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quarta-feira, 13 de agosto de 2014

EL QUIJOTE

¿La respuesta más genial de la historia de la literatura?

El Quijote esconde capítulos maravillosos, como el del encuentro del caballero con el personaje de Álvaro de Tarfe.


  http://www.libertaddigital.com/cultura/libros/2014-08-10/el-quijote-la-respuesta-mas-genial-de-la-historia-de-la-literatura-1276525668/
Ahora que el libro electrónico no deja excusas para quienes se quejan de acarrear grandes novelas a la playa, agosto puede ser un mes perfecto para releer, o leer por primera vez -una inmensa suerte- El Quijote. Y leerlo como seguramente lo leyeron los contemporáneos de Cervantes: como una obra entretenidísima, llena de humor y que pronto se convirtió en un auténtico bestsellerde la época. Las infinitas interpretaciones de unos personajes que enseguida se convirtieron en inmortales llegaron después. En la superficie, El Quijote era, y sigue siendo, sobre todo, un libro para disfrutar, de verdad, de la lectura.
La mejor prueba de que El Quijote se convirtió enseguida en un libro de éxito fue la publicación de la segunda parte de Avellaneda, de la que este año se cumple el cuarto centenario. Sólo un año después, en 1615, Cervantes publicaría su segunda parte, llena de episodios geniales capaces de enterrar por sí mismos la obra de su imitador. El libro en sí constituía una respuesta, completa y maravillosa, a la falsa segunda parte de El Quijote. Pero Cervantes no se quedó ahí e intercaló varios mensajes directos al desconocido autor que se había atrevido a apoderarse de sus personajes. En su época, constituyó una novedosa forma de zanjar las habituales polémicas literarias. Después, se convirtió en un atractivo más de los muchos que encierra la obra.
La respuesta arranca en el prólogo, en el que Cervantes trata con desprecio al "señor" que osó apropiarse de su obra. "Castíguele su pecado, con su pan se lo coma y allá se lo haya", dice el escritor, que afirma estar conteniendo sus críticas mientras construye, en unas pocas líneas, un ataque fulminante contra Avellaneda. Las críticas continúan dentro de la novela, en la que la realidad comienza a fundirse con la ficción en uno de los rasgos más revolucionarios de la obra. En la segunda parte, don Quijote y su escudero tienen ya una existencia que sobrepasa los límites del libro. Tras la publicación de la primera parte, los dos se encuentran en sus andanzas con que su fama les precede, como ocurre con los duques que les hacen objeto de sus burlas. El tiempo de las aventuras del caballero se confunde con el tiempo de Cervantes, al que se suma el tiempo del lector de la obra, que ve cómo Don Quijote y su escudero se hacen héroes de verdad tanto dentro como fuera de las páginas del libro, con frecuentes alusiones a ese mundo ajeno al de la novela, que tendrá su punto culminante en el camino de regreso del caballero a su aldea.
En un mesón, con Don Quijote abatido tras ser derrotado por el caballero de la Blanca Luna, el caballero y Sancho Panza se encuentran frente a frente con uno de los personajes del Quijote de Avellaneda, don Álvaro Tarfe. Cervantes hace que sean sus dos personajes los que tomen la palabra para responder, en persona, a Avellaneda y a quienes se creyeron su falsa segunda parte. Tarfe, Sancho y don Quijote comparan aventuras - ellos nunca estuvieron en Zaragoza, como decía Avellaneda- y caracteres -"más tenía de comilón que de bien hablado, y más de tonto que de gracioso", dice Tarfe del falso Sancho-. Y, finalmente, tanto Sancho como Don Quijote toman la palabra para aclararle, a Tarfe y a todos los lectores, queellos, y sólo ellos, son los personajes originales de Cervantes, anticipándose a la inmortalidad que alcanzarían después:
"Yo soy don Quijote de la Mancha, el mismo que dice la fama, y no ese desventurado que ha querido usurpar mi nombre y honrarse con mis pensamientos".

El Don Quijote que lo proclama es el Quijote derrotado pero vencedor de numerosas aventuras. Cervantes le hace hablar cuando regresa a casa, casi al final de la auténtica segunda parte, tras haber visitado la maravillosa cueva de Montesinos, tras ver a Sancho gobernando, por fin, su ínsula; tras cabalgar por el aire a lomos de Clavileño... Sus palabras tienen muchísima más fuerza que los ataques del prólogo de Cervantes. Habla el personaje protagonista de una novela que hace palidecer a la impostora. Y, por si eso fuera poca humillación, Cervantes hace firmar a Tarfe, el personaje de Avellaneda, una declaración sobre cuál es el Quijote auténtico y cuál el falso.

La última respuesta, y definitiva, llega unos capítulos después, con la recuperación de la cordura y la muerte de Don Quijote, la solución de Cervantes para cortar futuros intentos de apropiación del personaje. Dan fe el cura y el escribano de que don Alonso Quijano ha fallecido "naturalmente", un testimonio que quita "la ocasión de que algún otro autor que Cide Hamete Benengeli le resucitase falsamente y hiciese inacabables historias de sus hazañas". De alguna manera, Avellaneda fue el responsable de que Cervantes matara a su personaje. Pero también de uno de los capítulos más brillantes de su obra.

ANÉCDOTAS LITERARIAS






La triste historia de Avellaneda
Las claves de la falsa segunda parte del Quijote, que cumple 400 años.


ANDRÉS AMORÓS - http://www.libertaddigital.com/cultura/libros/2014-05-21/la-triste-historia-de-avellaneda-1276519174/

En septiembre de 1614, nueve años después de la publicación de la Primera Parte del Quijote y un año antes de que apareciera la Segunda Parte (la auténtica, la escrita por Cervantes) apareció un volumen titulado así: "Segundo tomo del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, que contiene su tercera salida y es la quinta parte de sus aventuras, compuesta por el Licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, natural de la villa de Tordesillas". Afirma estar publicada, en Tarragona, por el librero Felipe Robert.
Según parece, ninguno de esos datos es cierto: no existió ese librero, en Tarragona, ni se sabe quién fue Avellaneda. De todos modos, parece un caso más de los que, a lo largo de la historia, han intentado aprovecharse de la popularidad de un gran libro para escribir y publicar una continuación.
En esta obra, don Quijote toma el nombre de El caballero desamorado, porque ha renunciado al amor de Dulcinea: para Cervantes y para sus fervorosos lectores, un pecado imperdonable. También vive una serie de aventuras de tono grotesco y acaba recluido en una casa de locos.
¿Quién era el que se oculta bajo el seudónimo de Avellaneda? No lo sabemos. Se han propuesto muchas identificaciones: Salas Barbadillo, Castillo Solórzano, fray Luis de Aliaga... incluso, Lope de Vega o Quevedo. Últimamente, el gran erudito Martín de Riquer propuso que se trataría de Jerónimo de Pasamonte, un soldado aragonés de vida paralela a la de Cervantes, que él satiriza en la Primera Parte de su gran novela como Ginés de Pasamonte.
¿Por qué se escribió esta obra? No se sabe pero parece claro que Avellaneda sentía, a la vez, admiración y odio por Cervantes, al que insulta en su Prólogo: le llama envidioso, murmurador, colérico, le echa en cara su vejez y su herida de Lepanto. Y se siente ofendido por creer que Cervantes le ha aludido en la Primera Parte.
Cervantes hace varias referencias a la obra de Avellaneda. En la Segunda Parte del Quijote, varios personajes desmienten la versión que da el apócrifo. Y, en el Prólogo a esta Parte, alude a Avellaneda: "No osa parecer a campo abierto y al cielo claro, encubriendo su nombre, fingiendo su patria como si hubiera hecho alguna traición de lesa majestad..." Además, en la Dedicatoria al Conde de Lemos de sus Ocho comedias y ocho entremeses, nunca representados, dice que el hidalgo está "quejoso" porque en Tarragona le han "asendereado y malparado".
Quizá Cervantes sí sabía quién era su anónimo imitador y se vengó no haciendo público su nombre, para no contribuir a su fama...
Algún valor literario tiene la obra de Avellaneda pero no entiende la trascendencia moral de don Quijote, reducido a una figura puramente cómica. Además, lo anula la ruindad moral de su autor, que ha quedado como prototipo de la triste envidia literaria...

Paradójicamente, su mayor mérito radica en haber contribuido a que Cervantes acelerara la terminación de la Segunda Parte del Quijote: la más genial, de la que se ha dicho con razón que supera los límites habituales de la literatura.

FRANCISCO PIZARRO Y LAS PATATAS


CRISTINO ÁLVAREZABC_ES / MADRID



El conquistador incorporó a la corona española el imperio de los incas... y las patatas

ABC
Patatas bravas con su salsa


¿Cuál cree usted que fue el producto más útil que los españoles trajimos de América? No cabe duda de que la inmensa mayoría de quienes respondan a esta pregunta contestarán que la patata. Podríamos vivir sin pavos, sin chocolate, si me apuran hasta sin tomates… pero es inimaginable nuestra dieta sin la patata. Y mencionar la patata nos lleva automáticamente al Perú y, en consecuencia, a una de las grandes figuras de la Conquista: Francisco Pizarro, que incorporó a la corona española el imperio de los incas… y las patatas.

Pese a la leyenda sobre su humilde condición, Pizarro era hijo de hidalgo. Estaba emparentado con otro grande: Hernán Cortés. Ambos, extremeños. Pizarro se fue a las Indias cuando contaba veinticuatro años. Vivió en La Española, participó en la conquista deTierra Firme, estuvo con Balboa (a quien después tendría que apresar) en el hallazgo del Pacífico… Todo como prólogo a su expedición al Perú, en busca de sus tesoros. No acabaron bien sus relaciones con Atahualpa, al que ahorcó; tampoco las tuvo buenas con otros capitanes españoles. Instalado en la Ciudad de los Reyes, fue asesinado por los partidarios del hijo de Diego de Almagro, en lo que fue una verdadera guerra civil.

De Perú vino la papa. La patata. Papas peruvianorum, las llamó Clusius (Charles de l’Ecluse); el nombre es más bonito que el de Linneo (Solanum tuberosum). Sobre cómo pasó de papa a patata hay las más diversas teorías; lo cierto es que, aunque tardó, la patata triunfó en toda Europa. Allá por los años 60 nacieron en Madrid las patatas bravas, tapa emblemática de la capital del Reino. Unen en sí varios productos americanos: las patatas, que se trocean en dados y se fríen, y el tomate y la cayena que son la base de su salsa… aunque hay versiones para todos los gustos, todas ellas «secretas»; en estas cosas, cada maestrillo tiene su librillo, que no quiere compartir con nadie para mantener fiel a la parroquia. Son tapa de taberna, así que cuanto más «bravas» sean, más vino venderá el tabernero… que es de lo que se trata.

Las patatas bravas —denominadas también patatas a la brava o papas bravas— son unas patatas cortadas en forma de dados irregulares de unos tres centímetros de tamaño aproximadamente y que están fritas en aceite y acompañadas de una salsa de tomate picante, denominada salsa brava, que se vierte sobre las patatas sirviéndose todo el conjunto caliente. Es un plato tradicional en la mayor parte de las regiones de España, donde suele tomarse acompañado de cerveza o vino, servido como una ración que contiene aproximadamente un cuarto de kilo de patatas, o como una tapa o aperitivo. La denominación «bravas» hace alusión a la fortaleza del picante que posee esta salsa. Suele considerarse una de las tapas más baratas debido al bajo coste de sus ingredientes y, además, es apta para los vegetarianos.

Historia

El origen de este plato no está muy claro; hay quien lo atribuye a «Casa Pellico» y otros dicen que se empezó a servir en «La Casona», ambos bares madrileños y ya desaparecidos. Lo que sí es cierto, es que fue sobre el año 1960 y que las colas alrededor de estos dos bares sólo para probar las patatas bravas fueron míticas. También existe mucha controversia sobre los ingredientes de esta salsa; básicamente se diferencian en dos vertientes, aquellos que defienden la presencia del tomate y otros que opinan que no debe llevarlo y que su color se debe a la presencia del pimentón.

Preparación

Aunque existen variantes locales en la composición de la salsa o la forma de cocinar las patatas, la preparación del plato es muy simple: se cortan las patatas en dados pequeños y posteriormente se fríen en aceite de oliva caliente, de forma muy similar a las patatas fritas, hasta que quedan completamente doradas. En su elaboración suele emplearse una patata temprana. Tras su fritura se colocan en un plato o fuente y se riegan con la salsa brava. En España también se venden congelados.

La naturaleza de la salsa con la que se acompañan varía según la ciudad. En Madrid, donde la salsa se creó y fue patentada en 1960 por la «Casa Pellico», situada en la calle Toledo y hoy desaparecida, se utiliza como base una salsa de tomate y cayena aunque también lleva otros ingredientes que suelen formar parte del secreto particular de cada cocinero, manteniéndose la base de salsa de tomate picante, y conservándose siempre en frascos de vidrio. Para que no salga moho, se coloca vinagre en la parte superior del frasco o botella. En la Comunidad Valenciana la tradición es servir la salsa brava junto con alioli (all i oli) o junto a un majado con aceite de oliva, guindilla, pimentón y vinagre.3 A veces con objeto de decorar se mezcla la salsa picante (generalmente roja) con mahonesa.

Curiosidades
En una recopilación mundial de recetas de patatas realizada por las Naciones Unidas, se incluye una receta de las patatas bravas como un plato típicamente español.
Referencias
Barrenechea, Teresa (2005). The Cuisines of Spain: Exploring Regional Home Cooking (1.ª edición). Ten Speed Press. ISBN 1-58008-515-6.
Caruso, James Campbell (2004). El Farol: Tapas and Spanish Cuisine. Gibbs Smith. ISBN 1-58685-101-Miles Roddis, (2002), «Valencia & the Costa Blanca»
United Nations, (2008), Potato Around the World in 200 Recipes: An International Cookbook, United Nations Publications, pág. 222.

CANALLA LITERATURA



Una generación de autores se ha apuntado a una narrativa desgarrada y cruel por donde

circula la vida con todas sus trampas




Iconoclastas, desacralizadores, heterodoxos, desvergonzados, canallas... Listos, pero que muy listos, son los escritores que pueblan la reciente hornada literaria. Por sus textos se pasean tipos marginales, guarros de manual, ambientes sórdidos, situaciones surrealistas y toneladas de humor. En ocasiones se acercan al género negro, otras coquetean con la novela de aventuras, pero, las más de las veces, lo suyo es perpetrar picaresca neourbana o «aftercostumbrismo» hasta desembocar en una melée de géneros sin posible etiquetación. Han nacido entre finales de los sesenta y principios de los setenta y responden por: Martín Casariego, Javier Pascual, David Torres, Iban Zaldua, Félix Romeo, Ismael Grasa, Pablo Tusset, Montero Glez, Antonio Iturbe, Aparicio Belmonte, Antonio Orejudo, Rafael Reig, José Ovejero, José Machado, entre otros (obsérvese que no se mencionan mujeres)... ¿Habemus generación que cultiva picaresca cañí, vodevil lumpen, mestizaje, literatura de frontera e incluso «folclore cósmico»? José Huerta, el editor que más canallas ha alumbrado, en Lengua de Trapo, decía: «Sí, habemus». Hay dos maneras de definir una generación: por afinidad ideológica o estética, o por la mera coincidencia biográfica... Aunque muchos autores contemporáneos no se identificarían entre sí como una generación, se puede hablar de corrientes, y ahí estaría de acuerdo con que la lista de mencionados se inscribe en una tradición donde el humor no está reñido con lo serio y donde lo paródico es lupa de la realidad. Sea como fuere, después de un desprestigio secular hacia la literatura humorística, como si tratar las cosas desde la ironía o la hilaridad fuera más ligero que hacerlo desde otras ópticas, las cosas han cambiado, en parte por la cantidad de autores que ya no entienden la literatura en la que no se sonríe nunca.
- El Audi y Hegel
Les hermana la cualidad de ser tipos preparados, lectores omnívoros y compulsivos que han hecho los deberes literarios y que «no necesitamos hacernos los cultos –sentenciaba Rafael Reig, autor– ni estar todo el rato citando a Wittgenstein. Los escritores mayores a veces se comportan como nuevos ricos que tienen una necesidad imperiosa de enseñar sus lecturas, el Audi nuevo y las obras completas de Hegel... Y se toman en serio a sí mismos». Son curiosos de lo fronterizo y sin ninguna gana de convertirse en cartujos dolientes de la palabra. Para intentar describir su literatura sería menester manejar las metáforas y los símiles insólitos que ellos utilizan para con sus personajes y dar esos giros delirantes que tan generosamente pueblan sus páginas. Los escritores «de calidad» –argumenta Antonio Iturbe, además de autor de «La bibliotecaria de Auschwitz» lo es también del desternillante «Rectos torcidos»– no escriben novela de humor porque arrugan la nariz en cuanto se la nombras, les parece zafio y alejado de la literatura con mayúsculas de la que pretenden ser los depositarios...
Forman una isla flotante en el panorama literario y han cometido el pecado de retorcer su prosa para no convertirse en autores bienpensantes ni impostados –«nunca fui capaz de acabar el "Ulises". No entendía nada y me aburría, quizá cuando me jubile», admite Iturbe; «...Cuando alguien escribe cosas que nadie lee con interés, necesita una justificación religiosa y se convierte en un sacerdote. A nosotros nos interesa escribir para ser leídos, algo que parece evidente, pero que estaba olvidado. Pero practicar esta suerte de literatura atea les lleva a la doble contabilidad de no salir siempre bien parados por la crítica porque sigue predominando la literatura penitencial: se lee para mortificar el espíritu y así mejorarlo. Vamos, que si no cuesta esfuerzo, no tiene valor moral», abunda Rafael Reig.
- Algo pasa en la calle...
No buscan historias que contar porque viven en el mundo. Ni sillones, ni capillitas literarias, ni conventículos. Son «busqueros» (como le habría gustado a Cervantes, que era hombre de patear calle). Por eso no encontraremos en ellos ni territorios comanches, ni guerras civiles, ni dramas judiciales, ni conspiraciones medievales. Literatura de entretenimiento pura y dura, que busca nuevas geografías para ser narrada al más puro estilo folletinesco. Por sus textos les conoceréis y todos ellos tienen los pies en la tierra y no están ajenos en su torre de marfil. Trabajan y tienen nómina, en tanto que no ejercen de prohombres ni de hetero-intelectuales: son críticos literarios, columnistas, traductores, lectores de editoriales... Filólogos, periodistas, abogados, seres vivos que se montan en el autobús y pagan facturas. Toman copas, van al cine, no llegan a fin de mes y se interesan por las cosas más peregrinas, pero, sobre todo, están en el mundo... Y de ahí se nutre su prosa. Sus personajes son la «performance» de lo que pasa en la calle y, por tanto, dicen tacos, tienen el recto torticero, fornican, eructan y están en paro. Pero lo que más ennoblece a este colectivo literario es que nunca dicen tener proyectos porque no son culteranos de salón. Son conceptistas retrecheros que no tienen una relación conyugal con la literatura; simplemente escriben. La protesta del escritor es falsa protesta cuando se utiliza para disimular el talento. «En mi caso el talento lo utilizo para disimular la protesta», ha dicho Montero Glez en no pocas ocasiones (a quien muchos, por su excelencia literaria, consideran abanderado en su generación). «Mi único saber empírico –ha dicho el autor de "Manteca colorá"– se reduce al vivir sin dinero. Ando con los bolsillos en barbecho. Y tal y como leí en una pintada de una calle de Algeciras, sin dinero todos somos extranjeros».
- El ritmo se acelera
¿Agitación, movimiento de carnes en este soso panorama literario?: «Yo les arreo sartenazo a los nacionalistas, a las inmobiliarias, a los políticos municipales , a los okupas de fin de semana, me meto con Manu Chao y los antiglobalizadores con American Express, les doy a las agentes literarias. Cuando salió "Rectos torcidos" mi mujer estaba preocupada pensando que nos iban a quemar la casa», explica Iturbe. Reig protesta contra todo y reclama el derecho al pataleo. Como decía un clásico: la solemnidad es el escudo de la estupidez. «Mi mayor pretensión no es protestar, sino escribir una buena novela». Ahí es nada. Mientras unos critican la doble moral de nuestros gobiernos y a la caterva de bienpensantes y biencomidos que ponen fronteras a las hambres y clasifican a las gentes por el color de los bolsillos, otros, como Juan Aparicio Belmonte, autor, entre otros, de «López, López» critican todo un poco «porque es la forma que tengo de divertirme y detesto el aburrimiento».
Otra de las características que tienen en común los mencionados es un ritmo acelerado, una sucesión de aventuras y una tensión sostenida que parece cinematográfica. Todos estos seres parecen narrar con las tripas y su literatura va directamente a la vena. Sin filtro. Escapan de la realidad a fuerza de contarla, se sirven de piruetas gramaticales, buscan lo universal que hay en lo particular para su prosa de combate y sienten un irrefrenable gusto por la pasión habladora de los buenos cuentistas. Novelas como las de Tusset –hoy David Cameo– se caracterizan por el humor, por la primacía de los personajes, por la búsqueda de un estilo elaborado, y porque la trama se desarrolla a través de una estructura compleja, pero disimulada, en la que ahorran al lector su desciframiento. La dificultad les importa poco porque forma parte del concepto penitencial... Y eso sería como valorar un cuadro porque ha sido pintado de rodillas.

El árbol genealógico de su prosa

Escritores que transgreden la norma
Su narrativa es la unión de palabras que uno nunca supo que pudieran juntarse: se valen de voces jergales, recurren a estructuras gramaticales impensables, refuerzan la impresión de discursos orales y, en ocasiones, hacen reproducción gráfica de formas vulgares de pronunciación. Recursos manejados con destreza que dan forma a sus broncas historias para esbozar una sociedad atravesada por una corriente subterránea. En algunos miembros de esta generación se aprecian ecos de descripción rápida y certera de personajes que recuerdan el arte de Valle-Inclán. El árbol genealógico de su prosa tiene sus raíces en fuentes como Quevedo, Cervantes, Mendoza, Marsé, Scott Fitzgerald, García Márquez, Diderot, Laurence Sterne, Dickens, John K. Toole, Mendoza, Dostoievski, Graham Greene o Silver Kane. El resultado es asombroso. Por una parte la sordidez de los temas sume a los lectores en la miseria o el lumpen pero por otra, gracias al milagro del idioma, ese mundo queda transformado en una experiencia estética tan memorable como placentera sin abandonar el canon literario occidental. ¿Sus páginas generarán una estética nueva? ¿O ya lo han hecho?


Leer más:  Canalla literatura - La Razón digital  http://www.larazon.es/detalle_normal/noticias/7105322/cultura/canalla-literatura#Ttt1duXekspE5Zh6

EL LENGUAJE EN EL TIEMPO




Juampa 

 |  
FERNANDO ÁVILA (EL TIEMPO.COM, COLOMBIA)




La norma dice que antes de p no va n, sino m (chompa, Amparito, zampó, sampuesana...).

Citas: «Ana Mercedes Plata, la mujer que hace unas semanas impactó a los colombianos con un video casero en el que invitaba a votar por ‘Juanpa’ y no por ‘Zurriaga’, le hizo ayer un llamado a la guerrilla” (EL TIEMPO); «Doña Mechas llegó a la posesión del segundo gobierno de ‘Juanpa’ (El Universal, Cartagena); «Doña Mechas llegó vestida de azul a la posesión de ‘Juanpa’ » (Cromos).
Comentario: La norma dice que antes de p no va n, sino m (chompa, Amparito, zampó, sampuesana…).
Observe, por ejemplo, cómo de la preposición sin (terminada en n) y el sustantivo par(que comienza con p) sale la palabra impar (con m), así como del prefijo in-, que significa ‘adentro’, y el verbo portar sale el derivado importar, y del mismo prefijo y el adjetivo poluto, ‘sucio’, sale el adjetivo impoluto, ‘limpio’, cambio que no opera en otras voces con el mismo prefijo, incluir, insano, intrascendente.
El mismo cambio se da en la palabra ciempiés, derivada de cien, con n, y pies.
Un caso lingüístico más cercano al hipocorístico Juampa (nombre propio) nos lo ofrece la etimología del apellido Samper (nombre propio). Según estudios sobre el origen de este apellido, Samper es acrónimo de San Pedro, que fue adoptado por judíos conversos. Vea cómo la n de San se convierte en m, por la misma norma señalada.
Como bien se sabe, igual regla opera con la letra b (bambuco, patizambo, sambenito, cambalache…), incluidos nombres propios (Amberes, Bombay…).
[...]
Leer más en eltiempo.com

EL GLOSARIO INFINITO


 |  
MARÍA LUJÁN PICABEA (REVISTA DE CULTURA, CLARIN.COM, ARGENTINA)


Método. Los autores de la obra explican cómo recopilaron los términos y los riesgos que se corren ante el envejecimiento precoz de un trabajo complejo.




La discusión que damos aquí es sobre el lugar de las palabras en la política, y para ello nos inscribimos en la tradición teórico social, teórico política que dice que las palabras no son una añadidura, un agregado a una vida material independiente, sino que forman parte de la materialidad de la vida social y política, y son productivas, crean realidades», resume el sociólogo e investigador Gabriel Vommaro y habla del Diccionario del léxico corriente de la política argentina. Palabras en democracia (1983-2013) , producto de un proyecto interdisciplinario que coordinó junto a la lingüista Andreína Adelstein, con el apoyo de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica y la Universidad Nacional General Sarmiento (UNGS).
El proyecto, surgido en 2008, se agitó hacia el interior de un grupo de investigadores del Instituto de Desarrollo Humano de la Universidad, cuenta Adelstein, que integraba junto a Vommaro y Eduardo Rinesi, entre otros. Ellos comenzaron a interrogarse sobre frases y términos emblemáticos de las distintas etapas, desde el retorno a la democracia. «La idea era hacer un repertorio del modo en que el lenguaje político decía algo sobre el ciclo político argentino reciente», comenta Vommaro y agrega que fue Adelstein y el equipo del área de ciencias del lenguaje quienes dieron una forma más esquemática a la idea, que se materializó, luego, en el diccionario.
«Lo primero que hicimos fue ver qué tipo de diccionario queríamos. Pensábamos que tenía que ser un diccionario no especializado sino para el gran público y que tuviera una doble mirada, la de la política y la del cambio lingüístico. Para ello señalamos ‘palabras testigo’, es decir, palabras que representaran momentos determinados del lapso, que clasificamos según los períodos presidenciales y a partir de áreas temáticas», detalla Adelstein.
[...]
Leer más en revistaenie.clarin.com

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
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números rojos no 


necesita comillas ni 


cursivas

Recomendación urgente del día
La expresión números rojos, que alude a un saldo negativo en una cuenta bancaria o en la contabilidad de una empresa, no necesita destacarse con cursivas ni comillas.
En los medios de comunicación es frecuente leer frases como «IAG abandona los ‘números rojos’ tras la restructuración de Iberia», «FCC recorta sus ‘números rojos’ en un 91 % hasta junio» o «Los números rojosde los partidos políticos».
El uso de esa expresión para referirse a saldos negativos está asentado y se recoge en el Diccionario académico desde 1984, por lo que no requiere resalte alguno.
Así, en los ejemplos anteriores habría sido preferible escribir «IAG abandona los números rojos tras la restructuración de Iberia», «FCC recorta sus números rojos en un 91 % hasta junio» y «Los números rojos de los partidos políticos».

números rojos no necesita comillas ni cursivas

Recomendación urgente del día
La expresión números rojos, que alude a un saldo negativo en una cuenta bancaria o en la contabilidad de una empresa, no necesita destacarse con cursivas ni comillas.
En los medios de comunicación es frecuente leer frases como «IAG abandona los ‘números rojos’ tras la restructuración de Iberia», «FCC recorta sus ‘números rojos’ en un 91 % hasta junio» o «Los números rojosde los partidos políticos».
El uso de esa expresión para referirse a saldos negativos está asentado y se recoge en el Diccionario académico desde 1984, por lo que no requiere resalte alguno.
Así, en los ejemplos anteriores habría sido preferible escribir «IAG abandona los números rojos tras la restructuración de Iberia», «FCC recorta sus números rojos en un 91 % hasta junio» y «Los números rojos de los partidos políticos».

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el estrecho de 


Gibraltar o el 


Estrecho

Recomendación urgente del día
La palabra estrecho se escribe con inicial minúscula en la denominación estrecho de Gibraltar, pero puede escribirse con mayúscula si se emplea en solitario: el Estrecho.
En los medios de comunicación es frecuente leer frases como «Más de un millar de inmigrantes rescatados en el Estrecho de Gibraltar» o «La oleada de pateras más numerosa en el Estrecho de Gibraltar».
Conforme a lo que establece la Ortografía académica, los nombres comunes que forman parte de la denominación de accidentes geográficos se escriben con inicial minúscula: océano Pacífico, mar Mediterráneogolfo de Méxicoestrecho de Gibraltar
No obstante, la propia Ortografía indica que, si ese sustantivo se utiliza de forma aislada y supone una referencia inequívoca para los hablantes, comoel Estrecho para los españoles, el Golfo para los mexicanos o el Canal para los panameños, puede escribirse con mayúscula inicial.
Así, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir «Más de un millar de inmigrantes rescatados en el estrecho de Gibraltar» y «La oleada de pateras más numerosa en el estrecho de Gibraltar» o, si la información está dirigida a un público español para el que el Estrecho es inequívocamente el del Gibraltar y no otro, «Más de un millar de inmigrantes rescatados en el Estrecho» y «La oleada de pateras más numerosa en el Estrecho».
Ver también peñón de Gibraltar, pero el Peñón.
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