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quinta-feira, 8 de janeiro de 2015

EL PUÑAL

“La política argentina es una novela negra”

El escritor y periodista Jorge Fernández Díaz publica el libro 'El puñal' una trama sobre el narcotráfico y la trastienda de la política

 Buenos Aires

Hace más de 40 años una señora asturiana, casi sin instrucción, le regaló a su hijo en Argentina una colección de libros de Joseph ConradRobert Louis Stevenson,Daniel DefoeH.G. Wells... Al niño le impactó tanto El signo de los cuatro, de Arthur Conan Doyle, que se propuso hacer algún día a otros lo mismo que el creador de Sherlock Holmes le estaba haciendo a él. A los 15 años lo intentó con una novela de espías, corruptos y mujeres fatales. “Pero yo no sabía un carajo del amor ni de la política”, asume. Ahora, con 54 años y una dilatada carrera como periodista y escritor, el subdirector y columnista del diario argentino La Nación, Jorge Fernández Díaz, logró escribir aquella novela. Se llama El puñal, la editó Planeta en Argentina y ha vendido en un mes y tres ediciones 40.000 ejemplares, algo insólito en este país.
“Tardé casi cuarenta años en lograrlo”, comenta Fernández Díaz. “Me ayudó muchísimo Arturo Pérez-Reverte, amigo y mentor de tanto tiempo. Y te aseguro que al empezar El puñal mi intención no era hacer una novela policial. Pero resulta que al final escribí una. ¿Por qué? Porque la política argentina es una novela negra”.
Muchas veces se da la paradoja de que sólo la ficción puede contar la realidad
Jorge Fernández Díaz
Pregunta. Pérez-Reverte calificó El puñal como “estremecedoramente argentina”. ¿Por qué cree que la considera tan argentina?
Respuesta. Tal vez lo dijo porque se muestra la venalidad de los jueces y la corrupción de la policía, la manipulación de los dirigentes, la mancha voraz de la narcopolítica. Y porque todo tiene precio. Es una novela donde todos son corruptos y todos tienen una buena excusa para serlo. Eso es bien argentino, aunque me parece que Europa no quedó a salvo de esa amoralidad descarada. Esa ‘maldad insolente’, como diría Discépolo.
El peronismo se transformó en lo que combatía: una oligarquía estatal
Jorge Fernández Díaz
P. La novela describe la relación entre el espía argentino Remil y la abogada española Nuria Menéndez Lugo. ¿Por qué ese protagonista?
R. Me interesaba crear un personaje original: un excombatiente de Malvinas a quien entrenan como comando y a quien infiltran en bandas, pero cuyo trabajo central consiste en ayudar a los políticos en sus asuntos menudos: una hija de un diputado desaparece con un novio y Remil debe buscarla. Entre una y otra cosa a veces hace de guardaespaldas presidencial. Hasta que le encargan investigar a una misteriosa abogada de quien se obsesiona. No sabe todavía que Nuria viene de España con la misión de montar un holding transportador de cocaína. El negocio más peligroso del mundo.
P. ¿Dónde está para usted la frontera entre realidad y ficción?
R. Los personajes son ficticios, pero están formados por cientos de personas reales de la política y el poder. Y los episodios que se narran, por más que parezcan desmesurados y exóticos, son equivalentes a hechos muy parecidos que sucedieron en mi país y de los que tengo los expedientes judiciales. Los periodistas podemos publicar apenas el 10% de lo que sabemos. Y eso ocurre porque sólo debemos publicar lo que se puede probar. Es ahí donde el periodismo tiene un sano límite. Pero desde esa frontera, la literatura permite dar un paso más allá. Y contar lo inenarrable. Muchas veces se da la paradoja de que sólo la ficción puede contar la realidad”.
P. En Argentina no existen carteles al estilo de Colombia o México. ¿Le preocupa el avance del narco en el país?
R. Creo que la política lo dejó venir y que cada vez será más influyente. Vino de la mano del clientelismo y de un populismo cutre. No puede existir sin la connivencia de jueces, policías, espías, políticos, funcionarios, sindicalistas. Todos los sectores están involucrados, aunque hay gente honesta en la política que intenta actuar como anticuerpo. Ya se están produciendo muertos a gran escala. Y si no existe una política nacional a conciencia, siento que el asunto puede darnos grandes dolores de cabeza. En mi país, la industria de la impunidad es muy grande: somos muy apetecibles para los bandidos de adentro y de afuera.
P. En El puñal hay un capítulo titulado La reina del peronismo caviar. ¿A qué hace referencia?
R. El peronismo se transformó en lo que combatía: una oligarquía estatal, una casta que no se va del Estado ni de los negocios. Vino a combatir la cultura rancia de los ricos y casi todos sus dirigentes se convirtieron en millonarios. Muy pocos pueden explicar su fortuna. Son un partido único: pueden adoptar distintas políticas porque carecen de otra ideología que no sea la retención del poder. Muchas veces, el peronismo pudo convertirse en un partido interesante. Pero como ciertas mujeres que se enamoran de los hombres equivocados, cada vez que debió pronunciarse lo hizo por líderes mediocres, autoritarios o tóxicos.

CULTURA


El 35% de los españoles no lee “nunca o casi nunca”

El 79,7% de los lectores apuesta por el papel, según el Centro de Investigaciones Sociológicas


 Madrid



Dicen los expertos que el mismo cálculo puede ofrecer interpretaciones incluso opuestas. Desde luego, la regla puede valer para el barómetro publicado hoy por el Centro de Investigación Sociológica (CIS), que incluye un largo apartado centrado en los hábitos de lectura de los españoles. Así, en el vaso medio vacío destaca un número: el 35% de los encuestados no lee “casi nunca” o directamente “nunca”. El optimista, en cambio, dirá que el otro 65% lee al menos “alguna vez al trimestre” y que el 29,3% más aficionado de los encuestados lo hace “todos o casi todos los días”.

Las estadísticas publicadas hoy reflejan a grandes rasgos el índice de lectura del 63% que ya salió hace dos años del informe Hábitos de lectura y compra de libros publicado por la Federación de Gremios de Editores, así como idéntica es la tendencia que muestra como las mujeres lean más que los hombres. La media europea, de todos modos, se coloca en un 70% de la población. De ahí que dos de cada tres encuestados consideren que en España se lee “poco”.

¿Y por qué más de uno de cada tres españoles apenas abre un libro? La respuesta principal es quizás la más espontánea: un 42% asegura que no le gusta o no le interesa. La segunda razón resulta ser la falta de tiempo. Entre los que sí aman leer, en cambio, la encuesta traza un perfil que se vuelca en su pasión sobre todo en casa (el 91%), básicamente para disfrutar y distraerse (61,6%), y lee sobre todo novelas, especialmente históricas. De hecho, el género en sí o el tema de la obra son la razón principal para escogerla (64,3%), por encima del autor, del título o del juicio de la crítica.

Entre tanta incertidumbre y tanto profeta de su apocalipsis, el papel encuentra en la encuesta razones para la esperanza. Ante todo, cuatro de cada cinco lectores (79,7%) cultivan su afición sobre todo en el formato físico, y un solo 11,1% se decanta por el digital. Es más, para el 15% la propia pregunta en sí sobre el libro electrónico fue la primera noticia que tuvo de la existencia de ese soporte, mientras que entre cuantos sí lo conocían dos tercios jamás han leído uno.


Si los datos sobre los gustos dejarán un sabor agridulce en el sector editorial, cuya recaudación ha retrocedido a los niveles de 1994, según los últimos datos de la Federación de Gremios de Editores de España, menos ilusión todavía le harán las respuestas sobre los hábitos de compras. A lo largo del último año, la mitad de los encuestados no ha comprado ni un libro. En el mismo periodo, hay un 50% que ha leído como máximo cuatro libros y otra parte idéntica que ha consumido cinco o más obras. Los datos de la encuesta del CIS proceden de 2.477 entrevistas realizadas a principios de diciembre a mayores de 18 años en todo el territorio nacional.Eso sí, los encuestados parecen tener bastante clara la vía que muchos gurús llevan años buscando: la respuesta más escogida sobre el futuro de la lectura (42%) apuesta por una convivencia entre papel y digital. Y un balance parecido pueden sacar también los periódicos. Ante todo, hay un 30% no los lee nunca o casi nunca. Entre los que sí están interesados, el papel sigue ganándole la partida al digital: 63,9% contra 28,2%.

EL LENGUAJE EN EL TIEMPO


  Incautar 

 | 
FERNANDO ÁVILA (EL TIEMPO.COM, COLOMBIA)


Citas: «Policía incautó 600 kilos de pólvora en El Santuario, Antioquia» (Caracol Radio), «Policía se incautó 3,6 toneladas de marihuana escondida en cargamento de alimentos» (La F. M.), «El material fue incautado por la Policía durante los operativos del 31 de diciembre al primero de enero» (EL TIEMPO).


Comentario: A la mayoría de los lectores les resulta extraño el uso del verbo incautarse, pronominal, «La policía se incautó de un kilo de…», en vez de incautar, «La policía incautó un kilo de…». Sucede que el Diccionario de la lengua española, 2014, no incluye incautar, sino solo incautarse, lo que lleva a las oficinas de prensa de Policía y Ejército a usarlo de esa forma en sus boletines. Sin embargo, el Diccionario panhispánico de dudas, 2005, también normativo de la Academia, aclara que incautar, transitivo, es igualmente válido.
Si se usa incautarse, con el pronombre enclítico «se», como verbo intransitivo, debe ir también la preposición «de», «Policía se incautó de 3,6 toneladas de marihuana», mientras que si se usa incautar, sin «se», como verbo transitivo, debe ir sin preposición, «Policía incautó 3,6 toneladas de marihuana». Este último régimen hace válida también la forma pasiva, propia de los verbos transitivos, «El material fue incautado por la policía».
[…]
Leer más en eltiempo.com

LA ESQUINA DEL IDIOMA:




«Poner» y «colocar»

 |  
PIEDAD VILLAVICENCIO BELLOLIO (EL UNIVERSO.COM, ECUADOR)


¿Usted coloca o pone a alguien al teléfono?
«Poner» y «colocar» tienen matices que los unen, eso es indudable. Pero este lazo semántico no da libertad para que se usen como sinónimos en todos los contextos.


«Colocar» es acomodar, es poner a una persona o cosa en el lugar apropiado o donde corresponda. De ahí que se colocan los libros en el armario y, en sentido figurado, se puede colocar a una persona en una empresa. Y se dice en sentido figurado, porque a la persona en cuestión no se la lleva cargada como si fuera un monigote para luego acomodarla en el mejor sitio del lugar.
«Poner», en su primera acepción, también es colocar o hacer que una persona o cosa estén en un lugar. La segunda acepción es parecida a la primera. Estos son los matices que se cruzan entre estos dos infinitivos y que suelen imprimir ambigüedad y jocosidad en las frases, cuando no se presta atención al contexto.
Algunos ejemplos
Al momento de servir los alimentos no se coloca la mesa sino que se pone. Se coloca un dinero en el banco para hacer una inversión, pero se pone dinero cuando se trata de hacer una apuesta.
[…]
Leer más en eluniverso.com

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

célula terrorista, no


cédula terrorista

Recomendación urgente del día
La expresión célula terrorista, con dos eles en célula, y no cédula terrorista, con d, es la apropiada para referirse al ‘grupo reducido de personas que funciona de modo independiente dentro de una organización terrorista’.
En los medios de comunicación pueden encontrarse frases como «Atentado de una cédula terrorista en la capital francesa», «Los integrantes de la cédula yihadista desarticulada se estaban preparando para llevar a cabo actividades delictivas» o «Se le relacionó con una cédula islamista».
Tal como indica el Diccionario académico, el sustantivo cédula significa ‘papel o pergamino escrito o para escribir en él algo’ o ‘documento en que se reconoce una deuda u otra obligación’, definiciones que no se adecuan al sentido que se pretende expresar en los ejemplos anteriores.
Así pues, lo apropiado habría sido escribir «Una célula terrorista atacó el consulado», «Los integrantes de la célula yihadista desarticulada ayer se estaban preparando para llevar a cabo actividades delictivas» y «Se le relacionó con una célula islamista».
Se recuerda asimismo que las palabras yihad y yihadista se escriben con ye, no con jota, por lo que en frases como «Es un personaje conocido por los servicios de inteligencia porque ya fue condenado por ser parte de una célula jihadista» lo adecuado habría sido optar por célula yihadista.
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