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terça-feira, 13 de outubro de 2015

LA OPINIÓN DE:


Jose María Carrascal


Jose María Carrascal

La familia hispana

El 12 de octubre es el aniversario de nuestro primer encuentro. Aunque algunos abjuren de él

ABC - España


Hubo un tiempo, cuando las teorías genéticas estaban de moda, que al 12 de octubre se le llamaba Día de la Raza. Un auténtico despropósito, pues, de ser algo, la hispánica es la antirraza, al estar formada por etnias distintas. Sin embargo, en América sigue llamándosele así, y en Estados Unidos, concretamente, una de las mayores asociaciones hispánicas lleva ese nombre: la Raza.
Tengo al respecto una tierna anécdota. Me la contó Juan José Linz en la primera entrevista que le hice, allá por 1968. Había ido a un congreso de sociólogos en Los Ángeles y en su aeropuerto constató que llevaba los zapatos sucios, por lo que se acercó a uno de los limpiabotas, con el que se puso a hablar mientras daba lustre a sus zapatos. Aquel chico, chicano sin duda, se asombró de que un señor rubio, pálido, de ojos azules, hablase tan bien español, y Juan le explicó que lo era y que había venido a un congreso de profesores. «¿O sea que usted enseña a los gringos?», preguntó maravillado el chico. Al contestarle que sí, se negó a cobrarle. Juan insistió, pero el limpia le hizo un guiño cómplice:
—Yo también soy de la raza.
Y no hubo forma de pagarle.
Esta «antirraza» es la mejor herencia que hemos dejado en el Nuevo Continente. La pluralidad en la unidad, con el idioma como base común. La herencia incluye elementos negativos, como todo grupo humano, pero dentro de no mucho habrá en la Casa Blanca un hombre que hable español. Mientras, nosotros, aquí, en España, acentuamos nuestros «rasgos diferenciales» y debatimos acaloradamente sobre nuestro país, habiendo algunos que no quieren ser españoles. Sin darse cuenta de que, con ello, renuncian no sólo a España, sino también a Europa y, ya en un aspecto global, a Hispanoamérica.
Una de las consecuencias más tristes de este pleito de familia es ver a los hispanoamericanos, especialmente los escritores, pero también a los políticos, lamentar la deriva independentista de Cataluña, una parte de España que acogió a los mejores de ellos cuando tenían problemas de todas clases en sus países, y ahora empieza a serles tierra extraña, si no hostil. Lo que les apena.
Pero los separatistas no lo ven, ni quieren verlo. Como que ser catalán, como ser aragonés, andaluz, castellano, valenciano, extremeño, gallego, vasco, balear, canario, etc., etc., es ser una de las muchas formas de ser español, o ser cubano, mexicano, chileno, colombiano, peruano, argentino, venezolano, etc., etc., es una de las muchas formas de ser hispano, que viene a ser lo mismo, unos sabiéndolo, otros sin darse cuenta, y a sus hechos y modos de actuar me remito para demostrarlo.
El 12 de octubre es el aniversario de nuestro primer encuentro. Aunque algunos abjuren de él. Pero eso entra en la herencia. No todos iban a ser como aquel limpiabotas del aeropuerto de Los Ángeles que no quiso cobrar a Juan José Linz.

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