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quarta-feira, 9 de setembro de 2015

LOS SIGNOS DE PUNTUACIÓN

¿Cómo nacieron los signos de puntuación?

El origen del punto, la coma, la interrogación o el guión

Cuentan que a comienzos del reinado de Carlos I de Portugal, el ministro de Justicia le presentó al monarca un expediente de indulto a un reo en el que le expresaba su opinión con una nota al margen: «Perdón imposible, que cumpla su condena». El Rey, sin embargo, cambió de lugar la coma dejando la frase en «Perdón, imposible que cumpla su condena» y a continuación escribió de su puño y letra un «concedido» y firmó. La anécdota, que se hizo muy popular, muestra cómo una coma puede cambiar una frase... y hasta una vida.
«La coma, los dos puntos y el punto y el coma, así como sus parientes ortográficos, son partes integrales de la escritura» que «destacan las estructuras gramaticales y ayudan a transformar las letras en palabras e imágenes mentales», explica Keith Houston, autor del libro «Shady Characters, The Secret Life of Punctuation, Symbols & Other Typographical Marks». En un artículo publicado en la web de la BBC asegura que «estaríamos perdidos sin ellos. O, al menos, muy confundidos».
Sin embargo, no siempre fue así. «Los griegos practicaban la scriptio continua; esto es, escribían sus textos de tal forma que nohabíaespacionipuntuación entre las palabras, y no hacían distinción alguna entre mayúsculas y minúsculas», relata Houston, subrayando que «era responsabilidad del lector escoger el camino entre la masa de letras, distinguir en ella cada palabra y cada frase, y adivinar dónde terminaba una y empezaba la siguiente». Cuesta creer que la falta de puntuación o espacio entre letras no se considerara un problema, como afirma el escritor. Nadie esperaba comprender un texto en la primera lectura, había que estudiar previamente el contenido de un pergamino para recitar su contenido. «Un discurso elocuente y persuasivo era más importante que cualquier texto escrito», prosigue Houston, quien narra cómo Aulo Gelio protestó cuando en el siglo II d.C. le pidieron que leyera en voz alta un escrito que le era desconocido ya que no enfatizaría las palabras de forma correcta, destrozando su contenido.
La invención de los primeros signos de puntuación llegó de la mano de Aristófanes, cerca del año 200 a.C. Para este bibliotecario de Alejandría, resultaba frustrante el tiempo que se tardaba en leer los cientos de miles de manuscritos que guardaba la célebre biblioteca. Aristófanes sugirió a los lectores que aliviaran el ininterrumpido texto con anotaciones de puntos arriba, en medio y debajo de cada línea (comma, colon y periodus) que indicaran la entonación de lectura alta, media o baja, continúa Houston.
Su aplicación fue, sin embargo, errática. Los romanos abandonaron el sistema de puntos de Aristófanes y aunque también probaron en el siglo II a separar las palabras con puntos, cesaron en ese empeño. «Existía todo un culto hacia el hablar en público, y era de tal magnitud que toda la lectura se hacía en voz alta. Y la mayoría de los estudiosos coinciden en que los griegos y los romanos hacían frente a la falta de puntuación precisamente de esa forma», señala el autor de «Shady Characters, The Secret Life of Punctuation».

El cristianismo y San Isidoro de Sevilla

La difusión del cristianismo vino a cambiar su forma de escribir. «Mientras los paganos habían transmitido sus tradiciones y su cultura de forma oral, de boca en boca, los cristianos preferían escribir salmos y evangelios para difundir mejor la palabra de Dios. Así que los libros se convirtieron en una parte integral de la identidad cristiana. Y, por consiguiente, empezaron a incluir en ellos letras decoradas y signos de párrafo (Γ, ¢, 7, ¶, etre otros)», según Thomson.

Thompson relata que a partir de entonces el «subdistinctio» o punto bajo ya no marcaría una simple pausa, sino que tomaría el lugar de la coma gramatical y el punto alto o el «distinctio finalis» indicaría el fin de una frase.
El cristianismo «adoptó una rejuvenecida puntuación en la escritura», continúa. Con el fin de proteger el significado original de los textos, los escribas cristianos empezar en el siglo VI a puntuar sus propios escritos. Un siglo después, San Isidoro de Sevilla actualizó el sistema de Aristófanes, «de forma que los puntos indicaran la duración de la pausa: breve (punto bajo), media (punto medio) y larga (punto alto)» y «más allá de eso, relacionó la puntuación con el significado de forma explícita por primera vez en la historia».
Los espacios entre palabras se cree que fueron invención de unos monjes irlandeses o escoceses -no está claro-, que estaban hartos de separar palabras latinas desconocidas.
«Y a finales del siglo VIII, en Alemania, un país emergente, el afamado rey Carlomagno ordenó a un monje llamado Alcuin idear un alfabeto unificado que pudiera ser leído por los súbditos de las tierras más lejanas. Fue así como nacieron las que hoy conocemos como letras minúsculas», explica.
Sobre los puntos de Aristófanes, se crearon otros como el «punctus versus», una versión medieval del punto y coma, que tomaban prestados elementos de la notación musical de los cantos gregorianos. «También el punctus elevatus, un punto y coma a la inversa, un signo que se convertiría en los dos puntos actuales», añade el escritor.
Por aquel entonces se empezó a utilizar el «punctus interrogativos, el ancestro del signo de interrogación actual» y llegó un momento en el que el sistema de tres puntos se redujo a uno solo.
«En el siglo XII, el escritor italiano Boncompagno da Signa propuso un sistema de puntuación completamente diferente que incluía tan solo dos signos: la barra (/) y el guión (-). La primera indicaba una pausa, y el segundo el fin de una frase», prosigue Thompson antes de señalar que aunque no está claro cuánto se usó la barra, el guión o virgula suspensiva «fue todo un éxito».
En el apogeo del Renacimiento había por tanto «una mezcla de los antiguos puntos griegos; los puntos y comas, signos de interrogación y otros derivados medievales; y los más recientes inventos, la barra y el guión», explica el autor en la BBC.

Congelada por la imprenta

La puntuación se congeló en el tiempo con la llegada de la imprenta a mediados de 1450. La mayoría de los signos que hoy se emplean fueron tallados en plomo para no volver a cambiar.
 «La barra de Boncompagno da Signa se acortó y curvó, y heredó uno de los nombres del sistema griego, convirtiéndose en la coma actual. A los dos puntos y al signo de interrogación se les sumaron el punto y coma y el signo de exclamación. Y el punto de Aristófanes quedó reservado para la pausa al final de cada frase», detalla Thompson.
«La evolución de estos signos paró en seco», aunque ahora con la llegada de los emoticonos «está otra vez revolviéndose», a juicio del autor. «La puntuación no estaba muerta. Solo estaba esperando el próximo tren tecnológico al que subirse. Y ahora que lo encontró, nos toca de nuevo a nosotros como escritores y lectores decidir cómo vamos a puntuar nuestros textos en los próximos 2.000 años», finaliza.

LA ESQUINA DEL IDIOMA


Piedad Villavicencio Bellolio





Socapar y solapar denotan que se esconde algo
Se socapa a alguien cuando se encubren sus faltas o yerros. De ahí que es apropiado decir, por ejemplo, «no socapes su mal comportamiento».
En cambio, se solapa una verdad, cuando esta se oculta de manera maliciosa con algún fin. Por lo tanto, en este caso, son correctas las construcciones similares a «se solapan los sobornos», «solapa sus intenciones arribistas con sus posturas fingidas».
La diferencia que hay entre estos dos infinitivos es que con «socapar» se trata de justificar algún error, pero sin que medie una mala intención. Esto no sucede con «solapar», que trae implícito el sentido de disfrazar una verdad con un determinado objeto.
Con el mismo significado de «solapar» se suele emplear «asolapar», verbo que consta en el Diccionario de americanismos con uso popular y culto, pero en estilo espontáneo y despectivo. Se registra en Honduras y El Salvador.
No hay que confundir «socapar» y «solapar» con «socavar», que es excavar un terreno o hacer huecos profundos en él. También hay que tener presente que «excavar» es diferente a «escavar», infinitivo que denota que se cava superficialmente la tierra.
Tildar y calificar
«Tildar» es señalar a alguien con alguna característica negativa o desfavorable. Por lo tanto, su empleo es adecuado en frases como «lo tildó de embaucador», pero no es correcto en expresiones como «lo tildó de dirigente», pues se indicaría que ser dirigente es una denigración.
Este verbo tampoco debe emplearse para expresar sentidos positivos. Por ejemplo, no está bien decir «se lo tildó de buena gente». En estos casos hay que usar el verbo «calificar», así: «se lo calificó de dirigente», «se lo calificó de buena gente». (F)
FUENTES:
Diccionario de la lengua española (2014) y Diccionario de americanismos (2010), de la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española.

RUGBY

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Una aproximación al lenguaje del rugby con vistas al Mundial

La mayor parte de los deportes más universales se han desarrollado de forma paralela en diversos puntos del arco hispanohablante a lo largo del tiempo, aunque de una manera dispar desde un punto de vista tanto social como cultural. Este proceso evolutivo asimétrico ha provocado que actualmente coexistan varias alternativas terminológicas dentro del idioma para referirse a un mismo concepto deportivo y que, si hablamos de español internacional en un periodismo cada vez más global, haya que elegir la opción más natural y extendida dentro del mercado al que nos dirijamos. 

Se trata, sin duda, de una cuestión compleja que medios internacionales como las grandes agencias informativas han de resolver con recomendaciones flexibles y articuladas siempre con sentido común dentro de sus respectivos libros de estilo. Esta complejidad es aún mayor si tenemos en cuenta que la mayoría de las modalidades siguen construyendo su vocabulario a partir de extranjerismos que no siempre proceden de una misma lengua; que existen variantes según la zona del español de la que hablemos debido a las zonas de influencia histórica de unos países (idiomas) sobre otros.

Este es el caso de las referencias periodísticas en lengua española al rugby, un deporte donde la mayoría de los términos que se manejan son extranjerismos. Estas voces foráneas, principalmente anglicismos, han seguido empleándose en los medios en su forma original debido a su concisión; definen a la perfección y en una sola palabra un concepto ya aceptado y consolidado en el uso entre jugadores, entrenadores y periodistas especializados, lo que realmente dificulta bastante la posibilidad de hallar una correspondencia en español que sea convincente y, al mismo tiempo, no comporte una pérdida parcial de significado.

Así, no suelen traducirse palabras como flanker, con que se denomina a cada uno de los dos jugadores que juegan con los números 6 y 7 y que forman parte de la tercera línea del equipo;maul (pronunciado [mol]), tipo de formación espontánea que se produce cuando el jugador que tiene la posesión del balón está siendo sujetado por uno o más jugadores del equipo contrario; o ruck [rak], agrupamiento entre jugadores de ambos equipos que están en contacto físico y de pie, empujándose para hacerse con la posesión de la pelota, que está en el suelo entre ellos (en este caso la equivalencia es melé abierta o melé espontánea).

Sin embargo, como ocurre en el resto de modalidades, también en el rugby la asunción de formas extranjeras convive con la adaptación de términos. Algunas traducciones afianzadas son, por ejemplo, ensayo (try), patada a seguir (chip), botepronto (drop), talonador(hooker), zona de marca (in-goal), parada de volea (mark), línea defensiva (back line),continuidad (continuity), transformación (conversion kick) o zaguero (fullback).

Mientras otros deportes han forjado su léxico casi exclusivamente a partir de la lengua del país inventor, el rugby también ha desarrollado su vocabulario en lengua española tomando como referencia el francés, una lengua cercana y muy influyente, sobre todo a raíz de la eclosión allí de este deporte desde mediados del siglo XX y de la cobertura periodística realizada con motivo de la participación de la selección nacional (les Bleus) en el hasta hace quince años llamado Torneo Cinco Naciones.

Lo cierto es que hoy día en España, casi al contrario de lo que ocurre en países de América del Sur donde la asunción de anglicismos es más habitual, se utiliza más melé(hispanización de mêlée) que scrum, de la misma forma que se prefiere avant a forward pass (pase adelantado), o se suele optar antes por la grafía francesa touche a la inglesatouch para hablar de saque de lateral o línea de puesta en juego.

De la misma manera, en español se ha tomado más como referencia el francés para forjar palabras y expresiones como juego a la mano (más cercano a jeu à la main que ahandling), juego al pie (jeu au pied / kicking play), pilar (pillier / prop), placaje (placagetackle) o medio de apertura (demi d'ouverture / fly-half).

Anglicismos y galicismos coexisten y constituyen así una parte esencial de la terminología del rugby, cuyo desarrollo ha motivado estudios específicos en diccionarios y glosarios. Entre ellos, destaca, con más de 200 entradas en  cuatro idiomas (español, catalán, inglés y francés), el Diccionario de rugbi publicado por el TERMCAT en el año 1995 dentro de su colección de diccionarios deportivos y que fue actualizado en 2008.


Aquí mostramos una breve relación de diccionarios y glosarios para saber más sobre el vocabulario del rugby, los cuales serán de ayuda para seguir el Campeonato del Mundo que se disputará a partir del 18 de septiembre y durante casi un mes y medio en Inglaterra y País de Gales:


Diccionario de rugbi. TERMCAT (2008)

Rugby Union Glossary. ESPN

Le lexique du rugby. Le Monde (2007)

Glosario de rugby. Wikilengua. Fundéu

El vocabulario del rugby. El País (2010)

El diccionario del rugby: historia, reglas y vocabulario imprescindible I. Y II. Deporadictos (2015)


FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

Agencia EFEFundéu - BBVA
FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

aumentar al doble 


no es lo mismo que


aumentar el doble

Recomendación urgente del día
Aumentar (algo) al doble es ‘incrementarlo hasta duplicarlo’, mientras queaumentar (algo) el doble supone ‘duplicar un incremento dado’, que es preciso especificar.
Así, cuando se dice que «Las exportaciones aumentaron al doble el año pasado» se indica que en el ejercicio actual fueron un cien por cien superiores a las del anterior, pero si decimos «Las exportaciones aumentaron el doble que el año pasado» se entiende que si el año pasado crecieron un tres por ciento este lo han hecho un seis por ciento.
En los medios de comunicación se encuentran frases como «Aumenta el doble la venta a través de pantallas táctiles» o «La región aumenta el doble sus centros bilingües al pasar de apenas 200 a más de 400».
En esos casos, y si lo que se quiere indicar es que se duplicaron las cantidades iniciales, lo adecuado habría sido escribir «Aumenta al doble la venta a través de pantallas táctiles» o «La región aumenta al doble (oduplica) sus centros bilingües al pasar de apenas 200 a más de 400».
Cuando se emplea, por el contrario, la expresión aumentar el doble es preciso explicitar un término de comparación (el doble que el año pasado, el doble que su competencia, el doble de lo previsto…).
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