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quarta-feira, 3 de dezembro de 2014

MAMOTRETO


   El mamotreto

 |  
SUSANA CORDERO DE ESPINOSA (EL COMERCIO.COM, ECUADOR)

Se encuentran en Quito, desde hace algunas semanas, ejemplares de la hermosa edición del Diccionario de la lengua española. En su presentación, nutrida, grata, se lo llamó ‘mamotreto’. ¿Puede atribuirse este nombre al diccionario, sin afán de denostarlo?


Vayamos a sus significados. «Mamotreto» proviene del latín tardío mammothreptus y este del griego; su significado literal es ‘criado por su abuela’; de ahí, gordinflón, abultado, por la creencia popular de que las abuelas crían niños gordos. El diccionario de Corominas lo incluye en el artículo del lema ‘mama’ y refiere que se encuentran ya sus sentidos en manuscritos del siglo XII, hace novecientos años. He aquí sus tres acepciones: 1. armatoste (objeto grande). 2. coloq. Libro o legajo muy abultado, principalmente cuando es irregular y deforme. 3. desus. Libro o cuaderno en que se apuntan las cosas que se han de tener presentes para ordenarlas después.
El primer sentido de mamotreto perdura aún; el segundo, coloquial, contiene un leve matiz de burla; el tercero, aunque desusado, parece definir a nuestro Diccionario: «libro grande en que se apuntan las cosas que se han de tener presentes para ordenarlas después».¿Qué otra cosa resulta ser el nuevo tesauro, o qué otra misión puede cumplir la larga lista de palabras y significados en él inscrita, sino la de preservar y definir los vocablos para que los hablantes los dispongamos en el orden que exige el contexto, a fin de tratar de que digan lo que queremos que digan, para entendernos y que nos entiendan?
[…]
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PALAVRAS




Vino, no caldo

 |  
CAIUS APICIUS (AGENCIA EFE)



Soleada pero fría mañana madrileña para despedir noviembre; el solsticio de invierno está ya a la vuelta de la esquina. Es época de platos de cuchara, de sopas reconfortantes, de buenos caldos... Mientras escribo, me llega un olor agradable y despertador del apetito: en la cocina se está haciendo un caldo.


Me explico. Cuando un gallego, y yo lo soy, dice «caldo», sin más, se refiere a lo que el resto de los mortales llama caldo gallego.
Si pensase en un caldo de pollo, o de pescado, o de carne, lo especificaría. Caldo, a secas, es caldo gallego. De grelos, de nabizas, de berza, de repollo… Mejor, ahora, de grelos. Con patatas y alubias (en Galicia, fabas). Y con unto y lo que caiga: un trozo de lacón, algo de morcillo de ternera, un poco de costilla de cerdo, tocino, algún chorizo… Del caldo básico al caldo “de crego” (de cura) que decía Cunqueiro hay un sinfín de posibilidades.
Caldo. El Diccionario nos informa de que la palabra procede del latín caldus, caliente. De hecho, en italiano, la palabra caldo significa caliente, mientras que nuestro caldo, para ellos, es brodo, que, como el inglés broth y, por otra vía, el francés bouillon, deriva de palabras con el significado de hervir.
Sigamos con el Diccionario. Añade que un caldo es el «líquido que resulta de cocer o aderezar algunos alimentos». Bien. Hasta ahí, de acuerdo. El problema es la siguiente acepción: «jugo vegetal, especialmente el vino, extraído de los frutos y destinado a la alimentación».
Visto así, podríamos llamar caldo hasta al zumo de naranja del desayuno; por cierto que «zumo» ha desplazado al olvido al antiguo «jugo de naranja», usado mayoritariamente en la comunidad lingüística hispanoamericana. Pero el problema es llamar «caldo» al vino. Será académico, pero a la mayoría de las gentes relacionadas con el vino por profesión o afición nos chirría.
De acuerdo, durante mucho tiempo el vino fue, más que otra cosa, una barata fuente de calorías. Es también correcta la tradición de tomar vino caliente, incluso hacer sopas («hacer sopas» es echar trozos de pan en un líquido) de pan y vino. Pero la acepción se ha quedado antigua, o eso me parece a mí, al menos, y a mucha gente que conozco.
En periodismo hay un montón de normas no escritas bastante ridículas. Por ejemplo, esa tontería de «un total de 120 personas…» para no empezar un párrafo con un número. Vaya problema: escríbase un numeral: «Ciento veinte personas…» «Fulanito, de treinta años de edad…» Pues claro que de edad, de qué va a ser… Bueno, pues entre esas normas está la que inspira horror a la reiteración.
Así que queda feo, dicen, repetir la palabra «vino» varias veces en el mismo párrafo, de modo que ¡toma caldo, y por tazas! Qué quieren que les diga: a mí no me parece feo, y hay más formas de evitar una excesiva reiteración que insultando al vino, que es lo que hacemos, en realidad, cuando le llamamos «caldo».
Como digo, lo de «caldo» nos chirría a muchos. Pero hay algo que va más lejos: «degustar un buen caldo». Nuevamente nos encontramos con una expresión académicamente correcta, pero, en este caso, más cursi que tocar a rancho con violín.
El vino se bebe, o se cata, o se disfruta. Vale, acepto pulpo como animal de compañía: a veces se degusta. Pero es que ahora siempre se degusta. Es como el agua: antes, la gente bebía agua; ahora, se hidrata. Ganas de ser cursis (o políticamente correctos: es igual), por favor.
El refranero español pide claridad en la expresión: «al pan, pan, y al vino, vino». Pues eso. Llamemos al vino por su nombre, y dejémonos de eufemismos, mientras podamos. Yo propondría a todos los enófilos que se negaran a compartir una botella de vino con alguien que se refiera a su contenido como «caldo»… salvo que sea italiano y a lo que se refiera sea a que el vino está caliente, è caldo.
En cuanto al que propone, y encima por escrito, «degustar un buen caldo», se merece que lo pongan a pan y agua una buena temporada. Mira que complican algunos una cosa tan sencilla como disfrutar de una copa de vino. Yo, qué quieren que les diga, a lo mío. Me espera un caldiño de lo más apetecible.
Antes, como es de precepto, un aperitivo ligero. Pero lo tengo clarísimo: el caldo, en plato y con cuchara; el aperitivo, una copa de vino, seguramente, por subrayar la cosa galaica, un albariño de las Rías Baixas. Pero dejando bien claro que el vino es el vino y el caldo es el caldo.

CLAUDE BEAUSOLEIL


La poesía es el alma del lenguaje





GUADALAJARA, JALISCO (02/DIC/2014).- 'La escultura es una escultura sonora', dice el poeta Claude Beausoleil en entrevista con este medio. 'Es la gran diferencia con la prosa: aunque hay novelas que tienen su música propia, en la poesía no es el texto lo que alcanza al lector, es su música. La poesía es el alma del lenguaje'.

Beausoleil pertenece al grupo de escritores quebequenses que visitan la FIL, y en su bibliografía se pueden hallar numerosas versiones de sus poemas en francés y español. Entre su obra disponible en nuestro idioma destaca Gran Hotel de Extranjeros, un disco compacto lanzado por el Fondo de Cultura Económica, con sus poemas leídos en voz alta, en español y francés. Para el escritor, 'Somos extranjeros frente al otro, la solidaridad es lo que nos une'. Con esa misma idea del hotel y el viaje, parafrasea un poema suyo: escribir es viajar en el lenguaje, leer es el espejo de uno mismo. Ese poema suyo es uno de los más famosos, traducido a muchos idiomas.

El autor descubrió la literatura mexicana hace muchos años, lo que lo ha traído a México en numerosas ocasiones, al grado que profesa un furor por México.

Esto se refleja en uno de sus títulos recientes en español: Furor por México, un texto disponible en Aldvs. Otros libros del autor se hallan en el catálogo de Écrit des Forges. 'Cada vez que regresó a México me lleno de energía, tanto que ya no sé porque me voy', bromeó.

Su labor como traductor incluye la obra de Xavier Villaurrutia, pues profesa un gusto por el movimiento de los Contemporáneos. Otro texto mexicano que le fascina es El arco y la lira, del premio Nobel mexicano Octavio Paz: 'Con ese libro comprendí que puedes tener una identidad muy fuerte, muy sólida, y al mismo tiempo ser universal. Paz era muy mexicano y muy universal', afirmó.

Se suele decir que la poesía es intraducible, o que el 'traductor es traidor', pero para el poeta: 'Es mejor que se traduzca a que no se traduzca. Además, a menudo son los mismos poetas los que traducen, ¡y no me imagino a un poeta destruyendo un poema!'.

Sobre la lectura misma de esas traducciones, apuntó: 'Yo conozco a amigos que leyeron a Rimbaud en inglés, y lo conocieron. Yo mismo leí a los rusos en mi juventud, y no creí que estuviera leyendo traducciones', afirmó.

Con este gusto por el español mexicano y la posibilidad de trasladar poemas a su idioma materno, asegura: 'Traducir para mí es un regalo, un gran placer'.

La actividad diaria de este poeta consiste en tres sencillas tareas: 'Leer poesía, escribir poesía, y reflexionar sobre la poesía. Cada día del año, por más de cuarenta', esta disciplina de escritura ha desembocado en más de sesenta libros publicados.

'Escribir es una prolongación que parte del corazón, la mano y luego llega hasta la pluma y el papel, o la computadora. Es un placer y una necesidad', afirmó
Su libro más reciente en francés es una colección de poemas sobre la vida de Oscar Wilde, donde hacia el final reafirma su pasión mexicana al evocar la influencia de Wilde en los Contemporáneos.

TOMA NOTA

Los libros de Claude Beausoleil y de otros autores de Quebec se encuentran en el stand II14, un espacio para la literatura quebequense.

EL INFORMADOR / JORGE PÉREZ

SOL DE VOLCANES





Limpia, fija y da esplendor

http://www.gaceta.es/miguel-camara/limpia-fija-da-esplendor-02122014-1854
Este es el lema de la Real Academia de la Lengua. En un principio incorporaba nuevos términos al Diccionario recogidos por la costumbre y el saber popular; así tenemos souvenir, sandwich, clichet, bufet, ticket.... Pero hoy, con el crecimiento de la red de medios informativos, ha descendido la sabiduría popular que va perdiendo calidad y su identidad lingüística, entre otras razones, por la influencia negativa que ejercen, al mismo tiempo, esos medios en el uso abusivo de extranjerismos. El pueblo ahora ha influido para que entren en el Diccionario términos como hobby, look, input, mouse, ranking, mailing, hit, bluf, chance, sunami, remake, revival, flahs back, casting, low cost, bluetooth, item, tablet, affaire, on site, estar in, o estar out, auto selfie, full time,hacer un break, y cientos más. La Academia, en lugar de bendecirlos, debía ser más cauta y responsable al considerar las nuevas costumbres del vulgo, porque, en definitiva, quien enseña y educa es el profesor, nunca los alumnos, por muy mayoría que sean. Esos términos extraños tienen fácil traducción a nuestra lengua, la de mayor riqueza en palabras y sinónimos, que, por debilidad lingüística, vamos dejando que se pierdan. No hay término extranjero que no pueda ser traducido a nuestro verbo, y, a veces, con más sinónimos, incluso con más amplio significado. Estamos así aumentando el olvido y desprecio de nuestras palabras; no enriquecemos pues nuestro vocabulario, sino que lo empobrecemos. Hay jóvenes, y no tan jóvenes, que, por ejemplo, no conocen el significado de sunami en castellano, adoptado ya por nuestra Academia, pasando a la historia la palabra maremoto.
Esta situación de uso de extranjerismos, sobre todo anglicismos, común ya en España, y bendecidos por nuestra Real Academia de la Lengua, ha llegado a un punto de vergonzosa pérdida de identidad. Este uso se hace, sobre todo, en temas publicitarios y puntuales, pero cada vez mayores. No existe un país en Europa que, con los mismos objetivos de publicidad, o los que sean, use un idioma extraño; desde luego el español, nunca. Usamos también frases inglesas en la publicidad como, por ejemplo, “Bear Festival”, Shopping week”, o “Fashion Week” “Black Friday”, “Brain training”, “Tarjeta black”, “Winter pride”,  y también cientos de frases más ¿Alguien puede creer que en Inglaterra o cualquier otro lugar, se emplee el español, expresando, verbalmente o por escrito, “Festival de la cerveza”, “Semana de Compra en Londres”“Semana de la moda en Paris”, “Viernes negro”, “Ejercicios cerebrales”, “Tarjeta negra”, “Orgullo Invernal”, etc.Esta situación no se justifica alegando que el inglés lo entiende mejor cualquier turista extranjero en España, puesto que las frases publicitarias y comerciales, son fácilmente asumibles para todos, incluso al extranjero le gusta conocer estas expresiones en castellano.   
El idioma español sigue siendo, posiblemente, el de mayor riqueza en palabras y sinónimos. No hay término extranjeros que no pueda ser traducido a nuestra lengua y, a veces, con varios sinónimos, incluso con más significado. A pesar de ello, vamos perdiendo nuestro vocabulario. Somos débiles, nos falta congruencia, responsabilidad y, sobre todo, identidad con nuestra propia gramática para defender nuestro verbo, y nos creemos que con el uso de extranjerismos aparentamos ser más doctos en cualquier materia. Ya nos ocurrió cuando Napoleón, donde se puso de moda hablar francés en España, y aquellos que lo ignoraban, se contentaban haciendo el ridículo usando algunas palabras sueltas; les llamaron, despectivamente, afrancesados. Cualquier país extranjero cuida su lengua con más respeto y cariño que nosotros. Los ingleses han adoptado del castellano un par de palabras, entre ellas, siesta, paella, y gazpacho;. sólo pronuncian bien la primera, en cuanto a la segunda se han aferrado con tal firmeza en pronunciar “paela” que no me extrañaría la adoptemos nosotros algún día como un extranjerismo más. Y gazpacho la traducen mal: “clear tomato soup”, cuando resulta que la sopa de tomate no tiene nada que ver con el gazpacho.
Ante semejante agresión que hacemos al idioma, me viene a la memoria la composición del gran poeta que fue Francisco Garfias, cuando, en homenaje a nuestro extenso, y excelso, vocabulario, escribió una poesía que llamó Pueblo. Y no pudo elegir mejor nombre para identificar muchas de nuestras nobles palabras que huyen, se protegen y sobreviven en pueblos, alejadas del mal trato y olvido que reciben de nosotros mismos, pero que, al final, mueren.
Nuestra Academia, que quizá no conozca al poeta Garfias, debería "limpiar" más para "fijar" mejor;el "esplendor", vendría por sí mismo.      
Me tomo la libertad de recordarles la mencionada Poesía y su comparación con el verbo de hoy. 

Poesía de Francisco Garfias:                                Plagio intolerable:                                                                          
Digo almirez y trébedes y plato,                                     Digo tsunami, chance, y holding,
silla de enea, hoz, jarra y lebrillo.                                   fashion, cachet, top-ten, y short.
Aceite, mosto, candeal, membrillo,                                 Hacker, mouse, reality, resort,
Campana y hontanar, pan y recato.                                 Staff, average, shopping y ranking.

Por decir digo aceña, abril, regato,                                  Por decir, digo input, affaire, casting,
Almáciga, aguamiel y culantrillo.                                     attaché, status, stock.
Dornajo, barboquejo, sol, rastrillo,                                  Lobby, reality, jogging, store,
Zagalejo, jamuga, senda y hato,                                       junior, spa, crack, lifting.

Digo escarcha, pajuela y malvarrosa,                                Digo test, cuando su nombre es examen,
recuero y horno, potro y levadura                                     auto selfie, si hablo de auto foto.
Luego nombro el helecho y el barbecho.                           Y también black friday, tarjeta black.

Y tras decir Señor, amén y rosa,                                       ¡Arrojemos extranjerismos a la basura,
me ciño un padrenuestro a la cintura                               recuperando identidad con este hecho
y me tumbo a dormir tan satisfecho.                                 y podremos dormir más satisfechos!

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

sujetador joya, en 


dos palabras y sin 


guion

Recomendación urgente del día
La construcción sujetador joya, en dos palabras y sin guion, es preferible a sujetador-joya.
Con motivo del desfile de Victoria’s Secret, en el que se muestran estas prensa lujosas a las que la marca denomina Fantasy Bra, es frecuente encontrar en los medios de comunicación ejemplos como «Será la primera vez en la historia de este espectáculo que dos modelos luzcan el sujetador-joya» o «Así lucen los Sujetadores-joyas que serán utilizados en el próximo desfile que se celebrará en Londres».
Según las normas de la Ortografía académica sobre la escritura de compuestos de dos sustantivos, es preferible escribir sujetador joya, separado y sin guion, ya que se considera suficientemente generalizado en el uso, pues el guion se reserva para compuestos de reciente creación u ocasionales.
Se recuerda además que el nombre de la marca (Fantasy Bra) se escribe con mayúscula al ser un nombre propio, mientras que lo apropiado es escribir sujetador joya con minúscula inicial por ser un nombre común.
En cuanto a su uso en plural, es más adecuada la forma sujetadores joya frente a sujetadores joyas, por entenderse que joya es un elemento compositivo que permanece invariable, tal y como ocurre en otras construcciones similares de sustantivos en aposición, como mesas camilla osofás cama.
Así, en los ejemplos anteriores habría sido preferible escribir «Será la primera vez en la historia de este espectáculo que dos modelos lucirán el sujetador joya» y «Así lucen los sujetadores joya que serán utilizados en el próximo desfile que se celebrará en Londres».
Además, la construcción sujetador joya se considera más adecuada que las alternativas sujetador de fantasía o sujetador fantasía, ya que el términofantasía está recogido en el Diccionario académico con el significado de ‘dicho de una prenda de vestir o de un adorno que no es de forma o gusto corrientes’, sentido mucho más amplio que no hace referencia únicamente a una prenda enjoyada, como en este contexto.

CUADERNO DE LECTURAS


Falsificaciones y verdades literarias



 en Libertad Digital - España


No comento esta vez una obra de ficción sino un estudio literario que, por su tema, puede resultar atractivo para muchos lectores. El autor,Joaquín Álvarez Barrientos, es investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y ha publicado ya varios libros de indudable mérito; algunos, sobre la Ilustración española. Esta vez, se ha lanzado a un terreno mucho más vidrioso pero muy interesante: las diversas modalidades que pueden adoptar las falsificaciones literarias españolas. (El título, algo sensacionalista, parece un añadido editorial).
Comprende el libro dos partes, claramente diferenciadas. En la primera, de carácter teórico, comentamodalidades de autorías (el autor supuesto, el heterónimo, el apócrifo) y las razones más habituales para esta práctica: motivos políticos, económicos, nacionalistas, de puro juego literario... Más interesante es la segunda parte, histórica, en la que va repasando muchos ejemplos de simulación que ofrece la literatura española. (Parece discutible que se incluya aquí el heterónimo, cuando no existe intención de engañar; en todo caso, los ejemplos son tan curiosos que los lectores, creo, lo agradecerán).
Para dar una idea del libro, basta con recordar algunos casos llamativos: Curial y güelfa, la presunta novela catalana del siglo XV, parece mostrar la huella de la obra romántica Los novios, de Manzoni. En algunos Cronicones del Siglo de Oro se afirma que los primeros reyes de España fueron Adán y Eva; que Homero era español por parte de madre y estuvo en nuestra patria. En el siglo XVII, Miguel de Molina(así se llamaba, como el cantante) actúa como espía doble y falsifica cartas de importantes personajes, que abonan su actividad. A Cervantes se le atribuyen varias obras, como las Semanas del jardín El Buscapié, para demostrar que El Quijote no es una burla de las costumbres españolas; a Velázquez, una Memoria de las pinturas del Escorial.
Los ilustrados son muy aficionados a este tipo de supercherías. Trigueros fabrica documentos para dar realce a Carmona, donde reside, y favorece la leyenda de Catalina de Erausola Monja Alférez. Moratín antedata y manipula una parte de su apasionante Epistolario, para aumentar su importancia. El ejemplo más pintoresco es el de Marchena, que engañó a Europa entera añadiendo al Satiricón de Petronio un nuevo fragmento, en correcto latín, y unas valiosas notas, que ofrecen "un mensaje de libertad, ironía y goce de la vida, en forma de tratado breve sobre costumbres y relaciones sexuales". (Este curiosísimo personaje – añado yo – aparece en la gran novela El siglo de las luces, de Alejo Carpentier).
También se divierten mucho con estos juegos bastantes eruditos de fines del siglo XIX, como el "Doctor Thebussem" (un seudónimo que ya significa 'embuste'), al que calificaron de "el rey de los apócrifos", y el propio Menéndez Pelayo, autor de una carta apócrifa que censura la ortografia de la Academia. (¿Qué hubiera dicho de haber vivido en el año 2014).
En el siglo XX, Álvarez Barrientos centra su estudio en varios heterónimos de Unamuno, Machado, d’Ors... y algunas bromas literarias: Federico García Lorca, con su grupo de amigos, se inventan al poeta falangista Isidoro Capdepón Fernández, al que atribuyen la letra del cuplé Banderita, tú eres roja (en realidad, añado yo, procede de la revista musical Las corsarias, de JIménez, Paradas y el maestro Alonso). Gran aficionado a estos juegos literarios era Max Aub, que escribió unaAntología traducida, además de inventarse un falso Discurso de ingreso en la Real Academia y forjar personajes como el pintor Jusep Torres Campalans y el escritor Luis Álvarez Petreña.
En definitiva, todos recordamos la famosa sentencia de Pessoa: El poeta es un fingidor. Pero hay engaños y engaños: según la intención del autor, la forma de presentarlo, la calidad literaria... Joaquín Álvarez Barrientos nos ofrece un panorama amplio y documentado, con ejemplos muy diversos. Al concluir de leerlo, veo alguna entrevista televisiva y leo algunos periódicos: "Nihil novum..."
Joaquín Álvarez Barrientos: El crimen de la escritura. Una historia de las falsificaciones literarias españolas, Abada Editores, Madrid, 2014, 455 págs, 24 euros. ISBN: 978-84-16160-02-0.
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