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quarta-feira, 11 de maio de 2016

"j"


Sabe usted: ¿cuántas palabras castellanas terminan en 'j'?

Juan Gossaín buscó expresiones que acaban en esta letra y solo tres son propias del español.

Por:  JUAN GOSSAÍN | 

Cada página de internet tiene un número distinto de palabras que terminan en 'j'. Están llenas de inexactitudes.
Foto: Archivo particular
Cada página de internet tiene un número distinto de palabras que terminan en 'j'. 


Esa mañana estaba entrando yo a la peluquería. Bueno, en mi caso, y por razones que saltan a la vista, sería mejor llamarla por su otro nombre, barbería. Iba a cortarme la barba y a que me pulieran las uñas. Mi mujer suele embromarme diciendo, con un acento de ironía, que yo no tengo ni un pelo de tonto. Ni de astuto, le respondo siempre, aunque en realidad vivo convencido de que a mí no se me ha caído el pelo. Fue que se me corrió para la cara.

Ya estoy divagando otra vez. Yéndome por las ramas. Yo vine fue a contarles que, mientras me sentaba en la silla y me anudaban el paño blanco en el cuello, un muchacho que estaba ahí, haciendo visita, me tendió la mano, cariñosamente.

–Una vez –me dijo– usted estuvo hablando por radio sobre las palabras que terminan en jota. Desde entonces quería conocerlo para preguntarle cuántas son y cuáles son.

Una señora, a la que le estaban haciendo la permanente en la otra silla, se sumó con entusiasmo a la petición. Me cayó de perlas aquella inquietud, imagínese usted, para un periodista tan escaso de tema como de pelo que se la pasa perdiendo el tiempo en las peluquerías. Les contesté que a lo mejor escribiría algo sobre eso.

Más me valiera haberles cambiado de tema. Porque semejante investigación me costó largos meses de trabajo y desvelos. Y eso que ahora, en estos tiempos de aparatos electrónicos, las cosas parecen más fáciles porque hay muchas fuentes para consultar. Ahí radica, precisamente, el principal problema: cada página de internet tiene un número distinto de palabras que terminan en “j”, porque esta dice que solo son cinco, aquella sostiene que son treinta, la de más acá asegura que son veinte. Están llenas de inexactitudes y contradicciones.

El inconveniente consiste en que quienes elaboran esas listas son más entusiastas que rigurosos y acaban incluyendo, como si tuvieran vida propia, algunos términos que apenas son derivados de otro. O compuestos. Ese es el caso de ‘ej’, que es una simple abreviatura de ejemplo, o de contrarreloj, tan familiar al oído ciclístico de los colombianos. Andando por ese camino, no faltará quien crea que Nairo es lo mismo que Jairo.
Propias y adoptadas

De manera, pues, que al final me tocó abandonar las tecnologías modernas y volver al viejo sistema, el de los tiempos de la vela y el bolígrafo: ponerme a rebuscar en el venerable Diccionario de la Real Academia Española, que es el árbitro supremo del idioma, y en los libros polvorientos de los grandes maestros del castellano.

Comienzo diciendo, de un golpe, que las palabras que terminan con ‘j’, reconocidas por la Academia y anotadas en su diccionario, son exactamente diecinueve. Lo más curioso es que solo tres de ellas son propias del español, lo que suele llamarse “palabras patrimoniales”. Se trata de reloj, boj y carcaj.Las otras dieciséis provienen de diferentes idiomas, pero el nuestro las adoptó como propias y les dio su reconocimiento.

Se me estaba olvidando decir que una de las razones por las cuales hay tan poquitas palabras terminadas en jota, es por la dificultad fonética que tenemos los hablantes castellanos para pronunciar al final una letra tan fuerte y compleja. A eso se debe que la gente diga “reló” en vez de “reloj”.

Entonces me entró una carcoma en la cabeza: ¿de dónde proviene la letra jota?
La letra más humilde
En el habla cotidiana usamos varios proverbios relacionado con las letras. Así, por ejemplo, decimos “poner los puntos sobre las íes” cuando queremos concretar algo, precisarlo, dejarlo en claro. Pero cuando alguien no logra captar lo más mínimo, ni siquiera un poquito, se dice que no ha entendido ni jota. ¿Por qué? ¿Qué tiene que ver la jota en eso?

Tenemos que remontarnos a los tiempos anteriores a Cristo. La jota fue inventada por el idioma hebreo de los judíos antiguos. El gran Covarrubias, en su inmortal 'Tesoro de la lengua castellana', escrito hace más de quinientos años, dice que la ‘j’ tiene una figura muy pobre y que “ninguna letra hay de tan poco cuerpo como ella, porque casi es un simple punto con cola, poca cosa”.

De manera, pues, que no entender ni jota significa que una persona no ha comprendido ni lo más sencillo, lo más humilde, lo más elemental. Desde entonces, la jota quedó convertida en sinónimo de simpleza.
El reloj
Mientras iba rastreando cada palabra terminada en jota, y cuando trataba de encontrar sus orígenes y su significado, comprendí que entre todas ellas hay una sola que le resulta conocida a cualquier persona que hable castellano, así sea un recién nacido o un indígena que vive en lo profundo de la selva.

Esa palabra es reloj. A las otras dieciocho solo las conocen los eruditos, los gramáticos o los lingüistas que se dedican a investigar los entresijos más profundos del idioma. (Dicho sea entre paréntesis: el primer reloj con agujas y números, para reemplazar el viejo reloj de arena, fue inventado por los alemanes en 1326, lo cual significa que acaba de cumplir 690 años).

Por su parte, el origen de la palabra “reloj” es mucho más antiguo, ya que se remonta al lenguaje de los clásicos griegos. 'Oorologion', en aquella época, era el conteo de las horas. De allí pasó al latín. Del latín al francés. Del francés, por la frontera española, al catalán y luego al castellano.
La lista completa
Como dicen que lo prometido es deuda, y que en esta vida no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague, vengo a cumplir la promesa hecha al señor que entró en la peluquería, a la señora que se estaba haciendo la permanente y a todos ustedes. Esta es, en orden alfabético, la lista de las diecinueve palabras terminadas en jota que nuestra lengua reconoce como legítimas:

1- Aj (o aje). Achaque, indisposición, leve molestia física. Proviene de ax, exclamación antigua, ya desaparecida, que se usaba para expresar dolor. Fue el antecesor de ay.

2- Alioj. (Del árabe alioh, piedra). Nombre que los árabes que conquistaron España le daban al mármol o piedra caliza.

3- Almofrej. También de origen árabe, como casi todas las palabras españolas que empiezan por ‘al’. Este es el nombre que los viajeros antiguos le daban a una funda de cuero o lienzo que usaban para envolver la cama que llevaban en sus correrías. No había hoteles ni posadas.

4- Almoraduj. Nombre árabe del sándalo, planta aromática que en aquí conocemos como mejorana.

5- Balaj (o balaje). Piedra preciosa, rubí morado. Balaj es el nombre de la región donde fue descubierto. Hoy queda en Pakistán.

6- Boj. (Del latín buxus, planta). Arbusto maloliente de flores pequeñas. También se le da ese nombre a un molde de madera que los zapateros usan para coser el calzado.

7- Borraj. (Del persa bore, polvo). Sal del ácido bórico, conocida como bórax.

8- Cambuj (o gambuj). Proviene del latín caputium, que significa capucha. Era una mascarilla o antifaz que se usaba en los bailes de disfraces.

9- Carcaj (del griego karkásion, envoltura). Era la caja que los indígenas llevaban en la espalda, para guardar las flechas y sacarlas por encima del hombro. En Centroamérica llaman así al forro de la escopeta. Y en las primeras procesiones católicas llamaban carcaj al cinturón de cuero que un penitente llevaba cruzado al pecho, para sostener la cruz que iba cargando.

10- Chuj. Pueblo indígena de Guatemala y su dialecto.

11. Dij. Hace trescientos años se usaba como sustituto de dije. Por ejemplo: “Ya te dij que no podemos ir”.

12- Erraj (del árabe arrahg, polvillo). Polvo que se obtiene moliendo el hueso de la aceituna.

13- Itzaj. Otro pueblo maya de Guatemala.

14- Maniblaj (de origen alemán). Una de las palabras más extrañas y menos usadas del castellano. En el dialecto del bajo mundo, ese era el nombre que le daban al criado de una mancebía, es decir, al mandadero de un prostíbulo.

15- Pedicoj (contracción de pie y cojo). Salto o brinco que se da en un solo pie, tal como ocurre en el juego llamado rayuela, golosa, avión o peregrina.

16- Relej (o releje). Línea larga que corre paralela al filo de la navaja. También se llaman así la estrechez que se forma en el cañón de las armas y el sarro o sustancia amarillenta que se pega en los dientes.

17- Reloj. Llegó la hora de decirles que me siento liberado de explicar lo que significa.

18- Sij (del sánscrito sikh, discípulo). Seguidor o practicante del sijismo, una de las religiones de la India.

19- Troj (de origen incierto). Especie de despensa hecha con tabiques para guardar frutos y cereales. El diccionario de la Real Academia también acepta que se le llame troje. Ante la dificultad para pronunciar la jota final, los campesinos del Caribe colombiano la llaman troja.
Epílogo
Al salir de la peluquería paso frente a una cafetería al aire libre, en una plaza de Cartagena. En la pared hay un letrero que me reivindica con la vida. Dice así: “No tenemos wifi. Aprovechen para hablar entre ustedes”. Y como Einstein decía que en el universo no existen las coincidencias, sino la armonía, en ese preciso instante me llama al celular mi compadre Daniel Samper Pizano.

–Te doy la noticia –me dice–. La Academia Colombiana de la Lengua nos acaba de elegir, a ti y a mí, miembros de número.

Entonces me digo: tengo que sentarme a escribir la crónica de la jota. Porque esa es mi manera de dar las gracias…
JUAN GOSSAÍN
Especial para EL TIEMPO

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