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terça-feira, 3 de maio de 2016

LAS PALABRAS HUÉRFANAS


Resultado de imagem para palabras Recordando el legado cervantino


Carmelo Arribas


Es posible que hasta las ideas místicas, tan arraigadas en nuestro modo de ser español,  estén en el trasfondo de muchas de nuestras actitudes, incluso en la de muchos jóvenes progres. Los complejos  históricos, que nadie admite que los tenga,  muestran un cierto grado de inferioridad y autohumillación, como dice el historiador Américo Castro, que nos hacen comprender la realidad hispana, como reflejo de la purificación de nuestros presuntos pecados, por las realidades históricas. Estas actitudes de autoflagelación y arrepentimiento, son aprovechadas por nacionalistas, para señalar con el dedo acusador y mostrar su superioridad  moral, e incluso étnica, frente a España ( queriendo hacernos creer que ellos no  son españoles) y renunciando a sus orígenes “charnegos” o”maquetos” para salirse de ella. Este complejo de inferioridad,  ha llevado a su vez a un ninguneo, cuando no un ataque directo, adornado de modernidad, en muchos casos, del idioma español, con la sustitución, a la hora de expresar nuestras ideas, de las palabras españolas por otras inglesas, lo que ha convertido a nuestro lenguaje en un horfanato de palabras, ya que estas nuevas, carecen de padre y madre, y por supuesto, de profundidad e historia.

Parece que se ha cumplido el viejo concepto que enarbolaban los filósofos antiguos, afirmando que las palabras no tienen entidad en sí,  no son contenedores de nada, sino unos simples “flatus vocis”, un aire, un sonido de la voz,  falto de contenido ideológico,  algo así, como las “flautulencias”,  que salen por otro agujero corporal que todo el mundo conoce, realizando un ruido.

Sin embargo no hay nada más cargado de sentido que la palabra, sobre todo si sabemos o buscamos sus orígenes.

Por España, mas que por ningún país europeo, han pasado o se han quedado, multitud de pueblos. Los turdetanos, fenicios, griegos, cartagineses, romanos, suevos, vándalos, visigodos, bizantinos, árabes…y cada uno de ellos ha ido dejando sus palabras que nos permiten conocer mejor la realidad. Últimamente  vengo con frecuencia a un pueblo del Aljarafe sevillano, cercano a la capital. Tal palabra que da nombre un paraje, viene del árabe, “ al Jaraf”, “el promontorio, la cima,” que define claramente la situación elevada sobre la que se sitúan estos pueblos, dominando el valle del Guadalquivir.

 La mayoría de las palabras españolas, podríamos paladearlas, disfrutando de su contenido cargado de referencias, como si de un sabroso manjar intelectual se tratara.

Nunca le agradeceré bastante a aquel profesor de griego clásico que nos dijo el primer día de clase.

-El griego, en sí , no os va a servir de nada, pero comprenderéis mejor el lenguaje y la vida. Si aprendéis vocabulario griego,  este os servirá para conocer mejor el sentido de lo que estáis diciendo, leyendo u oyendo, diseccionando etimológicamente cada palabra. Esto no enriquecerá vuestro bolsillo, pero sí vuestras vidas.

Y comenzó con una palabra que nunca he olvidado: Tóxico.

¿Sabéis de dónde viene? Pues su origen está en “arco”, “toxon”, en griego. Como las puntas de las flechas solían llevar sustancias venenosas, de ahí que todo lo concerniente al daño que pueda hacer una sustancia en el organismo, es tóxico.

Y siguió con palabras como “dromedario”, ”el que corre”, cuya etimología se encuentra  en la declinación del verbo “trejo”,”correr”.

Nuestro lenguaje, (palabra que tiene como madre a “lengua”, el instrumento que lo ejecuta) está lleno de significados y referencias, sin embargo utilizamos con frecuencia palabras inglesas ( yo,  que pertenezco a esa generación que estudiamos el inglés toda su vida, sin llegar a hablarlo, estoy haciéndome objetor de dicha lengua en mis expresiones). Reconozco que para encontrar una semejante española, que abarque el mismo significado ( véase la raíz de esta palabra procedente del “signum” latino, el dibujo, el garabato que representa algo)  con frecuencia hay que hacer un esfuerzo, ya que los medios de comunicación, suelen hacernos llegar las palabras inglesas, en ese ninguneo de nuestra propia lengua al que hacía referencia. La diferencia es que la palabra inglesa, que utilicemos, no tiene mayor dimensión que ese “flatus vocis”, carente para nosotros de un origen, una palabra huérfana, frente a la que podríamos utilizar una española, hija de una larga tradición y que sustenta sobre sí, una rica historia de uso.

Dejemos ya las autohumillaciones y los golpes de pecho para los anglos, que tienen muchos motivos y hechos de los que arrepentirse, pero seguro que hacer semejantes cosas no les pasa por su cabeza.

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