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sábado, 15 de abril de 2017

EL GALLO DE MORÓN

Fuente:
http://enelcolimador.blogspot.com.br/2016/05/como-el-gallo-de-moron_3.html


"Como el Gallo de Morón"

El origen de la frase 'como el Gallo de Morón, sin plumas y cacareando', se debe al siguiente hecho histórico:

Durante el siglo XVI existîan serios problemas de orden público en Morón de la Frontera. Las rivalidades polîticas y el nombramiento de autoridades provocaban disturbios. Se cometîan innumerables abusos con los moronenses por parte de jueces y receptores que despojaban a muchos de sus haciendas, llevándolos presos y cobrándoles altas contribuciones.

Uno de esos funcionarios que llegó a Morón cuando las pasiones estaban más caldeadas, comenzó a tratar a muchos con groserías y a decir que allí no había más gallo que él. Por tanto repetir esa amenaza, la población le puso El Gallo de Morón.

Cansado ya de tantos abusos, un dîa los vecinos sacaron a este individuo a las afueras de la población, le quitaron la ropa, dejándole solamente la camisa, y con unas flexibles varas le propinaron una tremenda paliza. Esto dio motivo a que los cantadores andaluces perpetuaran el hecho en una simpática coplilla que decîa:

Anda, que te vas quedandocomo el Gallo de Morónsin plumas y cacareandoen la mejor ocasión.
Se supone que desde el siglo XVIII la tradición del gallo se trasladó a nuestro Morón, por llevar este el mismo nombre del pueblo donde se desarrollaron los acontecimientos referidos, y existir en este territorio un fuerte núcleo poblacional de origen español.

Es cierto que desde las primeras generaciones de moronenses, el gallo se convirtió en un sîmbolo de nuestro pueblo, aunque la tradición evolucionó porque este fue concebido siempre como un gallo con plumas, diferenciándose asî de su abuelo nostálgico de Andalucîa.

Esta tradición prendió rápidamente en el sentimiento popular, y Morón comenzó a conocerse, primero como la tierra del gallo y después como la ciudad del gallo. A mediados de la década del 50 surge la idea calorizada por los doctores Augusto Venegas Muîñas y Benito Llanes Recino, este último periodista, abogado, Profesor del Instituto de Segunda Enseñanza e Historiador de la Ciudad, de erigir un monumento al Gallo. Esta idea fue respaldada por algunas instituciones de las existentes en aquel momento y por el pueblo.

Aprovechando este sentimiento legîtimo de los moronenses hacia su sîmbolo, los politiqueros de la época se apropiaron de la idea y concibieron la construcción del monumento. Buscaron al escultor y al resto del personal técnico y acometieron la obra, la cual fue inaugurada el 11 de septiembre de 1955 por el propio Presidente de la República, Fulgencio Batista y Zaldîvar, convirtiéndose aquel acto en uno de los tantos que efectuaban los politiqueros para ganarse el voto popular.



La tradición se trasladó a la ciudad de Morón de Cuba, donde existía un fuerte asentamiento poblacional español, pero no fue hasta la década de 1950 que se enarboló el proyecto de erigir un monumento a un gallo criollo, aunque este si con todo su lindo plumaje
Foto de la escultura original del autor Armando Alonso


En los meses posteriores al triunfo de la Revolución, un oficial del Ejército Rebelde, destacado en esta ciudad, para desahogar sus frustraciones personales de poder, tomó como pretexto la participación que había tenido la tiranía la colocación del gallo y en la madrugada del 6 de febrero de 1960, acompañado de otras personas, arrancó el monumento, depositándolo en la vía pública frente al Ayuntamiento Municipal.
Al siguiente dîa un numerosos grupo de pobladores tomaron el sîmbolo y lo colocaron nuevamente en su pedestal, organizándose una enorme manifestación de protesta. Como consecuencia de lo ocurrido anteriormente, y debido a la inmadurez polîtica existente entonces, se identificó por algunos el sîmbolo del Gallo como representativo de la odiosa dictadura, por lo que un grupo de personas residentes en poblados aledaños e instados por algunos moronenses confundidos y resentidos, lo derribaron nuevamente, esta vez destruyéndolo para que el pueblo no lo pudiera volver a colocar en su sitio.
Alrededor del hecho se suscitaron intensas polémicas, las cuales llegaron, incluso, al conocimiento del Comandante en Jefe, Fidel Castro. Se comenzó a construir otro gallo, pero este no pasó de la intención, puesto que jamás llegó a concluirse.
A casi veinte años de los hechos referidos, el escritor e historiador moronense Larry Morales, complaciendo una solicitud personal de la inolvidable Celia Sánches Manduley, realizó una investigación profunda acerca del sîmbolo popular desde sus ancestros en España, la cual culminó en un libro. Esta investigación sacó a relucir nuevamente el tema del gallo, el que ya se habîha convertido en un imposible, en una especie de tabú.
En la Octava Sesión Ordinaria del Segundo Perîodo de Mandato de la Asamblea Municipal del Poder Popular, efectuada el 1 de marzo de 1981 y a propuesta del delegado José Manuel Hernández, se aprobó por unanimidad el acuerdo No.114, el que aprobaba la creación de una comisión para la reposición del Gallo de Morón.
El sîmbolo fue colocado nuevamente en su pedestal el 2 de mayo de 1982, pero esta vez materializado en una hermosa escultura de los autores Rita Longa y Armando Alonso (autor este último del primer gallo).





El gallo de Morón, en la provincia de Ciego de Ávila,Completa la escultura una torre-reloj y los equipos de amplificación para reproducir el canto.
Foto José M. Correa

Se restituyó sobre un tronco en la entrada de la ciudad.
Foto José M. Correa




Se muestra atrevido y listo para la pelea. Foto José M. Correa

CAPITALISMO E GUERRA

Capitalismo e guerra
A guerra aumenta a venda de armas, mobiliza a construção civil, a indústria, o comércio e os serviços e, de quebra, elimina os excedentes populacionais, reequilibrando oferta e procura
LUIZ RUFFATO em el país - brasil


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Míssil tomahawk que os EUA lançou na Síria. 

capitalismo tem como uma de suas mais impressionantes características a capacidade de se renovar constantemente, muitas vezes a partir de suas próprias contradições, transformando tudo em mercadoria, ou seja, em dinheiro. As drogas, que acompanharam a trajetória da Humanidade desde suas origens, só passaram a ser consumidas em massa a partir de sua associação à imagem dos jovens que as usavam como forma de contestação ao capitalismo na década de 1960. Daí para a frente, tornaram-se o mais lucrativo negócio da atualidade, movimentando estimados 320 bilhões de dólares por ano, segundo a ONU. (Em escala bem menor, vale a pena lembrar a utilização do rosto do revolucionário Che Guevara em camisetas, broches, ímãs de geladeira, cartazes, chaveiros, copos, canetas, e tantas outras tralhas, onipresente em todas as partes do mundo.)
De quando em quando, no entanto, o mecanismo de funcionamento do sistema entra em colapso, já que a possibilidade de ampliação do número de consumidores não é ilimitada. Nestes momentos, que são os temerosos períodos de crise, as empresas – a cujos interesses, a rigor, os estados nacionais estão submetidos – lançam mão de suas prerrogativas e pressionam os governantes por uma solução rápida para o retorno da circulação de capital: a guerra. A guerra não só aumenta de maneira considerável a venda de armas – foram 65 bilhões de dólares em 2015 -, mas principalmente mobiliza, em uma segunda fase, a construção civil, cuja cadeia produtiva envolve todos os demais setores, a indústria, o comércio e os serviços. De quebra, elimina os excedentes populacionais, reequilibrando oferta e procura.
Se tomarmos como marco do início do capitalismo a Revolução Industrial, ocorrida no fim do século XVIII na Inglaterra, observaremos que cíclicamente o mundo entra em conflito e dele o sistema sempre sai renovado e fortalecido. As guerras napoleônicas, entre 1792 e 1815, que opuseram a França ao resto da Europa, terminaram com o Congresso de Viena, que no início do século XIX impôs ao planeta a chamada Pax Britannica, garantindo à Inglaterra o controle das rotas marítimas e a livre circulação de seus produtos industrializados por todos os continentes.
Setenta anos depois, em 1885, a Conferência de Berlim repartiu, de maneira arbitrária e violenta, a África e a Ásia entre as principais potências europeias, com objetivo de garantir o fornecimento de matérias-primas a baixos preços e ampliar o mercado consumidor de artigos manufaturados. O despeito da Alemanha, que se sentiu desfavorecida nesta divisão, aliado ao crescente nacionalismo dos países eslavos subjugados ao Império Austro-Húngaro, foi uma das causas geradoras da I Guerra Mundial, que colocou no campo de batalha cerca de 70 milhões de soldados. O resultado foram 10 milhões de mortos – entre civis e militares – e 20 milhões de feridos, e o surgimento da União Soviética, que provocou uma nova correlação de forças na geopolítica internacional.
Menos de 21 anos após o término da I Guerra Mundial, com a Europa ainda em reconstrução, explodiu a II Guerra Mundial, motivada, por um lado, pelo impasse provocado por problemas não resolvidos na conflagração anterior, e, por outro, pelos conflitos de interesses econômicos, sob o verniz de posições ideológicas. O nacional-socialismo do ressentido Adolf Hitler e sua absurda concepção de supremacia ariana, o obscurantismo autoritário estalinista e os chamados “paladinos da democracia” (os países europeus e os Estados Unidos) lutavam para ampliar suas áreas de influência política – a política anda sempre a serviço da economia. Terminada a guerra com a derrota do Eixo (Alemanha, Itália e Japão) - 66 milhões de mortos, entre civis e militares, 35 milhões de feridos –, os Estados Unidos patrocinaram o Plano Marshall para reerguimento dos países europeus – menos aqueles sob influência soviética. Foram investidos cerca de 132 bilhões de dólares em alimentos, fertilizantes, matérias-primas, produtos semi-industrializados, combustíveis, veículos e máquinas – 70% desses bens eram de procedência norte-americana.
Os Estados Unidos saíram da guerra fortalecidos política e economicamente. Junto com seus aliados europeus (incluindo Alemanha e Itália, derrotados na guerra), de um lado, e a União Soviética, de outro, redesenharam o mapa-múndi, inaugurando a Guerra Fria – que, a partir da década de 1950, contaria com mais um protagonista, a China, fundada no absolutismo sanguinário maoísta. Passaram-se mais de 70 anos desde então – um dos maiores períodos de “paz” da história recente da Humanidade. Houve guerras regionais – Coreia, na década de 1950; Vietnã, na década de 1960; Bósnia, na década de 1990, entre vários outros conflitos -, mas nenhum deles opôs diretamente as forças armadas das grandes potências. Os embates da segunda metade do século XX foram, de certa maneira, terceirizados: a indústria armamentista disponibilizava o material bélico e os países em litígio ofereciam o campo de batalha e os soldados.
Hoje observamos o mundo novamente em turbulência. O cenário coloca em rota de colisão os interesses econômicos dos grandes conglomerados norte-americanos, conduzidos pelo midiático e arrogante Donald Trump; os interesses do também arrogante ex-chefe da KGB, Vladimir Putin, ansioso por recuperar o espaço geopolítico ocupado pela antiga União Soviética; e os interesses da ditadura sem rosto chinesa, que, com seu capitalismo de estado, baseado em salários irrisórios, desrespeito aos direitos humanos e ambientais, inunda o mundo com seus artigos baratos, causando impacto tanto na economia norte-americana quanto na geopolítica russa. Observamos ainda o crescimento preocupante do discurso xenofóbico e ultranacionalista da extrema-direita em todas as partes do mundo, particularmente na Europa; a instabilidade da representação democrática na América Latina, sufocada pela incompetência, corrupção e populismo; a derrocada dos países africanos, sucumbidos à corrupção, ao autoritarismo e aos conflitos étnicos e religiosos; a crise humanitária nos países do Oriente Médio e Ásia Central; o perigo atômico encarnado no mimado ditador norte-coreano Kim Jong-un; e o fenômeno típico do nosso século, o recrudescimento dos atentados terroristas fomentados pelo fundamentalismo islâmico.
Por tudo isso, já não temo pelo futuro dos meus netos – temo pelo presente dos meus filhos...

ARGENTINA Y OTROS EJEMPLOS...

Réquiem por dos hombres sabios

Dos hombres sabios -ambos nonagenarios- han fallecido con pocos días de diferencia. El primero ha sido el filósofo, ensayista y editor Salvador Pániker, con quien mantuve más de una conversación esclarecedora en las reuniones de la Asociación Derecho a Morir Dignamente cuando él la presidía. Su vida se apagó en paz, precisamente cuando el Congreso iniciaba, pusilánime, el debate de un proyecto de ley descafeinada que no contempla los derechos individuales a la eutanasia y el suicidio asistido, derechos que Pániker siempre defendió ciñéndose a los principios del humanismo ilustrado.

Plaga de ignorancia

El otro hombre sabio que acaba de dejarnos es Giovanni Sartori, de cuyos juicios realistas, y por consiguiente pesimistas, se han hecho eco los medios de comunicación. La plaga de ignorancia que circula por las redes sociales, y que transforma al ya mentalmente disminuido homo videns en un descerebrado homo cretinus, ha sido uno de los temas que ha abordado con su singular lucidez y causticidad. 
Antes escribió páginas demoledoras contra el multiculturalismo, al que identificó como el caballo de Troya que los bárbaros infiltran en nuestra civilización. Y denunció el "pacifismo uterino" de los que él denominó "ciegopacistas", que "no entienden nada de los problemas y hacen más difícil su solución". Puso como ejemplo de irresponsabilidad a José Luis Rodríguez Zapatero y la retirada unilateral de Irak ("La Contra", LV, 19/10/2004).
Liberal y humanista hasta la médula, no vaciló en predicar la intolerancia contra los intolerantes que se valen de la estupidez de los buenistas y de la inescrupulosidad de los entreguistas para minar los cimientos de esta civilización y sumergirla en las tinieblas del Califato. Tampoco se sometió a los imperativos de la corrección política cuando agotó el arsenal de razonamientos contundentes para cortar las cabezas de la hidra totalitaria, populista y demagógica que nos transmite mensajes embrutecedores de odio religioso, clasista e identitario.

Involución populista

Todo esto se ha recordado en los artículos póstumos dedicados al pensador. Sin embargo, hay una faceta en la que no se ha puesto suficiente énfasis: la clarividencia con que Sartori describía la involución populista en América latina y, particularmente, en Argentina. La dejó explícita en la entrevista que Elisabetta Piqué le hizo en el 2004, cuando Hugo Chávez exportaba su caudillismo al resto del continente ("La Argentina debería librarse del peronismo", La Nación, Buenos Aires, 8/5/2004):
Como sucede con Italia, también América latina tiene en su ADN algo que no va (risas). Como hablo mal de Italia, también puedo hablar mal de América latina, y de la Argentina. En la Argentina existen todas las premisas para un país potencialmente rico, como es Suiza, y como era Uruguay. En cambio, fue destruida por la mala política, algo que también pasó en toda América latina. Y las clases dirigentes que vuelven a estar en el poder son populistas y demagógicas. Solo Chile aguanta bien, como siempre lo ha hecho. Pero los nuevos presidentes son unos descamisados…
Cuando la periodista le preguntó a quién se refería, Sartori respondió:
"Sobre todo al venezolano Chávez".

Diagnóstico contundente

El error garrafal que cometió Sartori a renglón seguido demostró hasta qué punto los caciques peronistas dominan las malas artes de la seducción. En este caso, el sabio italiano se dejó embaucar por un sinvergüenza que empezó a acumular su cuantiosa fortuna durante la dictadura militar gracias a una ley de desahucios que esta promulgó. Dijo Sartori, refiriéndose al entonces presidente Néstor Kirchner:
"Por ahora, el hombre es popular entre los argentinos, algo que también es necesario para obtener sacrificios. (…) Se combate [la plaga de la corrupción] combatiéndola. Kirchner hoy tiene la autoridad y la popularidad para poner verdaderamente en la cárcel a la gente corrupta, y será más popular si lo hace".
Un vaticinio que se cumplirá, en beneficio de los argentinos, si el combate contra la corrupción hace caer todo el peso de la ley sobre quien ostenta, igualmente, el apellido Kirchner.
El traspié fue pasajero. El diagnóstico, en cambio, fue contundente:
"La Argentina es una catástrofe de la mala política, que comienza con el peronismo, que sobrevive en la historia argentina. (…) La demagogia sindical peronista de la Argentina fue mortífera y este pasado nocivo que no logra morir, que aún controla votos y sindicatos, es un peso muy grande para la Argentina, del cual espero que se libere. (…) Hay que poner en orden la cabeza de los argentinos. Porque hay un dicho, que no es mío, sino vuestro: que en la Argentina nunca nadie se enriqueció trabajando, y esto no está bien. Trabajar es un deber también argentino, y el modo más inteligente de hacerse rico es trabajar".

Juicio lapidario

Giovanni Sartori, visitante asiduo de Argentina, nunca se desentendió de su discurrir político, social y cultural. Y la elección del papa Francisco le dio un buen pretexto para descargar su ironía con un juicio lapidario que incluye -todo hay que decirlo- un agravio infundado a la inmigración italiana ("Giovanni Sartori boccia tutti", Il fatto quotidiano, 30/6/2015, en la versión de Página 12, Buenos Aires, 2/9/2015)
El Papa tiene su responsabilidad. Es un gran pícaro. Cuando se verificaron las masacres de cristianos en África, se pronunció demasiado tarde y usando palabras poco consistentes. Y la Iglesia es la trinchera de quienes se oponen al control de la natalidad. Pero el fenómeno de la sobrepoblación es la crisis más dramática de nuestros tiempos. ¿Dónde los ubicamos? ¿Qué diablos les damos para que se alimenten? Escúcheme, para serle sincero tengo un prejuicio hacia los argentinos. Discúlpeme, pero es así. Por empezar él es un astuto y en segundo lugar es argentino. A todos los italianos malos los mandamos a Argentina.
Ni el hecho de ser "un gran pícaro" (bel furbacchione, en el original italiano, donde Sartori también se burla del "incapaz Obama" y el "astutillo Renzi") ni la nacionalidad del Papa son, por separado, argumentos suficientes para descalificarlo. Sí lo es que la picardía y la nacionalidad se amalgamen para convertirlo en portador de las taras congénitas del peronismo. Portador y, para más inri, vicario urbi et orbi de este desecho patógeno del populismo totalitario.

Fetiches tóxicos

El embajador argentino ante el Vaticano, Eduardo Valdés, premiado con ese cargo diplomático por su condición de clerical-kirchnerista, reaccionó con una jeremiada contra Sartori en Página 12, vertedero mediático de la nostalgia montonera. A continuación, Valdés dejó su cargo y volvió a Argentina para actuar como coordinador del contubernio vaticano-sindical-piquetero, amancebado con la ex presidenta enjuiciada por corrupción, para interrumpir el proceso de regeneración moral y recuperación económica que encabeza el presidente constitucional Mauricio Macri.
La barbarie que aborrecía Giovanni Sartori tiene mil caras y el quilombo peronista es una de ellas. Por ahora, la mayoría de los argentinos parece haber elegido un rumbo distinto del que justificaba el prejuicio que confesó tener el sabio, y ha exorcizado con sus votos -esperemos que sea definitivamente- los fantasmas de Perón y de Evita, y de las variopintas mafias antagónicas de izquierda y derecha que crecieron a la sombra de ambos fetiches tóxicos.

COMUNICACIÓN

Serios problemas de comunicación en Pepsi, United y la Casa Blanca

EN ESTOS TIEMPOS DE TANTA DIVISIÓN Y CONFUSIÓN LA COMUNICACIÓN ES MÁS IMPORTANTE QUE NUNCA.
El secretario de Prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer, responde preguntas sobre política exterior y gastos en Washington, DC.

Read more here: http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/opin-col-blogs/bernadette-pardo/article144684714.html#storylink=cpy
Dios los cría y ellos se juntan. Esta semana se juntaron tres protagonistas de los más atroces fracasos de comunicación desde que Paul Newman hizo la frase: “What we’ve got here is failure to communicate”, famosa en la película Cool Hand Luke (1967).
El primero fue el del comercial de Pepsi con la modelo Kendall Jenner, que fue fuertemente criticado en las rede sociales. El anuncio comienza con una escena de la modelo en una toma de modas, se acerca una protesta y Kendall marcha junto a los manifestantes con una lata de Pepsi. Cuando llegan ante un grupo de policías antimotín, la modelo le entrega la Pepsi a uno de los oficiales. Todos ríen, bailan y celebran como si fuera un carnaval. El anuncio logró ofender a todos por igual, policías, manifestantes de diversas causas y a todos los que tuitean. Tanto fue así que la compañía retiró el comercial al día siguiente y Kendall se refugió en París.
Es increíble que en una compañía tan grande nadie se dio cuenta del riesgo de trivializar y tratar de monetizar temas tan serios para tanta gente. Como tuiteó la hija de Martin Luther King, “Qué pena que mi padre no haya tenido una Pepsi a mano durante la lucha por los derechos civiles”. Al menos Pepsi reaccionó relativamente rápido cancelando el polémico anuncio.
En el segundo incidente inaudito de falta de comunicación, Oscar Muñoz, el CEO de la aerolínea United, demoró dos días en darse cuenta de que estaba sordo a los ayes e insensible al ruido. Tal parece que Muñoz no vio el video infame que muestra como un pasajero, el doctor David Dao, que había pagado su pasaje y estaba ya en su asiento, fue expulsado y arrastrado como un saco de papas, sangrando y gritando, por no ceder “voluntariamente” su puesto en el avión. En sus primeros comentarios el CEO defendió las acciones de la compañía y criticó al pasajero agredido. Solo luego de que las acciones de United perdieran millones en la bolsa fue que el Muñoz recapacitó, le pidió perdón al pasajero y prometió que esto no volvería a ocurrir. Un poco tarde, porque Dao ya ha contratado un equipo de abogados especializado en litigios por daños personales, y la gran mayoría del público que vio la horripilante escena preferiría volar con Malaysia Airlines que con United.
El tercer gran fracaso de comunicación esta semana fue nada más y nada menos que el del secretario de Prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer. Spicer tuvo a bien defender a Hitler en el día más sagrado del calendario hebreo. Insistió en que Hitler no utilizó gases mortíferos “contra su propia gente”. Luego aclaró que judíos si fueron trasportados a “centros de holocausto” como si fueran centros comunitarios donde iban a comer pastelitos y jugar dominó. Dado que seis millones de judíos, incluyendo millones de niños cuyos nombres todavía nos queman la memoria fueron exterminados con gases letales en campos de concentración, los comentarios de Spicer dejaron atónito a medio mundo. Al menos en este caso el secretario de Prensa tuvo la decencia de pedir perdón públicamente solo horas después de su garrafal metida de pata. Si el presidente Trump está buscando un nuevo secretario de Prensa le recomiendo a Michael Hernández, el jefe de comunicaciones del alcalde Carlos Giménez, que es excelente.
En estos tiempos de tanta división y confusión la comunicación es más importante que nunca. La primera regla es que antes de hablar hay que saber escuchar a los demás con atención y respeto, algo que no hizo ninguno de estos protagonistas, La segunda regla es que antes de hablar hay que pensar. En el caso de Spicer eso requeriría también un mínimo conocimiento de la historia del siglo XX.
La tercera regla para evitar un fracaso de comunicación es usar el sentido común, el menos común de los sentidos en las altas esferas.



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