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segunda-feira, 16 de novembro de 2015

LA PUNTA DE LA LENGUA »


La transición de las palabras

La suavización del lenguaje político tras morir Franco hizo que se fueran desvaneciendo los vocablos más abruptos

 14 NOV 2015 - el país - españa
 

  • No hay una transición política real sin una transición de las palabras. Y así ocurrió con el abrupto lenguaje usado hace 40 años en los dos lados de la trinchera, que se suavizó para aproximar a los distantes.
    La palabra “camarada” puede simbolizar ese proceso. Sus tintes militares (“camaradas” eran los que dormían en la misma cámara o camarote) no impidieron que se llamaran entre sí “camaradas” tanto los comunistas como los falangistas. Pero aquellos aires de encuentro arrinconaron este término del lenguaje político, sustituido por otros más civiles como “compañero” o “correligionario”.
    Casi todas las ideas de enfrentamiento se fueron desvaneciendo en el lenguaje público, y de ese modo “la lucha de clases” se transmutó en la búsqueda de la “igualdad social”. El concepto de “proletariado” (se denominaba así a quienes no tenían más posesión que su propia prole) aún se refugiaría durante un tiempo en la expresión “clase obrera”, para transfigurarse luego en “las clases populares” y más tarde en enunciados más blandos: los “productores”, los “operarios”, los “asalariados”, los “trabajadores”, los “empleados”…
    En el ámbito del terrorismo, por el contrario, el lenguaje se endureció
    En el otro lado, “la oligarquía”, “la burguesía” o “los poderes fácticos”… se transforman en “la clase dirigente”, “la clase alta”, “las élites sociales”… Y hoy en día, en “los ricos”.
    Las palabras “patrón” y “patronos”, que transmitían su vieja idea del señor a quien sirven los criados, dejan su espacio a “empresarios”, “empleadores” o, más recientemente, “emprendedores”.
    Los sindicatos han participado también de esta edulcoración. El “despido colectivo” (en el que se ven obligados a colaborar con las empresas) se ha transformado en un esquelético “ERE”, después de transitar por la “regulación de empleo”, las “rescisiones de contratos” o los “ajustes de plantilla”.
    Esa suavización del lenguaje de estos 40 años ha alcanzado al propio vocabulario interno de los partidos, que pasaron de albergar “tendencias” enfrentadas (con la connotación que lleva asociada el término “tendencioso”) a discutir entre “corrientes”. Más tarde se llamaron “familias”, para quedar finalmente en “distintas sensibilidades”.
    En el ámbito del terrorismo, por el contrario, el lenguaje se endureció. Ahora nos sonrojamos al recordar que a los miembros de ETA los llamábamos “activistas” en vez de “terroristas”, o al repasar noticias donde se informaba de que una persona “resultó muerta” en vez de haber sido asesinada.
    ¿Era todo un juego de eufemismos? Tal vez, pero no se trataba de eufemismos de parte sino más bien de un cambio en el lenguaje común, fruto de un pacto tácito.
    Los acuerdos inconscientes sobre el léxico suelen servir como termómetro para analizar las posibilidades de un consenso. Por el contrario, las divergencias en el vocabulario preludian siempre el conflicto.

    LITERATURA HISPANOAMERICANA

    En defensa de la literatura hispanoamericana

    Gabrielle van Welie
    Es una mala costumbre hispanoamericana poner por encima de nuestra propia lengua la lengua del negocio. Por ello leí Shakespeare antes de Cervantes, Hemingway antes de García Márquez y Sylvia Plath antes de Gabriela Mistral. Allende, Borges, Cortázar, Bolaño, Esquivel y García Lorca llegaron a mí después de miles de páginas anglosajonas que, aunque expresaban maravillosamente un sufrimiento o un amor universal, no me ayudaron a formar una identidad.
    Por mucho tiempo la forma escrita de nuestro idioma me resultaba cursi, exagerada, una telenovela. Leíamos los textos en clase de español por encima, sin absorber el lirismo ni las metáforas que dependen tanto de ser leídas con cariño. Personalmente me esmeré en manejar el inglés, en estudiar fuera para desarrollarme en el idioma en el que me sentía más cómoda. No fue hasta que me percaté de que mi voz narrativa era mucho más contundente en mi idioma natal que me decidí por establecerme como una escritora hispana por encima de una escritora anglosajona. Esto fue sin importarme los niveles de popularidad que puedan traer consigo una cosa o la otra, pero eso no cambia que en su momento mi realidad fue la de opositora del español.
    Pero una mano uruguaya me rescató. Buzón de tiempo, un librito de cuentos y poemas de Mario Benedetti fue el primer conjunto de palabras hispanas que me enamoraron. Lo que me llamó la atención de la literatura hispanoamericana es lo autentica que puede llegar a ser. En inglés los textos están construidos para satisfacer las necesidades del público general. Lo que vende son historias fantásticas o historias desasociadas con la realidad cultural o social de su país de origen. Sin embargo, los textos hispanoamericanos que originalmente salieron a flote como golpes de estado literarios en respuesta a la falta de levantamientos reales, hoy por hoy conservan la misma esencia cultural, política y social que antes conmovió a generaciones oprimidas.
    Ahora vivimos en un mundo americanizado donde nos preocupamos más por estar al día con las tendencias anglosajonas que con las nuestras. Lo que no creo es que nos hayamos vuelto sordos y ciegos a los llantos y estruendos de nuestros pueblos. Lo que sí es indiscutible es que hemos dejado huérfana a nuestra literatura, siendo el bestseller del New York Times el que nos mueve en cantidades a las decadentes librerías. Decía el sociólogo Walter Benjamin, perteneciente a la Escuela de Frankfurt, que las sociedades modernas tienden a valorar la inversión monetaria de las obras de arte por encima de la calidad real del arte misma. Igualmente ignoramos las obras literarias enmarcadas por nuestras casas editoriales que rara vez tienen la posibilidad o los recursos para presentarnos una publicación que sea tan físicamente llamativa como las impresas por editoriales anglosajonas, asumiendo que la calidad del autor es equivalente a la calidad de la impresión.
    Todo esto es para decir que nos debemos como hispanohablantes darle su lugar a nuestra literatura. No podemos ser la generación que no sepa contarle a sus hijos lo que significa ser hispano. ¿Cómo podríamos explicar quienes fuimos sin los Buendía de García Márquez? ¿Cómo pudiésemos desarrollar tal hermandad entre países si no fuera porque la Maga argentina de Cortázar y la Susana San Juan mexicana de Rulfo son la misma? ¿Qué sentido de nuestra propia justicia tendríamos si no fuese por los tristemente implacables detectives salvajes de Bolaño? Y, finalmente, ¿Qué hubiese sido de mí sin que Benedetti me demostrara lo hermosa que puede llegar a ser nuestra lengua?
    No es solo que seríamos incultos e ignorantes, pero también estaríamos traicionando a nuestro propio hogar. Darle voz y apoyo a la literatura es una de las formas más rápidas de generar un sentido de patriotismo. Es más fácil sentirse orgulloso de las grandes y creativas mentes que de políticos o empresarios que tienden a cambiar de bando y de parecer. Lo que hace falta es usar la literatura para poner lo mágico de vuelta en nuestra muchas veces triste realidad.

    FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

    Agencia EFEFundéu - BBVA
    FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE

    Al Raqa


    nombre de la ciudad 


    siria

    Recomendación urgente del día
    La transcripción Al Raqa, con artículo y la letra q, es la recomendada para lapoblación del norte del Siria que es bastión del Estado Islámico.
    En las noticias sobre los bombardeos de esta ciudad, puede verse su nombre escrito de modos muy diversos: «Francia bombardea Raqqa», «La Fuerza Aérea francesa lanzó un ataque contra la milicia terrorista en la localidad siria de Al Rakka» o «Francia reaccionó a la matanza terrorista en París destruyendo dos campos de entrenamiento de la guerrilla suní radical en Raqa».
    Dado que el uso de la q en transcripciones es válido y no se trata de unmacrotopónimo, puede usarse Al Raqa, con simplificación de esta letra. Elartículo, en rigor, forma parte del nombre, por lo que se recomienda mantenerlo; puede ir unido con guion, pero en medios de comunicación y por simplicidad gráfica es mejor suprimirlo.
    Así, en los ejemplos anteriores y según esta recomendación, habría sido mejor escribir «Francia bombardea Al Raqa», «La Fuerza Aérea francesa lanzó un ataque contra la milicia terrorista en la localidad siria de Al Raqa» y «Francia reaccionó a la matanza terrorista en París destruyendo dos campos de entrenamiento de la guerrilla suní radical en Al Raqa».
    Existe también el nombre histórico de Nicefora, pero ha tenido poco uso y no se aplica a la ciudad moderna.
    Ver guía de transcripciones.
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