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quarta-feira, 26 de julho de 2017

FÚTBOL

Reunión de los miembros de la Real Academia Española, 2014. EL MUNDO/ANTONIO HEREDIA

Fútbol y balompié

LUIS MARÍA ANSON
Cuando se produjo el auge del deporte en el siglo XX, la Real Academia Española, que cuida el idioma desde hace más de 300 años, decidió castellanizar los nuevos anglicismos. Así llamó balonvolea al volleyball, baloncesto al basketball, balonmano al handball, y balompié al football. Hoy, en España casi todo el mundo dice balonvolea, baloncesto o balonmano. Y ni su padre, balompié.
Con muy buen criterio, la Academia incorporó a su Diccionario normativo fútbol como primera acepción del deporte de Zarra e Iniesta, porque era el término de uso generalizado y el idioma no lo hacen los académicos sino el pueblo. La Academia, con una serie de cautelas científicamente muy bien estudiadas, sanciona el uso de la lengua, esforzándose siempre por preservar la unidad del español, aparte de limpiar, fijar y dar esplendor al idioma de Cervantes y Borges, de García Lorca y Pablo Neruda.
Generalmente, los quinientos millones largos que hablan español aceptan las decisiones académicas. En contadas ocasiones, no. Nadie escribe hoy, por ejemplo, güisqui y en el diccionario figura ya como una cuestión de hecho el anglicismo whisky. Las críticas que recibe la Academia son a veces certeras y en muchas ocasiones irrazonables o sin sentido. Escribí en su día frente a los que calificaron de "extravagante majadería" la inclusión en el Diccionario de amigovio, término que nadie usa en España. Resulta que los españoles solo somos el diez por ciento del idioma y que Fernando Lázaro Carreter y Víctor García de la Concha tuvieron el acierto al frente de la Corporación, de dar esplendor al Diccionario, incorporando la firma de todas las Academias hispanoamericanas, la norteamericana, la filipina y en el futuro la ecuatoguineana y la sefardí. Cerca de doscientos millones de hispanohablantes en Méjico, Argentina, Uruguay y Paraguay emplean el término amigovio al referirse a persona que mantiene con otra una relación de menor compromiso formal que un noviazgo. Recientemente, por poner otro ejemplo, un escritor de nota fustigó a los hablantes que emplean jueza y afirmó que "la juez será jueza cuando la altivez sea altiveza". Pues no. Conforme al Diccionario, el femenino de juez es jueza y quien así lo emplea lo hace con corrección lingüística.
El idioma suscita tal interés entre los hispanohablantes que raro es el día en que no recibo cartas referentes a su uso. Idos e iros ha provocado un debate nacional al que ha puesto serenidad y sosiego Pedro Álvarez de Miranda. En la segunda persona del plural del imperativo de ir, idos es y seguirá siendo el registro formal e iros se ha aceptado porque así se emplea en el habla coloquial. Son los ciudadanos, repito, los que hacen el idioma y no los académicos.
Y como digresión final para los que se refieren a ciertas acepciones de carácter machista, que, por supuesto, es necesario matizar o suprimir, quiero subrayar el feminismo que preside el Diccionario en algunas áreas, como en las profesiones. Abogado, feminiza en abogada, cirujano en cirujana, psicólogo en psicóloga, pero periodista no masculiniza en periodisto ni psiquiatra en psiquiatro ni futbolista en futbolisto ni atleta en atleto ni fisioterapeuta en fisioterapeuto. La ciencia del lenguaje exige huir de la tendenciosidad, de la ideologización y de la invectiva, anclándose en la serenidad y la reflexión profunda.
Luis María Anson, de la Real Academia Española.



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