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segunda-feira, 15 de dezembro de 2014

"TIKI-TAKA"

Los ingleses ya dicen 'tiki-taka'

/ R. PARRADO
  • El estilo de juego futbolístico que distinguió a la selección española entra en la versión digital del Diccionario de Oxford

  • ANTONIO PANIAGUA


Suena como una onomatopeya, pero ha entrado con todos los honores en la edición digital del Diccionario de Oxford. Se trata de la palabra 'tiki-taka', término de origen enigmático. Unos lo atribuyen al periodista Andrés Montes, ya fallecido, y otros a Javier Clemente, antiguo entrenador de la selección española de fútbol. A los lexicógrafos británicos les ha parecido todo un hallazgo la palabra, que definen como «estilo de juego consistente en asegurar pases cortos y en enfatizar la retención de la posesión del balón». Para los autores del diccionario, en esa forma de juego estriba el éxito 'La Roja'.

El idioma español se apunta algunos tantos al colar de rondón en el volumen algunos vocablos de sabor hispanoamericano, como es el caso de 'tacos con queso'. Pero por encima de tácticas futbolísticas y usos gastronómicos, la palabra del año para el Diccionario de Oxford es 'vape', que en español traduciríamos como 'vapear', aunque este término no está aceptado, de momento, por la Real Academia.

Las innovaciones tecnológicas son un caudal de nuevos términos. Así, entra en el glosario el término 'contactless', que alude a esos dispositivos, como tarjetas o teléfonos móviles, que, con ayuda de lectores electrónicos, permiten realizar pagos sin tocarse. El libro es una muestra de la capacidad del inglés para sacarse de la chistera neologismos. Uno de ellos es 'duck face', que describe la cara que suelen poner los británicos a la hora de retratarse, similar a la expresión de un pato. Para conseguir esa pose basta con desorbitar los ojos y morderse la cara interior de los mofletes.

El libro da cuenta de la afición de los anglosajones por las siglas. Así, 'PMQ' define las ruedas de prensa posteriores al consejo de ministros, mientras que 'WTF' esconde la expresión malsonante 'What the fuck', equivalente al '¿qué cojones pasa?'.

Los hablantes de la lengua de Shakespeare ya están autorizados para decir con todo rigor 'five-second rule', la 'ley de los cinco segundos', esa norma no escrita que encierra todo un mito y que establece que si se cae la comida y no permanece más de cinco segundos en el suelo, se puede ingerir sin problema. La construcción sintáctica es impecable, aunque los higienistas pondrían reparos a este hábito.

En España es infrecuente toparse con un individuo de estas características, pero si alguna vez viaja al Reino Unido y se da de bruces con un hombre de mediana edad vestido de licra no dude en referirse a él como un 'mamil', un acróstico procedente del sintagma 'middle-aged man in lycra'.

El Diccionario de Oxford es bastante más permisivo que el de la RAE. Aunque carece de valor normativo, sí que es un texto de referencia. Este libro clásico vive en gran medida de las herramientas digitales. No en balde, una de sus fuentes para hacer acopio de nuevas palabras es la frecuencia con que se utilizan en los buscadores de internet.

INTERNET






Piden mayor presencia de lengua española en Internet












La Habana, 12 dic (PL) La vicepresidenta de la Federación Internacional de Traductores, Silvana Marchetti, reclamó una política fuerte en la región para que la lengua castellana tenga más presencia en Internet y el mundo de hoy.Se tienen que reunir los representantes de los estados y la cultura latinoamericanos para elaborar un proyecto común en torno a ello, señaló Marchetti, quien preside el centro regional para América Latina en esa federación, durante el IX Simposio de Traducción, Interpretación y Terminología Cuba-Quebec-Canadá realizado en La Habana.

Cada vez crece más la información en español en el mundo, pero se necesita una política fuerte en la región para que la lengua castellana tenga más presencia, con pautas técnicas, lineamientos, eventos y publicaciones para que esa difusión pueda llevarse a cabo, señaló la experta argentina.

Marchetti abogó por una mayor valorización de la labor de los traductores e intérpretes en el mundo, que requieren de ser actualizados técnicamente teniendo en cuenta el amplio desarrollo actual de las tecnologías de la información e internet.

El simposio realizado esta semana en Cuba, organizado por la Asociación Cubana de Traductores e Intérpretes (ACTI) junto con la Orden de Traductores, Intérpretes y Terminólogos de Quebec y el Consejo de Traductores, Intérpretes y Terminólogos de Canadá, acordó un convenio de colaboración tripartito.

pgh/abm

DANIEL BALMACEDA


Adelanto de “Historia de letras, palabras y frases”, de Daniel Balmaceda


Historias-De-letras-Palabras-Y-Frases
Daniel Balmaceda  se aleja de la historia argentina en su nuevo libro “Historias de letras, palabras y frases”. Después de escribir sobre el origen de las palabras, el autor decide ampliar su investigación para contar historias insólitas que explican por qué se usan algunas frases tradicionales, como también el motivo por el cual se les dio una sonoridad específica a las letras. A continuación, un adelanto de su publicación más reciente:
La hache no es muda
¿Hacía falta un título tan de definitivo para hablar de una letra que ya hemos escrito tres veces en esta oración y sigue sin mostrar signos audibles? Puede ser que hayamos (4 y paremos de contar) exagerado. Pero vamos a ver que no es tan muda como parece. Y si no es tan muda, entonces no es muda.
Como ya contamos, en la lengua inglesa tiene efectos especiales, entre ellos, el de suavizar muchísimo la T (brother, they, thing), transformar la P en F (pharmacy, graphic) o la S en una especie de Y (friendship, shoes). Además, como letra inicial se convierte en J (hamster, Hollywood, hobby). En la lengua italiana no hay palabras que empiecen con H. Ellos escriben ospedale (hospital), oggi (hoy) y umore (humor).
En idioma español está clara la forma en que cambia la pronunciación de un vocablo cuando va precedida por una C. Pero eso no es todo. La hache no es muda incluso en muchos casos en los que la consideramos muda. Eso ya lo veremos, a medida que contemos la historia de esta curiosa letra.
Lo primero que tenemos que saber acerca de ella es que sus orígenes se remontan al alfabeto griego y al etrusco. Pero, para los romanos, no representaba sonidos habituales. En todo caso, contaban con otros caracteres que la inutilizaron.
La hache en latín comenzó a ser usada en cualquier parte, sin responder a ninguna lógica. Pero los copistas de España le encontraron una utilidad gráfica. Existían claras posibilidades de confundir letras en los textos. Por ejemplo, la U y la V. Aunque hoy pueden diferenciarse mejor, hace más de quinientos años era tarea complicada. Primero, porque tenían la misma forma (V). Pero existía otro problema mayor: ese carácter a veces era vocal y a veces, consonante.
Por lo tanto, si usted se encontraba con el término uevo, podía llegar a leer uevoveuoueuo ovevo. Lo mismo ocurría con ueso o veso. ¿Qué hizo la hache en estos casos? Al aparecer delante de la vocal confusa dejaba en claro que se trataba de una U. Porque si había H, entonces era un hueso, no un hveso.
Este fue uno de los problemas que resolvió la hache. Ahora, le pedimos que lea en silencio o en voz alta lo siguiente: “un huevo”. ¿Lo leyó? Ahora lea: “un huevo” y “un uevo”. Y “un hueso” más un no era tan muda como parecía?
Casi un “abegedario”
El abecedario no sería tal si no fuera por la oportuna participación de un esclavo romano que, por su condición, perfectamente pudo haber pasado inadvertido en la historia. Sin embargo, este joven logró sobresalir por sus cualidades y educación; al punto de que el influyente cónsul Carvilio decidió adoptarlo y convertirlo en liberto. ¿Qué hizo entonces? Puso una escuela privada, la primera que existió en Roma, según Plutarco. Espurio Carvilio Máximo, el liberto, se transformó en un prestigioso especialista en gramática. De su pequeño pero fundamental aporte hablaremos luego. Ahora es tiempo de ocuparnos de las letras.
Las palabras tienen sus historias y las letras también. Por ejemplo, la A (mejor dicho, el sonido correspondiente a la A) encabeza la enorme mayoría de los alfabetos, aunque es necesario aclarar que quedan de lado muchos que no tienen vocales. Es la primera letra porque es el sonido más básico. De hecho, se dice que es el que pronunciamos —o gritamos— al nacer. El canónigo español Sebastián de Covarrubias (1539-1613) es reconocido por haber escrito elTesoro de la Lengua Castellana en 1611. La obra fue superada, pero no deja de entretener en sus afirmaciones, como cuando explica que en realidad al nacer los varones emitían un sonido similar a la A, mientras que las mujeres, sin tanta fuerza como el varón, pronunciaban algo así como una E. El autor español dejó picando la idea de la relación de estas vocales con los nombres de Adán y Eva. Lo cierto es que todos los chicos, sin distinción de sexo, usan la A
con mucha facilidad porque casi no necesita ningún otro esfuerzo que una exhalación: los vocablos “mamá”, “papá” y “mamar” surgieron de la vocalización de los bebes.
La sencillez en la pronunciación se percibe en lenguas lejanas. La A egipcia (el jeroglífico que la simbolizaba) significaba una simple aspiración. Mientras que para los fenicios —los inventores de las letras— ese importante signo fue Aleph (la representación del buey). ¿Y para los griegos? Alfa.
Justamente, el buey está personificado en la A. Si gira el carácter colocando la punta hacia abajo, podrá advertir de qué manera las patas de la A se convierten en los cuernos del animal, mientras que el triángulo restante es el hocico.
Con la B ocurre algo similar. Es la primera consonante de muchos alfabetos. Su nombre proviene de los fenicios, que la llamaron Beth (casa), al tiempo que los griegos la nombraron Beta.
Por su parte, la C está muy relacionada con otra letra. Nos referimos a la G: Gamma en el griego (Alfa, Beta, Gamma…) y Gimmel en las lenguas semíticas, como el fenicio, el hebreo y el árabe, entre otros. Vamos a pasar por alto la explicación detallada del desarrollo del símbolo, pero digamos, de una manera simple, que si no fuera por los romanos de la Antigüedad, nuestro abecedario arrancaría por A, B, G, D, etc. (y sería, más bien, un “abegedario”). Porque la tercera letra en los alfabetos de los fenicios y de los griegos eran Gimmel y Gamma, respectivamente.
Puede advertirse la similitud, no solo en las dos mayúsculas (C-G), sino en la sonoridad, por ejemplo cuando decimos “cana” y “gana”. Para los fenicios, gamal era el camello (la evolución del vocablo fue: gamal, gamello, camello, según puede verse). La forma original de aquella G ancestral era como una C más puntiaguda fue inclinada boca abajo, dando la sensación de joroba. La del camello, por supuesto. ¿Ahora entiende por qué el árabe que habla español usa la G en vez de la C, como en “voy a gaerme del gaballo”?
Fueron los griegos los primeros que sintieron la necesidad de diferenciar la G de la C. Por eso crearon Kappa (la K). Observe un segundo la K. Es la original Gimmel fenicia (la joroba del camello), pero con una línea vertical adelante.
Esta importante evolución no contagió a los etruscos que volvieron a utilizarla a la manera fenicia, es decir, confundiendo otra vez a la G y la C. Pero luego los romanos, a través del uso, notaron una vez más la confusión. Entonces en 321 a. C., el liberto Espurio Carvilio Máximo resolvió separarlas. Para transformarla en G, a la letra C le agregó una colita hacia abajo. En 1726 la colita se fue para arriba y se convirtió en la G que todos conocemos. En cambio, la minúscula (g) mantuvo la cola hacia abajo, como lo había sugerido su creador.
Hablar por boca de ganso
Los estudiosos de frases y refranes aún no se han puesto de acuerdo respecto del origen de “hablar por boca de ganso”. Es una fórmula que suele usarse para decir que alguien está repitiendo un argumento sin conocerlo en profundidad. La opción menos aceptada tiene que ver con la escritura. Antes de las lapiceras, las plumas eran el instrumento de escritura. Las de ganso se contaban entre las más exquisitas. En este caso, hablar por boca de ganso habría significado: repetir algo que fue escrito por una autoridad.
Otra acepción, no tan resistida por los especialistas, se relaciona con la multiplicación de graznidos. Un ganso grazna y el resto lo imita, originándose un coro de chirridos. En este caso, bastaría que un ganso soltara el graznido para que todos se sumen con el mismo mensaje. Más allá de que la Naturaleza es mucho más sabia y que seguramente esa conducta tendrá un motivo (tal vez sea una actitud de defensa), queda claro por qué los que imitan al iniciador son los que hablan por boca de ganso.
Por último, la versión más aceptada es la siguiente: en los siglos XVII y XVIII, los maestros en Europa eran conocidos con el apodo de “gansos”. Esto se debía a que solía vérselos en la calle caminando detrás del grupo de niños, como si estuvieran arreándolos para no perder a ninguno en el camino. Ese estilo imitaba al del ganso adulto que siempre camina detrás de la cría. Los maestros, ayos y preceptores pasaron a ser gansos y el alumno que repetía lo que decía el maestro, probablemente sin entender lo que estaba diciendo, fue señalado como aquel que hablaba por boca de ganso.
Derechas e izquierdas
Según la Biblia, Dios sentará a su derecha a los justos. Una idea similar también había sido reflejada en el Senado Romano. Cuando votaban, aquellos que acompañaban una propuesta con un voto positivo se ubicaban a la derecha de quien presidía la asamblea. Los que, en cambio, daban un voto negativo (o un “Mi voto no es positivo”) se colocaban a la izquierda. De esta manera, se evitaban confusiones y se garantizaba la transparencia del acto, además de que todos advertían con claridad qué votaban los otros.
La costumbre de que los oficialistas se ubicaran a la derecha en el recinto también se vio reflejada durante la Revolución Francesa. La primera Asamblea General tuvo lugar a
fines de agosto de 1789 en el Palacio de las Tullerías, en París. El importante asunto a resolver era nada menos que la continuidad de la participación de la monarquía en las cuestiones de Estado. El sector privilegiado, que era el más moderado, apoyaba el regreso de Luis XVI. En cambio, la clase trabajadora (sentada a la izquierda) quería profundizar la revolución. Aquella asamblea delineó un nuevo sentido para esas palabras. Fuera del recinto, se hablaba de las posturas de la derecha y de la izquierda. Así, en el léxico político, la diferenciación se mantiene: la derecha es más conservadora y la izquierda más revolucionaria.
Esta dicotomía eterna y constante entre la izquierda y la derecha no tiene término medio. Desde la Antigüedad los adivinos avistaban el cielo para hacer presagios observando el vuelo de las aves. Entre las muchas lecturas que se hacían, una parece haber ganado la creencia popular: cuando las aves pasaban a la diestra (es decir, la derecha) del sabio, era un buen augurio. En cambio, si lo hacían a la siniestra (izquierda), se trataba de una mala nueva. Por eso, un hecho siniestro nunca podría ser bueno.
La destreza es una cualidad del diestro, mientras que lo funesto, lo desgraciado, es siniestro. Este último término estaba tan cargado de mala energía en tiempos medievales que en España perdió popularidad y su equivalente vasco, eskerra, fue ganando terreno hasta reemplazarlo.
Por eso no decimos siniestra sino izquierda. En cambio, la palabra “derecho” (de regir surgió “dirigir”; y de dirigir, “directo” y “derecho”) se mantuvo firme en el vocabulario hispano. La palabra enderezar (en + derezar) significa poner derecho lo que está torcido. También la justicia guarda relación con el Derecho, porque estar a Derecho implica encontrarse en el camino recto. Y rectificar no es otra que “hacer recto”.
Tanto valor se le ha dado a la derecha en detrimento de la izquierda que cuando un persona tiene habilidades similares en las dos manos se dice que es ambidiestro o, si se quiere, que es diestro (derecho) con las dos manos.
El aguinaldo es un regalo
De todos los días del año, a través de los siglos se ha destacado uno. Se trata del que corresponde al solsticio de invierno que —explicado de manera muy rudimentaria— es el instante en que el Sol está más lejos de la Tierra. Por lo tanto, es la jornada más breve, con menos luz diurna. La palabra brevissima (ya dijimos que la U y la V solían usarse indistintamente) terminó comprimiéndose en “bruma”. En forma poética, este vocablo se usó para definir al invierno en general y a sus días poco amigables. Pero, a partir del solsticio mencionado, las noches empiezan a ser más cortas. Desde ya, depende de cada hemisferio para saber de qué día hablamos. En el hemisferio sur acontece en los últimos días de junio. Pero en este caso, deberemos centrarnos en el solsticio de invierno del hemisferio norte. Ocurre en los últimos días de diciembre.
Para los pueblos, la llegada del solsticio de invierno era el gran acontecimiento. Nada menos que una forma de renacer, de reiniciar el ciclo. Ya había pasado lo peor. Ahora comenzaba el lento pero constante aumento de la luz y el calor de cada jornada. Esta es la sencilla explicación de por qué el año comienza en enero.
Si bien hoy ya puede establecerse con mayor precisión que tiene lugar del 20 al 23 de diciembre, de acuerdo con el calendario juliano (que impusieron los romanos en 45 a. C.), el solsticio de invierno se daba el 25 de diciembre. Un par de siglos después, en el año 221, se estableció que Jesús había nacido un 25 de diciembre.
Dijimos que era el acontecimiento del año entre los pueblos del mundo antiguo. Los celebraban con reuniones, bailes, cantos, actos y también con regalos. Entre los romanos existía la costumbre de celebrar con culto al dios Jano (identificado con el pasado y el porvenir, con el principio y fin de las cosas) y a Estrenia, una divinidad tomada de los sabinos.
Respecto del primero, debemos decir que a él se debe  el nombre del primer mes: ianuarius en latín, January en inglés y “enero” en español. En cuanto a Estrenia, era la diosa que hacía robustos a los hombres. En esos días, los romanos solían regalarse frutos secos, ramos de verbena y laurel que se consagraban a Estrenia. Esta tradición del obsequio como augurio de un tiempo nuevo terminó originando la palabra estrena, como sinónimo de regalo. Asimismo, el verbo estrenar: algo que se usa por primera vez; y, más adelante, una obra artística que se ofrece al público, también por vez primera.
Entre los celtas también se intercambiaban presentes en celebraciones llevadas a cabo por los druidas. El clásico regalo consistía en frutos acompañados por hojas de muérdago, la planta sagrada, que llamaban gui. Los franceses usaban la siguiente expresión: “Au gui de l’an neuf” (“El muérdago del año nuevo”) que gritaban en sus recorridas por las calles del poblado. De allí salió el nombre de guillaneu que se le dio a la canasta con frutos. Por lo tanto, estrena y guillaneu eran sinónimos. Pero esta palabra francesa siguió su camino y desembocó en el español bajo la forma de aguilando.
Aguilando fue el nombre que se le dio al regalo que se da o se pide en Navidad. Los aguilanderos eran quienes recorrían las casas y cantaban villancicos en las puertas para ser recompensados con un aguilando que, en un principio, era un obsequio simbólico; pero luego pasó a ser un plato de comida, un vaso de vino, una canasta con frutas u otros comestibles. Una antigua copla decía:
Abre la puerta, María,
que te traigo el aguilando:
una patata cocida.
¡Corre, que viene quemando!
Entonces ocurrió lo que les ha pasado a varios términos. Por vía oral se produjo una metástasis vocablo griego que significa mudanza de lugar — como en la palabra murciélago, que originariamente era murciégalo (ratón ciego). Y aguilando se transformó en aguinaldo.
Sin embargo, el Diccionario de la Real Academia sostiene que, tal vez, aguilando proviene del latín “hoc in anno” (“en este año”).

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

amigovio 


no necesita comillas

Recomendación urgente del día
El vocablo amigovio, usado en algunos países con el significado de ‘persona que mantiene con otra una relación de menor compromiso formal que un noviazgo’, no necesita comillas.
En los medios de comunicación pueden encontrarse frases como «El ‘amigovio’ de Ojeda tiene aguante», «Ocho alternativas para sobrevivir a la monogamia: del ‘amigovio’ al trío» o «Cinco opciones de regalos que pueden mejorar la salud de tu padre, novio, “amigovio”, amigo, etc.».
La vigesimotercera edición del Diccionario académico ha incorporado este sustantivo con la definición mencionada, similar a la que ya incluía el Diccionario de americanismos.
Se trata de un acrónimo creado a partir de los sustantivos amigo y novio, por analogía con otros términos de creación semejante, como ofimática, a partir de oficina informática, o electrolinera a partir de electricidad gasolinera.
Se trata, pues, de un vocablo bien formado. Si además se tiene en cuenta su amplia difusión, especialmente en países como Argentina, México, Paraguay y Uruguay, así como su presencia ya en el Diccionario académico, no hay razón para resaltar con comillas este sustantivo, de las cuales habría sido mejor prescindir en los ejemplos anteriores.
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