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quarta-feira, 5 de novembro de 2014

DE LA RIQUEZA DEL ESPAÑOL




Por Fernando Alfón * en Página 12 - Buenos Aires


Acaba de presentarse la última edición del Diccionario de la Real AcademiaEspañola (DRAE) y de repetirse la ovación por la incorporación de miles de voces nuevas. Además de la propia Academia, la prensa española en general y el Instituto Cervantes gritan la cifra como orgullosos por el descomunal peso de la criatura. El número de artículos ascendió a más de 93 mil, casi 9 mil más que la edición anterior. Para la RAE, entonces, la lengua que hablan unos 500 millones de personas (el dato gordo también es de ellos) despliega “en uso” más de 93 mil voces. ¿A qué se debe la jactancia por la cifra?
A fines de la década de 1920, Borges razonó bien al denunciar que las 60 mil palabras que imprimió el DRAE –el de entonces– era una aparente superioridad aritmética que encubría una palmaria pobreza lógica. Llamar a eso “riqueza del español”, agregó, era nombre eufemístico de su muerte. La mayor parte de esa cifra eran ausentes o difuntos. El diccionario, así, como espectáculo necrológico, actúa bien el papel de fantasma.
Desde que la RAE imprime su Diccionario (1780), fue acumulando voces hasta que razonó que, de seguir con ese engorde, habría que concebir un volumen con ruedas. Entonces se desdobló, separó las voces en desuso y las imprimió aparte. La solución tuvo asidero considerando que la hechura de un diccionario era inseparable a la encuadernación. Hacer un libro voluminoso es caro; tornarlo manual es imposible; sostenerlo en la biblioteca, peligroso. Desde que el Diccionario se consulta on line, hace apenas un lustro, esta discusión carece de sustento. Ahora la RAE, si quiere, puede poner a disposición de todo el mundo el catálogo completo de voces que se usan y que se usaron desde el año cero del idioma.
¿A qué se deben, entonces, las fotos que muestran al director José Manuel Blecua, en los talleres de encuadernación, orgulloso de acoger un volumen que apenas puede sostener entre las manos? ¿Por qué la felicidad asociada a un macizo que ascendió a 2376 páginas? Al viejo anhelo de demostrar el carácter imperial de la lengua: no hay otra razón. Es un anhelo compadrón (si se quiere), pero falaz. Ni en 1925 se usaban 60 mil voces, ni hoy se usan 93 mil, ni es dable imaginar que dentro de una década usaremos 9 mil voces más, y por tanto seremos 9 mil veces más ricos.
Es una fiesta contemplar el modo en que la RAE se alarma del peligro que amenaza la riqueza del idioma, al mismo tiempo que imprime, en cada nueva edición, un diccionario más gordo, anunciador de una vida más próspera. O miente en lo primero, o miente en lo segundo. No es difícil concluir que miente en ambos casos, pues la lengua no está amenazada (o lo estuvo siempre, y por tanto vive de esa amenaza), ni avasalla a otras por el número de voces que acumula un diccionario. Amenaza y dominio son dos cosas que desvelan a la RAE y que terminaron conduciéndola a tomar la siguiente decisión.
No es que la lengua española no cuente con 93 mil voces, sólo que para decretar esa cifra la RAE tuvo que imaginar, con 500 millones de hablantes, una comunidad abstracta y homogénea. Esta cifra privilegia esa abstracción en desmedro de las comunidades reales de la lengua, pues de lo contrario no debería imprimirse uno, sino varios diccionarios, que aspiraran a ser más fieles al léxico de las distintas regiones del idioma. La unidad celebrada del diccionario oculta el real pluricentrismo del español. Pero basta abrirlo para ver que esa unidad no se tramó tanto a partir de una abstracción neutra, sino a partir de una región determinada. Es una abstracción, digamos, muy localista. El DRAE suele ser satisfactorio para un madrileño, pero insuficiente para un porteño, un limeño, un bogotano. Al diccionario le sobran páginas y le faltan palabras. Es ésa la sensación que tiene el lector cada vez que lo abre. La palabra que busca, a menudo, no está, pero en su lugar hay diez palabras que ignora. El costo de perpetuar la ilusión de homogeneidad es un ejemplar amorfo: obeso y a la vez desnutrido.
La pretensión de un diccionario que aunara a todas esas regiones tenía dos caminos: o bien un ejemplar que reuniera todas las voces en asentado uso, es decir un ejemplar que tendería horrorosamente hacia el infinito; o bien un volumen regional, con agregados caprichosos y parciales de las regiones “periféricas”. Esta última opción es la que adoptó la RAE. Digo la RAE porque, aunque dicen ser 22 las academias que componen el Diccionario, sabemos que es una la que manda el borrador definitivo.
La riqueza de la lengua, entonces, parece una metáfora, pero debe leerse como una literalidad. Cuando la RAE dice que el español es una lengua rica, no se refiere a una riqueza cultural, sino a una lengua que genera mucho dinero. Ese dinero proviene de las diversas formas en que se la comercializa: enseñanza del idioma en países extranjeros, publicación de libros, traducciones, comunicaciones, etc. La riqueza es infinita, pero la ruta hacia donde marchan sus frutos es unitaria. La diversidad es de la lengua, no del usufructo. Sin esta aclaración no se puede comprender bien por qué a la RAE le interesa seguir proyectando la ilusión de un Diccionario panhispánico, y celebrando, con cada nueva edición, la dilatación de sus fronteras.
* Escritor, doctor en Historia y profesor en la UNLP.

DICCIONARIO TECNOLÓGICO




Diccionario tecnológico: los tecnicismos que ha admitido la RAE, de la A a la Z

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PILAR CHACÓN / LUCÍA CABALLERO (ELDIARIO.ES)



Internet, blog, hacker, wifi... Son algunas de las palabras tecnológicas que la Real Academia Española (RAE) ya ha incluido en la vigésima tercera edición del diccionario y que formarán parte de la base de datos de la versión en línea.

Algunas llevan bastante tiempo empleándose; otras, definidas durante las actualizaciones del diccionario ‘online’, han quedado algo desfasadas. He aquí un análisis de algunos de los nuevos conceptos recogidos por la RAE.
Después de trece años, la Real Academia Española (RAE) ha vuelto a publicar una nueva edición impresa del diccionario más conocido del idioma de Cervantes, y lógicamente, ello ha traído la inclusión de nuevos términos y nuevas acepciones, entre los cuales se hallan unos cuantos relacionados con el mundo de la tecnología.
Aunque no todos. Tras varias revisiones, sólo unas cuantas palabras afortunadas han logrado entrar en el tomo, y decidir cuáles no ha sido tarea fácil. Según Guillermo Rojo, miembro de la Comisión de Vocabulario Científico y técnico de la RAE, para decidir las palabras del ámbito de la tecnología se han tenido en cuenta las opiniones de expertos de la comisión, las propias ideas de los hablantes y se ha echado un vistazo a diccionarios de referencia en otras lenguas.
En  HojaDeRouter.com hemos buscado algunos de los nuevos términos en varios diccionarios del mundo (para ser más exactos, en tres: el diccionario Oxford, autoridad del inglés británico; el diccionario Merriam-Webster, encargado del inglés americano; y el diccionario de la Academia Francesa, el libro de referencia del idioma del país vecino) y los hemos comparado con los añadidos en la vigésima tercera edición. He aquí los resultados.
[...]
Leer más en eldiario.es

DRAE


El nuevo diccionario de la RAE, lleno de polémicas

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COLPISA (DIARIODENAVARRA.ES)





Palabras como 'judiada', 'sudaca', 'hacker' o 'marica' generan críticas en diferentes colectivos sociales.


La Real Academia de la Lengua Española presentó hace dos semanas la última edición de su diccionario, que, como suele ocurrir siempre que se actualiza, ha levantado polémicas entre algunos sectores, que se sienten ofendidos por la permanencia de algunos términos, definiciones y acepciones. La 23ª edición del Diccionario de la Lengua Española ha visto la luz tras trece años de espera, incluyendo en torno a 5000 entradas nuevas y 22 000 modificaciones totales, entre las que destacan algunas por su significado llamativo. Como a sus antecesores, este nuevo diccionario no se ha librado de las críticas y no sólo por la incorporación de algunos neologismos y vulgarismos que entran a formar parte de las palabras aceptadas por el organismo oficial.
«El diccionario tiene que ser científicamente correcto y, si es posible, políticamente correcto, pero sólo si es posible», suele repetir José Manuel Blecua, director de la Real Academia Española (RAE), ante la cuestión de la corrección política del DRAE. Una idea que comparte Pedro Álvarez de Miranda, el director de la nueva edición del diccionario: «No debe plegarse de manera irreflexiva a los dictados de la corrección política. Debe estar atento a no herir sensibilidades gratuitamente. La Academia recibe demandas constantes de modificación. Las estudia, y si parece razonable, las introduce. Pero no siempre se da gusto a todo».
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Leer más en diariodenavarra.es

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

frigano, adaptación 


de freegan

Recomendación urgente del día
Frigano es una adaptación válida del anglicismo freegan, que hace referencia a la persona perteneciente al movimiento que defiende un modo de vida anticonsumista basado en una participación mínima en la economía convencional y en el menor consumo posible de recursos.
En los medios de comunicación, es frecuente encontrar frases como «Los freegans dicen adiós al consumo», «Los freegans hacen boicot a la sociedad de consumo» o «El freeganismo, un nuevo estilo de vida que engancha en Nueva York».
La palabra freegan deriva de la combinación de free, con el sentido de ‘libre y gratis’, y vegan, nombre con el que se conoce en inglés a los vegetarianos estrictos y que se adapta al español como veganoFrigano se considera una adaptación válida en español para referirse a la persona que lo practica,mientras que friganismo o movimiento frigano se proponen como alternativas adecuadas para referirse a ese modo de vida.
Por lo tanto, en los ejemplos anteriores habría sido preferible escribir «Los friganos dicen adiós al consumo», «Los friganos hacen boicot a la sociedad de consumo» y «El friganismo, un nuevo estilo de vida que engancha cada vez más en Nueva York».
Aun así, si se opta por los anglicismos sin adaptar, se recuerda que lo adecuado es resaltarlos en cursiva o, si no se dispone de ese tipo de letra, entrecomillarlos.
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