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segunda-feira, 3 de abril de 2017

RAMÓN MARÍA DEL VALLE-INCLÁN

El pinganillo de Valle-Inclán

Después de traducirlo vendrá la apropiación. Denles unos años y harán creer a las nuevas generaciones que Don Ramón era gallegohablante.

Gloria Lago en Libertad Digital - España
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Valle Inclán | Archivo
En 2016 expiraron los derechos de autor de las obras de Valle-Inclán y el mundo del nacionalismo gallego lo celebró al grito de ¡Valle-Inclán ha quedado liberado!, como si la obra de Don Ramón hubiese permanecido secuestrada y oculta los últimos 80 años. Muy al contrario, ha estado deleitando y enriqueciendo a sus lectores, y dando lugar a más tesis y trabajos de investigación en todo el mundo que ningún otro autor gallego. Los nacionalistas, expertos en manipular el lenguaje, en realidad se referían a que ya no tendrán que respetar la voluntad de la familia del autor, que nunca ha querido que la obra de Valle se traduzca al gallego. El motivo de esta negativa lo condensó su nieto Joaquín en la siguiente afirmación: "Se traduce lo que no se entiende".
Traducir a Valle al gallego equivale a leer a cualquiera de los grandes de la literatura española en otro idioma pudiendo hacerlo en castellano, u optar por la traducción de Cantares gallegos estando capacitado para leerlo en la lengua que Rosalía prefirió escribirlo. Una de las principales recompensas por esforzarse en perfeccionar el conocimiento del inglés o el francés es poder leer a Henry James en versión original y a Flaubert en su lengua, la que él plasmaba en un borrador y corregía una y otra vez en busca de le mot juste, la palabra precisa. No entiendo que alguien quiera privarse de disfrutar el resultado del esfuerzo de un genio. Valle, igual que Flaubert, era un sibarita de las palabras. Ambos utilizaban una gran variedad de registros para caracterizar a sus personajes.
Valle- Inclán, por Juan de Echevarria. | The Granger Collection
Don Ramón se vale de recursos fonéticos, de numerosos americanismos en sus vocablos, de palabras castizas y también de recreaciones de términos en gallego. Imagino a los traductores subvencionados por la Xunta devanándose la sesera al toparse con un galleguismo; ¿cómo traducirlo? ¿usando un castizismo en el texto en gallego?. En Italia, donde Valle es muy apreciado, se debatieron entre plasmar sus peculiaridades léxicas de forma literal, con una traducción libre de acierto imposible, o con una nota a pie de página. Imaginamos que aquí harán lo mismo para que lo lean personas que lo entienden perfectamente en versión original. Don Ramón, tan dado a convertir adjetivos en adverbios, habría creado uno bien sonoro para describir tamaño despropósito.
Cuando Blanca Cendán fue nombrada directora del Centro Dramático Galego al llegar Feijóo a la Xunta, declaró que Valle-Inclán era un problema. El "problema" era su lengua; porque el CDG no representa obras en español ni siquiera tratándose de Valle. Lo hicieron en 1998, y la intelectualidad nacionalista, la única visible en Galicia, mimada y regada con subvenciones por todos los gobiernos de la Xunta, puso el grito en el averno de los suevos y dijo que con ello se abría una herida en la credibilidad del teatro nacional gallego. A principios de este mes de marzo comenzaron los ensayos en el CDG para el estreno de dos de sus obras, y hay tanto alborozo en la cultura oficial de Galicia, que se está hablando más de Valle que en los últimos 30 años. Joaquin del Valle-Inclán apuntaba a una motivación para esta obsesión por traducir la obra de su abuelo al gallego, "Si el mundo nacionalista tiene necesidad de un símbolo para sentirse más potente es su problema, que empiecen traduciendo a Murguía, que está todo en castellano". Pero, claro, Murguía no es Valle.
Estos celos, esta pelusilla insinuada Joaquín del Valle, derivaría de la incapacidad del nacionalismo gallego para asimilar lo evidente, que los más sobresalientes literatos gallegos escribieron en español. Por otra parte, les amarga aceptar que la literatura creada en español por escritores de Galicia también es cultura gallega, que hay tanta Galicia en Valle, en la Pardo Bazán, o en Torrente Ballester, como en Neira Vilas o en Cabanillas. El objetivo del nacionalismo no es solamente buscar en la lengua un hecho diferencial sino acotar la cultura a un sólo idioma. Llevan años haciéndolo con la colaboración de todos los gobiernos autonómicos, y no sólo en Galicia.
Después de traducirlo vendrá la apropiación. Denles unos años y harán creer a las nuevas generaciones que Don Ramón era gallegohablante. No los subestimen. Si sus colegas de Cataluña fueron capaces de colar que lo de 1714 no fue una guerra de sucesión sino un conflicto bélico entre Cataluña y España, el tuneado de Valle también lo lograrán. En su imaginario, nuestro autor ha sido prisionero de sus herederos, una víctima de la historia, de la colonización, del autoodio que atenaza a los hispanohablantes de Galicia. El camino ya se va insinuando; se organizan talleres sobre el autor dirigidos a niños y jóvenes para fomentar el uso del gallego, y se acaba de celebrar la primera edición del Premio de relato corto Valle-Inclán para estudiantes de secundaria con patrocinio de la Xunta. Sólo pueden presentarse obras en gallego, en español están prohibidas.
Es sencillo saber qué vendrá después. Una vez traducida su producción teatral harán lo mismo con el resto de su obra. Un filón para el lobby de la lengua. Esas obras se estudiarán en los institutos y Valle dejará de ocupar un breve espacio en la programación de literatura española para engordar el escuálido currículo de literatura gallega, donde la insigne Rosalía Castro comparte espacio con mindundis juntaletras. Nuestros alumnos habrán de leerlo en gallego, y se perderán la música de sus palabras, la forma magistral cómo elegía los adejtivos, la cadencia de sus frases. Decía la directora del CDG: "Con la traducción Valle siempre sufre...pero eso es muy relativo". Claro, estaremos haciendo patria.
El Consejero gallego de Educación, Román Rodríguez, se felicitaba porque el paso a dominio público de la producción literaria del autor arosano "posibilita a súa tradución a calquera das linguas do Estado". Traducirán, pues, a Valle-Inclán, a pesar de que su hijo Carlos siempre sostuvo que Don Ramón dio instrucciones estrictas de que su obra nunca fuera traducida a otras lenguas de España. Con las traducciones de Valle tendremos, pues, un remedo del indecente "pinganillo del Senado". Los mismos que no pueden admitir que el más universal de nuestros escritores escribiera en español, no toleran que vascos, gallegos, catalanes, valencianos, o baleares, tengamos un poderoso elemento de unión, que es la lengua española, la lengua precisamente, ese instrumento que el nacionalismo usa para separar. El "pinganillo del Senado" despierta rechazo en cualquier persona sensata por ser un despilfarro y porque mueve al sonrojo que quienes se comunican en la lengua común fuera del hemiciclo, exijan traducción para entenderse dentro de él, pero el "pinganillo de Valle", además de un gasto superfluo, traerá consigo una innecesaria pérdida de expresividad, una mutilación empobrecedora y dolorosa, la constatación de que tener lengua cooficial no siempre enriquece.

CALIDAD Y TRADUCCIÓN II

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Cómo evaluar la calidad de una traducción

Fuente: TraductorChile - Sinclavos.cl

Autor: Richard Pérez-Mongard
Fecha: 02/Ago/2011
Versión en Español: How you can assess the quality of a translation






























Usted es un cliente que quiere traducir un texto, desde un idioma que no conoce hacia su propio idioma. ¿Cómo evalúa que la traducción realizada por el traductor es de buena calidad si no conoce el idioma del texto original y no tiene experiencia como traductor? Si la traducción es muy mala, solo un vistazo al texto le dirá si su traductor es un aficionado. Pero, si se concede que no existe la traducción perfecta, y lo que buscamos es el justo valor por nuestro dinero, ¿Cómo evaluamos que la traducción entregada por nuestro traductor es el justo valor?

Para poder responder esta pregunta primero debemos establecer qué es una traducción de buena calidad, y para poder hacer esto debemos definir qué vamos a evaluar y que es un texto.

Aunque parezca de perogrullo, un texto no es sólo una serie de palabras correctamente hilvanadas; más que eso, es una serie demensajes que se desea transmitir, y por lo tanto lo que debemos evaluar es la aptitud de la traducción para transmitir dichos mensajes.

Así la calidad de un texto se puede evaluar sobre dos aspectos: 1) su INTELIGIBILIDAD (la traducción es comprensible) y 2) su FIDELIDAD (el mensaje transmitido por la traducción refleja con exactitud el mensaje original).

Así se puede dar que un texto ininteligible sea traducido con gran fidelidad pero produciendo un texto ininteligible, o un texto muy inteligible sea traducido con baja fidelidad y aún así producir un texto altamente inteligible. Ambos textos son de baja calidad, el primero porque el traductor no habló con el cliente para resolver los problemas de inteligibilidad del original antes de traducir, produciendo algo ininteligible (no me pregunte como lo logró), y el segundo porque, o faltan algunos de los mensajes del original, o la traducción entrega mensajes diferentes a los que expresaba el original.

Lamentablemente, evaluar la calidad de una traducción en función de su inteligibilidad y fidelidad, según un estudio experimental (1), requiere el trabajo de al menos tres o cuatro evaluadores, debido a problemas de subjetividades individuales. Además, es evidente que para evaluar la inteligibilidad son preferibles los evaluadores monolingües (no se ven influenciados por la lectura del original) y para evaluar la fidelidad son necesarios los evaluadores bilingües.

Así, para un cliente promedio es impracticable hacer una evaluación experta o pericial de una traducción. Sin embargo, si la traducción es hacia el idioma que conoce el cliente, podrá evaluar, en alguna medida, su inteligibilidad actuando como revisor monolingüe (proofreader), y si le entrega ambos textos a una persona bilingüe (otro traductor) podrá evaluar, en alguna medida, la fidelidad de la traducción.

Cuando el traductor es un proveedor de servicios recurrente y la calidad de su trabajo es conocida, ya sea porque ha sido evaluada previamente o los servicios entregados han cumplido las expectativas del cliente, en algunos casos podrá bastar la auto revisión por parte del mismo traductor.

En aquellos casos donde el texto a traducir es delicado o puede tener consecuencias legales, y especialmente si el traductor no ha demostrado previamente sus competencias en el campo de dicho texto, es altamente recomendable hacer revisar la traducción por otro traductor, aunque esto incremente los costos.

La norma UNE-EN 15038(2) establece como requisito que toda traducción debe incluir una etapa de revisión realizada por un tercero diferente al traductor, sin embargo, estas normas de acreditación han sido elaboradas para regular las prácticas de empresas y agencias de traducción donde el manejo de volúmenes de trabajo las hacen más propensas a cometer errores. Un traductor independiente tiene un proceso de trabajo distinto, lo que no significa que no sea conveniente disponer de revisiones por terceros.

¿Qué elementos definen la inteligibilidad?

- Lectura clara y fácil, sin problemas de estilo.

- Ausencia de errores gramaticales

- Uso de terminología usual para la especialidad.

- Sintaxis sin errores.

- Mensajes transmitidos con claridad. No es necesario releer para entender.


¿Qué elementos definen la fidelidad?

- La traducción expresa los mismos significados de los mensajes del original.

- No hay pequeños malentendidos o interpretaciones equivocadas de oraciones o palabras.

- Todas las secciones traducidas en forma completa (en algunos casos el traductor puede dividir una oración en dos, o unir dos oraciones en una sola, con el fin de evitar problemas de ininteligibilidad).

¿Por qué se requieren tantos evaluadores para hacer una evaluación experta?

Porque al evaluar la inteligibilidad y fidelidad de una traducción influyen muchos factores subjetivos, como la educación y competencias de los evaluadores, su experiencia, sus estándares culturales, sus valores, su orientación lingüística, etc.

¿Es posible hacer evaluaciones objetivas de una traducción?

Una de las principales evaluaciones objetivas tiene un origen subjetivo. Este paso implica que la traducción sea inteligible para el cliente. Si la traducción es hacia el idioma del cliente él podrá evaluar si es inteligible o no. Aunque su evaluación sea subjetiva, sólo él, o los lectores que él representa, son los que pueden evaluar si comprenden los mensajes que se expresan en la traducción. Alguien podría decir que un cliente puede tener problemas de comprensión de lectura, pero es más probable que sea porque el traductor no se esmeró en redactar con mayor claridad (los plazos de entrega muy urgentes, o la presión que un traductor se autoinflinge son la causa principal de problemas como este). En todo caso, éste sólo es un aspecto de la calidad de una traducción.

Otros factores objetivos que pueden ser evaluados por el cliente son los siguientes:

- errores de ortografía

- errores de puntuación

- errores de sintaxis

- errores gramaticales

- no cumplimiento de convenciones o instrucciones

- uso de palabras equivocadas cuyo significado evidentemente no tiene relación con el contexto.

- consistencia en el uso de la terminología a lo largo del texto.

- errores de formato, fuentes y diseño o diagramación.

Mientras más errores tenga un texto, menor será su calidad; sin embargo algunos tipos de errores son críticos y otros tienen una importancia muy inferior. Un lingüista purista será más exigente que uno pragmático, y lo que es crítico para uno puede no serlo para el otro. Con todo, ambos deberían concordar en que si un error modifica el sentido de una frase (el mensaje), es un error mayor. Si un error puede causar conflictos legales, daño a la salud o problemas de seguridad, es un error crítico. Todo lo demás podría ser tolerable. Sin embargo, y aunque tal vez no se pueda clasificar como crítico, un texto cuyo sintaxis hace necesario volver atrás para tener una adecuada comprensión, a la larga puede ser difícil de tolerar, y por lo tanto puede no cumplir su objetivo.

Las mediciones cuantitativas de calidad tratan de determinar un índice o indicador de calidad, el cuál puede ser útil para hacer comparaciones entre traducciones (como en la evaluación de traductores), pero no permiten determinar si una traducción es buena o mala, ya que no se puede establecer un valor bajo el cual una traducción deja de ser buena, es decir deja de cumplir su objetivo o lo que se conoce como “aptitud de uso o aptitud para su fin” (Fitness for use). Al final, la calidad de una traducción es un asunto subjetivo, y mientras menos evaluadores más subjetivo es.

¿Las convenciones idiomáticas son inmutables?

Cuando las convenciones idiomáticas del idioma de origen son distintas a las del idioma hacia el que se debe traducir, por lo general, uno debería respetar las convenciones del público lector de la traducción. Sin embargo, en algunos casos las convenciones de origen pueden traer un mensaje implícito, especialmente los textos de carácter publicitario y los textos para sitios web, donde las transgresiones a las normas son una forma de atraer la atención hacia palabras o mensajes claves. Por esto la evaluación de las convenciones debe hacerse dentro del contexto de origen, pero considerando al público lector. (ver ¿Las convenciones idiomáticas son inmutables?)

¿Se puede usar el corrector gramatical de Word para evaluar un texto?

A grosso modo sí, pero sólo si uno usa la cabeza también, porque, como toda máquina, Word no piensa.

Como botón de ejemplo:

“Mientras más errores tenga un texto, menor será su calidad”. Según el corrector de Word en esta frase debería colocarse el término “tengan” en vez de “tenga” (Debe existir concordancia de número entre el sujeto y el verbo de una oración.)
El problema radica en que la máquina no reconoce que el sujeto de esta frase no es “errores” (plural), sino “texto” (singular), y es el texto el que puede tener errores, no “que los errores tengan texto”.

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(1) Language and Machines, Computers in translationand linguistics. Automatic Language Processing Advisory Committee, National Academy of Sciences, Wash. 1967. (www.nap.edu/openbook.php?record_id=9547&page=67

(2) Norma de calidad UNE EN-15038:2006. www.en-15038.com/

CALIDAD Y TRADUCCIÓN


COLABORACIONES
http://ec.europa.eu/translation/bulletins/puntoycoma/85/pyc854_es.htm


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Calidad y traducción (primera parte)

Definición de calidad
En todas las ramas del saber existen dos clases de definiciones: aquellas que nunca se van a poder comprobar y aquellas que sí. Las primeras pertenecen al mundo de lo que podríamos denominar pseudociencia, y las segundas pertenecen al campo de las ciencias, en el que quisiera enmarcar este pequeño trabajo. Y en este campo, hacer una definición es adquirir un compromiso, puesto que lo que definamos se tendrá que poder medir después. ¿Confuso? Voy a decirlo de otra forma. Si decimos que una traducción es «bastante buena, aunque le falta algo de coherencia al texto y el estilo es mejorable», estamos hablando de la calidad de la traducción, pero en clave de pseudociencia. En realidad, nunca sabremos si esta traducción es mejor o peor que otra «bastante buena también, aunque con más sentido de la estructura, mejor articulada y menos vaga en los adjetivos». Si lo que queremos es saber la calidad que tiene una traducción, no nos queda más remedio que medirla, y dado que todo lo que se mide, se mide en relación con un patrón, habrá que hacer tres cosas: definir qué es calidad, decir con qué patrón se va a medir, y medirla.
En casi todas las actividades de producción, la tarea es relativamente sencilla. Se define la calidad como el grado de similitud entre lo que se fabrica y un patrón ideal, con sus dimensiones, su peso, su color y su composición química, por poner un ejemplo. A continuación, se miden estas características en el producto acabado y listo.
Sin embargo, en el caso de la traducción, la tarea se complica un poco. En primer lugar, porque el texto cuya calidad queremos medir no tiene un patrón de referencia, sino dos: el texto original y el idioma de destino. En segundo lugar, porque algunas de las características que definen la calidad de la traducción son en cierto modo intangibles.
Voy a definir aquí la calidad de la traducción del siguiente modo:
«La calidad de una traducción es el grado de similitud entre los significados del texto terminal y el original, y el grado de ajuste entre el texto terminal y las normas lingüísticas del idioma de destino.»
Quizá alguien se haya preguntado por qué he tenido en cuenta las normas lingüísticas del idioma de destino a la hora de medir la calidad de la traducción. La respuesta parece sencilla: el traductor ha cometido errores en su propio idioma porque está traduciendo. Si esto fuese cierto, la cuestión estaría zanjada. Pero no siempre es así. Por poner un ejemplo, una falta de ortografía solamente será imputable a la traducción si el traductor no la comete cuando redacta en español. Dicho de otra forma, la diferencia entre el número de faltas de ortografía que comete un traductor cuando traduce y el número de ellas que comete cuando redacta en su propio idioma puede deberse con bastante probabilidad al proceso de traducción, y por lo tanto sería justo tenerlas en cuenta al medir la calidad. Sé que este planteamiento nos llevaría demasiado lejos y, como no es mi intención convertir la medición de la calidad en un trabajo de laboratorio, iré directamente al grano.
Cómo se mide la calidad de una traducción
Primer paso
Hemos dicho que la calidad se mide por referencia a un patrón ideal. Normalmente ese patrón no se toma como modelo en su totalidad, sino que de todas sus características se extraen como referencia solamente aquellas que resultan relevantes para lo que estamos produciendo, en este caso la traducción. En traducción, los patrones ideales son el texto original y el idioma de destino. Son patrones porque sirven como punto de referencia y son ideales porque el texto original es justamente lo que queremos reproducir fielmente, y el idioma de destino contiene todas las normas que deseamos que cumpla nuestro texto traducido.
Respecto al texto original, las características que nos interesa tomar como referencia son:
  • los significados
  • el número de unidades semánticas
  • el estilo
Digo «los significados» en plural pensando en que un texto no solamente transmite el significado más o menos literal de sus palabras, sino también un significado intencional, simbólico, situacional, o como se le quiera llamar, que también tiene que estar presente en la traducción. El significado literal de una carta puede ser el de disculpa, y sin embargo la forma en que está redactada puede dejar en el lector la sensación de reproche.
El número de unidades semánticas es un criterio objetivo, y sin embargo discutible, con el que me refiero al número de significados diferentes expresados en el original. Por poner un ejemplo, alguien podría defender que «total y absolutamente» expresa dos ideas. Eso es cierto objetivamente hablando, puesto que lo total no es lo absoluto, pero puede discutirse si lo analizamos desde otros puntos de vista. Sería cierto si hablamos de un cantante que cautivó al público total (por ejemplo, del todo) y absolutamente (por ejemplo, él solo). Sin embargo, no sería cierto si decimos que «estoy de acuerdo total y absolutamente».
En cuanto al estilo, es necesario decir que la traducción deberá transmitir los mismos matices que el original, si bien adaptados a la mentalidad y a la cultura de los lectores. Un texto que diga The motor may produce noises that could interfere with the user's working no se debería traducir por «El motor hace un ruido del demonio, y así no hay quien trabaje», pero quizá tampoco sería acertado traducirlo por «El motor genera unos niveles acústicos que podrán interferir con la actividad ergonómica del usuario».
Respecto al idioma de destino, las características que nos interesa tomar como referencia son:
  • Ortografía
  • Gramática
  • Sintaxis
  • Terminología
Como errores no se prestan a mucho comentario, pero sí como síntomas. La experiencia que ya empiezo a acumular en este oficio me dice que los errores cometidos en este apartado se deben a una de las siguientes razones:
  • El traductor no conoce su idioma suficientemente
  • El traductor ha buscado una expresión «rara» para mejorar el texto
  • El original era complicado y el traductor ha buscado una solución de urgencia
Segundo paso
Una vez definidas las características que nos servirán de referencia, tenemos que concretar qué unidades vamos a utilizar para medirlas en nuestra traducción y dividirlas en dos grupos: las que se pueden contar y las que no. Se pueden contar, por ejemplo, las faltas de ortografía, o las supresiones y añadiduras. Los errores de significado también se pueden contar, pero lo que nos interesa no es saber cuántos contiene una traducción, sino lo graves que son. Esto nos obliga a establecer un sistema de deméritos, que podría ser el siguiente:
Errores muy graves: el original y la traducción tienen significados opuestos (por ejemplo, traducir turn on the light por «apagar la luz»).
Errores graves: el original y la traducción tienen significados diferentes (por ejemplo, traducir turn on the light por «darse la vuelta con ligereza»).
Errores leves: el original y la traducción tienen significados parecidos (por ejemplo, traducir turn on the light por «activar el interruptor»).
No obstante, si alguien considera que es peor omitir un acento que una 'h', puede establecer también el correspondiente sistema de deméritos para las faltas de ortografía. Mi opinión es que nos debe salir más económico medir la calidad de una traducción que hacerla. Por esa razón me parece suficiente establecer un sistema de puntos para las características que se pueden contar, y un sistema de deméritos para las que no.
Ejemplo práctico
Queremos medir la calidad de una traducción técnica. Si cumple todos los requisitos que hemos comentado anteriormente vamos a asignarle una calidad 100, y además la vamos a clasificar en el grupo A. De lo contrario, esa puntuación irá decreciendo de acuerdo con la siguiente tabla de evaluación:
Tipo de error
 Descripción del error
 Penalización por cada error
significados
opuestos
diferentes
 parecidos
 Grupo D
Grupo C
Grupo B
unidades semánticas
omisiones
añadiduras
 -10 puntos
-5 puntos*
estilo
parecido
diferente
Grupo B
Grupo C
ortografía
cualquier falta
 -5 puntos
gramática
cualquier error
-10 puntos
sintaxis
cualquier error
 -5 puntos
terminología
cualquier error
 -15 puntos*
imprecisiones
cualquier error
-5 puntos
* Normalmente, las añadiduras que encontramos en las traducciones son pequeñas aclaraciones que hace el traductor, como experto en el tema que traduce, a fin de hacer más comprensible un texto que quizá en el original resulte confuso. Por ese motivo, no se penalizan tanto como las omisiones. Por otro lado, los errores de terminología se penalizan más que otros por tratarse de un texto técnico.
La traducción es la siguiente:
Inform the user that the knocking sounds during the measurement are caused by switching the coils on and off.
Informe al usuario que los golpes que escuchará durante la medición son causados por la conexión y la desconexión de los debanados.
Tipo de error
 Descripción o cantidad
 Penalización
significados
opuestos
diferentes
 parecidos
Grupo B
unidades semánticas
omisiones
añadiduras
 -10 puntos
-5 puntos*
estilo
parecido
diferente
Grupo B
Grupo C
ortografía
c1
 -5 puntos
gramática
1
-10 puntos
sintaxis


terminología
1
 -15 puntos
imprecisiones
1
-5 puntos
Esta traducción quedaría clasificada en el grupo B con 65 puntos.
En primer lugar, el traductor asume innecesariamente un riesgo al traducir knocking sounds por «golpes», pudiendo haber dicho algo así como «ruidos similares a golpes». Se comete un error ortográfico al escribir «debanado» con b, un error gramatical en «informe... que», cuando lo correcto es «informe... de que», un error de terminología en «devanados», que deberían ser «bobinas», y una imprecisión al decir que el usuario «escuchará» golpes, cuando habría sido mejor decir «oirá».
El sistema de puntuación que acabo de comentar asigna a los errores valores absolutos y los acumula en forma de puntuaciones directas. Una de las ventajas de este sistema es su sencillez, pero en cambio presenta algunos inconvenientes. El principal de ellos es el sesgo a favor de las traducciones cortas, que por efecto de la probabilidad contendrán menos errores que las largas. Este problema se podría resolver indicando el tamaño de la traducción junto a su nivel de calidad. Lo que ocurre es que comparar una traducción B 74 (250 palabras) con otra C 65 (380 palabras) puede suponer algo más que un simple trabajo rutinario. Mi opinión es que la calidad de dos o más traducciones se debe poder comparar de un vistazo sin necesidad de operaciones intermedias. Esto se consigue computando los errores en términos de porcentajes. Como los porcentajes se pueden comparar entre sí, también se podrán comparar los niveles de calidad obtenidos por diferentes traducciones, independientemente de su tamaño. Lo único que debemos definir claramente en este punto es la unidad de medida. Yo soy partidario de utilizar como unidad la palabra. Casi todos los programas que utiliza el traductor disponen de una función para contar palabras. Si el programa nos ofrece además la posibilidad de contar el número de frases, no habría inconveniente alguno en tomarlas como unidad de medida para calcular, por ejemplo, el porcentaje de errores de sentido.
La tabla que aplicaremos, tomando en este caso la palabra como unidad de medida, es la siguiente:
Tipo de error
Cantidad
Porcentaje
Penalización
Resultado parcial
Significados opuestos


     -50

Significados diferentes


     -30

Significados parecidos


     -20

Omisiones


     -10

Añadiduras


       -5

Estilo parecido


     -20

Estilo diferente


     -30

Ortografía


      -5

Gramática


     -10

Sintaxis


      -5

Terminología


     -15

Imprecisiones


      -5

____________________




Resultado total


    100

Este podría ser el resultado de una traducción de 500 palabras que contiene dos omisiones.
Tipo de error
Cantidad
Porcentaje
Penalización
Resultado parcial
Omisiones
     2
    0,4
     -10
         -4
En la columna «Cantidad» hemos anotado «2». A continuación, hemos calculado qué porcentaje suponen esos dos errores en un texto de 500 palabras (2 / 500 x 100) y hemos anotado el resultado (0,4) en la columna «Porcentaje». Después hemos multiplicado este porcentaje por su correspondiente penalización y hemos llevado el resultado (-4) a la columna «Resultado parcial». Por último, sumando todos los resultados parciales obtendremos un valor que reflejará el nivel de calidad de la traducción. Respecto a las penalizaciones, deseo aclarar que también puede adoptar el signo positivo, siguiendo la lógica de que «cuanto menos, mejor». En tal caso, la mejor traducción no sería la que obtuviera 100, sino 0 puntos. Si alguien prefiere seguir la lógica del «cuanto más mejor», puede otorgar de entrada 100 puntos a la traducción y restarle al final los obtenidos tras la evaluación.
El planteamiento de esta tabla es bien sencillo: los errores se expresan en porcentajes y, como no todos son igualmente graves, aplicamos a cada uno de ellos su correspondiente factor de penalización. Finalmente, si la calidad se mide con el objetivo de tomar decisiones, es aconsejable establecer unos valores límite de aceptación junto a aquellos errores que consideremos más graves. Así, aunque una traducción haya obtenido una buena puntuación general, no será aceptada si sobrepasa el límite de aceptación, por ejemplo, en el apartado «significados opuestos».
Nota final
Con esta pequeña aportación he pretendido solamente transmitir la idea de que la calidad de la traducción se puede medir, y he intentado dejar caer una gota de objetividad en un campo tan dado a la opinión como este. Nunca me ha parecido un disparate considerar la traducción como un servicio, con su cliente, su proveedor, su precio y, por qué no, su calidad.
Andrés López Ciruelos
Traducción médica. Alemania


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