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segunda-feira, 19 de janeiro de 2015

SINTAGMAS INSULTANTES

El insulto más violento que Cervantes y Quevedo 
manejaron con maestría

Día 19/01/2015 - 01.55h

Es uno de los sintagmas insultantes más antiguos en cualquier lengua y además posee más de doscientas variantes. ¿Sabes a cuál nos estamos refiriendo?

Ante cualquier situación de bronca o trifulca, uno de los insultos clásicos que más sale a colación es el que va a centrar todas las miradas a lo largo de las siguientes líneas. Dado su alta carga ofensiva y chabacana, vamos a intentar reproducirlo las veces que sean estrictamente imprescindibles, intentando pedir disculpas al lector de antemano y evitando que quien suscribe este artículo sea considerado un «hijo de puta» por su lenguaje zafio y bravucón. Si era una pista demasiado evidente sabrá ya cual es el término investigado, y si no lo es, continúe leyendo.
Como bien remarca Pancracio Celdrán en el «El gran libro de los insultos», publicado por la editoria La Esfera, esta palabrota es uno de los sintagmas insultantes más antiguos en cualquier lengua. «El hideputa o hijoputa se pasea por los campos de nuestra literatura desde la alta edad media. Es uno de nuestros insultos clásicos con sus más de doscientas variantes. Su uso en castellano se remonta al siglo XI». Siguiendo con la tónica general de este tipo de palabras, también posee varios significados, «con el que se afrenta a quien de hecho es hijo ilegítimo o espurio, recordándosele sus orígenes para humillarle con algo que en el fondo no es responsabilidad suya; también se emplea como forma violenta de expresar el desprecio y la injuria, al margen de la realidad del contenido semántico».
Durante muchos años fue el más violento y soez de los agravios, amén de una ofensa que requería grandes dosis de satisfacción. Recuerda Celdrán que ya en el fuero de Madrid (1202) se castigaba severamente a todo aquel que osara afrentar a un vecino de la villa con este 'verbo vedado' o palabra prohibida, cuya importancia en la literatura española ha quedado de manifiesto, «las palabras gruesas, como ésta, tienen un tratamiento abundante en todos los grandes autores, desde el anónimo autor del Poema de Mío Çid, hasta nuestro tiempo, pasando por Cervantes y Francisco de Quevedo, grandes escritores que manejaron el insulto con maestría».
Además, gracias a esta disciplina, se tiene constancia de que el vocablo no siempre fue utilizado como punta de lanza, «en diversos pasajes de la literatura áurea, como en el Quijote, el término tendía a convertirse en exclamación ponderativa sin intención de injuria, en la línea en que hoy la utilizamos en el ámbito de la amistad o la familia en frases expresivas de asombro fingido». Sin embargo, este uso, a menudo festivo o en tono de broma, no evitó que dejara de ser un insulto serio, «sobre todo por las connotaciones sociales y la humillación pública que suponía».
Celdrán hace hincapié en las diferentes formas abreviadas que abarca, con la intención de quitar hierro a la expresión, «la propia violencia que desprende ha hecho necesaria la creación de paliativos eufemísticos que quitasen grosor a la injuria, tales como 'ahijuna' (hijo de una puta) o 'juepucha' (hijueputa argentino). En otros casos se prefiere crear un clima de distensión y cierto tono festivo, eludiéndose la voz puta y cargando la mano sobre la del hijo, que es a quien se quiere ofender, y de quien se ríe el insultante, dejándolo en ridículo y expuesto a la broma». Gracias a ello, debemos la existencias de otras formas coloquiales como 'hijo de condón pinchado', 'hijo de la Gran Bretaña', 'hijo de la piedra', hijo de la chingada', o el más burdo de todos... 'hijo de perra'.

LA LENGUA VIVA








 Réplicas inteligentes
Amando de Miguel en Libertad Digital - España


Esta seccioncilla es esencialmente interactiva y polémica. Nada de lo que se dice en ella es axiomático sino opinable. Bienvenidas sean, pues, las réplicas, dúplicas y tríplicas. Criticar es aprender.

José J. Salazar Bello no está de acuerdo con mi opinión de que indio es el habitante de la India e hindú es el seguidor de la religión del hinduismo. Mi razonamiento sigue el de Manuel Seco en su Nuevo diccionario de dudas y dificultades de la lengua española. Me parece sensato, aun con el inconveniente de la polisemia de indio para los de América.

Alejandro Cabetas insiste en que se debe decir "nordeste" para el punto o espacio del horizonte entre el norte y el este. No debe decirse "noreste", como acostumbran los meteorólogos de la tele. Tiene razón el hombre. Toda la vida de Dios se ha dicho "nordeste", entre otras razones, para que no se confunda fonéticamente con "noroeste". Añado que los españoles no nos sentimos muy cómodos con los puntos cardinales para señalar algo en el espacio. En las líneas del Metro madrileño y en sus salidas jamás se señala “norte, sur, este, oeste”, sino “andén 1”, andén 2”, “salida pares”, “salida impares”, con la consiguiente confusión. Lo mismo ocurre con las carreteras.

Carlos Núñez me informa de que el uso del casco para los ciclistas que circulan dentro de una ciudad solo es obligatorio si son menores de edad. No entiendo la discriminación. Me parece una solución salomónica que no va a satisfacer a nadie. Añado que me parece una decisión estrafalaria la de hacer coincidir peatones y bicis por el mismo carril. Comprendo que elcarril bici da votos a los ediles, pero puede resultar peligroso para los viandantes. Ya puestos en estos asuntos circulatorios, ¿no sería más práctico que los vehículos eléctricos hicieran un poco de ruido? Hay silencios que matan.

Juan José Carballal sostiene que el sufijo -ense procede directamente del latín, no necesita valerse del francés. Así pues, circensis da directamentecircense sin más dibujos.

Para desengrasar, Julio Iglesias de Ussel me traslada una pregunta muy aguda:


¿Cómo no van a engañar los políticos a un pueblo si todos los años hay que explicarle lo de los cuartos y las campanadas del reloj de la Puerta del Sol cuando llega la Nochevieja?

Abayubí Alencastro (Florida, USA) me pregunta si en mi estadía en San Antonio (Texas) encontré rastros de la tradición de las posadas navideñas. No estuve en el mes de diciembre, pero sí me topé con esa simpática tradición en México, D.F. hace unos años. La costumbre prenavideña consiste en dejar las casas abiertas para que los amigos de la casa entren y salgan a cualquier hora y se tomen algunas copas y golosinas. Es una curiosa forma de recordar la historia de María y José buscando posada en el comienzo de nuestra era. Los historiadores me sabrán decir si se trata de una costumbre que existió en España durante la época del Imperio.

Hace tiempo que no hacemos caso a los alardes del politiqués. Me fatigan un poco. Sin embargo, no me resisto a dejar de estampar esta frase del discurso (leído) que pronunció el nuevo ministro de Justicia en su toma de posesión: "Tenemos que encontrar puntos de encuentro".

LÍNEA DIRECTA


 Línea directa

Nuevos usos que no enamoran, precisamente


Si nos dieran la posibilidad de elegir, ¿cuáles serían las palabras de nuestro amado idioma que más nos irritan? Sí, así como hay palabras más populares, más lindas o más simpáticas que otras -por eso los concursos que hacen cada tanto el Instituto Cervantes y la Fundéu-, cada uno de nosotros tiene su propia lista de las que nos suenan mal, esas que desearíamos no ver escritas ni pronunciadas cada dos por tres. Las que nos caen "gordas", para usar una deliciosa expresión del español de España.
Quien esto escribe recordaba que el año pasado contundente fue un adjetivo privilegiado, quizá como hace algunos años lo había sido robusto. Este año, ¿lo será nutritivo? Para un colega del diario, excelente crítico y traductor, el adjetivo por excelencia en las contratapas de los libros de las editoriales españolas es trepidante: "Todas las novelas son trepidantes", ejemplificó con cierto fastidio.
Al lector Miguel Ángel Crespo hay una palabra, mejor dicho, la acepción de un verbo, que le molesta sobremanera: "En un artículo vinculado con la explotación sexual, del 10/1, se lee: «La red criminal cooptaba mujeres en situación de vulnerabilidad...». El error también lo observé hace pocos días en un programa de televisión conducido por el periodista Joaquín Morales Solá, en el que la doctora Elisa Carrió utilizó el mismo vocablo mal empleado. Intuyo que, en el afán de querer florearse, se lo usa erróneamente".
Intuye bien el lector Crespo. A tal punto que en Línea directa ya se había tratado el tema, el 12/8/2013, en la columna "No siempre es sabio lo que traen los años" (http://bit.ly/13uTkJE), en la que se citaba otra columna anterior, del 16/11/2006, de la profesora Lucila Castro. En "Diálogo semanal con los lectores", el titulado "Unos son captados y otros, cooptados" (http://bit.ly/17Cyp8L), la profesora Castro explicaba: "...captación es correcto, como 'acción de captar', tomando captar en el sentido de atraer a alguien, ganar la voluntad o el afecto de alguien'. Las voces cooptar y cooptación son empleadas como «tecnicismos», en lugar de captar ycaptación, por algunos sociólogos y politicólogos. De ellos las tomaron ciertos políticos y de los políticos algunos periodistas, que las han puesto de moda en los medios. Pero cooptar ycooptación significan propiamente otra cosa. La cooptación es un procedimiento para cubrir vacantes característico de las corporaciones, en que los integrantes eligen a los miembros que se incorporan.
"Posiblemente de una errónea interpretación de la idea de incorporar un grupo a una persona, y sobre todo de la similaridad fonética -prosigue Lucila Castro-, haya nacido la confusión entre estos términos. Y a la generalización de la moda también debe de haber hecho su aporte la siempre peligrosa tentación del «tecnicismo», supuestamente más preciso que las voces del lenguaje corriente como son captar y captación".
Por el momento, el Diccionario de americanismos no recoge esta acepción, pero su edición es de 2010. Podemos suponer que en algún momento sea también incorporada, como de hecho lo hacen en su uso cotidiano no sólo los periodistas, sino muchos lectores, a juzgar por los comentarios a pie de página de los artículos de este diario

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

quitanieves


no


quitanieve

Recomendación urgente del día
La voz quitanieves, acabada en ese, y no quitanieve, es la apropiada para referirse a la máquina que retira la nieve de las carreteras.
Con la llegada de las nevadas en España, no es raro que en los medios de comunicación se emplee la forma impropia del vocablo: «Las máquinas quitanieve han tenido que actuar» o «El consistorio dispone de diez barredoras con cuchilla quitanieve».
El Diccionario del estudiante, de las Academias de la Lengua, recoge la palabra quitanieves con el significado de ‘máquina para quitar la nieve de los caminos y carreteras’ y señala que es voz de género femeninola quitanieves y no el quitanieves. Además precisa que puede funcionar en aposición, y en tal caso también se escribe con smáquina quitanieves.
Por ello, en los ejemplos anteriores lo apropiado habría sido «Las máquinas quitanieves han tenido que actuar» y «El consistorio dispone de diez barredoras con cuchilla quitanieves».
Se recuerda finalmente que se escribe en una palabra, sin espacio ni guion, por lo que se desaconsejan las grafías la quita-nieves o la quita nieves.
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