntualiza: Breve historia política del tango en Argentina. Un aviso de que va a contar datos incómodos, especialmente en un país ultrasensible con sus símbolos.
Es una epopeya que se ha repitido en muchas latitudes: la música nacida en humildes circunstancias y que asciende aencarnación del espíritu nacional. En el caso del tango, el recorrido ha resultado ciertamente fenomenal. Sus orígenes no pudieron ser más suburbiales. El mestizo producto de una inmigración no deseada: en vez de comerciantes ingleses y laboriosos alemanes, la Argentina se llenó de “tanos” (italianos), “gallegos” (españoles), “rusos” (en realidad, judíos), “turcos” y –el gran secreto- los pocos descendientes de los esclavos negros que sobrevivieron a las guerras y las epidemias del siglo XIX…y que seguramente proporcionaron el nombre de “tango”: palabra africana que bautizó las reuniones donde los esclavos bailaban.
Tango papaEn la memorable descripción de un enemigo, el político y escritor Leopoldo Lugones, el tango era un “reptil de lupanar”. Papanikas refleja la feroz resistencia de los padres de la patria a la ascensión del tango, aunque viniera con el sello de aprobación de París, su reconocida metropolis cultural. Hablamos de una oligarquía feroz, que no dudó a la hora de ordenar matanzas de centenares de huelguistas o emprender –con ánimo sportif- el sometimiento y/o exterminio de los indios.
Y sin embargo, unas décadas después, el tango era oficializado como la destilación de la argentinidad, aunque inicialmente representara a una mínima parte del territorio: el Río de la Plata, además compartido con Uruguay. Obviamente, con la popularización de los discos y la expansión de la radio,  el tango prendió en otras ciudades y en provincias distantes.
TANGO Discepolo CDAl final, tras reticencias iniciales, fue bendecido tanto por Perón como por la última dictadura militar, tan cerril que empezó prohibiendo clásicos universales como “Cambalache” (seguramente más por la querencia peronista de Discépolo que por la letra,reticente ante el sufragio universal). Y ahora hay una Academia Nacional del Tango, una  Academia Porteña del Lunfardo y hasta una Ley de Protección del Bandoneón (para que no salgan del país los modelos vintage del venerable instrumento). Desde los tiempos de Menem, los aviones presidenciales se denominan Tango 01.
Lo que interesa a Papanikas es el proceso de construcción de la identidad nacional. Y el precio que pagó el tango por su vampirización institucional. Aquí no hay piedad. Gardel, inicialmente liberal, grabó “¡Viva la Patría!”, en honor del general Uriburu, que inauguró (1930) la era del golpismo con permiso para torturar y matar. Hubo gloriosos testarudos, como el comunista Osvaldo Pugliese, encarcelado por Perón, pero muchos pasaron por el aro, rindiendo banderas ante el poder.
La pregunta subyacente: ¿se puede ser un artista excelso, no, incluso genial, aparte de estéticamente revolucionario, y lamer las botas de los militares? Papanikas apenas contiene su indignación ante Astor TANGO m78-astorPiazzolla. Imposible alegar el distanciamiento o el escaso interés por la política, cuando presenta a Piazzolla en 1977, girando por Europasubvencionado por la Armada argentina. Hombre agradecido: el bandoneonista dedicaría “Los lagartos” a la unidad de comandos del capitán de la Armada Alfredo Astiz, aquel“ángel rubio” que usaba sus encantos para infiltrarse en los grupos de familiares de desaparecidos, señalando qué personas debían ser “chupadas”.
Piazzolla solía reconocer, entre amigos, que Argentina necesitaba una dosis de fascismo, pero sabía hacia dónde soplaba el viento: tras la guerra de las Malvinas, derrumbado el tinglado de la dictadura, con el propio Astiz rindiéndose a los británicos sin disparar un tiro, el músico rebautizó el mismo tema como “Tanguedia”. Ya había demostrado artes de prestidigitación: los cortes de su álbumMundial 78, encargado por la Junta Militar, mudaron sus títulos. Estaba en buena compañía: también Ennio Morricone, tan cascarrabias para muchas cosas, aceptó la generosidad de Videla y compuso el himno del torneo internacional de fútbol.
Obviamente, no conviene entender esas conductas como exclusivas del tango. Enfrentados a similares tentaciones, bien sabemos, los músicos de otros géneros suelen bajar la testa y ponerse en la cola de las prebendas. Lo que se deduce de La muerte del tango es el coste de su oficialización como música nacional. Otro asunto es que, a partir del programa El club del clan, se industrializara el pop juvenil. Un proceso que no fue una conspiración contra el tango, como creen algunos nacionalistas argentinos: ocurrió lo mismo en todos los países occidentales, incluyendo los hegemónicos Estados Unidos de América o la detestada Gran Bretaña.
Aunque el divorcio generacional nunca fue radical: ¿hay que recordar que el primer mártir del rock argentino se apodaba Tanguito? Dicen que era por su negativa a bailar tangos; puede que la mayoría de sus continuadores tampoco puedan defenderse en una milonga pero llevan el tango en su ADN.
 Pero volvamos a Dimitri. El libro se abre y se cierra con palabras amargas de Rodolfo Mederos. Por ejemplo: “ el tango es como el latín, una lengua muerta. Simplemente no existe. Existe en el espectáculo y para el turista…como moda”. Desde las vivencias de alguien que lleva 40 años oyendo hablar de la "defunción del rock", tampoco me parece un diagnóstico alarmante.
Que conste que Papanikas no tiene mucho interés por el fenómeno del tango electrónico. Hace las excepciones de rigor, en el campo del nuevo tango: La Chicana y, con reservas,Daniel Melingo.  Su opinión particular es que la creatividad del tango reside hoy “en los pies de los bailarines”. No estoy seguro de que sea una buena noticia, por lo menos para los que formamos parte del batallón de los torpes.

COMPENDIO ILUSTRADO Y AZAROSO>>

Cuarta edición del «Compendio ilustrado y azaroso» que recoge los consejos de la Fundéu BBVA

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FUNDÉU BBVA

La obra Compendio ilustrado y azaroso de todo lo que siempre quiso saber sobre la lengua castellana, editada por la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA) en colaboración con la editorial Debate, continúa su andadura con el relato ameno y divertido de algunos de los usos más curiosos del lenguaje en periódicos, radios, televisiones y medios digitales.

Tras el éxito de las primeras ediciones en España y América Latina, el Compendio, que recoge algunas de las recomendaciones y respuestas de la Fundéu a las dudas o los errores más habituales del español, saca sus píldoras lingüísticas a las librerías en una cuarta edición.
¿Dónde fueron a parar las preposiciones so y cabe que todos estudiamos en el colegio? ¿Es correcto decir sexapil? La expresión no hay tutía ¿tiene algo que ver con una pariente? ¿Hay que poner punto en las cifras cuando son miles? Estas y otras muchas preguntas tienen respuesta en este libro de pequeño formato y cuya portada evoca a ediciones de otras épocas.
Desde su nacimiento en el 2005 como heredera del Departamento de Español Urgente de la Agencia Efe, la Fundéu —una entidad sin ánimo de lucro, promovida por la agencia de noticias Efe y patrocinada por BBVA, y que trabaja asesorada por la Real Academia Española— trata de impulsar el buen uso del idioma español en los medios de comunicación.

ALBERTO MANGUEL:


“El lector sigue decidiendo qué es un texto”

Entrevista. Hace pocos meses el gran ensayista argentino sufrió una embolia, cuyos detalles reconstruye aquí con tonos íntimos, de una milagrosa lucidez. Ante la reedición de su clásica historia de la lectura, analiza el crítico momento del ritual de los libros y comparte sus visiones.

Tiene algo de enciclopedia este libro que nos cuenta cómo ha sido la lectura a lo largo de la Historia. Como un universo que todo lo contiene, al recorrer seis mil años de palabra escrita, desde las tablillas de arcilla del cuarto milenio aC. hasta los tomos impresos y las licencias de lectura electrónica. Se trata de
Una historia de la lectura,de Alberto Manguel que se ha reeditado (Siglo XXI). Aunque no ha sido actualizado, es un tesoro con olor a descubrimiento, a hallazgo precioso. Aquí, bajo el consejo de un guía exquisito, volvemos a leer el retrato de lectores que cruzan el tiempo y las clasificaciones de autores (también lectores) como Aristóteles o Borges, Virgilio o Dickens. También por librerías, ediciones, bibliotecas y los rincones del mundo de la lectura. “A nosotros los lectores de hoy, en teoría amenazados con la extinción, aun nos queda por aprender qué es la lectura” dice Manguel en este libro que releemos. Estas palabras que mandó por escrito desde su hogar francés refieren a lectores y lecturas comprometidas y hablan de la infinitud del libro.

–Borges –en una muy conocida declaración de principios– decía que se enorgullecía más de lo que había leído que de lo que había escrito. ¿Cómo se calificaría usted como lector?
–Si la práctica sirve para algo, creo ser un buen lector, ya que van a ser más de sesenta años que practico este ejercicio.

–¿Cuándo se concibió el Manguel lector? ¿Qué pasaba en su vida en ese momento?
–Tenía tres o cuatro años cuando aprendí a leer. Antes, no había pasado nada, o al menos nada que pudiera poner en palabras. Después de ese momento, todo.

–Uno de sus trabajos clave en su vida intelectual ha sido el de lector para Denoél, Gallimard y Les Lettres Nouvelles en París, y para Calder & Boyars en Londres. ¿Qué características tiene ese trabajo de lector para las editoriales en la actualidad?
–Hoy casi no existe el trabajo de lector en una editorial. En las buenas que logran sobrevivir, el lector es ahora –casi siempre– el editor, que justifica el sacrificio que su oficio implica diciendo que al menos se da el gusto de publicar lo que quiere. Pero en los grandes grupos editoriales, los que deciden son la contaduría y el departamento de ventas, y basan su juicio no en la calidad literaria de un texto si no en el vaticinio de buenas ventas. No son lectores, son ineficaces adivinos que deciden publicar un libro porque el autor ha tenido la valentía de imitar a Dan Brown. Ciertamente no es el prestigio intelectual el que los lleva a elegir un título.

–Usted participó del ritual de leerle a Borges cuando estaba ciego ¿Qué aprendió leyéndole?
–Borges se hacía leer textos no para descubrirlos por primera vez sino para analizarlos. Cuando quedó ciego, decidió no escribir más prosa porque decía que para escribir prosa necesitaba “ver la mano escribir”. Pero después de un tiempo, se le ocurrieron varios cuentos (que constituirían El informe de Brodie ) y antes de empezar a redactarlos, como buen artesano, quiso estudiar cómo los grandes cuentistas que él admiraba habían construido sus relatos. El elegía un cuento (de Kipling, por ejemplo) y yo empezaba a leérselo, pero al cabo de unas pocas líneas me interrumpía para hacer un comentario sobre el estilo, la estructura, el ritmo. Hacía los comentarios para sí mismo, pero claro, yo aprendía escuchándolo.

–¿Esa actividad pareciera haber sido de sesiones infinitas? ¿Tenía algo de Scheherezade en las Mil y una noches?
–Sólo en el sentido que me salvó la vida. De otra manera, hubiera podido acabar siendo dentista o abogado.

–Usted escribió: “Aprendí pronto que la lectura es acumulativa y que avanza por progresión geométrica; cada lectura se construye sobre lo que el lector ha leído antes”. Es una idea que comparto pero no podría constatar. Me da la impresión de que la lectura hoy es fragmentaria y apurada y que no relaciona, precisamente, con posibles lecturas previas. ¿Cree que el contexto ha cambiado y que la lectura hoy se concibe de otro modo?
–No. Cada lectura que hacemos (de un texto electrónico, por ejemplo) es una lectura que ya ha pasado por muchas manos. Un texto electrónico no es nunca enteramente nuestro: alguien lo ha elegido, alguien lo ha copiado, alguien lo ha subido a la red, alguien ha decidido en qué contexto es presentado (“Cuerpo de mujer” de Pablo Neruda, presentado en un sitio dedicado a la literatura chilena no es el mismo texto, aunque las palabras no cambien, presentado en un sitio porno.) A través de esa multitud de lectores que nos preceden, tenemos que abrirnos nuestro propio camino, leyendo un tomito de Austral (colección de literatura de la década del 60) o una novela on-line.

–Ha vivido en culturas, lugares y lenguas diferentes. ¿Qué es lo que más valora de esa diversidad a veces elegida, a veces no?
No tener que juzgar una lengua superior a otra o una cultura más importante que otra, no sentirme obligado a someterme a ninguna nacionalidad, no tener que jurar lealtad a ninguna bandera y a ningún equipo de fútbol, no tener que reconocer a ningún político como una autoridad absoluta. Mi héroe es el Capitán Nemo.

–La pregunta sobre qué es la lectura, ¿es válida hoy? ¿Tenemos respuestas distintas de acuerdo a cada época?
–Cada época responde a su manera, con el vocabulario que tiene a mano. La pregunta no tiene una respuesta definitiva. Los neurocirujanos dicen que si supiésemos qué es la lectura, sabríamos qué es pensar.

–Ha escrito que el actor más importante en el hecho libresco –el lector– no tiene su historia. ¿Eso ha cambiado, el lector manda, es protagonista? Como pregunta Denis Diderot y que usted cita en el epígrafe de su libro: ¿el lector es el amo?
–Eso no ha cambiado. Desde el momento en que se inventó la escritura, el lector es el protagonista principal. La escritura no pudo inventarse sin inventar la lectura primero, ya que no puede establecerse un código de escritura sin antes establecer cómo será descifrado. Y el lector sigue decidiendo qué es un texto: el autor no puede hacer más que resignarse. Aunque imagino que muchos autores quisieran poder susurrar al oído de sus lectores: “¡Qué bueno! ¡Esto es un clásico!”

–¿Sus libros favoritos se mantienen en el tiempo o los va cambiando con el paso de los años? ¿Cómo se vuelven favoritos?
–Son como los enamoramientos: algunos duran toda la vida, como los libros de Alicia , otros se descubren tarde, como Dante, otros nos apasionaron un día pero ya no nos hacen sentir más que un poco de vergüenza por haberlos querido tanto.

–¿Confiesa que no leería a un autor en particular?
–No. Pero me bastan dos párrafos para saber si quiero seguir.

–¿Qué libro importante, conocido, recomendado no soportó o no terminó de leer?
–Son muchos. Entre los contemporáneos, Metaphysique des tubes de Amelie Nothomb,Plataforma de Michel Houellebecq, 2666 de Roberto Bolaño, la interminable trilogía de Stieg Larsson...

–Y respecto de los libros que usted escribió ¿qué clase de lector es en relación a ellos?
–Inexistente. Mis libros no están alojados en mi biblioteca.

–¿El traductor, puede ser un lector de calidad, ideal?
–Un traductor es un lector ideal porque tiene que leer mucho más allá de lo que el autor sabe que puso en el texto. Un traductor es alguien capaz de anatomizar un texto y volver a reconstruirlo sin las cicatrices visibles del monstruo de Frankenstein.

–¿Lee en tablets, iPad, kindles… ? ¿Qué tipo de experiencias le aporta la lectura en soportes digitales?
–No. No he tenido la necesidad de hacerlo.

–¿Cree que estos soportes ayudarán a difundir y a multiplicar la lectura?
–Pueden hacerlo. Pero ningún soporte, por sí mismo, puede volvernos más inteligentes, más curiosos, menos crédulos.

–¿La lectura sana y salva?
–Puede. Salvó por un tiempo a Haroldo Conti en la prisión de sus torturadores militares, salvó a Dostoievsky en su campo de detención en Siberia, salvó a Robinson Crusoe en su isla. También puede perdernos. La lectura condujo a Madame Bovary a su suicidio y al asesino de John Lennon a cometer su crimen.

–Hace pocos días publicó en The New York Times un artículo donde contó en primera persona su internación por una embolia cerebral que sufrió. ¿Cuánto lo ha cambiado el trance que padeció? (Ver nota adjunta)
–Me he vuelto más cauteloso, más consciente de esa criatura frágilmente milagrosa que es nuestro cerebro, más cansado, más contento de poder seguir leyendo.

–¿Ahora siente que ha cambiado la relación entre pensamientos y lenguaje en su interior?
–Bueno, cambiado no, soy más consciente del proceso.

–¿Qué leyó durante el tiempo de la internación?
Don Quijote . Pienso que para el hospital necesitamos un libro cuyo recorrido ya conocemos, cuyas sorpresas son consoladoras y cuyo autor es un viejo amigo.

–¿Alguien ofició de lector durante su internación?
–No. Afortunadamente no perdí nunca la capacidad de leer. Y cuando no podía leer por estar enredado en tubos y alambres, me recitaba cosas que sé de memoria, cosas buenas y cosas muy malas, porque la biblioteca que llevamos en la cabeza es una de las más generosas que conozco.

Del lenguaje zipeado

Los acortamientos léxicos conviven con las formas plenas cuando todavía es bien clara su pertenencia a un determinado registro (coloquial/formal) o sociolecto (habla de jóvenes/h. de adultos). Así, a pesar de estar neutralizándose cada vez más, celu alterna aún con celular del mismo modo que súper con supermercado. Pasado el tiempo, como lo prueban los históricos cine o subte, dominan el panorama y les dejan a los primitivos (cinematógrafo, subterráneo) unos pocos contextos. ¿Cuántos alumnos tienen presente que seño equivale a señorita, esa fórmula arqueológica usada para dirigirse a la maestra? Si bien el procedimiento existe y existió no solo en nuestra lengua (fan), la recurrencia a la apócope, su modalidad más frecuente, y el habitual desajuste a la situación de empleo terminan agotando un recurso genuino.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

comisario y curador 


de exposiciones


términos válidos

Recomendación urgente del día
Los términos comisario y curador son adecuados para definir al profesional cualificado técnica y creativamente que ejerce la labor de responsable de una exposición u otro tipo de actividades y eventos artísticos.
En la prensa española suele emplearse la palabra comisario para referirse a esa figura: «El comisario de la exposición destacó el valor de las obras expuestas»; mientras que en América se prefiere el término curador: «Peñaloza ha participado en varios proyectos editoriales y ha sido curador de exposiciones en México, España y Estados Unidos».
El Diccionario académico ha añadido recientemente una nueva acepción para el término comisario como ‘persona a quien se le encomienda la organización y dirección de una exposición o de otra actividad cultural o académica de duración determinada’.
En el caso de la palabra curador, aunque no esté recogida en el Diccionario académico con ese sentido preciso, su empleo para referirse al máximo responsable de una exposición está muy extendido en América y constituye un uso específico de la acepción general (‘que tiene cuidado de algo’).
De esa manera, tanto la expresión comisario de exposicionescomo curador de exposiciones se pueden considerar válidas.
Ver también: responsable de contenidos, mejor que content curator.
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