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terça-feira, 9 de fevereiro de 2016

LOS VAIVENES DE LA LENGUA


Palabras en la UVI

Palabras en la UVI
Una campaña promueve el empleo en las redes de ciertos términos en desuso. El problema, según los filólogos, no es que un vocablo desaparezca, sino que usemos un lenguaje cada vez menos variado. Contra la pobreza en el habla, proponen la pasión por la lectura.
Juan FernándezJUAN FERNÁNDEZhttp://www.elperiodico.com/es
DOMINGO, 7 DE FEBRERO DEL 2016


Si las palabras hablaran, contarían que sus vidas difieren poco de las de sus usuarios. Al igual que estos, ellas también nacen, crecen, alcanzan éxito y prestigio y, en ocasiones, caen en desgracia, enferman de olvido y mueren de no ser usadas. La lengua es un caldo de cultivo en permanente ebullición en el que las palabras se comportan como células cuyo destino depende del influjo de las modas, de los avances de la tecnología y de los caprichos de los hablantes. Con un agravante: cuando una palabra entra en coma por falta de uso, no pierde ella, perdemos los usuarios que nos vemos privados del capital léxico, cultural, y a veces sentimental, que ese término aportaba.

De las 93.111 entradas que dan cuerpo al 'Diccionario de la lengua española', se calcula que solemos apañarnos en nuestro día a día con no más de 2.000. A ese raquítico aprovechamiento de la riqueza del idioma, las nuevas herramientas digitales de comunicación han añadido inéditas excusas para ahondar en la pobreza de su uso. Resulta extraño, por infrecuente, encontrar palabras cultas en las conversaciones de WhatsApp, Twitter o Facebook, ámbitos donde suele imperar un leguaje romo, uniforme y carente de matices.

Advertidos de esta anomalía, en la sede barcelonesa de la agencia de publicidad Proximity acaban de poner en marcha una campaña que, apoyándose precisamente en el poder difusor de las redes sociales, pretende promocionar la mención de ciertas palabras en desuso en los mensajes que nos enviamos a diario.

A lo largo del 2015, el término 'pantomima' solo apareció en Twitter 250 veces, la palabra 'amalgama' fue usada en 331 ocasiones y 'picaflor' salió en apenas 75 tuits. «La culpa no es de la red, sino de los usuarios, que solemos emplear un lenguaje muy simple en nuestras comunicaciones, unas veces por pereza y otras por vergüenza. Como si temiéramos aparentar que vamos de cultos por usar determinados términos», señala Eva Santos, directora general creativa de Proximity y responsable de www.latiendadepalabrasolvidadas.com, la web desde la que invitan a la gente a «adoptar» una palabra en peligro de extinción y a compartirla en las redes.
RESERVA CINEGÉTICA LÉXICA

Los 40 términos que proponen en esta suerte de 'reserva cinegética léxica virtual' (ver recuadro inferior) los seleccionaron a partir de su propia experiencia y del libro 'Palabras Moribundas'. En sus páginas, la investigadora del CSIC Pilar García Mouton y el periodistaÁlex Grijelmo detallan aspectos de la vida de casi dos centenares de voces que corren el peligro de desaparecer a fuerza de no ser nombradas: 'aviar', 'baladí', 'chiscón', 'fanega', 'niqui', 'parvulito', 'trenca'...

Unas veces es la evolución de los tiempos la que margina a las palabras cuando la sociedad da de lado al objeto que denominan:«Las 'fresqueras', unas despensas pequeñas comunicadas con el exterior donde se guardaba la fruta y legumbres, hoy han quedado obsoletas, y las palabras también», cita como ejemplo Pilar García.

Pero en otras ocasiones son las modas las que provocan vaivenes en el uso de la lengua. Sin ir más lejos: 'guateque' y 'picnic', dos extranjerismos que identificaban costumbres muy asentadas hace 40 años, hoy suenan desfasadas. «Las palabras de moda tienen prestigio. Los hablantes quieran usarlas para dejar ver que están al día, aunque a veces se pongan de moda expresiones prescindibles como poner en valor. La suerte es que, como las modas necesitan renovarse, algunas de estas palabras son pasajeras», explica la filóloga.
VOCABLOS AL RESCATE

La última edición del Diccionario de la RAE incorporaba casi 5.000 voces nuevas, pero daba de baja un puñado de términos por falta de uso, como 'boleador' (hombre que hace caer a otro), 'concubio' (hora de la noche en que suelen recogerse las gentes a dormir) o 'sagrativamente' (con misterio), entre otros. ¿Correrán la misma suerte 'floripondio', 'lechuguino' y 'batiburrillo', tres de los vocablos llamados al rescate en la campaña de Proximity?

En contra de lo que pudiera pensarse, los filólogos sueltan pocas lágrimas por las palabras que mueren. «No hay ningún drama en que un término desaparezca, ya que siempre surge otro que lo sustituye. Hoy no vamos a una ferretería a comprar hembrillas, palabra en desuso. En su lugar pedimos tuercas, y no pasa nada», explica el académico de la Lengua José Antonio Pascual, responsable del Nuevo Diccionario Histórico del Español, en proceso de elaboración, donde se cuentan la vida y milagros de las palabras.

Los términos 'boleador', 'concuvio' y 'sagrativamente' han sido dados de baja recientemente
La clave, según el experto, no es la cantidad de palabras disponibles, sino la variedad de su uso. «Antes aderezábamos las camas. Ahora decimos: 'he hecho mi cama'. Pero si todos los verbos los sustituimos por hacer y los sustantivos por cosa, perdemos riqueza en el habla», advierte José Antonio Pascual.

Entre los guardianes de la lengua tampoco hay miedo al efecto que puedan causar las nuevas herramientas de comunicación. «Las redes sociales no son el problema, solo hacen que aflore la realidad de nuestra habla. La pobreza del uso del idioma tiene que ver con la educación, con la marginación de la Lengua, la Literatura y las Humanidades en los programas escolares», señala Álex Grijelmo. El académico José Antonio Pascual cree tener identificada la solución: «Hay que recuperar la pasión por leer, da igual que sea en papel o en una pantalla»
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