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domingo, 1 de fevereiro de 2015

EL ORIGEN DE LOS INSULTOS MÁS POPULARES

«Y diga Su Señoría lo que mande huevos...»

A. S. MOYA@ASMOYA10 / abc MADRID

Cuando en mitad de una sesión parlamentaria Federico Trillo exclamó locución, originó sin saberlo una nueva corriente sobre esta expresión que ya aparecía en un manuscrito del siglo XVIII

Regla número uno que cualquier sujeto debe conocer: en medio de un negro panorama, cuando crees que nada puede ir a peor, va la vida y te sorprende. Así, las desgracias se acumulan tras de sí como en una partida de dominó sin ni siquiera conocer la razón de tu desdicha. Y en esas, justo en el momento de mayor zozobra, sumergido en medio del estupor que invade cualquier sucesión lógica de los acontecimientos, solo se te ocurre farfullar la tan manida expresión «¡manda huevos!». Más adelante pensarás en las posibles soluciones, pero lo primero es lo primero: una conjunción universal inherente a cualquier clase o condición que pocas veces nos hemos planteado de donde proviene.
De la mano de Pancracio Celdrán, padre de «El gran libro de los insultos», en ABC.es queremos desgranar las principales curiosidades que atesora este gran abanico de palabras malsonantes (o no) registradas en nuestro diccionario. «Ante lo irremediable, con significado parecido a frases como 'no hay otra salida' decimos 'manda huevos'. Un manuscrito del siglo XVIII, referido a la autoridad de cierto alcalde de corte dice: 'Y diga Su Señoría lo que mande huevos, que todos entendemos que la voluntad de Su Señoría se habrá de ejecutar'. Es decir: Ordene Su Señoría lo que se ha de hacer por dictarlo así la necesidad», explica en su obra.
Volviendo al primer párrafo, Celdrán desmiente la teoría de que esta expresión esté asociada en su origen a los conceptos de asombro y resignación, «esto ocurre únicamente apoyándose, quien así lo cree, en la conocida expresión exclamativa del por entonces presidente del Congreso Federico Trillo. No estuvo acertado el personaje, que pudo haber recurrido a media docena de expresiones castizas como 'caray', por no evocar otras más fuertes».
Aunque parezca mentira, los huevos a los que se hacen referencia, no son los que el hablante tiene en mente, «el 'huevo' del que se habla procede del sintagma latino opus est y significa 'hay necesidad de, o es preciso', que a su paso al castellano dio la forma 'huevos hay, o huevos habemos', como en el pasaje del poema de Mío Çid, donde uno de los que acompañan al héroe le dice: 'Huebos habemos, mío Çid...' Es decir: estamos obligados a hacer esto, no tenemos más remedio, es necesario».
De esta manifestación se desprenden varios enunciados que han ido tejiendo una especie de cadena con el paso del tiempo. «Tener o haber huevos se implantó en la mente del hablante con el significado de 'no haber otra salida', de donde no fue difícil pasar a la expresión 'hacer algo por huevos', por pura necesidad», resume Celdrán, seguro de que la sexualización del sentido vendría al perder el hablante la conciencia etimológica y buscar una explicación, «de esta manera el sentido general sufrió un cambio, como muestra la frase 'Hacer algo por huevos', donde de hacer algo por necesidad se pasó a hacerlo por la fuerza, a las bravas, echándole huevos».

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